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    Phoenix
    Juno
    Phoenix
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    Dom Nov 13, 2022 8:51 pm
    Recuerdo del primer mensaje :

    Who can presume to know the heart of a dragon?
    INSPIRED
    TV Series
    House of the Dragon
    Cuando la Princesa Rhaenyra puso sobre la mesa una alianza matrimonial entre su hijo mayor, Jacaerys, y la princesa Helaena, lo primero que obtuvo de la Reina Alicent fue una negación rotunda. Pero después de los ruegos del Rey Viserys y, sobre todo, de una larga plática con su padre, Otto Hightower, la Reina Alicent acabó por dar su consentimiento para sorpresa de la Corte y alegría de su esposo.

    Para el joven príncipe Lucerys, la noticia llegó con cierto receloso porque, por más que Helaena aparentara inocencia, no dejaba de ser hija de la mujer que tanto odiaba a su madre. Para Aemond Targaryen la noticia fue la peor de las traiciones, pues fue incapaz de concebir que su amada hermana ahora estuviera prometida a uno de sus enemigos jurados.

    La boda se llevó a cabo en Desembarco del Rey, con el viejo Rey Viserys visiblemente emocionado por lo que parecía el final de un largo conflicto entre su amada hija y su segunda esposa. Helaena se convirtió en esposa de Jacaerys con la promesa de mudarse con él a Rocadragón, junto a su nueva familia. A pesar de las reticencias de Alicent de ver a su hija partir e imaginarla viviendo en las líneas enemigas, Otto Hightower veía en esto una oportunidad para tomar ventaja en un período de paz aparente.

    Varios años han pasado desde aquella boda que removió los cimientos de la resquebrajada familia Targaryen y aunque hasta ahora todas las partes parecían haber limado sus asperezas, la menguada salud del Rey amenazaba con cambiarlo todo para siempre.

    Enviado a Desembarco del Rey como emisario de su madre, la Princesa Heredera, Lucerys llegó a la Fortaleza Roja con esperanzas de tener noticias más concretas sobre la salud de su abuelo, pues todo lo que llegaba a Rocadragón no eran más que rumores y noticias a medias que empiezaban a desesperar a su madre. Lucerys hasta ahora vivió aferrado a la idea de que la Reina y la Mano del Rey jamás intentarían un movimiento hostil ni de alta traición sabiendo que ahora Helaena vivía en Rocadragón. Pero en la Fortaleza Roja todos tenían segundas intenciones y lo único que recibió a cambio fue una negativa a entrevistarse directamente con Rey, quien seguía aquejado de una dolorosa enfermedad.

    Tres días después de la llegada de Lucerys a Desembarco del Rey, el Príncipe Aemond regresó a casa en el lomo de Vhagar después de su última visita a Antigua, por encargo de la Reina. Ninguno de los dos había cruzado palabra desde la boda de sus hermanos, ha pasado el tiempo suficiente para que las viejas rencillas se apaciguaran, al menos para contentar a su familias.

    Pero la sangre del dragón es voluble y siempre danza cuando hay fuego demasiado cerca.

    × × × × × × × × × × × × × × × × × × × × × ×

    « C A P Í T U L O S »

    Lucerys Velaryon
    Príncipe — Jinete de Arrax — Timothée Chalamet — Minerva

    Aemond Targaryen
    Príncipe  — Jinete de Vhagar — Ewan Mitchell — Juno







    Post de rol:




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    Phoenix
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    Mar Abr 02, 2024 1:12 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Aemond
    Aemond se sintió aliviado cuando Lucerys accedió a que cenaran primero. La verdad era que tenía miedo de la conversación que iban a tener después de la cena. Aemond había pasado semanas en que lo único que le importaba era mantener con vida a Lucerys, que esta nueva calma era todavía novedosa, tanto así que temía que se volviera en su contra muy pronto.

