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Sáb Ago 27, 2022 9:24 pm por Rising Sun
Hasta el Fin del Mundo
Siempre!
Rumores de Guerra se escuchaban en la Tierra Media debido al retorno de Sauron, el anillo único y la marejada de orcos que aterrorizaba a todo mundo. Cosas malas habían comenzado amenazar la tranquilidad de las tierras de Rohan. Las malas lenguas decían que habían visto orcos atacando las zonas más alejadas de la ciudadela. Quemando y destruyendo aldeas. El rey Theoden por su parte, parecía muy decaído, como si miles de años le cayeran sobre él. No estaba siendo cuerdo, apenas se podía mover de su trono. Oh, pero sí parecía seguir al pie de la letra lo que le decía su fiel serpiente Lengua de Serpiente. Tanto así que sin darse cuenta había enviado a una batalla a su único hijo y heredero, como si no le importara perder a su sucesor. Ignoraba completamente las sugerencias de su sobrino, e ignoraba a sus sobrinas. Cosa que era completamente increíble, ya que esas niñas solían ser la luz de sus ojos. Ni siquiera se daba cuenta de que su sirviente acosaba a la mayor de ellas.

El destino de la princesa más joven y de un elfo que nunca conoció a los suyos, se cruzaron de una forma inesperada. Por un lado, teníamos a la princesa más joven de Rohan Aldara, una chica que amaba el combate igual que su hermana, pero que por evidentes razones debían de entrenar a escondidas porque eso no lo hacían las damas. Cosa que consideraban absurda, pues otras razas poseían guerras incluso más letales que los mismos hombres.

Por otro lado, estaba Calandil un joven elfo que desconocía de sus orígenes. Solo que lo habían encontrado abandonado en un bosque cuando era solo un bebé envuelto en una manta que muchos solían decirle que podía ser la clave para descifrar de donde provenía. El problema es que la verdad él no tenía idea de donde sus padres adoptivos la habían puesto. Lo peor del caso es que ya era muy tarde para preguntarles... 500 años tarde... Obviamente, al ser mortales solo llegaron acompañarlo un corto periodo de su vida. Después de ello el chico vio pasar generaciones frente a sus ojos, sintiendo que cada vez se quedaba más y más solo. Con excepción de un nieto de su hermano adoptivo... bueno un tatara... ya había perdido la cuenta de cuantas generaciones habían pasado. Él pudo presenciar como la gran ciudadela de Rohan comenzaba poco a poco a perder su brillo, su encanto.

La vida de Aldara y Calandil se cruzan cuando la princesa descubre a un grupo de campesinos mofándose del chico, no lo aceptaban por ser diferente. Señalaban sus orejas, sus años... que no encajaba en este lugar. Desde ese momento ambos comenzaron una amistad, aun cuando él no era muy de hacer amigos pues ya se había cansado de perder gente. Por eso a veces prefería que no lo aceptaran y no sufrir mas perdidas. Sin embargo poco a poco esa conexión se fue agrandando. Ellos se volvieron los mejores amigos, sin embargo el muchacho comenzaba albergar sentimientos hacia la princesa que no debía y que no se atrevía a decir en voz alta. Seria correspondido?
Aldara de Rohan
Eleonor Tomilson — 22 años — Shooting Star
Calandil
Douglas Boot— 600 años — Ring Sun
ONE ON ONE  — Inspire —LOTRS—Libros


Spoiler:


Última edición por Rising Sun el Dom Sep 11, 2022 2:27 pm, editado 2 veces


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Sáb Ago 27, 2022 9:33 pm por Rising Sun
1. Encuentro con
el Destino
El día estaba despejado, más aun así el sol parecía brillar sin mucha fuerza. Una enorme obscuridad parecía que se avecinaba, pero por lo visto nunca llegaba. Era raro, los días cada vez se hacían más cortos y las noches más largas. Algo malo se avecinaba y eso Calandil lo podía sentir. Muchos decían que era por ese sentido peculiar de los elfos de ver más allá de lo que tiene de frente. Sin embargo, no tenía que ir tan lejos. Con el solo hecho de escuchar lo que ocurrían en las aldeas en la falda de las montañas de Rohan sabía que las cosas no estaban bien. Orcos, y bandidos atacando a los aldeanos, quemando sus hogares, cosechas. El rey parecía imitado por lo que pasaba. ¿Acaso no le preocupaba?

Calandil prefirió mejor ni meterse en las habladurías de la gente y siguió su camino llevando consigo los sacos de granos que debía de entregar en el castillo. Solo tenía una cosa que hacer, dejarlos allí y regresar. No tenía porque cuestionar nada, solo ir y venir como si fuera una sombra. Total, no tenía amigos hacía muchos años que había desistido de tenerlos. No querían seguir perdiendo gente. Además con el pasar de los años los aldeanos comenzaban a perderle los modales y el respeto por el prójimo. Pues solían tratarlo como si fuera una escoria. Ni a un orco lo trataban así. Porque claro, saben que les rebanarían el pescuezo si lo hacen.

El chico llevaba los sacos de granos en una montaña que le bloqueaba la visibilidad. Para él no era problema cargar tanto peso, su condición le facilitaba cargar grandes pesos. Pero, obviamente no podía ver atrevés de los sacos que le cubrían incluso la cara. ¿La razón para hacer una tontería cómo está? Sencillo, dar un solo viaje y así no tener que toparse con gente. Daba igual si lo trataban bien o mal, le costaba entablar una conversación por mucho rato de todos modos.

Al entrar al almacén tropezó con unos barriles, había logrado hacer equilibrio y no dejar caer los sacos, aunque sí se había dado un buen golpe con el barril en la rodilla. Pero ese no fue el problema. El problema fue uno de los guardias que no dudo en soltar sus comentarios. - Más te vale que no pierdas esos granos, basura de orejas puntiagudas. ¿Porque no te dejas crecer el cabello como todos los de tu especie y las tapas? - oh, claro, no se atrevería decir algo así frente laguna corte de Rivedell o Mirckwood. Pero Calandil era un pobre huérfano do nadie para él, así que era diferente. - No sé cayó nada. - protesto el muchacho.
Calandil — Almacenes del Palacio — Rohan




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Lun Ago 29, 2022 1:22 am por Shooting Star
1. Encuentro con
el Destino
Aldara estaba muy preocupada por su padre. Ya no era él y no entendía porque su cambio de comportamiento tan repentino, ignorando incluso las palabras de su hermano y hermana mayor que siempre fueron sus favoritos. De todos modos, al ser la más joven, tenía todo su cariño hacía ella y no, solo a ese asqueroso consejero le hacia caso, no sabía como pero lo manipulaba de una forma despiadada como si el mismo fuera el rey, sin duda alguna, Rohan se estaba cayendo a pedazos, la misma gente alegaba de como no enunciaba nada y solo quería ir a la guerra.

