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Lun Sep 26, 2022 8:05 am por Shooting Star
Sin lluvia no hay flores
“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. - J C

Aquella rubia huyo de aquel lugar que tanto mal le hacía. Sin rumbo fijo solo compró los primeros pasajes disponibles y fue que su destino fue Puerto Rico. Una isla de Centroamérica que solo escuchó de nombre alguna vez. Tenía suerte saber español pues como portuguesa no habría podido entender nada y optar por otro sitio.

No iba sola. Junto a ella iba su hijo de tan solo 7 años que era el más desorientado en ir para acá y para allá en el aeropuerto y cuando pisaron suelo en Aguadillas notaron que se aproximaba una tormenta. Todos estaban inquietos por lo que la idea no fue quedarse en la ciudad así que preguntando tomó la determinación al pueblo más alejado, cercanos a una montañas según le dijeron tomaron el primer carro hacia su último destino. Tenían que quedarse todo había cambiado.

Por otro lado, la morena estaba fastidiada por la rutina. Aunque había terminado la universidad con honores gracias a una buena beca no había logrado conseguir un empleo decente en el último tiempo. Tenía que sacar de la pobreza a sus padres y dos hermanos estudiantes, aunque su pueblito fuera estupendo si pasaban necesidades en Aibonito, pueblo que se encontraba en las montañas y que era reconocido por su agricultura y flores. Sin duda, estaba alejado de todo y ella no deseaba dejarlos del todo ¿Con quienes se quedaría? Tristemente, había pasado hambre y muchas veces tenía que soportar estar sin luz por varios días. Y ahora otra tormenta se aproximaba y andaba temerosa. Ella sola se subió al techo y comenzó arreglarlo como podía para  que no terminara todo inundado y fue cuando vio desde esa altura a una rubia con un pequeño con maletas.

Todo comenzó desde ese minuto.




Jimena
Valenzuela
23 años - Camila Mendes - Rising Sun
Flávia
Carvalho
26 años - Maya Hawke  - Shooting Star


1x1 — ORIGINAL  —  REALISTA (Romance - Drama - Diferencias sociales)

XIII



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Post de Rol:


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Mar Sep 27, 2022 1:15 am por Rising Sun

1. Las Primeras Brisas
de la Tormenta

Vivir en lo alto de la montaña era toda una misión. Decían que seguro los que allí vivían desde su uso de razón ya estaban acostumbrados a tener que dar esos viajes largos hasta llegar a la "civilización" no es que su pueblo no lo fuera. Había civilización a lo alto de la montaña. Pero la mayoría de las oficinas gubernamentales del distrito, por ejemplo, se encontraban en los pueblos aledaños y más cercanos a la costa. Haciendo que para cada gestión que fuera hacer terminara siendo toda una odisea, culminarla.

Cada que anunciaban tormenta era otro cuento aún peor. Pues a la que se comenzaba a bloquear las carreteras por los árboles caídos o los deslizamientos de tierra, ahí si terminaban siendo una ciudad incomunicada con el resto.

Para Jim todo esto era aún más agobiante, tenía dos hermanos pequeños, un par de mellizos, una niña y un niño de diez años. Prácticamente, era su madre, pues la realidad es que los padres de Jimena habían tenido a sus hijos muy mayores, incluyéndola a ella. Por lo que ahora que estaban un poco grandes, los niños, ellos no tenían la suficiente vitalidad que tal vez aún tenían cuando Jim tenía su edad. Su papá estaba enfermo y su mamá era una mujer que con pocos estudios y que había dedicado toda su vida a trabajar la tierra. Por lo que igual ya tenía sus complicaciones debido a sus dolores musculares. Así que todo recaía sobre la chica.