    Para su suerte, Lucerys lo distrajo por un instante cuando empezó a hablar de su cabello y de su piel, como si fuera una de las cortesanas de Desembarco del Rey. Aemond no pudo evitar reírse, porque la situación parecía algo hilarante, incluso en el momento tan complicado en que se encontraban los dos. Se inclinó despacio y le quitó un par de mechones de la frente, para poder verlo mejor.

    Con el dedo índice, le acarició la mejilla. Sí era cierto que su piel podría estar más suave al tacto, pero Aemond no se detuvo hasta que Lucerys ladeó el rostro con una sonrisa, inclinándose un poco más hacia la mesa para poder empezar a comer.

    Así que ahora estás interesado en resaltar tu belleza, además de volver loco al cocinero con tus antojos. Lucerys, de haber sabido que era tan complicado complacer todos tus caprichos te habría dejado en la celda más alta de toda la torre —bromeó Aemond, mientras sopesaba sus palabras.

    Sabía que la curandera Myrah era la única compañía que Lucerys tenía cuando él estaba fuera. La mujer, aunque casi siempre se quejaba, le había tomado cariño a Lucerys, Aemond podía darse cuenta fácilmente. Estaba segura de que ella lo cuidaría bien en su ausencia y no dejaría que ninguna sirvienta malintencionada o algún torpe soldado entrada a su habitación.

    Sin embargo, tenía el presentimiento de que Lucerys se lo tomaría a mal. Quizás sí podría conseguirle algún libro, o algo en que pudiera entretenerse, mientras él no estaba. Aegon había sido muy enfático en que lo necesitaba de manera urgente y que si seguía negándose lo tomaría como un gesto de desacato al rey.

    Puedo conseguirte lecturas, pergaminos, si eso deseas. Myrah estará encantada de conseguirte todos tus caprichos para que te mantengas entretenido. Podrías ir con ella a otras partes de la torre, si lo manejamos bien. —Aemond sabía que no era la gran cosa, sobre todo tomando en cuenta que Harrenhal no dejaba de ser un castillo que fue abatido por un dragón y que ya había pasado sus mejores épocas.

    Suspiró, mientras extendía una mano hasta tomar la de Lucerys. Él tampoco quería irse, ni siquiera pensaba en decírselo, porque sabía que Lucerys se quejaría. Aemond ni siquiera sabría cómo consolarlo porque él preferiría quedarse ahí en Harrenhal. Sin embargo, si acudía al llamado de su hermano, tendría algo de control sobre cómo estaba la situación. Eso también, indirectamente, era beneficioso para Lucerys.










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    Lun Abr 08, 2024 3:28 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Lucerys

    Lucerys rió con la respuesta de Aemond, y ladeó ligeramente la cabeza ante el contacto de su dedo sobre su mejilla. Al inicio se sobresaltaba cuando su tío intentaba tocarlo sin previo aviso, pero con el paso de las semanas había terminado por acostumbrarse y disfrutarlo.

    No creí que te quejaras, eres exactamente el único que disfrutaría de mi belleza si la potencio —replicó.

    Tomó la mano de Aemond entre la suya lo escuchó. Le sorprendió escuchar que podía considerar que Myrah lo acompañara a explorar la torre. ¿Realmente estaba dispuesto a darle un poco más de libertad? Quizá eran ciertas sus sospechas de que si seguía le juego a su tío lograría ablandarlo poco a poco, mientras no se pasara de listo.

    Consígueme esas cosas, por favor, o voy a volverme loco aquí arriba —insistió, haciendo un pequeño puchero.

    Aemond no se negaría mientras no fuera un riesgo para que escapara. En el fondo, Lucerys tenía más esperanzas de extraer información de Myrah que de su tío. Sabía la gran capacidad de control que este tenía.

    Estrechó su mano un momento antes de soltarla y regresar a su comida. Tenía que terminar de comer si quería escuchar las noticias de Aemond. Pero se le quitaba el apetito de pensar que probablemente lo que le diría era algo que cambiaría su dinámica hasta ahora.

    Prometo que me portaré bien y no te acosaré con cosas por unos días —añadió con una sonrisa cómplice.