Se escuchaban mucho de los orcos que eran manipulados por nada menos que Sauron, la edad media estaba corriendo un gran peligro y había que proteger a Rohan de una forma más poderosa, con buenas alianzas y lo único que hizo su padre fue enviar a la guerra a su único heredero al trono sabiendo que no habría muchas esperanzas.

Por ello, había decidido entrenar con su hermana, y aunque lo hacían a escondidas al menos lograron saber como usar la espada y no temer si en caso tenían que llegar ir a la guerra, siempre iban a poder negociar con algún soldado para esconderse detrás de su armadura y solo luchar. Estaba tan preocupada, que era el único momento que se sentía libre, solo que en algunas ocasiones, su hermana estaba ocupada por lo cual se aburría bastante en el castillo, solo contemplando a su padre en silencio o conversando con algún caballero, no podía negarse que la pelirroja era mucho más coqueta de lo que su padre deseara, aún así no creía fervientemente en el amor, porque en cualquier momento iba a ser atada a un matrimonio y la verdad si es que alcanzaba, dado que con todo lo que acontecía habían pocas esperanzas para sobrevivir. La gente estaba asustada y ella también.

Solo que aquel día, decidió solo pasear con su doncella por el palacio y estaban caminando cuando vieron que un chico rubio entró al palacio con pasos torpes y era tan hermoso que sonrió tiernamente, eran amigos desde hace tiempo y tendía a protegerlo— ¿Verdad qué es tierno? No ha cambiado nada..— Comenta más hacia ella misma la princesa, aunque el susurro también era hacia su doncella que la acompañaba—¿Galadriel? Sí, y no deja de ser un torpe, princesa. Sin duda, no aporta demasiado..—Respondió la doncella que también se había quedado pasmada con su belleza, opinaba completamente diferente a ella, coincidiendo en aquello, porque ambas observaron su atractivo a lo lejos en silencio, hasta que el pobre tropezó casualmente y uno de los guardias comenzó a insultarlo como si fuera una basura tan solo por el hecho de ser diferente. ¿Qué se creía? Era un simple guardia y no se tenía que dar tanta autoridad, mucho menos tratar así a alguien que pertenecía aquí por un tiempo, no sabía mucho de los elfos pero todo el mundo sabía que existían por todas esas historias que se contaban del pasado. Sin duda, había que formar una gran alianza para poder derrotar a uno de sus mayores enemigos.

Como la pelirroja tenía mucha valentía y coraje en su corazón, ni siquiera podía presenciar una causa injusta y menos de alguien que trataba así a una persona que sinceramente lo único malo que había hecho es que tropezara con un barril, era ilógico, no merecía ese trato y ella no se podía quedar así. Era su amigo, su mejor amigo del reino aún cuando ella era humana y él un elfo, ni siquiera su padre se interpuso en esa amistad solo que no sabía que podría suceder ahora, de todos modos, se acerca a ellos, fulminando con la mirada al guardia—¿Qué sucede aquí? —Señala Aldara con un tono autoritario sabiendo que tenía mucho más poder que él. — Es tan solo que esta basura de orejas puntiagudas es tan torpe que todos los días comete una falta, princesa. —Murmuró el guardia con algo de susto en su mirada.— He visto todo y me gustaría saber la versión de él, si no es molestia— Enuncia la princesa que sabía perfectamente su nombre solo que por el momento preferían que su amistad fuera secreta por todo lo que acontecía, estaba consciente que ese canalla iba a decirle a Gríma.— Pueden retirarse, y esa no es forma para tratar a un invitado que hace tiempo vive aquí y de alguna forma esta sirviendo al reino, usted no tiene la suficiente autoridad para reclamar con brusquedad y superioridad.—  Dejo que se fueran, para luego desviar la mirada hacia los ojos azules del elfo, alza la ceja.  El rubio estaba enterado que no le gustaba para nada que tuviera un carácter tan dócil, ya lo había pasado mal. ¿Por qué dejaba que siguieran con lo mismo? Viendo que se habían marchado, se permitió ayudarlo con un saco esperando que enunciara algunas palabras.

Aldara de Rohan— Almacenes del Palacio — Rohan




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Lun Ago 29, 2022 12:39 pm por Rising Sun
1. Encuentro con
el Destino
La amistad con la princesa Aldara era un secreto. Al menos un secreto para la inmensa mayoría de los habitantes de Rohan, incluyendo a los guardias. No hubiera sido bien visto y de seguro le estaría trayendo aún más líos porque lo tildarían de aprovechado. Claro, si tan solo se hubiera criado con los suyos y no como un campesino torpe la perspectiva fuera otra. Así era la doble moral de muchos.

Había que recordar que Calandil había insistido por el mismo en aislarse. Sentía que era mejor siendo solitario porque así no dolían tanto las burlas, pues eran de gente que no le importaban, ni tampoco dolía el separarse de la gente que amaba cuando llegaba el momento de la muerte.  Esa era la parte más dolorosa de todas. Tener que ver como la vida se les esfumaba frente a sus ojos. Sin embargo, Aldara había logrado ser tan convincente, y lo había tratado tan bien, como pocos lo habían hecho, que sin darse cuenta le abrió esa puerta y la dejo entrar en su vida. Era más importante para él de lo que el elfo mismo podría imaginar y tal vez por ello era que tenían esa conexión tan especial. Calandil la cuidaba y protegía tal y como ella hacía con él. Solo que eran más las veces en las que terminaba siendo la princesa quien velará por él. Sin embargo, aunque no se lo hubiera dicho con palabras, el elfo estaba dispuesto a dar la vida por ella.

