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    Alchemist
    Freyja
    Alchemist
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    23/4/2022, 8:25 am
    Recuerdo del primer mensaje :




    El pájaro en el espino
    Marcus & Alice | Continuación Golden Shields | Inspired - Libros (Harry Potter Universe)
    Estaba escrito. Marcus O’Donnell y Alice Gallia estaban predestinados a estar juntos desde antes de nacer, aunque las vicisitudes de la vida y sus familias, les impidieron conocerse hasta llegar a Hogwarts. Desde el primer día, en las barcas, sintieron esa conexión única que acabaría desembocando en la más bella historia de amor, pero hicieron falta siete años de idas y venidas, de heridas tan dolorosas como la pérdida de una madre o la apertura de secretos familiares que podían traer un terremoto a la vida de todo el mundo, para que acabaran juntos y felices.

    Marcus es el primogénito adorado de la importante familia O’Donnell. Criado entre eruditos y con una familia unida, recto, prefecto durante tres cursos completos en Hogwarts, amante de las normas y con una inteligencia privilegiada. Nada haría augurar que acabaría entregando su corazón a Alice Gallia, otra mente brillante de Ravenclaw, pero proveniente de una familia con un pasado turbulento por parte de su madre en América, y mucho menos fan de las normas e inherente al caos. Pero ellos se adoran, las familias han recuperado el vínculo y se apoyan y la alianza O’Donnell-Gallia es un fuerte vínculo que va desde Irlanda a La Provenza.

    Juntos fueron los mejores alumnos de Hogwarts, juntos quieren comerse el mundo y ser alquimistas. Ahora saben que se aman y que quieren estar juntos, pero no todo puede ser tan fácil. Les quedan mucho años de estudio y trabajo por delante para llegar a ser quienes quieren ser, las situaciones familiares no son las ideales y aún quedan temas sin resolver.

    La historia de Marcus y Alice no podía acabarse al salir de Hogwarts, queda mucha alquimia, mundo que recorrer, momentos felices, dramas y mucha mucha alquimia y magia, que es para los que ambos nacieron. Además, aún no se han cumplido las dos profecías: queda una boda con mucho espino blanco y la creación de un nido… La última página está muy lejos de ser escrita, y esto es solo la primera parte.

    AQUÍ COMIENZA ALQUIMIA DE VIDA: PIEDRA, PARTE 1


    Índice de capítulos

    1. La eternidad es nuestra
    2. The birthday boy
    3. Juntos pero no revueltos
    4. Rêve d'un matin d'été
    5. Don't need to go any further
    6. The ghost of the past are the fears of the future
    7. Que alumbra y no quema
    8. Where it's peaceful, where I'm happy, where I'm free
    9. Could you never grow up?
    10. El largo vuelo
    11. Family fights together
    12. The language of facts
    13. El ejército
    14. They made their way
    15. De cara al pasado
    16. Toda la carne en el asador
    17. Con los pies en el suelo
    18. The encounter
    19. Titanium
    20. La bandada
    21. Turmoil
    22. En el ojo del huracán
    23. La mágica familia americana
    24. Vientos de guerra
    25. The hateful heirs
    26. Damocles
    27. Tierra sin ley, odio que ciega
    28. Sueños de paz
    29. Antes de despegar hay que aterrizar
    30. Volar es un pensamiento que no se puede atrapar
    31. El vuelo de las águilas
    32. Como las piedras celtas
    33. Are we out of the Woods?
    34. Bad topic
    35. The date
    36. Furthermore
    37. Sin miedo a la diversión
    Marcus O'Donnell
    Alquimista | Timotheé Chalamet | Freyja
    Alice Gallia
    Alquimista y enfermera | Kaya Scodelario | Ivanka




    Post de rol:


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    Alquimia de vida - Piedra, parte 1 - Página 32 Alchem10

    Alquimia de vida - Piedra, parte 1 - Página 32 Firma110

    La eternidad es nuestra:
    Freyja
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    Alchemist
    Ivanka
    Alchemist
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    25/8/2023, 7:32 pm


    Are we out of the Woods?
    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Se fue dándole la mano a Poppy un poco apartadas de la música y le sonrió. — ¿Qué pasa, cariño? — Su amiga se mordió el labio y miró a los lados. — Es que… Yo no tengo cara para hacer estas cosas… — Tomó aire y se retorció un poquito las manos. — A ver, ¿te acuerdas cuando me hablaste de lo de estar enamorada y eso? — Ya se estaba viendo por dónde le iba a salir aquello. — Síííí… — Pues… Es que yo soy Hufflepuff pero soy muy vergonzosa, y mis padres son pues como muy… Escoceses. Entonces en mi casa no tenemos mucha intimidad, y a mí estas cosas me cuestan… ¿Me sigues? — Alice sonrió. — Creo que sí. — Se acercó a Poppy y le agarró las manos. — Quieres… Intimidad con Peter aprovechando que estamos sin padres en medio del campo. — ¡SÍ! Por Dios, menos mal, me estaba costando la vida decirlo. — ¿Ha sido idea de Peter? — Poppy negó y suspiró. — ¡Qué va! Si es que… A veces estamos en los jardines de mi casa, o en su cuarto en la suya y la cosa se pone interesante… Y él nota que me pongo tensa y, en fin, ya le conoces, se pone a hacer el tonto, para que se me olvide y… — ¿Y por qué te tensas? Pues por si viene mi madre, o mi hermano, o el suyo, o… Yo qué sé, me da mucha vergüenza… Y la cosa es que me gustaría verme sola con él… Sola de verdad, sin miedo a que nos pillen. — Alice sonrió y asintió. — Eso era lo que quería oír. Mira, vamos a hacer una cosa, en esta casa debe haber más de una habitación, vete a buscarla, y yo busco una forma de que Peter y tú os podáis escapar. Si echáis el mismo hechizo que nos echasteis a Marcus y a mí vais a estar bien tranquilos, y de hecho, te voy a enseñar uno que te va a gustar…

    Después de explicarle cómo se hacía el hechizo silenciador de una sola dirección, la mandó por la casa a buscar otra habitación, y ella volvió a la pista, bailando con Hills y contándole al oído por encima la misión que tenían. — ¡A ver los nuevos que se mojen! — Gritó de repente Ethan. — Frenchie, Andy, os toca, a los dos, y el más picantón puede elegir a las dos próximas víctimas del siguiente juego. — Jackie saltó y aplaudió contenta y Andrew, que estaba hablando con Marcus, puso cara prudente. — Cuidado con aquel, que lo conozco desde bien chico y te la lía. — Su prima puso sonrisa chulesca y dijo. — Soy una Gallia, no me da miedo. — UUUUUUUY. — Dijo Aaron caminando con los dedos por los hombros de Ethan. — Te está retando, reptilillo. — El aludido se rio con risa maléfica y se fue hacia Jackie, rodeándola con un brazo y con el otro a Andrew.

    Cuéntanos, versión Gruyere Gallia, ¿qué es lo más vergonzoso que has hecho alguna vez sola en casa? — Jackie se rio y se mordió el labio, pensando fuertemente. — Creo que… desnudarme a mí misma, pero como intentando que pareciera que me lo hacía otra persona, para ver cómo me vería. — ¡DING DING DING! Premio. Cuando creía que no había nadie más narcisista que yo, llegó Jackie Gallia. — Y todos estaban muertos de risa, pero Jackie se encogió de un hombro. — Pero gracias a eso no me pillaron nunca con lencerías de florecitas, como a algunas, y soy un espectáculo. — Ethan miró a Theo. — ¿Confirmas, Mattie? — ¿Eh? Eh… Bueno es… — Su prima le miró con una ceja alzada. — O sea, sí, sí, vamos, que ya lo sabes tú, chérie… — Uy el chérie otra vez. Os voy a empezar a llamar los chéries. — El chico carraspeó y se frotó la cara. — Es que no me parece bonito hablar de cómo se ve Jackie en ese momento… Pero vamos, que, definitivamente, espectacular.

