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Lun Feb 15, 2021 1:18 am

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CON Marcus EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Desde que había vuelto estaba inquieta. No había logrado dormir nada en al cama de su madre, había dado más vueltas que un arenque fuera del agua, estaba cansada, se había levantado encontrándose fatal, y ya no sabía ni decir dónde le dolía. Y estaba rallada no, lo siguiente. Las Navidades se habían acabado, y la conversación con su padre le había devuelto a la realidad en la que vivía. Una realidad que no era ni de lejos tan bonita como la que había vivido hasta ahora. Y sí, a veces su padre parecía que estaba mejorando, le decía cosas como lo del vestido. Pero luego montaba un drama como el de la tarde anterior y ella no podía soportarlo…

Pero más que nada, más que ninguna otra cosa, le preocupaba Marcus. Tenían que parar ya con el jueguecito de “vamos a disfrutar del momento” Tenía que decirle lo que sentía, alto y claro, y lo que quería de él. Y eso, ahora mismo no era ni el menor de sus problemas. Tenía que contarle la verdad. Hacía años le prometió, una noche en la enfermería, que nunca le mentiría, y le había mentido. Y no era ni siquiera dejándole de decir lo que sentía, o no hablando abiertamente del miedo que le daba que no quisiera estar con ella por cómo estaban las cosas en su casa. Lo que más le quemaba era lo de Percival. Ya no le afectaba tanto como le pasó en Navidad, pero el pensamiento seguía allí y ella le había mentido. Le había dicho que estaba así por cosas que ni se le pasaban por la cabeza el en momento, y todo porque no see atrevía a decirle lo que le había hecho su primo. Porque eso lo complicaría todo, porque todos sufrirían menos si él no lo sabía. Y, en el momento, le pareció una buena idea, pero ahora, en la soledad, todo se le venía encima, y no podía declararse a Marcus con un secreto tan grande sobre sus hombros.

Así que, aquel día, fue a clase casi ausente, deseando que llegara la última hora y pudiera irse a algún lugar a estar sola. Y empezaba a quedarse sin lugares en los que hacer eso. Porque Marcus obviamente la buscaría en la orilla del Lago Negro o en el invernadero, o incluso Olive, ahora que ya tenía confianza con ella, querría estar con ella en el invernadero. En su cuarto imposible, porque le había pedido a Hillary que, por favor, la dejara tranquila con las preguntas el día anterior, y la había visto tan mal, que hasta la había hecho caso. Pero lo había sustituido por orbitar a su lado, sin preguntar, pero claramente con el cerebro funcionando a tope a ver qué había cambiado en su comportamiento. Eso le dejaba solamente Torre de Astronomía. Todo el mundo sabía, Marcus el primero, que le encantaba ese sitio, pero como era un poco más difícil subir, le garantizaba al menos la pereza de mucha gente.

Así que ahora caminaba como un animal enjaulado, como un pájaro que cree que porque se ponga más arriba, en el columpio de la jaula, va a poder escapar. Y no. Era la primera que el viento no le calmaba y le despejaba la mente. No paraba de apartarse el pelo de la cara, y a ratos tiritaba, y a ratos sentía que le sobraba toda la ropa. Quería tomar la iniciativa, bajar y hablar con Marcus, ahora que había tomado la determinación, pero no. No era capaz de mover su cuerpo hasta la Sala Común, empezar a hablar con Marcus. Aunque parecía que no iba a hacer falta. Como ya se imaginaba, Marcus se había figurado dónde estaba y ahora oía unos pasos apresurados escaleras arriba para encontrarla. Casi no le dio tiempo ni a recomponerse. Se cuadró y esperó a que apareciera por enhueco de las escaleras, acercándose con una débil sonrisa. – Tú siempre me encuentras O'Donnell. – Dijo intentando no temblar al decirlo.  
Merci Prouvaire!


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Lun Feb 15, 2021 1:42 am

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CON Alice EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Después de las Navidades había vuelto con energías renovadísimas. Se lo había pasado como en su vida esas vacaciones, estaba encaminando el final de su andadura en Hogwarts y, por si fuera poco, tenía dos proyectos muy importantes en mente: los EXTASIS y, por supuesto, Alice. Sí, Alice ocupaba casi la totalidad de su pensamiento, quién le iba a decir a él que algo iba a quitarle protagonismo a sus exámenes. Pero no era "algo", era Alice. Y ya está. No había más explicación que esa.

Se había incorporado a las clases con el mismo entusiasmo y concentración de siempre, pero el resto del día se lo pasó hablando casi literalmente con todo el castillo. Le daba igual repetir ochenta veces lo bien que se lo había pasado y los regalos que le habían hecho, porque a Marcus le encantaba hablar y socializar. Y una de las últimas personas con las que había hablado había sido con su amigo Peter, y el Gryffindor le había contado algo, cuanto menos... Curioso. Estaba tan exultante de felicidad, e igualmente tenía un rumbo tan claro, que le dio porque le hiciera gracia. Pero... De nuevo, quién se lo iba a decir a él.

Tenía que contárselo a Alice, se iba a reír un montón. Peter le hacía gracia y Poppy era una de sus mejores amigas, si alguien tenía que saber eso, era Alice. Y más le valía a la chica guardar el secreto, que no quería líos, pero de verdad que tenía que contárselo. Y de paso... Bueno, se había quedado un poco en el aire el hecho de que a él le llevaba gustando Poppy desde primero, tema que no habían llegado a tratar abiertamente (rarísimo teniendo en cuenta que se pasaban el día juntos y hablando de todo, pero no se había parado a pensarlo), pero creía que era bastante evidente que esa era una ruta totalmente descartada, y que la mujer de su vida era Alice. Bueno, eso último la chica puede que no lo supiera, pero para eso se estaba currando mentalmente una declaración. Iba a tener arreglo pronto.

Después de recorrerse medio castillo sin encontrarla, cayó: la Torre de Astronomía. Eso le hizo sonreír. ¿Era una provocación de las suyas? ¿Le estaba llevando deliberadamente a ese sitio que a ambos le encantaba, en el que podían verse esas estrellas que tanto habían mencionado en las vacaciones? Pues si era así... Lo iba a conseguir, porque allá que iba Marcus de cabeza.

Subió las escaleras sonriente, al trote, y nada más aparecer comprobó que la chica le estaba esperando. Ladeó la sonrisilla y arqueó una ceja. - Ya te lo dije, Gallia. No puedes escapar al ojo de este prefecto. - Rio un poco y dejó una caricia en su mejilla. Su impulso era besar sus labios... Pero aún no eran novios. Ya llegaría el momento. Estaba muy optimista esa tarde. - ¿Qué haces aquí? - Comentó como si nada, mirando a su alrededor. Pero ya no podía contenerse lo que iba a contar. - Sin que sirva de precedente, y ya sé que ninguno de los dos somos especialmente fans de los cotilleos... Pero creo que este te va a gustar. - Se mojó los labios con una sonrisilla. - ¿A que no sabes con quién acabo de hablar? -
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Lun Feb 15, 2021 2:21 am

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CON Marcus EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Trató de sonreír más aún, y la verdad es que el tacto de Marcus en su mejilla había sido como un soplido en una herida que escuece. Te reconforta uno segundos pero no te cura. Ella rodeó su cintura suavemente unos segundos a modo de saludo. él venía tan contento como siempre, y casi le dolía saber que iba a derrumbar parte de su estructura mental de familia perfecta. Él no soportaba a Percival, pero decirle que... ¿Y si no la creía? ¿Y si se enfadaba porque se había ido sola y no había hecho nada por pararle, había tenido que ser Lex? ¡Oh, dios, Lex! Se iba a enfadar también porque los dos le hubiesen escondido un secreto así. Igual no se lo perdonaba. Mentirle, y encima sobre algo tan gordo, y encima haber confiado en Lex, haberle hecho mentirle, porque Lex lo que quería era gritarlo por la mansión Horner y organizar una barricada contra Percival. Le temblaban tanto las manos y sentía tal nudo en el estómago que no controlaba ni lo que pensaba. Por ejemplo, que no era la primera que un prefecto la encontraba allí. Más bien una prefecta. Ay, madre ¿Y cuando le contara lo de Kyla? ¿Se enfadaría también? ¿Diría él mismo la infame frasecita? Mira, si se la iba a decir, mejor que fuera cuanto antes. – Marcus... Tengo que... Lo... Yo...