Para el chico ganarse la vida aquí no había sido fácil. Hubo un tiempo en el que todo era próspero. Los cultivos se daban de manera abundante. Tenían trabajadores por doquier. Más de un siglo para haca las cosas comenzaron a cambiar. Las tierras perdían su fertilidad, la gente temía en irse a trabajar a las fincas más alejadas de la ciudadela por temor a los orcos. Además, habían comenzado a exportar productos de Isingard. Cosa que Calandil nunca entendió, porque el gasto que incurrían en buscar los productos desde tan lejos, podían dárselos a los granjeros de su propia tierra. No pasaba, y sin duda Grima Lengua de Serpiente estaba en vuelto en todo esto. Estaba más a cargo de los negocios del reino que el propio rey. Thoeden se había vuelto una simple marioneta manejada al antojo de quien se suponía era su subordinado.  ¿Dónde quedó aquel majestuoso rey que luchaba por los derechos de su pueblo? En el olvido, sin duda alguna.

Al menos Calandil había logrado mantener ese acuerdo de comerciar con el palacio. Es que de todos los campesinos el muchacho tenía cierta afinidad con la tierra que por más descuidada o maltratada que estuviera lograba sacar sus frutos y de muy buena calidad. Y claro, como era la comida que se daba en el palacio, no se daban el lujo de darles cualquier cosa. Por eso aún mantenía ese contrato. Aun cuando lo consideraban muy torpe para el resto de las cosas. Aunque conociendo lo ambicioso que era la mano derecha del rey, temía que a la más mínima queja lo dejará sin nada. No podía darse ese lujo porque luego ni él ni su sobrino tendrían que comer. Su sobrino insistía en meterse a la guardia, pero dudaba que con lo poco responsable que era lo lograra y si un encontronazo como este pasaba adiós también a las aspiraciones del otro chico. Por eso Adara a veces lo regañaba por pasivo. Pues estaba intentando meterse en el lío a toda costa. El elfo era muy tranquilo, aunque en el fondo si le llegaban a enfadar se iban a arrepentir de hacerlo hecho, pues era mucho más fuerte que la mayoría de ellos aun cuando no se viera tan fornido. Todo era por su raza.

Escucho como Aldara se le acercaba, porque realmente no podía ver por los sacos. Ya imaginaba que le diría algo. Aunque agradecía que le quitara aquel guardia de encima. Ya lo tenía en el fastidio, y aunque decía no le importaba lo que la gente pensara de él en el fondo a estas alturas después de servir tanto a este reino, le dolía que lo tratarán con tanto rechazo. Soltó un suspiro cuando la princesa le quito aquel saco y al fin pudo verla. - Sé que vas a decir. ¿Por qué no le dije nada más contundente? - le aseguro mientras al fin pudo moverse y dejar aquellos sacos en su lugar, tomando ahora el de la princesa en sus manos antes de que alguien la fuera a ver con cargándolo.  - Ayer tuve ya un lío con Adreanel, descubrió lo que es la bebida y se puso hasta las orejas, intento liarse a la mujer de un guardia... - con eso le quería decir que no quería más líos, sabía que si él también se ponía a discutir con los guardias no terminaría bien. 


- Sé que no está bien que me deje, solo no quería más líos. Pero... tienes razón. Esto tiene que parar. - aseguró.  - Antes de que me regañes. ¿Cómo estás? No parece haber muy buen ambiente aquí adentro. - pregunto mientras dejaba en su sitio el saco que faltaba y tenía el atrevimiento de sentarse sobre uno de los barriles aprovechando que estaban solos, al fin dibujando una sonrisa en su rostro. A veces ni el mismo se daba cuenta de que cuando la pelirroja observaba hacia otro punto que no fuera él, se le quedaba contemplándola.


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Lun Ago 29, 2022 3:55 pm por Shooting Star
1. Encuentro con
el Destino
La princesa conocía al elfo desde que era una niña y siempre había llamado su atención que se mantuviera eternamente joven, solo que ella era muy distinta porque era humana e iba creciendo y ahora ya tenía 22 años. Nunca pudo tolerar del todo bien que se dejara pasar a llevar, y no hiciera nada al respecto. Era una situación horrible porque ya llevaba mucho tiempo en Rohan y seguía siendo del mismo modo. ¡No podía ser posible!

Muchos se daban con el atrevimiento de molestarlo porque nunca se defendía, así fue que con el tiempo se convirtió en su guardiana y claro, ella no olvidaba como solía protegerla cuando era más niño y algunos tendían a molestarla, decidiendo ser fuerte y seguir el ejemplo de sus hermanos.  No todos eran iguales, por algo seguía el ejemplo de Théodred y Éowyn.

Tenía un aprecio especial hacia el joven y atractivo elfo. Sabía que era imposible amarlo, porque ella con el tiempo se iba a volver más vieja y un amor así no llevaba a nada, pero una amistad era mucho más tolerante. Así que sin dudarlo e incluso con el apoyo de su antes amoroso padre pudieron conservar esa amistad, solo que ahora todo había cambiado ¿Sería magia oscura? El problema es que nada podían hacer necesitaban la ayuda de un mago poderoso y habían escuchado de Gandalf, el problema, es que el mago siempre estaba muy ocupado y seguramente con la guerra mucho más. Estaban perdidos.

Solo recién cuando aquel guardia y su doncella se marcharon cada uno a su lugar, espero las palabras del rubio que mantenía el cabello corto y no largo como solían ser los elfos, según su padre, nunca los había visto más que a Calandil, lo ayudo con el saco que tapaba su vista, ella le devolvió una mirada ofendida y se mantuvo tranquila cuando empieza a escucharlo con atención. — Eres lo suficientemente fuerte para impedírselo, además que debería tenerte respeto, eres mayor que él. — Decía por el altercado que había tenido con su tataranieto que más bien lucía como su primo con edades parecidas. Sí que era bastante alocado y ahora que descubría la bebida iba a ser mucho peor.

Suelta un suspiro, porque había omitido lo que dictó sobre su carácter. —Es que tiene que terminar ya, lo has soportado demasiado tiempo y sin duda, no voy a estar aquí para siempre ayudarte, tienes que forjar tu carácter. — Murmura, mientras deslizaba su mano por el cabello tan rubio como los rayos de sol que solían alumbrar mucho más en el verano.