    Ambos sabían perfectamente que le seguiría pidiendo cosas, no le creería si le prometía no pedir nada más. Había muchas cosas que quería, pero casi todas implicaban salir de la torre y sabía que eso estaba fuera de discusión por ahora.






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    Phoenix
    Juno
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    Jue Abr 11, 2024 1:02 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Aemond
    Aemond miró sus manos entrelazadas, Lucerys desprendía una calidez que le erizaba todos los poros de la piel. Con cada roce, Aemond sabía que era un menos en la cuenta regresiva para que esta dinámica se desvaneciera. En cuanto pusiera un pie en Desembarco del Rey, la situación iba a cambiar. Ya se imaginaba la expresión de Lucerys cuando le dijera que tenía que irse. Sabía que, más que echarlo de menos, lo que más le pesaría era la soledad. Myrah era una compañía ocasional, pero no iba a quedarse con él como si fuera una niñera todo el tiempo.

    Te conseguiré cosas, lo prometo. Le pediré a Myrah que me ayude, necesito que te mantengas entretenido o se te empezarán a ocurrir cosas como escalar por las paredes o tratar de bajar por la ventana.

    Aemond a veces bromeaba con las ganas que tenía Lucerys de salir de la torre. Usualmente, como ahora, siempre lo besaba antes de que éste empezara a protestar. Aemond lo besó despacio y luego le acarició con suavidad el cuello.

    Me gusta esa promesa… —dijo en un susurro, mientras acariciaba con cuidado el cabello de Lucerys. Le fascinaba su aspecto en este momento, pues ya no parecía un niño enfermizo que estaba capaz de desfallecer. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? Le parecía que había pasado una eternidad desde ese entonces—. Sobre todo la parte en la que dijiste que no te quejarás más de la cuenta.

    Aemond se terminó lo que tenía en su plato y luego se giró hacia Lucerys, mientras extendía un brazo hasta tomarlo por la cintura. Le apetecía llevárselo a la cama antes de que la lengua de Lucerys fuera más rápido que sus intenciones.

    ¿Ya terminaste? —susurró en el oído de Lucerys, mientras esperaba su respuesta. Estaban tan cerca, que Aemond pudo sentir cómo a Lucerys se le erizaba la piel. Era una experiencia fascinante, era por ello que no quería que se terminara.










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    Dom Abr 21, 2024 2:24 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Lucerys

    Lucerys sonrió dentro de los besos que Aemond le dio, y disfrutó cada una de las caricias. Estos eran los momentos buenos que tenía su vida todavía. Y temía que iban a acabar pronto.

    Gimió cuando Aemond le preguntó si había terminado. Se erizó de solo sentirlo tan cerca, pero también sabía lo que significaba esa pregunta.

    ¿Lo preguntas para compartirme tus noticias? —preguntó con duda.

    Aemond no había parecido muy emocionado por compartir lo que fuera que le iba a decir.

    Se separó de él buscando su mirada, con su expresión llena de aprensión. ¿Qué estaba pasando? ¿Serían malas noticias del interior? ¿De su familia? ¿O algo habría pasado a la familia de Aemond?

    Hizo un puchero mientras cruzaba las manos detrás del cuello de Aemond y se levantaba para sentarse en su regazo.

    Dime, ya acabé de comer —dijo con resignación, seguido de un suspiro.

    Se recostó en su hombro. Tal vez sería más fácil procesar la noticia que fuera si no se estaban viendo.

    Sospechaba que no le iba a gustar lo que iba a oír.

    ¿Te vas a quedar conmigo hoy después de lo que me vas a decir? No me dejes solo después —añadió, pensando que tal vez podía sacar algo bueno de una mala noticia. Al menos para ese día.






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    Phoenix
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    Vie Abr 26, 2024 1:05 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Aemond
    Aemond encontraba bastante irónico que llevaba toda la vida riéndose de Aegon, que era demasiado llorón, inestable, incapaz de tomar sus propias decisiones y siempre doblegándose a la voluntad de otros a su alrededor, cuando ahora era él mismo quien se sentía en esa situación. Llevaba varias noches sin dormir bien, pensando en qué iba a pasar a continuación. Temía que hacer una movida drástica desmoronara esta delicada rutina que ahora tenía con Lucerys.

