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Lun Mar 14, 2022 11:56 pm por Freyja
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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Había bastante alboroto por los pasillos y en las habitaciones, como siempre el último día de curso, el día de las graduaciones. Ese año... De su graduación. Había llegado el momento, era oficial: se iban, acababan su etapa en Hogwarts. Al día siguiente a esas horas estarían fueras, habrían dejado atrás el castillo y esa noche dormiría en su casa... Bueno, no sabía si iba a dormir mucho la próxima noche porque el grupo había planeado salir de fiesta por Londres. Pero se entendía lo que quería decir.

Pensó que sería más duro, que estaría deshecho, pero lo cierto era que estaba pletórico. Era muy probable que acabara viniéndose abajo en algún momento de la velada, o al día siguiente, pero ya era buen comienzo estar tan contento. Se echó colonia (otra vez) y siguió peinándose rizo a rizo. Sean le miró, aunque en vez de bufar y quejarse como siempre, rio. - Voy a echar de menos no verte emperifollándote cada dos por tres. - Marcus le devolvió una sonrisa enternecida dibujada en los labios, sin decir nada. Eso si hizo a Sean chistar y volver a mirarse al espejo. - No hagas eso. - No he dicho nada. - Pones esa cara que usas para representar la melancolía de la vida. - Es que me vas a echar de menos. Es bonito. - Calla. Sigue peinándote. Te faltan tres rizos. - Yo también te quiero mucho, tío. - Que te peines. Uf, para qué diré yo nada. - Marcus rio y, efectivamente, siguió peinándose, pero estaba detectando el tono de Sean y no era el tono quejoso de siempre. Podía parecer que estaban haciendo el tonto, pero ambos estaban igual: contenidos. Contentos, felices, entusiasmados, pero también conteniendo sus emociones. No había dicho ninguna mentira, quería mucho a su amigo y sabía que era recíproco. Iba a ser raro... No verse tanto el uno al otro y compartir esos momentos de los que tanto se habían quejado esos siete años, y añorarían cuando no tuvieran.

Se acercó por detrás a Colin, que charlaba animadamente con algunos alumnos, y le pinzó ambos hombros, haciendo que el chico se encogiera entre risas. - ¡Prefecto Evas! Aproveche la fiesta de hoy que va a ser la última que no tengas que supervisar. - El chico rio y se giró, y al verle abrió mucho los ojos, retirándose unos pasos para mirarle de arriba abajo. - Wow, Marcus. Espectacular. - ¿Te gusta? ¿Aprobado por parte de la siguiente generación de prefectos? - Comentó chulesco, tirándose de las solapas de su elegante y recién estrenada túnica de graduación y girando sobre sí mismo como si posara. El otro rio un poco más, sin dejar de admirarle. - Aprobado y con nota. - Tss. Yo todo lo hago con nota. - Ambos rieron y una voz que normalmente era socarrona pero hoy tenía un tono que también parecía muy contenido dijo a su espalda. - Y tanto que con nota, que se ha llevado el tío el premio extraordinario al más empollón del castillo. - Marcus se giró con una sonrisa ladina y una ceja arqueada. - No seas envidioso, Benjamin, que tú también eres Ravenclaw. Si quieres, puedes. - El otro bufó con media sonrisa, mirando a otro lado... Y no respondió. Eso era raro. Creevey siempre tenía una réplica.

Marcus se mordió el labio con una sonrisilla y le revolvió el pelo, a lo que el otro chistó con artificial molestia y se retiró. - ¿Hoy vas a refunfuñar? Deberías estar tirando confeti, que ya se va tu peor pesadilla del castillo. - El otro volvió a bufar sin mirarle. - Ahora no le vayas a hacer la vida imposible al prefecto Evans que soy capaz de plantarme aquí solo para regañarte. - Encima lo que me faltaba, vamos. No va y pone al pesado de Evans y a la tía esta de Ming que es más rara que un hipogrifo verde para ya amargarme lo que me queda de historia. ¿Quién va a ser la siguiente para mi último año? ¿La Duvall? - Pues es la idea, sí. - Mira, no me jodas, vamos. Me voy antes ¿eh? - Marcus soltó una carcajada y en ese momento salió Sean de la habitación, también charlando con unos y otros, y pasó rápidamente por su lado dándole un toque en el brazo. - ¡Venga, Rey de Ravenclaw! Que va a bajar tu reina antes que tú. - ¡Uf! - Cayó de repente, mirando el reloj, y rápidamente se dirigió a las escaleras. ¡Que iba a llegar tarde! - ¡Eso! Menudo rey, que se va con la novia y deja al pueblo vendido. - Dijo Creevey a su espalda, y Marcus soltó otra fuerte carcajada y, ya con algunos peldaños bajados, se giró. - De vendido nada. Cualquier sugerencia al reinado a partir de ahora, háblala con mi heredero. - Comentó señalando a Colin, quien rio por la referencia, pero Creevey... Volvió a no contestar y ¿era cosa suya o tenía cara rara? Le daría más vueltas si no fuera porque estaba a mil cosas y, sobre todo, porque tenía algo importantísimo que hacer.

- Yo me he apuntado a este carro, espero que no os importe. - Ya veo, ya. - Contestó Marcus a Sean, entre risas. Alice le había pedido que la esperara al pie de las escaleras... principales. Él siempre la esperaba en las escaleras del dormitorio, las de la sala común, pero hoy quería hacer una aparición estelar, y a Marcus le parecía una idea maravillosa porque tenía a Alice en el pedestal más alto del mundo y merecía más que nadie hacer una entrada triunfal (otra cosa no, pero a Marcus le encantaban esas ficcioncitas). Así que ahí iba, bajando las escaleras al trote mientras saludaban a la gente al pasar, dispuesto a esperarla como se merecía. - Pero las escaleras son muy grandes, así que tú me dejas mi espacio y que Alice baje y... - Bueno, espérate que a lo mejor vienen las dos juntas, ella y Hillary. - O viene ella sola y espera verme a mí solo así que, no fastidies, tío, que esto es un momento importante. - Para ti todo es un momento importante. - Dijo el otro entre risas, y Marcus le miró riendo. De nuevo, no había sonado a queja, sino a... Cosa que echarían de menos el uno del otro.

Ahí llegaron, a las escaleras principales, y él se puso al pie de las mismas, muy ceremonioso, deseando ver a su novia aparecer con su mejor pose de caballero instaurada. Estaba seguro de que le impresionaría al verla, Alice no haría algo así si no estuviera segurísima de sus posibilidades, por no hablar de que Marcus la veía impresionante llevara lo que llevara. Y eso de que se hubiera guardado el secreto del vestido que llevaría como si fuera secreto de estado solo le generaba más expectativas. Lo que sí sabía era que, desde primero, supo que iría del brazo de Alice a la graduación de ambos, aunque no hubiera caído que fuera en carácter de novios. El Marcus de once años soñaba alto, pero el de diecisiete había conseguido volar más alto todavía.
Merci Prouvaire!


Última edición por Freyja el Mar Mar 22, 2022 12:08 pm, editado 1 vez


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Miér Abr 06, 2022 12:34 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
- ¿Con qué crees que viene ahora? - Preguntó Lex con una sonrisilla, señalando a Alice con un gesto de la cabeza. A Marcus se le puso la sonrisilla estúpida que se le ponía cada vez que la veía. - Por la carilla que trae, con algo malo. - Lex ahogó una carcajada muda, sin dejar ninguno de mirar como Alice se aproximaba. - Ya le has perdido el miedo. - Marcus miró a su hermano de reojo con una sonrisa ladina. - Nunca se lo tuve realmente. - Lex soltó una única carcajada socarrona y dijo. - Hay que joderse... Con lo que hemos tenido que aguantar. - Marcus, mirando a Alice acercarse, añadió. - Y lo que os queda. -

Su novia les pasó un brazo por encima a cada uno y él la miró desde su posición. - ¿Nosotros? A ver, déjame que recuente. Te he visto con... - Empezó a enumerar con los dedos. - Ethan, tu primo, el novio de este... - ¡Eh! Un respeto a tu cuñado. - ...Mi compañera prefecta desatada y el mismísimo director. Aunque supongo que Adams ha neutralizado bastante. - Rio con malicia, aunque su hermano, también riendo, tuvo que poner la puntilla. - ¿Qué ha sido peor, Alice? ¿Tu experiencia con Adams o la de este con Hawkins? - Dejémoslo en tablas. - Respondió Marcus, porque como tuviera que rememorar la conversación con la profesora de Adivinación no acababan esa noche. El comentario de Oly le hizo reír con fuertes carcajadas. - Por favor, que alguien traiga los aperitivos sobrantes porque yo no puedo perderme esto. -

Alice le dio un beso en la mejilla y se puso a hablar de la fiesta que tenía Ethan pensada. Se revolvió en su sitio para mirarla de frente con una fingida expresión de ofensa. - ¿Perdón? ¿"Apóyame cuñadito"? O sea, ¿que ahora el alma de la fiesta es este y yo soy un gruñón? - Segunda vez que me llamas "este" en el último minuto. - No sé por quién me tomáis, Alice Gallia, pero yo mañana tenía pensado desfasar. - Ahí sí que soltó Lex una fortísima carcajada. - Uy, sí, atenta al planazo: casa de mis padres, con mis abuelos, mi tía Erin y Violet y mi tío Phillip y Andrómeda, y espérate, que no acaba ahí. Que también vienen nuestra prima de seis años y nuestro primo el bebé. - Qué idiota eres, de verdad que sí. Esa es la fiesta familiar, pero por la noche yo pensaba salir. -¿Ah sí? ¿Dónde, listo? - Pues ahora no te lo voy a decir, ea. - Como que Darren no me lo va a chivar. - No estáis invitados a mi fiesta. - Tú no tienes fiesta. No sabes salir por ahí a desfasar, solo sabes hacer pomposidades por Hogwarts. - ¡Pero bueno! A ver si ahora vas a saber tú mucho de fiestas. - Le señaló con un índice. - Que sepa que tengo todos los detalles porque me los ha dicho mi amiga Olympia. - ¿"Detalles" y "Olympia" en la misma frase? ¿En serio? - ¡Eh! ¡Los dos tréboles! - Bramó Ethan desde su sitio, llamando la atención de Marcus y Lex. - ¡La palabra "fiesta" no se menciona si no estoy yo delante! - ¿Qué vas diciendo por ahí de que yo no sé ir de fiesta, vamos a ver? - Respondió Marcus, también a gritos. Ya a esas alturas de la fiesta no había muchas formas que guardar, solo había que ver el entorno. El otro le miró de frente aunque sin moverse de su posición, por lo que siguieron los berridos. - Como me conviertas mi desfase en una fiesta del té de la corte te dejo atado en un suburbio muggle para quien te quiera encontrar. - Marcus se dio con ambas palmadas en las rodillas y se puso de pie. - Aquí se van a aclarar algunos puntos. - Dijo, y avanzó hacia Ethan, llevando a Alice de la mano tras él, y Lex se levantó rápidamente para seguirlos al trote, porque aquello se ponía interesante.

