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Vie 15 Abr 2022 - 18:06 por Freyja
Homecoming
Delirio de grandeza
GÉNESIS
La vida en las nuevas colonias en 1692 no es fácil. La sombra de las brujas planea sobre todo y todos. Cualquier comportamiento, puede provocar que acabes en la peor de las torturas. Y los pastores y jueces no parecen darse cuenta de que así… Solo echan a más jóvenes a los brazos de lo que la brujería ofrece.

Alexandra Regents, proveniente de una familia de carreteros, se enamoró de un sencillo muchacho que trabajaba de aprendiz con su padre. Eran jóvenes, alegres, y creían que nadie impediría que acabaran juntos. Pero los padres de Alexandra querían cerrar un trato comercial que la incluía a ella, casándose con el socio de su padre.

La joven pareja estaba muy segura de que se amaban sinceramente y no soportaban la idea de ser separados antes de siquiera haber podido vivir su vida. Por ello, tras intentar buscar soluciones sin dar con ninguna, recurrieron a las brujas.

Fue la afamada hechicera Sybil Holloway la que les planteó un hechizo de sangre que les uniría por la eternidad. Si estaban seguros de su amor, la magia de la tierra les mantendría unidos, les haría encontrarse en cada una de sus vidas y, cuando llegara el final, se esperarían el uno al otro en el limbo, hasta que pudieran nacer juntos de nuevo. Pero si dejaban de amarse, estarían deshonrando un pacto sagrado, por lo que las consecuencias para ambos serían terribles. Seguros de su amor eterno, los jóvenes accedieron, dando su sangre a la hoguera y sellando el pacto consumando su amor en aquella cueva.

Al día siguiente, Sybil Holloway fue detenida, y ellos hallados en situación inequívoca, por lo que les consideraron cómplices de brujería. La decepción de las familias hizo que ni siquiera intentaran defenderles y fueran acusados de brujería como el resto. Pero entre las llamas, Alexandra y James sonreían, porque sabían que ahí y justo ahí, empezaba una historia eterna que daba igual cuántas veces se intentara cortar, que siempre volvería.

ACTO I - MUJER SIN CORAZÓN
El oro pudo más que mi dolor
No tuviste compasión de mi agonía
Tú sabiendo que mi alma se moría
Con amigos entre copas te reías

La ambición, delirio de grandeza
Hizo en mí un ser martirizado
Porque estaba locamente enamorado
Mujer, yo no merezco esa bajeza

Espero con el tiempo justiciero
Que retornes buscando una ilusión de amor
Y volverás a mí, así lo espero
Así lo espero
Mujer sin corazón


Año 1920, Nueva Orleans. James, un hombre de 22 años, lleva ya varios años trabajando humildemente como conductor de ferrocarril. Tiene la estabilidad suficiente para casarse con Alexandra, tal y como viene sellado en su destino... Pero ella parece empezar a presentar dudas. Nueva Orleans es un paraíso de artistas emergentes en el mundo de la música, y ella tiene una voz prodigiosa. Él apoya sus aspiraciones, pero ella... Quiere más. Está cansada de, vida tras vida y siglo tras siglo, reunirse con él, hacer siempre lo mismo, tener una vida modesta. Quiere ser alguien, quiere triunfar. ¿Quién cree ya en cuentos de brujas? Prefiere vivir una sola vida y que sea de éxito y satisfacción, a pasarse la eternidad haciendo lo mismo. Por eso, sus caminos se separan, y ella entra en un mundo tan glamuroso... Como peligroso. El destino le concede diez años para reparar este quebrantamiento de su juramento, y en vistas de que ella no parece por la labor, muere en un ajuste de cuentas, consecuencia del maravilloso mundo que tanto ansiaba, en el año 1930, cuando solo tenía treinta y dos. Él muere con cuarenta años, en 1938, de la propia pena por la pérdida y el fracaso de esta vida.

