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Mar Jun 08, 2021 1:29 am

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CON Marcus EN Sala omún A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Se había obligado a estudiar porque no servía de nada seguir dándole vueltas a la cabeza, así que se había puesto con Alquimia, que por lo menos le gustaba. Era sábado, y Sean y Hillary habían desaparecido nada sospechosamente dirección Hogsmeade, lo cual aportaba calma a su estudio. Todos sus amigos estaban preocupados por ella desde la llegada de las cartas, y ni hablar quería de Marcus. Su novio era el mejor, quién lo dudaba, pero es que había recuperado el modo “alegrar a Alice como propósito de vida”, y ahora no era como cuando lo de su madre, ahora le daba pena tirar sus esfuerzos por la borda, así que intentaba seguirle el rollo, pero le costaba. Afortunadamente, el premio era un Marcus entregado a ella, y eso siempre era maravilloso.

No obstante, su cabeza era un zumbido de abejas constante, de abejas llamadas “William” “Van Der Luyden” y “problemas”, y la única manera de acallarlas era poniéndose a estudiar. Lo bueno de los sábados es que todo el mundo estaba en Hogsmeade o haciendo algo, así que ella se bajó muy cómoda, sin intención ninguna de moverse de la sala común, a tumbarse en su sofá, con sus libros de Alquimia. Esperaba además que así, su querido novio se convenciera de que era una buena idea no hacer nada, no anhelar planes, simplemente, sentarse y estudiar juntos su asignatura favorita. Un plan si fisuras o eso quería ella pensar.

El caso es que, al rato, se dio cuenta de que estaba bastante desconcentrada. Necesitaba una tarea mecánica y repetitiva para focalizar fuerzas físicas en ella mientras leía, así que cogió una lima de uñas y se puso a arreglárselas, tumbada de lado, mientras dejaba el libro en el sofá. Ah sí, ya había encontrado el método.

Sin embargo, y para no variar cuando se hacía un plan, al poco de estar realmente concentrada, notó como alguien larguirucho y delgado se dejaba caer entre el respaldo del sofá y ella. Realmente, le había sentido venir desde atrás, porque conocía sus pasos, porque anhelaba oírlos cuando no estaba con él, porque significaba que venían a buscarla, pero le gustaba hacerse la interesante, y quizá, si la veía muy concentrada, no propondría ningún otro plan. Ladeó una sonrisa y acurrucó su cuerpo contra él, sin levantar la vista ni dejar de repasarse las uñas. — ¿Qué dicen las normas sobre tumbarse con su novia en el sofá, a vista de todos, en plena mañana de febrero, prefecto O’Donnell? — Preguntó con tonillo sugerente y una inevitable sonrisa que se hacía más y más grande solo de tenerle a su lado y sentir su olor. — En verdad estamos medio solos, está todo el mundo por ahí. Solo quedan los niños de primero y segundo, y van a salir a jugar a ver quién adivina más plantas en dos horas. En buena hora me inventé ese juego y sus complejas normas de puntuación en primero. Ese será mi legado, si Mustang lo sigue transmitiendo. – Dijo con una risa. Se giró y dejó un beso en sus labios. – Buenos días, por cierto.

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Mar Jun 08, 2021 12:29 pm

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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Las mil millones de explicaciones que le llevaban pidiendo toda la vida y él esquivando como hechizos en un duelo se habían visto considerablemente reducidas en los últimos tiempos. Y no, no era por haber empezado a salir con Alice, porque su amigo era incansable. Más bien era porque Sean y Hillary parecían haber asumido por fin que tenían algo, algo no definido, pero algo al fin y al cabo, y ya directamente se escapaban sin decirle nada a nadie. Vaya...

Igualmente a él le venía bien. Tenía el plan diseñado en su cabeza desde hacía varios días, solo que se había ahorrado decírselo a Alice porque ya la conocía lo suficiente como para leerle las caras, y le iba a poner cara de "me da pena decirte que no pero no me apetece nada". No le apetecía porque no sabía lo que tenía preparado, si no, le apetecería. Pero igualmente, la situación fuera seguía siendo la que era, no habían recibido ninguna noticia más desde la carta de William, salvo una de Arnold en la que decía que todo iba bien y no tenían de qué preocuparse. Claro, qué iba a decir. Marcus ni siquiera sabía hasta donde conocía su padre, pues su abuelo no lo especificaba en la carta que le envió. Sí había una cosa que especificaba: que de William se encargaban los adultos, y que ellos debían disfrutar de su noviazgo porque desde el castillo no podían hacer nada, que ya se verían en Pascua y que hiciera feliz a Alice. Y Marcus era muy bueno cumpliendo órdenes.

Del desayuno se fue directamente a dar vueltas por el castillo y a supervisar la salida de estudiantes a Hogsmeade mientras su novia se volvía a la sala común con intención de no ir. Muy bien, no iba a decir nada por el momento, simplemente "ahora voy", pero lo tenía todo pensado. Una vez se aseguró de que todo estaba más o menos bajo control y que la gran mayoría de alumnos que iban a ir a Hogsmeade abandonaban el castillo, subió a su sala común. Allí estaba Alice, en su sofá habitual, con el libro a un lado y limándose las uñas. Al parecer la táctica de "voy a estudiar para dejar de pensar" no había funcionado, y eso solo podía significar que los pensamientos de su cabeza estaban gritándole demasiado. Había que ponerle solución a eso, y él tenía un buen remedio.

La sala común estaba prácticamente vacía y él muy seguro de su plan, así que se acercó al sofá con una sonrisa y, viendo que Alice estaba haciendo la de estar tan ocupada y concentrada que no le había visto, se dejó caer directamente en el sofá donde difícilmente podía ser ignorado. – Perdón, no era mi intención interrumpir tu concentración. - Bromeó con una sonrisita, acurrucándose en el sofá. Su novia no tardó en girarse hacia él, y a su pregunta cogió aire teatralmente mientras se hacía el pensativo, mirando con una mueca hacia arriba. – Dicen que el amor todo lo puede. - Y él era de los que veía a alguien hacer lo que él estaba haciendo y le decía algo así como "adoptad una pose más respetuosa que estáis en una zona común", más habiendo alumnos de primero y segundo por allí, como era el caso. Pero no solo se le daba bien cumplir normas, también se le daba muy bien llevarse la argumentación a su terreno.

Rio a lo del juego. – Es un buen legado. Yo espero que me recuerden diciendo "deshonra sobre vuestra casa" o algo así cuando me vaya y se les pase por la cabeza hacer lo que no deben. - Respondió a su beso y dijo. – Buenos días. - Volvió a respirar hondo profundamente, con un suspiro. – Merlín sabe lo que me voy a arrepentir de declinar eso que parece ser una oferta a quedarnos solos en nuestro sofá favorito. - Comentó, incorporándose ligeramente para sacar algo de su bolsillo. – Pero igualmente hoy tenía planeado un día exclusivo para Marcus y Alice. - Se detuvo en el buscar y la miró de reojo con una sonrisilla traviesa, diciendo. – Sorpresa. - Casi con tono de disculpa. Sacó el pergamino de su bolsillo y se lo tendió a la chica. – Lee esto, a ver si te suena. -Se recolocó en el sofá y la miró con una sonrisita y cara de niño bueno. – Y ahora dime que no te parece el mejor plan del mundo. - Se acercó a ella y le susurró, sin perder la mueca pilla del rostro. – Sobre todo para una primera cita. Porque los dos sabemos que aquello era una cita, por mucho que dijéramos que no. - Vamos que si lo era, como que se había pasado todo el verano planificándola. No no, pero esto es normal entre amigos. Parecía que estaba escuchando hablar en su cabeza al Marcus de aquella época. Anda que menudo idiota. – He pensado que podríamos emularla antes de irnos, por los viejos tiempos, y ya a todas luces reconociendo que es una cita de verdad... Y te recuerdo que teníamos una promesa pendiente para séptimo. - Se palmeó el bolsillo con mirada interesante y dijo. – Lo tengo todo pensado, princesa. -
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Mar Jun 08, 2021 2:48 pm

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CON Marcus EN Sala omún A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Cuando Marcus se ponía en modo mimoso y cariñoso, y le encontraba la vuelta a las normas para poder tener razón, Gal simplemente podía rendirse a él, porque aún se pellizcaba todos los días a ver si no era un sueño poder estar así con él. — Tú tienes permiso para romperme la concentración siempre que quieras. — Dijo con una sonrisa. — Habría que preguntar a la jefa sobre las implicaciones del amor en la sala común. — Comentó con una risa. Puso la lima en el punto en el que estaba leyendo y cerró el libro, dejándolo en el suelo, porque sabía que ya, pasara lo que pasase, no iba a leer más. Se tumbó sobre su espalda, quedándose así más pegada a su novio, arropada con él, y riéndose cuando dijo lo de su legado. — Oh, sí. Ya lo estoy viendo, cuando Colin vaya diciendo "deshonra sobre la casa, como decía el excelso prefecto O'Donnell, amigo y mentor". — Porque sí, todos sabían que Colin iba a heredar el puesto de Marcus, aunque este último se estuviera haciendo el duro y como si se lo estuviera pensando. Y el pobre Colin sudando tinta mientras tanto.

Cuando dijo lo de la oferta, ella se pegó un poco más y alargó el brazo por encima de los dos para acariciar su costado. — Pues entonces quizás deberías replanteártela... — Dijo melosa. Puso cara de niña buena, abriendo mucho los ojos mientras le miraba. — Es muy buena oferta. — Pero nada, en sus mejores sueños iba Marcus a renunciar a un plan que tuviera ya trazado. Y tendría que haber deducido que lo tenía, solo por la animosidad y disposición con la que había llegado. Aunque eso de exclusivo de Marcus y Alice sonaba bien. — Solo por eso, estoy dispuesta a escuchar tu contraoferta. Aunque te advierto que estoy muy chof, lo que quiero es acurrucarme contigo aquí... — Se pegó un poco más a él, abrazándole y hundiendo la cabeza entre su cuello y su hombro. — Que me des mimitos... — Levantó la cara y buscó sus labios. — Besitos. — Dijo antes de darle uno. Pero, obviamente, su novio estaba en otro plan, así que simplemente cogió el pergamino que le daba. Le costó reconocerlo unos segundos, peo estaba bastante claro lo que era. Recordaba cuando ir a Hogsmeade era una aventura que haba que planear dos meses antes con hoja de ruta. — Pues claro que me suena. — Contestó enternecida. Sonrió y negó con la cabeza. — Hay que ver la de vueltas que le hemos dado a las cosas... — Habían vuelto muchas veces a Hogsmeade a lo largo de los años, pero aquella había sido especial en tantos sentidos... Ah, aquel maldito novio detallista suyo, que de todo la tenía que acabar convenciendo, para que luego se quejara de a lo que ella le arrastraba.

Rio y le miró negando. — Sí que era una cita, pero creo que ninguno de los dos tenía muy claro cómo eran las citas, qué era el amor, y por qué queríamos estar solos, tocándonos con cualquier excusa... — Dijo buscando rozar su mano con los dedos. Y entonces dijo la promesa y alzó una ceja. — Lo recuerdo, sí, pensé que lo haríamos a final de curso... — Ladeó una sonrisilla. — Pero no me imaginaba que tuvieras el libro aquí. Mira que acabamos sobándolo en tercero, pero después de eso lo hacía guardado en tu casa cual tesoro. — Y las cartas estaban dentro, pero claramente ese plan no se le había ocurrido esa mañana desayunando, así que contaría con aquella circunstancia. Suspiró sin quitar la sonrisa tonta cuando la llamó princesa y le dijo que lo tenía todo pensado. Se podría quejar, pero realmente no había nada más que quisiera escuchar. Aun así, hizo como hacía todas las mañanas cuando se levantaba y remoloneó un poquito, pegándose aún más a su novio como un koala y aprovechando para aspirar su aroma y sentir sus calor. Como si la comodidad la hubiera convocado, sintió a la Condesa trepar al sofá y meterse en el reducido espacio entre Marcus y ella, con esa habilidad que tenía que hacerse líquida y caber por cualquier sitio, mientras les miraba a ambos con una mirada que venía a decir "estoy en mi sofá y sois mi mantas, ¿algún problema?". Gal suspiró y se levantó. — Vale, mensaje captado, voy a vestirme. ¿Crees que seguirá entrándome el jersey que llevaba aquel día? — Se miró de a sí misma y se acordó del momento crisis que había tenido el verano de aquel mismo año, cuando no tenía ropa que le entrara de pecho. — No, creo que no, pero buscaré algo que se le parezca y bajo. — Y eso hizo, aunque realmente el jersey era azul y la chaqueta de cuero, pero no iba tan desencaminada. Lo que se hizo fue dos trenzas, para emular las coletas y porque sabía que a Marcus le gustan. Bajó de vuelta y dio una vuelta sobre sí misma. — ¿Suficientemente apropiada para nuestra primera-no-primera cita?
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Mar Jun 08, 2021 8:28 pm

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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Mejor que no le preguntaran a la jefa, que ya se sabía la respuesta. La misma que daría él, básicamente. Pero lo dicho, Marcus era único llevándose los argumentos a su terreno, así que se puso muy bien puesto y contestó. – El amor es bien recibido siempre, sobre todo un amor verdadero como el nuestro. Son las conductas inapropiadas las que es mejor no ir haciendo por las zonas comunes, por respeto. - Miró a la chica con una sonrisa tierna y ojos convincentes y añadió. – Y que un prefecto enamorado como yo se tumbe cariñosamente junto a su novia mientras esta estudia en la sala común para proponerle una cita en Hogsmeade, no solo no va contra las normas, sino que es precioso lo mires por donde lo mires. Estamos dando ejemplo a las generaciones venideras. - Y dicho eso, dejó un besito cariñoso en el hombro de la chica y se volvió a retrepar en el sofá.

Rio a lo de Colin, pero en seguida alzó un índice. – Eh, pues muy bien me parecería. Yo hablo con mucho orgullo de mis predecesores, tanto de Ravenclaw como de otras casas, que aún recuerdo al Prefecto Jacobs de Slytherin. Pero sobre todo de Howard Graves, que por algo fue mi mentor. - Más bien lo perseguía por los pasillos, como hacía Colin con él. Pero el chico siempre era agradable y le dio muy buenos consejos, justo lo que él trataba de hacer con Colin. Al cual, dicho sea de paso, llevaba teniéndole tras sus huellas cuatro cursos, él solo tuvo la oportunidad de perseguir a Graves dos años. La caricia y el comentario le hicieron arquear una ceja, sin perder la sonrisilla. – Lo es... Pero no es incompatible con la mía. - Sí, lo de quedarse remoloneando en el sofá ahora que estaban casi solos era muy tentador. Pero Marcus tenía un plan definido, y sabía que su novia estaba muy apegada al sofá esos días dándole vueltas a la cabeza. No iba a consentir que eso pasara también el sábado. – Solo podemos... Posponerlo un poquito, y esta noche nos venimos aquí... - Se agarró a su cintura y rozó su nariz en el cuello de ella. – Nos acurrucamos... Te doy mimitos... Besitos... - Alzó el cuello y la miró con ojos de niño ilusionado. – Y comentamos lo bien que nos lo hemos pasado hoy en Hogsmeade. - Y amplió una sonrisa muy cómica. Que no, que no se bajaba de su burro.

Se acurrucó junto a ella de nuevo, escuchándola, sin dejar de sonreír y mirando de soslayo como acariciaba su mano. – Era enteramente una cita. - Reconoció, riendo justo después y sintiéndose muy tonto con carácter retroactivo. – Por favor, si fuimos casi todo el camino de la mano... Poco nos dijeron los pelmas de nuestros amigos. - La miró con adoración y susurró. – Pero uno de los mejores días que he pasado contigo. Lo volvería a repetir mil veces... Pero, por lo pronto, me conformo con repetirlo hoy. - Insistió, guiñándole un ojo. Se iba a llevar a Alice a Hogsmeade como que se llamaba Marcus O'Donnell. Con respecto a la promesa, se encogió de hombros. – Bueno, dijimos en séptimo, pero no especificamos cuando. Ya estamos a mitad de curso y... Me apetece. Tengo ganas de ver lo que la Alice de trece años pensaba de mí. - Comentó risueño. Rio a lo del libro y asintió. – Y guardado cual tesoro estaba, creo que tú misma lo comprobaste el año pasado cuando te colaste inmisericordemente en mi cuarto. - Dijo, dándole con el índice en la nariz un par de veces. Pero qué morro tenía cuando quería, como que no había sido idea de él para robarse unos minutos a solas... – Me lo traje en Navidad. Quería tenerlo aquí para cuando me encartara darle uso... Y me ha encartado ahora, así que hice bien. - En el fondo llevaba desde Navidad barruntando que, si todo salía bien entre ellos, tendría una cita romántica con Alice en la que leerían las cartas... A saber si no llevaba con esa idea desde que la escribió. Ya no sabía ni lo que pensar de su yo de trece años.

Igualmente tampoco perdían nada por darse unos mimitos en el sofá. Pero justo cuando más a gusto estaban, algo se coló entre ellos. – Vaya, tenemos visita. - La Condesa haciendo honor a su nombre y haciendo a los humanos apartarse a su paso. Lo bueno fue que pareció ser el pistoletazo de salida que Alice necesitaba para levantarse. El comentario le hizo abrir mucho los ojos con ilusión, aunque solo le duró un par de segundos. No, obviamente no le iba a entrar, pero hubiera estado genial. – Tú estás guapa siempre, pero prometo sorprenderme cuando bajes. - Bromeó, guiñándole un ojo y viéndola desaparecer. Se sentó en el sofá y miró circunstancialmente a la gata, que estaba tumbada boca arriba, comodísima ella. – No eres mala compinche... En tu línea, pero me ha venido bien. - Ni le miró. Lo dicho, una condesa en esencia.