    No dejó de pensar en eso cuando volvió a besarlo, esta vez con más fuerza, mientras sentía cómo Lucerys cedía y aceptaba sus caricias. Aemond no era más que un estúpido y no iba a tener cara para reclamarle nada más a Aegon en lo que les quedara de vida. Lo cual, dadas las circunstancias, parecía que les quedara muy poco. Los besos de Lucerys, aunque bastante tentadores, no podían borrar la realidad de esa forma.

    Mientras seguía pensando en ello, Aemond tiró de Lucerys, un gesto firme y rápido, para colocarlo encima de su regazo. Lucerys acababa de decirle que había terminado de comer y ya Aemond a estas alturas no tenía apetito. Tomó a Lucerys de ambas mejillas y unió sus miradas.

    Me voy a quedar contigo esta noche —le prometió, pues en eso hablaba muy en serio. Lucerys lo miró con interés, pero Aemond podía imaginarse lo que pensaría luego de que escuchara lo que él diría a continuación—: Pero después tengo que marcharme. Lo haré mañana al despuntar el alba. Aegon me está llamando, me mandó una carta escrita por su puño y letra. No quiero ni imaginarme lo que se habrá quejado por tener que escribir el mensaje él mismo. Llevo días retrasándolo, pero no puedo hacerlo más. Si sospecharan que tengo algo por lo cual quedarme, no sería bueno para ti —en realidad, no sería bueno para los dos, pero Aemond sabía que, incluso si todo esto se descubriera, su madre sería piadosa con él. Aegon quizás haría un berrinche, pero no estaba en posición de acusarlo de traición. Lucerys, sin embargo, no correría con igual suerte.

    Aemond ya no discutía consigo mismo, con lo inevitable, era obvio que lo estaba protegiendo. No deseaba que le sucediera nada Lucerys. No estaba dispuesto a dejarlo ir, por supuesto, quería retenerlo a su lado, pero no permitiría que nadie lo tocara.

    No quisiera tener que irme, pero si lo hago, el estúpido de Aegon puede traer un emisario a Harrenhal y eso es lo último que nos hace falta.










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    Vie Mayo 03, 2024 1:42 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Lucerys

    Tal como había temido, eran malas noticias. Ya el beso de Aemond le había parecido cargado de una intensidad fuera de lo corriente. Se acomodó en su regazo y cuando le explicó que debía marcharse, se abrazó a él y escondió la cara en el hueco de su cuello.

    Debía prepararse para cuando llegara este momento, pero la ilusión de que al fin todo empezaba a marchar bien había sido demasiado seductora. Ahora, Aemond se marcharía y él tenía miedo. Sintió venir las lágrimas a sus ojos y no se molestó en contenerlas.

    ¿Cuándo volverás? —preguntó finalmente.

    Eso era lo más importante. Temía sinceramente que no volviera o se ausentara muchísimo tiempo. ¿Qué sería de él mientras Aemond no estuviera ahí? Se iba a volver loco encerrado en esa torre.

    Tienes que cuidarte demasiado, Aemond. Entiendo que tengas que irte, pero, ¿qué será de mí si no regresas? —preguntó, dejando salir su miedo.

    En otro momento habría temido que Aemond se enojara por escucharlo llorar o preocuparse, pero esta vez realmente le creía que no quería separarse de él pero no tenía opción. Eso no lo hacía más fácil de asimilar.

    Se incorporó para mirar a Aemond a los ojos. Le corrió el cabello detrás de los hombros con suavidad, mientras le sostenía la mirada.

    No puedo perderte, Aemond, eres todo lo que me queda —añadió.

    Era cierto. Si Aemond no regresaba, Lucerys tendría que escapar de allí, pero... ¿cómo volvería a su familia? ¿Cómo escaparía de los verdes?






    Minerva
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    Lun Mayo 06, 2024 1:18 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Aemond
    Lucerys estaba asustado.