    Ethan se giró a Andrew. — Mira, Andy, chiquitín, peor que Mattie no lo vas a pasar. Te voy a hacer una clásica. De todos los profesores y profesoras… ¿A quién te tirarías, a quién matarías y con quien te casarías? — La cara del chico fue de hastío, pero sonrió un poquito. — Mataría a Ferguson. — Clásico. — Me casaría… Ehm con la jefa, diría yo, porque, en fin, menuda señora… — ¿Y a quién te tirarías, picarón? Va, dilo. — Pues… La… Señora Antares… — Alice abrió mucho los ojos. — ¿CON RADHA? — Andrew levantó las manos confuso. — Es que es muy guapa, y tan seria… Tiene algo… ¿No? — Y buscó apoyo en los heteros de la sala, pero no pareció hallar mucho. — Joe, Oly, ayúdame. — Pero la chica negó con la cabeza. — Ay, lo siento, Andrew, es que no apruebo las relaciones con dinámicas de poder, y una profesor-alumno lo sería. — ¿QUÉ? Yo tampoco lo apruebo si es por… — Pues has contestado muy rápido. — Insistió la chica. — Yo diría que a ti sí que te gustan. Pero vamos, que es mi preferencia afectiva, que no tenemos por qué coincidir porque ya no tenemos nada. — Todos estaban muertos de risa, incluso Kyla, y Andrew tapándose la cara, claramente arrepintiéndose de haber ido.

    Venga, bomboncito de café con leche, que te voy a dar un honor como aquel, solo por el mal ratito admitiendo que te ponen serias. Tú vas a elegir quiénes se enfrentan a la siguiente prueba. — ¿Y de qué va? — Ethan se acercó a una mesa donde había dos cajas opacas y dijo. — ¿No os parece que va siendo hora de cenar? — Señaló las cajas. — En esas cajas hay platos de justos y de pecadores. Hay dos que tendrán que adivinar si el plato es así más de santurrón o más de pecador. Pueden incluso ser todos de uno o de otro, o ser tres de uno y solo uno del otro… — Eso es muy subjetivo. — Se quejó Sean, pero Ethan se encogió de hombros. — Ay, nene, con lo listo que eres, poneos en mi lugar y ya está. Según el zorrón de Ethan, ¿qué es más justo y más pecador? Venga, ¿a quién eliges, Andy? — El chico pareció pensárselo. — A ver, lo voy a poner fácil. — Ya está queriendo caer bien. — Picó Aaron. — Que no, es que quiero ser majo… A ver, Marcus con la comida es imbatible, y Darren te conoce muy bien así que… Eso. — Ella tiró del brazo de su novio, riéndose. — ¿Y qué se gana y se pierde? — Eso es secreto, puti, que te veo la carita que se te pone. — La de cuando transmutó al toro ese. — Dijo Peter. — ¡No transmutó un toro! Calla, anda, que ibas fino. — Le replicó ella, antes de dejar un beso en la mejilla de Marcus. — Para mí es ganador siempre.





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    Alchemist
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    27/8/2023, 8:31 am


    We are out of the Woods
    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Empezaba incluso a compadecerse de Ethan, que todo lo que quería era una fiesta desmadrada (a saber qué sentimientos intentaba tapar con ella, como ya había aprendido que era habitual en él) y los demás, al menor despiste, se ponían a charlar normalmente entre sí. Pero es que había sido un verano movido y tenían ganas de hablarse, e Ethan parecía tener ganas de todo menos de hablar.

    Andrew dio un respingo en su sito ante la mención que hizo a Marcus reír y aprovechar la coyuntura para apoderarse de otro muffin y renovar su bebida, mientras en anfitrión explicaba el nuevo juego. Preguntarle a Jackie (o a cualquier Gallia) por cosas vergonzosas era un auténtico peligro, y la respuesta que dio le hizo hasta azorarse y desviar la mirada, conteniendo una risilla como si de repente tuviera ocho años. A ver, sería algo que perfectamente podría haberle dicho Alice... pero en la intimidad, no tan a la vista. Miró de reojo a Theo y estaba, evidentemente, mucho peor que él, y al menos pudo combatir el azoro con la gracia que le hizo. - ¡Eh! - Maldita sea, su escasa espontaneidad había ido a saltar ante la mención de la lencería de florecitas, porque lo consideró ataque directo. Ni que decir tenía que acababa de delatarse, por lo que se escondió detrás de la bebida, fingiendo no haber dicho nada. Le salió bien por esta vez, porque el foco de atención estaba demasiado centrado en los protagonistas. Solo parecían haberle oído Sean y Hillary, que ahora le miraban y cuchicheaban entre risitas. Bueno, ni de lejos los peores que podrían conocer ese dato.

    - Los chéries. Qué bonito. - Le susurró burlón a Alice, a quien había ido a ponérsele al lado, a ver si en base a moverse hacia su novia se mimetizaba un poco con el ambiente y nadie le miraba. Las respuestas de Andrew le hicieron asentir con convicción en las dos primeras preguntas, pero la última le hizo estallar de la risa. - ¡Es otra insulsa, como su hermano! Es irritantemente neutral. - Estamos hablando de la cama, prefecto, no de una mesa de debate. - Se burló Aaron, pero Marcus siguió negando con el dedo. - Da igual, es una cuestión de principios. - Porque los principios es lo más importante cuando fantaseas con un profesor... - ¡Bueno que yo me entiendo! - Se defendió, entre las risas de los demás. La manera de Oly de dejar vendido a Andrew para una vez que estaban hablando abiertamente de "amor libre" casi le hace caerse al suelo de la risa. Si es que adoraba a esa chica, no lo podía evitar, por eso le llevaba perdonando cosas desde que la conoció. - ¿Veis? Principios. - Dijo, señalando a la Hufflepuff con los ojos llenos de lágrimas de la risa.

    Ethan volvió hacia Andrew y Marcus no pudo evitar susurrarle a Alice en tono jocoso. - Confirmamos por qué le gusta Donna. - Cuando dijo lo de las serias. Pero se alegraba, la verdad, porque después de su conversación con él y de lo que acababa de presenciar, podía tener la tranquilidad de que su amiga había ido a dar con la horma de su zapato. La distracción por hablarle a Alice le hizo reconectar con el comentario sobre cenar y dio una efusiva palmada y ratificarlo con una exclamación de júbilo, pecando de lo suficientemente poco inteligente como para no saber el contexto previo, viniendo de Ethan. Ni que decir tenía que acababa de echarse tierra encima catastróficamente.

    Le vino bien la mano que le estaba echando Andrew, no obstante, y se vino bastante arriba con ello. - Gracias, tío. ¿Veis? Un buen Ravenclaw, capitán de su equipo de quidditch nombrado por algo. Es el equivalente deportivo a prefecto, nosotros nos entendemos. - No se puede ser así. - Decía Hillary, muerta de risa junto a Sean, apoyados el uno en el otro. Claramente se burlaban de su persona por hacer alegorías deportivas cuando se había pasado criticando todo lo que tuviera que ver con el quidditch siete años, pero no pensaba darle bola a nada de eso. Soltó una socarrona carcajada. - Así de impresionados quedasteis que pensabais que había transmutado al propio toro. - Pero si apenas te acuerdas, cuñadito. - Se burló Darren, pero Marcus le ignoró y, en su lugar, ya le estaba dando a Alice un besito y poniendo cara de suficiencia. - Yo ya me he ganado tu corazón, y con eso soy victorioso toda la vida. - Vaya espectáculo de pedorretas acababa de generar a su alrededor... Bueno, no de todos, a Poppy y a Oly parecía haberles parecido adorable su comentario, y Darren acababa de suspirar fuertemente. - Echo de menos a mi Lexito. - No será por lo mucho que te dice este tipo de cosas, pensó Marcus, pero se limitó a poner una afectuosa mano en el hombro de su cuñado y no decir nada. Al menos no se había burlado de su arranque de caballerosidad.

    - ¡Venga! ¡Putones a sus posiciones! - Clamó Ethan, y Marcus le miró mal, por lo que rodó los ojos y dijo con un hondísimo suspiro. - Caballeros medievales a sus posiciones. - Mucho mejor. - Me siento más identificado con lo otro. - Comentó Darren como si tal cosa, lo que hizo que Marcus le mirara con los ojos muy abiertos y el resto estallara en risas. Se puso cada uno frente a su caja, y fue a destaparla, pero Ethan parapetó. - ¡Ah, ah, ah, de eso nada, monadas! ¿No sois tan expertos los dos? Pues cata a ciegas. - ¿A ciegas? - Exclamó Darren, pero Marcus se encogió de hombros. - Es el gusto el sentido que necesito, no la vista. - Qué guarrísimo eres. Pues venga, listo, a meter el tenedor. Ahí tenéis la ranurita. Supongo que no tengo que explicarte cómo se mete en una ranurit... - Ya. - Paró Marcus, tenedor en mano, ignorando todas las risas y concentrándose fuertemente.