Había dicho de broma lo de sorprenderse, pero al final sí que se había sorprendido de verdad. Fue verla y, después de abrir los ojos y sonreír, se llevó una mano teatralmente al pecho, como quien recibe un flechazo, y se dejó caer derretido en el sofá. – Sorprendidísimo. - Confirmó, y justo después se levantó de un salto y se puso junto a ella, apoyando sus manos en su cintura. – Más que apropiada. Estás preciosa. - Le dio un beso en los labios y, al separarse, miró pensativo hacia arriba con una mueca graciosa. – Primera-no-primera cita... Hmm... Interesante concepto. ¿Cuántas citas crees que hemos tenido en todos estos años mientras nos hacíamos los dignos? - Rio y agarró su mano, encaminándose hacia las afueras de la sala común. – Aunque esta sí que va a ser nuestra primera cita oficial como pareja fuera del castillo. Tú sabes que a mí me gusta oficializarlo todo. Por eso es el día ideal para leer las cartas. - Con el dedo índice, señaló la mano libre de la chica y dijo. – Por favor, ¿puede la señorita hacer los honores de decirme cuál es la primera parada del recorrido? -
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Mar Jun 08, 2021 10:10 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Sonrió un poco sonrojada, porque nunca se acostumbraría a que Marcus le echara piropos, le alegraba demasiado. — Eso espero, porque cierto prefecto me ha dicho que cuando volvamos vamos a darnos mimitos en el sofá, que está permitido si las persona se quieren mucho... Y quiero estar preciosa para ello. — Dijo con tono fingido de niña buena, acercándose a Marcus para que la besara. No iba a negar que era un esfuerzo salir, pero a Gal se la ganaba con sorpresa y curiosidad y aquel tenía mucha de eso.

Entrelazó sus dedos con los de Marcus y avanzó hacia la puerta con él. — De la manita, como aquel día, para revivirlo todas las veces que mi novio quiera. — Se inclinó para besar su hombro, a modo de recompensa por haberse acordado de traer el libro. — Mi novio que todo lo tiene que tener planificado y pensado. Así salen planes tan bonitos y tan guays. La verdad es que menos mal, porque yo también me muero por saber qué decía Marcus de trece años de mí. — Fueron bajando las escaleras y se puso a entornar los ojos hacia el techo. — ¿Citas, dices? Pues a ver... Yo creo que tenemos para contar hasta llegar a Hogsmeade. — Dijo tirando de él hacia la puerta. — La primera... ¿Puede ser el espejo de Oesed? Fuimos solos un viernes por la tarde y viniste a buscarme como un loco. Aún te recuerdo pasando por el lateral de la biblioteca como un endiablado. — Se rio y, como ya estaban por los terrenos, ese puso a caminar de espaldas. — La segunda... Yo diría que cuando nos fuimos a la cueva de las medusas. Ese día estaba como tonta contigo. — Volvió a reírse, acordándose de cuán tonta había sido. — Te juro que cuando te pusiste de rodillas en el agua, agarrándome de las manos, me iba el corazón a mil y no entendía por qué. Tengo esa imagen grabada a fuego. — Cogió las manos de Marcus y las puso en su cintura. — La playa de Saint-Tropez en la noche de San Lorenzo... — Rozó su nariz con la de él. — El pasillo del cuarto piso, todas las veces... El campo de lavandas y el lavadero... — Y como ya no estaban en el castillo y no había que guardar las formas, aprovechó y le dio un buen beso, uno de esos en los que se perdían, en los que sus lenguas se encontraban y ella le acariciaba de las mejillas, como si pudiera sentirse más cerca de él.

Se separó lentamente y sonrió. — Pero sí, consideraremos esta la primera cita oficial del prefecto O'Donnell y la díscola Alice Gallia, y hay que empezarla por... — Cogió el pergamino y leyó, en la letra del Marcus de trece años, tan apretadita y perfecta. — ¡Oh! ¡La Casa de los Gritos! — Dijo con tono muy fingido y abriendo mucho los ojos. Le dio la risa solo de pensarlo y de ver la cara de sus novio, al que rodeó con los brazos por el cuello. — Es broma, mi amor. — Se puso de puntilla y le dio un besito. — Hubiera sido brutal que lo hubieras añadido, pero ya te dije que no me hacía falta volver. Especialmente después de la intervención de la lista de Hillary. — Se guardó la lista en el bolsillo y volvió a colocarse a su lado, dándole la mano de camino al pueblo. — La tienda de las plumas es nuestra primera parada. — Torció el gesto y chasqueó la lengua. — Aunque seguimos sin poder permitirnos casi nada de ahí. — O eso quería que pensara él.
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Mar Jun 08, 2021 11:31 pm

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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Iba totalmente hinchado de orgullo, de felicidad, de enamoramiento y de todo, con la barbilla bien alta y la mano de su novia agarrada. Ese primer día que fueron a Hogsmeade ya iba contento y orgulloso, pero probablemente ahora el efecto estuviera muy multiplicado. Ya iba con Alice en calidad de novios, ya era prefecto, y su planteamiento para la jornada era el mismo que ese día. En otras palabras, la situación había mejorado considerablemente, y eso que parecía difícil.

– Por supuesto. - Aseguró contento y orgulloso, bien erguido, cuando le dijo que tenía que tenerlo todo planificado. Lo dicho, desde que escribiera esa carta tenía en su cabeza el día en que las leerían, por supuesto que no se le iba a pasar. Lo que no recordaba exactamente era qué había puesto en la carta, ahora que lo pesaba. La escribió tan eufórico y presa de la ilusión de abrirla cuatro años más tarde, que estaba más pendiente de qué le diría Alice y de guardarla a buen recaudo que de recordar lo que había escrito. Pero seguro que eran cosas bonitas. Ese día estaba muy contento y... En fin, quería a Alice con todo su corazón, aunque aún no le hubiera puesto nombre a lo que sentía. Lo que fuera sería bonito, seguro.

Dibujó él también la pose pensativa e interesante en el rostro, asintiendo con gravedad mientras escuchaba como si Alice le estuviera exponiendo sus hipótesis sobre una intrincada teoría, aunque la realidad era que se estaba aguantando la risa. Llevaban teniendo citas desde el primer día sin saberlo, y a partir de que se besaran en cuanto ya para qué hablar. Se echó a reír con lo del espejo de Oesed. – Alguien a quien no quiero señalar le sentó muy mal que descubriera cosas sin ella. Como para no buscarla como loco. Todos los minutos que pasaran sin hacerlo jugaban en mi contra. - A quién querría engañar, como que Alice no era la primera persona en la que pensaba siempre. La sonrisa boba que se le dibujó cuando le habló del día en La Provenza en el que fueron a ver la cueva de las medusas daba buena cuenta de ello. – No podía dejar que te me hundieras. - Contestó, tratando de sonar seguro de sí y con su tonito chulesco, pero hablando con toda la ternura que le invadía al recordarlo. – Adoro a tu hermano, pero esa noche me hubiera encantado ver los fuegos solo contigo. - Avanzó un poco y la agarró por la cintura cuando Alice tomó sus manos, mordiéndose un poco el labio. – Eras la niña más adorable de toda Francia, y de Inglaterra. Y ese día nos prometimos recorrer más países, así que pienso comprobar este estamento en más sitios. - Siempre sería la mejor del mundo para él, y le llevaba teniendo conquistado desde el primer día. Ahora lo veía claro.

Ah, lo que le faltaba. La noche de San Lorenzo. Bendita noche. Y benditas todas las otras veces que dijo: el pasillo, el campo de lavandas... Recibió el beso y lo correspondió con deseo, con todos esos recuerdos invadiéndole. Qué felices habían sido, y realmente daba igual en qué términos estuvieran, si de amigos o de novios, porque no cambiaría ni un instante vivido con Alice por otro distinto. – Te olvidas de cierta feria navideña bien bonita... - Se acercó a su oído y susurró. – Y de cierta sala que se transforma en aquello que necesitas. - Oh, sí, la sala de los menesteres. Eso sí que había sido una primera vez, y no sería porque no tenían primeras veces en muchas cosas. Volvió a morderse el labio y miró sus ojos al separarse. No podía querer más a esa chica, de verdad que no. Imposible.

De nuevo iba bien contento por el camino, regodeándose en eso de su primera cita oficial y deseando que Alice leyera su lista. Pero cuando lo hizo la miró súbitamente con los ojos muy abiertos. Ni un segundo tardó en pillar que estaba de broma, entre otras cosas porque se echó a reír, pero fue después de haber pensado no puede ser como un millón de veces a toda velocidad. – Fíjate qué graciosa es mi novia. - Dijo, mirándola con los ojos entrecerrados. Suspiró con fingido hastío y tratando de ocultar la sonrisilla, rodando los ojos a otra parte mientras ella se agarraba a su cuello. – Justo por aquí me ibas diciendo que ibas a llevarme a un sitio por sorpresa, y mira qué sitio era. Pobre Marcus de trece años y pobre yo, que vivimos en miedo constante. - Exageró a cosa hecha, solo para ver la reacción de ella. Agarró su mano y continuó andando, asintiendo. – Eso me cuadra más. - Confirmó. Encogió un hombro. – Bueno, pero podemos coger ideas. Al menos ahora sabemos a lo que vamos. - Miró a otra parte y dijo con voz de hacerse el interesante. – Y alguien me prometió cierta pluma de faisán bien bonita... - Entornó los ojos hacia ella, con una sonrisilla. – Y yo prometí acordarme de ella cada vez que la usara. - Como que podría olvidar a Alice en algún momento. Como que le iba a hacer falta una pluma, si quería vivir con ella toda la vida.

Llegaron al establecimiento y se quedaron mirando el escaparate, como hacían siempre. – No sé cómo lo hacen pero este sitio cada vez es más bonito. - Y tenía más y más plumas. Miró hacia la izquierda del cristal y, suspendidas casi en el techo, había una ristra con cuatro plumas. – Eh, mira esa, es... Oh, espera. - Frunció el ceño y dio varios pasos para atrás, y luego a un lado, y luego a otro. Sonrió. – Mira, aléjate y muévete. - A saber de qué animal era eso, pero la cuestión es que esa pluma cambiaba de color. Si la mirabas de cerca se veía de un precioso morado intenso, pero conforme te alejabas se iba oscureciendo, sin perder su brillo, hasta volverse negra. – Bonita, ¿eh? ¿Te gusta? - Ah, no era el color lo único que había visto, también le había visto el precio, y esa sí que se la podía permitir. Además, había otra azul al lado que hacía lo mismo. Una palabra de Alice y saldrían de esa tienda con plumas nuevas, estaba decidido.
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Miér Jun 09, 2021 1:53 am

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Se rio con ganas a aquella acusación y sacó los morros. — Ay, qué exageración. ¿Qué habría podido hacer una Alice de este tamaño? — Dijo poniendo la altura que tenía entonces con la mano. — Que encima estaba loquita por ti... — Dejó caer. Porque sí, a ella se lo confirmó el espejo en aquel mismo momento, otra cosa es que hubiera querido verlo. Se echó a reír recordando con él aquella noche. — ¡Qué tío! Él llegó, se metió en medio y se quedó a gustísimo... Pero tú y yo siempre encontrábamos la manera de darnos la mano aunque fuera. — De rozarse con los dedos, de buscarse sin parar. Vaya dos. — Aquel día estaba yo muy filosófica y pensativa. Cuando nos fuimos a dormir no paraba de pensar "van a ser las últimas noches que nos dejen dormir juntos". Y no iba yo muy desencaminada. Así que me paraba a oírte respirar cuando estabas durmiendo y disfrutaba cada mañana que me pude levantar y despertarte del tirón. — Estrechó el agarre de su mano. — Y míranos ahora, aquí penando por poder dormir una noche juntos... No, si ya sabía yo... — Dijo con tono enterado, pero fuera de la broma, realmente echaba de menos hasta aquellos días de dormir en el desván con los demás, por tal de recuperar esa sensación al despertar. Rio a lo de la feria. — Esa pienso repetirla todos los años, y poder besarte debajo de cada muérdago. — Pero la mención a la Sala de los Menesteres le robó la respiración, haciendo que se pegara más a él para decirle. — Deja de provocarme y de jugar con fuego evocando según qué cosas, mi amor. — Que si se le hacía cuesta arriba no poder dormir con él, de lo otro mejor no hablar...

Se le pasó un poco al ver la cara de su novio al mentar la Casa de los Gritos. Asintió con la cabeza, muerta de risa, acordándose de aquel día. — Sí, porque sabía que no te haría gracia ninguna. — Y siguió riéndose, poniendo voz cómica. — Ay sí, pobre pobre Marcus... — Ladeó una sonrisa. — Tú siempre estabas con los caballeros para arriba y para abajo, y yo te seguía ese rollo, porque en parte lo había provocado yo... — Le miró con una sonrisa sincera. — Pero no puedo explicarte cómo me saltó el corazón cuando miré desde el suelo y te vi protegiéndome de lo que fuera que mee había provocado aquella reacción. De verdad sentí que eras como un caballero dispuesto a protegerme. — Se enganchó más a su brazo y se restregó contra él. — Te quiero. Te he querido siempre. — Le dijo, para dejar constancia de ello. Asintió a lo de la pluma de faisán. — Y te la compraré. Y más después de haber visto esa casa tan bonita en la que vamos a vivir. — Dijo on una cálida sonrisa, evocando la Sala de los Menesteres en San Valentín. — Va a quedar perfecta en la biblioteca, o en el estudio. O en la biblioteca-estudio. Y podré robártela para cuando quiera firmar algo importante. — Dijo picándole un poco.

Llegaron al escaparate y se entretuvo en mirar todas y cada una de las cosas. — Parece un sueño, eh. Si ganamos lo suficiente, tendremos un armario de esos que abajo tienen cajones y arriba puertas de cristal y ahí las tendremos todas expuestas, dependiendo de para qué las queramos usar, o dónde. Y tendremos alguna de todos eso sitios a los que me quieres llevar. ¿Qué te parece? — Dijo mirándole con una sonrisa. Atendió a lo que le estaba diciendo y le vio moverse, tirando de ella. Efectivamente, la pluma negra se transformaba en morada dependiendo de cómo le diera la luz. Sonrió, soñadora. — ¡Wow! Es morada, pero también negra. Desde que dijiste que tu abuelo Dorcas tenía una negra y alargada siempre me han parecido las más elegante. — Torció la cabeza para verla morada otra vez. — A mi madre le hubiese vuelto loca. Papá siempre se las encantaba para que se pusieran de distintos tonos de morado según el estado de ánimo en el que estuviera, y decía que así, cuando estaba enfadada, se lo podía ver venir y acercarse más suave o diciendo alguna tontería. — Pensar en sus padres trabajando juntos la hizo quedarse un poco pillada. Había tantas cosas que le gustaría enseñarle a su madre... Y ahora a su padre tampoco podía enseñárselas, al menos no hasta las vacaciones. Pero la voz de Marcus la sacó de sus pensamientos. — ¿Eh? Claro que me gusta, es preciosa... — Pero se dio cuenta tarde de qué le estaba preguntando realmente. Tiró de la manga del abrigo de su novio. — ¡No! ¡Marcus! ¡Espera! — Entró detrás de él a la tienda y saludó rápidamente a la tendera. — Buen día, señora Rosmerta. Hola, hola, jóvenes Ravenclaw. Bueno ya no sois tan jóvenes como cuando entrasteis por primera vez aquí. — Comentó, tan afable como siempre. Ella se acercó un poco en tensión a Marcus y susurró. — No vayas a gastarte el dinero así como si nada, ¿me oyes? — Soltó aire y le acarició la mano. — No necesito otra pluma. No quiero que te gastes el dinero por mí.
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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
La escuchó mientras llegaban a la primera tienda, sonriendo y mirándola. – Yo en ese momento no lo pensé, estaba un poco en mi mundo y creí que las cosas serían siempre así. - Confesó, no sin un deje avergonzado. Recordaba perfectamente esa línea de pensamiento suya por la cual Alice y él iban a ser amigos inseparables toda la vida, y que lo único que cambiaría cuando salieran del colegio sería que tendrían más libertad para hacer lo que les diera la gana. – Pero sí que fue el último año que dormimos juntos allí... Insisto, adoro a tu hermano, pero prefería estar contigo. - Sí que fue un chasco cuando llegó al año siguiente y vio que le habían cambiado de cuarto, y ya era de por sí duro ir a La Provenza sin Janet, que apenas hacía mes y medio que no estaba con ellos cuando fueron. Fue un verano raro y triste. Pero su novia volvió a hacerle reír. – Ni veces que te lanzaste en mi cama y me sacaste de un sueño profundo, que no sabía ni lo que me estaba pasando. Por culpa de una de esas te perdiste lo que había en el taller de alquimia de la playa, el que estaba lleno de flores. - Recordaba ese sueño como si lo hubiera tenido hacía dos noches, entre otras cosas porque su mente infantil no había desaparecido del todo: pensaba hacer eso realidad. – Yo recuerdo quedarme dormido escuchándote... - Dijo con ternura, mirándola, aunque luego añadió en tono de broma. – Porque verte dormir era imposible, ¿dormías? No lo llegué a comprobar nunca. - Sí había tenido oportunidad de verla dormir otras veces, pero no en el desván de La Provenza. Se dormía la última y se despertaba la primera.