Tampoco era que la morena se estuviera quejando todo el tiempo. Para nada, simplemente se ponía a enfrentar su realidad y a soñar que en algún momento todo cambiará. Ahora solo quedaba preparase para lo que tocaba ahora. Enfrentar los preparativos para recibir la tormenta. Llenaba envases con agua potable, amarraba las cosas que pudieran salir volando cuáles proyectiles. Pero más que eso, necesitaba asegurase que las láminas de zinc del techo estuvieran bien agarradas y amarradas a los cimientos. No quería tener que volver a pasar por lo mismo otra vez. Hacía algunos años, en un evento similar, parte del techo había volado y aunque no habían quedado del todo descobijados, sí había hecho que el agua se colará por las fisuras que había dejado provocando que todo adentro se mojara. Menos mal que ahora la reparación se había hecho de mejor calidad gracias a los ahorros que la muchacha había obtenido trabajando. Sin embargo, no se podía confiar, así que lo aseguraba como mejor podía.

Estaba ya trepada el techo de su residencia con su cabello azabache bien amarrado en una coleta, pantalones cortos, y una camiseta más grande que su talla, la cual tenía que amarrar con un nudo para no parecer que vestía la carpa donde estacionaba su vecino el automóvil. Llevaba un martillo en la mano con el que le pegaba con fuerza al clavo donde estaba amarrando el alambre que cruzaba de un lado a otro, aguantado el techo. Cuando de repente se quedó distraída viendo a una linda chica que caminaba de la mano con un pequeño por la calle. No parecía ser de por aquí. Tenía una pinta de gringa que nadie se la quitaba. Pero... no se podía confiar, ella misma tenía unos primos rubios de ojos claros y más jíbaros no podían ser. Aquí había de todo, desde muy morenos, hasta muy pálidos. Y por supuesto, los de piel trigueña como ella, que eran el balance entre los indios, los africanos y los españoles de los cuales eran descendientes.

Miraba y miraba y sinceramente le parecía extranjera. Más aún, parecía estar perdida. Lo cual le preocupo, pues por cómo se iba a poner el clima pronto no era para andar de paseo. Mucho menos con un pequeño. Se le había quedado vendiendo porque igual tenía algo que la hipnotizaba haciendo que sin darse cuenta se pegara en el dedo con el martillo. - ¡Mierda! - se le escapó y posiblemente lo suficientemente alto como para que se escuchara desde la carretera. Haciendo que se tornará roja de la vergüenza.

Jimena Valenzuela— Casa de Jimena — Septiembre de 2022

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Miér Sep 28, 2022 4:43 am por Shooting Star

1. Las Primeras Brisas
de la Tormenta

No iba a dejar que hicieran lo que quisieran con su vida. No podía casarse con ese descarado que tanto sufrimiento le dio, tanto psicológico como físico que hizo que esos años juntos fueran miserables. Debido a esa tóxica relación había nacido André y aunque era el niño más hermoso que podías desear sin lugar a dudas no merecía una vida así. Es que ni siquiera importaba que Gregory fuera un magnate empresario de Portugal, ella no estaba dispuesta a seguir con él ni por su dinero y mucho menos que sus propios padres intentaran por todos los medios casarla al estar con problemas económicos. No habían pensado en ella ni en su nieto lo mejor era irse antes que fuera demasiado tarde.

Eligiendo el lugar menos reconocido por ellos y al azar por ser los dos últimos boletos. Ni siquiera supo donde se dirigía ante su ignorancia de geografía pero por lo poco que preguntó supo que al menos ahí hablaban en español y era un idioma que manejaba. Su hijo solo hablaba portugués pero estaba en edad para aprender otro pues tendría que seguir estudiando. Agradecía aún el dinero prestado de su abuela y que comprendiera su situación era a quién más iba a extrañar.

Fueron horas de viaje donde tuvo que calmar a su hijo con historias y enseñándole nuevas palabras como saludos que serían básicos en esa nueva tierra. El tiempo pasó y al fin llegaron a la isla que era preciosa no obstante la gente andaba precipitada. Cuando pasaba por un grupo fue cuando escuchó que se aproximaba un huracán.

¿En serio? ¿Una tormenta? — La chica que hablaba con los dos jóvenes que debían estar entre sus veinte años asintió con la cabeza. — Sí, y lamento que quiera ser turista justo por estos días. Aquí todo el tiempo estamos asustados cuando se aproximan. — Contestó, mirándola con un toque de pena y luego a su pequeño que no entendía ni una sola palabra.