    Era un poco incómodo sacar la comida por ahí, pero lo intentó. No tardó nada en captar lo que estaba comiendo, y en disfrutarlo golosamente, porque le encantaba. - Este está aprovechando para ponerse morado y no decir nada. - Le delató Sean, pero no es como que se estuviera escondiendo precisamente. Darren, por su parte, estaba poniendo caras raras y de desconcierto con lo que se estaba comiendo. - Esto tiene textura rara. - Se quejaba, mientras sacaba la lengua con cara de asco. Marcus seguía comiendo con deleite. - Bueno, ¿veredictos? - Ni idea. - Determinó Darren, soltando el tenedor. - Pero siendo tú, no me extrañaría que fuera carne de cocodrilo o algo así. - Uuuuy casi. La cosa es si es plato de justo o de pecador. - El otro se encogió de hombros. - ¡A ver! Siendo cosas exóticas de las tuyas... pues de pecador. A saber si no me has metido un grillo, ¡puag! Y hay que ser muy atrevido para comerse eso. - Ethan, con una sonrisa maliciosa, destapó la caja. Lo que había parecían filetes de carne pero de un color y textura extraño, y algo similar a la cecina. Marcus tampoco lo identificaba bien. - Bien podría ser cocodrilo, corzo, faisán, jabalí, ranas... y un montón de cosas pecaminosas. Pero son... - ¡¿Son sustitutivos veganos?! - Destapó Oly antes de tiempo, y tanto ella como Poppy se lanzaron al plato. - ¡Es cecina vegana! ¡Yo la hago en mi casa, natural! - ¿A eso huele el desván? - Preguntó Klya, extrañada, pero no recibió respuesta. - ¡¡Ay!! Yo estaba experimentando con leche de almendra para mis galletas. ¿Esto son bolitas de pollo veganas? Es decir, sin pollo. - ¡Y esto es tofu! ¡Qué rico! - Darren estaba un poco decepcionado consigo mismo. - Oh... Iba a empezar a probar estas cosas... - Ethan hizo un gesto de evidencia hacia ellos. - A ver, todos juntos: este plato es deeee... - ¡Justos! - Clamaron todos a la vez, entre risas. Darren miró mal a Ethan. - ¡Te estás burlando de una dieta perfectamente válida y respetuosa! - No me burlo, solo digo lo que es. - Y yo te aseguro que has cogido productos malos. - Tejoncito, eso no sabe a nada. - ¡Sí que sabe! Yo los he probado, has ido a buscar los de peor calidad del mundo. Si no, lo habría reconocido. - A mí me gusta. - Se conformó Oly, que ya tenía un trozo de cecina vegana en la boca. Marcus seguía a lo suyo, pero indudablemente se iba a informar más de eso. Aunque fuera de mala calidad.

    - ¿Y qué hacemos con este? - Señaló Sean a Marcus, que seguía comiendo como si tal cosa. Ethan le miró con una sonrisilla y cruzado de brazos. - ¿Qué estás comiendo tú, primor? - Oh. - Dijo él, tan normal, limpiándose levemente la servilleta. - Podría decir que el plato de un perfecto caballero, el que le haría al amor de mi vida. - Comentó con normalidad, señalando a Alice. - Son gofres. Lleva sirope de chocolate caliente, fresas y plátano. También tiene canela, ¿y me ha parecido detectar un punto de jengibre? Es un plato para un desayuno ideal. - Hillary arqueó una ceja, mirando a Ethan. - ¿Le has dado de comer lo que desayunaba en Hogwarts los domingos? - No tan rápido, abogada. - Detuvo Ethan, sin mirarla, con un gesto de la mano. Tenía la sibilina mirada puesta en Marcus, y este se la devolvía. - ¿Plato de justos o de pecadores? - Marcus puso una sonrisa ladina. - Para el caballero que soy, de justo, muy justo. Con justicia y entrega se lo haría a mi amada. - Apoyó una mano en la mesa, para mirar a Ethan de frente. - Pero eres tú, y esos ingredientes no son casuales... Son todos afrodisíacos. Es un plato de pecadores. - Ethan amplió la sonrisa. - Te has dejado un ingrediente. - Marcus hizo un gesto sin importancia con la mano. - Sí, claro, la nata. Todos los postres llevan nata. - ¿Y para qué se puede usar la nata, mi querido y justísimo prefecto con amplio conocimiento en afrodisíacos? - Se escuchó un "uuuuh" por toda la sala que le hizo rodar los ojos. - No respondo a obscenidades. - Lo que tú digas. Pero aquí, el justísimo prefecto, ha acertado de pleno. Menudo pecador estás hecho. -




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    Alchemist
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    28/8/2023, 9:25 am


    Are we out of the Woods?
    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Sabía que Marcus se lo estaba pasando bien cuando empezaba con sus peroratas de prefecto y cuando le hacía numeritos como aquel, al que ella asistió, dichosa de ser la destinataria y dedicándole una mirada de enamorada hasta la médula. — Lo ganaste para siempre además, así que ese título no tienes ni que defenderlo. — Y luego se giró sacando la lengua a los demás. — Os ponéis así porque no sabéis decir cosas tan bonitas en pareja. — Y luego se acercó a Darren y le rodeó con el brazo. — Tranquilo, cuñadito, nosotros SÍ entendemos el romanticismo. — Dijo pronunciando mucho las palabras para restregárselas a sus amigos.

    Se cruzó de brazos cuando Ethan se puso a taparle los ojos a Marcus y dijo bajito con fingida ofensa. — Creí que eso solo podía hacerlo yo, hmmm… — Theo, que estaba cerca suyo, rio y dijo, también en bajito. — Menos mal que a tu prima no le ha dado por contar eso también en voz alta. — Alice se rio y miró a su amigo con cariño. — Acostúmbrate, querido, los Gallia también somos eso. — Theo alzó las cejas y rio. — Voy dándome cuenta. Pero también sabéis ser los más divertidos de la fiesta, y si no mira. — Y ahí estaba su prima, jaleando a Ethan, con Oly y Kyla muertas de risa al lado, y eso le hizo sonreír a ella. — Eso también es verdad. — Me da vida verla así. Y a Darren. Han pasado un mes muy malo. Darren entre las pruebas y Hogwarts casi no ha visto a Lex y Jackie… Bueno, no es como que podamos decirte nada precisamente a ti… — No, sí que podéis. — Aseguró Alice más seria de golpe. — Cuando estaba en América solo veía mi dolor y el de Marcus, pero… Sé que aquí habéis sufrido también. Jackie es como una hermana para nosotros, y mi padre y ella siempre han tenido una relación especial, no ha debido ser nada fácil para ella… — Le miró a los ojos y puso un tono más suave. — Ni para ti, que acabas de aterrizar aquí. Es… impagable lo que has hecho por nosotros, Theo. — Él sonrió y miró a Jackie. — Lo hago encantado. La quiero mucho más de lo que nunca pude imaginar, a pesar de cómo me saltó el estómago la primera vez que la vi. — Ella le estrechó el hombro con cariño y dijo. — ¿Ves? Tú también sabes decir cosas románticas. — Sí, bueno, algún día me lanzaré a decirlas delante de una turba burlona como Marcus. — Y los dos rieron. — No sabes cuánto os hemos echado de menos a todos. — Ya estáis aquí, Gal. — Dijo el chico con una sonrisa, pero eso quizá fuera suficiente para un Hufflepuff, Alice empezaba a sentir que tenía que acercarse un poco más a su gente y saber qué había pasado aquellos meses.

    La contienda pintaba mal para Darren, y la verdad es que lo poco que se veía de la comida no tenía muy buena pinta, mientras su novio parecía estar disfrutando de lo lindo. Todos se acercaron en bucle a ver que es lo que era lo de la caja, y Alice frunció el ceño extrañada. Si ya comía poco, como le pusieran esa carne por delante, menos iba a comer, pero de momento era muy divertido ver la reacción de Oly y del pobre Darren, al que ella rodeó con un brazo. — Ya está, cuñadito, que comer carne normal sea tu pecado más oscuro. — Darren la miró con el gesto de los labios contraído pero se dejó caer en su hombro. — Me van a volver pecador por los motivos incorrectos — La Orden de Merlín te lo perdona. — Le aseguró ella, pero su cuñado seguía enfurruñado.