Sabía que sus palabras iban a provocar a Alice, pero también sabía hacerse muy bien el inocente. Era lo bueno de que tu mejor amiga y ahora novia fuera... Alice, en sí misma. Siempre podías ocultar tus escasas diabluras detrás de ella. Mucho comité de ética, pero bien que tiraba la piedra y escondía la mano. – No sé de qué me hablas, solo estaba enumerando citas. - Dijo con expresión de falsa inocencia, pero con un tonito susurrado y sugerente, añadiendo una miradita de reojo. Después de tanto tiempo no le quedaba otra que asumirlo ya: tratándose de Alice, sí, le gustaba jugar con fuego.

Fingió una expresión indignada y, entrecerrando los ojos, la pinchó en el costado con un dedo. – Luego dice que estaba loquita por mí, y mira como se mete conmigo. - Aunque la mención a los caballeros le hizo reír con descaro. – Perdona, ¿que me seguías el rollo? No seas mentirosilla, Alice Gallia. ¿Cómo era eso de que negarlo siempre es peor? - Se colocó frente a ella para andar de espaldas mientras la miraba, con una sonrisilla ladeada. – Si empecé con el rollo de los caballeros, como tú lo llamas, fue porque alguien a quien de nuevo no quiero señalar empezó a decir en mi cumpleaños... - Adoptó una pose muy cómica e infantilmente soñadora y empezó a imitarla. – "Tu abuelo es un caballero, tu padre es un caballero, qué bonito, me gustan los caballeros, me dicen cosas bonitas". - Quizás no fuera exactamente así, pero le valía para la imitación. – Y ahí que iba yo como un tonto a ser el más caballero del lugar para que ahora la niña se metiera conmigo. Pues sí, pobre yo. - Siguió exagerando, pero la risa no la podía evitar.

Se le pasó el tono bromista con lo siguiente que dijo. Encogió un hombro, levemente avergonzado. – Fue un acto reflejo... Iba totalmente en tensión, no te creas que me estaba marcando un acto heroico ni mucho menos. - Dijo entre risas, pero al mirarla reconoció. – Nunca he querido que te pase nada. - De ahí que instintivamente se pusiera delante, aunque tanto en aquel momento como ahora fuera incapaz de determinar haberlo hecho conscientemente. A él sí que le saltó el corazón cuando Alice le dijo esa frase. "Te quiero. Te he querido siempre". ¿Podía ser alguien más afortunado que él? Dejó un beso en su pelo y contestó. – Yo a ti también. Tanto que ni siquiera lo entendía. - Y mucho tenía que ser para que Marcus no lo entendiera, para que se escapara de aquello que su cabeza podía controlar. Se llevó la mano teatralmente al pecho, como tantas veces hacía, ante la mención de su casa. – Va a ser la casa perfecta. La pluma le dará el toque definitivo. - Y rio cuando dijo que se la robaría, pero no dijo nada. Como que Alice no iba a tener toneladas de plumas de faisán si quería tenerlas, ya se encargaría él de eso.

Pero antes de comprarle plumas de faisán tendría que trabajar considerablemente, porque vaya si eran caras. Y ni siquiera esa era la parte más difícil del asunto: tendría que convencer a Alice de que se dejase regalar. Porque era con plumas normales y ya estaba poniendo reticencias. – Me gusta eso de la pluma que detecta los estados de ánimo. - Dijo entre risas. Lo que William no hiciera... Aprovechó que Alice estaba relatando alegremente para escurrirse hacia el interior de la tienda, saludando educadamente a la mujer. – Buenos días, Señora Rosmerta. - Pero por supuesto que su novia le pilló y le detuvo. Se giró hacia ella. – ¡Eh! Venía con intención de comprarme una pluma nueva de todas formas. Aquel día no pude, y llevo todo mi recorrido académico con plumas convencionales. - Alzó un índice y empezó a ponerse bien puesto. – Estamos a un paso de salir de este colegio y de empezar nuestro recorrido profesional, ambos como alquimistas y, en tu caso, como enfermera además. No podemos estar con plumas normales. Y estas tampoco es que sean la gran cosa, solo son muy bonitas y un poco mejores. ¿No puedo comprar una pluma para mí y otra para mi amada novia? ¿Es malo? - A mí me parece precioso. - Añadió la mujer, que claramente se había quedado cotilleando la conversación. A Marcus le vino bien para reafirmarse. Se cruzó de brazos con expresión de suficiencia porque le hubieran dado la razón y añadió con una caída de ojos. – Creía que tenía permiso para todo. -
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Miér Jun 09, 2021 2:15 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Tuvo que reírse ante aquella acusación. Gal tenía demasiada energía para dormir mucho, por eso se mosqueaba tanto cuando al despertaban, porque ya solía despertarse sola, no hacía falta ser tan molesto, en lo cual su tía era experta. Puso una sonrisilla pícara. — ¡Sí que me has visto dormir! Me has visto echarme siestas en La Provenza y en la sala común... Y ya van dos mañanas en las que te has despertado a mi lado antes que yo. — Se inclinó a su oído y susurró con tomo sugerente. — Y si quieres más... Al final vas a tener que colarte en el dormitorio de las chicas... — Esperaba que no cambiaran nunca, porque le gustaba demasiado aquel pollito de piques, susurros y cariñitos, todo combinado que se traían desde ni sabía cuándo.

Se rio y apretó su mano con lo de los caballeros. — ¡Bueno! Pues usted disculpe, no era indirecta para que te convirtieras en caballero, lo hiciste porque querías... — Se rio otra vez y dejó un beso en su mano. — Yo creo que no voy a olvidar nunca ese cumpleaños tuyo. Nadie que no fueran mis padres o mis tíos me habían dicho nunca "estás guapa". — Apoyó la cabeza en el hombro de Marcus de nuevo. — Luego me lo has repetido unas cuantas veces más, pero aquella... La llevo aquí. — Dijo señalándose el corazón. Luego se picó a sí misma la mejilla. — Y aquí, porque me diste un besito, y yo llegando a mi casa pensaba "ay, Dios mío, será que mis padres y los O'Donnell se hayan pensado algo..." — Soltó una carcajada. — Como que no lo pensaban ya... — Ya qué más daba que no lo hubieran entendido a tiempo ninguno de los dos. Estaban juntos, como tenía que ser, y podían hablar de lo perfecta que iba a ser su futura casa.

Entró persiguiéndole por la tienda, aunque se veía tenía que iba a ser bastante inútil. — A ti te gusta todo lo que hace mi padre. — Apostilló. Solo esperaba que eso siguiera así, que llegaran a La Provenza y su padre siguiera siendo... Él, y no hubiera hecho nada que fuera realmente preocupante. Para disuadir sus pensamientos, ya estaba su novio soltando uno de sus discursos sobre por qué era perfectamente aceptable que le comprara una pluma bueno necesitaba. Bueno, sí la necesitaba porque ella también llevaba teniendo la misma pluma... Oh, maldita sea. — Ya me has hechor replanteármelo. Qué pico de oro tienes. Además de verdad. — Comentó Rosmerta, haciendo evitar las plumas y poniéndolas en el mostrador. — Aún estoy esperando a que vengáis a por la tinta aritmántica. — Gal se mordió el labio inferior y sonrió. — Cuando seamos de verdad dos alquimistas importantes que cobran un buen sueldo, lo haremos. La verdad es que cuando uno empieza con Aritmancia Avanzada entiende el gran uso que se le puede dar, sin duda. — Vio cómo la señora envolvía en el papel tan bonito y azul de la tienda las plumas y se las tendía. Ella las cogió con media sonrisa y suspiró. En el fondo estaba muy contenta, como siempre que tenía algo nuevo, y así se lo hizo saber a Marcus cuando salían, después de despedirse de Rosmerta. — Sabes que me encanta tener cosas nuevas. Gracias. — Levantó el índice. — Pero también sabes que no me gusta que te gastes el dinero a la ligera. Y menos en mí, no me hace falta. — Se apretó contra su brazo. — Ya tengo un tesoro y es mío. — Dijo mirándole a los ojos. Sonrió y entornó los ojos acordándose de su madre. — Me acuerdo que de pequeña, cuando íbamos a tu casa, y veía las casas de ese barrio, siempre le decía a mi madre "qué bonito es todo esto, me encantaría que nuestra casa fuera así". Y siempre me decía "lo importante es que los de dentro sean felices, y nosotros lo somos". — Alzó las cejas con pena y dijo. — Qué razón tenía.

Rebuscó en el bolsillo de su chaqueta y sacó el papel con la hoja de ruta. — ¡Oh! Ahora hay que ir a la librería. ¿Vas a comprarme el libro de historia de tu tío? Ya estoy un poco mayorcita para él, pero hay quien dice que nunca es tarde. — Le dio con la otra mano y agitó el papel en el aire. — Y no veo aquí la estatua de John Dee, pero digo yo que habrá que ir aunque sea a saludar, que estás con su tataratataranieta, algo de respeto deberías mostrar. — Dijo en tono bromista, mientras se acercaban al escaparate de la librería. — ¡Ohhhh! — Dijo con tono penoso. — Ya no está el Manuscrito Voynich, qué lástima. Pero mira, está Animales Fantásticos, es cuqui. — Se rio y señaló la página que estaba abierta. — Un Kappa, qué mono, tienen pinta de ser majos. Más que los murtlaps, desde luego. — Y con una sonrisa tiró de Marcus hacia dentro. — Si alguna vez me quieres regalar el Manuscrito Voynich, no me opondré para nada. Ya me fascinaba de antes, pero desde que me contaste su historia me dejaste extasiada con ese libro. Además que estoy segura de que lo escribieron un Gallia y un O'Donnell
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Miér Jun 09, 2021 8:34 pm

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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
La miró de reojo con una sonrisilla ladeada, miró a otra parte dándose unos segundos para hacerse el interesante (en realidad estaba gestionando las ganas de besarla apasionadamente en mitad de la calle), se mojó los labios y se inclinó a ella para susurrar. – No quiero más... Las quiero todas. - Se separó y se encogió de hombros con tranquilidad. – Y las tendremos en esa casa tan bonita que vamos a tener, y sin romper ninguna norma. - Pero la miradita la volvió a dejar caer. Ya había hecho cosas que no pensaba hacer por seguir a esa chica, y no engañaba a nadie: seguro que alguna más caía antes de que acabara el curso. Pero él tenía que seguir manteniendo su estatus de perfección.

Rio de nuevo, aunque con un punto entre avergonzado y tierno. – Si supieras la de vueltas que le di... Me gustó tu vestido nada más llegar. - Se acercó a su oído y susurró. – Mentira, me gustaste tú nada más llegar. - Se apartó con una risa y continuó, como si no hubiera dicho nada. – Y ya sabes como son mi padre y mi abuelo, y encima mi padre empezó a decirte cosas y tú parecías tan contenta... Que me pasé todo el día pensando, "Marcus, dile algo, no dejes que se vaya sin decirle algo". Me entró un poco el pánico al final porque vi que te ibas de verdad y no te había dicho nada... Así que me lancé. - Arqueó las cejas y la miró. – Me alegro de que saliera bien. - Además de verdad, porque recordaba haber vuelto a casa con el corazón a mil y pensando si habría quedado bien o no, o si se habría pasado de la raya. Dedujo que no cuando vio que Alice no le había retirado la palabra. Pero el comentario de la Alice que llegaba a casa después del beso en la mejilla le hizo soltar una carcajada. – Tú no viste las caritas y los comentarios de mi padre, tardé cero segundos en meterme en mi cuarto por tal de que me dejara tranquilo. Luego simplemente cambié de tema y me puse a hablar de todas las cosas guays del cumpleaños y del futuro viaje y ya está. Pero él de vez en cuando seguía. "Entonces te lo has pasado bien, ¿eh?" - Dijo imitándole, y luego añadió un bufido y un rodar de ojos. – Por no hablar de las miraditas inquisitivas de Lex intentando leerme la mente, qué tortura. Menos mal que mi madre siempre fue más discreta. - Más bien estaba bastante seguro de que no le había visto dándole un beso a Alice.

Esperaba haber convencido a su novia con su discursito sobre las plumas, al menos a la señora de la tienda la había convencido (aunque obviamente a la mujer le interesaba ponerse de su parte, si no, no vendía). Que Alice dijera que estaba replanteándoselo y que tenía mucha labia era muy buena señal, así que amplió una sonrisa de oreja a oreja. Y haciendo gala de ese piquito de oro ya halagado por ambas mujeres, se giró a la dependienta y añadió. – Seré su mejor cliente algún día, no le quepa duda. Aún guardo el tubito de tinta de estrellas que nos regaló, físicamente y aquí. - Dijo, señalándose el corazón. Eso hizo a la mujer reír. Marcus conquistando adultos con palabrería, el pan de cada día. – De hecho, ¿sabe que? - Siguió, aunque colocó un brazo cariñosamente por encima de los hombros de Alice. – Que la utilicé para escribirle una carta a esta chica de aquí, y ella hizo lo mismo, ese mismo día. Y llevan guardadas desde entonces y hoy las vamos a leer. - La mujer, como buena Hufflepuff que era, hizo un aspaviento juntando las manos bajo la barbilla y dijo emocionada. - ¡Ay, pero qué cosa más bonita! Si es que por eso merece la pena acoger a los muchachitos como vosotros, la de historias preciosas que hacéis presenciar a una. - Pues seguro que ninguna como esta. – Remarcó, dejando un beso en la mejilla de Alice. La mujer se puso a envolver las plumas mientras murmuraba lo bonito que le parecía todo.

Salió contento de la tienda, pero tuvo que suspirar con cierto hastío al comentario de su novia. – Perdona, vergüenza debería darte decir, como hija de Ravenclaw y de un hombre que utilizaba las plumas para contentar a su amada y detectar los estados de ánimo, que esto ha sido, y cito textualmente, "gastar dinero a la ligera". - Negó con la cabeza. – Tienes todas las plumas desgastadas, que sí, que te aguantan hasta final de curso. Pero una mujer inteligente y con la proyección que tú tienes no puede salir de Hogwarts sin una pluma en condiciones con la que empezar a trazar sus primeros proyectos. - La señaló con un índice y, alzando las cejas, añadió. – No admito discusión. - Sentenciado. Marcus O'Donnell llevando la razón, eso ya no había quien lo moviera de ahí.

Aun así, él también se pegó a ella y contestó. – Sobre todo en ti. No conozco motivos mejores. Y hoy es nuestra primera cita oficial, por favor, ¿por qué clase de caballero me tomas? - Bromeó, aunque le enternecía oírla hablar así de él. Aunque escucharla hablar de su madre le entristecía, no lo podía evitar. Sobre todo teniendo en cuenta la situación que él sabía y ella no, y de la que la intentaba evadir... Sacudió la cabeza. No, no podía pensar en eso, y menos hoy. – Sí que tenía razón. - Dejó un beso en su mano y dijo. – Siempre me imaginé viviendo en una casa como la de mis padres, o más bien como la de mis abuelos porque tiene un taller de alquimia, en un barrio similar... - Miró a la chica y dijo. – Ahora solo me imagino viviendo contigo. Me da igual donde sea. - Y quería una casa bonita y perfecta, sí, tal y como la habían soñado todos esos años y tal y como la sala de los menesteres se la había mostrado. Pero le daría igual que todo su mundo y su espacio se redujera al desván de La Provenza si podía compartirlo con Alice.

Rio y alzó un índice. – Eh, que mi tío también tiene libros de historia para adultos, no solo para niños. Y si no, siempre puedes llegar con un libro de mi madre comprado, que le va a hacer mucha ilusión. - Oh, sí, "formas de ganarte a tu suegra si esta es Emma O'Donnell", ese libro sí que podría escribirlo él. Chistó y ladeó la cabeza. – Eso no estaba en mi planificación, al igual que la Casa de los Gritos. Si bien a diferencia de esta fue una agradable sorpresa. - Trotó un poco y volvió a ponerse delante de ella, haciendo el tonto, girándose para andar de espaldas pero haciendo una exagerada y ceremoniosa reverencia, inclinándose con un brazo tras la espalda y el otro haciendo una floritura. – ¡Faltaría más! Presento mis respetos a su tataratataranieta nieta, como buen caballero que me hago llamar. - Se irguió de nuevo y dijo. – Caminando de la mano de una persona de la realeza y ni siquiera quiere que la obsequie con una pluma. Así no voy a poder ganarme a mi ancestral familia política. - Bromeó.