Ya era tarde a sus dichos porque Aldara era mucho más chispeante y guerrera, y el mismo sabía ese secreto que se fugaba con su hermana a entrenar, le devolvió una nueva mirada y bufa. —Siempre dices lo mismo. — Suelta un suspiro, la verdad es que no lo estaba pasando nada bien. — Hablemos de aquello en unos minutos porque siento que las murallas de aquí tienen oídos. — Haciendo un gesto, hizo que se levantara para ir en busca de los otros sacos y cuando terminaron y dejaron todo en orden en los almacenes, fue que tomó su brazo y lo llevo a los terrenos y en su lugar favorito para hablar en paz. — Es aquí donde me siento con más calma, podría estar toda una tarde,  Calandil — Apoya su cabeza en el hombro del muchacho cuando se sentaron en el césped, y acaricia su mano. Era extremadamente de piel con él, además que le producía paz, se relajaba cuando estaba con su mejor amigo. —No puedo decir que todo ha mejorado en el castillo, mi padre solo sigue las ordenes de aquel sinvergüenza, el otro día estuvo molestando a mi hermana, menos mal que estaba ahí para alejarla. —Comentaba la pelirroja, sintiendo que era con él único con quién se podía desahogar y contar todo lo que le acontecía.— Y ah, me juntare con Aeduuard esta noche. ¿Y tú? ¿Tienes algún plan?— Cuestiona la princesa, mientras que su mirada azulada iba hacia a la ajena con suavidad.

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Mar Ago 30, 2022 12:33 pm por Rising Sun
1. Encuentro con
el Destino
Calandil recordaba ver como la princesa crecía poco a poco hasta convertirse en aquella hermosa mujer guerrera que muchos intentaban enjaular al igual que su hermana. Reprimiéndolas de esa pasión que tenían de luchar por su pueblo. Por otro lado, tal parecía que por él los años no pasaban. Seguía teniendo el mismo rostro de jovencito que tenía desde esa primera vez que se vieron. Y es que los elfos solían ser inmortales y, por tanto, podían pasar miles de años y prácticamente no se les notaba. Aunque en el caso de él, aún con 600 años en las costillas, se consideraría aún un muchacho para las comunidades elficas. Para ellos seguía siendo un joven y tenía la madurez de uno.

Era por ello que aún con la diferencia de edad podían sentirse tan conectados entre ellos. Además de que había sido imposible negarse a ella cuando había sido tan buena y protectora con él. Le había tomado un inmenso cariño que a veces le asustaba un poco al recordar las diferencias que había entre ambos. Solo que prefería ya no pensar en eso.

Cuanto le repugnaba las actitudes de Gríma.  Era un tipo repulsivo, manipulador y arrogante. Por lo que el chico sabiendo que tenía esos ojos de serpientes muy afilados, también entonces lo solía tener muy a la vista porque le daba miedo que hiciera alguna estupidez en contra de alguna de las princesas. Porque si bien era evidente que la que le gustaba acosar era a Éowyn, no le sorprendería que lo hiciera también con Adara.

Noto la cara de la pelirroja cuando le quito el saco. - Sé que puedes con él, pero sabes que no te deben ver con él. - le aclaro. Agradecía su ayuda, sabía que era fuerte y no una frágil doncella. Pero mejor era evitarle que se metiera en problemas por si causa.

- Sí, ya sé y había estado tranquilo... hasta hace poco. Pero ya está grande, no pudo controlar si se me escapa en medio de la noche irse con sus amigos. - a veces le daban ganas de simplemente amarrarlo de la pata de la cama. - Te lo juro, ganas de amarrarlo de la pata de la cama, no me faltan. - no era fácil controlar siempre los impulsos adolescentes de su sobrino.

No era mal chico, irresponsable, sí, pero no malo. Pero las malas juntas no lo llevarían a nada bueno y Calandil iba a tener que tomar medidas más extremas si volvía hacer una escenita de esas. No era justo tener que lidiar con esto. No era su padre. ¿Pero qué más podía hacer? De la familia solo se tenían ellos dos. Ni siquiera se había puesto a pensar que de seguro tendría más familia en alguna otra parte de la Tierra Media. Pues debía de seguro tener una familia de sangre. Pero lo abandonaron y por eso le creaba la duda entre sí saber o no de ellos.

Cuando menciono eso de que no iba a estar ahí para siempre sintió una ligera punzada al corazón. - No... no me recuerdes eso... por favor. - y no se refería a lo del carácter. Si no a lo de que no la tendría por siempre a su lado. Sentía como las suaves manos de la princesa se deslizaban por sus cabellos dibujando una suave sonrisa en sí rostro. - Lo voy a hacer. Ya no es puro aguaje. De verdad quiero hacerlo. Lo prometo. Realmente lo necesito. - añadió soltando un suspiro porque sabía que no iba a ser fácil. Pero ya estaba bueno de abusos, él no se merecía todo ese maltrato. No había hecho nada para ganárselo.

Miro para todos lados. - Sí, es mejor. - cuando al fin terminaron de acomodar salieron de aquel almacén para llegar aquel calmado lugar. El contraste era evidente. La naturaleza, las flores y la brisa, a pesar del cielo oscurecido, hacía que todo se sintiera más a gusto. Le gustaba la cercanía que solían tener, por alguna razón la confianza entre ambos era tanta que no temían al contacto físico. Solo que no podían confiarse de hacerlo en cualquier lugar o se prestaría para malos entendidos y problemas. - A veces siento que al rey lo tienen bajo algún hechizo. Theoden no era así. Pero ya sabes que nadie me creería. Y con ese tipo al mando siento que ni siquiera a ti. - dijo frustrado por no poder ayudar a solucionar el asunto.

Sentía las caricias en su mano y podía oler el aroma de aquel cabello rojizo que haba quedado tan cerca de él mientras la chica se recostaba en su hombro. - Ese tipo es un asco.  Te lo prometo, de todo lo más que me preocupa es que esté cerca de ustedes. - le dijo jugando con la mano de Adara. No quería ser prejuicioso como solían ser con él, pero lo veía como un acosador y eso le erizaba la piel. Tenía sus motivos para pensarlo.

- Oh... yo no sé.  Probablemente, solo descanse un poco y luego me siente frente a la puerta con el hacha en la mano para que Adreanel no salga.  - dijo diciendo esto último en broma. - Es broma, aunque no es mala idea. - comento soltando una suave risa. - No, en realidad iba a jugar un rato con los niños de la aldea y luego si a descansar. - aseguró recostando su cabeza en la de ella.