Ya se había puesto a montar los dedos, como siempre que estaba de los nervios, y volvía a andar toda tensa por la escueta superficie de la torre. Se mordió el labio inferior, y la pregunta sí que la detectó. – Necesitaba pensar, darle vueltas a la cabeza, y Hillary no me dejaba tranquila. Necesitaba viento y silencio, y esto es perfecto para eso. – Dijo demasiado brusca. Demasiado desesperada. Bueno, pero es que lo estaba. Y no quería transmitirle ese humor a Marcus. Es más, quería decirle todo eso para tranquilizar su conciencia, dejar las cosas en tablas entre ellos y por fin decirle que le quería. Pero es que quería decírselo sabiendo que él tenía todos los datos, no que le dijera que sí, que la quería, que quería estar con ella, y al final acabara enterándose dude lo de Percival y se diera cuenta de que habían fundamentado su relación en una mentira. Tenía que explicarle por qué había tardado tanto, porque se escondió al final de sexto, por qué no quiso si quiera mirarle a la cara después de acostarse por primera vez. Eran demasiadas cosas y se estaban agolpando todas en su cabeza a la vez, sin entender de razón ni de orden. Caos Gallia. Otra cosa que los O'Donnell-Horner apreciaban mucho, el caos.

Pero Marcus seguía indemne a todo ellos. Él estaba tan tranquilo. Y trató de contagiarse ella un poco de aquella ligereza. Suspiró y se acercó, forzando una sonrisa ay parando quieta ya de su angustioso paseo. – Con todo el castillo. – Contestó a lo de con quién había hablado. Sí, Marcus todo feliz y socializador y ella ahí, que no se aguantaba ni a sí misma. Tragó saliva y le acarició el antebrazo. – ¿Un cotilleo? No estoy acostumbrada a no ser yo la protagonista. – Tomó aire. Podían esperar un poco. Podía relajar el ambiente y simplemente ser... Ellos. Quizá así el tema saldría, pudieran hablarlo sin dramatismos...– Sorpréndeme.
Merci Prouvaire!


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Lun Feb 15, 2021 4:28 pm

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CON Alice EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Se asomó despreocupadamente por una de las ventanas, tan metido en su nube de entusiasmo que no se percató de los nervios de la chica. Para él, Alice estaba en su misma onda emocional en ese momento, y claramente no era así. Lo sospechó cuando dijo eso de que necesitaba "darle vueltas a la cabeza". Frunció un tanto el ceño, mirándola extrañado, pero prefirió agarrarse a eso de "Hillary no me dejaba tranquila", lo cual le hizo rodar los ojos con una risa. Ya, su amiga era muy pesada y hablaba por los codos (como él, pero según el punto de vista de Marcus él no molestaba y Hillary sí), quizás Alice solo quería estar concentrada de cara a los EXTASIS mientras la otra estaba en modo crisis. Él también se habría quitado de en medio. Nada alarmante.

Su conclusión le hizo reír. - Sí, es que había demasiada gente con la que ponerme al día, y aún no he terminado. - Porque cuando Marcus volvía de unas vacaciones tenía que hacer su saludo de rigor a todo el mundo, que en su caso era casi literal porque conocía a demasiada gente en ese castillo. - Pues atenta. - Se recompuso, enganchando los pulgares en los bolsillos de la túnica, con una sonrisita. - Resulta que he estado hablando con Peter. De las Navidades y eso. - Pero no iba a entrar en el detalle de decirle que prácticamente le había confesado que la quería y que iba a pedirle salir, lo cual había sido el preludio del cotilleo que iba a contar. Se saltaría convenientemente ese dato. - Y no sé cómo ha salido el tema, pero... ¿Te acuerdas que cuando nos vimos en la cena de Navidad del castillo, yo estaba con Peter y con Poppy? - Arqueó varias veces las cejas. - Pues al parecer... Peter va detrás de ella. - Soltó una carcajada e hizo un gesto con una mano. - Bueno, al parecer no, ya te lo confirmo yo. Ya sabes como suelta Peter las cosas, me lo ha soltado así a lo loco. Y conociéndole, si lo ha hecho así conmigo, ya mismo se lo dice a Poppy. - Chasqueó la lengua hacia un lado con suficiencia, entrecerrando los ojos. - Y, ¿sabes qué? No te creas que no me he fijado en cómo le mira ella. Bueno, a ver, ya sabemos como es Poppy, que se ruboriza en seguida... Pero no sé, veo yo algo ahí. - Claro, porque a él se le daba genial captar cuando una chica estaba enamorada. Solo había que ver lo claras que tenía las cosas con Alice.

Suspiró teatralmente, negando con la cabeza y riendo. - En fin... Quién me ha visto y quién me ve. - Eso se le había escapado con el entusiasmo. Pero bueno, tampoco era un secreto para nadie que él iba detrás de Poppy, y Alice lo sabía. No solo por el incidente del bogart, por culpa del cual lo sabía toda su promoción de Ravenclaw, sino porque... Bueno, tenía que saberlo, era su mejor amiga, lo sabía todo de él. Todo menos lo que sentía por ella, pero es que eso era distinto. - Yo alentando a Peter a que se declare a Poppy... - Volvió a reír con un suspiro. Es que era de locos, Alice se iba a burlar de él lo más grande. - En fin. Igualmente yo creo que pegan, ¿no? - Se mordió el labio y miró a Alice de soslayo. - Parece que... El destino va colocando a cada uno en el camino que le corresponde. - Y el mío, claramente, no era el de Poppy. Más bien el tuyo.
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Lun Feb 15, 2021 5:03 pm

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CON Marcus EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Uf, pues justo lo que necesitaba. Marcus no había hablado de Poppy con ella en cuatro años y ahora consideraba que podía contarle un cotilleo. A veces se le olvidaba el papel que su amiga jugaba en todo aquello. Suspiró y se asomó a la barandilla, tratando de calmarse, de no darle importancia. – Pues vaya cotilleo. – Dijo un poco bruscamente. – Te lo confirmaba yo sin necesidad de Navidad ni de nada. Peter la mira como un idiota desde que le lio aquello de la escoba. – Pero claro, tú, obviamente no te has dado cuenta, pensó. Igual que ella misma parecía no darse cuenta de cómo miraba Marcus a Poppy. A la chica que le gustaba de verdad. Y lo que hacía era venir a contárselo a ella. Si es que no tenía nada que hacer. Quería irse, pero Marcus seguía hablando. – Por supuesto que te has fijado... – Dijo amargamente, mordiéndose el labio y asintiendo. Pues claro. Si era justo eso lo que le importaba. Cómo miraba Poppy, cómo miraban a Poppy. Ella ahí no tenía ni una palabra que decir. – Marcus, no me encuentro bien creo que... – Empezó a decir, pero lo dijo demasiado bajito, él no la oyó, y siguió hablando.

Se giró frunciendo el ceño ¿Qué sentido tenía esa conversación? ¿Qué quería decirle con todo ello? Se cruzó de brazos y se quedó clavada en su sitio. – ¿Y qué me quieres decir con todo eso? ¿Te aplaudo por ser tan buen amigo que le has cedido tu puesto a Bradley para declararse con Poppy? Pues ve y prueba tú. – Volvió a girarse y se mordió las mejillas por dentro, más tesa aun. – O no, porque después de cuatro años por lo menos no lo has hecho, así que no sé, quizá no es cosa del destino ni de caminos, es cosa tuya. – Tomó aire, porque empezaba a notar una placa en el pecho. – Lo que no sé es por qué me lo cuentas a mí ¿Se supone que tengo que estar contenta porque no vayas a ser tú el que se declare? – Alzó las cejas y soltó una risa sarcástica. – Vaya, cómo me alegro de que Marcus haya decidido abandonar su cruzada con Poppy McKenzie porque su amigo le ha dicho que se va a declarar él primero. Pues nada, la medalla de oro para Peter Bradley, y Marcus se queda con el tercer premio, qué digo el tercer premio. La botella de champán, que te la bebes y aquí paz y después gloria.