Llegaron al escaparate de la librería, que solía ir cambiando sus manuales, siempre se paraba a mirar. Arrugó la nariz y el labio mirando la imagen del kappa. – ¿Mono? ¿Majos? - Miró a Alice sin quitar la expresión asqueada. – Tú tienes un problema con las bestias de agua. - En concreto el problema era que no veía el peligro en ninguna. Rio mientras le arrastraba al interior de la tienda y ladeó la cabeza. – Me cuadra la teoría del Gallia y el O'Donnell. No precisaremos quien fue el que lo perdió. - Dijo para picarla. – Ya me gustaría a mí poder hacerme con un libro de esos. Sigo diciéndole a mi abuela que use sus influencias como exbibliotecaria para conseguirme uno de los más antiguos... Estoy por requerir las influencias a mi madre, suele ser más operativa. - Los Slytherin eran una fuente inagotable de contactos, y su madre no iba a ser menos. – ¿Los libros de mi tío, entonces? - Preguntó, adentrándose en el pasillo de los libros de historia de la magia. Se detuvo en mitad. – Mira, "De la quema de brujas a la huelga de las gárgolas: la independencia mágica entre los siglos XIV y XX". Quise leérmelo en segundo porque ya habíamos visto en primero la huelga de las gárgolas de 1911 y en segundo la quema de brujas, pero mi tío me dijo que me esperara a sexto, que se profundizaba sobre el tema de la huelga. Tenía razón. - Movió el libro en su mano. – Lo tengo en mi casa, me lo dejó cuando acabé sexto para que me lo leyera en verano, pero... Bueno, al final no me lo leí. - Comentó simplemente, dejando el libro en su balda y dispuesto a cambiar de tema. No, no se lo leyó. El verano entre sexto y séptimo no hizo prácticamente nada productivo, solo sabía estar enfadado con el mundo, consigo mismo y con Alice. Un verano para olvidar. – Pues eso... Libros de historia general. - Dijo, suspirando mientras miraba las baldas con las manos en las caderas. – Los juveniles y adultos, claro... Al fondo estaban los infantiles. - Se encogió de hombros y dijo como quien no quiere la cosa. – Supongo que esos ya no te interesan. -
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Jue Jun 10, 2021 12:34 am

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Ahora se reía al oír a Marcus hablar de esas cosas, pero lo cierto y verdad es que habían hecho muchas tonterías. Por alguna razón, cuando las decían, si las contaba ella se sentía ridícula y si las contaba Marcus le parecía absolutamente adorable. Sacó el labio inferior ye l miró con cariño. — Eras un caballerito precioso. — Dijo acariciándole la mejilla. Y cómo sabía su novio hacerle reír, como con aquello de John Dee, al salir de la tienda, después de haber presumido un poquito más de su preciosa historia (a la cual podían añadir como adepta a la señora Rosmerta, claramente) . — ¡Oh! ¿Soy todo eso? — Dijo cuando se puso a argumentarle las razones por las que comprarle la pluma era buena idea. — Pues volveremos a pasarnos por la estatua de mi antepasado, después de pasarnos por la librería, y espero que demuestres la misma galantería. — Dijo con tono pomposo pero sin poder parar de reírse. Era increíble cómo la nube negra en la que veía se había visto disipada, aunque fuera solo por unas horas, por las tonterías de su novio y su habilidad para, simplemente, hacerla feliz. Y más si decía cosas como aquella. — Pues ten por seguro que va a ser así. Claro, que te veo a ti muy lanzado y seguro de que vas a ser cliente de la señora Rosmerta, así que supongo que vamos a tener una casa gigantesca y tremendamente equipada para ser muy eruditos.

Se rio y chasqueó la lengua señalando al kappa. — ¡Pero míralo, por favor! Si es que tiene una carita adorable, y solo quiere estar ahí con sus tentáculos, flotando el agua... Me da ternura, ¿vale? — Dijo defendiendo al pobre kappa, que, insistía, tenía cara de forma de vida bastante adorable. Volvió a soltar una carcajada a su respuestas sobre el Manuscrito Voynich. — Obviamente que lo perdió el Gallia, ni que no supiera en qué familia he crecido. Vamos, es que concretamente me imagino a dos copias de nuestros padres haciéndolo, vaya. — Abrió mucho los ojos cuando dijo que tenía a su abuela buscando uno y se acercó a él, para hablar más bajito, que ya estaban dentro de la librería. — ¿En serio? Lo había dicho al azar. Pero si consigues una edición antigua del Manuscrito Voynich... — Entornó los ojos y acarició la piel desde detrás de su oreja hasta el cuello, por debajo de sus rizos. — Voy a tener que pensar en un regalo a la altura. — Terminó en un susurro. Ojalá y la red de Emma funcionara como, por otro lado, lo hacía siempre, porque le encantaría tener uno.

Asintió a lo de los libro de su tío. — Es buen sitio por donde empezar, pero me he apuntado eso que has dicho de tu madre, y es una creadora de hechizos fantástica y más ordenada que mi padre, así que me encantaría tener algún libro suyo, me parece muy útil y seguro que me viene bien para Transformaciones, toda ayuda es poca. — Dijo resoplando y entornando los ojos solo de recordar la asignatura. Aun así, como estaban cerca, se dejó llevar a donde estaban los libros de Philip. — Ahora que le conozco y he jugado con su hija al té y he cogido a su bebé, se me hace más raro verlo como tu tío y la vez un erudito, y ya como profesor de Hogwarts ni te cuento. — Dijo cogiendo con una sonrisa el libro que Marcus le tendía. — ¡Oh! ¿Este lo tienes? Podrías prestármelo, que me interesa muchísimo lo de la huelga de las gárgolas, tuve que quitarme de Historia de la Magia antes de darlo... Esa y Astronomía las llevo en el corazón, porque me hubiese encantado aprender de ambas hasta irme de Hogwarts. — Luego le miró frunciendo sorprendida cuando dijo lo de los libros infantiles. — ¿Por qué no? Claro que me interesan. — Contestó alzando una ceja, sin dejar de pasear la vista por los libros de Philip. — Tengo un hermano de once años, y me encantaría comprarle libros para que tenga más que yo. — Contestó como si fuera evidente. — Y tengo un novio que, si mal no recuerdo, sabes guiarse muy bien por estos pasillos. — Le agarró de la mano y dijo. — Pero antes recomiéndame un libro de tu madre que me ayude con Transformaciones, ¿quién mejor que tú?
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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Asintió enérgicamente. – Lo estoy y confirmo todo eso. - Hinchó el pecho y siguió con su perorata orgullosa. – Ya has comprobado lo preciosa que va a ser nuestra casa, y eso solo es el principio, se me tienen que ocurrir más ideas de aquí a entonces. Tendremos un despacho enorme e impecable, lleno de libros y con un escritorio enorme en el que poder tener, por un lado, las plumas de uso habitual, y por otro las plumas especiales. - Arqueó las cejas con una sonrisilla y, con un gestito de superioridad, prosiguió. – Gracias a cierto cumpleaños ya mencionado y al buen gusto que demostrasteis los Gallia tener, ya he podido entrenarme en organización de escritorio utilizando el portátil. Solo tengo que llevarlo a gran escala, y el escritorio pequeñito lo dejamos para... - Para, Marcus. Se venía arriba y hablaba y hablaba y luego metía la pata, pero ahí se detuvo en seco. Tragó saliva y, antes de que resultara más sospechoso, finalizó, sin perder la sonrisa. – ...Cuando tengamos que viajar o trabajar fuera de casa. - Esperaba haberlo salvado, pero no era eso lo que quería decir. La frase iba directa a concluir con un "que lo hereden nuestros hijos". No sabía si era buena idea mentar eso tan tajantemente. Algún día tendrían que abordar esa conversación... No era hoy ese día.

Rodó los ojos. – Uy sí, es verdad, muy mono con sus tentáculos. Espera que me acerque a leer lo que pone de él. - Hizo el teatrillo de achicar los ojos y acercarse al escaparate como si fuera la primera vez que lee sobre un kappa en su vida y empezó a narrar en voz alta. – "Se alimentan de la sangre de los seres humanos, matan a quien tenga la mala suerte de meterse en sus estanques y ríos". Monísimo, claramente solo quiere estar ahí flotando en el agua. - Miró a Alice y forzó una sonrisa falsa. – Esperando a que a alguna humana curiosa le dé mucha ternura para comerse su pie. - Si no hacía la alarma no era él. Otro de los bichos que podría haber por el Lago Negro, aunque esos seguramente estuvieran en la orilla, y no por donde Alice pensaba tirarse. Aunque el día de su primer beso se iba a meter en la orilla... En fin, que había que mantener a su novia lejos del agua, a la vista estaba.

Afortunadamente el tema viró hacia el Manuscrito Voynich en cuanto entraron en la librería. Asintió a sus susurros sobre si realmente lo estaba buscando, pero el final de la frase y la caricia le hicieron detenerse y entornar los ojos hacia ella con una sonrisita. Miró a su alrededor y se acercó para susurrar. – Por favor, Gallia, que estamos en un lugar público. - Arqueó una ceja bromista, aunque sin perder el tonito seductor, y añadió. – Y la última vez que un Gallia no le hizo caso a un O'Donnell se perdió un libro durante siglos. - Se mojó los labios y, acercándose a su oído, apuntilló. – Pero ya me encargaré de buscar un entorno controlado para... Lo que sea que quieras darme. - Eso sí que no pasaba en su primera visita a Hogsmeade: los tiritos continuos y con connotaciones cuestionables. Creía. Desde que empezó a ver en retrospectiva lo colgado por Alice que llevaba estando desde el primer día, entendió muchas cosas.

Le hizo gracia el comentario sobre su tío. Él estaba tan acostumbrado a tener eruditos en su familia que no lo veía tan raro, pero desde fuera sí que debería serlo. Un poco la sensación que le daba a él de pequeño ver a William Gallia fuera de su trabajo o con su familia, porque Marcus tenía a William en una estima altísima. Que le resultaba raro verle como un profesor de historia después de haber tenido a su hijo en brazos... Eso le hizo guardarse una risa. Mejor no decía lo que le chocaba a él pensar en el William Gallia que admiraba sobre todas las cosas y saber que era novio de su hija. Ni lo que le gritaba la conciencia cuando aún no eran novios y hacían ciertas cosas bastante propias de los novios. Mejor volvía al tema de los libros. – No tengo por qué prestártelo, mi tío seguro que te da uno cuando vayamos en Pascua, solo tienes que pedírselo. Tiene miles de ejemplares de sus propios libros y la Historia de la Magia no es la materia que más le interese a la gente. Dice que tiene más dinero del que necesita así que prefiere divulgar lo que sabe gratuitamente a que sus libros se queden en su casa cogiendo polvo. - Y tenía todo la razón del mundo. A los Horner no les faltaba el dinero, su tío tenía un prestigio que le reportaba un beneficio considerable y su tía Andrómeda tenía sueldo de obliviadora, que era un muy buen sueldo, porque si bien no eran los mejor pagados del Ministerio de Magia, nadie quería ejercer ese trabajo allí. Solo por eso y por el plus de peligrosidad tenían que estar bien pagados.

Conocía lo suficiente a Alice como para pillar el tonito de segundas intenciones que iba velado en aquellas frases. Pero Marcus era tan Marcus que, a la mención de libros y recomendaciones, entraba de cabeza y soltaba una perorata de las suyas. – Por aquí. - Dijo automáticamente cuando le pidió un libro de su madre recomendado, llevándola de la mano. – Vaya, qué pronto se venden. - Dijo delante de los estantes, en lo que pretendía ser un tono de queja sorprendida pero sonó bastante a orgullo de hijo. La primera vez que fueron tenían cuatro de cinco, y ahora solo tenían tres. De hecho, faltaba el mismo libro y el que ese día seleccionó como su favorito, aunque sí tenía el que iba buscando. – "Lo que no es lo que parece: transformaciones elementales". Fue el primero que escribió. - Dijo, mirándolo en su mano, pero luego hizo una mueca. – Honestamente... No lo uses. - Miró a Alice. – Me explico: es un libro buenísimo, no porque sea de mi madre. Tiene un nivel de precisión impecable, ¿pero te acuerdas de que la Profesora Fenwick estuvo hasta tercero diciéndome "impecablemente Horner" a cada transformación que hacía perfecta? - Arqueó las cejas. – Empecé a intuir por esa época que no era un halago. - Se lo tendió a su novia y dijo. – Échale un ojo, te va a servir para inspirarte, y en Pascua puedes pedirle consejo a mi madre para los EXTASIS, es buenísima en Transformaciones. Pero te va a decir lo mismo que yo: que no se note que estás siguiendo su estilo. Es muy distinto al de la Profesora Fenwick y... Digamos que tiene un concepto de mi madre... Creo que la percibe como una rival. - Se encogió de hombros. – Y no sé por qué, porque mi madre ha acabado especializándose en encantamientos, no en transformaciones. Además, ¿te dije que era mejor amiga de mi tía Linda? Siendo la cuñada de su mejor amiga, debería tenerle un poquito de aprecio al menos. - Marcus podía ser tan inocente a veces. Como que no había presenciado él dardos entre su tía y su madre, pero él vivía en su burbuja de perfección familiar particular. Una burbuja que se había resquebrajado bastante sabiendo lo que Percival le había hecho a Alice. Pero era otra cosa en la que prefería no pensar ese día, o se pondría de mal humor.

– Vamos a por un libro para tu hermano. - Continuó, cambiando de nuevo al pasillo de los libros de Historia de la Magia y adentrándose hasta el fondo, donde estaban los libros infantiles. – En realidad, los de aquí son pre-Hogwarts... Pero quizás haya alguno que le pueda valer. - Él sabía que no. Esos libros eran para niños demasiado pequeños, pero a su sibilina manera, se había llevado a su novia, la cual le había tirado ya varias indirectas, hasta el fondo del pasillo. Y luego se haría el bueno. – Este no está mal, yo me lo leí justo antes de entrar. - Dijo, sin quitar la vista de los libros de la estantería. Habló sobre un par de ellos más, pero notaba la mirada de su novia encima. Tomó aire profundamente, sin dejar de mirar los libros, y se mojó lentamente los labios. – ¿Es cosa mía... - Empezó, con voz baja y grave. Hizo una leve pausa y solo entornó los ojos para mirar a su novia sin cambiar la postura. – ...O no te veo muy pendiente de los libros? -
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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Se mordió el labio, mirándole extasiada hablar con tanta ilusión de cómo iba a ordenar su casa. — Y muchas tintas de colores, que no se te olvide. — Apostilló. Asintió a lo del escritorio que le regalaron y alzó una ceja cuando lo vio detenerse. Ya se imaginaba por donde se lo iba a llevar, pero mejor quedarse con la otra opción, la que había verbalizado. — Muy buena idea, porque alguien me dijo que tendríamos un taller en La Provenza, y que tenemos que viajar a un país distinto cada año por su fiesta nacional... Así que nos va a venir muy bien. — Entornó los ojos pensativa. — Aunque si vamos a ir mucho a La Provenza, igual deberíamos montarnos un escritorio allí también. Eso en el caso de que tuviéramos una habitación y no nos obliguen a dormir con la tata hasta el fin de los tiempos. — Dijo soltando una carcajada solo de imaginarse la situación. — Bueno, a unas malas, volvemos al desván, o igual Jackie nos deja una habitación en su flamante nueva casa cuando esté construida, aunque esté Noel dentro. — Qué ganas tenía de hacer todas esas cosas, de arrastrar a Marcus a La Provenza como cuando eran más pequeños y tratar de adaptarse a esa nueva vida de su padre... Como se pudiera.

Parpadeó muy rápido ante la regañina (no muy realista) de su novio y dijo. — No me cabe duda, mi amor. Tú y yo siempre encontramos el momento y el lugar. — Atendió a lo que decía de Philip con una sonrisa, pero dentro de ella estallaron todas las alarmas de golpe. ¿Cuando vayamos en Pascua? ¿Como que "cuando"? ¿Eso estaba ya así decidido? ¿Y que iba ella también? Inspiró. Viviría pegada al brazo de su novio todo el día como un koala a su eucalipto, y más en vacaciones, y si fuera estar con los O'Donnell ella se apuntaría con los ojos cerrados... Pero volver a casa de los Horner... Y ya no es solo que aquella mansión se hubiera convertido para ella en la casa del terror, si no que tener que ver a Percival... Tragó saliva, pero prefirió no decir nada, no en ese momento, en el que estaban disfrutando de su tiempo juntos... Ya lo abordaría, cuando se sentaran a comer o algo así. — Qué alegría vivir así. — Comentó a lo del dinero. — Se lo pediré. — Terminó, con una leve sonrisa.

Se dejó llevar a donde estaban los libros de Emma y le miró con ternura cuando admiró lo rápido que se vendían. Se derretía con ese Marcus tan cariñoso y orgulloso de su madre, porque esa fue, alguna vez en un pasado no tan lejano, ella con su padre, y echaba de menos esa sensación. Rio al título mientras cogía el libro. — Me encanta. Podrías no decirme que es suyo, y solo por la frase ya lo sospecharía. — Y qué elegante era la edición, por favor. Decían de Marcus, pero es que Emma O'Donnell tenía que hacerlo todo mejor que bien. Pero cuando le dijo que no lo usase, le miró absolutamente confusa. Ladeó la cabeza a lo que le decía Fenwick. — Sí, claro que me acuerdo, pero es que pensé que ese era su tono habitual, hasta para decir las cosas buenas. Además, a mí me decía "desastrosamente Gallia" Y eso sí que no tiene sentido porque de lo que mejor se le da a mi padre son las transformaciones sensoriales y son justo las que más me cuestan. — Y no pensaba decirlo en voz alta, pero es que no tenía sentido que Fenwick no parara de darle la lata con ellas, porque ella debería especializarse en las de hechizo directo, las que necesita una enfermera (y ni siquiera una alquimista porque podía conseguirlas por transmutación). Pero en fin, no quería llevarle la contraria a una profesora delante de Marcus. Entornó los ojos cuando dijo lo de rival. Vaya, Slytherins compitiendo entre ellas, lo nunca visto. — Eso le dará igual. Tu madre es mejor bruja que ella y más exitosa, no lo tolerará. — Entornó los ojos cuando mencionó a Linda. Vaya, ¿por qué no le sorprendía que fueran amiguitas? — Entre gente tan competitiva no existen los amiguismos ni la familiaridad, tenlo por seguro. — Dijo simplemente, porque la verdad, de las últimas personas de las que le apetecía hablar era de los padres que habían criado alguien como Percival, así que desvió el tema a Emma de nuevo. — Pues me lo llevo. — Dijo quitándoselo de las manos a Marcus como si le robara algo. — Y pienso usarlo. Siempre será mejor impecablemente Horner que desastrosamente Gallia, y no me importa darle en las narices a Fenwick con que mi suegra es mejor transformadora que ella. — Dijo, dándole con el libro flojito en los rizos de la frente y levantando la barbilla con la una sonrisa. — No obstante, sí que le preguntaré cuando la vea, a ver qué me recomienda para las sensoriales, que eso va a ser una risa como me caiga en los EXTASIS.