    Eso sí, curiosidad le quedaba de qué era lo que tenía Marcus. Le miró con una sonrisilla pícara y una ceja alzada, y abrió mucho los ojos cuando supo lo de los gofres e hizo un ruidito de adorabilidad cuando dijo que se lo entregaría. — Ohhhh, pero qué adorable. — Y sí, a ella le parecía de justos, pero claro, cuando Marcus lo empezó a elaborar, su expresión se tornó y miró a los dos, riéndose un poco con la nata. — A ver, mi amor, has quedado de pecador impecable. No como que me importe. — Dijo antes de darle un piquito, que aunque fue un piquito, tenía que admitir que la había calentado un poco con toda la explicación. — Venga, dejamos las otras dos para más tarde, y ahí — dijo Ethan haciendo un gesto con la varita y destapando una de las telas que ocultaban una mesa llena de cosas que tenían muy buena pinta — está todo lo que os pueda apetecer, justos o pecadores.¿Tú has hecho todo eso? — Preguntó Andrew alucinado. — No, cariño, la cocina y yo nos respetamos pero no nos tocamos, lo he encargado en el pueblo, obvio, pero yo lo he puesto así de mono, que tiene mérito, y que aparezca así de forma tan efectista. — El chico parpadeó, confuso. — Ah… Claro, claro. — Ethan chasqueó la lengua. — Ay, no sabéis nada de una buena performance, de verdad. Para eso mi pecador favorito es mejor.

    Se acercarona la mesa y empezaron a hacer un poco el tonto con la comida, que si se daban las patatas fritas y se las quitaban en el último momento, Alice le untó la nariz en el frosting de uno de los cupcakes a Marcus… Y justo apareció Poppy de vuelta. — ¡Alice! Ya he… Uy, hola Marcus. — Y se puso roja al instante. — Venga, mujer, dilo delante de él, si nadie te va a comprender mejor, hazme caso. — Poppy les miró a los dos y se mordió el labio inferior. — He encontrado una habitación con dos camas por ahí atrás… No se parece en nada al resto de la casa. — Será del servicio, ¿pero está bien? — Hace un poco de frío, pero yo creo que con un hechizo calentador a las paredes se estará de lujo. — Se puso un poco más roja y miró de reojo a Marcus, pero Alice siguió. — Mi amor, ¿quieres ayudar a tu amigo de la infancia a tener un poquito de intimidad que no ha podido tener hasta ahora? — Entornó los ojos y se encogió de hombros. — A ver, habrá que hacer trampillas en algún juego… Pero eso déjamelo a mí, de momento, pídele a Ethan a ver si puedes proponer la próxima prueba y dile que sea como aquella vez en tu cumple que nos dimos las chuches los unos a los otros. Yo se la daré a Poppy y nos aseguraremos que los demás pierdan poniendo comidas muy difíciles excepto la de Poppy y Peter. — La chica se rio por lo bajini. — Ah, y dile que propones que el premio sea poder elegir dónde dormir. — Le guiñó un ojo a su novio. — Anda, mi amor, haz honor a lo de pecador.





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    29/8/2023, 12:22 pm


    We are out of the Woods
    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Bien orgulloso de su hazaña, recibió el piquito de su novia y se dirigió a la mesa de comida. - Uh, alitas picantes. - Ya estaba viendo por la vista periférica a Ethan al borde del estallido si no le llamaba pecador otra vez. Quien sí le habló fue Andrew. - Tío, ¿detrás de los gofres te apetecen alitas picantes? - En el estómago se mezcla todo. - Ya, pero en la boca no. - Dijo el otro entre risas, alucinando con la capacidad para comer de Marcus, que ya estaba con la alita casi terminada y la acababa de coger. Sean le señaló con obviedad. - ¡Es Marcus! ¿Es que nunca has comido con él? - El aludido se encogió de hombros y, relamiéndose la salsa de las alitas (sí que picaban, iba a tener que renovar bebida) confirmó. - Uno de mis muchos dones naturales. -

    Si algo podía mejorar sus tonteos con Alice era incluir comida en ellos... Definitivamente, no pensaba decir eso delante de Ethan. La cuestión era que estaban divirtiéndose en base a darse y quitarse comida, a mancharse con ella y a decirse tonterías, melosos, cuando Poppy se les unió. - ¡Ey, Pops! - Comentó contento, como la llevaba saludando desde que la conocía, pero no tardó nada en detectar por la cara de la chica que no venía simplemente a saludar. Miró a una y a otra con una sonrisilla confusa en la cara. Se estaba perdiendo algo... Por fortuna, según su novia, no era nada grave que no pudiera decirse delante de él, así que ya tenía todos los sentidos puestos en ellos.

    - Ooooh. - Dijo bajito, abriendo mucho los ojos, mirando con comprensión a Poppy. Era eso... Si él, que iba vanagloriándose de todo por la vida y hablando bien alto y orgulloso, se avergonzaba bastante para esas cosas, cuanto menos Poppy, con lo cándida que era. Y su novio era la persona menos discreta del mundo, por lo que tendría que ir con el doble de cuidado. La propuesta de su novia le hizo ponerse bien recto y sacar toda su caballerosidad a relucir, porque Marcus solo necesitaba una excusa para venirse arriba. - ¡Faltaría más! - El plan de Alice... A ver. Atendió con todo su interés, pero le veía lagunas. Se le debía notar en la sonrisa tensa. Pero bueno, ¿qué podía pasar? ¿Que no saliera bien? Podían volverlo a intentar con otra cosa. Al menos, el plan no implicaba la colaboración directa de Peter, y eso ya era partir de una buena base. Asintió, moviendo rápidamente los engranajes de su cerebro para que el plan entrase bien en él y no meter la pata en nada. No le iba mucho eso de las trampas, pensaba que se te acababa volviendo en contra... pero bueno. - Caballero al rescate. - Bromeó, tras lo cual se despidió con una reverencia, diciendo. - Mis ladies. - Poppy soltó una risita y se puso colorada de nuevo, y él se irguió en toda su altura, se dio media vuelta y fue a buscar a Ethan. Eso sí, se llevó un finger de queso para el camino.

    El chico estaba entretenido con Aaron, pero a él le había sido encomendada una misión. Y era Ethan, no es como que le importara mucho interrumpirle. Estando el otro de espaldas, le pasó un brazo por los hombros que hizo al chico girar lentamente la cabeza, más escéptico a medida que reconocía de quién se trataba. - Venía a felicitar al anfitrión por esta fiesta tan fantástica. - Aaron se escondió la sonrisilla tras el vaso, e Ethan separó el cuello para mirarle desde su posición. - Uuuuh qué peligro tiene la víbora esta. - Soy un águila. - Contestó, y acto seguido le miró y dijo en el mismo tono. - Las víboras son solo comida para mí. - Buenoooo... - Murmuró Aaron entre risillas. - Ya si eso os dejo solos. Así aprovecho para comer. - Dicho lo cual, se fue entre risillas maliciosas.