Resopló. Se notaba demasiado llena de ira y no debería estar hablándole así a Marcus, pero es que no entendía a que venía aquello ahora. Habían pasado unas navidades increíbles en las que no había mencionado ni de pasada el nombre de Poppy, pero era volver y lo primero de lo que venía a hablarle era ella. Y así siempre. Se agarró más fuerte a la barandilla. Así tal como estaba mejor no decirle nada de lo de Percival, desde luego, y no estaba de humor para una declaración de amor. Por no estar, ya no estaba ni segura. – Mira, me voy a ir porque no me encuentro bien. No puedo pensar con claridad. Si es que necesitaba estar sola.
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Lun Feb 15, 2021 5:33 pm

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Ya estaba preparándose para oír las burlas de su amiga... Pero no tiró por ahí. Para nada tiró por ahí, y para nada estaba preparado para lo que escuchó. - ¿Perdón? - Dijo totalmente descuadrado. Tenía que haber oído mal o algo. Ya le había escamado eso de "pues vaya cotilleo", porque no sonaba al tono divertido habitual de Alice y había sonado como un comentario despectivo que Marcus no estaba acostumbrado a recibir por parte de ella. Pero definitivamente tuvo que tomarse unos segundos para procesar ese ataque. ¿Ceder su puesto a Peter? ¿Que fuera a probar él? ¿Qué? ¿Por qué le decía eso?

Y claro, en lo que Marcus pensaba, Alice siguió lanzando comentarios. Parpadeó y sacudió la cabeza algo sorprendido. - Wow. Vaya. - Que era cosa de él y no del destino. Ya, desde luego... - Pues sí, soy un cobarde, gracias por resaltarlo con tanta claridad. - Nada que él no supiera, pero no había por qué hacer sangre o burla de ello. Eso estaba empezando a ofenderle, tanto que la alegría que traía se convirtió en una expresión indignada y se cruzó de brazos.

- Te lo he contado porque me ha hecho gracia. Y porque te lo cuento todo. - Dijo encogiéndose de hombros con obviedad. Pero claro, Alice no lo había interpretado así, y su interpretación solo consiguió ofenderle más. - ¿Qué? - De verdad que no estaba entendiendo nada, y se estaba indignando tanto que se forzó en que la expresión de su cara mostrara claramente lo que le parecían los comentarios de Alice: una tontería detrás de la otra. - ¿Qué cruzada? ¿De qué hablas? - Soltó una carcajada ofendida. - ¿Te crees que estaba compitiendo con Peter o algo así? ¡Pero si me he enterado de todo esto hoy! - Quizás no era esa la mejor justificación que podía dar. - ¡Y yo no compito por nadie! Son personas, no trofeos. Solo me ha hecho gracia que Peter fuera tras ella, nada más. - Le había hecho gracia que los dos amigos fueran tras la misma chica, aunque fuera en tiempos distintos, porque estaba claro que el interés de Marcus había cambiado. O al menos estaba claro para él, Alice no parecía tenerlo tan claro. Definitivamente, si llega a saberlo no dice nada. - Pero vaya, que me ha quedado claro que lo que quiera que sea, es culpa mía. - Aseguró, añadiendo un gesto de las manos.

Y claro, ahí estaba la huida. Por un momento casi deja que se vaya por el puro congelamiento en el que estaba, corporal y mental... Pero algo en su interior le encendió una chispa. Una chispa de cabreo que vaticinaba catástrofe. Marcus cabreado no era un Marcus racional. - Eso, vete. Aíslate, que te va genial. - Ironizó. Pero por supuesto que no iba a quedarse callado dejando que se fuera y quedándose él rayadísimo detrás, sin saber ni lo que había dicho. - ¿Se puede saber qué te pasa? - Espetó, mirándola entre enfadado y ofendido. - Vaya, siento haber interrumpido tu soledad. La próxima vez, pon un cartelito en las escaleras. - Bufó hacia otro lado. - Si te he hecho algo, dímelo. Y si no, no sé por qué te pones así conmigo. - Pero empezaba a cansarse de tener que comerse él las neuras de Alice y ni siquiera tener derecho de saber a qué venían.
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Lun Feb 15, 2021 6:03 pm

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Sí, claro, para una vez que se lo llamaba, se enfadaba porque le dijera que era un cobarde. Pero es que en ese momento estaba que ardía por dentro. Y sí, era un cobarde, por haber querido tenerlo todo. A ella en la cama y a Poppy para las risitas y para ser su amor platónico perfecto. Tragó saliva tratando de no responder a lo de los trofeos. Pues para no pensar así, había sonado tal cual a eso. O quizá era que ella estaba con el corazón roto y  eso empezaba a envenenarle el ánimo. Y si seguía así iba a ir por muy mal camino. – Deja de hacerte la víctima que no estoy hablando de culpas. Te he dicho que no estoy como para hablar.

Y ya iba a irse, cuando Marcus insistió. Y sabía que tendría que haberse ido, aunque fuera dejándole con la palabra en la boca, pero no, algo que no conocía, un enfado que nunca antes había sentido, un dolor desconocido, la arrastró hacia él. – Ya ya sé que soy un desastre, muchas gracias por recordármelo. – Suspiró ofendida cuando le preguntó que qué le pasaba. – Me pasa que quería hablar contigo de cosas serias, de cosas importantes, pero tú siempre vuelves a Poppy. Cuando creo que puedo contarte... – Soltó aire, cortándose a sí misma porque no quería seguir ese camino. – Vamos a dejarlo, Marcus. Sí, tenía que haber estado sola. Y tú vuelve a Poppy, a Peter y a tu mundo de yupi en el que yo no encajo. – Sabía que no era eso lo que Marcus le había dicho, pero es que había una parte de ella que ahora mismo no podía controlar que quería gritarle, enfadarse, soltar toda aquella tensión de alguna forma. – ¡Dios! Deja de enfocar esto en ti ¿Qué más quieres que te diga? ¡Sí! Quería estar sola y sí, siempre quiero verte, pero no para que me cuentes cosas de Poppy precisamente. Llevo todo el día vagando como un alma en pena, y tú solo consideras encontrarme y hablarme para contarme que tu amigo está enamorado de Poppy. Super importante para mí eso, claro. Porque que más darán los problemas de Alice cuando está Poppy y su vida amorosa de por medio. – Tenía la respiración agitada y estaba desbocada, no se reconocía a sí misma. – Pero luego no te quejes si quiero estar sola. No te quejes si no quiero hablar contigo en todo el verano, si para ti lo que importa no es hablar de las navidades, de lo que somos o de lo que nos pasa. No. Mejor esperar al veredicto de Poppy, así sabrás qué decirle al tercer premio. Que tú dirás lo que quieras, pero claramente así me ves. – Y así se sentía, desde luego. La amiga imperfecta. La chica para distraerse y pasárselo bien, como había dicho Percival. Y otra vez ese recuerdo en su cabeza, en el peor momento. – Nunca ves lo que no quieres ver. – Dijo amargamente.
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Lun Feb 15, 2021 8:43 pm

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Arqueó las cejas. Ya iba a responder a su primer ataque, pero con lo segundo directamente se cruzó de brazos y soltó una carcajada hacia un lado, sarcástico. - ¿Yo me hago la víctima? No como tú, concluyendo que te he llamado desastre. Tú has sido la que me ha dicho a mí que algo habré hecho mal o algo de eso, que lo que fuera era cosa mía. Yo solo he resaltado lo que estás haciendo, aislarte. - Bufó y murmuró por lo bajo. - Como siempre. - Y podría llamarse a engaño y decir que se le había escapado, que había sido un pensamiento en voz alta y que, si Alice lo escuchaba, había sido por mala fortuna... Pero no. Se estaba enfadando, y una parte de él quería que la chica supiera lo que pensaba y se llevaba callando mucho tiempo. Que Alice, tan pronto le pasaba algo, se quitaba de en medio. Y luego pretendía que la entendiera.

Volvió a girarse a ella y se recompuso. - Vale, ¿pues de qué querías hablar? - Porque él no tenía ni idea de que quisiera contarle nada, y hasta donde sabía, estaba escondida en esa torre mirando a la nada, y él se la había encontrado allí después de mucho perseguirla, no es que se hubieran citado ni nada. ¿Ahora pretendía que fuera adivino? Pues sí, era lo que pretendía, porque ahora resultaba que no saber lo que ella pensaba era "estar en los mundos de yupi". Y eso no era todo. - Claro, tú no encajas en mi mundo, es verdad. - Dijo en un claro e irritado tono sarcástico. - ¿Se puede saber qué mosca te ha picado hoy? ¡Solo venía a contarte una anécdota! - Es que de verdad que no entendía nada.