Sí, pero este es mejor lugar de donde vengo. — Flàvia soltó un suspiro y agradeció la información. — ¿Cuándo llega?— La chica reveló que era en unos días y por eso la gente se estaba preparando para poder soportarla. Quizás quedarse en la ciudad habría sido lo adecuado pero seguía siendo peligroso por lo tanto terminó por preguntar otro detalle más. —Voy un pueblito… el más lejos de aquí. ¿Cómo era que se llamaba? — Se hizo como la que no sabía para no levantar sospechas y pues así de paranoica estaba.

¿Aibonito? Pero queda unas tres horas de aquí…los carros pasan cada tres horas. Mira, ese esta a punto de partir.— La chica asintió. Se despidió amablemente de ellos y le explicó en portugués a su pequeño que tendrían que tomar otro vehículo porque iba a llover mucho y necesitaban encontrar un lugar para hospedarse. Como fuera quería también estar muy alejada de la playa y en altura.

Fue cuando encontró el carro que la llevaría al destino es que empezó a llenar de preguntas al chofer. Quién dicto que se trataba de una pequeña ciudad en las montañas y que era conocida por sus hermosas flores pero que también había mucha pobreza.

A ella un lugar así le venía de maravilla. Hace tiempo que asumía que no iba a ser la niña millonaria y con una mansión para vivir es que estaba completa dispuesta a ese cambio de vida.

Esas tres horas también fueron duras porque tontamente había olvidado comprar comida y su André ya sentía hambrecita. Se sintió la peor madre del mundo al escuchar los sonidos de su estómago así que lo tomó en brazos y lo hizo dormir.  

También se quedó dormida con él y si no fuera porque el chófer la despertó por su buena amabilidad quizás donde habría llegado. — Muchísimas gracias. André despierta, tenemos que bajar. — Lo habían dejado en una parte de campo y sabía que tenía que caminar más. Por esos sectores no encontró una tienda ni nada. Iba de camino cuando de repente escucha un reclamo, una palabra ofensiva que la hizo sonreír, miró de dónde provenía. Era una chica morena que estaba arreglando su techo y que muy posible se había golpeado. Se acercó con su pequeño haciendo resonar su tono extranjero. — Hola, buenas tardes. ¿Estoy en Aibonito, verdad? El chófer dijo que sí… — André hizo un puchero y le susurró unas palabras. Ya no aguantaba más el hambre el pobre. Quizás hasta estaba abusando pero de alguna forma la iba a recompensar.

Soy Flávia y él es mi hijo André. Disculpa mi mala clase... Pero...¿Podrías darme una fruta o algo? Es que el viaje fue largo y no ha comido nada desde el avión — Soltó algo avergonzada. No estaba acostumbrada a eso pero esto era mejor que buscar una tienda que seguro que estaban más alejada.


Flávia Carvalho— Casa de Jimena — Septiembre de 2022

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Lun Oct 03, 2022 12:23 am por Rising Sun

1. Las Primeras Brisas
de la Tormenta

Jimena siempre se había concentrado en sus estudios, nunca había sido mucho de relaciones. Y es que igual tampoco le había ido muy bien la última vez que se enamoró. No es porque le hubieran hecho daño con intención. No siempre era así, a veces era uno totalmente accidental, pero que igual dolía. Hacía algunos años, cuando aún era estudiante de escuela superior se había enamorado de su mejor amigo, ambos hicieron planes juntos. Ella estudiaría agronomía en el colegio de Mayagüez y el chico se enlistaría en el ejército para luego de estar bien instalados comenzar su grado académico. Así ambos podrían echar hacia delante y ella de seguro sacar a su familia del hoyo donde estaban. Tenía un sostén, un apoyo. Pero todo se fue por un tubo poco después de comenzar el primer semestre de universidad. Un accidente con una granada del vehículo donde trasportaban a los nuevos reclutas y donde precisamente era trasportado el chico, acabo con su vida y dejo algunos más malheridos, pero que lograron sobrevivir. Desde entonces no había tenido más que sitas por aquí, citas por allá. Pero nada serio con nadie. Sin embargo, aun cuando había llorado mucho, ya ese tiempo había pasado, estaba tranquila en ese aspecto.  El amor simplemente ya no lo buscaba ella, si llegaba nuevamente por sí solo a su vida, que así fuera que ella lo recibiría.