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Sáb Sep 10, 2022 1:36 pm por Shooting Star
1. Encuentro con
el Destino
Su querido amigo era el mejor de todos. Desde que era una niña que lo conocía y siempre se había sentido protegida por el elfo y fue cuando fue creciendo que ese instinto protector también recayó en ella.  Era adorable y que tanto molestaban los demás solo por ser diferente. Lo peor de todo, es que su temía que ahora iba a decir su padre, aquel sinvergüenza podría hablar mal de él y era al único que escuchaba, sentía miedo por él y ahí sí la princesa iba a explotar. De todos modos, ella siempre lo trataría como un igual y por ello, sentía la confianza de estar junto a Calandil.

Se veía muy agobiado por el tema de su sobrino que ya estaba empezando a tomarse más libertades y solo causaba disgustos a su amigo. Solo que no lo podía culpar, era joven y aunque tendría que comportarse en el reino también tenía esos derechos para la diversión sobre todo en tiempos tan oscuros. — Está pasando solo una etapa y ya en los próximos años lograra madurar. Hasta yo misma desearía esa libertad, solo debes comentarle que tenga cuidado con ese tipo de comportamientos que puede llegar a oídos del rey. — Ella mantendría sus labios sellados porque era algo muy confidencial y privado, pero sin duda, prefería prevenir y decir algo ante de las actitudes que podría tomar su padre.

De hecho, en ese momento no quería hablar allí porque estaban muy cerca de los territorios del castillo así que fue mejor cuando llegaron a ese lugar, su lugar, para comenzar la charla. Fue ahí que la pelirroja comienza hablar y soltar tanto lo que la agobiaba, en realidad, era siempre la temática con la que empezaban a charlar pues todos habían notado el cambio y la amargura de del Rey de Rohan que hasta se atrevió a mandar su hijo heredero al trono a esas batallas y temía mucho también por él. — Imagino que entiendes de aquello mucho que yo, Calandil. También lo pienso, mi padre era un hombre muy bondadoso que estaba muy preocupado y quería mantener la paz del pueblo y ahora… solo se deja dominar con él. ¿Qué sabes de la magia? ¿Crees que vuelva a ser el mismo? — Deseaba que muy pronto se aparecía Gandalf el gris y se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo, él lo descubriría y si estaba bajo un hechizo que lo hiciera desaparecer. Deseaba que su padre estuviera bien. —Yo sí te creo. — Murmura depositando una suave caricia en su piel mientras levantaba la mirada para que se diera cuenta una vez más que siempre confiaría en él.

Descuida, como sea nos sabemos defender. Además que están nuestros primos que siempre están muy atentos. — Se sentía afortunada y muy agradecida de sus primos que se encontraban alerta ante aquel que podía decir cualquier barbaridad y su padre solo se reiría y seguiría en ese estado. Ya no quería verlo así.

Aldara le dedicó una sonrisa encantadora y una mirada que representaba demasiada ternura. Es que era adorable y encantador, se imaginó al elfo jugando con los niños y después yéndose a casa, seguía siendo inocente y por ello también algunos se iban contra él, lo subestimaban. — Eres demasiado encantador, encuentro muy dulces tus planes. — Declara, cerrando los ojos donde aún seguía acariciando sus manos. —¿Siguen con el mismo juego? — Cuestiona la pelirroja solo para proseguir con la charla. No le placía volver al castillo y cada vez que estaba con el rubio se sentía relajada. Era su calma.


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Sáb Sep 17, 2022 5:22 pm por Rising Sun
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1. Encuentro con
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A veces a Calandil le sorprendía como la princesa, siendo aun tan joven podía ser alguien que le diera buenos consejos. Encontraba la palabra justa para ayudarle aclararse y sobre todo a tener paciencia con el chiquillo que tenía bajo su cuidado. Cosa que igual no era fácil. Tenía mucha razón, era una etapa. Solo que esperaba que centrara rápido y no le diera con ser tan cabeza dura todo el tiempo. Necesitaba aprender a ser responsable de sus propias acciones. - Tienes razón, es una etapa. Es solo que a veces es un poco cabeza hueca. - dijo soltando un suspiro. - Sabe que no debe, pero se deja influenciar fácil. Espero que aprenda eso rápido. - mientras tanto, el elfo rogaba que no se fuera a meter en más líos. Porque para variar era él quien luego tenía que sacarlo de ellos.

Por más confianza que ellos se tuvieran era mejor dejar todo eso para cuando estuvieran solos. La chica ya no era una niña, era una mujer hecha y derecha. Una hermosa princesa que fácilmente podían malinterpretar la cercanía de ambos y por supuesto él sería quien se llevaría la peor parte si llegaba a oídos de Grima. Hablando del mismo, definitivamente no le gustaba para nada como llevaba al reino a la ruina. Como hacía parecer al Rey Theoden un incompetente y descuidado. Algo no estaba bien con el monarca. Lo podría sentir. - No la conozco del todo, nunca he ido muy lejos de Rohan como para conocer a más... como yo. Pero si recuerdo las visitas de Gandalf, y estoy seguro de que él también lo describiría como embrujado. Solo hay que ver en el estado en que está. Ninguna enfermedad lo pondría así. Pareciera tener cientos de años sobre él, no es el hombre vigoroso y bondadoso que solía ser. Esto está mal. Muy mal. - aseguro. Luego soltó una risa al darse cuenta de lo que había dicho. Él, hablando de tener cientos de años. - Tú me entendiste. ¿Verdad? - aclaro.

Sonrió al escuchar que ella si le creía su teoría. - Eres de las pocas que le importa lo que digo. - comento. - Todo en su mayoría suele tener una solución. No veo porque no sea el caso. El detalle está en dar con la fuente del mal que lo gobierna. Si tan solo superamos como llego a ese estado, pudiéramos dar con una solución. - aseguro el muchacho. ¿Dónde estaba el mago cuando lo necesitaba?