Y cuando la chica empezó a lanzar toda esa verborrea, lo único que Marcus atinó a hacer fue mirarla con la boca abierta en una expresión indignada que parecía querer mostrar lo descabellado de todo ese asunto. - ¿Y por qué no? ¿Acaso no es nuestra amiga? Perdona, no sabía que había un listado de temas a tratar contigo y otro listado de temas que no se pueden tocar. Agradecería que me pasaras una copia en cuanto pudieras. - Ya se le estaba yendo de las manos el sarcasmo. - Vale, a ver si lo he entendido. - Dijo con un gesto de las manos. - Resulta que llevas todo el día sola, no sé por qué porque el castillo está lleno de gente, y como yo no he estado en todo el día contigo porque he estado hablado con gente con la que no me he tirado las veinticuatro horas bajo el mismo techo las últimas dos semanas... - Nada más dijo eso se arrepintió, porque sonaba a reproche y no lo era. Pero ya estaba dicho y solo podía continuar. - Tú te enfadas y lo solucionas con, oh, sorpresa, venirte aquí sola. ¿Lo he entendido bien? - Extendió los brazos. - ¿¿Y cuáles son los problemas de Alice Gallia?? Porque, déjame que lo adivine, porque al parecer esto va de adivinar hoy. En cuanto te pregunte me vas a decir que no es nada, que no quieres mezclarme y que quieres estar sola y por favor que te deje tranquila. Osea que si te pregunto, malo, y si no te pregunto, malo también. - Aquello no tenía ni pies ni cabeza y se estaba empezando a agobiar solo de la falta de comprensión de todo aquello. Pocas cosas que Marcus llevara peor que no estar enterándose de lo que pasaba.

Pero lo siguiente le impactó de lleno en el pecho. Sí, le dolió, y así podía haberlo manifestado, como que le había dolido... Pero lo único que hizo fue enfurecerse más. - ¿Insinúas que la culpa de que te tirases todo el verano pasando de mí como de la mierda después de acostarte conmigo fue mía? - Dijo llevándose un índice al pecho. - ¿Cuándo quieres que te hable de las Navidades, Alice, si acabamos de llegar y todavía no he aparecido y ya me estás diciendo que quieres estar sola? - Lo otro no lo había entendido... No, sí que lo había entendido, pero por el bien de su propio enfado había optado por no entenderlo... O así lo pretendía, pero no pudo dejarlo estar. - ¿Me explicas a qué te refieres con que "te veo como un tercer premio", por favor? Porque quiero pensar que no te estoy entendiendo. -
Merci Prouvaire!


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Lun Feb 15, 2021 11:31 pm

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CON Marcus EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Pues sí, me aíslo. Cuando creo que mis probleemas van a ser demasiado o me siento incomprendida, me aíslo. No sé qué otra cosa hacer. – Dijo con sinceridad y tragando saliva después, tratando de respirar con normalidad y soltando los brazos, para no seguir teniéndolos cruzados, tratando de liberar tensión.

¿De qué quería hablar? Pues ahora mismo de nada. Quería irse y olvidarse de que había existido aquella conversación. Miró al suelo y soltó una risa seca y sarcástica. – No, no encajo, claramente. – No levantaba la mirada, porque sabía que sería peor, que se pondría a llorar. – Me ha picado la mosca de la realidad, eso es lo que pasa. Y no me gusta. – Por fin le miró y dijo, más tranquila en la voz, aunque por dentro seguía siendo una tormenta. – No es culpa tuya que yo esté engañándome a mí misma todo el tiempo. – Esta logrando atemperarse cuando Marcus dijo lo de las veinticuatro horas, y le dolió. Lee dolió porque para ella había sido maravilloso, pero claramente para Marcus había sido ese maldito compromiso que parecía tener con ella de mantenerla bien, de pegar sus piezas rotas, no el disfrute personal que había sido para ella. Y se haba llevado unos cuantos revolcones, claro, que a nadie le amarga un dulce. – Sí, pues lo siento por eso también. Pero tranquilo que tu calvario se acaba aquí. – Dijo, cínica. – Y yo no te he pedido que me preguntes. Me hubiera valido con que no me vinieras con un chisme de Poppy, la verdad es que me parece de mal gusto hablarle a la chica con la que te estás acostando de la chica de la que estás enamorado. Pero mira, está muy bien para dejar bien clarito qué lugar tiene cada una. Al menos ahora empiezas a haceerlo – Aquello último le había sabido amargo hasta decirlo, y se le había quebrado la voz completamente al hacerlo.

Y ya sabía que lo del verano le rebotaría, si es que no debería estar hablando con Marcus en es momento. Ya no podía detener las lágrimas de sus ojos. – No. Fue culpa mía. Por haber sido tan tonta de ceder a mí misma y a lo que yo me había prohibido, porque sabía, sabía a ciencia cierta que me rompería el corazón. Y lo sabía cuando me escondí para no verte aquel día en el tren. Pero ha dado igual, porque soy una imbécil y he vuelto una y otra vez, para hacerme ilusiones y al final darme de cara con la verdad, lo que siempre dije que no haría. – Volvió a reír sarcásticamente y alzó los ojos tratando de frenar las lágrimas. – Lo has entendido perfectamente. Poppy primero, yo después. Poppy tiene a Peter, Alice puede tener a Marcus, porque yo solo me merezco lo que ella rechace, yo me merezco ser "solo tu amiga" para la eternidad, a no ser que Poppy se vaya con tu amigo, en cuyo caso puedes venir aquí y decirme no sé qué del destino, y me tengo que conformar con ello, porque solo soy una idiota enamorada que haría lo que fuera por un chico que es demasiado para ella. – Había elevado la voz, había dicho eso tremendamente más dolida de lo que pretendía mostrar, las lágrimas ya corrían sin control por su rostro y tenía los puños cerrados y en tensión.
Merci Prouvaire!


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Mar Feb 16, 2021 12:31 am

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CON Alice EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Se aislaba cuando se sentía incomprendida. ¿Y como iba a comprenderla, si no le contaba qué le pasaba? Pero eso le dolía, le dolía que le apartara constantemente y de la noche a la mañana, como hizo en verano cuando pasaron de acostarse juntos a tirarse tres meses sin hablarse de un minuto a otro, y como estaba pasando ahora, al asegurar Alice de esa forma que quería estar sola en la torre de astronomía después de dos semanas sin separarse ni un segundo y viviendo con él. Por más que intentaba encontrarle un razonamiento, no podía. No lograba entender por qué no le contaba lo que le ocurría. Eso no fue lo que le prometió en su día, ni lo que le había prometido tantas veces después. Estaba incumpliendo su propia promesa una y otra vez.

- ¿Estás segura de que soy yo el que ha vivido un calvario? Porque, hasta donde yo sé, eres tú la que se ha venido a aislarse a esta torre en el primer día que estamos de vuelta en el castillo. - ¿Cómo podía insinuar que le había pesado la Navidad que habían pasado juntos? ¿Acaso no se le notaba que estaba exultante, que lo había estado durante todos esos días? Precisamente por eso estaba tan feliz y animado, y no como ella, que todavía no sabía qué narices le pasaba pero desde luego estaba de todo menos feliz. Pero lo siguiente sí que le hizo abrir mucho la boca y los ojos, y soltar una risotada sarcástica. - ¿El lugar que tiene cada una? - Alucinante. Se frotó la cara con una mano. - Yo no estoy enamorado de Poppy, Alice. - Bufó a otro lado y negó con la cabeza, murmurando. - Esto es ridículo... - ¿Por qué se comparaba con ella? Y, en caso de hacerlo, ¿cómo podía pensar que era ella la que salía perdiendo? ¡Por Dios! No había hecho ni la décima parte de cosas con Poppy de lo que había hecho con Alice, en absolutamente todos los sentidos. ¿Es que acaso no lo veía?