Pero ahora tenía algo más urgente en lo que concentrarse. El prepararse para la tormenta. Muchas cosas que ya había hecho y otras muchas más que quedaban por hacer. Tenía, aunque terminar con el techo, instalar torrenteras en las ventanas. Asegurarse de bajar la palanca de la electricidad en panel dentro de la casa. Por las dudas, el agua y la corriente nunca era buena combinación. Aunque seamos sinceros, las posibilidades de que ocurriera un corto circuito por el agua y la electricidad en medio de un evento como este eran demasiado improbables. Pues era posible que antes de que tocara tierra ya estuvieran sin luz...

La morena estaba muy ajetreada en sus tareas; sin embargo, eso no fue impedimento para detectar la presencia de la rubia extranjera y el niño. Por supuesto que eso, igual fue el detonante para que ahora estuviera quejándose por el martillazo que se había dado en el dedo y que ahora se estaba chupando como si fuera una niña de dos años intentando amilanar el dolor. Jimena creía que no la había llegado a ver, y si escucho el grito no había detectado de donde provenía. Pero... la realidad fue otra. ¿Acaso la había visto todo este tiempo espiándola? ¡Qué vergüenza!

Actúa normal, solo fue pura casualidad y lo de martillazo un accidente. Se decía la morena mientras volvía a dar unos pasos hacia el frente del techo para quedar a la vista del par y poder contestarles con mayor facilidad. Su dedo aún le seguía latiendo, pero intentaba ignorarlo. - Sí, así es. - le respondió, solo que no comprendía por qué de todas las áreas que tal vez había podía visitar del pueblo había tenido que irse a meter a la comunidad menos afortunada por decirlo de algún modo.

El tono extranjero era evidente; sin embargo, tenía un buen español que se le entendía. Abrió los ojos grandes, sorprendidos. ¿Avión? Debió tener un camino largo para llegar hasta aquí. - ¡Hola! Oh, sí, ya imagino, está bastante pesado el viaje de Carolina hacia aquí. - la muchacha juraba que había tomado el aeropuerto más cercano para venir hasta aquí y aun así era un viaje agotador. - Bueno, Flavia, André, es un gusto soy Jimena. Y no tengo idea que los trae por aquí. Pero... sí, creo que tengo algunas frutas por aquí. Las recogí porque si las dejaba en los árboles probablemente irían a parar al infinito y más allá. - dijo en un tono dramático mientras bajaba por una escalerilla que había recostada de una de las paredes. Término de bajar dando un salto, fue hasta el balcón de su casa y saco un balde de plástico lleno de naranjas, o como les dirían aquí, chinas. Muy dulces de un naranja brillante.

- Creo que para comenzar esto servirá. - les dijo acercándose a ellos y poniendo en la mano de cada uno fruta. Se le hacía raro su aparición. Pero era una chica y un niño en un lugar desconocido y con hambre. Además, con una tormenta sobre ellos. - Se ven cansados. Puede pasar y sentarse a comer las frutas en el balcón si gustan. - les invito abriendo la reja para que entraran. - Yo aún tengo unas cuantas cosas que hacer, pero pueden comer cuantas gusten. Igual creo que tal vez quedo algo del almuerzo... a menos que mis hermanos no se lo hayan comido mientras trabajaba. - dijo señalando al techo. - ¿Saben de la tormenta? ¿Verdad? - pregunto levantando una ceja.

Jimena Valenzuela— Casa de Jimena — Septiembre de 2022

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Vie Oct 14, 2022 8:02 am por Shooting Star

1. Las Primeras Brisas
de la Tormenta

La rubia ni notó porque la morena se había quejado pues estaba más preocupada de su pequeño que insistía en comer, es que luego de esas horas era inhumano sin alimentarlo. No habían comido desde el aeropuerto y nadie subió a vender en aquel carro que los llevo a ese pueblito que era admirado por sus flores.