    Ethan puso una mano en su cadera y le miró con la sonrisa ladina. - A ver qué quieres tú para venir con esa venenosa amabilidad y ese dulcificado orgullo. - Marcus sacó el labio inferior. - Buena elección de palabras. - Ya sé cómo camelarte. - Se giró lo suficiente como para que Marcus ya no pudiera seguir con el brazo sobre sus hombros, y le miró de frente. - ¿Es que vienes buscando tu premio por ser el más pecador del lugar? - Arqueó una ceja. - Porque los dos sabemos que lo eres. Lo mío solo es farandulero. Lo tuyo es maldad intrínseca que usas solo a conveniencia. - ¿Malo yo? Siempre he sido un niño buenísimo, un joven ejemplar y, al paso que voy, un adulto admirable. - De ahí lo de a conveniencia. Podrías ser el peor de los villanos, pero has elegido el bando de los justos. - En ese caso no soy pecador, si no justo. - Ethan, con sonrisa maliciosa, se detuvo unos segundos en mirarle, pasándose la lengua por los dientes. - ¿Qué vienes a pedirme, O'Donnell? - Marcus dio un sorbo ligero a su bebida. - Elegir la siguiente prueba. - No veo por qué no. Deduzco que ya la tienes hasta pensada. - Deduces bien. Y va a ser lo más inocente que te imagines, algo digno de un cumpleaños infantil. - Respondió, sibilino. El otro ahogó una carcajada. - ¿Qué tramas? - Como justo que soy, confía en mí: nada que te repercuta a ti negativamente. Ni a mí positivamente. Intento hacer un favor a quienes me lo hicieron previamente sin yo pedírselo. - Ladeó la cabeza. - A la vez que me cobro un desperfecto de quien tampoco pretendía hacérmelo sin que a este le pase nada. - Ethan frunció los labios. - No me vas a perdonar lo de esconder a Aaron ¿verdad? - Yo no tengo nada que perdonarte. Hablo en serio. Ni soy vengativo. Ese tema tendrás que hablarlo en todo caso con mi madre. - Casi prefiero que te vengues tú. - Qué va. Yo no pierdo el tiempo ni la energía, ni mancho mis manos. - Ethan soltó una carcajada. - Eres lo peor. - Se encogió de hombros. - Pero vale. Más te vale tener la estrategia bien trazada. - Oh, la estrategia no es mía. Soy un mero emisario. - Comentó, bebiendo de nuevo. El otro le miró con los ojos entrecerrados. - ¿Qué me estás liando, O'Donnell? ¿Es esto una venganza, es para beneficiarte, es tuyo acaso? ¿O solo estás jugando conmigo? - Marcus amplió la sonrisa dibujada. - Creía que querías jugar con un pecador como yo. - Y, dicho esto, se giró y llamó la atención del resto.

    - ¡A ver! ¡Atención por aquí, me toca proponer juego! - ¡Anda! ¿Y eso? - Cuestionó Sean. Marcus se encogió de hombros. - Por glotón, como bien has señalado. He dado en el clavo, Hastings, algún premio tenía que tener. - Hubo varias risas. - ¡Y de glotonear va esto, precisamente! Aquí no vamos a ser mi cuñado y yo los únicos que nos arriesguemos a adivinar a ciegas. - Les señaló. - Hay que ponerse por parejas, elegir alguna de la comida de por aquí y dársela a ciegas al otro. Se van eliminando las parejas conforme vayan fallando. Y el premio es... Hmmm... Estoy pensando... - Más comida no, por Merlín. - Suplicó cómicamente Jackie, provocando más risas. - ¡Lo tengo! Si a nuestro anfitrión no le importa, claro. - Y diciendo eso, se giró a Ethan con una sonrisita. El chico, sospechosamente callado, alzó las cejas. - Adelante, bombón. El anfitrión está disfrutando del espectáculo. - Pero la voz le sonaba tensa. Te fiarías más si no tuvieras la conciencia intranquila. - En ese caso... Y sin desmerecer la gran idea de nuestra querida Oly de dormir todos en armonía... - Miraron a la aludida con risitas, y esta se encogió de hombros con normalidad. - La pareja ganadora puede... elegir dónde quiere dormir esta noche. - Se oyeron muchísimos "uuuuhhh". Cuando miró a Ethan, este, cruzado de brazos, negaba con la cabeza, con una sonrisa residual. - El más pecador de todos. -




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    A pesar de todo, Poppy era una de las debilidades de su novio, y si encima le pedían ayuda como parte fundamental de un plan para el amor, ahí estaba él. Dio unos golpecitos en el hombro a Poppy y le dijo. — Atiende, atiende. — La chica la miró y luego a Marcus otra vez. — ¿No irá a decirle directamente lo que quiero, verdad? — Eso le hizo reír. — Antes se echa un Pallalingua, te lo aseguro. Tú tranquila, verás. — Por las caras de los dos implicados, el duelo dialéctico con Ethan, estaba siendo intenso, y ella simplemente disfrutaba de aquellas circunstancias. Eran fáciles, eran bonitas, sencillas, como en el colegio, y podía centrarse solo en sus amigos. Empujó suavemente a Poppy hacia Marcus y se acercó con la cara de ilusión de ser la mejor fan de su novio.

    Sonrió pícaramente mientras le escuchaba. Qué bien sabía venderlo. Coreó ese “uhhhh” de los demás y guiñó un ojo a Poppy. — ¡Zorrita! ¡Vente conmigo que esto lo ganamos, te lo digo yo! — Un momento, vaquero, que tengo unas cosas que aclarar con tu zorrita. — Dijo Alice, arrastrándola un poco. — Pero si te toca una Gallia es un poco injusto, ¿no? — Oyó que decía de fondo Theo. — Bueno, si prefieres ganarte la habitación con otra… — Contestaba Sean. Pero ella tenía una misión: que Poppy eligiera las comidas más fáciles y que Peter pudiera reconocer, de deslizar comidas más complicadillas a los demás ya se encargaba ella. Una vez hubieron identificado qué había realmente y cuáles podían darle a Peter, Alice la mandó con él y localizó por su cuenta las comidas más complicadas.

    Cuando volvió con Marcus, pasó los brazos por su cuello y sonrió. — ¿No te da penita que esa habitación no vaya a ser para el mejor protoalquimista del mundo y su novia que ya hace varios días que no pueden dormir juntos? — Dijo con voz tentativa. Dejó un beso en sus labios y cogió una de las tartaletas de dulce de leche que había por ahí, tapando con una mano sus ojos y poniéndolo en sus labios después. — Esto esta muuuuuuuuy dulce, como yo. — Estaba un poquito juguetona, lo tenía que reconocer, pero es que habían bebido, estaban casi a oscuras… Tenía ganas de su novio eso era todo. — ¡Pero si eso no es ni dulce, Jackie! — ¡Y yo qué sé, si es que los ingleses cocináis fatal! — Eso la hizo reír. — Uy, empieza a haber tensiones por allí. — Y eso, de hecho, le venía de perlas.

    Fue tirando de su novio, tonteando por el camino, y llamando un poco la atención con los besitos y las risas, para que el resto de parejitas no vieran que iba colocándoles comida un poco más complicada en las cercanías. — ¡Eso no es ni europeo, Hillary! — ¡Ay, Ky, cariño, pero no te culpes, si es que las cositas cárnicas es lo que tiene, saben todas a animal injustamente sacrificado!Bombón, no estamos a lo que estamos, ¿eh? No podía ser tan difícil… — Bien, su plan surtía efecto, se aseguró de que Poppy y Peter seguían en la competición y ya le dedicó toda su atención a tontear con su novio. Volvió a recolgarse del cuello de su novio y frotó su nariz contra la de él. — Ahora tienes que eliminarme… Por mucho que te gustara pasar la noche conmigo, prefecto O’Donnell… — Cerró los ojos y sonrió. — A ver, estoy lista para que me sorprendas.






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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Algunos parecían más contentos que otros con el duelo, pero eso a Marcus ni le iba ni le venía: en lo que se generaba el caos a su alrededor, se limitó a comer. Alice vendría a buscarle de un momento a otro, en cuanto tuviera su propia situación controlada, así que solo tenía que esperar. No es como que nadie se fuera a creer que iba a emparejarse con otra persona que no fuera ella. - Tú estás haciendo trampilla. - Dijo una voz cantarina, poniéndose a su lado. Marcus sonrió de lado mientras masticaba, mirándole. - Tú por lo pronto preocúpate de con quién te emparejas en ausencia de mi hermano. - Darren soltó una carcajada. - Todos sabemos que los vencedores de este concurso ya están elegidos. - Le dio un toque en la nariz con el índice. - Cuando te conocí eras más legalistilla. - Desde luego, las amenazas (si se le podía llamar así) y tretas para obtener información de Darren eran la versión para niños de las de Ethan. Marcus se encogió de hombros. - ¿Y quiénes son, según tú? - ¡Uy! No lo quiero saber, ya me enteraré. Por lo pronto sé que yo no soy y que tú tampoco, porque no estarías aquí tan tranquilo. - Miró de reojo a otro lado y Marcus le imitó. - Pero tu implicación y la de tu novia están claras. ¡Bueno! Es que esto habrá sido idea de Alice, si la conozco de algo. - Emitió una risilla entre dientes y le miró. - Pero antes no te dejabas liar con tanta facilidad. - Uy, ahí te equivocas. - Respondió, ahora él entre risas. - Antes sí que me dejaba liar. Ahora, siendo ya consciente de que eso me va a pasar de todas formas, lo que hago es adueñarme yo de la situación. Total, la voy a hacer de todas formas. - Darren volvió a reír a carcajadas y le dio un toque en el hombro. - Calla, anda. Que los Slytherin son mi debilidad. - Rieron los dos y, ya sí, Alice fue en su busca.