INTERLUDIO
Alexandra nace en el año 1938, lo que le hace pensar, una vez toma conciencia de su realidad, que este debió ser el año en el que murió James, después de ella. La Segunda Guerra Mundial ha hecho estragos en toda Europa y fuera de esta, y Londres es uno de los lugares más afectados. ¿Quién puede ocuparse de buscar viejas almas gemelas, de recobrar pactos de vidas pasadas, de restaurar el equilibro del universo, cuando debes sobrevivir a una guerra? Ella tenía siete años cuando esta acabó, pero los años posteriores no fueron mucho mejores. Con apenas diecisiete, es prometida a un hombre mayor que ella que quiere formar una familia cuanto antes. Su salvación podría ser encontrar a James... Pero el destino aún debe hacerles pagar por su osadía en la otra vida, por contravenir su juramento. Tras investigar dónde puede estar su alma gemela, descubre que... Ya no hay un hombre al que recurrir. James, como ella, nació en 1938, pero murió cinco años después, siendo apenas un niño, en los bombardeos en Londres consecuencia de la guerra. La vida de fama, aspiraciones y esplendor que pretendió vivir en su etapa anterior quedan oscurecidas por una vida a la sombra de un hombre que solo la quiere para tener hijos y mantener su casa. Su condena: esperar a los cuarenta años, la edad a la que él murió de pena por ella en su vida anterior. Alexandra muere en 1978 en un incendio en su propio hogar, del que no logra salir.

ACTO II - ST. JIMMY
Drain the pressure from the swelling,
The sensations overwhelming
Give me a long kiss goodnight and everything will be alright,
Tell me Jimmy I won't feel a thing,
So give me Novocaine

She's a rebel
She's a saint
She's salt of the earth and she's dangerous
She's a rebel
Vigilante
Missing link on the brink of destruction

From Chicago to Toronto
She's the one that they call old whatsername
She's the symbol
Of resistance
And she's holding on my heart like a hand grenade.


Año 1997, Berlín. La libertad, la caída del muro, la rebelión. Las drogas. Un mundo de posibilidades, un mundo en el que puedes romper con las normas, contra lo establecido, solo porque... Puedes, y ya está. James apenas recuerda nada de su vida anterior, solo sabe que... Algo malo debió ocurrir, porque ha pasado demasiado tiempo desde que no tiene conciencia, y sabe que Alexandra murió antes que él en la última vida que recuerda. Ahora está temeroso de acercarse a ella, con miedo a que le vuelva a rechazar, a que el destino les tenga guardada una venganza... Alexandra, por su parte, ha tenido ya venganza de sobra. Cree haber pagado con creces y ha aprendido la lección. Ahora no quiere nada de riquezas, ni de estatus, solo quiere... Vivir. Y recuperar a James, a Jimmy, como le llaman ahora en su grupo de amigos. Buscar sensaciones nuevas, esas que solo las drogas te pueden dar, y vivir al límite. Ella quiere romper con todo, excepto con él, y él solo quiere estar con ella, haciendo lo que ella quiera y le pida, entregándole su corazón al completo. No fueron conscientes de hasta qué límite se habían puesto en peligro, ni de que el destino aún les guardaba una venganza. Tanto estiraron sus propias posibilidades, tanto se rebeló Alexandra y él se dejó atrapar, que las drogas acabaron con la vida de James apenas un año después de reencontrarse, en 1998. Atormentada y consumida por la culpa, dos años después, Alexandra se suicida. Es la única forma que tiene de reparar el daño e intentarlo, una vez más, el su próxima etapa.

ACTO III - OBSESIÓN
Lo que pasó me ha dejado en vela
Ya no puedo ni pensar
La sangre le hierve
Siempre quiere más
Puñala'itas da su ambición
En el pecho, afilada, es lo peor.

