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Mar Dic 29, 2020 8:39 pm por Myshella
As you wish
But take care when you choose your words

       
Once upon a time...

  Un reino andalusí, cuya joya, Madīnat al-Zahrā, albergaba a un príncipe valeroso y estimado.

  Este joven emir, hijo predilecto del malik, había otorgado sus amores a una joven de rango inferior, una muchacha que servía en su palacio.

Llevaban en secreto sus amoríos, aunque bien sabían ambos-más él que ella- que pronto habria de llegar el día en que debiera el noble desposar a una princesa.

Una mujer adecuada. De su misma condición, que trajera honor y riqueza en igual medida a su Qurṭuba.

Más es el destino en ocasiones caprichoso.

Un día el malik anunció, orgulloso, la pronta llegada de la escogida. Y los esponsales, celebrados de inmediato.

La ciudad se cubrió de júbilo, ornamentos y cantos.

Y ella, la joven muchacha, deshecho el corazón, se refugió en su trabajo.
Más fue a dar, justamente, con una habitación perdida, llena de enseres olvidados, en el ala oeste del palacio.
La puerta entreabierta cuando siempre la viera cerrada, parecía la estancia llamarla.

Y dentro de ella, una extraña lámpara. Colocada sobre una mesilla, en el mismo centro.

Una lámpara labrada y bellamente decorada.
Una lámpara extrañamente atrayente.
Una lámpara que parecía estar esperándola.

Y, sosteniéndola entre sus manos, tuvo la extraña necesidad de limpiar esa capa de polvo que la cubría.

La frotó, cuidadosa, con el extremo de su falda.

Y...

Y de ella surgió un torbellino de viento y luz; una vorágine inesperada, que fue a concentrarse ante la joven, dando forma a las leyendas.

Porque, al instante, una Djinn aguardaba, paciente, ante ella.

¿Qué deseas?

Lo que ella más deseaba era que su príncipe no se desposara al día siguiente.

Así, desoyendo cuentos de su infancia, se precipitó a expresar su deseo.

Y la djinn se lo concedió.

Esa noche la genio irrumpió en el dormitorio del príncipe, y se lo llevó consigo.

Lejos.
Muy lejos.
Donde ni su prometida, ni su enamorada, ni sus familiares, podrían encontrarle.

       
PERSONAJES

       
Ahmed
Príncipe Omeya - Pedro Pascal - Timelady
       
       
Ashi
Djinn - Karen David - Myshella
       
CAPITULOS

       

       
1x1 - ORIGINAL - FANTASÍA

       
XIII

       

       

       

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Última edición por Myshella el Lun Jul 04, 2022 8:45 pm, editado 2 veces



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Miér Dic 30, 2020 9:23 pm por Timelady
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Ocurrió en un sueño.
Uno bastante extraño a decir verdad.


La noche antes de su boda había decidido purificar su cuerpo y no compartir el lecho con su querida Farah. Por más que le doliera, puede que hubiera llegado el momento de despedirse de ella, o quizá al menos por un tiempo.
No es que tuviera pensamientos de entregarse únicamente a la que iba a ser su esposa, pero a una princesa no podía sino respetarla al menos por un tiempo. Dado que no quería que la ira de su padre cayera sobre él por crear un conflicto.

Pero se había despertado en aquella noche, en un sueño.
Alguien había entrado en su dormitorio y él tuvo el instinto de echar mano a la daga que tenía en la mesilla.
Sin embargo, la había dejado de lado al ver una figura femenina, una joven y bella muchacha que se acercaba con sonrisa encantadora.
El príncipe le devolvió la sonrisa, pero antes de que pudiera decir nada la chica sopló su mano y hacia él voló una nube de polvo que brillaba bajo la luz de la luna y le volvió a sumir en la placidez del sueño.


Pero la luz ya no era blanca entre la oscuridad, sino naranja, llenando la estancia de vivos colores.
Entreabrió los ojos para girarse y cerrarlos de nuevo. Si bien los volvió a abrir para incorporarse rápidamente al notar que aquellos no eran sus aposentos.

Se levantó del lecho y buscó algún arma o algo con lo que defenderse, porque donde quiera que estuviera no era su hogar y no sabía cómo había llegado o con qué propósito. No había dagas ni espadas, por lo que tuvo que conformarse con un jarrón antes de acercarse a la puerta y tratar de escuchar si alguien se acercaba o podía salir de allí.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Jue Dic 31, 2020 5:11 pm por Myshella
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Como desees

Un rápido destello imprime vida de nuevo en ella.
Esto siempre es así. Motas de energía que envuelven su esencia, un torbellino de fuerza contenida, un despertar repentino, y el mundo ante sí. Siempre concentrado en la mirada, en ocasiones perpleja, en ocasiones impaciente, del mortal que sostiene entre las manos su prisión dorada.

Un breve tiempo; un deseo, la mayoría de las veces, inconfesable e imprudente.

Y luego, la nada.

No hay intervalos de separación entre tempos para ella. No existen. Ella misma no existe.

Una vez se ha materializado, la djinn sonríe, benevolente, al contemplar el rostro de quien la ha invocado esta vez. ¡Una joven criada! De cada mil veces una, es ella y no él.

Ay, alma cándida.
La inocencia pinta su mirada incrédula.

Ama…

Pobre muchacha incauta, ha necesitado buscar apoyo en la pared más cercana, para enfrentarse a ella.
La mira, mira la lámpara…y no atina a dar crédito a lo que ocurre.

Mil y una leyendas hablan de ella; de los que son como ella. Y, aun así, la joven ama no es capaz de pronunciar palabra.

La paciencia no está en la lista de virtudes de quien pasa décadas prisionera.

Vuela hacia ella, la envuelve en un arropo de cálido viento, y susurra a su oído.

Primero, precisa un nombre; el de esta, la mortal a la que ha de conceder lo que más anhele.

Farah

Luego, ese deseo.

Sólo uno, Sayidati.

La djinn atiende, endulzada la voz que guía en los recovecos de la magia.

Como desees

Quizá el brillo malicioso en esos iris mágicos debiera haber advertido a la muchacha.

Pero, a fin de cuentas, ¿Quién sabe de qué modo se rigen los genios?

A un unir sus manos e inclinar la cabeza, ella es libre para esfumarse, atravesar la ventana y perderse en los rayos de luz del exterior.

Hasta que sea la luna la que alumbre el cielo de Madīnat al-Zahrā.

Atraviesa entonces, etérea, otro ventanal. El de las estancias del príncipe Ahmed.

Le observa dormir, curiosa. Con esa curiosidad propia de aquellos para quienes nada es lo que aparenta, y todo es lo que se espera.

Por un instante, casi diría que va a despertarse. Entonces sopla; un ligerísimo halo que conduce motas de arena hasta los párpados cansados, y les ayuda a volver a cerrarse.

Entonces, durmiente el príncipe, el viento le alza. Le conduce hasta ella, y la djinn lo envuelve con su velo.

Desparecen ambos.

Esto es lo que ella le pidió, ¿no es así? Que el príncipe no se desposara.

No lo hará. Puesto que no estará aquí.

Muy lejos de allí, en el desierto de Arabia, se cierne sobre la noche una tormenta de arena. Y, en el centro de ese huracán, las motas de polvo dorado se apiñan, compactan y crean una altísima torre de cúpula gallonada.

Ahí despertará el príncipe, con los primeros rayos de sol del nuevo día.

Ashi, corpórea entonces, se entretiene caminando por el pasillo de esa última planta, en su recién aparecida torre.
Pasitos delicados sobre el mármol blanco.

A un vaivén de su mano, la puerta de la alcoba se abre para ella.

¿Duermen, a estas horas, aún, los príncipes humanos?


       
Ashi- Palacio encantado - Con Ahmed

       
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Mar Ene 12, 2021 5:19 pm por Timelady
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Sin soltar el jarrón, su única defensa en el momento, el principe había intentado abrir la puerta en varias ocasiones, pero la fuerza no parecía ser suficiente.
Las ventanas están cubiertas por celosías de calidad y lo que se ve a través de ellas no es sino la altura a la que está y que no contemplaría bajar de un golpe sin nada que le asegure.

Todos sus intentos de encontrar una salida son en vano. Pero al escuchar unos pasos cercanos, aunque quizá demasiado flojos como para pertenecer a guardias o soldados, se esconde en el lateral de uno de los muebles.
Es entonces cuando la puerta se abre y entra en la estancia una joven...