    Darren se escurrió antes de que su novia llegara, pudiendo Marcus disfrutar de cierta privacidad cuando ella le echó los brazos. Sonrió. - Un poco... pero es que nosotros aspiramos a cosas mucho mejores, princesa. - Arqueó una ceja. - ¿Y qué es eso de protoalquimista? No queda nada bien. Prefiero alquimista a secas. - Bromeó, riendo y dejando un piquito en sus labios. - ¿Ya ha hecho usted sus debidas trampas? Mira qué mal me estás haciendo quedar. - Miró hacia arriba y ladeó varias veces la cabeza. - Aunque realmente solo saben lo que estoy haciendo tu primo, que viene de un entorno mil veces peor y que probablemente a partir de hoy le veamos muy muy poco. - O no le volvamos a ver nunca más, eso se acercaba más a la realidad pero no quería entristecer a su novia. - El anfitrión, que es el más corrupto de nuestro excelso grupo de amigos; y nuestro cuñado, que me acaba de confesar lo que ya sabía: que tiene debilidad por los Slytherin. Así que no creo que me delate. - Hizo un gesto de quitar importancia con la mano. - Y Poppy, claro, pero tú caerías antes que yo en todo caso, por tramposilla. Ante ella solo he quedado como el caballero que soy. -

    Alice le tapó entonces los ojos y su sonrisa se ensanchó, mientras la oía decir una de las suyas. - ¿Tan dulce como tú? Pero... ¿también con un punto picante, o eso no? - Tanteó a ciegas, mientras intentaba no echarse a reír con el pandemonio que oía de entre sus amigos, y dio un bocado a lo que le ofrecía. Emitió un sonidito de gusto. - Ah, Gallia, pónmelo más difícil la próxima vez. Me encanta el dulce de leche... Aunque a mí me encantan muchas cosas. - Se removió para destaparse los ojos y la miró a los suyos. - Nada tanto como tú. - La besó. - Y nada se iguala a ti, dicho sea de paso... Tú no tienes un sabor concreto, tú eres una explosión de sabores. - Me están distrayendo las guarradas de aquellos dos. - Oyó bramar a Sean, que estaba poniendo a Hillary al límite de su paciencia porque no acertaba nada. - Pues cierra las orejas, Hastings. - Contestó de vuelta, pinchón, y riendo con Alice después.

    Aprovechando aquel escándalo, Alice fue tirando de él, entre risas y comidas, hasta quedar más apartados. Pero había visto lo que iba haciendo por el camino, solo que ya estaba mucho más entrenado en ignorarla. Arqueó ambas cejas. - Sí que te voy a eliminar. - Antes de que cerrara los ojos, se acercó a su rostro y susurró bajito. - Por tramposa, ¿o es que te crees que no te he visto? El ojo del prefecto nunca descansa... aunque hayas habituado tanto a este prefecto a tus tropelías que haya acabado entrenándolo para fingir que no las ve. - Se separó, con mirada altanera y burlona. - Así que... algo lo suficientemente difícil como para que no lo adivines. De acuerdo. Nada de arándanos, pues. - Se separó un poco, mirándola con los ojos cerrados, y buscó lo más raro que viera por allí... hasta que lo encontró. Las había probado antes y se había llevado una sorpresa... curiosa. Grata, porque siendo Marcus, era grata, pero había visto las expresiones de disgusto en el resto de sus amigos. Y a Ethan defendiéndose ante las acusaciones de ser comida falsa, y a Oly explicando muy efusivamente que en Marruecos las hacían así. Efectivamente, no eran más que zanahorias a rodajas, pero ellos acostumbrabas a comerlas cocidas, con un poco de puré de patatas o de sal a lo sumo. Esas estaban tan dulces que parecían bañadas en almíbar, según Ethan era canela (les había regalado a todos un discurso de por qué eso en concreto no era comida de pecadores a pesar de ser la canela otro afrodisíaco). Y estaban mucho más tiernas que las que ellos solían comer. Alice no lo iba a acertar en la vida. Puede que ni le gustaran de hecho, pero ya le buscaría otra cosa para compensar. - Bueno, allá que va. - Pinchó solo una de ellas, pequeñita, para que no detectara la forma en rodajas, le extrañara el tamaño y no supiera que había varias en el plato. Tan pronto ella empezó a masticar, se aguantó la risa y preguntó con una ceja arqueada. - ¿Y bien? -




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    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Las palabras de su novio siempre le hacían derretirse, pero chasqueó la lengua y negó con la cabeza. — Estoy a tiempo de arrepentirme y dejar que tengamos la victoria sobre esa habitación… — Susurró tentativa, sin perder el tono de risa y diversión que le daban esos momentos. — ¿Quieres probarlos? — Preguntó, mirando con ansia de nuevo aquellos ojos que acababa de destapar y lanzándose a sus labios, haciendo caso omiso de las envidias de Sean.

    Rio cristalinamente a lo de tramposa y susurró, tentativa. — ¿Y no le gusta al prefecto poder pillarme in fraganti y castigarme? — Parpadeó muy deprisa con una sonrisita angelical. — Usando esa sabiduría perfectual… — Y le dio la risa de su propio palabro, pero terminó por rendirse al reto de su novio, casi a sabiendas de que no lo iba a lograr, y aunque así fuera, que tendría que hacerse la loca. — ¡Oye! Que conozco más que cosas que arándanos, eh… — Se quejó falsamente. Empezó a hacer caras con los ojos cerrados porque su novio se estaba tardando demasiado en darle lo que fuera, y ya se iba a quejar, cuando sintió que le acercaba algo. Nada más tenerlo en la boca puso cara de asco, pero terminó de masticarlo y saborearlo. — Algo que no me gusta definitivamente. Dios, qué dulzor, es para que te dé un coma glucémico. — Negó con la cabeza mientras seguía pensando. — Debe ser una especie de dulce… Pero como muy blandurrio… — Lo estaba diciendo con muy poco respeto por quien lo hubiera hecho, esperaba que no fuera nada que nadie hubiera traído. — Y sabe muchísimo a canela, demasiado… ¿Es salamandra de canela con miel? — No lo creía, y, de hecho, no lo era. Abrió los ojos y miró al plato, sintiéndose aún más confusa. — Pero… ¿qué es esto? ¿A quién le gusta esto? — ¡Os he dicho que esa comida vegana no es nada buena! — Saltó Darren desde alguna parte. — ¡Putón hace perder a prefecto! — Aportó Ethan con un grito, mirando alrededor. — Y los ganadores son… — ¡AQUÍ! — Gritó Poppy. Peter, a su lado, no parecía dar crédito. — ¡Qué dices! ¿Que podemos dormir juntos? — AHHHH ahora entiendo. — Dijo Darren cruzándose de brazos, valiéndole muchas miradas, pero Peter sabía robar bien el protagonismo. — ¡ETHAN ERES EL MEJOR, TÍO, Y ME ENCANTA TU CASA! — El slytherin les miró con una sonrisilla maliciosa. — Creo que no he tenido tanto que ver yo… Pero disfrútalo, monada, quién sabe dónde estaremos mañana. — Y dicho eso, le pegó un trago a su bebida. A ver cómo acababan esa noche, desde luego. — ¡Venga! Una noche de pijamas no es nada sin un buen verdad, mentira o atrevimiento pero versión justos y pecadores, así que siéntense en círculo, señoras, que vamos a empezar. — Y todos obedecieron porque, en el fondo, les encantaba hacer aquello.