- Os voy a decir una cosa. - Uy, uy, uy, espérate, que esto se pone interesante. ¡Hills! Ven, no te lo pierdas. - Ya estaba Sean por allí, y él sí que se había hecho con aperitivos. El que también apareció dando saltitos y se enganchó a la espalda de Lex fue Darren. Todos estaban muy pendientes del teatral alegato de Marcus. - Este que está aquí acaba de soltar el puesto de prefecto. - Uuuuuhhh que se nos desata. - Dijo Darren, levantando varias risas. Marcus alzó un índice, mirando a todos a su alrededor. - Si habéis conocido la parte comedida de mí es porque esto es un templo del saber que hay que cuidar y respetar, y uno tiene un ejemplo que dar y unas formas que guardar. - ¿El prefecto está diciendo que nos va a mostrar el lado desatado o yo lo estoy entendiendo mal? - Preguntó Ethan a la audiencia, y Marcus se irguió aún más. - ¿Te crees que no soy capaz de darlo todo en una fiesta? - Ethan se puso de pie de un salto con los ojos muy abiertos. - Oh, sí, O'Donnell, por favor. Dime que vas a perder los papeles en el desfase más grande jamás montado. - Rogó con una voz muy exagerada. Marcus tomó un vaso de allí y lo alzó. - Mañana es nuestro primer día del resto de nuestra vida, nuestra primera fiesta fuera de aquí, nuestra graduación. Y mi cumpleaños. - Ay... Ay que me voy a desmayar, vamos... - Y pienso demostraros que no soy el prefecto aburrido del que lleváis hablando siete años, que soy perfectamente capaz de petarlo en una fiesta. ¡Y lo voy a hacer! - Bebió del vaso entre vítores y... Eso llevaba alcohol. Pues acababa de hacer un juramento fiestero así que más le valía acostumbrarse. A eso y a los teatros de Ethan, que se había hecho el melodramáticamente desmayado y ahora estaba en el suelo, con Hillary y Aaron haciendo como que le abanicaban entre carcajadas. - Ay... Ay que me va a hacer mis mejores fantasías realidad. - Bueno, tampoco te pases. - Apuntó, vaya que se tuviera que arrepentir al final.

- ¿Me vais a hacer poner orden en mi último día? - Dijo la simpática voz de Silver apareciendo por allí junto a Ingrid. La mujer rio. - Anda, quien pudiera irse de fiesta. - ¡Véngase, señora runóloga! Que si el prefecto se nos viene arriba, aquí ya es posible todo. - Respondió Ethan, que claramente ya se había bebido más de un vaso de los que Marcus había cogido, poniéndose de nuevo en pie. La profesora volvió a reír y dijo. - Uy, qué va, yo sin poder recurrir a ciertos elementos no me merece la pena salir de fiesta. - Silver chistó. - Y luego somos los Gryffindor los que decimos lo que no debemos. - ¡¡JEFE!! ¡¡LE VOY A ECHAR DE MENOS JEFE!! - Bramó Peter, apareciendo por allí junto a Poppy y hablando más alto aún de lo normal, si es que era posible. Otro que había probado el alcohol esa noche. Silver rio y dijo. - Y yo a vosotros. - BUENO, ALGUNOS SE QUEDAN, JEFE. - El hombre frunció una sonrisa y dijo. - Es cierto. El que se va soy yo. - De repente se creó un silencio en el que todos miraban al profesor sin comprender. ¿Se iba? ¿Cómo que se iba?

- Hostia... ¿En serio? - Dijo Sean, sorprendido. Todos alternaron la mirada entre el chico y el profesor, porque al parecer había descubierto algo a lo que los demás no habían llegado (y tampoco estaban en su mejor momento de lucidez). Ingrid volvió a reír. - Sería todo un reto para Durrell, pero sí, nos vamos. - ¿Usted también? - Preguntó Hillary, extrañada. Y entonces, Silver pasó un brazo por los hombros de su mujer y ella se tocó la barriga... Y ya sí lo pillaron todos. - ¡AY LA HOSTIA! - Gritó Ethan. Empezaron a sucederse un montón de felicitaciones y vítores, así como agradecimientos de los profesores. Pero el Slytherin no había terminado de hablar. - Vamos, la de veces que me ha castigado el Silver por querer darme amor en un sitio diseñado para el aprendizaje y él... - McKinley, que sigo siendo tu profesor. - Cortó él, aunque entre risas. Tras varias felicitaciones más, se crearon varios focos de conversación cuyo foco de atención era eminentemente Ingrid, por lo que Marcus aprovechó para acercarse a Silver. - Vaya... Se van de Hogwarts. - El hombre frunció una sonrisa y asintió lentamente. - No sabemos hasta cuando, pero... Probablemente, hasta dentro de mucho. Como mínimo, hasta que nuestro hijo entre aquí. - Ladeó la cabeza varias veces, pensativo. - Y no sé si le gustará tener a sus padres de profesores, así que puede que incluso entonces nos lo pensemos. - Ambos rieron y Marcus dijo. - Se les echará mucho de menos por aquí. - El hombre ladeó una sonrisa conmovida, pero con el humor que le caracterizaba, añadió. - A Ruth le va a venir genial para quedarse de jefa del Club de Duelo otra vez. - Marcus soltó una carcajada, pero el hombre añadió. - Y puede que no sea su único nuevo puesto. - Hubo una leve pausa hasta que Marcus, sonriente, confesó. - Será una gran subdirectora. Usted también lo hubiera sido. - El hombre se encogió de hombros. - Jefe de Gryffindor, del Club de Duelo, profesor de encantamientos, padre en cuestión de meses y, encima, subdirector. Demasiados cargos para un mismo Gryffindor. - Marcus rio fuertemente. El hombre le miró con la cabeza ladeada. - Sé que tienes otros proyectos... Pero hubieras sido un gran profesor de Encantamientos. - Marcus le miró, agradecido. - Y hablando de antiguos alumnos que podrían ser profesores, ¿sabes quién está en la lista de espera para sustituir a Ferguson cuando... Bueno, digamos, se canse de gruñir? - Marcus rio y preguntó. - ¿Quien? -Tu predecesor. El prefecto Bennet. - Abrió mucho los ojos. - ¿En serio? - Silver asintió. - Ya ves. La plantilla se regenera. Y no todos los que se van de Hogwarts lo hacen para no volver. -
Merci Prouvaire!


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Miér Abr 06, 2022 9:30 am por Ivanka

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Abrió mucho los ojos al recordar la traición de Adams. — Mira, no me hagas hablar. — Dijo haciendo un gesto con la mano. Miró a Lex. — Tú ahora imagínate a ese hombre dándome la vara con que Ravenclaw y Slytherin es una buena combinación pero que puede acabar en divorcio, que cuando uno es joven es feliz pero que no abandone, y es que encima se cree que baila bien. — Negó con la cabeza y miró a su novio. — Y espérate, que encima me ha sacado porque, por lo visto, MI NOVIO no le ha dicho que no y él lo ha entendido como si, porque, según parece, mi opinión no cuenta en con quién bailar. — Lex estaba conteniendo una risa. — Mira, por lo menos se está riendo. — Dijo señalándole con media sonrisa.

Pero se rio ella también cuando Lex se puso a enumerar el plan para el día siguiente con Marcus. Movió los hombros y puso cara traviesa. — Uhhhhh mi novio desatado eso tengo que verlooooo. — Muy rápido te lo has creído tú. — Y tuvo que reírse con lo de los detalles de Olympia. — Bueno, una cosa te voy a decir, Oly puede ser muy detallista según para qué cosas, que se lo digan a tu hermano cuando le explicó que besaría a media colegio y que ella ama a las personas. — Y volvió a reírse solo de acordarse. Ay, esperaba seguir teniendo a toda esa gente en su vida, porque todo era más bonito con ellos.

Picado por Ethan, por supuesto, su novio volvió a ponerse en modo maestro de ceremonias, como hiciera en aquel cumpleaños de Hillary en sexto, y acabó atrayendo al resto de sus amigos, claro. — Uhhhhhh. — Gritó ella con su sonrisa pícara y asintió a la pregunta de su amigo. — Yaaaa ves, mañana se quema la noche. — Y dio unos saltitos. Si es que ella necesitaba poco para venirse arriba. Por supuesto, ethan tuvo que llevárselo a lo extremo y hacer como que se desmayaba, pero estaban todos tan contentos, que fue una ficcioncita bien recibida y muy graciosa.