¿Ella?

Se abalanza sobre la muchacha para tomarla del brazo, cubriendo la boca con la otra mano después de soltar el jarrón al comprobar que no había nadie con ella.

- ¿Quién sois? -Preguntó con cierta aspereza.- ¿Cómo llegasteis a mi lecho y cómo he llegado a este sitio? ¿Qué es este sitio? -Añadió, dado que ni siquiera de eso está seguro.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Jue Ene 14, 2021 6:49 pm por Myshella
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Oh. Los príncipes humanos no duermen, a estas horas de la mañana.

Quizá el sueño que insufló en sus párpados fue algo más pesado de lo que hubiera pretendido el Djinn, y ha descansado tanto que, cuando ella cree encontrarle aún en el lecho, con lo que da es con ese emir que la asalta.

La muchacha sonríe divertida bajo la mano que cubre su boca. Porque, sorpresas aparte, no puede negar que tiene ímpetu.

Inocente él.

Con la costumbre de los siglos –en realidad, de esos intervalos de tiempo arriba y abajo, un retacito de uno, un recoveco del otro-ella aguarda paciente, sin ofrecer resistencia, a que formule sus preguntas.

¿Eso contaría como deseo? Es decir, recibir respuestas.

No es importante, la verdad.

Él no tiene su lámpara.

Es simple deformación profesional.

Uhm.
Sí, lo contaría como deseo. Si se las formulara quien pudiera exigir respuesta.

Cuando demanda cómo llegó a su lecho, Ashi evoca el rostro del ama a la que, de un modo…estrictamente literal, está sirviendo.

Y la sonrisa maliciosa que está sofocando, casi casi emerge.

La figura de la Djinn se desvanece; torna un ligero chasquido que quema, antes de que se la trague una llama y la figura retome su forma de fémina, fuego danzante primero, materia corpórea después, justo frente a él.

-Am…-ay no; casi. ¡La costumbre, al tratar con estos seres-¡Príncipe…!-la voz de la criatura tintinea, melosa- Tranquilizáos.

Al chasquido de sus palmas, un mullido ottomán se apresura por la estancia, hasta topar con las piernas del hombre, quien, con la inestimable ayuda de un suave empujoncito al aire, cae sentado.

-Una pregunta tras otra.

Ella cruza las piernas, y se alza, levitando, a la misma altura que él.

Rostro frente a rostro.

-Soy Ashi-pregunta uno- Por las ventanas de vuestra alcoba- dos-Esto es la torre en la que sois mi…-¿Cómo dicen, los humanos, cuando quieren parecer amables, aunque en realidad no se corresponda para nada con la verdad eso que expresan y lo que en verdad consideran al otro? Ah, sí-invitado.

       
Ashi- Palacio encantado - Con Ahmed

       
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Sáb Ene 23, 2021 9:24 pm por Timelady
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Los ojos del príncipe se abren. Al mismo tiempo da un salto paso atrás.
Contempla primero el espacio que ocupaba la muchacha que se ha desvanecido.
Después mira más allá, donde acaba de aparecer como figura de fuego para trasmutarse en mujer.
Magia, sin duda.
De aquella que pensaba era imposible y permanecía solo a las historias que se les contaban a los niños.

Podía no ser real, podía estar en un sueño. Pero las sensaciones lo eran, tanto como su propia confusión.
Y como el ligero golpe tras sus rodillas que le hizo caer sentado de forma poco digna en aquel mullido asiento.

Se incorpora, aunque no se levanta. Desconfía de todo. De cuanto le rodea. De ella y de sus acciones y motivos.
La observa así, sentarse ante él y levitar, para quedar sentada frente a él mientras le da las respuestas requeridas.

Ashi, su nombre.
Las ventanas su entrada.
Una torre en la que es su...

- Prisionero. -Corrige la palabra expresada. Sabe bien que únicamente ha utilizado aquel eufemismo.- Los invitados tienen opciones. -Como salir de allí y volver a su hogar. A su enlace.

Entonces se atreve, por vez primera a pronunciarla. Una pregunta que ha estado en su cabeza desde que la ha visto desaparecer- ¿Sois una Djinn? -Sabe que lo es y aún así necesita que lo confirme.- ¿A quién servís? -¿Quién ha tenido la osadía de hacerle aquello?

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Dom Ene 24, 2021 12:56 pm por Myshella
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La risa de Ashi tiene un sabor infantil; tintinea al oído y evoca naranjas azucaradas.
Un tanto irreal, como ella misma.

El príncipe le resulta gracioso. Así, con su compostura y ese asalto suyo, presto a corregir la expresión. Es preciso. Apropiado en el uso de los términos.

¿Sería capaz de formular un deseo en el que no quedaran recovecos por reinterpretar? ¿Podría hacer uso de ese regalo debidamente?

Uno tras otro, amos y amas cometen el mismo error.

Y Ashi se pregunta si es que esos maestros suyos no les enseñan a utilizar la palabra, y cuanto poder encierra, al educarles, de niños.

Sin embargo, aún se le ocurre un matiz a la djinn.

Una aclaración que quedará pendiente, por un instante breve.

Porque antes debe responder, por supuesto.

La costumbre lo rige todo.

-Por supuesto que lo soy- vaya pregunta.

Debe ser este el único príncipe en el mundo que no se ha topado antes con uno de ellos. O con cualquiera de los otros espíritus que rondan por el mundo.

¿Quién ha sido tan eficaz, como para alejarle de la magia, hasta alcanzar la edad adulta?
Porque quien haya sido posee un mérito que bien merece ser reconocido. Y alabado.

Entonces, el príncipe Ahmed pregunta quién es su ama.

Y ella piensa, un instante.

A ver…¿le dijo en algún momento que su identidad fuera un secreto?¿Que no debía ser desvelada?
Pues no, no especificó.

-Mi ama se llama Farah- aunque no seguirá siendo su ama por mucho tiempo. Al final del día, el deseo habrá sido concedido. Perfectamente cumplido el contrato que la liga a ella, la djinn volverá a su lámpara.
Ella vuelve la mirada al ventanal por el que se cuelan los rayos de sol.

-Hasta el próximo amanecer.

Hasta que la vuelvan a reclamar.

Pero ahora está aquí. Y este deseo es un poco extraño, un poco nuevo para la djinn. Porque…¿qué se supone que debe hacer con el príncipe, mientras lo custodia?
Tooodo el día.

¿Véis como los humanos no saben formular deseos correctamente? No precisan, no especifican, no dan instrucciones claras. Lo dejan todo a manos de ellos.
Y luego, se quejan.

En fin.

-No me parece adecuado el término prisionero-le dice, entonces-A los prisioneros que tomáis los humanos les encerráis en habitaciones pequeñas, húmedas y malolientes. Con barrotes que limitan su movimiento. Incluso, en ocasiones…lo he visto…fijáis cadenas a sus muñecas o a sus tobillos. Nadie me dijo que debiera hacer eso con vos, príncipe. Así que, entiendo, que el término no es correcto.

A lo mejor es que les falta una palabra precisa para ese punto medio. Puede que no le hayan puesto nombre aún.

Porque...

Ashi alza las cejas, se inclina adelante, hacia el príncipe.

-¿Creéis que entendí mal la orden recibida, que se refería a eso?


Porque está a tiempo de corregirlo.

En fin.

No tiene el porqué; no está sujeta a él, no es su amo.

Pero pocas distracciones tiene una, la verdad. Y para un día en el que ella puede moverse libremente, porqué no.

-Así que, ya que estáis aquí...¿en qué puedo ayudaros, príncipe Ahmed? ¿En qué ocupan las horas, los príncipes humanos?


¿Necesita un caballo, para galopar por el desierto? No es que vaya a llegar a ninguna parte, ni se le va a perder. ¿Prefiere el ajedrez, la música tal vez? O quizá sienta curiosidad por la mágia.

       
Ashi- Palacio encantado - Con Ahmed

       
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Jue Feb 04, 2021 9:20 pm por Timelady
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Todavía estaba intentando digerir el hecho de que ella era ese tipo de ser.
Que la magia existía incluso.
No se hacía a la idea de que fuera cierto.
Pero lo era, porque no había otra forma de explicar lo que sus ojos estaba viendo o lo que le estaba ocurriendo.
Salvo que fuera quizá, fruto del mundo de los sueños.