- Lo sé, y te sabes defender mejor que muchos de los tipos que hay por ahí... - le admitió mientras seguía jugando con su mano, soltó un suspiro. - Igual siempre trata de estar muy alerta. Gente como esa le gusta actuar a traición. - Calandil sabía lo capaz que era la pelirroja de defenderse, y como su familia igual velaban unos por otros. En quien nunca confió fue en Legua de Serpiente, ese Grima siempre le dio una malísima espina desde la primera vez que lo vio.

El elfo le confesó sus planes para la tarde. Es que podría tener 600 años y su alma aún era la de un adolescente entrando a la adultez. No es que fuera del todo un inocente de la vida llevaba pisando la Tierra Media demasiado tiempo comparado con su amiga humana. Pero eso no le quitaba esa alma juvenil y tierna en ciertos aspectos. - No les podía decir nunca que no. Los niños, los niños no te juzgan por ser diferente. Sí, hacen muchas preguntas, pero por la pura curiosidad. Y cuando te juzgan... es porque realmente hiciste algo para merecerlo. Son muy puros e inocentes como para hacerlo con maldad. - le comentaba, era por eso que se sentía alegre cuando estaba con ellos y claro, también cuando pasaba tiempo a solas con Aldara y no tenía que apegarse a todo el protocolo.

- ¡Sí! Yo no me aburro del mismo. El juego de la gallinita ciega que quiere atrapar a sus pollitos. Es tan divertido escucharlos, correr y sorprenderse cuando los agarro aún con los ojos vendados. - le decía recordando los viejos tiempos cuando la propia pelirroja jugaba con ellos. - Un día deberías escaparte a jugar con ellos. Sabes que igual te adoran y no te delataran. Claro, no hoy sé que tienes planes. Pero algún día de estos. - aseguro el rubio peinando un poco con los dedos los cabellos de la princesa. Extrañaba poder pasar más tiempo con ella, y solo esperaba que Aeduuard no estuviera jugando con ella. Pero era su vida, así que no juzgaba nada de lo que hacía.

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Mar Sep 20, 2022 12:49 am por Shooting Star
1. Encuentro con
el Destino
La pelirroja le devolvió la sonrisa y acarició tiernamente su mano.— Ya encontraremos a esos rufianes responsables que hacen que tenga una mala actitud. — Le prometió. Quizás ella podría convencerlos que se calmaran porque ante todo como estaba su padre una equivocación podría ser su final por culpa de ese bastardo que en su opinión debía ser exiliado del reino, era un traicionero y lo estaba controlando, ni idea como porque no era un mago como lo era Gandalf el Gris que tanto había escuchado cuando niña.

No dejaría ser cariñosa con su amigo porque sabía que la respetaba, además que la causaba una sensación distinta de paz y tranquilidad. Sentía confianza y no le importaba estar ahí abrazada a él porque este era su lugar lejos de las miradas, ante cualquier problema no dudaría en echarse la culpa, no iba a permitir que le cayeran cargas porque la razón que fueran así con el uno y el otro era porque su amistad era sólida desde niños. Grima no iba a poder hacer nada al respecto, su padre sabía en el fondo que su relación era así desde que era una bebé, Calandil no dejaría ser especial para ella. Nunca.

Lo escucha con atención y suelta suspiros. Realmente lamentaba el estado de padre y tal como decía no era una enfermedad ni nada, pero tenía razón había perdido su vigor, energía, su gran bondad, ya no solía ser el rey y padre que era. Tenía tanta rabia y angustia que de verdad quería irse contra ese maldito que tanto mal le había causado; un traidor. — Tengo tanto miedo que todo se ponga peor, Calandil. Que todo salga mal con mi hermano que esta en el campo de batalla, él no sabe luchar como nosotras...— El elfo sabía su secreto y los conocía a todos, era digno de confianza. — Es el heredero y mi padre.. aún no puedo creer que haya caído en ese embrujo me pregunto todos los días en que momento sucedió...— Exclamaba angustiada soltando uno que otro suspiro.  Era conversación de todos los días que solían frecuentarse y aún no podía sacarse esa angustia de su pecho.— Sí, te entendí y lamento tanto que no pueda tener humor en estos momentos...me encanta que luzcas así de joven y guapo con tanta edad encima. — Le dedicó de igual manera una sonrisa.

Es...que necesitamos a Gandalf. Hasta el momento queda informarle a alguien que este de camino... ni idea donde vive... ¿Sabes más al respecto? — Es que ella era capaz de salir del reino para buscarlo pero ahí se entrometería su hermana y primos, preferían ser ellos, ella era demasiado joven y era peligroso, quería hacer algo. No se podía quedar así.

Asintió a sus palabras. Encontraba las palabras exactas para hacerla sentir mejor. Estaba demasiado agradecida con él y por ella se habría quedado ahí con el joven elfo para siempre para sonreír así como lo hacía, es que en el castillo toda la historia era muy distinta, la entristecía y su mal humor iba en aumento. Quería golpearlo.

Dejaron el tema hasta allí porque había sido más que suficiente. Encontraba demasiado tierno que Calandil siguiera jugando con los niños, solo era cosa de mirar como sus ojitos se iluminaban cuando lo veían.  Una risa escapa de su garganta y le da un toque en su frente al acomodarse para así mirarlo desde esa posición. — Sigo pensando que eres todo un encanto. Eres humilde, bondadoso y siempre voy a defenderte, ya lo hiciste conmigo y ahora es mi turno. — Sin poder evitarlo, se acercó para depositar un suave beso en su mejilla y disfrutar de aquel sonrojo porque no dejaba de ser un hombre tímido, a diferencia de los hombres tan varoniles que ella solía frecuentar como Aeduuard que la estaría esperando esa tarde- noche. Ya habían quedado y se verían lejos de ahí. Quería confiar aún con los rumores que llegaban a sus oídos. — Lo prometo, tal vez pueda mañana por la tarde. — Exclamó contenta, mientras le ofrecía una mano pues ya era tiempo de volver, él tenía que seguir con sus labores y ella con estar en el castillo, claramente  ese traidor estaba pendiente de todos ellos, incluso damas y caballeros así que también tenía que cuidarse. Por ahora, solo por ahora era lo mejor que podía hacer.