Justo en ese momento aparecieron Silver e Ingrid por allí. Iba a aprovechar el momento para ponerse tierna en la despedida, pero los Gryffindor eran capaces de quitarle toda la emotividad al asunto, especialmente si ese Gryffindor era Peter Bradley. ¿Era ella o su amigo no había estado bebiendo sidra sin alcohol precisamente? Y entonces, silver dijo que se iba y ella frunció el ceño. Por un momento, se asustó. Antes, le había dicho que no les vendría mal una enfermera y ahora… No estaría enfermo Silver, ¿verdad? Pero Ingrid les sacó de dudas justo después. Alice abrió mucho los ojos y la boca, y al final sonrió. — ¡Qué dices! — Le salió del alma. — ¡Silver, muchísimas felicidades! — Dijo agarrándole del brazo. Él palmeó su mano. — Gracias, Alice.Vas a ser un padre guay. — Aseguró ella, con una sonrisa astuta. — Ya ves, le va a salir un crío guerrero en plan  con los hechizos PIM PUM, y como no se calle por las noches, pues Silentium al canto y que aprenda. — Los dos miraron a Peter, y Alice le dio unas palmaditas en el hombro. — Tómate con calma lo de tener niños, eh. No hay prisa ninguna. — Y Silver se rio. — Lo cierto es que yo me moría de ganas, pero con esta vida que llevamos… — Alice no se había planteado nunca cuán incompatible podía llegar a ser la vida de Hogwarts con la vida familiar. O sea, sí se había dado cuenta de que casi todos los profesores eran solteros (o divorciados, como Adams), pero pensaba que no era del todo incompatible, simplemente una decisión personal. Pero, claramente, no. Y Silver e Ingrid eran unos magos geniales, encontrarían puesto en cualquier otro lado.

Se dirigió a la profesora y la tomó de las manos. — Enhorabuena, profesora Handsgold.Oh, vamos, a Silver le llamas por el nombre desde hace años. — Se inclinó un poco hacia ella con una sonrisa. — Que no se entere tu novio, con lo protocolario que es. — Ambas rieron, y Hillary, que estaba ahí también. — Pues tienes buenísima cara, si no nos lo llegas a decir, me entero cuando nazca. — Admitió Hillary. — Solo estoy de tres meses, veremos cómo sigue esto. Pero ya se me empezaba a hacer incómoda la vida en Hogwarts. Y hay que ir buscando una casa y un sitio bonito para este o esta. — Alice ladeó la sonrisa. — ¿No te han dicho aún si es niño o niña? — Ingrid negó con la cabeza y media sonrisa. — No, y la verdad es que no sé ni cómo se hace. Te puedo leer una cueva de arriba abajo pero de cómo se desarrollan los niños tengo poca idea. — Pues básicamente le sacan sangre y la ponen con una poción reactiva, y ya enseguida se sabe. Mi madre antes hacía la prueba del colgante, pero… — Tía, házsela. —  Le dijo Hillary dando en el brazo. Ingrid la miró ilusionada. — ¿Sabes hacerlo? — Alice levantó las manos negando. — No, yo no lo he hecho nunca, solo se la veía hacer a mi madre, y es 0 científica. — Ingrid se encogió de hombros. — Mira, pero hasta que me lo confirmen por otra vía, me servirá. Anda, Alice, por favor. — No podía negarse, la verdad, era la mujer de uno de sus profesores favoritos, Marcus la adoraba, y estaban todos tan felices… Se llevó las manos al cuello y desató el colgante del ala. — A ver, este es adecuado para hacerlo. — Dijo quitándoselo. Ingrid sonrió de medio lado. — Un colgante hecho con alquimia por mi mejor alumno, sí, lo veo perfecto. — Dijo ella. — Mejorando lo presente, Hillary. Eres una alumna brillante. — No te preocupes, una aprende a vivir a la sombra de Marcus. — De sombra nada. Cada uno sois brillantes en lo vuestro. — Aportó Alice. Justo iba a empezar con el colgante cuando cayó alguien por cerca suyo. — ¡Eh! ¿Ibais a averiguar si vamos a tener Silverito o Silvera sin mí? — Ingrid se hizo la ofendida. — ¡Oye, Ruth! ¿Y por qué no Ingridita o Ingridito? — La profesora hizo un gesto con la mano. — No me lo tengas en cuenta, Ingrid. Es que Silver es como un hermanito mío, estoy deseando ver otro correteando por el mundo. Pero que llegue a Hogwarts ya, ¿me entiendes? Saltarse todo lo de los pañales y lo de cuando pisotean las plantas y desobedecen. — Ahí se rieron las tres. — Y por eso es mejor que Ruth se dedique a las plantas carnívoras. — Y vuelta a reírse, qué feliz estaba esa noche. — Bueno, a ver, Alice, que nos morimos de curiosidad. — Jaleó la propia Ingrid. Tomó la mano en cuenco de la profesora, y bajó y subió el colgante tres veces sobre su palma, dejándolo colgar y que penduleara. Lo hizo en círculos de forma evidente. — ¡Oh! ¿Eso qué es? — Preguntó Hillary. — Una niña. — Contestó con una sonrisita. A Ingrid se le iluminaron los ojos. — A Silver le va a volver loco. — Y las cuatro rieron. — A ver, que sabemos que las chicas somos mejores. Y sabemos volverlos locos. — Aportó Ruth. Alice se giró hacia ella con los ojos muy abiertos. Justo entonces se percató de que Kowalsky estaba por ahí, limpiándose las lágrimas. — Han sido siete años, preciosos, y la vida sigue pasando… Pero sois los alumnos más hermosos en cuerpo y alma que he conocido… — Y luego miró a Hillary. ¿Era ella o el alcohol había encontrado un hueco por donde colarse a la graduación? Seguro que era cosa de Ethan…



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Última edición por Ivanka el Jue Abr 07, 2022 8:29 am, editado 1 vez


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Jue Abr 07, 2022 12:34 am por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
- JEFE. - Les cayó Peter encima, casi literalmente, haciendo a Marcus sobresaltarse y a Silver casi que también. - QUE LE HA SALIDO UNA NIÑA. - El hombre suspiró, aunque con un punto de genuina curiosidad, y dijo. - Lo que creo que me ha salido es una fisura por aquí por la que se ha colado alcohol. - ¿EH? NO, NO, QUÉ VA. SI BEBES NO VUELES, JEFE. Y A MÍ ME GUSTA EL QUIDDITCH. - Marcus parpadeó, frunciendo los labios. No lo estás arreglando, pensó, pero ya llegó Poppy para verbalizarlo con su dulzura habitual y una risilla incómoda, poniendo las manos en los hombros de Peter con un toque maternal. - Va, cielito, venga, deja al profe tranquilo. - ¡EH, QUE LO DE LA NIÑA ES VERDAD! - Se defendió Peter, de aquella manera, provocando una carcajada en Ruth, que estaba con Ingrid y las chicas. - Lo es, lo es. Confirmo. - ¿En serio? - Ya sí, Silver se acercó a su mujer, con curiosidad, y esta le enseñó entre risas la prueba del colgante que Alice le había hecho. Cruzó la mirada con su novia y sonrió, viendo a los dos profesores felices y emocionados. No se le ocurría un broche mejor para acabar aquella noche. Tienes tan claro lo que quieres hacer, que has ido a despedirte una última vez solo para comprobar... Si realmente sabes de quién es ese corazón que ambos escucháis. Sacudió la cabeza para quitarse las palabras que habían acudido sin permiso a su mente. Ah, maldita profesora Hawkins, no tenía que haber bailado con ella.

- Mira, mira, quién viene por ahí. - Anunció Sean, y Marcus se giró. Con una seguridad con la que nunca le había visto y una sonrisa de oreja a oreja, que le hizo esbozar otra a él, se le acercó Colin. - Mi mejor pupilo desde antes incluso de ser prefecto. - El chico rio. - Tu mejor fan, hablemos claro. - La verdad es que sí. - Corroboró Marcus entre risas. Se miraron durante unos segundos, hasta que él le puso una mano en el hombro. - Vas a ser un gran prefecto. No sabes lo contento que m voy sabiendo que os dejo a Amber y a ti al mando. - El otro frunció los labios en una sonrisa. - He aprendido del mejor. - Marcus correspondió la sonrisa. - Parece que hace dos días que te conocí. Te habías perdido por los terrenos al intentar volver de un partido de quidditch. - Señaló con un gesto de la cabeza a Lex, que charlaba animadamente por allí. - El partido en el que se estrenaba aquel, de hecho. - Colin asintió, riendo. - Tú me conociste a mí ese día, yo a ti ya te conocía de antes. Me... - Se detuvo, haciendo una mueca como si le hubieran pillado. Rodó los ojos y chistó. - Me tenías conquistado desde que te vi la primera vez, la verdad, más aún cuando supe lo listo que eras y la de cosas que hacías. No es como que tenga mucho sentido negarlo. - Compartieron una sonrisa cómplice. Lex le había dicho que Colin... Bueno, puede que no fuera simplemente su fan, que platónicamente le gustara un poquito. Lo que le pasaba a él con Anne Harmond, básicamente, y bueno... Colin era muy buen chico y hasta ahora debía haberle dado mucha vergüenza reconocerlo así. E igualmente solo tenía ojos para Amber, eso también era bastante obvio.

- Os vamos a echar de menos. A Kyla y a ti. Amber... - Ladeó varias veces la cabeza. - No lo dice así, ya sabes, no es muy emocional que digamos. Pero estaba muy unida a Kyla, era su referente como tú eras el mío. Ahora... - Encogió un hombro. - No sé. Quería ser prefecta, pero los cambios no los lleva muy bien y... Dejamos de tener referentes para ser nosotros los referentes. Da un poco de vértigo. - Marcus asintió. - Lo sé. Recuerdo perfectamente la sensación. - Marcus volvió a señalar con la cabeza. - Os queda Cedric. Es muy buen compañero, y Amber le conoce del comité de ética. - Eso hizo a Colin recordar algo. - Me he apuntado, por cierto. Después de lo que pasó este año con lo del prefecto Hughes y eso... Creo que es útil estar allí. Y no soy el único, creo que va a haber varios alumnos nuevos. - ¡Vaya! Ahora que me voy, se populariza el comité. - Eso hizo a Colin reír. - Se lo he dicho al profesor Kowalsky y creo que le he hecho llorar sin querer. - Ahora rieron los dos, mirando al profesor, que estaba abrazando en esos momentos al pobre prefecto de Hufflepuff, quien intentaba recordarle que él aún no se estaba graduando, que se verían el año que viene. - Que esto no salga de aquí, pero creo que lo que ha detonado que llore no es precisamente lo del club. - Le murmuró Marcus con un puntito de malicia, riendo ambos de nuevo. Definitivamente, Peter no era el único que se había pasado un poquito con el alcohol.