Es mala amante la fama y no va a quererme de verdad
Es demasia'o traicionera y como ella viene, se me va
Yo sé que será celosa, yo nunca le confiaré
Si quiero duermo con ella, pero nunca me la voy a casar


Año 2022. Los Ángeles. James y Alexandra son una pareja envidiable, que se adora por encima de todas las cosas, que se apoyan el uno en el otro y que quiere compartir hasta el final de sus días juntos. Ahora sí, están convencidos, van a hacerlo bien. Ha pasado ya un siglo desde que rompieran con su pacto y están seguros de que el dolor ha quedado más que reestablecido, y su deuda saldada. Ahora pueden hacerlo bien, como antes. Actualmente tienen veintidós años. James es conductor de autobuses, y Alexandra aún está buscando su hueco en el mundo... Pero, si algo le llama, es la música. Ha sacado un par de canciones y han tenido mucha más fama de la que esperaba tener, y su corazón empieza a ambicionar... Y, el de él, a temer. Cuando todo empezó a torcerse, tenían veintidós años. Él conducía, ella cantaba, y todo se hizo pedazos. No quieren volver a condenarse a sí mismos. Aún están a tiempo de parar esa debacle... Si es que realmente están tan unidos como hace tantos siglos juraron estar.
Alexandra Regents
Lily James — Ivanka
James Sharrow
Josh O'Connor — Freyja
ONE ON ONE — INSPIRED — OTROS ("American Idiot" & "21st century breakdown" de Green Day VS "Motomami" de Rosalía)




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Última edición por Freyja el Dom 15 Mayo 2022 - 11:39, editado 1 vez


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Sáb 16 Abr 2022 - 7:01 por Ivanka
1. Acto 1: Mujer sin corazón
1. Tambien de dolor se canta
— ¿Estás lista, Lexie? — Dijo su manager desde la puerta, haciendo como que se quedaba ahí, aunque Alexandra podía ver cómo había abierto mínimamente la puerta. Se creía que no se daba cuenta de que abría la puerta del camerino de cuando en cuando, en los ensayos y demás, probablemente para ver si se estaba cambiando. Había dejado de asustarse del comportamiento de los hombres un par de siglos atrás ya. Antes, de hecho, se refugiaba en James para protegerse de aquellos hombres aprovechados y malvados. Quizás ese había sido parte del problema. — Sí, Paul, puedes pasar. — Él entró inmediatamente, con su traje blanco y su puro en la mano, como siempre. — A ver esa estrellita… ¡Oy, pero si ya estás lista y perfecta para salir al escenario! — Llegó y le puso sus pesadas manos en los hombros, pero ella no se encogió, como hubiera querido hacer. — Estás preciosa, no te preocupes por nada. La gente está deseando verte. — Alexandra suspiró y asintió. — Paul… ¿Está él ahí fuera? — El manager rio y levantó las cejas, mientras le daba otra calada al puro. — Todavía preguntándote por el ferroviario… — Solo quiero saberlo. — No, Lexie, no está. Le da igual tu carrera, ya lo sabes. Y a ti debería darte igual hasta su cara. — Ella asintió, sin perder la expresión. — Ahora mismo salgo. Dame solo dos minutos. — Paul asintió y le acarició el pelo, llegando hasta la nuca. — Como quieras, princesa. — Uf, le odiaba. Qué descanso le daba cuando lo perdía de vista, pero que necesario era para la carrera de cualquiera que quisiera despuntar en Nueva Orleans.

Repasó la letra de la canción. La había escrito en el último momento, ella iba a estrenarse con otra. Pero estaba cansada de James y su victimismo, de sus dramas… ¿Es que no veía que ella estaba haciendo lo que más le gustaba en el mundo? ¿No era amor eso también? O es que quizás… Después de tanto tiempo, el concepto de amor se les había emborronado. Resopló y estuvo a punto de pasarse las manos por el rostro, pero estaba recién maquillada. Ella había amado a James, no lo quería lejos… A no ser que él siguiera empeñado en esa empresa absurda de apartarla de lo que más feliz le hacía… O cambiaba, o ahí se acababa aquel pacto milenario, que ella estaba segura que no era tan fuerte como para durar tanto tiempo. Y aunque no estuviera hoy allí para oírlo en su canción, se lo diría en cuanto le viera.