Se terminaron acercando a ella, ya que aunque dominaba demasiado bien el español no era uno neutral sino que más de Puerto Rico así que le costaba reconocer sus palabras, esperaba que supiera hablar en inglés que ahí era más fluido, pero en ese momento solo se limitó a escuchar lo que decía, prestando mucha atención y sin dejar de sostener la mano de André.— ¿Carolina? Oh... ¿Se refiere al aeropuerto más cercano, verdad? Pues no... era el otro. Así que el viaje ha sido mucho más largo. — Trataba de ser pausada, ya que reconocía que su entonación la delataba como Portuguesa. — Y desde ahí que no comemos, me siento terrible por él. — Exclamó un poco agobiada porque solo esperaba que pudiera darle una fruta o algo para comer, realmente como estaban eran capaces de devorarse una vaca. —¡Que bonito nombre! ¡Me encanta! — Siseó divertida como era entonado por su linda voz. — Hace tiempo que no como frutas directas de los árboles, solo cuando íbamos al campo y las limpia...— Se calló. De nuevo se estaba delatando como una snob y que era una completa ignorante a los pueblos o al campo. Terrible. Sabía que tenía que ser empática pero hace tiempo que ni salía a esos lugares y eso que le encantaba la naturaleza cuando era más pequeña, pero con ese imbécil ni siquiera la sacó alguna parte, él que menos reconocía estos lugares era su hijo. Ojalá que le gustara, pues no iba a estar en un hotel elegante o ir a una juguetería fina como acostumbraba.

Se alegró que fueran naranjas. Su pequeño miró asombrado el tarro y le empezó hablar con su poco español. — Gracias... ¿Así se decía, mamá?— Le habló a ella en portugués y ella asintió. — Muy bien, y sí... me uno a las palabras de mi peque, muchas gracias Jimena. Prometo que pagaré este gesto tan amable — Sonrió mientras la seguía al balcón y tomaba un par de naranjas para comenzar a pelarlas. — Es más que suficiente. — Sus ojos se agrandaron al escuchar almuerzo y su estómago resonó. — Si es posible. — Dijo con cierta timidez, llevándose una mano a su estómago y se sentaba donde le había dicho.

Siga con lo suyo... y sí me enteré en el aeropuerto. Por eso también no alcancé ir al banco y comprar algo, tomamos el primer auto que nos traería hasta aquí. Una chica nos dio el dato y tuvimos que correr para tomarlo. — La chica le entregó una naranja ya en torrejas a su pequeño el cual empezó a comerla con fascinación. — ¡Delicioso! — Exclamó en inglés. Que se sabía esa palabra en tal idioma. — Por cierto ¿Sabes hablar en inglés? Dominó el español pero es más neutral, quizás en inglés nos entendemos más... — Finalizó la chica que también empezó a comer su naranja exclamando maravillada que estaba muy buena.

Flávia Carvalho— Casa de Jimena — Septiembre de 2022

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Lun Oct 24, 2022 1:45 am por Rising Sun

1. Las Primeras Brisas
de la Tormenta

Le tomo muy por sorpresa cuando le dijo que no había sido por el aeropuerto de Carolina. -¿Me estás jugando? ¡Vinieron desde Aguadilla! Vaya, con razón tienen hambre. - le respondió, pues es que, si de por sí el camino era largo desde aquel aeropuerto, desde el otro era el doble. Pobre niño, con razón sus tripitas le rugían, y a ella seguramente también. - Deme unos segundos. - le pidió, y fue ahí que había llegado con la fruta para ellos. Realmente esperaba encontrar aun comida en la olla de lo que su madre había preparado para el almuerzo y así poder darle algo de comer más sustentable.

- Gracias, el tuyo también es bonito y creo que nunca había conocido una Flavia… No creo que no. - dijo sonriente. - Ah, por supuesto, que el niño no se queda atrás. Muy bonito el nombre, aunque conozco algunos Andres, pero igual eres el primer André que conozco. - le dijo con simpatía, era posible que no la estuviera entendiendo. Pero seguro su madre sí, así que si le preguntaba al menos le podría decir que estaba hablando bien de él.

- Yo estoy acostumbrada, nuestra familia vive de la agricultura. Y yo soy agrónoma. Modestia aparte. - Añadió avergonzándose un poco porque al mismo tiempo le sonó un poco pretencioso de su parte. Pero la verdad es que estaba lejos de ello, Jimena apenas estaba despegando en su carrera y aún no lo lograba. Por algo las circunstancias aún seguían en las mismas de antes. -Oh, eso sí lo entendí. - Sonrió al escuchar al niño darle las gracias.