Pero ya se ha pellizcado antes, o cuanto menos ha notado el empujón tras sus rodillas. Quizá fuera prueba suficiente de que estaba despierto.
Además, si un genio apareciera en sus sueños no sería para tenerlo retenido en contra de su voluntad, o eso deseaba creer.
Porque además, la criatura parece ofenderse por su pregunta acerca de su naturaleza.

Pero ojalá hubiera sido esa la única sorpresa que le deparaba aquel día. Sin embargo, quizá fue peor saber quién le daba las órdenes, o pidió aquel deseo a la genio...- Farah -Su nombre resbaló de sus labios, incrédulo al principio, pero aún se podía notar cierto cariño en el tono empleado.
Farah era su amante, le había acompañado durante mucho tiempo y sabía que sus sentimientos por él eran fuertes, sin embargo... Sin embargo aquello le parecía demasiado.

No obstante, algo más captó su atención en lo que aquella chica dijo. Solo hasta el siguiente amanecer.

Pero apenas le dio tiempo a preguntar acerca de qué pasaría cuando la noche llegara a su fin. Y la verdad es que era importante saberlo. Pues la Djinn empezó a reclamarle sobre por qué no podía ser considerado su prisionero, dado que en lugar de una mazmorra estaba en una estancia bastante lujosa. Un prisionero con comodidades no deja de serlo si no quiere permanecer en el lugar.
Si bien la inquisición sobre si debía quizá haberle atado o encerrado en un lugar oscuro casi le hizo gracia. Como si esa fuera toda la diferencia.

- Sea la jaula de madera, metal u oro, el pájaro sigue estando encerrado, ¿no os parece? -Preguntó él a su vez, para hacerla ver por qué no dejaba de ser un prisionero.- Pero si no os gusta la palabra, usad rehén. pese a que no parece que requiráis un pago por mi liberación. -Tanto daba una cosa como la otra.

- En cuanto a la orden que os dieron... no estoy seguro de que Farah pretendiera alejarme tanto de su persona. Así que quizá hubo algún malentendido. -Quizá demasiado grande aquel.- Si bien Farah debería temer el momento en que nos volvamos a encontrar después de lo que ha hecho. -Porque a pesar de los sentimientos que guardaba por ella, su deber era el que era y él lo debía aceptar, por no hablar de que el reino podría verse resentido por culpa de su caprichoso arrebato.

Sus últimas cuestiones, sobre lo que podía hacer por él le hicieron alzar una ceja, ¿sería tan sencillo? Solo tenía que intentarlo.- ¿Podéis devolverme a mi hogar? Estando allí os enseñaré a qué dedico mis días, aunque el de hoy era especial, debía casarme... os invitaría a disfrutar de nuestra compañía. -Trató de ofrecer, no sabiendo si lograría algo con aquella treta. La Djinn parecía risueña y agradable, sí, pero no del todo ingenua.

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Sáb Feb 06, 2021 1:43 pm por Myshella
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Rehén, pues.

Ashi acepta el término con un ademán de la cabeza. Porque, por lo menos, el príncipe parece capaz de otorgar el matiz de diferencia a la palabra que ella precisa.

Mérito nada despreciable; mucho mejor que la mayoría de sus amos y amas.

Aún así, la djinn es capaz de encontrarle otro punto ciego a la definición.

-Esto no es una jaula-señala-ni es preciso que permanezcáis dentro durante todo el día de hoy.

Quizás él lo prefiera. Quizás lo necesita, para entender en qué posición se encuentra. Porque, generalmente, necesitan referencias, los humanos, bastante claras. Qué curioso, ¿no? Luego no saben darlas ellos.

Y luego viene esa pregunta conforme a..¿pago? Ah, no. Definitivamente este hombre no tiene idea de como funcionan las cosas para con ella. Es, en términos de magia y genios, un auténtico profano.

El simple hecho de arquear las cejas y arrugar la nariz debiera bastar para advertirle acerca de su,...¿cómo dicen ellos, profesionalidad?

De un modo u otro, el tema de las jaulas doradas y los encierros queda relegado a un segundo plano, porque parece mucho más interesado en la persona de su ama actual.

Oh, claro que Ashi ha dado por supuesto que se conocen. Claro que notó el amor que profesaba su ama por este hombre. Evidentemente. Es la desesperación la que lleva a pedir deseos tan raros como el que tiene encomendado en el momento presente.

Y entonces llega otro error del príncipe; tomarla por tonta. Creer que es tan sencillo como esto, una vaga propuesta, engatusar a un ente de fuego.

Ella parpadea, mira al techo, y une las manos ante sí, antes de, así, levintando, piernas entrecruzadas, ir a parar justo frente al tal Ahmed, e inclinar el cuerpo adelante, a tocar nariz con nariz, mientras clava los iris irreales en los mortales y entona, más o menos del mismo modo en que ha oído a las madres corregir a sus hijos díscolos.

-¿Y porqué iba a hacer yo eso, si puede saberse? Devolveros a donde no debéis estar hoy. ¿Acaso tenéis mi lámpara?

Vuelve a enderezar el torso, espalda rígida, devolviéndole un poco de espacio.

Y, aburrida, deja de levitar. Se pone en pie. Cruza las manos a la espalda, y da un par de pasitos en círculo por la estancia.

-No; no la tenéis. Así que no podéis darme órdenes- además, aunque defina mejor, seguro que sería un amo pésimo-pero si lo que queréis es estar en vuestro palacio, y dado que hoy estoy de buen humor, podemos traerlo aquí-Se detiene, a observarle. A ver si es le interesa esa oferta.-no literalmente, por supuesto. Puedo recrearlo.

Y, mientras lo dice, la estancia entorno a ellos empieza a mutar.
Torbellino de aire aquí, torbellino de aire allá, los muebles y el espacio se asimilar, de golpe, justo a la imagen que de su alcoba tiene el príncipe Ahmed.

       
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Dom Feb 14, 2021 1:21 pm por Timelady
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El príncipe atiende.
Está acostumbrado a ser observador con las personas que conoce. Se le ha educado para estar pendiente de los demás y así adivinar sus intenciones. Sin embargo, en aquellas circunstancias cree que todo conocimiento es inútil.
Una Djinn no es un embajador, ni un comerciante, ni una princesa o sirvienta.
Y no parece inteligente dejarse engañar por ese aspecto que posee.

Porque sí, es hermosa a la vista.
Y su risa llega a sus oídos como una melodía proveniente de un sitar, siendo agradable y etérea.
Y su cercanía, aún cuando parecía enfadada, era agradable.
Si fuera una mujer cualquiera a buen seguro ya estaría intentando conquistarla.
Pero era una criatura mágica y no debía olvidarlo.
Ni ella parecía que le fuera a dejar.

- Únicamente he hecho una propuesta, no una orden. -Se defendió, no queriendo despertar mucho más de aquel enfado, puesto que no sabía hasta qué punto era capaz de usar su magia contra él.

Alzó una deja al escuchar lo siguiente, lo que pretendía hacer para complacerle, al menos en cierto sentido. Y aún más que las alzó, abriendo los ojos de par en par al observar los prodigios que tenían lugar ante él. La trasformación de aquella sala, y juraría que de todo el palacio, para convertirse en su hogar.

- ¿Realmente podéis hacer cualquier cosa? -Preguntó, asombrado e intrigado.- ¿Y aún así queréis saber lo que yo hago en un día corriente? -La miró de nuevo. No veía que en su día a día hubiera nada emocionante, seguramente la criatura se llevaría toda una decepción al escucharle.

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Lun Feb 15, 2021 5:43 pm por Myshella
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¿Realmente podéis hacer cualquier cosa?


La djinn detiene el avance de la remodelación; los muebles que iban apareciendo, quedan suspendidos en el aire, sin acabar de ocupar la posición correcta. Aunque como son los últimos, el resultado tampoco es que difiera mucho del definitivo y uno puede ya ver que sí, que el príncipe tiene entorno a sí un Madīnat al-Zahrā tal irreal como exacto.