    Aemond podía darse cuenta no sólo por sus preguntas, sino también por la expresión desencajada de su rostro. Tenía la sensación de que Lucerys estaba haciendo un esfuerzo por no echarse a llorar desconsolado, mientras que él no sabía qué hacer con esa revelación.

    Lo más frustrante de todo era que él no tenía cómo darles respuestas concretas. Su viaje a Desembarco del Rey podía tomar un par de días o unas cuantas semanas, dependiendo de qué se encontrara. Si Aegon estaba tan furioso con él, tendría que quedarse allí un tiempo considerable. Quizás tuviera noticias más concretas de qué estaban haciendo los ejércitos de Rhaenyra y su abuelo considerara oportuno que él interviniera. Después de todo, Aemond era el único que tenía un dragón que sabía lo que era estar en la guerra, eso tenía que darle una ventaja por sobre los demás.

    Aemond sostuvo el rostro de Lucerys con ambas manos, acariciándole la mejilla con el dedo pulgar. No creía que pudiera poner en palabras lo que estaba sintiendo en este momento. Ni siquiera estaba seguro de que fuera correcto.

    No lo sé —confesó con voz ronca—. No sé realmente cuánto tiempo me tome volver porque no tengo idea de qué situación me espere en Desembarco del Rey. Tampoco puedo mandarte cuervos porque eso levantaría sospechas.

    Aemond también había pensado en qué pasaría si esta fuera la última noche que estuvieran juntos. No podía liberar a Arrax porque eso sería desastroso si llegaban noticias de que el dragón estaba sobrevolando Harrenhal, especialmente si él estaba ya de regreso en la Fortaleza Roja. Y se llevaría a Vhagar, quizás la única que tenía la fuerza suficiente para remover la piedra de la cueva. No sabía si Arrax estaba lo bastante recuperado como para hacer eso.

    Trataré de volver lo antes posible, o de hacerte saber qué está pasando, pero no puedo garantizarte nada. Así que… —Aemond, volvió a unir sus miradas, acariciándole el rostro—. Si algo me pasa, vete de aquí con Myrah. Ella sabrá esconderte para que estés a salvo. Si me sucede algo, no se te ocurra revelar tu identidad, no es seguro para ti.










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    Dom Mayo 12, 2024 12:09 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Lucerys

    Lucerys sintió cómo le temblaba el labio inferior mientras lo escuchaba y se le llenaban los ojos de lágrimas. Le rodeó el cuello con los brazos y escondió la cara en la curva de su cuello.

    Se supone que me digas que no te va a pasar nada —le reprochó, mientras lo abrazaba con más fuerza.

    No lo quería soltar. No quería dejarlo ir a Desembarco del rey aunque bien sabía que no tenía oportunidad.

    Tienes que encontrar la manera de mandarme noticias. Dejas hombres aquí, puedes mandarles instrucciones —le sugirió.

    Iba a ser terrible no tener ni siquiera noticias sobre él en todo ese tiempo. Podía enviarle instrucciones a Myrah, y con ellas noticias para él. En ese momento detestó a Aegon con todo el corazón. Maldito usurpador...

    Aemond estaba del lado de su hermano, no del de su madre, se recordó. Pero era el único que estaba del lado de Lucerys. Eso era lo que no podía olvidar.

    Me vas a extrañar —señaló, porque no usó el tono de pregunta.

    Se acomodó mejor sobre él, abandonándose en su abrazo. Temía lo que pasaría cuando regresara. Qué tanto habrían cambiado las cosas después de un tiempo separados. Qué tanto habrían recobrado la cordura ambos.






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    Sáb Mayo 18, 2024 2:06 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Aemond
    Cuando Lucerys lo abrazó, Aemond cerró los ojos por un instante. Deseaba poder quedarse en esa misma posición para siempre. Le acarició la espalda, mientras lo acomodaba mejor sobre su regazo. No pudo evitar reír con su reproche, porque parecía que Lucerys lo decía totalmente en serio, se le antojó a un comentario infantil, como cuando todavía podían tolerarse mutuamente. Antes de que a Lucerys se le ocurriera dejarlo sin ojo.

