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Dom Dic 12, 2021 7:40 pm por Mahariel
Una velada prometedora
Evento social
Edwin había regresado a casa tras una encantadora jornada charlando con antiguas amistades que habían regresado a la localidad a causa de las festividades que tendrían lugar durante el periodo estival. El joven Sinclair pensó que tendría que ir incluyendo a su Lilibet en algunos de estos eventos sociales. Aunque su amiga no se lo dijera, él estaba seguro de que tendría que sentirse sola allá donde estaba, alejada de las amistades que había forjado durante su ausencia.

Cuando regresó a casa, percibió en el ambiente un aroma a flores que le resultaba familiar. Frunció el ceño, pensativo, y preguntó al servicio si había ido alguna muchacha preguntando por él. «Solo ha venido la señorita Fairbanks», le respondió su ama de llaves. «Se encuentra charlando con vuestro hermano en la biblioteca», apostilló. Edwin la miró durante unos instantes de prolongado silencio hasta que fue capaz de responderle con un simple «oh» que de seguro lo habría hecho parecer un idiota.

«¿Chris charlando con una mujer?», pensó. «¿Voluntariamente?»

Algo había en aquella sencilla declaración que no terminaba de cuadrarle. Subió las escaleras, llamó cortésmente a la puerta y asomó por ella antes de preguntar.

Hola, Lilibet — esbozó una sonrisa —. Me habían dicho que estabas aquí, ¿querías verme?

¡Hola, Edwin! — replicó ella con alegría. — Pues… — se sumergió un instante en sus pensamientos antes de responder. — ¡Ah, sí! Venía a traerte tu cuaderno, te lo has olvidado esta mañana, en el lago.

¡Ah! Sí, es cierto. Pero no tendrías que haberte molestado. Una mujer como tú no debería ir sola por las calles ahora que es tan tarde.

Ella frunció el ceño, como sin comprender a qué se refería, y abrió mucho los ojos cuando comprobó a través de la ventana que, efectivamente, los había alcanzado el ocaso.

¡Madre mía! ¡Qué tarde es ya! Ay, y yo aquí sin darme ni cuenta… — dejó la tacita de té en su sitio y procedió a prepararse para su marcha. El joven dejó que se despidiera cordialmente de su hermano y la acompañó hasta el vestíbulo. — Qué vergüenza, por favor, y qué bueno es tu hermano, que no me ha dicho nada, aunque seguro que le haya molestado.

Pero… ¿cuánto tiempo llevas aquí? — quiso saber Edwin.

Unas horas, toda la tarde… — suspiró. — ¿por qué?

Pero… — volvió a repetir, deteniéndose frente a ella. — ¿Con Christopher?

Ella lo miró como si le hubiese preguntado por qué la lluvia cae hacia abajo.

¿Con quién iba a estar si no?

Edwin dejó por imposible tratar de comprender la situación y la guardó hasta que llegó a su casa. Al día siguiente, se encontró pensando en cómo había podido mantener una conversación con Christopher de más de dos minutos, siendo él parco en palabras como era, y se sorprendió a sí mismo haciendo sus propias averiguaciones al respecto de lo que había ocurrido.

· · · · ·

Al cabo de la semana comenzaron a florecer los rumores sobre un baile organizado por una de las más boyantes fortunas del condado. Damas y caballeros comenzaban a elucubrar con quién se encontrarían en el evento y a quién podrían atrapar. Poco después llegó a casa de los Sinclair la invitación a una velada que se anticipaba prometedora.




Una velada prometedora 66004_s
Mahariel
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Sáb Ene 15, 2022 12:20 pm por Timelady
Una velada prometedora
Evento social
Contrariamente a lo que ella habría deseado, su madre había seleccionado para el baile un vestido color crema que, pese a su gran elegancia y la calidad del tejido, poco destacaría entre las demás jóvenes de su edad que irían vestidas en el mismo tono.
Sin embargo, Margerite Brydges no era una dama que se conformara con poco y estaba convencida de que ese color favorecía aún más su piel aceitunada y sus ojos y cabellos oscuros, desde luego mucho más que a cualquiera de las demás cuya palidez y cabello claro las hacían parecer panecillos a medio hornear.
Y si eso fuera poco, en su tocado se incluían unas carísimas plumas que la hacían parecer un poco más alta.

El salón de bailes de los Denham, al que entró del brazo de su hermano, estaba a la altura de su reputación. No era la primera vez que asistía, claro, pero en cada ocasión la decoración era diferente y ella se empeñaba en encontrar esos detalles o buscar si había algo repetido de otras ocasiones, meros entretenimientos para soportar las charlas sobre algodón e industria a la que se veía arrastrada hasta que la permitían reunirse con las otras muchachas de su edad para poder hablar y divertirse un poco.
Y bueno, al menos desde que la señorita Esther era quien se encargaba de organizarlos, tenían por costumbre incluir un entretenimiento especial para los presentes. Cosa que daba al baile mucho más interés.

En aquella ocasión no era menos. Unas cintas para reunir parejas de baile entre los invitados, se conocieran o no, rompiendo de esa forma el protocolo social que implicaba que un caballero tuviera que pedir ante todos permiso a la dama. Edmund estaba escandalizado, mientras que Margerite no podía esperar para saber quién sería el caballero que tendría una cinta a juego con la suya.
Y también a confirmar si la señorita Denham había hecho trampas para que el afortunado fuera el pretendiente al que todos sabían que favorecía, pese a que sus padres no se decidían a confirmar el compromiso.