-Ah, no, no, no. Me ofendes. No me tienes que pagar. La comida no se le niega a nadie. Y como diría mi madre. Donde come uno, comen dos y comen tres también. No te preocupes. - Insistió, sabía que era en buena onda que se lo decía, pero para nada quería recompensa por hacer lo correcto. -Bueno, no se preocupen. Les verificaré si queda algo. - Sí, es que aún tengo que tapar las ventanas de enfrente. - dijo señalándolas porque eran de cristal. - Mi madre se muere si se rompen. Le costó la vida. - dijo exagerando, pero si habían sido con esfuerzo. - Sí, sí. Sé ingles no hay problema. - termino por responderle en el otro idioma para que notara que lo decía en serio. Se defendía bastante bien, aunque el acento era terriblemente marcado. La chica había arrastrado un par de planchas de zinc y las recostó de la baranda del balcón.

- Creo que buscaré la comida primero no sea que cierto par… - sí, no fuera que sus hermanitos asaltaran la cocina antes que ella. Y que ni se preocupara, ellos ya habían comido solo que eran glotones. Salió apresurado a buscar comida. No tardo mucho cuando venía cargada con dos platos pequeños de arroz con gandules junto a una rodaja de pan en cada uno. - No es mucho, pero llenará más que la fruta. - les aseguro y sin darse cuenta ya se había sentado junto con ellos en una de las sillas del balcón.

- ¡Oh, sí, cierto las tormenteras! - dijo llevándose la mano a la cara. - Ya me iba a sentar a holgazanear cuando dije que tenía cosas que hacer. - se rascó la nuca, es que era cansador. - Me tomaré el atrevimiento de pedirte un favorcito. Chiquito, pero cuando termines tu comida. Me ayudarías a ponerlas. Es que arrastrar las planchas es una cosa y levantarlas y ponerlas es otra. - su padre era el que generalmente hacía eso, pero ya no podía hacer fuerzas.

Jimena Valenzuela— Casa de Jimena — Septiembre de 2022

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Sáb Oct 29, 2022 6:04 am por Shooting Star

1. Las Primeras Brisas
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La chica era realmente encantadora. La escuchaba tratando de adivinar lo que decía pues hablaba muy rápido pero entendió gran parte de las palabras, su familia hablaba muchos idiomas y ella tuvo que aprendérselos, muchas veces se confundía con el inglés, portugués, chino o español. Era por completo multilingüe. Su hijo la observaba también con simpatía aunque no entendía mucho pero podía notar ese positivismo y motivación de  Jimena.— ¡Agrónoma! Maravilloso y teniendo tanto paisaje aquí debes tener trabajo de sobra imagino. — Se sintió muy feliz por ella. Era bueno que las mujeres también tuvieran su profesión y ya creía que era una chica muy talentosa.

Le dedicó una encantadora sonrisa cuando insistió con la comida pues sí estaban muy hambrientos y tanto que sus estómagos sonaban. La fatiga era enorme y hasta podrían enfermarse. Miró las ventanas de la casa y al notar sí se preguntó como una casita así podría soportar una tormenta, imaginaba que se inundaba y lo pasaban muy mal cuando ocurría. Sintió esas ganas de ayudarla. Agradeció por completo que hablara en inglés

¿Par? — Cuestionó mientras comía también su naranja y ya pelaba otra para su pequeño que se había devorado la anterior. La chica se marchó y lo cierto es que no demoró mucho, el plato le pareció el más apetecible de todo y aunque sí era extraño con el arroz y el pan venía muy bien. — Muchisimas gracias, te deberé una grande e insisto con el pago. Tal vez algo de mercadería, pensamos quedarnos en el pueblo por largo tiempo. No voy a olvidar esto. — Y la chica solo comenzó a comer al igual que su pequeño que comía a grandes cucharadas por lo que tuvo que calmarlo porque le podría doler el estómago.