Pero sí estaba. Lo vio en cuanto salió, porque ya iban unos cientos de años encontrando aquella mirada entre la multitud una vez tras otra. ¿Por qué mierdas me habrá mentido ese estúpido? Ni que no lo fuera a reconocer. Bueno, pues tanto mejor, podía seguir con su plan original. Triunfaría esa noche, y encima, le pondría las cartas sobre la mesa a James. Se acercó al micro, y con su mejor voz aterciopelada y su mirada más intensa, se dispuso a derramar, como si de un llanto se tratara, la canción sobre el micrófono. Estaba en el Mardygrass, estaba en el escenario tal como ella quería, nada iba a poder detenerla.

Dejó que las palabras se derramaran como una dosis de veneno perfectamente medida para matar, dirigiendo de cuando en cuando su mirada hacia James, intensificando, casi sin darse cuenta, cada una de las estrofas. Y cuando terminó y oyó los aplausos, podría jurar que nunca en su vida se había sentido tan inmensamente feliz. James la conocía, tenía que saberlo, notarlo. Pero no pensaba ser ella la que fuera a buscarlo. Que fuera él a su camerino.
Alexandra— 1920 — Mardygrass Club, Nueva Orleans




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Sáb 16 Abr 2022 - 12:40 por Freyja
1. Acto 1: Mujer sin corazón
1. Tambien de dolor se canta
Se sentó a una de esas elegantes, pequeñas y redondas mesas, y el camarero rápidamente se acercó a pedirle qué deseaba tomar. Le vio en la cara que casi se arrepintió de darle preferencia. No, aquel no era su lugar ni su estilo y se le notaba en la cara y en el traje, porque aunque hubiera ido elegante y trajeado, se notaba que era un traje modesto, barato. El único que tenía en el armario. Al menos no era el traje que le había comprado su madre para el funeral de su tío Peter... Porque se le había quedado pequeño y había tenido que comprarse otro. Con ese, al menos, consiguió su puesto de trabajo. Dios... Menos mal que no lo estaba diciendo en voz alta, se sonaba triste a sí mismo.

Llegó al poco con un whiskey con mucho hielo, tanto que... Desde su punto de vista, era prácticamente hielo. Lo miró con el labio inferior ligeramente sacado y mirada aburrida y cansada, sin demasiada expresividad, sosteniendo el vaso en sus manos y solo moviéndolo lo justo para ver el escaso líquido moverse. Echó aire lentamente por la nariz, dio un sorbo y volvió a dejarlo en la mesa, mientras agarraba el vaso con ambas manos, con la mirada baja y perdida. ¿Qué hacía allí? Apoyar a Alexandra... Creía. Habían discutido mucho recientemente, mucho más de lo que estaba acostumbrado, y eso era mucho decir. ¿Cuántos siglos llevaba compartiendo vida con ella? Vidas largas, plenas y felices, llenas de amor, de familia, de momentos en su hogar, con sus hijos, el uno con el otro. Con los modestos trabajos de James y las canciones de Alexandra, con esa voz tan bonita que tenía. ¿Se había cansado de cantar para él? ¿Por qué? Él no se cansaba de escucharla, le encantaba. Siempre sonreía y la alababa... No estaba entendiendo a qué venía esa moda de querer sacar rentabilidad de eso. La fama podía ser peligrosa, ese mundo... No iba con ellos. Ellos eran humildes y modestos, discretos. La última vez que el pueblo habló de ellos, acabaron muertos en una hoguera, fue la única vida en la que no alcanzaron a ver la vejez. Qué ganas de repetir desgracia...