    Yo empiezo, por supuesto. — Dijo Ethan, enganchado al cuello de Aaron, sin despegársele un milímetro. — A ver… Los justos me están llamando, pero… —  Señaló a Kyla. — Venga, ministra, dinos a todos, y dependiendo de tu respuesta, te ponemos de justa o te quedas como estás… — Kyla entornó los ojos, pero tenía una sonrisilla y estaba apoyada sobre Oly. — Antes de convencer a Oly de pasarse a la normatividad más obvia… ¿Habéis probado esas reuniones de amor que tanto le gustan a mi loquilla de los colores? — La mencionada se echó a reír y Kyla suspiró, frotándose los ojos debajo de las gafas. — Déjame de pecadora. — ¿¿¿¿CÓMO???? — Saltaron Hillary y Alice al mismo tiempo. — ¿Perdona? ¿Cuándo ha ocurrido eso? — Insistió ella, a lo que Kyla se encogió de hombros. — Cuando le dije a Oly que quería exclusividad me dijo que se lo podía pensar pero solo si probaba lo que era algo más… — ¡Es que a más gente más amor! Y mi Ky tuvo TAAAAAANTO amor aquella noche. — Y claro, ya estaban muertas de risa, aunque Poppy se arrastró hacia Alice y dijo. — Menos mal que me explicaste aquella vez lo de la atracción y el amor y eso, porque si me tengo que dejar llevar por Oly… — Alice seguía negando con la cabeza pero al final levantó el vaso y dijo. — ¡Pues esa es mi ministra! Alguien que se deja aconsejar, que disfruta cuando debe y sabe asentar la cabeza cuando toca. ¡Por Kyla y Oly! — Y los demás la secundaron, pero ella detectó la mirada de agradecimiento de Kyla y le guiñó un ojo. No iba a dejar por nada del mundo que nada empañara el ánimo y las capacidades de una de las mujeres más listas que había conocido. — Ea, pregunta la prefecta. — Declaró Ethan. — Que se queda de extremadamente pecadora a mucha honra.





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    7/9/2023, 6:45 pm


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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Siseó y dijo en tono grave y susurrado, casi de advertencia. - No me líes... - Advertencia que ninguno de los dos se creían a esas alturas. No iba a usurpar la habitación a Poppy y Peter porque en su fuero interno (porque estaba convencido de que su amigo no sabía nada y de que Poppy ni se habría terminado de tomar en serio que aquello pudiera salir) había hecho una promesa a sus amigos y él era muy legal. Si no...

    Las caras de Alice le hicieron reír bastante. - Oye, no están tan mal. Son originales. - Marcus comía de todo, y además le encantaba el dulce. Puede que no fuera buen discriminador de recetas. - ¿Esa es tu opinión de las salamandras de canela y miel? ¿Que son exageradamente dulces y blandurrias? - Negó, chistando. - No pienso darte ni una sola en Navidad. - Cuando Ethan proclamó que habían perdido, alzó los brazos y dijo exageradamente. - ¡¡¡Ooooh!!! ¡Y yo que quería salir triunfal por segunda vez! - Sean le estaba mirando con la mayor expresión de aburrimiento de la historia. Vale, puede que ya tuviera que sumar a otra persona de la fiesta que sabía que habían hecho trampas.

    Compartió varias miradas cómplices con Alice, aguantándose la risa, mientras Peter hacía su proclama, y dado que Ethan acababa de proponer juego nuevo (y de los que a él le gustaban y a Marcus tendían a ponerle bastante nervioso) se hizo con una bebida (y con otro snack) y se sentó junto a su novia. La primera en caer fue Kyla, y Marcus estaba escuchando con total normalidad, esperando en todo caso un conato a la defensiva de su compañera prefecta, o un bufido... y lo que obtuvo casi hace que se le caiga la bebida al suelo. - ¿¿Perdón?? - Preguntó, alucinando. No, que de verdad era cierto. - ¿¿PERDÓN?? - Debe estar preguntándose dónde estaba él en ese momento para no enterarse. -Dijo Sean entre risas, lo cual Hillary coreó con carcajadas y añadiendo. - Se aceptan apuestas entre las siguientes tres opciones: haciendo rondas prefectiles, estudiando en la biblioteca o liándose con aquella. - Señaló a Alice con el pulgar ante eso último. Darren, también muerto de risa, aportó. - O regañando a algún alumno. - Eso entra entre las rondas prefectiles. - O preocupadísimo en la enfermería porque un alumno de su casa está malito. - Es verdad, eso también. - Si es que en el fondo es muy bueno mi cuñado. - Marcus les miraba a ambos con los labios fruncidos y echando aire por la nariz. Fue a separar los labios para contestar... pero no habían terminado. - ¡Oh! ¿Y preguntándole una duda a algún profesor? ¡A Ingrid Handsgold! - ¡Ya sé! - Saltó Sean. - ¡Haciéndole la pelota a Arabella! - ¿Esto iba de mí o de Kyla? - Cortó, porque veía que aquello iba para largo. - Además, tratáis de tacharme de poco original pero no dejáis de aportar datos. No seré tan predecible como... - ¡¡COMIENDO!! - Y más estallidos en risas. Rodó los ojos y negó con la cabeza, mirando a la nada.

    - Ya que te veo tan indignado... - Empezó Kyla, mirándole y usando un tonito divertido que no le estaba gustando nada. - Continuamos contigo. - No sabéis ya qué excusa poner para difamarme. - Dijo, digno. Si es que no es que no le gustara aquel juego por gusto, es que siempre acababa cayéndole a él. - Pero como soy una buena compañera... - Sigo ofendido. - Insistió, sin mirarla. Se oyeron varios "oooh" y Sean dijo. - Entiéndele, Kyla. Él manteniendo un estatus de impoluto prefecto y tú por ahí en orgías... - Gracias, Se... - Sin invitarle siquiera. -Más risas. Marcus ya estaba mirando a su amigo con cara de preguntarse si se creía muy gracioso. Kyla, si bien rio, rodó los ojos. - ¡Solo fue una vez! - Se excusó, alzando las palmas. - Y por una buena causa. Y no es lo que os estáis imaginando, os lo aseguro. - ¿Verdad? Es una experiencia preciosa en la que... - No hacen falta detalles. - Cortó Kyla. - Pero ni es para tanto ni... me impliqué tan... ¡En fin! ¡Que le toca a Marcus! - ¡No, por favor! ¡Sigue narrándonos cómo has mancillado la excelsa prefectura de la casa de Rowena! - Las burlitas no se hicieron esperar. En fin.

    - Puedes seguir metiéndote conmigo o puedes dejarme terminar. Decía que soy una buena compañera, y por eso... - Hizo una pausa dramática a la que algunos añadieron redobles de tambores. Marcus rodó los ojos. - Te doy a elegir entre verdad o reto. - Se coreó un fuerte "uuuuh" mientras Marcus, lo más inexpresivo posible, clavaba la mirada en Kyla, quien parecía bastante orgullosa de su movimiento. Se lo pensó unos instantes (no en silencio, por supuesto, porque su entorno no callaba). Era Kyla, no iba a ponerle un reto estratosférico, y teniendo en cuenta lo que acababa de narrar, no se fiaba de lo que le pudiera hacer confesar. - Reto. - Eligió, y pareció pillar por sorpresa a todos los presentes, porque las reacciones fueron casi ensordecedoras. Ethan estaba hasta de pie y dando vueltas y palmas. Kyla fue la más discreta, y aún así arqueó las cejas significativamente, pronunciando la sonrisa. - No me defraudes, ministrilla putilla. - ¡Oy! - Se ofendió Oly. - A mi Ky no le digas cosas feas. De ministrilla nada. - Al menos las risas habían cambiado de foco ahora.

    - He dicho. - Volvió la chica, de nuevo palmas arriba y sonrisilla que no auguraba nada bueno. - Que tengo mucho aprecio por mi compañero... a quien ciertamente debo una disculpa por la desinformación y mi conducta poco apropiada... - Empezaba a tener miedo real. - Así que... le voy a hacer un favor. - ¿QUÉ favor? - Insinuó Ethan, y Kyla le tiró un par de nueces de un cuenco. - ¡Calla ya! Le voy a hacer un favor porque sé que le encantan los encantamientos. - Le miró, aguantándose la risa mientras terminaba. - Así que... quiero ver a este excelsísimo y justísimo y perfectísimo... - Ay, Dios... - Suspiró, y la otra continuó. - ...Y medievalísimo caballero... subido a lomos de un corcel... - Y, en lo que él la miraba con extrañeza, Kyla señaló a la puerta. - De aquel corcel. El... queercorcel. - El estallido de carcajadas casi le deja sordo. - ¿¿Pretendes que me monte encima de un encantamiento?? - ¡Eh! - Precisó Ethan, cuando la risa le permitió hablar. - ¡Que es un encantamiento muy bueno! Mi majestuoso unicornio, vas a estar divino. - Más risas. Marcus frunció los labios, viéndose retado, y dándose unas bruscas palmadas en las rodillas, se levantó. - Vais a ver a este caballero subido en su noble corcel. - Ahora se oyó un fuerte "oooh", y Marcus ya iba de camino a la puerta, con todos siguiéndole al trote para no perderse el espectáculo.