- El primer año siempre es más intenso y confuso, pero os va a ir genial. Y Amber y tú os lleváis bien desde el primer día, eso siempre es bueno para trabajar en equipo. - Colin retiró la mirada, torciendo un poco el gesto. - No sé... Empiezo a pensar que... No ve... O no quiere ver... - Marcus frunció los labios en una mueca. El pobre Colin llevaba colgado de Amber desde el primer día, pero la chica no parecía captarlo, o quizás y como él decía, no lo quería captar. - A veces me planteo si realmente somos un buen equipo o, simplemente... Soy el único equipo que tiene. - Marcus chistó. - Va, Colin, sabes que eso no es así. Conoces a Amber, no está con nadie con quien no quiera estar. - No sé si lo que tenemos puede considerarse "estar". - Comentó, amargo. Tras una leve pausa, Marcus sonrió con ternura. - Recuerdo mi primer Halloween como prefecto. Toma nota: no te excedas con la fiesta, casi me da algo. - Ambos rieron. - No te gustaba nada Halloween. - Sigue sin gustarme demasiado, la verdad. - Reconoció Colin entre risas. - Aun así, intentaste buscarte un disfraz. - Sí, con ella. Y no hubo manera. - No entendía por qué tenían que ir juntas la sal y la pimienta. - Recordó Marcus, y luego ladeó la cabeza, sin perder la sonrisa. - Pero te propuso ir de sal y azúcar. - Colin hizo memoria. - Hmm... No me lo propuso exactamente. Dijo que eso no daba miedo y no tenía sentido, y que, en todo caso, tendría más sentido que fuera sal y azúcar. - ¿Y qué significa eso en el lenguaje de Amber? ¿Qué has aprendido de ella en estos años? - Colin se le quedó mirando, pensando. Marcus apuntó. - Si simplemente no le gustara tu plan, no te habría propuesto una alternativa, ¿no crees? - Colin parecía haber caído en algo en lo que no había caído nunca antes, se había quedado mirándole, clavado en el sitio.

- No puedo garantizarte nada, no sé lo que piensa o siente Amber, pero... No habría aguantado tanto tiempo a tu lado, siendo como ella es, si no quisiera que así fuera. - Colin tenía la mirada levemente perdida, pensando. - Quizás sea cuestión de... Dejarla ser azúcar en vez de pimienta, si es lo que quiere. Sigue siendo una buena combinación. - Y, una vez más, señaló con la cabeza, pero esta vez a la chica que, prudentemente, se acercaba a Colin por su espalda. - De hecho... - Comentó al señalar. Colin se extrañó y, al girarse, Amber esbozó una leve sonrisa. - Perdón, no pretendía interrumpir una conversación entre prefectos. - Estaba viendo a Colin tragar saliva. La chica, como si nada, le miró y dijo. - Compañero, tengo la leve sospecha de que se ha colado alcohol en la fiesta. Podemos aprovechar la aún presencia de nuestro predecesor para saber si es pertinente ejercer ya, o si debemos pasar la mano por tratarse de la fiesta de graduación. Sobre todo teniendo en cuenta que el jefe de la casa Hufflepuff y presidente del comité de ética es uno de los perjudicados por la bebida. Esto plantea un dilema que tengo dificultades para resolver. - Colin miró a Marcus de reojo y este le señaló, dando un paso atrás. Colin captó la señal, se aclaró la garganta y dijo. - Yo... Comparto tu dilema. Aunque creo que, como bien dices, por tratarse de la fiesta de graduación, y estando aún los prefectos de este año presentes, deberíamos no ejercer por hoy. - La chica pensó unos segundos y luego asintió. - Lo imaginaba. - Luego miró a Marcus. - Se os va a echar de menos, prefecto O'Donnell, a ti y a la prefecta Farmiga. Estoy segura de que os irá genial fuera. - Marcus asintió, sonriente. - Yo estoy seguro de que vais a ser unos grandes prefectos. - La chica sonrió, miró a Colin y dijo. - Estoy contenta. Somos un buen equipo. - Podría jurar que le había escuchado a Colin el corazón saltar desde allí, y le veía los ojos iluminados mientras la miraba.

- Esto tampoco sé si es pertinente, pero he visto que los dos prefectos bailan entre sí. La gente que queda bailando va bastante a lo suyo, así que creo que podría ser un buen momento para practicar y pasar desapercibidos antes de tener que hacerlo oficialmente el año que viene y hacerlo mal. Si lo ves pertinente... Compañero. - Marcus había abierto los ojos y, cuando la chica terminó, miró a Colin sin pestañear siquiera. Si esto no es la señal que querías, no sé qué quieres, pensó. La chica le tendió la mano y Colin aún estaba un poco aturdido, pero tragó saliva y, en un gesto que claramente pretendía asemejarse lo máximo posible a Marcus, se irguió y respondió. - Por supuesto. Será un honor y creo que es una gran idea. - La chica sonrió aún más ampliamente y, tomando la mano del chico, lo arrastró a la pista. Colin fue tras ella, pero se giró para mirar a Marcus, quien le guiñó un ojo con una sonrisa orgullosa. Colin sonrió de vuelta y, ya sí, fue con Amber a bailar. Ahora entendía a Howard Graves el día que se iba. Dejaba Hogwarts en buenas manos.
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Peter, sin duda, era un caso aparte, pero ahí estaba Poppy para equilibrar (de verdad, ¿cómo no vio todos los beneficios de aquella relación antes?) y, realmente, el momento era tan bonito entre los Handsgold que solo podía mirarles sonriente y enternecida. — Lo siento, Alice, mi niña va a quitarte ese puesto histórico de Ravenclaw, porque va a ser lista como su madre y va a estar en Ravenclaw, pero va a ir al club de duelo como su padre, lo tengo claro. — Ruth negó con la cabeza y rio. — Me llegan a decir que voy a ver al bala perdida este babeando por tener un bebé y comportándose como todos esos padres a los que criticaba, y te digo que estás flipando en colores. — Alice se giró con los ojos muy abiertos, porque no sabía si le alucinaba más oír a Ruth hablar en términos como “flipando en colores” o admitiendo que criticaban a los padres de los alumnos. Pero antes de que pudiera decir nada, se giró de nuevo y se encontró con la mirada de su novio. Tenía los ojos brillantes y esa sonrisa que solo ponía cuando le miraba a ella. Le devolvió la sonrisa y le lanzó un beso, para que entendiera que le había visto, que le amaba, que estaba feliz, por él y por todos, y que estaba siendo la mejor noche de la historia de Hogwarts.

Ah, los jóvenes. ¿Sabéis cuántos prefectos de mi casa he visto pasar? — Preguntó Weasley, acercándose por allí y sentándose donde estaban todos. — Veintitantos. Algunos mejores y otros peores, pero Ravenclaw al fin y al cabo… — Señaló a Marcus. — Los O’Donnell es que lo llevan en la sangre… — Ruth le puso las manos en los hombros y se los palmeó. — Hemos bebido de la sidra esa especial un poquito de más, eh, compañero. Oye, jovencita un respeto.¿Que habéis colado el alcohol vosotros? — Preguntó Silver alucinado. Ruth se señaló a sí misma abriendo mucho los ojos. — Yo no, Silver, y no me vengas ahora con moralinas que de toda la vida la “sidra sin alcohol” — dijo poniendo las comillas —, no ha sido tal cosa.¿Ves, profe? Era sidra. — Insistió Peter, que no estaba muy familiarizado con el término “tirarse tierra encima”. — Te voy a decir una cosa, jovencito. — Dijo Weasley señalándole. — A ver, Alastor, que ya no eres mi profesor. Un respeto. — Contestó el otro. — He de decir que crecéis muy rápido, que no desees tanto que tu niña esté ya en Ravenclaw, porque luego el tiempo paaaaasa y paaaaasa y tus niños se van y se convierten en gente importante… Bueeeeno, Alastor, igual nos vamos tú y yo a dar un paseíto. — Dijo Ingrid, tomándole del brazo para que se levantara. Desde luego que no esperaba ver a los profesores en ese estado aquella noche.

Se sentó, buscando a Marcus con la mirada y le vio hablando con Colin, cuando notó que alguien se le sentó al lado. — ¿Qué es eso del corazón? — Alice frunció el ceño y miró a Lex extrañada. — ¿Qué corazón? — Preguntó ella extrañada. — Mi hermano lleva bastante rato dándole vuelta a un corazón que, supongo, oís los dos, y… Bueno cosas más confusas. Pero me llega claramente el corazón. — Alice se quedó extrañada, pero al rato dijo. — ¡Ah! Eso es de la visión de la bola. En tercero, toqué una bola en la clase de Adivinación porque, tú sabes, era así lisita, bonita… — Lex se rio y negó con la cabeza. — Cómo no…Bueno, el caso es que oí una serie de frases, y al parecer las dije también. Se me han olvidado un poco, pero al pasar los años… Nos dimos cuenta de que era posible que algunas las hubiera dicho u oído… Y bueno, la que se oyó más claramente fue “¿oyes eso? Es el corazón”. Ya sabes cómo es tu hermano… Se quedó rayadísimo y ya quiere buscar la frase antes de irnos. — Lex ladeó la sonrisa y la miró con… ¿Ternura? ¿Cariño? Ella le dio suavemente en el brazo. — ¿De qué te ríes?Algo me dice que esa no la vais a encontrar en Hogwarts. Pero la vais a encontrar. Espero. ¿Ahora das Adivinación o qué? — Ambos se rieron y él negó con la cabeza. — Llámalo presentimiento. — Lex le pellizcó la mejilla y señaló en dirección a la pista. — Mira quién anda por ahí. ¡Oh! Pero qué monada. — Vio a Colin a medio camino entre la ilusión y la confusión de dónde poner las manos, bailando con Amber.

Se levantó y fue con Marcus, rodeándole con los brazos. — ¿Qué? Dando consejos de prefecto ligón?Sí, menudo ligón este. — Dijo Lex quedándose a su lado, porque Darren iba para allá. — Ohhhhhh las nuevas parejas, justo antes de irnos, qué ilusión, qué bonito. — Dijo el Hufflepuff. — Mira, otro que ha bebido de la sidra esa sin alcohol. — Le picó Alice. Darren se frotó los ojos. — A ver, es que está por ahí rulando, y el jefe estaba tan emocionado y Mustang tan graciosa… — Alice rio y se acercó al rostro de Marcus. — ¿Un baile final con tu novia oficial, prefecto O’Donnell? Aunque sea solo por alargar esta noche un poquito más antes de irnos de verdad. — Porque irse, no quería irse, la verdad. No es que estuviera nostálgica como al principio de la noche, solo... Quería disfrutar de aquel sitio un poquito más, permitirse eso, antes de dormir su última noche en el castillo.