En otros momentos se habría venido abajo automáticamente nada más ver a Alice llorando, lo cual era su clara debilidad... Pero estaba demasiado enfadado y ofendido, demasiado desubicado en esa conversación, demasiado impotente de no entender nada. Le había removido sus sentimientos tras ir a casa de su abuela Anastasia, le había removido sus sentimientos del verano, incluso los de la pelea de la vuelta de Navidad del año pasado. Ah, hacía un año también estaban recriminándose cosas sin sentido por esas fechas, se veía que la vuelta de Navidad no les sentaba nada bien. Y hablando del verano... - ¿¿Cómo?? - Su cerebro se había enganchado automáticamente a una de las muchas frases que dijo, notando como si le cayera un yunque interno que iba de su cabeza a sus pies, arrastrando todos sus órganos con él. - ¿Que te escondiste? - Había dado un paso hacia ella y bajado los brazos, totalmente en tensión. No se lo podía creer. - ¿Me estás diciendo que te acostaste conmigo por primera vez, me despediste con un beso, me dijiste "ahora te veo" y luego te escondiste y no volviste a hablarme hasta la vuelta, tres meses después? ¿Deliberadamente? ¿Y siendo mi cumpleaños? - Joder. Pues era mucho más grave incluso de lo que se había imaginado.

Se llevó las manos a la cara y al pelo como hacía cuando se ponía nervioso o se enfadaba, dando una vuelta sobre sí mismo para darle la espalda a la chica, y escuchando apenas de fondo lo que Alice dijo después. ¿Cómo había podido hacerle eso? ¿Y por qué? ¿Y cómo le había hecho eso a posta, y no se lo había reconocido hasta ahora, con todo lo que había pasado en medio entre ellos? Entre otras cosas, el hecho de darse él cuenta de lo enamorado que estaba. Y mientras él pensaba eso, ella le había estado engañando de esa forma... Menudo idiota. Pero estaba escuchando ya el nombre de Poppy demasiadas veces y su cabreo se estaba empezando a convertir en una furia descontrolada. - ¿Seguro Alice? ¿Seguro que "Poppy primero"? - Dijo girándose enfadado. - No sé si lo sabes pero tú has sido la primera siempre. En todo. Tú te has llevado todas mis primeras veces y lo sabes. Y tú no puedes decir lo mismo de mí. - Y ahí iba, el enfado de un año atrás. Cosa que no venía a cuento para nada pero que la tenía ahí clavada, como tantas otras, y ahora estaban saliendo todas de golpe. - ¿Y tú eres una idiota enamorada? Oh, vaya por Dios. - Estaba tan enfadado que se le había pasado totalmente por alto el significado de esa frase, solo la había cogido como si fuera una pelota y enviado de vuelta. Porque si se hubiera parado a pensarlo, si se hubiera parado a escuchar con detenimiento... Alice acababa de decirle que estaba enamorada de él. Lo que tanto había deseado. Y por culpa de su ira, no solo lo estaba dejando pasar, sino que iba a usarlo como arma en su contra. Lo peor de lo peor que podía hacer con eso. - ¿Y qué sabes tú de lo que yo siento? ¿Eh? ¿Me lo has preguntado? ¿Te has parado siquiera a salirte del drama de Alice Gallia y ver que yo también existo, que siento cosas, que pienso, que las cosas me duelen? ¿Que no solo sufres tú? ¿Te paraste a pensar cómo iba a ser mi verano después de que tú tomaras esa fantástica decisión claramente pensando solo en lo que tú sentías? - Negó con la cabeza, con la mandíbula apretada. - No, por supuesto que no. Está claro que aquí el único idiota que hay soy yo. -
Merci Prouvaire!


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Mar Feb 16, 2021 1:17 am

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CON Marcus EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Gal abrió mucho los ojos. – ¿Que no estás enamorado de Poppy, Marcus? Pues qué bien lo has sabido disimular estos último cuatro años, cada vez que ella ha querido echarte cuenta y te has olvidado de todos los demás. En la fiesta de Navidad ni siquiera te diste cuenta de que estaba hasta que me viste con Alek que ahí sí, ahí tu orgullito de prefecto de "no te metas en líos" ya salió a relucir y ya me hiciste caso. – No quería sacar todo aquello, sentía que se estaba equivocando, pero es que a la vez sentía que Marcus la estaba tomando por tonta y que todo su afán era quedar el como el perfecto Marcus O'Donnell y ella la loca que se enfada por nada. Como si él siempre hubiera sido claro, como si siempre hubiera sido abierto.

Vaya, para que habría hecho nada del verano. Ahora tenía un arma arrojadiza perfecta contra ella. – ¡Sí! Sí, me escondí. – Dijo, defensiva. – Porque no quería verte buscando a Poppy, porque no quería ser otra vez tu amiga de siempre. Iba a romperme el corazón y no podía con ello. Disculpa si tu séquito de amigos y tu familia perfecta no fueron suficientes para ti ese día. – Encima con la que se haba encontrado ella al llegar a casa. Pero él nunca entendería lo que era eso. Porque el mundo de Marcus no es que fuera perfecto. Es que funcionaba, y el suyo no. Así de sencillo. – Me escondí porque tú no tienes ni idea de lo que es vivir en mi piel, lo que es una casa oscura y destrozada que nunca se va a arreglar. No quería ver eso tampoco ¡No puedes culparme por no querer romperme el corazón como lo tiene mi padre y acabar como él! – Cada vez le costaba más respirar, por los propios sollozos, y los movimientos bruscos de sus brazos y sus manos librando tensión no ayudaban.

Pero aquello sí que no se lo esperaba. O sí. Siempre tuvo aquel miedo ¿No? Siempre había vivido en su mente. Se había arrepentido mucho en su momento de haberse acostado con Jean. Había sido una decisión estúpida y así se lo había transmitido a Marcus. Pero no era eso. Era el hecho de que él lo remarcara. Paró un momento de moverse, con las manos en la cintura. – Eso es lo que piensas ¿Verdad? – Se acercó un poco a él. – Dilo. Di lo que dicen todos. Lo que dice mi abuela, lo que tú desoíste cuando estábamos en la Sala de los Menesteres y te pedí que te fueras, que no te acostaras conmigo, porque sabía que algún día pensarías eso. Que las chicas como yo no acaban con los chicos como tú. – Le había salido con todo ese veneno de quien oye algo que no debe, en el momento que no debe, de quien se ha atormentado demasiado tiempo con una misma cosa y es más capaz que nadie de atacar con ello. Miró a Marcus de reojo, con su sonrisa cínica en la cara. – Yo me habré acostado con otra persona, pero, incluso entonces, puedo decir que solo te he amado a ti y que he hecho estupideces por estar enamorada de ti y no decírtelo, porque sabía que tú no podías corresponderme… ¿Pero cuántas veces me has mirado a los ojos, acostándote conmigo, y me has dicho que esto era para siempre, que no me ibas a soltar? “Mi lista es toda tuya” pero claro, todo eso es si Poppy, la perfecta Poppy para el perfecto Marcus O’Donnell, a la que deberías haberle dicho todas esas cosas realmente, no lo quiere.

Se separó de él y miró hacia el vacío desde la torre. Todas sus dudas, todos sus miedos delante de ella. Y no haba forma de arreglarlo. – Y si de verdad no querías a Poppy... ¿Qué más da? Si no me has querido a mí lo suficiente como para olvidar lo de Jean, como para decirme alguna vez "Alice no te alejes de mí porque te quiero". – Se giró de nuevo hacia él y avanzó, llorando sin parar, gritando. – Tenías que haberme agarrado y tirado de mi hacia ti. O haberme empujado por el precipicio. – Dijo llegando a su altura y alzando las manos a su cabeza desesperada. – Y ahora no puedo hacer nada por evitar como me siento. He dejado que jugáramos al ratón y al gato. – Negó y volvió a alejarse, mirando hacia eel suelo, caminando como el pájaro enjaulado que se sentía, hasta que se giró y suplicó. – ¡Sal de mí, Marcus! ¡No puedo más!. – Se fue hacia una de la columnas, apoyándose mientras sollozaba ya sin consuelo. – Soy el viento y tú una hoja. Puedo arrastrate, agitarte, moverte, pero no puedo pararte, abrazarte... mantenerte.

Merci Prouvaire!