Un hombre muy rimbombante salió al escenario y la presentó como una gran artista emergente. Oír su nombre retumbando por ese local y los aplausos que siguieron se le hizo extraño, solo atinó a mover los ojos hacia los lados... Sin moverse, sin aplaudir. Él no necesitaba aplaudirla, él la amaba y la alababa por encima de todas las cosas en su intimidad, de forma más discreta. Aún se preguntaba qué hacía allí... Hasta que la oyó cantar. Solo la primera frase se le clavó en el pecho. Con el vaso en la mesa y ambas manos rodeándolo, apenas con los dedos apoyados en el cristal, miraba con la cabeza gacha y los ojos tristes, entornados hacia arriba, lleno de melancolía y dolor, como ella cantaba una canción que prácticamente podía estar saliendo de boca de él. Tragó saliva varias veces. No, él no merecía aquello... ¿Sería una disculpa? ¿Era... Una indirecta? ¿Por qué le hacía eso, por qué... Si sabía que se sentía así, si sabía que... Su alma se moría... Por qué parecía estar burlándose de él? Esa no era la Alexandra que él conocía, y podía jurar, desde siglos atrás, que la conocía muy bien.

Un ser martirizado, eso era. Así se quedó, cuando las luces y el bullicio del local volvieron a lo de antes y ella desapareció del escenario. La vida se había reanudado a su alrededor, cuando durante los últimos minutos habían parecido estar solo ellos dos, la música y la oscuridad, y ahora él seguía allí clavado, con el hielo aguando aún más el poco whiskey que tenía en el vaso, y la mirada puesta en ninguna parte. Poco a poco algunos clientes se fueron yendo, los que quedaban se fueron emborrachando, y algunos con quienes alguien como James ni quería ni debería confraternizar empezaban a entrar. Se levantó y fue a buscarla en su camerino, para lo cual tuvo que prácticamente jurar que era su pareja, porque nadie le creía. Solo un señor aseguró que sí, que le había visto antes, un hombre de traje blanco y mirada despótica. Le miró de soslayo, no con mayor amabilidad que la que el señor del puro le mostraba, y se adentró hasta encontrarla en su camerino.

Cerró suavemente la puerta tras él y se guardó las manos en los bolsillos, cabizbajo. Se quedó en silencio, viendo la espalda de ella sentada en su tocador, y su rostro esquivo a través del espejo. Al alzar levemente los ojos, frunció un tanto el ceño. Estaba contrariado, confuso y... Dolido. - ¿Has compuesto tú esa canción? - Buscó sus ojos, aún titubeante pero sin perder el dolor en ellos, aunque fuera a través del reflejo del espejo. - ¿Se supone que ese soy yo? - Tragó saliva, y sin querer apretó un poco los dientes. Era lo único que le separaba de echarse a llorar, eso y tensar las manos dentro de sus bolsillos. - Nunca te llamaría mujer sin corazón. -
James — 1920 — Mardygrass Club, Nueva Orleans




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Dom 17 Abr 2022 - 5:36 por Ivanka
1. Acto 1: Mujer sin corazón
1. Tambien de dolor se canta
Se tardó más de lo que esperaba, pero allí acabó apareciendo. Es que parecía que lo hacía a posta, vaya. Aquel traje anodino, aquella cara de perrillo apaleado… ¿No podía haber intentado ser un poco festivo aunque fuera, celebrando su triunfo? No, porque James no conocía el triunfo, no conocía otra cosa que no fuera su vida sencilla de colonos paletos una y otra vez, independientemente de donde vivieran. Pero seguía dándole pena y doliendo el corazón al verle así, eso no lo podía remediar, y se sentía mal por haber provocado aquella tristeza en él… Pero es que a él parecía darle todo igual respecto a ella y sus sueños. Y encima se ponía en ese plan, a darle más pena todavía. James solo sabía sentir pena por sí mismo, eso estaba claro.