-Oh,no no. A ver...-puntualiza ella- cualquier cosa, no. Existen un par de salvedades, unas excepciones de nada…verás-a esto, la genio se ha volatizado, a tomar asiento junto a Ahmed, piernas recogidas sobre el otomán, justo tan pegada al príncipe que casi le lleva a él a caer. Coloca la mano derecha sobre su hombro izquierdo, y alza su siniestra al aire, un dedo índice reclamando atención, para recitar.

-Regla número uno; no puedo matar a nadie.- baja la mano, parpardea, cayendo en la cuenta de que quizá eso no entrara en los planes del príncipe; así que, la mano que se apoyaba en el hombro humano toma el mentón del hombre, y asegura el rostro de cara a ella, que es preciso que escuche antento no, reatento.- eso no te interesaba, ¿verdad?

A su ama actual le tiene cariño. No, no pediría que la matara, de poder hacerlo.

Y de todos modos…sigue sin tener su lámpara. La explicación es pura deformación profesional.

-Regla número dos: no puedo hacer que alguien se enamore de otro alguien. Y, por último, regla número tres, no puedo resucitar a los muertos.- le suelta y, por fin, se aleja un par de centímetros. Porque lo del espacio personal, viviendo en una lámpara, es algo que una recuerda cuando le da la gana.-además, es asqueroso y huele fatal.

Sonríe, muy satisfecha de sí misma.

-Lo demás, si puedo.

Y los muebles detenidos a medio camino caen en sus respectivos lugares. Plof.

Entonces, llega al punto siguiente.

Si ella quiere saber lo que él hace.

-¿Porqué, no se puede?¿tenéis una regla al respecto?-quizá es como sus tres salvedades. Un príncipe humano no explica en qué consiste su vida diaria.

Y como querer…bueno, preguntaba por ocuparse debidamente del rehén, o huésped. Lo que sea. Porque es que nadie le ha dicho qué hacer con él mientras el reloj corre. Y ella, de príncipes no sabe nada. Pero la cuestión es cómo lo pregunta. La palabra en sí. Tontería quizás, pero es que aquí todo se reduce a términos. Y este es curioso, aplicado a sí misma.

-Si yo quiero…pues…es que no me corresponde a mí decidir qué quiero, casi nunca. Bueno. No. Nunca. Así que…

Lo piensa

-Sí, me gustaría saber qué hace un príncipe en un día corriente.

       
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Miér Mar 03, 2021 1:53 pm por Timelady
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Los ojos oscuros del príncipe se perdieron entre los muebles idénticos a los de su cuarto, que quedaron suspendidos en el aire al hacer él su pregunta. Mientras escuchaba decir que había algunas restricciones a su poder.

Quizá por su distracción le cogió por sorpresa el hecho de que se apareciera a su lado, casi saltando del otomán al tenerla tan cerca. Que no es que le molestara, pero le había sorprendido.
En aquella burbuja de cercanía, escuchó las salvedades.
La genio se tomaba ciertas confianzas, como tomarle el rostro de aquella forma y acercarse tanto a él.- No... -Murmuró ante la pregunta. Matar no era algo que se le hubiera pasado por la cabeza, de momento.

En realidad parecían unas directrices sencillas, lógicas. Implicaban algo más que crear o secuestrar a alguien, quitar una vida o afectar una voluntad era un crimen bastante peligroso y que atentaba contra cualquier creencia moral.

Se gira para ver a los muebles terminar de colocarse con una especie de golpe suave al llegar al suelo.
Solo después se da cuenta de que algo de lo que ha dicho ha hecho dudar a aquella muchacha, mágica o no es lo que es.

- No, no está prohibido. -Responde, aún dudando por qué necesita esa respuesta. Hasta que aclara, en cierto modo, que la clave de su problema era que pocas veces, o ninguna, debía pararse a pensar en lo que quería. En cierto modo le dio un poco de lástima ese concepto, aunque no era nuevo. Muchos eran los que debían plegarse a la voluntad de otro, pero en su caso era una obligación el obedecer siempre.

- De acuerdo -Acepta, levantándose.- vamos a necesitar caballos. -Indica, suponiendo que no será tan difícil para ella hacer aparecer un par.- Tengo por costumbre dar un paseo antes de comenzar con mis deberes, y en ocasiones también cazamos a esta hora. -Explica, por si ella decide que sea una cosa o la otra.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Sáb Mar 06, 2021 1:55 pm por Myshella
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-Oh.-un paseo a caballo.

En realidad, le parece una costumbre acertada.
Por supuesto, Debería haberlo imaginado.

Quien se mueve con libertad, debe hacer uso de ese don y contemplar el paisaje entorno a sí, darle el valor que merece. Y dedicarle ese momento, antes de atender responsabilidades, parece una opción acertada.

-De acuerdo-lo de la caza, ni se lo plantea. Eso no le interesa en lo más mínimo.

Ashi deja el otomán sobre el que están sentados-y del que casi se cae el príncipe, aun cuando ella ni siquiera se ha dado cuenta de ese detallito- pero lo lleva consigo, Ahmed incluido, un par de metros por la estancia.

Justo ahí, al pie del ventanal abierto, la djinn se sienta en el suelo, sobre una preciosa alfombra damasquinada que quizá sea el único elemento no sacado de los recuerdos vívidos del príncipe.

-¿No venís?-le pregunta, dando un par de palmadas a su lado, para que se siente con ella.

Y el que reacciona a su pregunta es el otomán, que se sacude al hombre de encima, llevándolo a caer-con suavidad, eso sí-al lado de la genio.

Es justo lo que esperaba ella para alzar la alfombra por los aires, cómo no.

Serpenteante, la pieza damasquinada enrolla su parte posterior para tomar impulso y, al desenvolverla, les saca volando por ese ventanal a veolcidad de vértigo.

Una vez fuera, pero, se pone a planear tranquilamente. Envuelve en su vuelo la torre en la que estaban, y desciende, medio mecida por la brisa de la mañana.

Cruza por delante de un ventanal cerrado, en el piso justo inferior al que ocupaba la estancia de la que han salido.

Atraviesa luego una segunda ventana, esta entreabierta. Tras el cristal colorista se distingue otra habitación. Justo pegada a la ventana, una mesa llena de libros, plumas y mil cosas, entre las que destaca una lámpara colocada en el centro.

Al fin, llegan a tomar tierra.

Ashi se levanta, animada, y da un par de pasitos al frente.

Dos caballos árabes van, calmos, acercándose a ellos.

Entorno a la torre, el príncipe, la djinn y las monturas, se extiende un oasis.

-¿Hacia donde vamos?-pregunta. Los humanos comen, a menudo. A ella, cuando duerme no le hace falta. Pero despierta, le encanta. Hay cosas muy ricas, en las cocinas de sus amos, habitualmente-¿acostumrbais a almorzar durante el paseo, allá donde os dirijáis, o al regreso?

       
Ashi- Palacio encantado - Con Ahmed

       
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Mar Mar 16, 2021 9:03 pm por Timelady
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Parece que la Djinn desea dar ese paseo.
Ahmed tiene que agarrarse al otomán como puede cuando éste se mueve tras ella. No cree que se acostumbre rápidamente a la magia.

Como tampoco se acostumbraba a las formas en que la muchacha se movía.
Observó con el ceño fruncido la alfombra, que no reconocía de su hogar, y cómo ella se sentaba allí. Para él era incomprensible lo que estaba haciendo, o lo que decía de que fuera.
Pero poca opción le quedó cuando el asiento que ocupaba le hizo caer sobre la alfombra.

Entonces lo notó, aquel movimiento bajo su cuerpo.
Miró hacia todos lados, lo justo para ver cómo la alfombra parecía cobrar vida propia enrollándose de aquel modo para despegar el vuelo.- ¡Una alfombra voladora! -Exclamó, tras recuperarse del susto inicial, que no podría negar ni aunque quisiera.

El paseo en alfombra le permitió contemplar la edificación en que se encontraba, así como confirmar que estaba en mita de un desierto desconocido. Contempló las salas por las que cruzaron y no pudo evitar interesarse por lo que ese misterioso palacio le ofrecía, fijándose pues en las ventanas y la mesa con múltiples libros. Aunque mentiría si no dijera que sus ojos se habían posado sobre la lámpara, mirando después a la Djinn... ¿sería acaso la misma?

Una vez se detienen, se levanta, intentando olvidar la sensación de su estómago tras el viaje. Y observa los imponentes caballos acercarse.- Tenéis buen gusto para las monturas. -Alabó, pues a simple vista se podía ver que eran dos ejemplares magníficos.