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Mar Feb 16, 2021 11:14 am

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CON Alice EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Y vuelta otra vez con Poppy, ¿de verdad era todo esto por culpa de una maldita anécdota? Si lo llega a saber se calla la boca. No disimuló en absoluto su exasperación, frotándose de nuevo el pelo y soltando un prolongado bufido mientras la chica hablaba. Pero lo que dijo le hizo soltar una carcajada sardónica. - Cuando llegué Poppy estaba ya en la puerta esperandonos. Repito: NOS. Pero, ¿dónde estabas tú? Porque aunque no te lo creas, te estaba buscando. ¿Qué hago? ¿Le digo a Poppy "lo siento, pero no puedo hablar contigo hasta que encuentre a mi amiga Alice, la cual a saber en qué agujero anda metida ahora mismo"? - Negó con la cabeza. - Yo solo fui a la puerta y me encontré con Poppy, tú te fuiste de cabeza a la mesa de Slytherin a sentarte con ese tío. - Hizo un gesto despectivo con la mano. Y ahora metía a Alek. Aquello iba de mal en peor. - ¡¡Y te estaba buscando!! ¡Joder, Alice! ¿Ahora te va a sorprender que me relacione con otra gente en el castillo? ¡¡Te recuerdo que estaba con los alumnos de primero, que los llevé hasta la puerta prácticamente!! ¡Tú sí sabías donde estaba yo, y por lo que veo, andabas de nuevo escondida! Y claramente buscando con quién irte para provocarme, que al parecer lo tienes muy localizado. ¿Por qué soy yo el que te tiene que buscar? - Ya se le estaba yendo el tono de voz, la agitación y el número de palabras por segundo, tenía la mandíbula apretada y no paraba de gesticular, y se notaba el corazón a mil por hora.

Solo le faltaba hacer una cosa: llorar. Pero ni de la propia rabia podía. Aunque ese reconocimiento tan directo de que se escondió de él, después de una de las mejores noches que habían pasado juntos, provocándole ese gesto esa sensación de abandono absoluta con la que pasó todo el verano... Los ojos se le humedecieron, pero aún era solo de pura rabia. Pero lo que habló por él fue el dolor. - Nada es suficiente para mí si tú no estás. - Dijo con voz grave, y al hablar fue como si una maquinaria diferente se hubiera activado en su organismo con el resultado de dejar una espesa lágrima caer directa hasta el suelo. - ¡¡Te escondiste porque te dio la gana!! - Espetó enfadado. La primera lágrima solo había dado vía libre a todas las demás. - ¡Nunca, jamás, te he dado motivos para que pienses que iba a abandonarte o a romperte el corazón por lo que pasa en tu familia! ¡¡Y tú no eres tu padre, Alice!! - Y no sabía qué hacía metiendo a su padre en eso, pero Marcus siempre salía en defensa de William Gallia como un resorte. No se había planteado que estaba haciendo dicha defensa, precisamente, frente a su propia hija. - ¡A tu padre le sobrevino una desgracia, pero él lo dio todo siempre! ¡Tú te escondes cuando las cosas para ti son mucho más fáciles de lo que lo fueron para él! - De tanta rabia que sentía, de tan entrecortada que se había vuelto su respiración a causa del llanto, no era capaz de sopesar el daño que podían esta haciéndole a Alice esas palabras. Pero se había desbocado y probablemente ya no podría parar hasta que no se estrellara.

Y entonces se le plantó ante él y le dijo algo, una frase que ya le había dicho, pero que seguía sin entender de dónde venía ni qué quería decir con ella. Negó con la cabeza mientras la escuchaba, solo para acabar saltando a la primera pausa que hizo. - ¿¿Qué chicas, Alice?? ¿Y qué chicos? Creía que éramos Marcus y Alice, no "una de esas chicas" y "uno de esos chicos". ¡Y ni siquiera sé a qué te refieres! - Todo lo que sentía era puro desconcierto, pero ese golpe bajo que vino después le hizo recentrarse de golpe. Abrió mucho los ojos por un instante, dejando escapar un poco de aire entre los dientes, alucinando. Luego se puso frente a frente con ella, visiblemente alterado. - ¿Y tú? ¿Cuántas veces me has dicho "siempre juntos" para luego venir a aislarte, para luego salir corriendo y esconderte de mí? ¿Para qué me prometes que nunca vas a mentirme, que vas a contármelo todo, si no lo piensas hacer? ¡Y luego te enfadas porque Poppy me habla, cuando tú me dejas tirado en la mierda! ¿Qué quieres que piense, Alice? ¿Qué quieres que piense cuando tú sales corriendo sin darme ni la menor explicación, después de que yo te haya dicho mirándote a los ojos que no quería soltarte, como bien dices? - Con la respiración muy alterada y anegado en lágrimas, dio un paso hacia ella. - ¿Sabes lo que tendría que haberte dicho mientras me acostaba contigo? Que te quiero. Eso tenía que haberte dicho, no sabes lo que tuve que morderme la lengua. ¿Y sabes por qué no lo hice? ¡Porque sabía esto! ¡Porque cada vez que intento atraparte, te escurres y sales volando! "No le hagas una jaula". ¡Oh, perdón, discúlpame, no era mi intención ahogarte! ¿Cómo quieres que te diga lo que siento, si cada vez que me entrego a ti sales corriendo en dirección contraria? -

Se frotó la cara con las manos una vez más, escuchando las palabras de la chica. - ¿Y tú me has querido a mí lo suficiente como para no recriminarme cada vez que me acerco a otra persona? ¿Te recuerdo la que me liaste por dos besos tontos a Geller después de que tú te acostaras con ese tío? Por no hablar de ese rollito raro que te estuviste trayendo con Theo todo sexto. Porque claro, yo soy malísimo por ir a hablar con Poppy o dejarme querer por Maggie, pero a ti puede venir ese chaval a buscarte a la puerta de la sala común cada vez que teníais herbología y no pasa nada. - Y esa frase. Esa petición. Abrió los ojos con indignación. - ¿¿Qué te crees que he intentado hacer esta Navidad sino aferrarme a ti con todas mis fuerzas?? ¡Y mira! ¡En cuanto has podido has huido, y en cuanto he venido a buscarte me he encontrado con un ataque detrás del otro! - Dio otro paso hacia ella. - Eres tú la que tira en dirección contraria, Alice. Yo nunca te empujaría por el precipicio, y si lo hiciera me tiraría contigo. - La chica volvió a alejarse, mientras él le espetaba a su espalda. - ¿No puedes o no quieres? - Porque si se sentía abandonada por él, desde luego que ella sola se había creado esa idea, porque él no le había dado ningún motivo. Y empezaba a cansarse de tener que estar demostrándolo siempre y que no sirviera para nada.

Pero esa frase le sacó de su indignación y le hizo mirarla súbitamente, con los ojos enrojecidos y llenos de lágrimas, notando como el corazón se le paraba unos instantes. Se quedó viéndola sollozar en silencio, totalmente petrificado, sin saber qué responder a eso. ¿Acababa de pedirle que se fuera de su vida? Se le derramó una lágrima silenciosa, y cuando esta llegó al final de su recorrido, se animó a hablar con la voz quebrada. - ¿Eso quieres? - Dio un paso de nuevo hacia ella. - Porque si es lo que quieres, si lo que quieres es que me vaya y te deje tranquila para siempre, dímelo de una vez. Deja de prometerme cosas a largo plazo que sabes que no se van a cumplir. Deja de jugar conmigo, Alice. - Se mordió el labio y negó con la cabeza. - Quizás esta hoja se pegaría más a ti si dejaras de soplar tan fuerte. Si te pararas a no ver una simple hoja. Quizás la hoja solo intenta acercarse y eres tú quien la expulsa. - Más lágrimas. - Pero deja de pedirme que sea claro contigo, y que me aferre a ti, cuando la primera que no lo hace eres tú. Estoy harto de que me tomes por imbécil, de que me ocultes lo que sientes, de que te aísles cada vez que te pasa algo y que encima sea culpa mía. - La señaló. - Me has mentido. - Estaba temblando como la hoja que acababa de decirle que era. - Me has hecho muchas promesas y las has roto todas, y encima me has mentido. Todo eso que me dijiste a la vuelta del verano no era verdad, yo tenía razón, solo intentabas apartarte de mí. Solo hemos cruzado una barrera que no debimos cruzar. Al final sí que fue un error. - Apartó la mirada y musitó amargamente. - Debimos ser amigos siempre. -
Merci Prouvaire!


Última edición por Freyja el Mar Feb 16, 2021 12:12 pm, editado 1 vez


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Mar Feb 16, 2021 12:09 pm

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CON Marcus EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Soltó una carcajada sarcástica. – Yo no te provoco. Ni si quiera estaba con él al principio. Bajé y vi como Poppy te daba su regalo y tú flipabas en colores y la mirabas embobado. Estaba con Sean y Malina y fui a por Alek solo por no ser la que estaba sola en vuestro bonito triángulo amoroso. Si a ti te provoca que vaya con Alek, igual al que le molesta que hable con otra gente, sin ser claro conmigo, es a ti. – No iba a conseguir darle la vuelta a eso. Marcus era experto en hablar tanto y tan intrincado que al final parecía que tenía razón, y no, Gal sabía lo que decía. Lo sabía muy bien, llevaba rumiándolo mucho tiempo.