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Jue Abr 07, 2022 11:33 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Tan pronto Colin se fue, aparecieron Alice y Lex. La chica le rodeó con los brazos y él hizo lo mismo con ella. Despegó los labios para responder, pero como su hermano se adelantó, le dedicó un mohín de mala cara, entrecerrando los ojos, y volvió a mirar a su novia para contestar. - Dando consejos de prefecto, pero de ligón nada. Yo no soy un ligón, Alice Gallia, tú viniste solita. - Le dijo con tonillo gracioso, rozando cómicamente su nariz con la de ella. Se tuvo que reír al ver a su cuñado aparecer. - No sé si debería darme miedo la que vais a liar mañana si ya estáis así aquí... - Anda que ha tardado mucho en retirarse el alma de la fiesta. - Comentó Lex entre risas socarronas, a lo que Marcus le miró con ofensa. - Ahora sabes tú de fiestas más que nadie. ¡Solo era un comentario! Mira, mañana os vais a enterar, tanto meteros conmigo. - Uuuuhhhh. - Dijeron al unísono y entre risas Lex y Darren, pero él decidió ignorarles a ambos.

Fue fácil ignorarles porque su novia se acercó y le pidió un último baile. Eso le hizo ampliar la sonrisa al máximo, con una punzada nostálgica, pero feliz. - Faltaría más. - Y, alejándose de los otros dos y de todos los demás, salieron a bailar. Se mantuvo unos segundos en silencio, solo mirándola a los ojos, sonriendo y disfrutando del momento. - Prolongaría esta noche eternamente si pudiera. - Juntó la frente con la de ella, cerró los ojos y susurró. - Pero entonces me perdería todas las que están por llegar. - Abrió los ojos de nuevo, sonriendo. - He pensado muchas veces... Si pudiera, este momento duraría eternamente. Pero la vez que lo pensé con más intensidad fue... En Nochebuena. Cuando subí a mi cuarto y... Vi ese hechizo, y te di la pulsera. - Bajó los párpados, con una risa muda, recordando. - Estabas tan preciosa, todo era tan... Especial. El que estuvieras allí, el recordar la noche de San Lorenzo, el tener la posibilidad de... Que estuvieras en mi propia habitación, conmigo, toda la noche. - Volvió a mirarla a los ojos. - Y en aquellos momentos pensaba... Que eso era lo máximo que podía obtener de ti. Y no quería que acabara. - Frunció una sonrisa. - Menos mal que lo hizo, porque lo mejor estaba por llegar, aunque pareciera imposible. -

Siguieron bailando. - Aquella noche... Sentía que no podía quererte más de lo que te quería en aquel momento. - Se encogió de hombros. - Otra cosa en la que me equivocaba: ahora te quiero más. - Entrecerró los ojos y ladeó la cabeza. - ¿Cuántas veces me has demostrado lo equivocado que estaba, Alice Gallia? - Se mojó los labios. - Antes de conocerte, odiaba que me mostraran que estaba equivocado. Sigue sin gustarme... Salvo que lo hagas tú. - Entre risas, dijo. - No puedo esperar a ver cuál va a ser mi próxima equivocación. - Bromeó, pero luego se pegó un poco más a ella para decir con un tono cargado de cariño. - No puedo esperar para ver todo lo que me depara la vida contigo... Pero una chica muy sabia me dijo una vez que, más importante que la meta, es el camino a recorrer hasta llegar a ella... Y hacerlo con la persona adecuada. - Dejó una caricia en su mejilla. - Esta escuela ha sido nuestro comienzo... Y ya se acaba. Y, uf, no quiero llorar, de verdad. - Rio un poco. - Pero nuestra vida comienza ahora, mi amor. Nuestra eternidad. -
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Vie Abr 08, 2022 4:07 pm por Ivanka

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Sonrió desmayadamente, de puras felicidad, dejándose llevar por los brazos firmas y seguros de Marcus, dejando caer la cabeza hacia atrás para simplemente poder admirarle. — Durará para siempre en nuestras cabezas. Para eso somos Ravenclaws. — Soltó una mano para pasarle un dedo por la frente, apartando sus rizos. — Para eso tenemos esta herramienta tan poderosa, gracias a la cual, cada vez que estemos pasando un mal rato, agobiado o tristes… Podremos cerrar los ojos y estar bailando, en el Gran Comedor, así de guapos.

Le miró con ternura cuando mencionó la Nochebuena. — Ninguna noche de mi vida ha sido más bella en conjunto. Desde que me pusiste el collar hasta que nos quedamos dormidos hablando de alquimia en tu cama. — Se le aceleraba el corazón solo de acordarse. Suspiró un poco con tristeza cuando le contó sus cábalas de entonces. — Vaya par de eruditos. Porque yo pensaba exactamente lo mismo, ¿sabes? — Rio y negó con la cabeza. — ¿Cómo pudimos pensar que no nos amábamos con todo nuestro ser esa noche? ¿Cómo no nos dimos cuenta que queríamos que esa noche fueran todas las noches de nuestra vida. — Se balanceó un poco más con la música suave y se inclinó para dejarle un beso. — Y lo serán.

Volvió a reírse y se encogió de hombros. — Ah, yo es que tengo asumido que todas las mañanas te quiero un poquito más. Me moriré de amor al final de mi vida, no me cabrá más en el corazón. — Y lo decía en serio. Tenía claro que cada día amaría más aquel hombre en el que el niño que amaba se había convertido. Volvió a reírse y terminó con su carita de traviesa Gallia. — Avec plaisir, monsieur, te demostraría que te equivocas más a menudo si es en que no puedes quererme más, o en que hay algo que crees que no puede lograr… Porque el mundo es nuestro. — Se pegó más a él con una gran sonrisa. — Somos Marcus y Alice…

Pero toda su pose se vino abajo cuando le hablo del camino que les quedaba por recorrer juntos y qué palabras usó para ello. Notó como si se le derritiera el corazón y los ojos se le anegaron de lágrimas de emoción. — Siempre he vivido preguntándome si sería merecedora de una vida contigo. Si sabría hacerte feliz. Y con lo cabezota que soy, es muy posible que si te lo preguntara y me lo dijeras, no te creyera. — Le miró hipnotizada y rio entre las lágrimas. — Pero con la cara no puedes engañarme, porque llevo años quedándome embobada al mirarte, y conozco cada una de tus miradas y tus gestos. — Subió la mano y acarició su rostro. — Y en tus ojos veo, lo veo claramente, esa ilusión de empezar una vida conmigo… y no hay nada que pudiera convencerme más de algo que una mirada de esos ojos de Slytherin que amo más que a mi propia vida. — Lo selló con un beso y la canción se acabó, por lo que volvieron con el resto de compañeros.

No solo Silver, Ruth y Kowalsky se habían quedado, es que la mismísima jefa estaba allí con ellos, mirando y escuchando a la profesora de Herbología contar una historia. — Y Arabella tomándose el café, y como si tuviera gafas amplificadoras, ve entrar a Didi por la puerta, y esa la detecta también como dos animales, y viene con su voz cantarina “oooohhhhh queridddddaaaaa te estaba buscando precisamente a ti” y claro, esta, que para eso es Ravenclaw, reaccionando más rápido y quitándose de en medio. Yo no hago eso. — Afirmó la jefa con su tono reposado de siempre. — Uy que no, Bell, lo sabe todo el mundo, si eres experta en evitar a Hawkins, deberías darnos una clase. ¡Y no contenta con eso, me deja vendida a mí, a su pobre amiga Gryffindor! — Y todos entre la alucinación y la risa tonta. — “Ruthie, querida, ¿te he pedido alguna vez que plantes té de luna árabe que hace blablabla?” Hasta el invernadero de la llevé, y porque empezaba la clase que si no no me suelta. — Silver estaba llorando de la risa. — Es que es única. Yo creo que esa brecha en la seguridad antialcohol os está pasando factura a todos. — Dijo la jefa levantándose. — ¿Ves? Ni confirma ni desmiente. — La señaló Ruth. — Igual sí que va siendo hora de levantar el campamento, aunque, si me preguntan a mí, escucharía a Ruth toda la noche. — Aportó Alice con una sonrisa esperanzada. — Sí, yo también. — Saltó Kowalsky. — Bueno, ahora sí que levantamos el campamento de verdad. — Contestó Silver. Alice suspiró y miró al techo y luego a Marcus, dándole la mano con una gran sonrisa. — ¿Se te ocurre una despedida mejor?

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Sáb Abr 09, 2022 4:17 pm por Freyja

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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Cuando dijo que podrían estar allí siempre que quisieran con tan solo cerrar los ojos, eso hizo, cerrarlos. Imaginar y visualizar... Justo eso mismo que estaba viviendo. El Gran Comedor en el que tantas horas y buenos ratos habían pasado, tantas conversaciones, risas y bailes. Cuando se escabullían tras los árboles en la fiesta de Navidad, o cuando jugaban en los retos de Halloween. Por su mente pasaron los momentos en clase, las fiestas de San Valentín, los cumpleaños, las horas en la biblioteca o en los terrenos... Abrió los ojos, con estos humedecidos, y sonrió. Prefería sonreír a llorar, porque los recuerdos habían acabado emocionándole. Y al abrirlos descubrió el mayor de los motivos que tenía para no llorar: Alice. Ella iba a ser su constante, quien estuviera con él toda la vida, y llevaría todos sus recuerdos de la mano, así como todo lo que estaba por venir.