Aldara de Rohan— Lejos del Palacio— Rohan




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Dom Sep 25, 2022 6:33 pm por Rising Sun
1. Encuentro con
el Destino

Algo iba a tener que hacer con su sobrino. Parecía ser todo un caso perdido. Pero Cal estaba seguro de que no era un mal muchacho. Solo estaba siendo mal influenciado. El elfo podía notar cuando alguien lo hacía realmente por maldad, aquel chico solo era un adolescente rebelde. Eso era todo. - Gracias, porque de verdad tiene la posibilidad de tener un futuro como guardia y no quisiera que lo eche a perder. - Pues tampoco era bueno con la tierra, por tanto, no le iba a ir tan bien como a Calandil cultivando. Es más, muchos creían que la única razón por la que el elfo lograba sacar a flote sus cultivos era por la magia elfica que corría por sus venas. Pues ya hoy en día la mayoría de las tierras de Rohan se habían vuelto infértiles por culpa de la presencia de los orcos que todo lo contaminaban.

A Cal le gustaba poder estar así de cercano con Adara. Ella además posiblemente de los pequeños niños con los que jugaba. Era la única que le daba muestras de cariño. Igual sabía que si por alguna razón y mala suerte llegaba a oídos de Grima le iría muy mal. Pues no importaba que fueran amigos, estaba muy mal visto. En especial por ella ser princesa. De seguro le costaría mínimo una estadía en el calabozo y una ronda de tortura. Pues ya Theoden no estaba en sus cabales como para evitarlo, si estuviera en su sano juicio sabría que el muchacho siempre había tratado a la chica con cariño y respeto. Pero nada de eso iba a hacer que cambiará si forma de ser con ella.

- Te entiendo, es aterrador ver como la gente que amas se va consumiendo y son víctimas de las malas decisiones. Peor aún, cuando esas decisiones terminan por arrastrar también a otros. - Le aseguro mientras tomaba sus manos. Era lamentable lo ocurrido, el rey nunca debió de darle calidad a ese hombre en su castillo. Pero se vistió como cordero cuando en realidad era un lobo. - Algo se ha de hacer. Debe de tener u a forma de deshacerlo. - insistía. No se quedaría de brazos cruzados, buscaría como encontrar al mago. Aunque su experiencia de vida le decía que Gandalf el Gris llegaba siempre justo en el momento indicado. Cuando todo parecía perdido y se desmoronaba.

Dibujo una sonrisa en el rostro. - Tranquila, no es que tenga tanto humor como quisiera. Pero aunque sea una sonrisa, te logre sacar. - dijo tomando su mentón para apreciarla mejor. - Y muy bonita que es. -añadió. - Pero oye, técnicamente... si vamos a las etapas de vida de un elfo... tampoco estamos tan alejados en edad. Técnicamente, para ellos, si es que viviera con ellos y supiera quienes son mi verdadera familia, sería aún solo un muchacho. - le comento con algo de humor. - Igual, gracias, no sabía que me encontrabas guapo. ¿No se te hacen raras las orejas? - le pregunto algo ruborizarse. Es que era por lo que más criticas recibía de los humanos. Ah, pero como iban luego de lambones, si por alguna extraña razón llegaba aparecer alguna comitiva elfica. Cosa que hacían cientos de años que no pasaba.

- Veré si consigo noticias de él. Pero dicen que Gandalf no es de aquí, ni de allá. Que siempre llega en el momento justo y necesario. Aunque aquí le llaman tormenta de cuervos porque según ellos siempre es portador de malas noticias. Ya imaginas de quién salió el nombre, lo que me hace sospechar aún más que el mago es el único que puede ayudar al rey. Aquí la única mala noticia para Rohan fue su nombramiento. - comentó el granjero indignado.

Lo que si había hecho que se pusiera más rojo había sido aquel beso en la mejilla.  - Sabes que igual, siempre te voy a cuidar aunque ya no seas una niña y sepas defenderte bien. - Le aseguro. Aunque ahora parecía que era ella quien más tenía que velar por él. Solo que Calandil era capaz de muchas más cosas de las que el mismo no tenía idea. Era mucho más fuerte y valiente de lo que cualquiera pudiera pensar. - Oh, sí, por favor. Se pondrán muy felices. - aseguro con una sonrisa. Acepto su mano y en un dos por tres ya estaban de pie camino cada uno a su respectivo destino. Calandil debía de seguir con sus tareas. Aún le quedaban cosas por llevar al almacén. Pero tan pronto terminará iba a ir con los niños. - Sé que no tengo ni que decírtelo. Pero cuídate cuando salgas. - Le aseguro antes de tomar su mano y dejar un beso en ella antes de llegar a las cercanías del castillo.
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Sáb Oct 01, 2022 1:27 am por Shooting Star
1. Encuentro con
el Destino


La princesa mantuvo silencio y asintió a lo que decía. El Reino siempre necesitaría buenos guardias y el muchacho tenía talento para serlo así que no podía desperdiciarlo por su mal comportamiento. Adara escuchaba todo con atención al respecto de Gandalf el Gris y por los años que tenía Cal era porque tenía más conocimiento al respecto por lo tanto sólo le quedaba confiar en él, enviando alguna carta y que fuera ayudado por los viajeros que se arriesgaban en encontrarse con guerras. Esperaba que en algún momento se apareciera pues temía que el mago estaba más concentrado en evitar que aquel llamado Sauron causara más catástrofes en el mundo de esos años.

Acariciaba sus manos solamente, ya no sentía ganas de hablar y solo lo hizo cuando lo elogió que era guapo. Es que lo era, le habían contado que los elfos pecaban por su belleza y Caladiel no se quedaba atrás. Sonrió con encanto y se atrevió a tocar sus orejas. — A mí me parecen muy bonitas y ya lo he dicho muchísimas veces. — Le dio un toque en su nariz, porque aunque no fuera correcto la pelirroja era muy de piel con él y cariñosa sobre todo cuando estaban a solas y sinceramente el carácter tierno del elfo hacía que fuera así y también ahora que podía pudiera defenderlo. Lo malo es que sí tenía que tener cuidado ahora ya que su relación de amistad podría ser perjudicada y no deseaba enfurecerse para enfrentar a su padre porque Cal sería el límite de su paciencia si todo salía mal lo podían desterrar y si eso sucedía era capaz hasta de seguirlo. No podía dejarlo solo.