— Sí, la he compuesto yo. ¿Sorprendido de que pueda componer algo más que villancicos y canciones que cantar mientras cocino? — Le dirigió, con bastante más veneno del que sentía. Pero es que la ponía frenética, qué tono más cuestionador y despreciativo, de verdad. Se rio amargamente ante la siguiente pregunta, y se dejó caer sobre el respaldo de la silla, cruzándose de brazos. — Pues tú dirás. — Y volvió a reír con lo que dijo luego. — ¿Ah no? Pues es como me haces sentir. — Se levantó de golpe arrastrando la silla y se dio la vuelta. — ¿Acaso me has apoyado lo más mínimo para tener otra vida que no sea solo estar contigo y nuestra casa, nuestra familia? — Levantó las manos y negó con la cabeza. — No conozco otra cosa, James. Siglos y siglos… siguiéndote solamente. ¿Qué hay de mí? De lo que sé que soy. Tengo talento, Jimmy, y tú lo sabes. Me encanta cantar, y ahora las mujeres votan, y pueden vivir solteras, y ser famosas, ¿por qué no debería aprovecharlo, dime? ¿Por qué no ser yo la que saca partido a lo que tiene? — Se rio sarcásticamente y se puso las manos en las caderas, negando. — Y a ti no se te ha ocurrido. Y no se te ha ocurrido porque tú te vas con tu tren, o tu barco, o lo que toque en esa época, y tienes la tranquilidad de que Lexie siempre va a estar ahí esperándote… Pero Lexie también tiene sueños, ¿sabes? —

Tomó aire y le dio la espalda, apoyándose en la mesa del camerino. — Dime, Jimmy, ¿tan difícil es de entender que en esta vida intente algo diferente? Que saque partido a lo que tengo y lo que soy… Ya hemos vivido muchas vidas en las que yo soy tu amante esposa y no hago nada más… — Se dio la vuelta y apoyó la cadera en la mesa. — ¿Por qué tengo que hacerte una canción para que te des cuenta de cómo me haces sentir comportándote así cuando estoy a punto de alcanzar el éxito, de ser alguien en la vida? — Es que vamos, mucha carita de sufrimiento, pero es que no se había parado a pensar todo lo que para ella podía significar triunfar en un sitio así, lograr algo, dejar huella, cosa que, en más de doscientos años de historia, no había logrado.

Alexandra— 1920 — Mardygrass Club, Nueva Orleans




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Dom 24 Abr 2022 - 14:16 por Freyja
1. Acto 1: Mujer sin corazón
1. Tambien de dolor se canta
Frunció el ceño, mirándola dolido y contrariado. ¿Por qué le hablaba así? No podía decir que en los años, siglos que llevaban compartiendo, nunca hubieran discutido, eso era una utopía. Pero... Jamás le había hablado de esa forma. Parecía que le despreciaba, o peor, parecía convencida de que él la despreciaba a ella. - No cuestiono que sepas componer. Intento comprender... Por qué compones algo así, por qué parece que hablas por mis labios como si fuera capaz de pensar tan horrible de ti. - Respondió ofendido, aunque con un tono que no sonaba alterado, solo triste y confuso. Abrió mucho los ojos. ¿Que él la hacía sentir así? Definitivamente, ella sentía que no la quería. Y, por Dios, no atinaba a entender qué podía haber hecho en esa vida en concreto para hacerle pensar tal cosa.

Cuando se levantó de esa forma tan impetuosa, dio un paso atrás, asustado, pero acto seguido frunció el ceño. No sabía a qué venía esa actitud. Lexie siempre había sido una mujer de carácter, pero nunca lo había empleado contra él, jamás. Ellos se amaban, se amaban por encima de todas las cosas, por encima de la vida y de la muerte, por encima de las leyes de la naturaleza y de los designios del destino. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién la estaba envenenando de esa manera contra él? Porque esa no era su Lexie, no. Pocas cosas tenía más claras en la vida, en sus actuales y escasos veintidós años, que esa no era la Lexie que él conocía.