Soltó aire entre los labios en forma de risa sarcástica. - Yo tampoco me lo explico. - No entendía cómo no se habían dado cuenta antes de lo que sentían el uno por el otro, aunque más bien... A Marcus le pudo el miedo de que, en el caso de Alice, su amor no fuera suficiente. Que quisiera "volar libre" toda la vida y él le supusiera atarse a una vida que no quería vivir. Esa perspectiva era la que le había cegado durante años e impedido ver todo lo demás. Rio un poco con la asunción de su novia, pero dejó escapar un sonidito de ternura. - No me va a quedar de otra que asumirlo yo también, o viviré toda la vida peleándome con mis propias equivocaciones. - Bromeó. Arqueó una ceja. - Uh, nueva lección de francés. Esa me la tienes que repetir para que la apunte. - Dejó un beso en sus labios y completó su frase. - Somos imparables. -

Lo que no iba a llevar bien nunca era ver llorar a Alice, de hecho compuso una expresión apenada nada más verla. Ya lo que le faltaba, con lo que le estaba costando a él contenerse, y más que le iba a costar después de escuchar sus palabras. Se quedó embobado escuchándola, notando como a él también se le humedecían los ojos y sonriendo con ternura cuando le acarició, diciéndole que conocía cada uno de sus gestos. - La expresión de enamorado como un idiota ya te la debes saber de memoria. - Bromeó con una risa leve y emocionada. Él también colocó las manos en sus mejillas y confirmó. - Es lo que más deseo en el mundo, el espejo acaba de decírmelo, aunque no hacía falta porque lo sabía de sobra. Estar contigo, recorrer el camino de la mano, siempre de la mano, una vida juntos... No hay nada que desee más, de corazón. Te amo, Alice. - Y tras coronar sus frases con un beso, la canción se detuvo. Su último baile en Hogwarts acababa de finalizar, pero ni en sus mejores sueños habría cerrado mejor esa etapa.

Respiró hondo para recomponerse de la emoción que le inundaba el pecho y guardarse las lágrimas con cuidado, y no le costó mucho trabajo porque la escena que se encontró era tan graciosa que rompió a reír y toda su melancolía se fue de golpe. En esos siete años, Marcus había tenido muchas reuniones y momentos con los profesores, por ser prefecto y, sobre todo, por ser muy pelota y querer estar siempre con ellos. Pero nunca había presenciado un momento tan distendido y sincero como aquel. Lástima que no duró mucho, porque ciertamente el Gran Comedor estaba ya casi vacío y era tardísimo, por lo que debían dar ya la velada por concluida. Miró al techo y estrechó la mano de su novia, diciéndole con cariño. - Imposible. - Habían tenido una despedida absolutamente perfecta... No todos pensaban así. - A mí sí. - Respondió Lex, que aunque no estaba invitado a la conversación, respondió a la pregunta de Alice. Cuando le miró extrañado, le vio susurrarle al oído a Darren muy poco discretamente y con un punto de maldad que debían estar detectando desde su sala común, y el Hufflepuff miró a Marcus aspirando una exclamación y abriendo mucho los ojos. - ¡¡¡ES VERDAD!!! ¡¡¡QUE YA ES TU CUMPLE!!! - Marcus parpadeó. Con todo lo ocurrido aquella noche, hasta se le había olvidado. Pero, sí, oficialmente ya era su cumpleaños.

Y fue hacerlo Darren notar y todos los ojos de los presentes, profesores y alumnos, se giraron en el acto hacia él. - ¡¡ES VERDAD!! - ¡¡FELICIDADES!! - ¡CLARO, YA ES DÍA TRES, FELIZ CUMPLEAÑOS! - ¡ANDA, MARCUS, FELICIDADES, QUÉ DÍA MÁS BUENO PARA CUMPLIR AÑOS! - ¡¡FELICIDADES!! - Aquello se había convertido en un caos de felicitaciones. Miró a Alice, rio y fue respondiendo una a una, entre risas, como si a él no le gustara ser el centro de atención... Ah, claro, eso era. Miró a Lex y le vio la sonrisilla maliciosa. Así es como podía ser mejor la noche ¿no? Siendo yo el centro de atención. Pensó, y su hermano puso cara de interesante y dijo. - Tómalo como un regalo de cumpleaños adelantado. - Respondió Lex, y Marcus negó entre risas. - ¡PERDONA, PERDONA! - Ah, Ethan. Se le había despistado un segundo de la vista pero ya llegaba otra vez por allí, con un Peter tras él con una risa estúpida y casi arrastrándose (y claramente no le daba vergüenza estar en ese estado delante de los profesores) y alzando un vaso que, en lo que gritaba, Silver le quitó de las manos y lo dejó por allí sin que el otro, metido en su griterío particular, se diera cuenta siquiera. El chico miró directamente a Alice. - PERO VAMOS A VER, PEDAZO DE PUTÓN, QUE ERA HOY EL CUMPLEAÑOS DE TU PREFECTO PERFEC-mira, no lo digo más que esto cuesta mucho trabajo. - Eso provocó muchas risas escondidas. Menuda llevaba Ethan encima, si se estaba hasta tambaleando. - ¿QUE ERA EL CUMPLE DE TU NOVIO IMPOLUTO EL DÍA DE LA GRADUACIÓN Y NO NOS DICES NADA PARA QUE PODAMOS EMBORRACHARLE Y DEJARLE EN VERGÜENZA DELANTE DE TODO EL COLEGIO? - Bueno, mi cumple no es técnicamente en la graduación, sino al día siguient... - Tú calla. - Le cortó Ethan, y luego se giró al que él creía que era su público. - ¡¡A VER!! Traedme de la sidra buena que se la voy a colar a este por la túnica. - Mejor no le toques a la campeona de duelo a su rey de Ravenclaw, que te achicharra. - Dijo Ruth con sorna, haciendo reír a Silver entre dientes y, aunque tratando de disimular, Arabella también se tapó la boca y rio un poco mirando a otro lado.

Como un erumpent por un laboratorio de pociones, irrumpió Peter, bramando. - ¡VENGA, LEX, VAMOS A COGER AL CUMPLEAÑERO EN VOLANDAS! - Eh, no, no. A mí me dejáis en tierra firme. - Dijo Marcus, parando con las manos y dando un paso atrás. Lex se estaba riendo. - Mañana se la liamos, deja que mis padres lo vean de una pieza al menos. - Ya Marcus miraba a su hermano con expresión de advertencia, que no le daban ningún buen rollo esas bromitas, cuando Bradley bajó los brazos con disgusto y, sin perder el tono de bocina que tenía siempre, le dijo a Lex. - TÍO, O'DONNELL, CUANDO ESTEMOS EN LOS MAGPIES TENEMOS QUE TRABAJAR MEJOR EN EQUIPO ¿EH? - ¿¿Os han fichado para los Montrose Magpies?? - Preguntó Ingrid, incrédula, mientras aquellos presentes que no habían estado en la conversación previa se asombraban también. Lex chistó. - ¡Tío, SECRETO, joder! - ¡Es que lo guapo es contarlo! - ¿Ves? Yo pienso lo mismo. - Aportó Darren, que tenía que sacar a relucir su ofensa porque la información la hubiera filtrado otro y no él. Y, entre risas, salieron del Gran Comedor, rumbo a sus salas comunes.

- Digo, la guarra... - Volvió Ethan a murmurar, porque claro, eso de que el foco de atención se hubiera desviado de su cumpleaños a otro tema no podía durar. - Que se ha llevado al prefecto a darle un regalito privado de cumpleaños, así han estado los tíos una hora fuera. - Marcus le miró con cara de quererlo matar, mientras se generaban corrillos de grititos y Hillary, con una sonrisa maliciosa y la boca abierta, se cruzaba de brazos y les miraba. - ¿Discúúúúlpame? - Preguntó con su vocecilla cuestionadora, pero Ethan la cortó rápido. - Menos rollos, rubia, que el bomboncito y tú también habéis estado perdidos un buen rato. - Arabella suspiró sonoramente. - Yo ya hace un buen rato que tenía que haber dejado de escuchar. - Silver también chistó y empujó levemente a Ethan, aunque se le veía la sonrisilla de fondo. - Va, McKinley, ya hemos tenido suficiente fiesta por hoy, cállate ya y no hagas que nos arrepintamos de haber hecho la vista gorda con ciertas cosas. - MIRA. - Se revolvió Ethan, hablando en gritos de tal manera en mitad de los silenciosos y vacíos pasillos del castillo que debería estar oyéndosele en la Torre Ravenclaw. - LOS GRYFFINDOR CON VUESTRO CÓDIGO ÉTICO, ¿EH? Y LUEGO SOIS LOS PEORES. ¡¡AQUÍ EL ALCOHOL LO HA METIDO EL SLYTHERIN PERO LO HA PROBADO TODO EL MUNDO!! - ¡Di que sí, tío! - Corroboró con alegría, precisamente, Peter, el Gryffindor al que estaba dejando vendido junto con toda su casa. Poppy le llamó la atención una vez más. Marcus estaba viéndose venir que ese iba a ser ya el porvenir de la chica para siempre. - ¡ASÍ QUE PARA QUE QUEDE CLARO, QUE VIENE MUY BIEN TENER A UN SLYTHERIN EN EL EQUIPO AL QUE ECHARLE LAS CULPAS! - El resto de la gente, aparte de riendo, se estaba viniendo arriba en alentar aún más a Ethan, y el chico, que no había terminado, se giró hacia ninguna parte, como si quisiera hablarle a alguien no presente allí, y añadió. - ¡¡Y LE DECÍS A LA GATITA ESA QUE VA SIEMPRE CON EL DYLAN QUE LA SIDRA LLEVABA ALCOHOOOOOOOOL!! - Ya sí que Marcus estalló en carcajadas. Pobre Olive, si supiera que los mayores estaban esperando a que los chicos se fueran para liar todo aquello... Ahora entendía, él mismo, muchas cosas de las primeras graduaciones. Nunca era tarde.
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CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
De repente, sin vérselo venir, aquello se convirtió en un pandemonio de gente felicitando y, eventualmente, levantando a Marcus, lo que la hizo reír y mirar con cariño la escena. No se iban de allí, realmente, todo aquello se iba con ellos, sus magníficos amigos, su orden de Merlín, su cariño infinito, y un amor eterno… Solo era un capítulo más, y eso le hacía sentir inmensamente feliz.