—Muchas gracias, Cal. Eres el mejor amigo de todos y haré lo posible para estar contigo en las buenas y malas. ¿De acuerdo? —Toda aquella conversación había servido, se sentía más relajada y hasta prometió que iría a la siguiente tarde a jugar con los niños para así acompañarlo en aquellos juegos infantiles de los niños.

—Tranquilo, sé cuidarme y descuida todo estará bien. — Prometió sabiendo que no era del todo cierto y  sintiendo el rubor de sus mejillas cuando él depositó un beso en su mano, pero luego solo terminó por sonreír nuevamente con ternura al despedirse.

Cada uno fue por su lado y tuvo que calmar cuando su doncella le reclamó que la habían estado buscando. Ahí estuvo un tiempo en el castillo sobre todo en la hora de la cena mientras intentaba no mirar aquel imbécil devorando todo como si se tratara del rey y ahí su padre con aire apagado sin tomar en cuenta nada. Prefería no decir nada e intercambiar de vez en cuando algunas miradas con sus primos y hermana nada más.

Cuando cayó la tarde, la pelirroja esperó que todos estuvieran distraídos para fugarse de ahí, tapándose con una capa para ir al granero donde solía frecuentarse bastante con Aeduuard. Sabía que no duraría mucho pero sí se sentía atraída por lo tanto jamás se negaba cuando el guardia tenía tiempo. Aunque seguía siendo los territorios del reino era un lugar alejado que tuvo que descansar cuando llegó. No obstante, cuando apenas se acercó escuchó ruidos y ahí estaba Aeduuard con otra mujer, probablemente del pueblo, besándose apasionadamente

¿Cómo era posible? Sintió como su corazón se quebraba a pedazos sabiendo que quizás era lo mejor que pudo pasar. Con pasos silenciosos se dio media vuelta y se fue de allí. No quería que la viera, por su parte, la princesa consideraba que todo ya había acabado.

Pero en vez de volver al castillo cuando ya oscurecía y muchos se iban a dormir y otros salían a los bares, la princesa en vez de volver al castillo fue hasta la casa de Calandiel. Se había resistido en llorar y apenas lo vio en el umbral de la puerta se lanzó a sus brazos donde estas fluyeron en aquel abrazo. Ni le importaba sí estaba su sobrino, solo lloró y lloró.


Aldara de Rohan— Casa de Cal— Rohan




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1. Encuentro con
el Destino

- Muchos las criticas aquí... aunque quizás solo quisieran tener también unas. - sonrió sintiendo unas ligeras cosquillas en la nariz al sentir el contacto de la mano de la pelirroja. Con Adara podía sonreír tranquilo, sentirse confiado. No podía describirlo, sentía que podía ser él, ser igual que ese chiquillo que aún vivía con sus padres que no dudaban ni por un segundo en demostrarle su amor. Tal vez no eran los biológicos, pero habían sido los mejores padres que hubiera podido tener. A veces intentaba ignorar la vocecita en su cabeza que le decía que en algún momento a ella también la iba a perder. Que el tiempo haría de las suyas y volvería a quedarse solo en este mundo.

El elfo que en realidad no era un elfo puro, lo cual desconocía como desconocía todo lo relacionado con su origen. Al no serlo tenía la oportunidad de en algún momento decidir optar por tener una vida de mortal si encontraba un fuerte y valioso motivo para hacerlo. Algún día lo descubriría. Mientras tanto, prefería no pensar en el futuro y aprovechar el presente.

- Siempre estaré ahí. -
era una declaración que en cierto modo dolía, pues él sabía que así sería, pero, aunque ambos quisieran no sería igual a la inversa. Al menos eso era lo que la vida les había enseñado. Pero no mataría tan bonito momento. - Lo sé, solo es precaución. - le comento cuando menciono que sabía cuidarse, él mejor que nadie sabía eso, aunque él restó del pueblo, no lo supiera. La chica podía ser letal con una espada. Pero había tanto impertinente a esas horas en las calles de Rohan, y también estaba Grima rondada por el palacio. Lo decía más bien por ese último. - Pero sí, sé que estarás bien. - Le decía sonriendo antes de dejar aquel beso en su mano y volver a sus labores.

Había sido una tarde a la que muchos pudieran catalogar como agotadora. Había trabajado la tierra temprano, luego hecho los encargos del almacén del palacio. Apenas había tenido ese corto rato de escapada con Adara. Luego volvió nuevamente a sus labores en palacio para terminar por irse a jugar con los niños. Sin embargo, para el muchacho esto era nada, no se agotaba tan fácil. Pero si se había acomodado en un sillón a descansar por decirlo de algún modo. Aunque más bien descansaba su mente por no perder su paciencia con Adreanel que no se había aparecido en todo el día. Con él se fastidiaba, por qué un sería muy difícil escabullirse de vuelta en la casa sin que el elfo lo notara.

Salió un momento a tomar algo de aire y a ver las estrellas. Sin embargo, su mirada se desvió por completo al escuchar los pasos apresurados de la pelirroja que se lanzaba sin importar nada en sus brazos y comenzaba a llorar.  El rostro de Cal era de evidente preocupación. No le importo en ese instante si alguien pasaba y los veía. Solo la abrazaba fuertemente mientras acariciaba su cabello.

Su cara de preocupado paso a una de molesto al recordar de donde debía venir la princesa. - Aeduuard... - mascullo molesto. Era evidente que algo le había hecho o no estaría así. - ¿Qué te hizo? - pregunto intentando de levantar su rostro al agarrando su mentó para que lo viera a los ojos. Aunque su rostro se veía calmado, su voz se notaba molesta, quería salir a romperle la cara, aunque no fuera algo muy de elfos. ¿Pero que más daba? Él no se crio tampoco como uno. Pero no, mejor era evitarle más malos ratos a la chica. - Ven conmigo, no es bueno estar aquí afuera. - le pidió mientras la tomaba del brazo y la llevaba dentro de la casa llevándola hasta uno de los muebles para que se sentara mientras él se recostaba del borde de una pequeña mesa de madera que había junto a la sala que les servía de mesa de comedor. Vertiendo de paso un poco de agua en un vaso de barro que tenía sobre la mesa y pasándoselo a la princesa. - Por favor, cuéntame. ¿Qué te paso? - le dijo ahora acomodándose nuevamente junto a ella por si prefería recostarse a simplemente llorar.
Calandil — Almacenes del Palacio — Rohan




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