Se dejó llevar al pasillo del fondo, encogiéndose de hombros. — Bueno, infantiles para ti y para mí. Mi hermano no va tan adelantado y hay más de uno que le pondría interesar... De hecho, me encantaría encontrar uno de Herbología y otro de Astronomía que sean facilitos, a ver si así le despierto el interés en algo que no sea echar hechizos a diestro y siniestro, como, por otro lado hace su padre... — Dijo con un suspiro. Pero ya se dio cuenta de que sus novio había entendido sus intenciones, solo que se estaba haciendo el que no sabía, como hacía siempre. Eso le hizo poner media sonrisita y acercarse poco a poco a él, manteniendo un tono de voz bajo. — Es que estaba pensando en la primera vez que estuvimos aquí... Y te dije que este sería muy buen escondite si luego sabes volver... — Se colocó poco a poco entre la estantería y Marcus, para ocupar su campo de visión. — Y tú me dijiste "yo me perdería por aquí con mucho gusto..." — Se mordió el labio inferior y le miró a los ojos intensamente. — Y yo no sabía por qué en aquel entonces pero no podía parar de pensar... "Pues piérdete conmigo..." — Se acercó a él, casi rozando sus labios, y al final reculando y acercándose a su oído para susurrar. — Lo que he querido siempre es que te escaparas conmigo, mi príncipe. — Terminó susurrando aterciopelada, y agarrando fuertemente las solapas de su abrigo para mantenerle cerca de ella.
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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
La miró con una ceja arqueada y soltó un bufido despectivo. – Decir eso es conocer muy poco al "desastre Gallia". - Contestó, poniendo unas hirientes comillas en el aire. – Le enseño el cubo que se transforma en pajarito que me regaló tu padre cuando ella quiera. - Negó con la cabeza, suspirando, aunque el pinchacito de orgullo que le hizo alzar la barbilla con superioridad cuando Alice dijo que su madre era mejor bruja que ella se había visto desde el castillo, por mucho que hubiera intentado disimularlo. Marcus podía llegar a ser muy competitivo y orgulloso, pero también estaba lo suficientemente seguro de sus capacidades como para no necesitar echar tierra encima de los demás. Celebraba mucho los éxitos de quien se lo merecía, sin ir más lejos siempre valoraba lo que Alice, Hillary, Sean o cualquiera de su entorno hiciera bien. Aunque luego fuera pavoneándose él también de sus cualidades personales, pero lo consideraba dos cosas distintas. Había que tener muy poca clase para escupir veneno sobre los demás solo para resarcirte tú... Pero claro... Slytherins...

Sonrió orgulloso cuando Alice dijo que se llevaba el libro de todas formas. Pensaba decírselo a su madre en la próxima carta. – Te va a encantar, tiene cosas que pueden serle muy útiles a una enfermera. No toca mucho el tema de las transformaciones sensoriales, pero bueno, para eso tienes a tu padre. - Dijo con obviedad. Teniendo a William Gallia de padre, que era de los mejores magos en ese campo, ¿quién necesitaba un libro? Ya tenía que considerarlo bueno Marcus para que lo pusiera por delante de un libro. Rio cuando escuchó esa frase, pero la realidad es que iba a salir volando de orgullo hinchado. "Mi suegra es mejor transformadora de ella". ¿Podía gustarle más una frase completa, por todo lo que envolvía? Y luego decía que él no era tan competitivo. – Sí que lo es. - Y tu padre también, pensó insistentemente. Y por supuesto que no iba a dejar el tema pasar. – Pregúntale, le encantará hablar contigo. - Hizo un gesto con la mano y la cabeza. – Pero, insisto: tu padre es mucho mejor con eso. Y seguro que le encanta que le preguntes, puede ser un buen tema de conversación cuando vayáis. Que tu padre cuando se pone a hablar de hechizos no acaba nunca, parece que no le conoces. - Dijo con una risa y tono cariñoso. Lo que no dijo fue que le iba a venir mejor a él que a ella poder hablar de otra cosa que no fuera... EL problema. Que se evadiera. Que recordara todas las cosas buenas que sabía y podía hacer, y lo que podía ayudar a su hija y a la gente en general con ello. Que dejara la alquimia a un lado y se centrara en los encantamientos, que eran su campo y su gran pasión. Quería pensar que podía funcionar.

Puso expresión pensativa. – Creo que los de Herbología están al fondo. De Astronomía si hay varios aquí. - Dijo, girándose para señalar la estantería de su derecha, pero volvió a mirar los libros de historia del mueble de la izquierda. No duró mucho su disimule, porque la pregunta que pretendía fingir que había formulado inocentemente tuvo el efecto esperable, y Alice no tardó en acercarse a él en ese tono susurrante que ambos sabían tan bien usar. Miró hacia arriba, rememorando y aguantándose una sonrisilla. Lo había olvidado, pero ahora que lo mencionaba... Sí, era muy probable que hubiera dicho eso. Ladeó la sonrisa y la miró. – Es que me gustan mucho los libros, no debería sorprenderte. - Dijo con voz melosa, pretendiendo una inocencia de nuevo que nadie se creía. "Pues piérdete conmigo". Se mojó los labios y entrecerró los ojos, mirándola. – ¿Ya andabas pensando esas cosas a esas alturas? - Alzó la mirada para comprobar que no había nadie y volvió a bajarla a ella al saberse solos, acercándose para susurrar. – Como que no llevaba perdido contigo todo el día. - Como que no llevaba desde que la conoció deseando cualquier excusa para perderse con ella, aunque las connotaciones hubieran ido cambiando conforme los años pasaban.

Se había colocado estratégicamente como solo ella sabía hacer, entre su cuerpo y la estantería, prácticamente rozando sus labios antes de susurrar en su oído y agarrando su abrigo. Volvió a echar una mirada de soslayo al inicio del pasillo, pero estaban solos. – Pues aquí me tienes. - Apoyó una mano en la estantería y se acercó a ella, con su pose chulesca muy bien estudiada porque sabía donde estaban y hasta donde podían llegar. – ¿Sabe la princesa que estamos en un sitio público, por muy solos que parezcamos? - Susurró, mirándola a los ojos con su mirada entrecerrada y su sonrisa ladeada. Volvió a esbozar una mueca pensativa, aunque esta vez muy teatralizada, mirando hacia arriba y chistando un poco. – Ahora que lo pienso... Creo que me has tenido engañado todo este tiempo. - Empezó, sabiendo que eso la provocaría. – Porque vas de muy atrevida, divertida, curiosa... Mientras que yo soy el cauto, el dramático, el asustón y el aburrido. - Ladeó la cabeza, recuperando la expresión de sonrisa ladeada y ojos entrecerrados. – Pero yo ya me perdía contigo entre las estanterías con trece años y te decía que podía hacerlo todas las veces que quisieras... Mientras que tú deseabas hacerlo y no me decías nada... Solo tentabas mis reacciones... - Ladeó la cabeza hacia el otro lado y dijo. – Y ahora estás haciendo lo mismo... Sé cuando me estás provocando, princesa. - Lanzó otra mirada de soslayo al pasillo. Nadie. Se acercó a su rostro mucho más y susurró. – Dime... ¿Qué es exactamente lo que esperas que haga? Porque si lo que quieres es que me pierda... - Se encogió muy sutilmente de un hombro, con una caída de ojos, y sacó el labio inferior. – Puedo fingir que se me ha olvidado cómo volver a la salida. -
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Jue Jun 10, 2021 7:38 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Entornó los ojos a lo de su padre. — Tú deberías saber cómo se lía mi padre con las explicaciones, ¿o es que acabaste por entender por qué el pajarito conmigo no se convertía y con él se quedaba dormido? — Se encogió de hombros y lazó la mirada al techo. — Mi padre es un genio, pero para explicar lo que hacía la mejor era mi madre, que ponía orden en sus cosas y lo traducía al lenguaje del resto de los humanos. — Además, era un genio un poco en sus horas bajas. Pero Marcus tenía razón, hacerle hablar de hechizos siempre era bueno. Suspiró y deslizó los dedos sobre los tonos. — Le hablaré del asunto, pero trataré de no tomarme demasiado en serio las explicaciones, porque acabaré más liada. — Puso la cara de su padre, que le salía bastante bien, por haberla visto muchas veces. — "Todo tiene truco pajarito, solo permítete sentirlo, y entonces simplemente saldrá" — Apretó los labios y levantó las manos. — Y se queda tan ancho, ¿sabes?

Alzó una ceja y le miró con carita de niña buena. — Bueno, en lo que pensaba era en que quería estar contigo... Sola. No para qué. Que me gustaba perderme... — Sí, porque en esa época aún no había tenido aquella especie de revelación del verano que le había dado las peores noches de calor de su vida. Rio y asintió con la cabeza. — Es verdad, pero solo podía pensar en sí vendrían los demás y nos arruinarían el plan. — Que al final lo hicieron un poco, pero bueno, ella se quedaba con el resto de momentos.

Pero no sería su Marcus chulito, si no cayera en la provocación, pero se apoyara así, como si es que pasara por allí. Hacer aquello con pantalones vaqueros y no con la falda del uniforme no era tan sugerente, pero aún así, subió su pierna por fuera de la de Marcus, lo justo para atraparle con ella pero sin ser demasiado evidente. — Lo sé. Aunque no es la primera vez que me tienes así contra una estantería, ¿me equivoco? — Dijo asintiendo con la cabeza. — Sé que estamos en un lugar público... En el que estamos solos... Difícil de encontrar... Donde llevo años queriendo perderme con mi príncipe... — Siguió, con una sonrisa traviesa. Escuchó su argumentación de que le tenía engañado. —¿De veras? Si yo no engaño. No creo que conozcas muchas chicas que vayan más de frente que yo. — Se mordió el labio y le miró a los ojos directamente. — Es que eres un poquito todas esas cosas, amor mío. — Entornó los ojos hacia un lado, comprobando que no había nadie, y además no había oído la campanilla de la puerta sonar. — Es que entonces no entendía bien qué era lo que quería. Sabía que me gustaba estar sola contigo... Me gustaba que me tocaras... — Soltó una de las manos y la metió por dentro de su abrigo, agarrándole de un costado y atrayéndole hacia sí. — Pero no sabía que quería que me besaras... Tenerte así, sobre mí... — Susurró, tentativamente. — Olvidar el camino a la salida solo es una cosa de las que se me ocurriría pedirte. — Enfocó sus rostro, que ahora estaba muy cerca. — Sabes qué es lo que quiero. Sabes hacerlo muy bien. — Dijo mirándole significativamente con una sonrisilla. — ¿Sabes cuántas veces, desde la primera vez que me besaste después de que lo hiciera yo en el lago, he pensado "que se deje de tonterías y me bese... Aquí y ahora"? — Y dicho aquello, recortó la poca distancia que le quedaba con él, metiendo ambas manos por dentro de su abrigo para abrazarle y pegarle contra ella mientras le besaba intensamente, entrechocando sus lenguas. — A veces te echo mucho de menos así, amor mío. — Le besó un poco más. — A solas, enredado conmigo... Y nadie para reclamar al prefecto O'Donnell... — Y para demostrarlo le besó otra vez. — Solo mío. — Susurró, anhelante, sobre sus labios, parando solo un segundo.
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Jue Jun 10, 2021 8:52 pm

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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Esa carita de niña buena que no se creía nadie pero que podría arrastrarle al mismísimo infierno, aun sabiendo que de inocente no tenía nada. Pero claro, Alice no sería Alice si no hiciera esas cosas, y él no sería él si no cayera de cabeza en todas ellas. Miraba sus labios al hablar mientras él se mojaba los suyos, tratando de disimular la sonrisilla y de controlar las ganas de besarla. Le gustaba mucho besarla, sí, pero es que esos jueguecitos también le gustaban mucho. – Siempre te gustó perderte. - Susurró, sin perder la sonrisa, y dejó un muy leve toque de su nariz en la mejilla de ella mientras decía. – Ahora voy a tener yo la culpa. - Con un tono considerablemente sugerente.

Bajó la mirada conforme notó la pierna de la chica acariciar la suya y la volvió a subir con una caída de los párpados, como si le estuviera preguntando por sus intenciones. Como si no conocieran ya los dos muy bien el idioma en el que estaban hablando. – Es posible. - Respondió. Mejor no mentaban las veces anteriores que habían estado en posturas similares porque... Lo dicho, estaban en público. Pero justo después de confirmar que estaban en público, Alice empezó a decir una serie de cosas que le arrancaron una risa casi muda. – Uuuhh que peligroso empieza a sonar esto... - Le acarició un mechón de pelo con la mano libre y dijo mirándolo. – Que cierta princesa es demasiado inteligente y sabe utilizar muy bien los argumentos a su conveniencia... - Como que él no se había dirigido convenientemente ahí ni puesto la situación en bandeja.

Arqueó una ceja. – Oh, la señora directa acaba de llamarme asustón y aburrido sin despeinarse siquiera. - Dijo sin cambiar el tono, fingiendo una muy sutil y nada creíble indignación. Su impostura hizo amago de desmoronarse cuando notó la mano de Alice por su costado y como le atraía hacia ella, mirando automáticamente y en un acto reflejo hacia el pasillo. – Alice... - Susurró en tono de advertencia, porque su novia se venía arriba y no medía. Y él era un idiota demasiado enamorado y seducido por ella que le ponía en bandeja de plata hacer ese tipo de cosas aun a sabiendas de como iban a acabar, porque él no era así, o eso quería vender. Marcus O'Donnell, correcto y educado, protocolario hasta el extremo e impecablemente normativo. Papel mojado es lo que era todo eso. – ¿Solo una de las cosas? - Preguntó en un susurro, muy cerca de sus labios, notando que se estaba perdiendo en favor de estos y de las tentaciones de la chica. Se le escapaba el control de las manos, como le pasaba siempre con ella. No sabía ni por qué se molestaba en ponerse chulito si ella siempre terminaba inhabilitándole. La pregunta le hizo morderse el labio, pero no le dio tiempo a contestar.

La mano libre agarró su mejilla mientras la otra seguía intentando soportarle en la estantería. Esperaba no meterla sin querer entre dos libros, porque se veía tropezando muy torpemente y cayendo los dos al suelo, tirando varios libros en el proceso, y eso sí que iba a llamar la atención. Apoyó su cuerpo sobre el de ella, dejándose arrastrar con mucho gusto y perdiéndose en ese beso como si le fuera la vida en ello. Llevaban una semana tensa y difícil desde que recibieran la carta de William, y eso era lo que quería, ¿no? Tener a su Alice, que estuviera distraída y pensando solo en disfrutar de su noviazgo. Pues otra cosa no, pero disfrutar el uno del otro, ahora estaban disfrutando bastante. – ¿Es que no sabes que ya me tienes así? ¿Que soy solo tuyo? - Susurró sobre sus labios, siendo él quien la besara de nuevo, perdiendo la noción de donde estaban por unos segundos. – En mi mente siempre estamos así. - Dijo sin apenas separarse, esbozando una sonrisa, y retiró un mechón de pelo de su frente mientras la miraba. – Creía que la Señorita Gallia se caracterizaba por tener más imaginación que yo. - Añadió, besando sus labios de nuevo justo después.

Miró de soslayo al pasillo una vez más. Seguía sin haber nadie, ni siquiera sombras de gente moviéndose. No iba a tardar mucho en dejar de ser así, era una librería relativamente transitada, pero supuso que aún podían aprovechar un poco más. Llevó los labios a su cuello, rozando su piel en el camino, pero antes de besarla susurró. – ¿Para esto quieres unas estanterías enormes en casa? - Dejó un beso suave en el cuello de la chica y añadió. – Cuando hablaban de todos los usos que un Ravenclaw podía darle a una estantería... No contaba con esto... -
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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Rio a lo de que parecía peligroso y tiró de nuevo de él hacia su cuerpo, dejando muy poco espacio. — Alguien me dijo que le gustaban las emociones más que la seguridad de por vida. — Besó brevemente su oreja y bajó los labios un poco por su cuello. — Sabes que podría utilizar armas mucho más poderosas para convencerte, amor mío.

Seguro que Marcus creía que diciendo "Alice" de esa manera la estaba persuadiendo de parar y tomándoselo como una advertencia, pero el mero hecho de oírlo la hizo soltar pesadamente el aire mientras miraba sus labios. Sería que estaba condicionada, porque solía oírselo en circunstancias más satisfactorias e íntimas que esa, pero es que la volvía loca. Rio un poco y entornó los ojos, acercándose a su boca. — No puedes hacer el numerito de decir "Alice" con ese tono de pretendida regañina y luego tentarme a decirte todas las cosas que haces bien... — Buscó sus labios de nuevo, deleitándose con ellos. — Y luego pretenderás que no quiera que me las hagas, ¿verdad? Porque estamos en un sitio muy público, mi príncipe. — Dijo poniendo voz fingidamente grave y sacando los morritos.

Y por fin, tenía a Marcus donde quería, besándola con pasión, en un momento a solas aunque fuera, y le encantaba que él se dejara arrastrar de aquella forma y simplemente se abrazó a su cintura, hundiéndose en el beso. Rio cuando le hizo las preguntas. — ¿Y no sabe el prefecto, que sabe tantísimas cosas, que su Alice Gallia siempre quiere más? — Subió una mano a su nuca presionándole contra sí y dejándose caer más en la estantería, con él encima. — Con imaginármelo no me basta, lo quiero... — Le volvió a besar con ansia y se separó para decir. — Te quiero... — Porque ahora podías decírselo y repetírselo todas las veces que hiciera falta. Y claro, su prefecto ya se empezó a venir arriba, o más bien abajo porque se puso a besarle el cuello, lo cual le hizo cerrar los ojos y suspirar, mientras enterraba los dedos en los rizos de su nuca y se aferraba a ellos. — Ni te imaginas la de usos que le voy a dar a todos los rincones de nuestra casa. Además de ponerle ocho cerrojos y revelar su localización un par de meses después de comprárnosla, para tener al menos ese tiempo de paz. — Volvió a tirar de él para que la besara, porque ella misma era consciente de que deberían parar antes de venirse más arriba, pero quería un último beso intenso de su novio. Luego se separó, apoyando su frente en la suya. — Podría ser la alumna díscola de siempre y arrastrarte a hacer cosas más arriesgadas... Pero voy a ser buena. — Le di un breve beso y lo empujó suavemente hacia atrás y le dio la mano. — Vamos a pagar esto y seguimos con la ruta. — Dijo levantando el libro de Emma.