Espero no ser una molestia para ti jamás subí planchas ni ponerlas, nada de eso. Pero puedo hacer el intento, con gusto te ayudo. También podríamos cubrir las ventanas ¿Cuándo llega la tormenta? Tenemos que estar preparadas — Decía mientras se detenía en comer para poder hablar al respecto pues no consideraba que estuviera muy segura. — Eso sí tienes que darme un dato en donde se arrienda o el hostal del pueblo. ¿Son muy fuertes? En Portugal se dan en pocas ocasiones no son frecuencia por aquí son comunes al parecer, imagino que tu casa está bien construida para que las soporte...— Indicó. No quería ofenderla, lo cierto es que imaginaba que siendo un país de huracanes las casas tenían una infraestructura para asegurarlas mucho más tal como en otros países con los terremotos o otras catástrofes naturales. — Sí sí quiero ayudarte será mi forma de agradecerte y ni te apures, puedes quedarte aquí, siempre dos manos  son mejores que una. André tendrás que observarnos mientras trabajamos ¿de acuerdo? Te tienes que portar bien. — Dijo primero para Jimena y luego a André que seguramente se iba a poner a curiosear la casa y no quería perderlo del todo de su vista, ya ni era tan pequeño pero para ella siempre sería su bebé.




Flávia Carvalho— Casa de Jimena — Septiembre de 2022

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Dom Nov 20, 2022 11:43 pm por Rising Sun

1. Las Primeras Brisas
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Menos mal que al menos la comunicación no estaba siendo tan complicada. Jimena sabia manejarse en el inglés bastante bien, aunque no tuviera un acento extraordinario. Y bueno, si de acentos hablamos, Flavia tenía lo suyo en cuanto al español. En fin, lo importante es que estaba encontrando como poder ayudarlos y eso le satisfacía mucho. Pues es que no quería imaginar la desesperación de ella como madre, de verse en estas circunstancias y no tener idea de a donde ir. Aunque eso sí, aún no comprendía bien por qué llegaron a la isla. Pero bueno, eso tampoco era asunto suyo. No podía dejar que su lado medio chismoso saliera a flote. Ya si ella le deseaba contar el motivo eran otro cantar.

-Ah… bueno para qué te digo que no, si en verdad sí. Hay mucho trabajo en estos lares, el detallazo está cuando algunos piden experiencia como si uno hubiera comenzado a trabajar desde que estaba en preescolar. No sé si me explico. Por lo que por ahora trabajo de forma independiente. - lo cual quería decir que si la llamaban allá iba. Igual tenía su otro empleo por el ladito que nada tenía que ver con lo que estudio o de lo contrario no la estarían contando con tantos gastos.

Una sonrisa traviesa apareció en el rostro de la morena cuando menciono a su par de hermano. - Sí, mis hermanos pequeños. Son bastante glotones, y aun estando hasta las narices de comida, les gana la gula. - le admitió, aclarando que no se trataba de que le estuviera dando la comida de sus hermanos, bastante llenitos que estaban. Es más, les hacían un favor si se la comía, así les quitaban la tentación de en frente. - Bueno, sí en algún momento vez algo sabroso, alguna fruta o algo así, y dices esto se ve rico… bueno, pues entonces deja llevárselo a Jimena. Así sí, pero nada de dinero. Que ya te dije que eso es algo que no se lo podría cobrar a nadie. Claro, salvo que trabajara en un restaurante. - Bromeó.

La chica le caía bien, era muy simpática y además de misteriosa. Le intrigaba, la verdad que sí. Pero no tenía mucho tiempo que perder, así que debía continuar con su tarea de reforzar la casa para la tormenta. Aunque eso no quitaba que pudiera seguir conversando. Ella podía con las dos cosas al mismo tiempo. - Tranquila, con que no la sueltes hasta que yo te diga es suficiente. - le aseguro encanto a la plancha de zinc. Agradecía que al menos la ayudara o si no tardaría la vida tapando una sola ventana. - Bueno, hubo un tiempo que las que llegaban no eran tan fuertes. Pero no hace mucho llego una que arrasó con todo. Horrible, fue deprimente ver como quedo. Los hermosos paisajes en realidad parecían un set de grabación de The Walking Dead de tan demacrado que quedo todo. - le aseguro, esta vez con toda seriedad, no estaba exagerando.