La pregunta sobre hacia dónde marchar le hace mirar alrededor frunciendo un poco los labios, la verdad es que no tiene idea de qué dirección debería tomar si quisiera alejarse de allí o enviar un mensaje de su paradero. Cabe la opción de que tal cosa sea completamente imposible.
Pero antes de que decida, la joven decide preguntar por el almuerzo.- Normalmente tomamos el almuerzo después de la actividad, al volver. -Asegura, aunque, su desconocimiento de las costumbres quizá podría servirle.

- Sin embargo, ya que vos no soléis hacer esto, intuyo. Podríais decidir. -Ofreció.- Quizá sepáis si a cierta distancia hay un oasis que visitar y en el que comer... o tal vez alguna aldea o ciudad con un mercado. ¿Alguna vez habéis estado en uno?

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Sáb Mar 20, 2021 2:52 pm por Myshella
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Ashi sonríe, satisfecha, cuando el príncipe alaba a las monturas. Ha dicho que tiene buen gusto para escogerlas.
Es decir, que ha hecho bien su trabajo, ¿sí? Eso la llena de orgullo.

Aunque, a decir verdad, tampoco es que la sorprenda. Ella es un buen djinn. Tiene poder, y sabe cómo usarlo convenientemente. Podría afirmar, sin resultar soberbia, que es de las mejores. Que muchos otros de su especie no le llegan a la suela del zapato.

O algunos. Porque claro, muchos no son. De hecho, son pocos. Cada vez menos.

Pero aun así; entre los que quedan, ella es especialmente hábil y lo sabe.

Y aguarda, la nueva instrucción. A dónde va a llevarles ese paseo.

A caballo, porque así lo ha solicitado él, al indicarle que es su costumbre. A lo mejor le habría gustado darlo, para variar, en alfombra voladora. ¿no? Bueno, eso es algo que ella no sabe. Nada ha dicho el príncipe al respecto, a parte de la exclamación curiosamente alarmada de antes.

Lo que sí dice es algo…algo que la desconcierta, la lleva a parpadear, y la deja muda durante al menos cuatro segundos enteros.

La djinn cruza los brazos ante sí, se alza un par de centímetros sobre el suelo, y voltea alrededor del príncipe Ahmed.

-¿Cómo, yo? No, no, eso no es tarea mía. No sabéis jugar a esto, Príncipe Ahmed-le recrimina; porque no, no conoce las reglas. Menos mal que, como bien acaba de indicar, sólo es un juego de mientras aguardan a que acabe día y noche, porque vaya desbarajuste, de otro modo- vos pedís, yo concedo-le recuerda.

Y entonces, posándose de nuevo en el suelo, baja los brazos a lado y lado de si, y escudriña la mirada del hombre, frunciendo el ceño.

-¿Es vuestro deseo, que escoja yo?-se encoje un poco. Mira a un lado y al otro. Duda reflejada en su mirada, considera la posibilidad de que, dado que no es su amo, pueda ser ella quien indique la dirección del paseo.

En ese instante, parece más joven; más niña.

-Hay un oasis de verdad-recalca lo de verdad-al este. Algunos mercaderes suelen vender viandas allí, y los viajeros se detienen a refrescarse. Por sus expresiones y el tono de su voz, parece que les gusta. Quizá a vos también. Os guiaré hasta allí. Hasta el oasis.

La djinn sube a su montura. Toma las riendas del animal, y vuelve el rostro hacia Ahmed, por asegurarse.

-¿Es un plan aceptable, para la mañana de un príncipe?

       
Ashi- Desierto - Con Ahmed

       
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Mar Mar 23, 2021 3:53 pm por Timelady
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No hace mucho que conoce a la Djinn, pero puede afirmar que hay cierta gracia en conseguir desconcertarla. Como cuando ha dicho que podría ser ella quien escogiera el camino.
Si bien, también hay algo de tristeza en el pensamiento de que alguien tenga tanto poder y esté privado de hacer lo que desee con él. Es como si él, siendo príncipe, no pudiera escoger aquello que deseara hacer durante sus días... si bien se plegaba en ocasiones a los designios de su padre y consejeros, nunca había sentido la ausencia de su propio poder de decisión.

Ese que la joven parece querer dejar en sus manos.- Pero no soy yo quien tiene la lámpara, o podría desear simplemente que me devolvierais a casa. -Le recuerda a su vez, cuando ella explica esas "normas del juego" con las que se mueve.
No, todavía no tiene su lámpara y todavía sigue siendo un rehén en sus manos.

Le concede asentir a su pregunta sobre si lo que quiere es que ella sea la que elija.
En cierto modo también es así.
Acaricia las crines del caballo en lo que ella toma su decisión, fijándose en su actuar, en la forma en que la ha hecho dudar y perder esa seguridad que deben dar los siglos de seguir directrices.
En cierto modo es algo que podría disfrutar.

Y entonces, la escucha hablar de un oasis, de la gente que hay en él.- ¿Podéis ver el oasis desde aquí? -Pregunta sorprendido de nuevo ante la capacidad de la joven. Un poder ilimitado, sin duda.
Por un momento se pregunta si podría ver su hogar, lo que está pasando allí mientras él sigue perdido en aquella parte del mundo.

Se distrae ante la petición de aprobación por parte de su captora, a la que le cuesta seguir viendo como tal cada vez más.- Lo es, por supuesto. -Asintió, subiendo a lomos de su caballo para seguir a la muchacha hasta el lugar a donde quería guiarle a través de las dunas.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


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Lun Mar 29, 2021 5:42 pm por Myshella
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-No, no la tenéis-eso es cierto-y además, tampoco podríais tenerla porque yo no he cumplido aún del todo con el deseo de mi ama. No puedo cambiar de uno a otro, hasta haber sido concedido lo que se me ha pedido.

Lo que ocurre es que este deseo es un tanto inusual, la verdad. Porque las cosas que se le suelen pedir puede cumplirlas de inmediato o, a lo sumo, son permanentes y, una vez concedidas, ya no dependen de la djinn.

Cierto es que otros de su naturaleza conceden tres deseos; tan cierto como que, en ese caso, quizá tienden a ser menos duraderos.

Pero claro, aquí ella está improvisando un poco. Porque el príncipe ha quedado en sus manos, y podría haberle dejado encerrado hasta la noche, pero resulta que está intentando entretenerle. ¿Hace mal?

A cada tanto, duda.

-Entonces, tengo otra pregunta-mira, ya puestos, algo aprenderá hoy. Quizá la próxima vez que se expliquen tan mal, será capaz de interpretar una parte. Quizá aprenda un poco sobre naturaleza humana.- ¿Tan importante es no pasar un día fuera de casa?

Será que su vida es corta, porque a ella se le antoja que un día no es nada.

-Un único día, eso me encomendaron. Claro que...-mientras el caballo toma camino, Ashi piensa en voz alta, con la intención de ser corregida en sus errores. Un día será la mejor djinn que exista, está segura. En cuanto acabe de perfilar ese entender bien.No creo haber pasado fuera de la lámpara muchis días completos. Imagino que no soy la más sabia al respecto, en consecuencia. Como para  juzgar la importancia de ese tiempo.
De todos modos, tampoco es que sea excesivamente importante.

Lo que sí es importante es que tiene permiso para elegir el destino y el tempo, así que puede guiar a los caballos hacia el oasis del mercado, en el que transcurrirá la mañana y almorzarán.

-No, no lo veo desde aquí-explica-es que ya he estado allí. Y, por supuesto, no voy a hacer un uso visible de mis dones, porque eso nos causaría problemas innecesarios- esa parte de la lección si la tiene aprendida. Luego se enzarzan en intentos absurdos de capturarla, o a saber qué. Nunca ha entendido qué parte de que lo que es preciso poseer es la lámpara no acaban de comprender. En fin, humanos.

Aclaraciones a un lado, los caballos viajan, raudos, a través de las arenas.

Tras un tiempo de atravesar dunas, el oasis mencionado aparece ante ellos.