Por supuesto, su amigo Ethan llegó para sacarle los colores de vergüenza, y se puso la mano delante de la cara, con vergüenza. Lo peor es que Ruth encima le seguía el rollo, vaya telita. — ¿No te encanta verla tan feliz? — Preguntó Kowalsky, con voz de absolutamente enamorado, a su lado. Ella apretó los labios y ladeó la cabeza. — A ver, da gusto verla… Pero pierde la poca discreción que le queda a esa cabeza loca de Gryffindor demasiado aplicada la mayor parte del tiempo, pensó. Y hablando de Gryffindors, Peter acababa de dejar al descubierto el secreto que Lex llevaba intentando guardar más que su legeremancia, pero que su amigo Bradley no estaba dispuesto a dejar así. — Tranquilo. — Dijo poniéndole una mano en el hombro a su cuñado. — Si los de la selección se enfadan, hay unos cien testigos que defenderán que no tenías ninguna intención de revelarlo. — Ante la intervención de Darren, Lex suspiró y se frotó la cara. — No, si es que el otro no ayuda… Y verás cuando se entere mi abuela Molly, a esa sí que no se le puede decir un secreto.

Pero su amigo Ethan todavía tenía cuerda contra ella. Abrió mucho los ojos y le miró cuando soltó aquella barbaridad. — ¡Ethan, por Dios! — Se mordió los labios por dentro y miró a la jefa. — Jefa, le aseguro que hemos subido a la Torre de Astronomía, porque quería darle su regalo de cumpleaños en ese sitio, que usted sabe que es muy importante para nosotros. — Peter hizo una pedorreta. — Qué tía, y cómo lo dice. — Alice boqueó un poco y le miró fatal. — ¡Pero que no! Jefa, escúcheme, que sabe usted que ese sitio es muy importante para mí, ¿o no? — Arabella asintió. — Dejad tranquilos a mis alumnos, que no cuelan alcohol y se demuestran el amor que se tienen de forma preciosa, no hagáis gala de mala educación. — Se contuvo de dar un suspiro de alivio porque habría resultado cuanto menos sospechoso, pero la mirada asesina sí se posó sobre Ethan y Peter. — Yo prefiero no preguntar cuál es el regalo. — Dijo Silver, conduciendo a los otros dos hacia fuera. — Una pluma de faisán azul. — Contestó ella muy segura, a lo que el profesor giró la cabeza, con los ojos ilusionados de un niño pequeño. — ¡No me digas! Esas son geniales, ya le voy a decir a O’Donnell que me la enseñe… — Hillary se acercó por detrás a ella y la rodeó con un brazo los hombros. — Qué habilidad has tenido siempre para camelarte a la gente cuando la has liado. — Ella se giró con una sonrisa y dejó un beso en la mejilla de su amiga. — Te quiero, Hills. Mucho. Porque me conoces como pocas personas me conocen. — Y apoyó la cabeza en su hombro. — Te iba a preguntar si has bebido de esa sidra que Ethan va clamando por ahí que era con alcohol, pero la verdad es que yo también te quiero, loca mía. — Y subieron así hacia la habitación.

Mientras llegaban a su piso, pensaba que era la última noche que hacía eso. Que nunca más dormiría allí. Y a ver, seguía encogiéndosele un poco el estómago, pero… También había decidido que seguir pensando en últimas veces disminuía el placer de… Simplemente pasear y recordar. Como cualquier otra noche. Alice siempre había soñado con más, y ahora iba a necesitar más que Hogwarts, por mucho que lo quisiera. Así que se dirigió a su novio y tiró de él hacia las escaleras de la habitación. Se sentó en unos escalones superiores y le extendió el pie. — Quítamelos, que me va a dar algo. — Dijo en referencia a los tacones, acordándose de Navidad. — Hay que hacer demasiada fuerza y me siento agotada. — Cuando lo hizo, se levantó y cogió los zapatos, pero no se bajó del escalón. Se dejó caer un poco encima de su novio y le rodeó. — Mira ahora sí que estoy más alta que tú, como cuando me subía en las sillas y te miraba desde ahí. — Se rio y dejó un breve beso en sus labios. — Mañana cuando baje, te veré aquí, como todas las mañanas. — Se acercó un poco más. — Y dentro de no mucho, te veré a mi lado cada vez que abra los ojos. Ya verás. — Susurró. Luego rio y acarició la cara de su novio. — Y sí, conozco tu mirada de enamorado, porque me recuerda a la mía, cada vez que nos veo felices en ese espejo a los dos… A los tres, pensó algo dentro de ella, acordándose de lo que había visto. Tomó aire tratando de calmar su corazón, que se aceleraba de miedo y de emoción a la vez imaginando el futuro y simplemente dijo. — Feliz cumpleaños, mi perfecto prefecto. Te amo. Buenas noches. — Y subió las escaleras a saltitos.

Cuando llegó a la habitación, ni Donna ni Hillary habían subido todavía, estarían despidiéndose de sus respectivos, así que aprovechó para beberse la poción. Y mientras lo hacía, se acordó de esa misma circunstancia hacía un año, al amanecer, llorando de desconcierto, de no saber qué hacer. Terminó de un trago la botellita y suspiró. Ya no volvería a tener ese miedo. Eran Marcus y Alice, se amaban, lo suyo estaba escrito. Y nadie nunca podría decirles que no eran imparables.


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Dom Abr 10, 2022 5:39 pm por Freyja

Imparables
CON Alice EN Gran Comedor EL 2 de junio
Menos mal que estaba allí su jefa para partir una lanza por ellos. Se irguió muy digno y respondió. - Gracias, Arabella. - Uy, este, le condecoran y ya se va tomando confianzas. - Saltó Ethan, a lo que la profesora de Runas rio. - Tú no tienes ni una condecoración y llevas llamándome Ingrid desde el primer día. - Pero porque eres una profesora guay, Ingrid. - Vaya, ahora es Ingrid la "guay" - Se ofendió Ruth, haciendo a todos reír. Ethan chistó. - Es que Ingrid hubiera sido Slytherin de haber estudiado en Hogwarts, seguro, y usted es de la casa rival. - Ahí empezaron a hacer un tira y afloja muy gracioso entre ellos, pero el otro que apareció medio ofendido por allí fue Sean. - Jefa, yo también la aprecio mucho. - Dijo con una mano en el pecho, y Marcus se tuvo que reír. - ¿Estás borracho, Hastings? - ¿Qué? ¡No! - Ah, entonces solo estás celoso de que yo pueda llamarla Arabella y tú no. - Es que no me parece justo. - Díselo a tu Sean del pasado que me miraba con mala cara cuando le hacía a la señora regalos por San Valentín. - En realidad, tú también me puedes llamar Arabella, Sean. Eres uno de mis mejores alumnos. - Ahora el que se ofendió fue Marcus, como si acabaran de quitarle un puesto especial y único, y su amigo le sacó la lengua. Parecían dos críos.

Se dividieron en el camino para ir cada uno a sus respectivas salas comunes y, cuando llegaron a la de Ravenclaw, Alice y él se sentaron, entre risas, en los escalones que dirigían al dormitorio. - Uf, yo estoy harto de esto. - Dijo riendo y tirándose de la pajarita que llevaba al cuello. Le quitó los tacones a su novia tal y como le pedía y esperó a que se sentara de nuevo, en el escalón por encima de él, haciéndole reír cuando dijo que estaba más alta. - Disfrútalo. - Bromeó, poniendo las manos en sus brazos con cariño mientras le rodeaba. Sintió un leve pellizco en el pecho. - Nuestra última noche aquí... Aún no me lo puedo creer. - Porque, sí, al día siguiente la esperaría al pie de las escaleras como cada mañana... Pero ya sería por última vez. Aunque, también como ella decía, en algún momento despertarían juntos cada día. Su historia solo estaba por mejorar. Por eso esa noche tenían que estar felices. - Hemos hecho este camino juntos, tal y como queríamos. - Apretó su mano. - Y aún nos queda mucho por recorrer. - Dejó un beso en sus labios y sonrió ampliamente a las felicitaciones. - Gracias. Buenas noches, mi amor. Te amo. - Y allí se quedó, como tantísimas otras noches, al pie de las escaleras, viendo como Alice se perdía en ellas. - Te quiero, Alice. - Susurró, con una enorme sonrisa. Porque ahora no lo decía con melancolía, no tenía que esperar a que se fuera para poder decírselo. Se lo había dicho a ella directamente, y seguiría diciéndoselo toda su vida... Pero bueno, quería decirlo una última vez a las escaleras. Por todas las veces que allí mismo lo había pensado.

Al irse Alice y empezar a subir él a su dormitorio, notó el inmenso cansancio. Era más tarde que ninguna otra noche que hubieran pasado en el castillo, y había sido un día muy intenso, se notaba agotado. Tampoco es como que al día siguiente pudieran quedarse mucho tiempo en la cama, tenía que ultimar todo lo que tenía que llevarse antes de irse y quería dar una vuelta por el castillo para despedirse. Y luego tenían comida familiar, y fiesta a la noche... Vamos, que iba a ser otro día movidito, por lo que mejor que se acostara cuanto antes. Bromeó un rato con Andrew y Sean, pasando por algunos dormitorios de varios compañeros, charló de nuevo con Colin y con varios más, haciendo bromas y tonterías aunque tratando de no hacer mucho ruido para no despertar a los más pequeños. Pero, obviamente, entre los que debían llevar ya un buen rato dormidos había alguien que estaba asomándose por allí. Aunque, por una vez, sin intervenir ni molestar. Eso sí, Marcus le detectó.

Le saludó con un gesto de la mano, ya que el chico asomaba la cabeza por su cuarto, y este pareció dudar un poco, aun con su sonrisilla pícara y maliciosa. Finalmente, justo cuando el resto se iba retirando, salió al pasillo. - Vaya horas de llegar, prefecto. - Ya no soy prefecto. - Dijo, alzando las palmas, con una sonrisa. - Ahora hay que pedirle responsabilidades al prefecto Evans. - Benjamin soltó una carcajada. - ¿Entonces esta noche la puedo liar? ¿Hay un vacío legal? - Va, Creevey, ¿hasta el último día? ¿En serio? - Los dos rieron, porque venía de echar muy buena noche y ya se conocía con ese chico, podían estar en ambiente distendido. - Bueno, al fin y al cabo compartimos primer día. Mi primer día de Hogwarts y tu primer día de prefecto fueron el mismo. - ¿Me estás queriendo decir que mi último día de prefecto va a ser tu último día como gamberro oficial? - No os lo creéis ni vosotros. - Volvieron a reír.