Una vez fuera se rio un poco mirándole y le dijo. — Péinate un poco, O'Donnell, que vas a conocer a mi tataratataraabuelo como mi novio oficial, querrás causar buena impresión. — Apretó su mano y dijo. — Mira lo bueno de que hayamos tardado siete años en decidirnos, es que mi familia te conoce divinamente, y nadie se va a sorprender cuando llegue con el inglesito a La Provenza y lo oficialicemos con los Gallia vivos. — Llegaron a la estatua y ella le hizo un saludo militar un poco vago. — Monsieur Gallia. Señor Dee. Aquí mi novio, el prefecto O'Donnell, alquimista como su mejor amigo y su hijo. — Dijo cómicamente como si hablara con la estatua. — Yo creo que le haría hasta ilusión, fíjate, con lo bien que se llevaba él con Edward Kelly que hasta se intercambiaban las esposas. — Se giró a Marcus y chasqueó la lengua. — Eso no te lo conté la primera vez, porque teníamos trece años, y ya me había escandalizado yo leyéndolo, pues me imaginé que tú te escandalizarías el triple. — Se rio al recordar aquel verano en La Provenza. — Y no querías ni que te hablar de embarazadas ese mismo verano, por si acaso, imagínate de intercambios de parejas. — Le agarró de la cintura mirándole. — ¿Ves como te ha tocado la Gallia tranquilita? Yo no comparto a mi alquimista y no quiero nada en el mundo que no sea a él todo el tiempo conmigo. — Terminó dándole un pequeño beso.
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Vie Jun 11, 2021 12:53 pm

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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Se mordió el labio pero volvió a escapársele una carcajada muda entre estos. – Te acuerdas de mis frases mejor que yo... - Ladeó un par de veces la cabeza, con una mueca pensativa. – O casi. Dije "emoción controlada". - Se acercó a su oído y susurró. – A ti no hay quien te controle... Pero no se lo digas al Marcus de trece años. - Porque ese aún no sabía ni donde tenía la cara, era él y a la vista estaba que tampoco es que tuviera todas las luces encendidas. Cuando se diera cuenta de lo que estaba haciendo en una librería se iba a llevar las manos a la cabeza... Y lo volvería a hacer igualmente si Alice quisiera. O si seguía haciendo cosas como bajar los besos por su cuello y susurrarle frases como esa. Ya estaba notando como su respiración se agitaba y sus ojos se cerraban. Es que así no podía pensar con claridad, era imposible.

Los abrió de nuevo solo para mirarla con falsa inocencia y confusión, arqueando una ceja. – ¿Numerito? - Sacó un poco el labio inferior. – No sé de qué me hablas. A mí siempre me gusta oír lo que hago bien. - Sí, claro. Y el tonito sugerente que estaba usando al decirlo era puramente casual. Correspondió el beso y fue después cuando su novia dijo eso. Se mojó los labios a modo de contención, porque ella misma lo había dicho aunque inmerso en esa frasecita tan llena de intenciones: estaban en un lugar público. Se deberían de ir, o al menos seguir paseando la tienda como personas normales. Pero era demasiado tentador responder eso. – Es que sigo sin saber qué cosas son... Si no, las haría encantado. - Y luego decía que la que tenía peligro era Alice.

– Sí que lo sé. - Susurró sobre sus labios, con una risa suave, mientras recuperaba el aliento tras ese beso y sentía como le aferraba más a ella. Los besos siguieron, y solo pararon para que pudiera oír a Alice decirle que le quería. Ojalá siempre lo oyera como si fuera la primera vez, ojalá no se acostumbrara nunca, y sentir siempre ese cosquilleo en el estómago cada vez que lo oyera. – Te quiero. - Susurró de vuelta antes de perderse en sus labios otra vez, por todas las veces que no lo había dicho pero lo había pensado. O por todas las veces que ni siquiera lo había pensado, pero lo había sentido.

Prolongaron un poquito más el deleitarse el uno en el otro, pero obviamente aquello tenía que parar en algún momento. Nunca hubiera pensado que fuera Alice la que lo hiciera. Definitivamente, esa chica tenía en él un poder superior al de cualquier efecto mágico. – ¿Buena? - Preguntó con intención, arqueando una ceja de nuevo. Cuando le retiró, hizo la pantomima de dar varios pasos hacia atrás con dramatismo, como si le acabara de arrancar un trozo de vida. Maldito Hogwarts y su política de protección por la cual no podías aparecerte en sus terrenos, porque se le ocurrían muchos sitios dentro del castillo en los que aparecerse ahora mismo con su novia. Salió de su mano, sintiéndose en una nube y probablemente con una cara de felicidad embobada considerablemente delatora. O al menos su pelo era delator, al parecer. Chistó y se lo arregló un poco con las manos. – Yo venía impecablemente presentable, pero... - Dejó caer, porque él no se podía callar. Lo que dijo a continuación le hizo reír. – Mis abuelos ya te llaman su nieta de apellido raro y en Navidad estaban dando por hecho que eras mi novia, o sea que tenemos trabajo adelantado. - Se acercó a la chica en tono cómplice y susurró. – Pienso ingeniármelas para que Darren vaya a mi casa en Pascua y hacer pasar la vergüenza a Lex. - Oh, pensaba vengarse con su hermano todo lo que pudiera.

Con lo que se tuvo que contener mucho la risa fue con su novia haciendo el teatrillo con la estatua de su antepasado. No sería porque Marcus no era respetuoso con las estatuas de personas ilustres ni dado al teatrillo, pero es que aquello tenía demasiada gracia. Aun así, se llevó una mano a los labios para disimular e hizo como que se ponía muy formal y serio, metiéndose de lleno en la historia. – Señor Dee, le presento mis respetos y le aseguro que trataré a su tataratatara nieta con la honra que merece alguien de su clase. - Afirmó con mucha pomposidad y una reverencia. Estaba metido en eso cuando Alice dijo lo del intercambio de esposas. – ¿Eh? - Respondió en el acto, mirándola súbitamente. Miró de reojo la estatua, como si realmente estuviera allí (lo dicho, Marcus respetaba mucho las representaciones de gente influyente) y se llevó una mano al pecho. – Bueno, no seré yo quien juzgue. - Pero aquello no lo terminaba él de ver muy claro, por no decir nada claro, por no decir que le sonaba rarísimo. Definitivamente, los Gallia llevaban haciendo cosas raras desde tiempos inmemoriales.

Rodó los ojos cuando empezó a meterse con él. – Siempre fui un chico inocente y correcto. - Dijo muy digno, recolocándose el abrigo que, casualmente, se le había removido mientras se liaba con su novia en una estantería de una librería antigua. Inocentísimo y correctísimo. La miró de reojo con una sonrisilla cuando le agarró de la cintura y rio. – Eres muy lista tú, Señorita Gallia tranquilita. Te comparas con gente que pone el listón tan alto que se sale de las escalas. Así no vale. - Aunque cada día quedaba más demostrado que Alice era la más centrada de su familia. Ahora que eran prácticamente adultos se veía bastante evidente. Pero lo dicho, no estaba el día para tocar temas familiares, todo lo contrario. Habían ido allí a evadirse, así que continuó con el tono de broma. – Este alquimista ya te ha asegurado que es solo tuyo, y yo no hablo en balde. - Tomó sus mejillas con cariño y dijo. – No podría estar con nadie que no fueras tú. - Dejó un breve beso en sus labios y siguió caminando. – Bueeeeno... - Dijo con una voz aguda y evidente, suspirando y mirando hacia arriba. – No soy yo el que lleva la hoja de ruta... Me parece que la que debería guiar no está muy atenta, pero en fin... - Provocó. – No recuerdo qué tocaba ahora, aunque... Un poquito de sed sí que tengo. ¿Me puedes confirmar cuál es la siguiente parada, por favor? - Como que no sabía él claramente que tocaba ir a las Tres Escobas.
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Vie Jun 11, 2021 4:05 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Si había algo que Marcus hacía con ella como nadie, era hacerla reír, como cuando hizo esa tontería aún en la librería. Era un prefecto perfeccionista ya pegado a las normas pero, de alguna forma, lograba ser extremadamente divertido. Quizá porque su humor era muy intelectualoide y ese era el tipo de humor que le gustaba a Alice. Caminó con una sonrisa mientras Marcus hablaba de sus abuelos y cómo la consideraban su nieta de apellido raro. — Bueno, ese título me viene heredado de mi padre y la tata, no concedido por ser tu novia, pero es verdad que todos lo pensaban. Creo que los únicos que no se lo veían venir éramos nosotros. Acuérdate del abuelo Lawrence haciendo el brindis y diciendo "y por los O'Donnell que habrá" Ahí, a las bravas delante de todo el mundo. — Se rio con ganas y se aferró a su brazo. Se sentía inmensamente orgullosa y afortunada de poder ser la novia de Marcus parte de una familia tan bonita. — Bueno, Darren va a estar integrado a la primera de cambio, ya lo sabes, menudo es. — Dijo haciendo un gesto al aire. — Estoy segura de que se va a llevar de maravilla con la abuela Molly, e igual a Erin la pone un poquito nerviosa, pero tema del que hablar van a tener seguro. — Lo que no veía tan claro era a Darren con los Horner... No veía claro a los Horner en general.

Siguió riéndose cuando Marcus le siguió el rollo totalmente con la estatua del antepasado, porque la cara de Marcus al oír lo del intercambio de parejas era de campeonato. — No, no, no juzgues porque a ellos les funcionó divinamente. — Se rio más fuerte y negó con la cabeza. — Gallia tenía que ser. — Subió la mano y acarició la mejilla de sus novio. — Claro que sí, mi chico inocente y correcto, eras un amorcito de pequeño... — Alzó la ceja y se acercó a su oído. — Pero no me vas a negar que alguna vez ese te iban los ojitos a donde no estabas dispuesto a reconocer que mirabas... — Que Gal no era tonta, a ver. Se dejo besar, permitiéndose inundar de la felicidad del momento. — Y yo soy tuya, mi alquimista. — Se rio y puso las manos sobre las de él. – Así me cogiste cuando me besaste la primera vez. Pensé que se me iba a salir el corazón cuando me agarraste así. — Entornó los ojos. Menudo primer beso. Pero es que era una Gallia al fin y al cabo, todo tenía que hacerlo atropelladamente. — Ni yo con nadie que no fuera el perfecto prefecto O'Donnell... — Se acercó a susurrar en su oido. — Al que creo que aun tengo que recordarle unas cuantas cosas que se le da hacer muy bien. — Volvió a reírse cuando Marcus fingió que intentaba recordar la ruta y ella volvió a aferrarse a su cintura, echando la cabeza para atrás y exagerando mucho una expresión de extrañeza. — Ohhhh sí... ¿Qué podría ser lo siguiente? — Abrió mucho los ojos y la boca. — Aaaanda, qué casualidad, yo creo que justo ahora toca Las Tres Escobas. — Se acercó más a él con la sonrisa. — Y por supuesto, querrás pedir unas costillas en salsa de cerveza negra porque la primera vez yo no comí, ¿a que sí? — Le conocía como si le hubiera dibujado ella.

Avanzaron de la mano hasta la taberna y Gal pidió que les sentaran en la misma mesa que aquel día, para ya tenerlo todo. — Solo nos falta Hillary tocando las narices, pero algo me dice que hoy tenía planes mejores. — Dijo significativamente. Se quitó el abrigo y se sentó al lado de Marcus, en vez de enfrente, como hizo aquel día para planear el trabajo de Historia de la Magia, asignatura que le trajo de nuevo a la cabeza lo que iba barruntando desde hacía un rato y que le picaba en el pecho y en el ánimo. — Marcus... — Tomó su mano y la dejó entre las suyas sobre su regazo. — Hay algo que... A riesgo de fastidiar la visita, que tengo que hablar contigo. — Alzó los ojos, con una mirada tranquilizadora, para que no se preocupara tampoco. — Sabes que quiero pasar todo el tiempo posible contigo, y eso incluye la Pascua, e incluye tu familia... — Tragó saliva y y tomó aire. — Pero no sé si puedo ir a casa de los Horner. La última vez que vi a Percival me temblaban las piernas que creía que me iba a caer de rodillas, no quiero darte más problemas, porque a estas alturas puede que tus tíos se hayan enterado ya... — Suspiró y le dio un beso en las manos. — Yo quiero estar contigo, pero no sé si soy tan valiente como para volver allí. Menos después de lo que sea que vaya a encontrarme en La Provenza, que sabe Dios que será...
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Sáb Jun 12, 2021 12:19 am

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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Asentía a las palabras de Alice y reía, pero hubo algo que dijo que, si bien debió arrancarle una carcajada, no pudo evitar hacer que la mirara mientras reía. — Sí... Las cosas de mi abuelo... - Dijo, continuando la broma, pero tratando de escudriñar su reacción. "Los O'Donnells que vendrán", sí. ¿Quería ella eso? ¿Estaba dando por hecho que "vendrían más O'Donnells"? Definitivamente tendrían que abordar algún día ese tema... No hoy.

Rodó los ojos con una risa. — Desde luego, Darren se integrará en seguida. Mi padre también tiene ganas de conocerle. — A su madre se la había dejado convenientemente fuera de la ecuación. Hasta él temía el momento en que Darren y su madre se conocieran, porque el chico era demasiado... En fin, demasiado Darren, y su madre era... Bueno, como ella era. Sin comentarios al respecto del choque que se podría producir. — No es Darren el que lo va a pasar mal, es Lex. Ya sabes que odia ser el foco de atención, y su novio es una bocina con patas. Y ya has visto como son mis abuelos y mi padre cuando dicen de lanzar comentarios. — Vaya, que le quedaba una Pascua curiosa que pasar a su hermano. Él ya había roto el hielo en Navidad, que se había pasado todas las fiestas recibiendo comentarios y aún ni estaban saliendo. Estaba salvado ya.

Puso la cara de niño bueno que ponía Marcus siempre que le decían algo así, pero claro, su novia añadió otro susurro en su oído. Abrió mucho los ojos y la miró con cara de sorpresa ofendida. — ¿¿Yo?? En la vida. Siempre fui muy respetuoso. — Rodó la mirada hacia arriba y ladeó varias veces la cabeza, murmurando por lo bajo aunque siendo perfectamente audible. — Aunque algunas trepaban a los árboles con vestidos bastante cortos. Pues ni por esas. — Hizo un gesto de reafirmación con la mano y añadió. — Siempre fui correctísimo. —Ni él se creía eso, ni Alice tampoco. A otra persona se lo podría vender, pero precisamente a Alice... El nuevo susurro tras su beso hizo que dejara escapar una muda risa entre los labios. — Pues sí, porque me gusta tu punto de vista de las cosas. Seguro que no todas las he tenido en cuenta. — Y le guiñó un ojo.

Entraron en Las Tres Escobas con la misma ilusión que la primera vez. — Por supuesto que voy a pedir eso, porque están buenísimas y porque alguien me dio la idea de mojar las patatas en salsa y yo tengo que aprovechar eso todo el tiempo que me quede en este colegio. —Dijo entre risas, sentándose ambos en la misma mesa de aquella vez. — Sí, suerte esperando por aquí a esos dos. A saber qué andan haciendo. Si no fuera porque nuestra cita me interesa mucho más, iría a vengarme por todas las veces que nos han molestado. — Pues no le daba rabia cuando venían sus amigos a meterse con ellos justo cuando estaban planeando algo en perfecta sintonía... O sea, siempre. — También nos faltaría ponernos a planear la fiesta de Hogsmeade. — Bromeó divertido, pero Alice parecía querer decirle algo. Estaba un poco seria de repente, y por un momento se le agarró un pellizco en el pecho, temiendo que el tema de William saliera a relucir otra vez... Pero no era eso.