Hay un par de construcciones, paredes de arcilla y techos de madera; de unas a otras, cuelgan coloridos toldos  que proporcionan sombra a un buen par de callejas así ataviadas, en las que los tenderetes se distribuyen a lado y lado. Unos ofrecen frutas y guisos, otros, telas. Alguno incluso pequeñas baratijas, joyas sencillas. Al fondo, justo a orillas de la preciada agua, un tanto a la derecha de donde los camellos beben, hay dispuestas dos jaimas contiguas. El olor a té que desprenden perfuma el aire.

-Hemos llegado- anuncia la djinn, sonrisa dibujada, mientras desciende del caballo y sujeta las riendas en su mano derecha. De un ligero soplar el viento, antes de que los demás puedan verles a ellos, ha transmutado sus ropas y las de Ahmed. Capas suaves sobre los hombros y ropas de viaje que les confundan con los demás.

       
Ashi- Oasis- Con Ahmed

       
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Sáb Abr 10, 2021 9:19 pm por Timelady
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No está seguro del todo de que la djinn sea capaz de adelantarse a sus actos, pues no parece conocer del todo la naturaleza humana. Pero la mención a que aunque tuviera su lámpara no podría utilizarla porque el deseo aún no se había cumplido en su totalidad le hizo dudar. Quizá se adelantaba a lo que estaba pensando hacer cuando volvieran a la torre.

Sin embargo, era evidente que la muchacha no conocía demasiado de sus costumbres. Aunque le hacía gracia que decidiera que él era el mejor al que preguntarle. Si bien aquellas preguntas podría responderlas.- No es tan importante el pasarlo fuera o dentro, sino la naturaleza del día. -Argumentó de forma simple.- Hoy era un día especialmente importante en mi hogar. -Añadió.- Os lo explicaré de camino, si queréis. -Pues suponía que requeriría más detalles.

Ella aclaró a su vez que no podía ver el oasis desde allí, sino que lo conocía porque había estado.- ¿cuándo? -Preguntó Ahmed sin pensar demasiado, porque quizá había sido hacía mucho, o quizá simplemente mientras él dormía. No podía saberlo.
Asintió, pese a todo, cuando indicó que no podía usar sus poderes para evitar problemas.

Avanzaron por el desierto en dirección a ese oasis y Ahmed decidió contarle por qué ese día era tan importante.- Hoy era el día de mi boda. -Empezó a contarle.- Con una princesa. No con Farah. -Aclaró, dado que ella conocía a la mujer que le había pedido aquel deseo.- Debo casarme por mi condición de príncipe, a pesar de que no conozco a esa mujer. Estar aquí impide que eso sea posible y, seguramente, sea tomado como una ofensa que podrá traer problemas a nuestro reino. -Expuso, sintiendo que se iba molestando cada vez un poco más por las consecuencias que esa insensatez traía.- El amor de Farah no justifica las vidas que ha puesto en riesgo. -Masculló antes de mirar a la Djinn.- Por eso este día era tan importante estar en mi hogar y no aquí. Pero no os puedo culpar de ello. -Al menos ya no, sabiendo su naturaleza, era una simple mensajera o más bien una esclava de los deseos de sus amos.

Se tranquilizó durante el resto del camino, aunque disfrutó de más calma aún al encontrarse finalmente en el oasis. Esos lugares traían cierta paz solo con contemplarlos. El príncipe descendió también del caballo y buscó dónde debían atarlos para que tuvieran agua y comida si lo deseaban, antes de darse cuenta de que sus ropajes habían cambiado.

- Dejemos a los caballos y visitemos los puestos, quizá podamos tomar algo de fruta fresca. -Propuso.- ¿Tenéis algo de dinero? -Preguntó antes, dado que él, por su condición no solía llevar consigo nada.

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Miér Abr 14, 2021 4:34 pm por Myshella
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-Ah...-responde ella. A la cuestión de la boda, de su ama, de la princesa prometida, y la ofensa.

Que no acaba de comprenderlo, pero en fin. Cosas humanas. Debía contraer matrimonio con alguien de otro reino. Bien, eso lo entiende. Era importante que fuera en un día en concreto. Eso...relativamente. Porque, ¿y si se casara al día siguiente, no serviría a sus fines? A los de los dos reinos, vaya.

Luego está, además, el tema del amor.

Hasta donde ella sabe, los humanos le dan tanto, tanto valor, que la prohibición de su magia cuenta en inumerables ocasiones con intentos insistentes de forzar su poder. Intentos absurdos, porque, simplemente, ella no puede manipular esas cosas.

Pero...¿está ese sentimiento muy ligado al matrimonio? No recuerda haber visto ninguno, al menos no de príncipes y princesas, en que una cosa y otra tuvieran que ver.

-¿A mí?-pregunta entonces...-¿Porqué me ibas a culpar a mí? Yo obedezco.

Y, la verdad, no es ni de lejos lo más raro que se le ha pedido. Que se lleve a alguien, durante un día. O bueno, no es esta la interpretación peor que ella hubiera podido hacer. Porque...en ese que no se case cabían muchas opciones.

Así que, una vez en el oasis, cuando se entremezclan con las personas que se han reunido allí, se decide a preguntar.

-Entones, de poder...¿te casarías con Farah? es decir,...-y esto es lo que no comprende; cómo nunca consiguen formular bien sus deseos-si mi ama hubiera deseado poder casarse contigo sin que supusiera una ofensa para otra tierra, sin que perjudicara a tu reino...si mi tarea hubiera sido garantizar esa inmunidad, ¿tú te habrías desposado con ella?

¿Lo habría hecho, o entraban en juego otras cuestiones, como por ejemplo el status social?

No habría sido tarea de un día; el desplegamiento de poder de la djinn habría sido distinto, e implicado varios aspectos. Pero no imposible ni, por supuesto, enfrentado a sus tres condiciones.

-Vaya...-parpadea.

Sólo que no es tarea suya ni corregir peticiones ni contradecir a nadie.

Así que, por no enredar con lo que no viene al caso, lo que hace es acercarse a la primera parada de frutas que les viene de camino, tal como ha dicho él, y asegurarle a golpe de cabeza que sí. Que sí, entiende, que sí pagará las frutas.

Aunque más que tener, lo que hará será deslizar unas monedas venidas al punto de su manga hasta la mano del frutero, y adquiere una cestilla de dátiles y fresas, que sostiene entre ella y el príncipe, para que pueda ir tomando las piezas que quiera.

No se cuando vine por última vez-le explica- porque no se cuanto tiempo ha pasado desde que salí de la lámpara, en la última ocasión en que se me invocó. Creo...creo que no más de diez años, porque no veo grandes cambios aquí.

Se detiene justo entonces, antes de alcanzar la jaima del té.

-Eso debe ser, porque recuerdo ese rostro-señala a un hombre, sirviendo de una tetera-y entonces era joven-la cuestión es si él podría reconocerla a ella, aunque lo duda.

-¿Tomamos té?-propone-explícame qué ganaba tu país con ese matrimonio, y porqué no puedes casarte mañana. Y  qué cree perder mi ama, en tu matrimonio.

A fin de cuentas, le va a gustar custodiarle todo el día. Porque antes no ha tenido a quien dirigir tanta pregunta. Y no es que alguna de esas respuestas vayan a cambiar su naturaleza, ¿verdad? Pero...siente curiosidad.

       
Ashi- Oasis- Con Ahmed

       
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Vie Abr 30, 2021 1:53 pm por Timelady
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- Porque sois la que ha hecho posible esta locura. -Resumió como respuesta a por qué podría culparla a ella de lo que estaba pasando.- O por el simple hecho de que sois la que está aquí, reteniéndome. Estoy seguro de que otros no habrían actuado como yo. -Podría decirse que no tenía miedo a halagarse a sí mismo, pero ciertamente sabía que su reacción podría haber sido mucho más violenta.

Sin embargo, la pregunta sobre Farah no puede responderla con la misma rapidez. Pues tiene muchos matices, realmente. Si sus poderes garantizaran que no habría consecuencias, o que incluso podría beneficiar al reino. Sí, posiblemente se casaría con ella. Pero aún así no creía que fuera por los motivos por los que la mujer desearía casarse con él.- Probablemente no. -Responde con cierto tono de duda.
La había mantenido a su lado durante demasiado tiempo y quizá ese error había provocado que ella creyera tener algún tipo de derecho sobre él. O que sus sentimientos eran de algún modo correspondidos y lo cierto es que no era así.