Tuvo una tentación muy grande de correr hacia él y abrazarle cuando le dijo que nada era suficiente si ella no estaba. Lo sabía. Y se sentía terriblemente culpable por haberlo hecho. Pero cuando iba a ablandarse, a recular aunque aún estuviera enfadada, le dijo que su padre lo había tenido mucho peor. Levantó la cara lentamente, anonadada. – ¿Y tú qué sabrás? – Dijo bajito, llena de ira. – ¿Tú qué sabes del sufrimiento? ¿Tú que sabes de la oscuridad? ¡De tener el peso del mundo sobre tus hombros! ¡De una familia! ¡Tú no sabes nada! ¡No eres quién para juzgarme ni decidir lo que es fácil o difícil, ni si me escondo! – Se entrecortó porque solo de decir todas esas cosas volvía a faltarle el aire y había ido subiendo el tono a medida que iba hablando. – ¿Cómo no voy a esconderme y huir si eso es lo que piensas? ¡No lo entenderías nunca! – Y lo había sabido siempre, que Marcus veía todo aquello de un modo que ella no podría hacerle entender jamás.

De hecho, seguía sin entender la frase, cuando se comportaba de acuerdo a ella. – Eso pensaba yo, eso quería creer, hasta que me has recordado que mi primera vez no fue contigo, usándolo como arma contra mí. – Dijo, ofendida. Porque sí, estaba ella más enfadada que él consigo misma por aquello. Pero que no le quitara hierro, que lo sacara en esa circunstancia, la hería más que su propio auto castigo por el asunto. Volvió a cogerse el pelo, cerrando los puños, tratando de controlar su reacción, su contestación, su dolor cuando le dijo que tenía que haberle dicho que la quería. – ¿Es que no entiendes que esta es mi reacción cuando no tengo la seguridad de que me quieras? Cuando temo que me vas a juzgar, que me vas a echar en cara todo esto. Tal como estás haciendo. Cada vez que yo me he entregado ti y luego hemos hecho como si nada he tenido que salir corriendo para no morirme de pena, porque nunca voy a ser suficiente para ti. Porque no haces ni si quiera el intento de entenderme, siempre te lo llevas a tu terreno.

Se giró, airada cuando volvió a sacar el tema de Geller. – ¿Ves? Solo ves lo que quieres ver. Yo no me puse así porque te liaras con ella. Me puse así porque fueras diciéndolo a los cuatro vientos, delante de mí, cuando no había oído una palabra de ti en todas las Navidades. Que pensaras que me importaba tan poco como para ponerte a fanfarronear en toda mi cara, cuando yo estaba aún intentando arreglar lo de Jean. Pero tú solo ves que me acosté con él. Tú solo ves que me enfadé en ese momento. Lo que hay más allá, lo que te expliqué después, te da igual porque tú ya te has hecho tu idea en la cual Marcus O'Donnell lo ha hecho todo bien y la que se enfada y lo hace todo mal soy yo. Y luego te quejas de que me encierre en mí misma. – Y era esa actitud la que hacía que le llevaran los demonios. La que le impedía aferrarse a esa afirmación de que la quería. – Sí, tenías que haberlo hecho. Porque ahora no te creo. – Dijo, con una nota dee dolor en su voz que hizo que ese mismo dolor atravesara su pecho. Aquella lágrima de Marcus, su corazón hecho pedazos, era como una pesadilla de la que no podía despertarse, más real y cruel que ninguna que hubiese tenido.

¿Eso era lo que quería? No, claro que no lo quería. Pero quizá era lo único que les quedaba por hacer, porque aquello no tenía ningún arreglo posible. "Me has mentido" le atravesó lo que quedaba de su maltrecho corazón. Se apoyó con la mano en la columna, porque ya notaba que le fallaban las fuerzas. – Sí. Te he mentido. Pero no en lo que tú crees. Te he metido cuando la realidad era demasiado dolorosa para ti. Cuando he querido salvarte aunque fuera a costa de hundirme yo. Y eso es lo que siempre quise evitar. – Había hecho exactamente lo mismo que habían hecho sus padres. Poner el amor por encima de todo y eso destruía a la gente cuando pasaban cosas como lo que estaba pasando ahora. Le fallaban las piernas y se moría de frío. Le temblaban los dientes y las manos. Le había mentido. Habían roto todas sus promesas. Lo que se dijeron en Nochebuena resonó en su cabeza en el peor momento. Sí que fue un error. Todo haba sido un inmenso error. Sintió cómo se resbalaba poco a poco por la columna hasta quedarse de rodillas, llorando desconsoladamente, sin fuerza, sin saber qué hacer. – Vete. – Dijo quedamente. – Márchate. – Porque no había otra solución. Separarse. Asumirlo.
Merci Prouvaire!


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Mar Feb 16, 2021 12:41 pm

Sal de mí
CON Alice EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
- ¡¡No, no lo sé!! - Espetó indignado. - ¡Nunca he tenido que pasar por lo que has pasado tú, pero yo tampoco lo he elegido! ¿¿Qué quieres que haga, Alice?? Tu situación no es culpa tuya, pero la mía tampoco. Y me duele como ni te imaginas que me acuses de no entenderte, ¡porque lo he intentado! Creía que había estado ahí para ti. - Creía. Siempre le supo a poco, siempre pensó que debió estar más presente. Que debió irse con ella cuando su madre estaba en las últimas, que debió ir a buscarla durante el verano mientras su casa se desmoronaba. Cuando no era la imposibilidad, era el miedo el que se lo había impedido. Por supuesto que iba a venirle rebotado, si hasta él mismo se atormentaba. Lo que había podido hacer había sido en vano, porque no había podido hacerlo todo, y por tanto no era suficiente.

- ¡Yo no lo he usado en tu contra! A mí me da igual con quien te hayas acostado antes que conmigo, ¡joder, parece que no me conoces! - Dijo con una patada en el suelo. - ¡¡Has sido tú la que no has parado de hablar de Poppy y solo porque he venido a contarte una anécdota!! ¿Cómo te crees que me sienta eso? Me has acusado de usarte y tirarte. ¿Soy yo así? ¿Eh? No he estado con Poppy, pero si lo hubiera estado, tú estuviste con Jean, no sé por qué yo tengo que aceptar eso pero tú lo otro no. - Él seguía erre que erre con su tema y su unión lógica. Se estaba dando otra vuelta sobre sí mismo cuando una simple palabra le hizo girarse lleno de ira. - ¿¿Hemos?? - No se lo podía creer. - ¡¡Tú fuiste la que se acostó conmigo y desapareció después!! ¿¿Y yo soy el que te juzga?? ¿Yo soy el que te tiene que dar a ti la seguridad de que te quiero? ¡¿Cómo quieres que me crea que me quieres cuando me has tenido todo el verano sufriendo?! - Y ahora resultaba que lo que le molestaba del tema Geller fue que no le escribió en Navidad. - ¡Ya te dije por qué no te escribí! ¡Tú a mí tampoco me escribiste! Oh, y claro, como no te escribí, te acuestas con otro en mitad de las vacaciones. Pero yo vengo aquí después de todo un verano sin saber de ti, hablo con Poppy por los pasillos y ya soy un criminal. - No podía dejar de darle vueltas al tema porque no le encontraba el sustrato lógico, y Marcus necesitaba que se le diera la razón de todas todas cuando algo no tenía sentido. No lo iba a conseguir, a la vista estaba.

Pero Alice aún no le había dado la estocada, se la iba a dar ahora. Alzó las cejas en una tensa calma, ni siquiera atinaba a reaccionar, solo a temblar. ¿No le creía? Pues qué bien. Al menos reconocía abiertamente que le había mentido... Otra estocada. Y aún le quedaba una más. Porque, envuelta en un mar de lágrimas, le dijo que se marchara. Marcus se hubiera tirado al suelo a abrazarla y consolarla de verla así en cualquier otra situación, aquella estampa no podía dolerle más. Pero acababa de echarle de allí. Acababa de reconocerle que le había mentido. Acababa de decirle que no se creía sus sentimientos. - Esto sí que es doloroso para mí y nada te está impidiendo hacerlo igualmente. - Dijo entre lágrimas, pero en un extraño tono calmado. Esbozó una dolorosa sonrisa de lado. - ¿Sabes qué? Que yo tampoco me creo que me quieras tanto. Total, ya me has mentido mil veces, ¿por qué no mil y una? - Se mojó los labios, bajando la cabeza y negando. Se acabó. Estaba todo dicho ya.