    Pensé que apreciarías un poco de honestidad… —dijo con voz ronca, mientras lo tomaba del rostro para unir sus miradas.

    Parecía que la mayor preocupación de Lucerys era no tener noticias suyas. Aemond tenía otras prioridades, temía que su abuelo pudiera descubrirlo y entonces sí que estaría en problemas. Lucerys también, si se daba ese escenario. Confiaba en que podría fiarse de la piedad de su madre, pero Alicent no estaba en una gran posición de poder, así que contar con ella sería casi simbólico.

    Aemond tenía que ser astuto, pero parecía que Lucerys quería que fuera más visceral. Suspiró hondo, mientras volvía a acariciarle el rostro.

    Haré lo posible porque tengas noticias, pero prefiero no prometer mucho. Es posible que interrumpan nuestra correspondencia, tu querido padrastro es muy hábil para esas cosas —Aemond sabía también que Rhaenyra estaría buscando alianzas en el Norte, no podía dar un paso en falso. Las fuerzas de Cregan Stark superaban con creces varios ejércitos que les juraron fidelidad—. Piensa que si son malas noticias, lo sabrás muy pronto. Hablo en serio al decir que si algo me pasa, no esperen a que venga nadie a reclamar Harrenhal. Se lo diré a Myrah.

    Lucerys volvió a mirarlo con expresión desolada y, ahora sí, Aemond lo besó con todas las fuerzas que todavía le quedaban. No quería irse, por supuesto, quería aferrarse a este sitio de la misma manera en que sus manos se aferraban a la espalda de Lucerys. Si su madre lo viera ahora, diría que estaba embrujado.

    Lo peor de todo, era que llevaba parte de razón.

    Por supuesto que voy a extrañarte. No dejaré de pensar en ti ni un instante —dijo con voz rota, sin importar dar un paso en falso y decir semejante confesión.










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    Ayer a las 1:47 am
    IX. Verdades a Medias
    Harrenhal
    Noche
    Lucerys

    Honestidad.

    Que apreciaría un poco de honestidad.

    Claro. Habría otros momentos y otras cosas en las que querría honestidad. Pero en el fondo, aunque esta verdad no le gustara... no era mala idea saber a qué atenerse.

    Sin embargo, prefiería la honestidad que sentía en el beso de Aemond que en sus palabras. Incluso antes de que dijera nada sobre que lo iba a extrañar, ya Lucerys lo sabía. Era verdad que no quería dejarlo.

    Lucerys le sonrió cuando dijo que estaría pensando en él. Dejó en el olvido los restos de la cena que quedaban sobre la mesa y se acomodó sobre el regazo de Aemond, aprisionándolo entre sus piernas.

    Si te vas hasta mañana quiere decir que nos queda esta noche —señaló.

    Le acomodó el cabello detrás de los hombros con movimientos lentos, calculados, sin apartar la mirada de él. Aemond tenía un solo ojo, pero la intensidad en este era increíblemente fuerte. Lucerys tenía la sensación de que quería grabarlo en su memoria. Quizá él también temía que al regresar las cosas ya no serían las mismas.

    Así que puedo asegurarme de dejarte cosas que valga la pena recordar cuando pienses en mí —añadió tras un momento, dedicándole una sonrisa traviesa.

    Aunque la verdad, Lucerys estaba temblando solo de la idea de que se iban a separar a largo plazo y que no sabría si iban a tener esto de nuevo. No paraba de pensar que Aemond era todo lo que le quedaba, pero eso no significaba que no fuera a perderlo también.

    Si algo le pasaba y debía escapar de ahí, no sabría qué hacer. Si regresaba con su familia, cómo se tomarían saber dónde estuvo todo ese tiempo. Qué le harían a Aemond.

    Aemond le había salvado la vida. Si lo hubiera dejado en el palacio, los Hightower habrían terminado con él. Tal vez podría convencer con eso a su madre... pero no a Daemon.






    Minerva
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