Prueba los dátiles mientras pasean, descubriendo que son deliciosos. Al tiempo, ella explica que no recuerda el último momento en que estuvo fuera de su lámpara.- ¿Qué se supone que habéis hecho durante diez años dentro de una lámpara? -Preguntó Ahmed sin pensarlo demasiado pues lo cierto es que no está seguro de si allí dentro el tiempo pasa con la misma lentitud que fuera. Diez años es demasiado tiempo para permanecer encerrado.

Asiente a la idea de tomar un té y se acerca junto a ella al lugar donde se encuentran dispuestos los cómodos lugares, con unas vistas envidiables del hermoso paraje que los rodea.
Ahí, la djinn pide algunas explicaciones más.

- Mi reino es rico en oro y cultura, pero se ve amenazado por diversos frentes y nuestros hombres no son suficientes. Casándome con la princesa del reino vecino, se creaba un hermanamiento entre nuestros reinos. Nosotros compartíamos nuestros bienes y ellos cederían su ejército si nos veíamos en la necesidad de precisarlo. -No cree que haya mucho más que explicar en ese tipo de cuestiones. Le parece simple, no es más que una transacción comercial con un matrimonio de por medio para asegurar que no haya traiciones.- Mi ausencia en el día más importante de ese acuerdo, implica que no siento respeto ni hacia esa alianza, ni tampoco hacia el reino vecino o sus gobernantes. Es una ofensa que no se puede aplacar fácilmente regresando sin más al día siguiente. -No está seguro del todo de si eso puede comprenderlo, pero aún así lo intenta.- Probablemente antes de que acabe el día, mi padre y el otro califa hayan intercambiado más que duras palabras... -Aunque prefería no pensar en las consecuencias que podrían traerles.

En cuanto a lo que pasaba por la cabeza de Farah, parecía más simple, pero al mismo tiempo era más complicado de explicar en su opinión.- Farah dice que me ama, pero desde que supo de mi compromiso empezó a comportarse de un modo algo posesivo. Cree que cuando me case, al tener en mi lecho a una esposa, dejaré de verla o visitarla. -Cosa que probablemente no habría ocurrido.- Piensa que estoy siendo obligado al matrimonio, pero lo cierto es que aceptaba la idea como aceptaría cualquier otro de mis deberes como príncipe. Los sentimientos no tienen lugar en estos asuntos. -Resume, tenía cosas más importantes en las que pensar que en sí mismo y en lo que deseaba, si bien hacía ya un tiempo que aquella mujer había dejado de estar en sus preferencias.- Por eso he respondido que probablemente no me casaría con ella de poder, porque conozco ahora una parte de su naturaleza que no puedo desear a mi lado.

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Dom Mayo 02, 2021 5:27 pm por Myshella
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Probablemente no.

Oh.

Está bastante segura de que no esa negativa no coincide con lo que su ama cree saber. Pero, además, lo que resulta más desconcertante es el probablemente.

¿Hay más factores en juego, que el simple deseo de hacerlo o no?

Podría haber insistido, porque no le entiende.

Pero han alcanzado la jaima del té, y ella, que se había propuesto portarse bien y pasar desapercibida, da un respingo tal que menos mal que es Ahmed quien camina del lado de los otros clientes, porque se ha elevado medio palmo sobre el suelo.

-Nada-dice, precipitádamente y en sobresalto claro-nada-repite, serenándose hasta que las puntas de sus dedos tocan de nuevo el suelo.

Baja la mirada, a la punta de sus babuchas. Se diría que es la primera vez en que la tristeza se refleja en esos ojos sobrenaturales.

-Yo no existo sin mi amo. La lámpara es una prisión, en la que me sumo en un pesado sueño.

La suya es una existencia cosida a retazos informes, momentos sueltos e inconexos en que se le permite ver un mundo al que no pertenece.

Así, llegan a la mesilla en la que les servirán; instalada sobre una alfombra, a tocar del agua del oasis.
Un hombre de tez tostada y barba afilada pone dos tazas doradas delante de ellos; vierte un líquido de intenso aroma en una y otra, y les deja azucarero, cucharillas y pastas.

La djinn escucha, al tiempo en que añade azúcar a su taza y lo remueve, en círculos concéntricos que absorben aún su mirada.

El príncipe le explica cómo concebía él ese matrimonio; el hecho de que su ama se precipitó pensando que la alejaría de su lado, al tener una esposa. Los sentimientos humanos son complicados. Sin embargo, incluso ella comprende que, técnicamente hablando, le pedían que se desposara, no que la amara. A la princesa.

Asiente, cuando no hay sino darle la razón en un hecho: el deseo de su ama nace de los celos y el instinto de posesión. No parece un buen principio para nada.

Y retoma la utilidad de los esponsales, para el país del príncipe.

-Entonces, puedo conjeturar dos cosas distintas. La primera, que mi aparición te ha enseñado algo que desconocías sobre mi ama. Algo que, sin duda, será bueno que sepas. Que mi ama posee una cualidad que a ti te disgusta. Y la segunda, que tu deseo habría sido poseer un ejército-deduce Ashi, alzando la vista hasta los iris del príncipe.-eso habría sido fácil. Custodiarte es más difícil-afirma ella-porque nunca antes me han pedido que guarde a nadie durante un día entero. Yo les invoco, les pongo a tus órdenes…eso no pasa de media hora. Y ya, te ocupas tú. Yo regreso a mi sueño.

Otro par de vueltas al azúcar, que debe estar ya más que deshecho en el té.

-Pero esta vez tengo todo un día. Uno completo. Aunque yo he dicho que tú podrías escoger en qué ocupar ese tiempo, y yo debo cumplir con mi palabra. Forma parte de mi naturaleza, no podría contradecirme aunque quisiera. No, mientras sea un genio y esté unida a mi lámpara.

Ashi inclina el cuerpo adelante, acercándose a Ahmed.

-¿Cuántas horas tiene un día completo, príncipe?-le pregunta

       
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Sáb Mayo 15, 2021 8:39 pm por Timelady
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Ahmed había formulado la pregunta como fruto de un impulso no controlado y, si bien, al instante había pensado que no era adecuada sabiendo que se refería a demasiado tiempo encerrado, fue la reacción de la djinn lo que hizo que se arrepintiese en el acto.
Nada, decía.
- Entiendo. -Responde. Pero pese a no querer indagar más sobre el asunto, añade.- Sin embargo, creo que un pesado sueño es mejor que ser consciente de ese tiempo en que permanecéis encerrada. -Más piadoso, en cierto sentido. Ya que el encierro en numerosas ocasiones puede llevar a la locura.

En cualquier modo dejó esa reflexión para ella, pues no le correspondía hablar de sus asuntos con la lámpara, si bien sentía curiosidad por lo que significaba para una criatura que no conocía otra vida la idea del encierro o el aparecer y desaparecer a lo largo del tejido de la historia sin apreciar la evolución de los hombres y sus reinos, pasando de unas manos a otras... Quizá para quien no conocía otra cosa, no era tan malo como sonaba.

El príncipe no se sirve demasiado azúcar en el té, y lo prueba mientras ella declara las conclusiones que ha ido sacando de sus palabras.
No está errada, no del todo.
El actuar de Farah es imperdonable para él, pues ha puesto en peligro todo lo que se habían esforzado en construir.
En cuanto a él, lo que habría hecho de tener a la djinn en sus manos. Sí, quizá ese hubiera sido su deseo, si bien no tanto por evitar la boda como por librar a su reino de las amenazas.

Observa a la joven y prueba una de las pastas que han servido al tiempo que ella habla sobre la novedad, o quizá dificultad, que supone ocuparse de él durante un día completo.
Sonríe de forma irremediable ante su pregunta.

- Veinticuatro horas. -Expone.- Si bien pasamos descansando una buena parte. Por la sombra de esa palmera diría que ya habremos gastado al menos nueve de esas horas. -Si no eran más.- Pero quizá podamos emplear el día en asuntos que os parezcan interesantes, ya que no soléis pasar tanto tiempo fuera de esa lámpara. -Ofrece, dándole la oportunidad de experimentar si lo desea, alguna cosa que le cause curiosidad.

- Pero volviendo al asunto del deseo que yo habría pedido... ¿tendría que escoger solo uno? ¿o serían incontables mientras la lámpara me perteneciera? -Consultó, pues era cierto que había creído ver el objeto en el palacio que había construido con su magia, si únicamente podía gastar un deseo de llegar hasta ese objeto preciado, quizá no fuera regresar la petición más sabia.