Tomó aire entrecortadamente. No iba a quedarse donde no se le quería, donde ya le habían echado. - Tranquila, ya me voy. Puedes volver a tu adorada soledad. - Dio un par de pasos hacia atrás, sin dejar de mirarla, y sentenció. - Y por lo que a mi respecta, no te preocupes. - Alzó las palmas de las manos con una sonrisa amarga. - Ya no intentaré más enjaularte. Eres libre. Puedes volar a donde quieras. - Y sin media palabra más, se dio media vuelta y bajó las escaleras.
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Mar Feb 16, 2021 2:32 pm

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CON Marcus EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Estaba desesperada por la falta de entendimiento de Marcus. – ¡Ojalá! ¡Ojalá hubieras estado con Poppy siempre y no me hubieras dejado creer que tenía una sola oportunidad contigo! – Ya hasta jadeaba por la falta de respiración, entre lo que gritaba y lo alterada que estaba. – Ojalá tú me hubieras dicho lo que te dije yo a ti. Que Jean no me importaba, que Theo no me importaba, que el que me importaba eras tú. Ni una sola vez ven todos estos años has venido y me has dicho "No, Alice, no quiero a Poppy, te quiero a ti" y eso es solo porque no lo has tenido claro hasta ahora. – Eso era un ataque injusto y lo sabía, pero es que él también estaba siendo injusto con ella. Estaban siendo injustos y crueles, se estaban haciendo daño aposta... Tenía que parar aquello.

Que le había mentido mil veces. Si él supiera... Pero nada, eso era lo que él quería creer, pus eso sería lo que creerían los dos. Que se mentían. Que le había hecho daño. Que no se querían. Que debían separarse para siempre. El viento le azotó la espalda y alzó los ojos justo a tiempo de oírle decir que era libre. Nunca esa palabra le había hecho tantísimo daño. Apoyó las manos en el suelo, porque no podía ni respirar ¿Iba a dejar que Marcus se fuera así? ¿De verdad no iba a luchar por ellos? ¿A intentar en el último momento decirle que no, que no le había mentido, que le amaba, que todo eso era un error? Tarde. Siempre llegaba tarde. Marcus ya se había ido. Y ahora estaba sola en aquella torre, helada de frío, sin saber qué hacer ¿Cómo se vivía la vida sin Marcus? ¿Cómo seguía adelante? Si él era su vida entera, estaba en sus días y sus noches, en su clases, en sus libros, en su piel.

Se quedó allí, aterida de frío, agarrándose las piernas. No tenía un plan. No había ideado la vida para vivirla sin él. Inconscientemente, había esperado que siempre estaría a su lado, que libremente había elegido quedarse para siempre atada a él. Y no. Ahora estaba sola, ahora se había quedado sin corazón. Ahora Marcus creería siempre que no le amaba, que le había mentido. No sabía qué hacer así que se quedó llorando, recogida como un ovillo, en aquella torre. La noche cayó y ella casi ni se percató, hasta que oyó unos pasos por la escalera de metal. Pero no eran los de Marcus, y más le valía dejar de esperar que fuera así, porque estaba segura de que él no querría volver. – ¿Gal? ¿Gal estás aquí? – Reconocía esa voz. Kyla. Sí, normal que hubiera sido ella la que la encontró allí. Levantó la vista, pero no podía contestar. Kyla corrió hacia ella y se agachó enfrente. – ¡Gal! Hemos estado buscándote como locos. Hillary está histérica ¿Qué ha... – Pero Gal se tiró sobre ella y la abrazó con fuerza, llorando sobre su hombro. – Se ha acabado, Kyla. Marcus me odia... – La chica la separó y la miró. – ¿Qué estás diciendo, Gal? ¿Qué ha pasado? Estás helada. – Pero ella solo podía llorar y Kyla, que no era muy buena con las emociones, la rodeó y estrechó. – Pero, Gal... Tranquila... Explícame que ha pasado, tranquila, lo arreglaremos ¿vale? – Pero ella, sin dejar de llorar negó con la cabeza. No, aquello no tenía solución.
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Mar Feb 16, 2021 4:54 pm

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CON Alice EN Torre de Astronomía A LAS 16:00 del 7 de enero de 2002
Se limpió las lágrimas con violencia mientras bajaba las escaleras, lleno de rabia. Tenía dolor, sí, muchísimo, pero ahora lo que primaba era la rabia. - ¡Es por allí! ¡Se oye por allí! - ¡Pero ya se han callado! - Había unas vocecillas infantiles murmurando por allí, y nada más cruzar la esquina a toda velocidad se topó de frente con un grupito de cuatro alumnos de primero que debían haber escuchado sus gritos desde la torre y se estaban dedicando a averiguar qué eran como si aquello fuera un juego de misterios. Se les cambió la cara cuando vieron a Marcus de frente, pero el prefecto ni siquiera les dijo nada. Solo les espantó como si fueran una nube de polvo, pasando por entre ellos y largándose de allí, dejando un espeso silencio detrás.  

Ese encuentro había sido revelador de alguna manera: los murmullos, los cotilleos, la gente buscándole. Preguntas, comentarios, "¿qué te pasa, Marcus?", "¿Dónde estabas?" "¿Dónde está Gal?" "¿Erais vosotros los que gritabais?" "¿Os habéis peleado?" "¿Y qué significa?" "¿Ya no sois amigos?". No, ya no eran amigos. Ya no eran nada. Y no tenía fuerzas, ni ganas, ni humor para responder a un bombardeo de preguntas. Ir a su sala común no era buena idea. Ir al comedor no era buena idea. Irse a su dormitorio no era buena idea. Necesitaba estar solo.

Así que cambió de rumbo y se fue hacia el séptimo piso. Caminaba ofuscado, como un toro enfurecido, de un lado a otro por el lugar por el que sabía que tenía que caminar. Necesito estar solo. Necesito estar solo. Necesito estar solo. Desaparecer. Fundirse con las paredes si hacía falta. Que nadie le hablara. Y sus deseos fueron órdenes. La puerta de la sala de los menesteres se materializó en la pared y Marcus abrió la puerta de golpe, cerrando tras él. Y ahí estaba lo que necesitaba. Porque, realmente, era lo único que había pedido: estar solo, y nada más. Y eso le había ofrecido la sala: soledad. Una sala vacía, pequeña y oscura. Sin nada más que él mismo. Nada más. Una sala para estar solo, claro y conciso. Soledad y nada más.

Y al verse allí, ya no tenía nada más contra lo que arremeter. No tenía una Alice a la que increpar, unos alumnos a los que bramar para que le dejaran tranquilo, unas escaleras que bajar ofuscado o un pasillo que recorrer a pasos violentos. No tenía nada. Solo... Un espacio para llorar. Y eso hizo. Apoyar la espalda contra la pared, derrotado, y dejarse resbalar por ella hasta el suelo entre lágrimas. Allí nadie podría escucharle ni encontrarle. Allí podría deshacerse llorando toda la vida si quería y nadie le encontraría. Apoyó los brazos en sus rodillas flexionadas y enterró la cabeza entre estos, hecho un ovillo sobre sí mismo, deseando que aquel dolor desapareciera, aquellos recuerdos, sus vivencias, todo. Deseando que Alice desapareciera y desaparecer él. Sintiéndose el mayor idiota sobre la tierra. Alice... La persona que más amaba en el mundo, la persona más importante de su vida. Su gran amiga. Ahí había estado el error. Siempre juntos. Siguió llorando desconsolado, y se olvidó de la hora y de nada que no fuera el dolor que sentía. Juntos somos el todo. Ahora ni estaban juntos, ni eran nada. Siempre seremos Marcus y Alice. Siempre debieron ser amigos. Y nada más. Eso es lo que eran, los mejores amigos... Era mejor eso que nada. Justo en lo que habían quedado ahora. En nada.
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