- Yo siempre te he apoyado. Yo siempre te he querido. Quererte es lo que me define, es lo que soy. - No entendía a qué venía nada de eso. ¿Acaso no habían jurado amarse el uno al otro, ser el uno para el otro, por toda la eternidad? ¿Por qué de repente parecía querer otra cosa radicalmente distinta? Una vida en la que, claramente, él no cabía. Y James no había conocido otra cosa, por lo que eso descuadraba absolutamente todos sus esquemas. Y justo eso empezó a decir. Que ella no conocía otra cosa, solo estar con él, y lo decía como si fuera algo malo. Él decía lo mismo y lo hacía con mucho orgullo y con el corazón tranquilo y feliz. - ¿Acaso no es eso lo que juramos? ¿Querernos y seguirnos siempre? ¿Qué ha ocurrido de repente para que te parezca tan terrible? - Alzó las manos. - ¡Pues canta! ¡Nunca te lo he impedido! - Y entonces, una de las palabras le atravesó, dejándole en el sitio. "Soltera". Ahora las mujeres "podían vivir solteras". Bajó los brazos con derrota. ¿Por qué quería ser soltera? Es decir... Ellos habían jurado amarse siempre, tan fuerte era su unión que se habían dejado quemar en una hoguera por tal de vivir muchas vidas unidos. ¿Acaso se había cansado?

La miró con los ojos húmedos, de soslayo, como quien mira a un desconocido. - Tú también has tenido siempre la tranquilidad de que me tenías ahí. - Aseveró. - Todo eso que narras, eso que ahora las mujeres podéis hacer, yo he podido hacerlo siempre. Y no lo he hecho, porque juré estar contigo. Porque quiero estar contigo. - Frunció los labios. - Y tú... A la primera que se te da la opción, la quieres coger. Me hace pensar... Que si estabas conmigo antes, que si no habías... Decidido ser... Todo eso que dices. - Soltera, por ejemplo. - No es porque no quisieras. Es porque no podías. - Le dolía el corazón. No, no podía, no quería, pensar así de Lexie. ¿Cómo iba a hacerlo? Era la mujer que más amaba en el mundo, más que a sí mismo. Confiaba en ella ciegamente. No podía creer... Que le hubiera traicionado de semejante forma, por tantos siglos.

Le dio la espalda y le hizo una pregunta. Frunció los labios, con los ojos cada vez más enrojecidos de tristeza. - Sí. - Contestó simplemente, no sin cierta severidad, aunque cargado de amargura. Sí, era difícil de entenderlo, para él era imposible. Tenían un pacto. Él lo estaba cumpliendo. Ella, ahora, le pedía que entendiera que no quisiera cumplir su parte. Siglos después. Sí, era difícil de entender. Su siguiente pregunta le hizo ahogar una carcajada amarga, sin despegar los labios. - ¿Te has parado a oír tu propia canción? - Casi se le cae una lágrima, pero estas tuvieron a bien retenerse en sus párpados. - Me has hecho un desgraciado. - Jamás pensó que llegaría a hablarle así a la mujer de su vida, pero ella le estaba hablando peor a él. - Un ser martirizado, para ser más exactos. No sé vivir si no es contigo, Lexie, no entiendo otra vida. Y tú... Me estás cambiando por fama, por dinero. No es un buen mundo este, Lexie. No te lo digo ya por mí, no te lo digo porque quiera tenerte en casa. Te lo digo porque... Esto me da miedo. Aquí la gente no acaba bien. Pero eso parece darte igual. - Arqueó las cejas, con una sonrisa amarga, y añadió. - Definitivamente, el oro está pudiendo más que mi dolor. -
James — 1920 — Mardygrass Club, Nueva Orleans