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Lun Mayo 17, 2021 8:14 pm por Myshella
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Iba a probar el té.
Había levantado la taza, para llevársela a los labios.

Pero vuelve de inmediato a la mesa, porque, de pronto, carece totalmente de interés alguno.

-¿DE VERDAD?-pregunta, la voz tan alta que las mesas del entorno se giran a mirarlos, y el propietario de la jaima les dedica un tsssss largo y sibilino.

Ashi se encoje de hombros, escondiendo un tanto la cabeza, al pronunciar un perdón todo bajito él, tanto que si llega hasta el oído del interesado es porque ha usado un poquito de su magia para enviarlo con la brisa.

El tendero asiente, golpe seco de mentón, aceptando la disculpa. Las mesas vecinas vuelven a sus tés.

-¿De verdad, podemos hacer cosas que me parezcan interesantes a mí?-pregunta, de nuevo,

Ya casi se le olvida que ha arrugado la nariz, en desacuerdo con lo del tiempo dormida.

-Oh, pero ya hemos pasado nueve...¿nueve, has dicho?-uf. Nueve. Y luego tendrá que dormir, descansar. ¿Cuánto duermen los príncipes humanos? Al principio de este día, le pareció que muy poco. Porque si hubiera seguido en su sueño, pues mira...ya estaba todo arreglado. Pero ahora le parece que duermen mucho, demasiado. Toda una pérdida de tiempo.

-¿Tú no estás cansado...verdad?- A lo mejor si no duerme una noche, no le pasa nada...

Se acaba el te de un sorbo largo, y se pone en pie.

-Pues yo quiero...-estira de la manga del príncipe, porque se van. Hay que alejarse un poco, que si silba ahora para que venga la alfombra voladora, el escándalo en el oasis va a ser épico.

Pero no llega Ahmed a ponerse en pie por impulso de ella, porque ha formulado otra pregunta. Y Ashi debe responder. Así que vuelve a sentarse, de sopetón, en su cojín.

Piernas cruzadas, brazos sobre las rodillas, mueca de decepción primero, y pensativa al instante.

-A ver...-empieza- Nunca son incontables. Yo concedo siempre un deseo. Cierto es que otros de mi naturaleza ofrecen tres-tres, sí. Pero los de ella son más efectivos y más duraderos- sólo que, en ocasiones, un amo o ama inteligente, preguntará el porqué de esa diferencia.

Los que tengan un mínimo de conocimiento respecto a los djinns, claro.

-De esos no hay muchos...-apuntilla- y, si se da el caso, no me negaré a conceder los tres-porque no puede, vamos-pero entonces quizá el efecto sea algo diferente.

Porque de todos es sabido que la interpretación que hace ella de lo que se le pide, tiene su riesgo.

-Es decir, concederé lo que me pidan.

Y allá cada cual con el grado de riesgo que quiera asumir...

Ashi arquea entonces las cejas. La expresión de la djinn se torna algo más seria. Más comedida. Y, prudente, pregunta

-¿Porqué quieres saberlo?

Porque Ahmed no tiene su lámpara...ni sabe dónde encontrarla, ¿cierto?

Es el tono de su voz claramente distinto, al responder.

-Cuando he cumplido mi tarea, la lámpara desaparece, y encuentra un nuevo destino. Tú no serías su dueño indefinidamente.

Otros han sido ambiciosos, antes que él. Otros han menospreciado su suerte, y han querido más de lo que les correspondía. Eso, nunca acaba bien.

       
Ashi- Oasis- Con Ahmed

       
XIII

       

       

       



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Dom Mayo 30, 2021 9:05 pm por Timelady
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Abre los ojos, sorprendido ante la reacción de la muchacha.
Y no tarda en notar que todos los que les rodean también se han visto asombrados por la súbita pregunta. Al tiempo que ella se encoje y disculpa él hace un gesto, al que está demasiado acostumbrado, para que todos sigan a sus cosas y dejen de prestar atención a lo que no deben.

Prueba el té con tranquilidad, mientras ella asimila lo que le ha contado acerca de las horas. Asiente a la pregunta, porque sinceramente, tiene curiosidad en saber qué puede interesarle a la djinn.- Aproximadamente. -Responde a lo de las nueve horas. Quizá algo más, por lo que ha dormido y el viaje hasta allí.

Le resulta gracioso escucharla preocuparse por su cansancio, como si fuera un niño de pecho incapaz de aguantar despierto más de dos o tres horas.- Tranquila, hasta la noche al menos puedo soportarlo con seguridad. -Bromea.

Al ver la forma apresurada en que bebe de su taza, él intenta seguirle el ritmo, sin suerte. Porque ni ha terminado el té, ni da lugar a que se levante antes de que ella vuelva a sentarse.
Casi pareciera que la ha bajado de una nube ante su pregunta.
Si bien necesita la respuesta, más de lo que puede admitir en voz alta. Por tanto, atiende a toda explicación que recibe, anotando mentalmente esos tecnicismos que parece tener ella, pero comprendiendo por su pregunta, que indagar más de momento podría despertar sospechas.

- He sentido curiosidad por lo que has dicho. -Expone, dado que no es del todo falso.- Si solo tuviera un deseo, debería escogerlo sabiamente y pedir un ejército podría resultar una mala decisión si no es algo permanente. -Plantea, aunque sin mostrar darle demasiada importancia.

Termina de beberse lo que resta en su taza y se levanta.- Bien, ¿qué ibas a decir antes de mi pregunta? -Consultó con una sonrisa y extendiendo la mano hacia ella, intrigado por qué era lo que quería hacer.

Ahmed - ¿Palacio extraño? - con Ashi


XIII






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Miér Jun 02, 2021 4:29 pm por Myshella
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-¿Ah, sí?-le pregunta, la voz carente de interés real. Porque, seamos sinceros...¿qué más le da a ella si ese supuesto ejército iba a tener éxito o no, de convocarlo? Pues nada.

Puede volver a arquear las cejas, e intentar preguntar a su vez, para saber qué tiene en mente el príncipe. Pero sabe por experiencia que...que hacer ademán de entenderles, en estas cosas, es muy cansado y muy poco fructífero, al menos para ella.

Y además da igual. Porque se le ha brindado una oportunidad, y esa oportunidad se ratifica cuando el príncipe le cede de nuevo la palabra, preguntándole qué iba a decir antes de su consulta.

Mano extendida hacia delante, y sonrisa en el rostro.

Ashi sonríe también.

-¡Ah, sí!-
responde, de nuevo a toda prisa.

Y entonces sí se levanta ella, y una ráfaga de suave brisa le pone en pie a él, para que la siga.

Las monedas han caído solas, tintineando, sobre la mesa que dejan -el té a medias, que hay cosas más importantes- y atraviesa rauda el mercado.

Al alcanzar el límite, chasquea los dedos, llamando a su alfombra.

Los caballos...saben regresar solos,

Y cuando la damasquinada aparece y se posa en el suelo, ella se apresura a sentarse en el centro.

-Vaaa, siéntate-le interpela, a él.

Que en cuanto lo haga, emprenden el vuelo.

No tardan más que un par de suspiros en llegar a la orilla, en sobrevolar el mar cercano.

Y es ahí, en suspensión, donde Ashi pregunta.

-Pues es que tengo poco o nulo tiempo de explorar el mundo humano. ¿Te gusta el mar, Ahmed?- se detiene, respingo incluido, y se vuelve a mirarle, expresión aniñada de por medio- Puedo llamarte Ahmed, es tu nombre ¿cierto? No te molesta-uno no sabría si está preguntando o afirmando.

-Y ya que me has dado permiso para elegir....

Podría decirle tápate la nariz.

Pero no va a hacer falta.

La alfombra se precipita al interior de las aguas, y las olas chocan directamente contra ellos, contra la alfombra. Les empapan rostro, cabellos y ropa.

Ashi rie en el instante en que, bajo las aguas y al alzar su mano, quedan atrapados en una burbuja de oxígeno.

-Ya puedes volver a respirar-le dice, tan satisfecha ella.

Un grupo de sargos reales está cruzando por delante de ellos justo en ese momento.

       
Ashi- Mar- Con Ahmed

       
XIII

       

       

       



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