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Dom Ene 16, 2022 4:28 pm por Mahariel
Una velada prometedora
Evento social
Los Fairbanks eran algo escépticos en lo que respectaba al baile que se había organizado en el condado. El matrimonio creyó en un principio que tal vez no sería lo más adecuado asistir a un evento social de semejante índole dadas sus particulares circunstancias, mas su hija los terminó convenciendo de que difícilmente encontrarían mejor oportunidad para retomar amistades perdidas y establecer nuevos vínculos con la alta sociedad del lugar que en un baile de esas características.

Así pues, dándose los tres por convencidos, escogieron sus mejores galas, en parte para dar la mejor de las impresiones y en parte porque, aunque no quisieran reconocerlo, estaban emocionados por volver a formar parte de la sociedad que los había acogido después de tanto tiempo alejados de ella.

Ponte el azul, Lilibet, querida — le recomendó su madre cuando la vio adentrarse en las profundidades de su armario en busca de un atuendo que se correspondiera al evento —. Siempre te ha sentado bien.

La joven Fairbanks eligió un vestido del más pálido de los azul del cielo, ceñido en el pecho y holgado a partir de él, con un chal con bordados tan detallados que llevaría horas descifrarlos. Recogió sus cabellos en un elaborado peinado con brillantes decoraciones de plata.

¿Lo ves? — dijo ella. — Perfecta.

· · · · ·

En el salón de bailes de los Denham no cabía un alfiler. Allá donde mirase había damas y caballeros de las más nobles familias del condado charlando animadamente en lo que esperaban instrucciones de los anfitriones del evento. A los Fairbanks les resultó complejo encontrar alguna cara conocida entre el gentío, pero el padre de Lilibet logró distinguir a los Sinclair entre la multitud, y así se lo hizo saber al resto de su familia.

— Mira, Lilibet, ¿no son los Sinclair aquellos de allí?

Oh, ¿lo son? — inquirió ella al no ser capaz de verlos desde su posición.

— Sí, eso creo… Estoy viendo a Edwin, sí, sí.

Lilibet sonrió. Sus rizos dorados no pasaban desapercibidos en ninguna parte.

¿Y a Christopher?

Su padre alzó algo más el mentón para buscarlo.

— Sí, a él también.

¿Crees que podremos ir a saludarlos? Me gustaría agradecerles la hospitalidad que nos han dispensado.

Claro, ¿por qué no? — Lilibet entrelazó su brazo con el de su madre y marcharon juntos hacia donde ellos se encontraban. Los alcanzó con una brillante sonrisa en el rostro. Edwin correspondió su gesto y se aproximó a ella para recibirla con un abrazo.

Lilibet, querida, ¿cómo estás? — Inmediatamente se dirigió a sus padres, que no parecían en absoluto molestos por el gesto del joven. — Es un placer volver a verlos, señores Fairbanks.

— Gracias, hijo — replicó su padre con complacencia.

No sabes cómo me alegro de veros, Edwin — le dirigió una mirada cómplice a Christopher antes de regresar junto a su madre.




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Hoy a las 1:18 pm por Timelady
Una velada prometedora
Evento social
Aquel era uno de los grandes eventos de la temporada, uno al que ni siquiera su padre podía negarse a ir con una de sus magníficas excusas y por consiguiente su hijo mayor tampoco podía ponerlas.
Si bien, Christopher debía admitir que no le resultaba tan tortuosa la idea de aquel baile, pues pensaba que por las relaciones de sus familias era más que probable que se reencontraran con los Fairbanks y al menos eran personas con las que la conversación se volvía realmente interesante. Y no podía evitar recordar que había disfrutado bastante de aquella tarde en compañía de Lilibet, cuando se ponían al día sobre el tiempo transcurrido desde la última vez que pudieron hablar.

Pero eso no quitaba que estuviera un poco en tensión.
Después de todo la perspectiva de que Lady Denham hubiera preparado una de sus "ridículas" sorpresas para que los jóvenes se relacionaran le causaba bastante irritación. O quizá fuera la insistencia de su madre en que debía participar sin duda alguna. No podía ser que no hubiera puesto el ojo en al menos una de las bellas flores del jardín social, como le gustaba llamarlas.

Quiso la providencia que al poco de entrar en el salón, las incómodas palabras de su madre se vieran acalladas por la presencia de los Fairbanks y su educado gesto de acercarse. No tan educado, sin embargo, la forma en que su hermano abrazó a Lilibet, como de costumbre, reclamando sus atenciones para sí.

- Señores Fairbanks, señorita Fairbanks, me alegra volver a verles. -Saludó cortésmente, apretando la mano del caballero y besando con delicadeza el dorso de las de las damas que le escoltaban.- Espero que me permita mencionar que está muy hermosa hoy, señorita Fairbanks. -Se permitió decir, apreciando cómo el azul de su vestido hacía destacar sus ojos. Para sorpresa de todos, aquella intervención sucedió sin que su madre hubiera de darle un codazo o hacer una alusión directa para sacarle un cumplido para la dama.

Su padre, en aquel momento, decidió hablar con el señor Fairbanks de los negocios de la zona y reclamó la atención de su hijo mayor para librarle de conversaciones insustanciales. Pese a que en cualquier ocasión, aquella intervención, le habría hecho apreciar la complicidad con que su progenitor le trataba, no podía evitar sentir cierto desasosiego al despedirse de las damas y su hermano con una leve inclinación, cruzando miradas con Lilibet.




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