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Vie 6 Mayo 2022 - 7:14 por Ivanka
1. Acto 1: Mujer sin corazón
1. Tambien de dolor se canta
Nada, que tenía metida la pose de mártir y no quería moverse de ahí. — Pues es lo que me has transmitido. Que todo lo que hago por mi cuenta, te hiere, y eso no es justo, James. — Dijo en un suspiro, apoyando el codo en el tocador y sujetándose la cabeza. Necesitaba cerrar los ojos y respirar, porque discutir con James la destruía, pero no era capaz de imaginarse esa vida OTRA VEZ. Otra vez ella sin desarrollar nada propio, nada que no fuera lo que él necesitaba, era desesperante. Sentía que se perdía en un absimo con infinitas Alexandras que siempre eran la misma, encerradas gritando en la eternidad del tiempo.

Y cuando dijo que eso era lo que les definía, fue demasiado. — ¡PUES ESO NO ESTÁ BIEN! — Dijo levantándose de golpe, dando un grito y tirando la silla. — No puede ser que querernos sea lo único que nos defina eso es… — Estaba jadeando y ya no sabía ni lo que decía. — Es enfermizo. No puede ser que querer a alguien sea lo único que te defina. Es vacío, ¿cómo vas a basar toda tu vida en una persona, James? — Se rio sarcásticamente e hizo un gesto al aire. — Menos mal que no me has impedido desarrollar mi personalidad, ¿quieres una medalla o algo? — Es que lo que tenía que oír. Es que era imposible que se entendieran.

De nuevo, rio hirientemente y le miró de reojo. — No, eso no es así. Yo no es que te haya “tenido”. — Dijo poniendo comillas con los dedos. — Es que he vivido por ti. Por lo que tú quisieras, tú necesitaras, y no me he desarrollado yo como persona. Y yo soy más que un pacto, más que tu mujer, James, soy una persona con ideas propias y talentos, talentos que no tienen nada que ver con estar o no estar contigo, porque puedo tener cosas mías, ¿sabes? Cosas que sean solo de Lexie, y no tuyas o de tus hijos o tu casa. — Ya no era capaz de bajar la voz. Soltó otra carcajada y negó con la cabeza, señalándole. — ¿Y tú ves todo lo que has montado por una sola canción en la que te hago oír todo lo que he oído de ti? Es la primera vez en tres siglos que hago algo por mí misma y me respondes así, y ahora lo oyes fuera de ti y te escandalizas. — Soltó todo el aire y se puso a caminar sobre sí misma, con las manos en las caderas.

— Pues si no entiendes la vida sin mí, James, el que tiene un problema eres tú. — Dijo, por fin bajando el tono, más seria y aséptica. — Y esa es precisamente la cuestión. Tu existencia no debe pesar sobre mí. Somos dos personas, podemos vivir juntos, pero yo debo ser yo, y si tengo un talento como este, tengo que poder desarrollarlo sin miedo a que tú mueras espontáneamente por ello. — Soltó aire entre los labios y entornó los ojos. — Sé que a veces lo olvidas, pero no tengo veintidós años realmente. — Dijo bajando el tono hasta el susurro, aunque un poco agresivamente. — Sé quién soy, sé lo que puedo llegar a hacer, y esto no va del oro. Va de que no tengo por qué ser la persona que tú quieres que sea siempre. Puedo ser una Lexie que brilla por si sola, cuya única definición no es ser la pareja de James. — Y no era incompatible con estar juntos, pero cada vez le costaba más verlo. — Eres tú el que estás poniéndome una diatriba injusta, y si lo haces… Me obligas a elegir. — Frunció el ceño y apretó la mandíbula, agarrándose fuertemente a la silla. — El pacto no decía que yo no pudiera tener vida, que tuviera que hacer lo que tú digas y no pudiera ser una persona independiente.


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