Se mojó los labios y agachó la cabeza. Si fuera cualquier otro, no le pediría bajo ningún concepto a Alice que fuera, le retirarían ambos la palabra para siempre... El problema es que era su primo. No apreciaba especialmente a su primo de nunca, menos aún después de eso. Pero todos los demás eran su familia. Simplemente no podía no ir. Por no hablar de que Marcus era orgulloso, y no consentiría ser ellos quienes huyeran cuando la culpa la tenía claramente él, él fue el que hizo lo que no debía, no ellos. Ni muchísimo menos Alice. — Alice... —Él también agarró sus manos y la miró a los ojos. — Ojalá no tuvieras que verle nunca más, créeme. Yo... Tampoco tengo ganas de verle, precisamente. — Se mojó los labios de nuevo. — Pero los Horner son mi familia... Y tú también. — Negó con la cabeza. — No voy a consentir que te escondas. Los O'Donnell vamos a estar contigo en todo momento y sabemos que tú tienes razón. No te hará nada, no te dirá nada. Y Percival es un cobarde, si percibe que lo sabemos, ni te mirará. Te huirá todo el tiempo. — Echó un poco de aire por la boca y alzó las palmas de las manos. — A ver qué te parece esto, tenía un plan que proponerte que creo que te puede gustar. — Se recolocó en el asiento y esbozó una leve sonrisa. — He hablado con mis padres y me han dicho que iremos varios días a La Provenza. Hasta mi madre se ha apuntado, por primera vez. — Dijo con una leve risa. — Vamos a ser lo más parecido a una familia, Alice. Me muero de ganas de estar allí contigo, de ver esa fiesta de la que llevas años hablándome... Pensaba hacer planes contigo hoy. — Se encogió de hombros y puso cara de inocencia. — Sorpresa. — Rio un poco y continuó. — Le pregunté a mis padres, siempre que tú quieras, si le parecía bien que, después de varios días en La Provenza, tú pasaras la Pascua con nosotros. Siempre hacemos un juego en casa y vienen mis abuelos, incluso iba a proponerle a Lex que, si quiere, podría venir Darren. Sería la primera vez que... Bueno, no estamos Lex y yo solos, sino que... Las personas que amamos estáis con nosotros. He pensado que podía ser bonito. —Torció una mueca. — A mi abuela Anastasia le gusta organizar una merienda de Pascua todos los años... No puedo obligarte a venir si no quieres, Alice, pero... — Apretó sus manos una vez más. — Eres mi novia, eres la mujer de mi vida y lo vas a ser siempre. Quiero pasar la Pascua contigo, con tu familia y la mía... Y quiero que quede bien claro quien eres para mí, para todos nosotros. — Puso los dedos con suavidad bajo su barbilla y, acercándose a ella, susurró. — Y con la cabeza bien alta, mi amor. Esos ojos de Ravenclaw no merecen esconderse. No tienen que esconderse. —  
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Sáb Jun 12, 2021 1:45 am

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Volvió a reírse con aquellas aseveraciones de su novio. — Pues vaya, para no haber mirado, bien que te fijabas en que eran vestidos cortos. — Soltó una carcajada y negó con la cabeza. — Al final iba a tener razón memé cuando iba por ahí tirándome del bajo de los vestidos. — Ladeó la sonrisa y miró traviesa a su novio. — Cuando quieras te las relato, así... Bajito, al oído... Para que te queden bien claras. — Terminó alzando las cejas y sin quitar el tono travieso total.

En cuanto su novio le confirmó que era eso lo que quería comer, se lo pidió al camarero junto a dos cervezas de mantequilla. — Oye, nos está quedando igualito, igualito el día. — Rio con ganas a lo de Hillary y Sean, dejándose caer en el hombro de su novio. — Ya tendremos tiempo. Algo me dice que tenemos Sean y Hillary para rato. — Y lo esperaba, la verdad. Ella había encontrado a Marcus, ahora quería a todo el mundo feliz y emparejado correctamente, y Sean y Hillary tenían que estar juntos, eso estaba claro desde hacía años. Asintió a lo de Hogsmeade. — Pero dudo que nos quedara tan bien como en aquel momento. ¡Oh! Qué orgullosa me sentí de ti en aquella exposición. El diez más merecido de la historia. Tu tío Philip debería llamarte para que le ayudaras con los libros, quizá harías la historia más accesible para la gente. — Levantó el dedo índice y dijo. — O deberías haber traído aquel mapa de ensueño de Roma y podríamos haber planeado ese superviaje que mi entonces mejor amigo y ahora novio me debes... — Dijo distraídamente poniendo cara de niña buena, como si no tuviera mucha importancia, aunque desde que habían empezado oficialmente, sonaba con que ese fuera su primer viaje juntos y solos.

Pero antes, había que resolver la cuestión de los Horner, claro. Sí, sabía que Marcus tenía menos ganas de verle que ella, de hecho se temía su reacción. Pero se ablandó cuando le dijo que ella era su familia y su corazón se aceleró, no pudiendo evitar mirarle dulcemente. — No sabes lo que es para mí que me digas eso. — Aunque eso de que Percival se achantaría... Quizá Marcus pensaba eso, y tendría razón, pero a ella, Percival prácticamente la había encerrado en la cocina, la había impedido salir, y cada vez que pensaba en que podría haber pasado si Lex no llega a entrar se le cortaba el cuerpo. Y no había cambiado ni lo más mínimo el tono cuando su primo le pilló. Como quien cree que simplemente estaba haciendo lo que tenía que hacer. Pero Marcus tenía un plan, así que lo escucharía. Abrió mucho los ojos cuando lo describió, porque no se lo esperaba de ninguna de las maneras. — ¿Qué? — Preguntó abriendo los ojos alucinada, sin poder evitar una sonrisa. — Pero... ¿Cómo que viene tu madre a La Provenza? — Se le escapó una risa incrédula. Quería creer que era algo bueno pero, si en más de veinte años que hacía que Emma estaba con Arnold, no había querido ir, ¿por qué ahora? Y justo cuando no estaban las cosas precisamente bien... ¿Sabrían los O'Donnell algo que ella no e iban para allá para amortiguarle el golpe? Pero no quería ennegrecer el ánimo de su novio, que decía que iban a ser una familia en vacaciones. Apretó sus manos y volvió a besarlas. — Ya somos una familia, mi amor. — Le miró con los ojos brillantes. — Gracias. Eso sí que ha sido una sorpresa, la verdad. Va a ser precioso volver a La Provenza juntos, y que vengan tus padres, por supuesto. — Aunque fuera en aquellas extrañas circunstancias.

Pero claro, el plan tenía una segunda parte. Lo cierto es que la Pascua en sí no se celebraba tanto, hacían lo de los huevos porque su madre insistía, y realmente, al único al que le seguía haciendo ilusión era Dylan. Y quería celebrar algo con los abuelos, quería ver a Lawrence y contarle sus planes, quería estar ahí cuando su amigo Darren fuera por primera vez a la casa O'Donnell y estuvieran los seis... Como una familia, tal como Marcus había dicho. Si el problema eran los Horner. "¿No te lo han dicho? Hacen falta un O'Donnell y un Horner para hacer un Marcus" le había dicho Lex para picarla en Navidad. Pero tenía razón. No podía querer solo la cara luminosa de todo aquello. Asintió. — ¿Cómo no voy a querer? Todo lo que sea pasar tiempo contigo me pareces bien. — Tragó saliva y dijo. — Sé que los Horner son tu familia... Y como son parte de ti... Iré contigo. A donde tú me pidas en realidad. — Dijo con una risita rendida. — Sobretodo si me das sorpresas tan bonitas. No me estás obligando a nada. — Pero entonces le dijo todas esas cosas, entre ellas que era la mujer de su vida. Y podría haberle pedido que fuera a minar carbón con sus propias manos, que le habría dicho que sí. — Oh, Marcus... — Y se tiró a abrazarle, a apretarle contra sí. ¿Qué era ese simio de Percival? Ella era la mujer de la vida de Marcus O'Donnell, el chico más bueno, inteligente y guapísimo que hubiera pisado Hogwarts. El segundo hecho, hacía palidecer tanto al primero que podría desaparecer. Y eso haría. Se separó de él lentamente y le miró, antes de darle un beso corto pero tierno, agradecido. — Lo haremos, mi amor. Nada de esconderse. — Miraría a los ojos a Percival si hacía falta y que en ellos leyera "sí, no me voy a ningún lado". Soltó una risita y contuvo un poco la emoción. — ¿Sabes? El día de Navidad, antes de ir a casa de tu abuela Anastasia, tu abuela Molly me regaló la diadema, y yo estaba muerta de miedo de no encajara y... En fin, de que te dieras cuenta de que yo no tenía sitio en un lugar así... — Sonrió. — Y entonces ella me cogió así de la barbilla, como acabas de hacer tú y me dijo "Con la cabeza bien alta. Nadie es menos ni más que nadie, cariño. Los irlandeses sabemos mucho de eso." — Miró a Marcus y le acarició la mejilla, mirándole con devoción. — Y eso pienso hacer. Porque mi mayor orgullo es ser tu novia, que lo sepa todo el mundo, los Horner incluidos. — Le dejó otro suave beso en los labios y justo llegó la comida. — Así que el Festival de las Luces, eh... — Rio y cogió una patata, metiéndola en la salsa. — Sabes que hay que ir vestido de provenzal a ese festival, ¿verdad? — Dijo con cara pícara, mientras se comía la patata.
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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
— ¡Si tú hiciste medio trabajo conmigo! Fue en gran parte idea tuya, y también te llevaste tu merecida nota por ello. — Dijo dándole cariñosamente en la nariz con el dedo índice. — De los trabajos que más he disfrutado haciendo. Ah, y puedes tener clarísimo que se lo conté a mi tío Phillip. Y que te di tu correspondiente crédito. — Pues poco eufórico que llegó esa Navidad contándole a su tío el trabajo, y eso que ya le había hecho un resumen por carta. Y si no dijo "mi amiga Alice" mil veces en esa conversación, le faltó poco. Lo otro le hizo soltar una especie de risa avergonzada. — Uy, ojalá. — ¿Escribir un libro en colaboración con su tío? Le parecía una idea fantástica. Aunque más ilusión aún le haría escribir uno de encantamientos con su madre, con lo que le gustaba ese área. O de alquimia con su abuelo, ahí sí que moriría feliz. Lo de que escribiría algún día un libro de alquimia lo tenía más que claro en su mente, y de hecho... — Hablando de colaboraciones de libros... — Miró a su novia con los ojos entrecerrados y una sonrisilla. — Podríamos escribir uno, tú y yo, algún día. Cuando seamos ambos alquimistas. Se nos daría genial. — No en balde llevaban trabajando juntos y perfectamente tantos años.

Dejó un beso en sus manos y dijo. — Lo del viaje dalo por hecho. Pienso ponerme a ello en cuanto salgamos de aquí. — Se le escapó una risa y se llevó la mano a la cara para tapársela. — Por Merlín, ahora que lo recuerdo... No te imaginas el viaje que le di a mis padres. Qué pesado, no paraba de hablar de ti. Y aún así no me di cuenta de que estaba colgadito del todo... Anda que vaya erudito. —Se retiró la mano de la cara para mirar a su novia. — Pero me pasé todo el tiempo pensando en ti, y en mi mente está clarísimo que vamos a ir juntos. Lo organizaremos, créeme... Pero hoy, ¡Pascua! — Celebró. Sí, el tenía su hoja de ruta perfectamente planeada.

La sonrisa se le puso de oreja a oreja al ver la reacción de Alice. No porque temiera que no le hiciera ilusión ver a su madre en La Provenza, es decir, se llevaban bien... Creía. Lo cierto es que el primer sorprendido con todo aquello era él, y en su mente prefería pensar que su madre estaba deseando conocer el pueblo de su reciente nuera y pasar las fiestas con ella, y no que iba allí para ver qué estaba ocurriendo con William, o incluso porque supiera algo. Desde luego le sonaba mucho mejor la primera opción y era la que pensaba creerse. Aunque fuera lo más antagónico a Emma Horner que pudiera crearse jamás. — ¡Sí! No sé si Lex vendrá, porque Darren también le propuso pasar unos días con él y su familia, así que quizás aproveche mientras estamos en La Provenza. — Hizo una mueca. — Me estoy viendo el drama venir. — ¿Su hermano varios días en una casa muggle de gente que no conoce y que, probablemente, sean tan cantarines y alegres como Darren? Iba a sufrir. Pero es que era Lex, se pasaba la vida sufriendo. También sufriría en La Provenza, al menos si le daban a elegir puede que prefiriera estar con su novio. Aunque el ala de su madre siempre fue un buen refugio para él. — Me lo dijo mi padre en la última carta, que tenían muchas ganas de pasar unas fiestas compartidas, de ver a tu padre ahora que se había mudado y de hacer cosas juntos, y ya que tú ibas a pasar unos días con nosotros si querías, nosotros podíamos estar con los Gallia. — Y ponía la mano en el fuego porque ese planteamiento lo había escrito su padre, no su madre. Pero él estaba en creerse que ella iba con la misma ilusión.

No pudo evitar la expresión emocionada. — ¿De verdad? — Estaba dispuesto a renunciar a tener a Alice en casa de su abuela Anastasia si ella se hubiera negado a ver a Percival, lo asumiría, pero también le hubiera dolido. Estaba procesando cuando se lanzó a abrazarle, y él la estrechó entre sus brazos, cerrando los ojos. Perfecto, era todo perfecto, tal y como él quería, y así iba a ser. Sí, su Pascua iba a ser perfecta, lo tenía claro, porque no podía ser de otra forma. Así lo había sentenciado él en su cabeza y así iba a ser, solo era cuestión de proponérselo. Porque merecían ser felices y porque tenían buenas familias. Y ya estaba, así eran las cosas y así de bien iban a salir. Recibió su beso y escuchó lo que le contaba de su abuela Molly, arqueando las cejas. Vaya, habían hecho los dos lo mismo. — Creí que solo me parecía a ella en lo de los libros. — Dijo sin poder evitar una risa. Rodó los ojos. — Bueno, y en lo de encantarnos comer. No has conocido a mi abuela en sus buenos tiempos. — Sí, definitivamente el espíritu glotón y goloso lo había heredado de Molly. — Mi abuelo de pequeño siempre me decía, "hijo, te pareces mucho a mí, y algún día serás más sabio que yo. Pero el corazón lo has heredado de tu abuela... Y el estómago, también". — Rio, después de lo que consideró una impecable imitación de su abuelo hablándole a un Marcus de seis años que comía chucherías en su cocina. Se llevó las manos de su novia a los labios y volvió a besarlas. — Que lo sepa todo el mundo. — Repitió. — Y podemos pasarnos toda la merienda con mi tío Phillip hablando de historia, o con mi tía Andrómeda. Le caíste genial, mi tía es muy dulce y buena y le caíste muy bien. ¡Bueno! Por no hablar de que Miranda ya tiene más interés en jugar contigo que conmigo. —Dijo entre risas. De todo podían sacar algo bueno.

Frunció el ceño y sonrió de lado. — ¿De provenzal? — Dijo entre risas, y se irguió muy puesto. — Si hay que hacerlo, lo haré, que no se diga. Además, alguien prometió enseñarme francés. ¡Ché parfé! —Volvió a reír. — Pero no tengo traje de provenzal. ¿Dónde lo consigo? — Rodó los ojos. — A los que no sé si veo vestidos de provenzales es a mis padres... — Y ahí sí que se echó a reír.
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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Puso cara de niña buena. Sí, sí que había hecho gran parte del trabajo. — Sí, pero tú tienes más pico de oro que yo. — Dijo devolviéndole el toque en la nariz. Ladeó la cabeza con curiosidad cuando dijo lo del libro. — Material no nos va a faltar, desde luego. Podríamos escribir un libro para ayudar a los alquimistas que vengan detrás, uno por cada rango que adquiramos. Bueno hasta que sigamos teniendo el mismo rango, que probablemente tú me superes, porque para ser enfermera alquimista necesito hasta Acero. Si quisiera ser médico creo que sería Cristal, pero no creo que llegue ahí. — Siguió picando patatas y levantó el índice. — Pero sin duda podríamos escribir algo juntos. — Ladeó la sonrisa. — Y si publicamos alguno cuando nos casemos quedaría superguay "Marcus y Alice O'Donnell". — Comentó con una risita y la ilusión en los ojos. Le encantaba hacer planes de futuro con Marcus, era como el combustible para alimentar la maquinaria necesaria para atravesar todo lo complicado antes.

Y más le brillaron cuando dijo lo de Roma. — ¿Perdona "pienso ponerme"? ¿Es que el viaje va a ser otra sorpresa de las tuyas? — Alzó las palmas de las manos en signo de paz. — Eh, que no me quejo. Yo, si es por ti, me dejo llevar con los ojos cerrados. — Dijo risueña. Se echó a reír e hizo un ruidito de adorabilidad cuando contó lo del viaje de Roma. — ¡Pero qué cosa más mona! — Se mordió el labio. — Hemos sido unos tontos. André siempre me decía que nunca me veía tan triste en La Provenza como cuando te ibas, porque en el fondo, todo lo que hemos querido siempre es eso, estar juntos. — Entornó los ojos a lo de Lex en casa de Darren. — Wow. Eso sí que va a ser un reto. — Menos mal que toda la animosidad que no tenía Lex, a Darren le sobraba por los poros. Quizá por eso saliera bien. Y lo de La Provenza, dicho así por Marcus, también parecía que iba a salir bien. — Solo espero que no nos encontremos algo desastroso al llegar. Quiero unas vacaciones de verdad. — Pero con su padre y la situación de los Van Der Luyden no podía saberse. — Uf. — Cayó de repente en algo. — Tu madre y la tata. Conviviendo en la misma casa... Eso va a ser un espectáculo, querido. — Terminó con una risa nerviosa, solo de imaginarlo, aunque en el fondo le hacía gracia lo niñas que se ponían las dos.

Merecía la pena decirle que sí, y atreverse a volver a esa casa, solo por ver a Marcus tan ilusionado. A pesar de lo tensa y nerviosa que ese ponía solo de pensarlo, sonrió a lo de Molly. — Algo me decía que la abuela y tú compartíais estómago, solo por las cantidades que maneja en la cocina. — Se echó a reír con la comparación de Lawrence y y le acarició la mejilla. — Pues hay que echarle buena cuenta a tu abuelo, que, al fin y al cabo, él te hizo en un taller de alquimia. — Pensaba hacerle esa broma hasta el fin de los días, porque le había parecido lo más adorable que le habían contado. Escuchó la propuesta para la merienda de Pascua. — Claro. Y estarán los niños y todo. Tu tío Philip es interesantísimo, y tu tía Andrómeda es encantadora. — Y siempre está triste y sola cuando está en esa casa, pensó, pero eso mejor no lo dijo. Marcus no era Philip, de él nunca saldría dejarla sola. Aunque no dejaba de darle miedo el destino de quien no se plegaba del todo a los Horner "Si no te pliegas, te echarán". Suficiente. No necesitaba oír a Percival en su cita perfecta en Hogsmeade.