Con algo de dificultad entre las dos logros colocar la plancha asegurándola con un par de martillazos. Miro al niño observarlas, y luego miro a la chica. - Sé que es precipitado, qué bueno, técnicamente somos aún unas extrañas. Sé que será difícil a estas horas encontrar donde hospedarse, igual están los refugios en las escuelas donde están todos cuáles sardinas en latas. Así que siento la necesidad de ofrecerles estadía con nosotros. Al menos mientras pasa la tormenta. No es muy grande, pero bueno, quizás Andre pueda quedarse con mis hermanitos y yo te puedo llenar el colchón inflable allí en una esquina del mío. - le ofreció. Es que de verdad no encontraba bien dejarlos ir así porque así. Eran extranjeros y no toda la gente era buena. ¿Y si algo les ocurría? No se lo perdonaría jamás.

Jimena Valenzuela— Casa de Jimena — Septiembre de 2022

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Miér Nov 30, 2022 4:18 am por Shooting Star

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Era grato hablar con Jimena.Quería ayudarla y pagarle con lo buena que estaba siendo sin importarle que era una desconocida con su pequeño hijo. Escuchó lo que hablaba de su trabajo.— ¿Qué puedo decir? Ahora yo me puedo llamar cesante y eso que antes tenía un excelente trabajo. Todo cambia, y estoy segura que pronto lo vas a encontrar. Porque muchos también empiezan por emprendimientos.  — La animó con una sonrisa, es que se notaba que ese tema le preocupaba aunque no lo dijera en voz alta.

Estaba demasiado agradecida con ella. Era muy tierna y simpática, comía feliz las naranjas y su hijo ya tomaba un mejor semblante, aunque por la salud fue inevitable que pidiera algo de comida. — ¿Entendiste eso, peque? Hay niños. Quizás puedas jugar con ellos. — Dijo con una risa porque su pequeño era sociable. — ¿Qué edad tienen? — Murmuraba con suavidad mientras que sonreía con lo que decía después le agradaba que fuera tan comunicativa y espontánea. — ¡Pero algo debo hacer! No puedo quedarme así como así con toda tu ayuda. No cualquiera lo hace…— Insistió igual. De alguna manera tenía que ayudarla.

Se encontraba curiosa con el tema de la tormenta y como solían ser, no quería ser descortés pero encontró que su casa aunque era humilde parecía tener mucha resistencia. —¿Siempre has vivido aquí? Porque si veo que corrieron suerte. Me imagino como quedó todo y me alegra que fuera reconstruido. —Exclamó con sinceridad mientras la miraba a los ojos y luego comía un poco más. La veía tomar las planchas y al terminar todo comenzó a ayudarle, estaba segura que en algún momento se aparecerían a los niños que distraeran y al escuchar su proposición, sus ojos claros se abrieron en par en par. — ¿En serio? — No lo asumió de manera inmediata es que estaba siendo demasiado amable, no estaba acostumbrada a eso y le sorprendía, decidió confiar no siempre estaría con el miedo. — Oh, si es verdad. ¡Sí, gracias! — La abrazó con entusiasmo — ¿Escuchaste eso, hijo? — André sabía más inglés y era fluido porque siempre perteneció en un colegio inglés desde que era un pequeño de 3 años en su guardería.— Sí. ¿Tendremos dónde dormir? — Preguntó este. Y la rubia negó con la cabeza.—Sí,André. Pero lo cierto es que hasta podemos dormir hasta el piso, recuerda que no tendremos las mismas comodidades de antes. — Luego miró a Jimena. — No te mentiré a ti, nuestra situación es complicada, no es el momento de hablarlo, descuida no asesine a nadie pero sí es complicado. ¿Estás segura que quieras darnos refugio? Y de antemano, disculpa a André aún es demasiado niño para comprender que todo cambio. Mi madre lo consintió más de lo debido...  — Le decía mientras le ayudaba con las planchas que si consideraba pesadas normal que ella nunca había hecho tal trabajo, pero aprendería, tenía que hacerlo.



Flávia Carvalho— Casa de Jimena — Septiembre de 2022

XIII



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