Y cuando la risa se fue diluyendo, vio una expresión en el chico que no pensaba encontrar. Como si estuviera... Contrariado. O apenado. - Sé que no te lo vas a creer, pero... No es como que... Me guste ser el gamberro y eso, ¿sabes? - Cuesta creerlo. - Bromeó Marcus, haciendo que el chico riera levemente. Había bajado la mirada y Marcus se extrañó. - ¿Estás bien? - Creevey, sin levantar la mirada, apretó los labios. - No. - Marcus frunció el ceño, pero antes de preguntarle qué le pasaba, el otro alzó la mirada, aunque poniéndola en otra parte que no era directamente en él, y habló. - Mira, lo voy a decir como... Bueno, así, como me salga y esas cosas. No me interrumpas ni me preguntes ni ninguna hostia rara ¿va? Que me callo y me voy. - Marcus no dijo ni media, solo se quedó mirándole, expectante. El otro soltó aire por la boca. - Sé que te he hecho la vida imposible. Era mi intención. - Marcus arqueó una ceja. Sincero, desde luego, aunque seguía sin entender qué le había hecho a ese chico, al que no conocía de nada, para que le tuviera semejante inquina desde el primer día. No iba a tardar en descubrirlo. - Ya sabes que... Con mi madre no tuve relación apenas, pero con mi padre, menos aún. Vamos, es que mi padre no debe saber ni que existo, dejó preñada a mi madre y pum, se piró ¿sabes? Y mis abuelos no me querían hablar de él. No me hablaban ni de mi madre casi, imagínate de él, vamos. - Se mordió un poco el labio. - Pero antes de entrar en Hogwarts, cuando mi abuelo se murió, mi abuela un día perdió los nervios, porque mi madre estaba perdida por ahí y pasando de mí, y yo tenía que entrar en la escuela y había que autorizarlo y comprarme las cosas y esas mierdas. Y se compró un howler para mandárselo. Se encerró en el cuarto, pero tú sabes, los howlers gritan y eso, y estaba tan atacada, que lo escribió pero no sé que hizo que el howler se abrió sin querer y empezó a gritar, y eso no hay quien lo pare. Y oí lo que dijo. - Marcus tenía el corazón acelerado, y Creevey miraba a otra parte, sombrío. - "Si tú no quieres, llama a su padre. Si tan bueno era y tanto prestigio tiene su familia, que se encargue el prefecto". - El chico arqueó una ceja, amargamente. - Resulta que ese cabrón era un don perfecto. Un prefecto. De Ravenclaw, fijo. No soy estúpido, mi madre era Slytherin y bastante tonta por lo que he oído de ella, la verdad, tuve que sacar la inteligencia de él. -

Creevey se cruzó de brazos. Seguía sin mirar a Marcus. - Sabes que hay un libro con todos los prefectos de la historia de la casa en la sala común ¿verdad? - Asintió. Y tanto que lo sabía, como que no lo había mirado veces para ver a su padre y a su abuelo en él, y después a él mismo. El chico dibujó una amarga sonrisa. - Ya sé quién es mi padre. Lo sé desde el primer día que estuve en el castillo. Cogí el libro y me puse a mirar... Y allí estaba. No tiene pérdida, tiene mi misma cara, vamos. - Ya sí, miró a Marcus. - Un prefecto de Ravenclaw, impoluto él, muy bien puesto y de una familia llena de eruditos... Como la tuya. Como tú, igual de bien peinado y de guaperas, igual de sonriente con todo el puto mundo. Y también empezó a ejercer en quinto. - Torció los labios. - Te vi y dije... Míralo. Otro igual, otro que va de perfecto por la vida. Y mira como tiene a esa. - Soltó una carcajada socarrona. - Me di cuenta a los dos días de que Gal perdía el culo por ti y que de que os traíais un jueguecito rarísimo. No me fiaba de ti. Pensé, "ahora la deja preñada y seguro que le descuadra un montón un crío con su estúpido estatus de prefecto y sus notas superbuenas y sus familiares que son tope de importantes". - Marcus tragó saliva, en silencio, sin dejar de mirarle. En su vida se le habría ocurrido esa analogía. - Ese gilipollas del prefecto de Ravenclaw, tu predecesor, le jodió la vida a mi madre, a mis abuelos y a mí, la verdad. Y cuando te vi a ti... Dije... A lo mejor le hace lo mismo a otra, pero lo va a tener que hacer sorteándome a mí. No me podré vengar de mi padre, pero me voy a vengar de este. - Bajó la mirada, mientras Marcus seguía mirándole a él, sin decir nada. Durante un segundo, ambos permanecieron en silencio.

- Lo peor es... Que yo venía muy convencido de hacer eso, y tú... No me dabas motivos. Joder, me caías bien al final. Y tuviste el lío ese con Maggie Geller y dije, buah, qué hijo de puta, ya se la va a liar a la Gal, pero en verdad no fue ¿sabes? Y se quedó en nada y, en verdad, cuando viniste a hablar conmigo después, fue como... Me cago en todo, no seas buena gente conmigo, tío, que así no me puedo vengar. - Apretó los dientes. - Creía que me estaba intentando manipular o algo, hacerte el prefecto guay conmigo. Tampoco me convencía eso. No iba a dejarme camelar por... Un tío como mi padre. - Alzó la mirada y, ya sí, la clavó en él. - Pero no eres así. De hecho... - Se mordió el labio, y Marcus vio como se le inundaban los ojos. Pero había prometido no interrumpir, y sabía que al chico le estaba costando decir lo que decía, así que se guardó las palabras. - Has sido mucho más mi padre que ese gilipollas. Que nadie en mi vida, la verdad. Hubiera... Sido guay que lo fueras. Hubieras sido un buen padre para mí. - Ahí fue él quien tuvo que retirar la mirada y tragar saliva. Había podido controlar sus emociones toda la noche, pero ahora le pillaba con la guardia baja y, desde luego, algo así era lo último que pensaba que iba a escuchar. De nuevo, y durante unos instantes, se quedaron en silencio.

Creevey se aclaró un poco la garganta, para que su voz no sonara quebrada, e hizo un gesto despreocupado con la mano. - Si tienes curiosidad, puedes mirar el libro de prefectos para saber quién es. - Marcus le miró, y negó con la cabeza. - No voy a hacerlo. - Creevey le miró con un punto de extrañeza. Los Ravenclaw eran curiosos, y debió pensar que una historia tan morbosa como aquella despertaría en Marcus, alguien que daba tanta importancia a la prefectura y los principios, la curiosidad de saber qué mago de sangre limpia era el verdadero padre de Benjamin. Pero tenía muy clara su respuesta. - Si a él no le interesas tú, a mí no me interesa él. - Y de repente, al chico le cambió la expresión, como si toda la fachada que llevara toda la vida con mucho esfuerzo sosteniendo acabara de estrellarse contra el suelo. Le miraba con una expresión entre sorprendida, apenada y agradecida, como si deseara esa respuesta pero no pensaba que la fuera a recibir. Vio como, tras unos segundos mirándole así, quitaba la mirada y se removía, como si no supiera qué paso dar a continuación, visiblemente incómodo. - Bueno, ya... Querrás dormir y eso. - Trató de cortar, pero Marcus seguía mirándole. El chico hizo amago como de irse, frotándose la cara, inquieto... Y, súbitamente y sin pensar, como había dicho que se sinceraría, se fue hacia él y le dio un fuerte abrazo. Marcus le abrazó de vuelta. Tras un leve sollozo, le oyó susurrar. - O'Donnell como destapes que estoy llorando te maldigo aquí mismo. - Marcus soltó una carcajada y le abrazó aún más fuerte, dejando resbalar una lágrima también. Se limpió la mejilla y fue a hablar, pero el otro lo detectó. - No digas nada. Ya está. Solo quería contártelo y punto. - Qué cabezota era. Pero si no quería más drama del que ya tenían, Marcus lo pensaba respetar.

Se separaron, el chico se limpió rápida y dignamente las lágrimas y se aclaró la garganta. - Ahora no vayas a hacerle lo mismo a Colin ¿eh? - Que no, hostia. De veces que me lo vais a decir. - Eso le hizo reír sinceramente, y hasta Creevey rio un poco. Suspiró y añadió. - Joder... No quiero que os vayáis. Voy a... - Se mordió los labios con rabia y retiró la mirada, como si estuviera enfadado consigo mismo por algo. Marcus ya le conocía lo suficiente como para saber qué le pasaba. - No vas a estar solo, Creevey. - No me soporta nadie aquí. - ¿Es que Alice y yo éramos tus mejores amigos o qué? - Bromeó. El otro chistó con una especie de pataleta infantil muy graciosa. - ¡No, joder, pero yo que sé, al menos me entreteníais! ¿sabes? - Vaya, tomaremos nota por si nos falla lo de la alquimia, buscar trabajo en un circo. - Benjamin bufó y Marcus rio. - Lo digo en serio, Ben. No vas a estar solo. Ni aquí... Ni fuera. - El otro le miró y Marcus precisó. - Ven a buscarnos. En cuanto salgas. Llámanos, podemos quedar y vernos... Podemos ayudarte en lo que te haga falta, Benjamin. Te doy mi palabra. - El otro arqueó una ceja, de nuevo con esa sonrisita amarga y ladina, aunque con la mirada emocionada. - ¿Palabra de prefecto? - Marcus sonrió y negó, moviendo los rizos. - Mi palabra. A secas. Palabra de Marcus O'Donnell. - El otro arrugó los labios, conteniendo la emoción, pero apenas al segundo volvió a su sonrisilla malévola. - Nos lo hemos pasado muy bien tú y yo aquí, Marcus O'Donnell. - Marcus correspondió la sonrisa y, pasando un brazo por sus hombros, respondió. - La verdad es que sí. -
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