Decidió cambiar de tema a algo más alegre, cuando Marcus dijo lo del traje y aquella expresión en francés que jamás decía bien. — Y buena falta que te hace que te lo enseñe, desde luego. A ti y a Hillary, que necesita dos idiomas para ejercer en el Ministerio, así que nos pondremos con ello. — Dijo señalándole con el dedo. — Y ya que lo mencionas: primero, tus padres están exentos, son extranjeros visitantes, tú lo estaríais si no hubieses decidido empezar oficialmente con una Gallia por lo que ya te consideran parte de la familia; segundo: el traje lo vas a sacar de la afamada diseñadora provenzal Jacqueline Gallia, que tiene el taller montado precisamente en el desván de nuestra casa, al menos hasta que acabe de construir su casa con Noel. — Levantó la cerveza y dijo. — Y aún no hemos brindado. Así que por la Pascua. Por nuestra familia, la de los dos. — Y chocó la jarra con una sonrisa, porque sabía que con eso le estaba haciendo feliz y eso era todo lo que quería, aunque eso incluyera a los Horner en la ecuación. — Me encantará volver a celebrar el día de Pascua. Mi madre lo montaba a lo grande, con los huevos escondidos, las cestas, todo. Pero claro como ya solo queda Dylan, en el plano de los niños, para hacerlo pues perdía gracia. — Miró divertida a Marcus. — ¿Quién lo hace en tu casa? Lex y tu ya estáis un poco creciditos para buscar huevos. — Levantó las manos y dijo. — Pero yo lo hago encantada, eh. Además se me ocurren mil ideas para una cesta para cada uno. — Dijo con una sonrisilla. Se acercó a su novio y rozó la nariz con la suya. — En la tuya irían dulces, claro.
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Dom Jun 13, 2021 4:58 pm

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CON Alice EN Hogsmeade A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Abrió mucho los ojos, removiéndose en su sito. — ¡Qué buena idea! — Miró hacia arriba, pensativo. — Lo cierto es que no sé si dedicarme a la alquimia general, como mi abuelo, revisionando las aportaciones de alquimistas antiguos para adaptarlas a esta época... O dedicarme a la aplicación en algún ámbito concreto. — Como Alice, que quería enfocar la alquimia bastante al campo médico. Era muy interesante, pero no lo que a él más le gustaba. Le interesaba demasiado la historia, los grandes inventos y alquimistas ancestrales, así que era probable que siguiera la estela de su abuelo y se dedicara al revisionado y la invención. Sonrió de lado y señaló con la cabeza en dirección a la librería de la que acababan de venir. — O un libro infantil, para darles más excusas para perderse a las generaciones futuras. — Bromeó, aunque en su defensa tenía que decir que a él le interesaban muchísimo todos los libros. Solo había sido una distracción puntual. Igual de puntual que esa imagen que acababa de cruzarse por su cabeza de ellos enseñándole alquimia a sus hijos con su propio libro... Hoy no es el día, Marcus, céntrate. ¿Por qué parecía que siempre que iba a Hogsmeade tenía que tener una rayada con algo? Pero no podía concentrarse con Alice diciendo abiertamente "cuando nos casemos". Esbozó una sonrisa embobada y dijo. — Suena genial. — Con una ilusión y emoción que le hacían perder mucho el aspecto de erudito que quería mantener siempre que hablaba de esas cosas. — Me encargaré de que haya mil ejemplares en el colegio, aunque me mate la Señora Bins. Tengo que conseguir que incluya un libro que yo le digo alguna vez en la vida, y si es nuestro será doble satisfacción. —Es que ya podía ver a los futuros estudiantes de Ravenclaw buscando su libro en la estantería por la letra O. Era tan fácil hacerle soñar despierto.

Se echó a reír con su pregunta. — Bueno, teniendo en cuenta que te conté casi el viaje minuto a minuto, poca sorpresa... — Se encogió de hombros con una caída de ojos. — Pero siempre puedo guardarme un as en la manga. — Se mordió el labio y apretó más su mano. — Va a ser nuestro primer viaje solos, si piensas que no voy a asegurarme de que sea perfecto e inolvidable, es que no me conoces. — Pensaba echar el resto organizando ese viaje, lo tenía clarísimo. Asintió a lo de que habían sido muy tontos, pero no pudo evitar enternecerse con lo otro. — Oh. Yo siempre me quedaba un par de días tristón también, y te imaginaba pasándotelo en grande en la playa. No sabía que te dejaba triste. — Habían sido muy tontos, sí, pero ya estaban juntos y no iba a perder ni una oportunidad de disfrutar ni decir lo que sentía, por todo ese tiempo que podrían haberlo hecho.

Tragó saliva e intentó disimular. Sí, él también esperaba no encontrarse algo desastroso al llegar a La Provenza... Trató de sonreír y dijo. — Bueno, es tu padre ayudando a tu prima Jackie a construirse una casa. Define desastroso. — Bromeó con una risa, tratando por todos los medios no solo de disimular y de desviar los pensamientos de Alice, sino de él mismo creerse lo que estaba diciendo. Porque su abuelo le había dicho que no se preocuparan, que estaba bajo control, y Marcus quería creerle a toda costa. Quería pensar que, cuando llegasen, verían al William de siempre, pendiente de otras cosas y alegrándole la vida a la gente. Un William que hubiera dejado de lado aquello que nunca debió siquiera plantearse. Lo que sí le hizo reír a carcajadas fue la imagen de su madre y Violet compartiendo casa. Y lo cierto es que no sabía de qué se reía tanto, porque la Nochevieja casi acaba con las dos mujeres matándose y apenas habían sido veinticuatro horas. Debería tener miedo de lo que pudiera pasar en tres o cuatro días en los que su madre estaba en un entorno que no era el suyo y Violet en plena celebración de fiestas, y sin un Lex para ser adorable a la extraña manera de verlo de su madre para neutralizar. — Confío en que tu abuela tenga el buen criterio de ponerlas en alas separadas. — Dijo entre risas, pero se había quedado dándole vueltas. Dios, su madre y Violet, eso no podía salir bien. Bueno, Marcus, relájate. Hemos dicho que en Pascua va a salir todo perfecto, ¿no? Iba a tener que ser el mejor hijo del mundo elevado a la máxima potencia, y más le valía a su padre ser el marido perfecto. Necesitaban a su madre contenta, y Marcus era muy bueno autoengañándose y mandándose mensajes positivos, pero lo de que Violet fuera a colaborar era ya mucho pedir.

Rodó los ojos y chistó. — Vaya... En buena hora contaron eso. — La bromita de lo del taller de alquimia le iba a perseguir toda la vida. Pero, como siempre que se metían con él, Marcus se venía aún más arriba. Se irguió y sacó pecho con mirada de superioridad. — Pues te digo una cosa, bien podrían haberme hecho. Perfectamente factible lo veo, teniendo en cuenta lo bien que se me da. — Alzó un índice. — Algún día seré un alquimista de prestigio, y no me digas que no quedaría bien en mis memorias decir que fui creado por el gran alquimista Lawrence O'Donnell en su laboratorio. — Le daría mucho caché como persona ilustre. Pero algo le decía que fue concebido como cualquier ser humano normal y corriente.

Puso los brazos en cruz. — Pues cuando quieras. — Otra cosa no, pero a aprender, ya fuera francés o lo que fuese, Marcus siempre estaba dispuesto. Aunque a lo siguiente abrió mucho los ojos y la boca. — ¿Perdona? Lo de mi madre aún te lo puedo comprar, pero mi padre lleva yendo a La Provenza muchos más años que yo. ¿Cómo que está exento por visitante él sí y yo no? — Ah, porque estaba saliendo con una Gallia. Rodó los ojos y chistó, disimulando la sonrisilla. Se quejaba por quejarse, porque en realidad le hacía bastante ilusión lo de ir a juego con Alice con un traje típico... Aunque no sabía como era el traje. Pero bueno, ya se había paseado por una feria de La Provenza con una camisa de flores que le había dado Violet, no podía ser peor. Sacó el labio inferior. — Me gusta eso de la afamada modista mágica Jacqueline Gallia. Al fin y al cabo... — Se miró a sí mismo con superioridad, señalándose de arriba a abajo con las manos. — El matrimonio de alquimistas O'Donnell no merece menos, tenemos un estatus. — Bromeó.

Levantó él también su cerveza de mantequilla con una sonrisa y brindó. — Por la Pascua, por nuestra familia y por nosotros. — Confirmó contento, dando un buen trago justo después. Lo dicho, todo iba a salir perfecto, porque así se lo había propuesto él en su cabeza, así que así iba a ser. Escuchó a Alice, aunque esa acusación le hizo indignarse, si bien no pudo evitar reír de nuevo. — ¡Eh! Para la felicidad y el chocolate no hay edad, señorita crecidita. — Dio un bocado a las costillas y arqueó las cejas. — Faltaría más. —Contestó a lo de que en su cesta irían dulces. — Ideas, ¿eh? ¿Y no me vas a dar una pista siquiera? — Preguntó con una sonrisilla, terminando la costilla que tenía en las manos. Cuando lo hizo, se limpió con la servilleta y empezó a contar. — Para mi abuela seguimos siendo niños que merecen su cesta de Pascua, y yo la acepto encantado. Le hace ilusión a la mujer, ¿qué voy a hacer? ¿Decirle que no? — Claro, porque a él no le gustaba que le mimaran con huevos de chocolate y regalitos como si siguiera teniendo diez años. Se encogió de hombros. — A mi abuela le encantan los juegos de Pascua, y a mi padre también. Nos montaban unos muy divertidos cuando éramos pequeños, pero luego Lex empezó a decir que él ya pasaba de esas cosas y claro... Se ve que eso de que estamos muy creciditos no lo piensas tú sola. — Dijo con un puntito quejoso. — Pero mi abuela nos hace una cestita a cada uno igualmente y ese día siempre comemos juntos. Quizás si este año venís Darren y tú, podamos hacer algo guay. Por lo pronto mi abuela seguro que os prepara una cesta, os va a adoptar como sus nietos directamente. Nietos creciditos, pero bueno. — Bufó, cogiendo otra costilla. — ¡Vaya argumento! Es súper divertido e ingenioso, ¡y es comida! ¿Qué pasa? ¿Que la gente mayor no come, o qué? — Y justo cuando le pegaba un bocado a la costilla, se detuvo. Se quedó un par de segundos mirando a la nada, hasta que reaccionó, separando los dientes de la comida lentamente y con la mirada perdida. — Idea. — Dijo, sin desviar los ojos de la nada, pensando a toda velocidad. Alzó el índice y lo balanceó ante Alice. — Idea. — Repitió, y ya sí la miró. Dejó la costilla en el plato, sonriendo y girándose a su novia. — ¿Y si la organizamos nosotros? ¿Y si este año somos los jóvenes los que les hacemos el juego a los mayores? — Preguntó lleno de entusiasmo. Volvió a limpiarse con la servilleta, algo erráticamente por la propia emoción, y se explicó. — Seguro que Darren se apunta, y Lex le da todos los síes a él que no nos da a los demás. Os quedáis a dormir la noche antes, bueno tú ibas a quedarte en mi casa de todas formas, pero que se quede Darren también y lo planeamos todo entre los cuatro. Mis abuelos se merecen un juego después de tantos años mimándome, además lo dicho, seguro que tienen algo para vosotros. Y a mis padres les demostraríamos que nunca se es lo suficientemente mayor para estas cosas. Ya estoy viendo a mi padre buscando los huevos como un loco, vamos, es que sé perfectamente cómo le voy a picar. Pista: lleva números. — Abrió mucho los ojos y amplió la sonrisa, mirando a la chica. — ¿Qué me dices? —        
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Dom Jun 13, 2021 7:05 pm

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CON Marcus EN Sala Común A LAS 10:00h, 23 de febrero de 2002
Podría escucharle durante horas hablar sobre alquimia. Lo que queráis hacer, investigar... El brillo que se le quedaba impregnado en los ojos al hacerlo. Cuando hablaba de alquimia estaba más guapo que nunca. Bueno, igual cuando estaban solos en ciertas circunstancias... Mejor no pensar en eso, Gal, que estamos en un lugar público y habéis tenido un momento muy intenso en la librería. Momento que él recalcó. — Quien le pone ganas, siempre encuentra un momento y un lugar para perderse con quien quiere hacerlo... — Dijo acercándose a darle un beso. — Pero sí, si es lo que quieres, también escribiremos uno para niños. Me hubiese encantado que me enseñaran alquimia desde pequeña como a ti... Lo más cerca que estuve de la alquimia por primera vez fue aquel día que me colé en el laboratorio, causándote un trauma de por vida.

Asintió con media sonrisa a lo de su padre. — Sí, al menos eso le tiene entretenido. — A su padre siempre le había encantado estar con Jackie, se reían mucho juntos, y su prima le había dicho que pasaban mucho tiempo juntos... Quería pensar que eso era bueno, que su padre estuviera ocupado. Solo esperaba que estuviera lo suficientemente centrado como para que no el lanzara ningún hechizo indebido a alguna de las vigas de casa de Jackie y acabara por caerse. Sonrió y acarició las manos de Marcus. — Sé que intentas alegrarme. Y lo consigues. Pero no voy a estar tranquila del todo hasta que no vea a mi padre, Marcus. Lo entiendes, ¿verdad? — Marcus era muy familiar y adoraba a sus padres. Sabía que podía ponerse en su lugar, y que él mismo estaba preocupado por su padree porque le quería mucho. Aunque sabía también que Marcus odiaba que todo no fuera absolutamente perfecto, y que trataría de ignorar o tapar cualquier circunstancia desfavorable, sobretodo con lo felices que estaban por estar juntos. Agradeció el cambio de tema para reírse de lo tener a Emma y la tata en alas separadas. — Sí, no te preocupes. Aunque sería muy gracioso ver a tu madre ejercer de prefecta Horner poniéndole a la tata hora para estar en casa. — dijo con una carcajada solo de imaginarse la escena. — Lo malo es que si se pone a vigilar la habitación, me vigilará a mí también... — Entornó los ojos y puso entono casual. — Y no podría escaparme a ninguna parte... Con nadie... — Le encantaba dejar caer esas cosas, como cuando le picaba con los dormitorios o el baño de prefectos.

Acarició sus rizos con una sonrisa tierna. — Es una historia preciosa y tu un niño adorable, y lo digo con conocimiento de causa, te vi en el pensadero. — Cogió otra costilla y dijo. — Sí, contaremos eso, seguro que te da prestigio. Serías la transmutación más bonita, completa y mejor hecha del mundo y tendrían que hacer a tu abuelo alquimista de Vida. — Comió mientras hablaba de lo de los trajes y Jackie, cosas bonitas, alegres, que alejaban la oscuridad y le presentaban una nueva cotidianidad con Marcus que simplemente le emocionaba. Y el tema se movió a Pascua y más se rio, solo de imaginarse todo aquel plan: los huevos de chocolate y las cestas de Molly, los morros de Lex... Hasta que su novio dijo lo de "idea" y ella dio un saltito en su sitio sin dejar de comer, como cuando era niña y se entusiasmaba con algo. — ¡Sí! ¡Sí sí sí! Hace mil años que no organizo la Pascua, y casi que me gustaba que jugarla yo. Encima se me ocurren mil cosas para hacerles a tus abuelos y tus padrees, y seguro que a Darren le encanta y también tiene ideas, y con lo que nos gusta a nosotros organizar una fiesta, nos vamos a volver loquísimos. — Ya lo estaba viendo, ya estaba pensando cestas para todo el mundo, y pensaba ir comprando ya cosas para que cuando llegaran las vacaciones lo pudieran tener todo listo. Le señaló mientras se limpiaba la salsa de las costillas. — Números para tu padre es genial, y al abuelo Lawrence hay que transmutarle algo, para que vea qué buenos aprendices va a tener. — Ella ya se había metido en ese saco, y esperaba que Lawrence no le dijera "aqui solo hay sitio para uno". Aunque de momento iba a estar ocupada con los detalles de lo que iban a montar en Pascua. — Ya me has dado ganas de ir montándolo todo. Siempre que venimos aquí solos, acabamos planeando una fiesta.

Estaban terminando de comer con la tontería, y se cruzó de piernas, apoyándose en el costado de su novio, antes de sacar la hoja de ruta. — Ahora tocaría Honeydukes, en la mejor hora del día. — Levantó el dedo índice y dijo. — Vete preparando porque tu novia quiere bolitas de chocolate, y hace una semana hicimos un mes, sería un regalo precioso. — Había usado tono de broma, para que Marcus no se lo tomara súper en serio, pero la verdad es que le apetecían. Rio un poco y dijo. — Y la primera vez, después de eso, fuimos a la Casa de los Gritos, y descubrimos que de encantada nada, que eran pajaritos. — Echó la cabeza hacia atrás y parpadeó muy rápido, mirándole. — Como yo. — Se rio un poco y tomó la mano de Marcus. — ¿Sabes? Aquel día me enfadé supertontamente, como una niñata tal cual, porque dijiste que el amor de tu vida, seguro segurísimo que no iba a estar ahí dentro. Y aún no lo sabía, pero yo quería ser el amor de tu vida. — Le miró a los ojos. — Si hubiese tenido la certeza de que no me querrías si entrara ahí, te aseguro que no sabría ni como es la valla de la Casa de los Gritos. — Le besó tiernamente. — Pero sé que tú siempre me has querido así, tal y como soy. — Y por eso era el mejor novio del mundo.
Merci Prouvaire!


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