    El encantamiento se había desvanecido, obviamente, pero Ethan lo volvió a convocar. Ahí estaba el unicornio, inmenso, escandaloso y dando vueltas en círculo. A ver qué se inventaba... porque no veía aquello nada claro. Para empezar, tenía que hacer al encantamiento detenerse. Desenfundó la varita con elegancia, como si fuera una espada. ¿Querían espectáculo? Lo iban a tener. - ¡Arresto Momentum! - Lo lanzó de lleno contra el unicornio, el cual ralentizó tanto la marcha que parecía apenas moverse. Ahora necesitaba que tuviera la suficiente entidad corpórea como para montarse... Lo tenía. - ¡Densare incantatio! - El unicornio, con la misma forma, pasó a estar hecho de agua en lugar de componerse de una estela mágica. Había transformado el encantamiento en agua... Solo le faltaba una cosa. En aquel campo, no iba a tardar en encontrar una piedra. Se puso bajo el encantamiento, que ahora se movía lentamente, y dibujó un círculo con la piedra como precio en el centro. Tuvo que apartarse rápidamente para que el unicornio, hecho ahora de piedra tras su transmutación, no le pisara y le hiciera daño. Porque, ahora sí, había conseguido hacerlo corpóreo, sin romper el encantamiento. Bajo el silencio que se había creado, se acercó al unicornio (sí que era grande, iba a tener que pegar un salto, y esperaba no perder ahora toda la dignidad ganada) y se subió. Ya arriba, les miró con suficiencia y extendió la mano hacia Alice. - ¿Querría la princesa acompañar a este caballero en su noble corcel? -




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    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    La reacción de su novio fue aún mejor que la suya, y ya con el comentario de Sean no podía más de la risa. La cosa es que Kyla los tenía engañadísimos, porque había MUCHAS veces que la perdían de vista, y ellos siempre asumían que estaba haciendo rondas, en su cuarto o en la biblioteca. Es que no contemplaban nada más por parte de la prefecta, y había que fastidiarse con la futura ministra. Pero Alice estaba determinada a hacerla sentir bien, así que lo llevó como si fuera lo más natural del mundo. A lo que asintió profusamente fue a lo de preguntándole algo a la señora Handsgold. Todavía se acordaba de cuántas veces había acabado malhumorada esperándole a la salida de Runas. Pero ya se estaban pasando de risitas así que dijo. — ¡Eh! os habéis dejado la mejor… Sííí yaaaaa, liándoos en alguna esquina. No nacimos ayer. — Dijo Aaron con voz de aburrimiento. Ella se encogió de hombros. Pues sí, pensó. Envidiosos todos.

    Entornó un poco los ojos a que no era lo que imaginaban. — Hoooombre, Ky… Tenemos una idea bastante definida de lo que es. — Dijo ella. Pero Kyla señaló determinantemente a Marcus y ella no pudo evitar poner una risilla malévola, si es que en el fondo era la niña traviesa. Y todavía tuvo un momento más de risas incontrolables cuando Oly dijo lo de “de ministrilla”. Si es que vivía en el mundo de Oly, que era más bonito y de colores, y por él se movía la tía.

    Ahora, los ojos casi se le salen de las órbitas cuando Kyla dijo el reto. Estaba a medio camino de “has tenido la mejor idea de la vida” y muerta de risa con lo del queercorcel. Miró a Marcus y puso una sonrisilla retadora. — Me muero por ver esto. — Admitió. Es que era demasiado bueno para ser verdad, vaya. Y ya sabía ella que su novio se iba a crecer, ni que no lo conociera de nada, así que se limitó a abanicarse con la mano y entornar los ojos, exagerando mucho la reacción a sus movimientos. Aunque se dejó de tanta tontería para alucinar con el ingenio de su novio. — ¿Acaba de hacerlo corpóreo de verdad? — Preguntó con la boca abierta. Jackie, que también estaba bastante flipando, le dio un codazo flojito. — Pues me parece que lo vas a comprobar en un momento.

    Pues buena cosa le había ofrecido. Se levantó de golpe y tomó la mano que le ofrecía Marcus, y tuvo que dar un buen salto antes de sentarse justo delante de él, apoyando la espalda en su pecho con una sonrisa de absoluta satisfacción y un puntito de superioridad. — ¿Y si ahora nos vamos, qué? — Preguntó en voz alta. — Tenía que haber contado con el inagotable poder erótico de los corceles… — Se quejó Ethan, y ella más se hinchó. — Ahora al menos podréis decir que el prefecto O’Donnell siempre está a la altura. — Qué broma más mala, la verdad, porque estaban subidos en un corcel enorme y Marcus era muy alto, pero es que empezaba a pensar que la bebida de los pecadores iba más cargadilla y se estaba poniendo graciosa. Y su novio estaba tan sexy haciendo hechizos a un queercorcel… Se giró para susurrarle al oído. — Esto me ha encantado, no te puedo ni decir lo mucho que me ha puesto. — Ah, sí, ya había bebido lo suficiente como para hacer esas cosas. — Bueno, bajarse de ahí antes de que escandalicéis a Bradley. — Bromeó Andrew, y Peter parpadeó. — ¿Eh? No no, yo solo me subo en escobas. — Y les dio tanto la risa floja a todos que Alice casi se cae del corcel. — Ahora que estáis tan a gustito en el aura queer… ¿Quiere decir que Oly y la prefecta van a cumplir su sueño del trío con Alice y que los demás vamos a poder catar otro poquito de Marcus? — Picó Aaron de nuevo, y ella le sacó la lengua e hizo un gesto de desprecio con la mano. — Plebeyos.

    Al final, para evitarse accidentes, se bajaron y se acercó al oído de su novio, porque era su turno de retar y le dijo. — Jackie está cortadilla para ser ella. Rétala a ella y así matas dos paj… No, eso en los Gallias no se dice… Bueno que la animas a que participe más y… — Deslizó el dedo por su brazo. — Te vengas de la bromita que te gastó en Pascua.





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    12/9/2023, 4:44 pm


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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Miró a su novia, ya sobre el corcel de piedra, con una sonrisa ladina. - ¿Dónde querrías que te llevara, princesa? - Susurró solo para ella, aunque ella hubiera lanzado la pregunta para todos. ¿No tenía ya la etiqueta de pecador puesta? ¿Y no acababa de marcarse un numerazo delante de todos, superando el reto con creces? Podía continuar con su ficcioncita, que a Alice bien que le gustaban. La broma le hizo soltar una superior y única carcajada, bien henchido de orgullo. El susurro posterior solo amplió su sonrisa de lado, y deliberadamente arrastró con suavidad las manos por su cintura, en un gesto que defendería perfectamente normal en dos personas subidas a un caballo, pero que iba cargado de intenciones. - Me alegro. - Paladeó simplemente. Pero ya les estaban diciendo de bajar. Bueno, él su cometido lo tenía más que cumplido... y tampoco es como que se sintiera demasiado seguro estando tan alto, que nunca había montado a caballo y ese, muy lentamente, pero aún se movía. Estaba venido arriba pero no tanto, mejor no tentar a la suerte.

    Eso sí, se tuvo que reír con el despiste de Peter. Su amigo era único, si bien las miraditas intencionadas a Alice no las cesó mientras pisaban tierra firme de nuevo (gesto caballerosísimo incluido para ayudarla a bajar, como si alguien allí, empezando por ellos mismos, se creyera en primer lugar que Alice necesitase ayuda para eso y que el mejor para ayudar era, en algún caso, Marcus). El comentario de Aaron le hizo suspirar sonoramente y rodar los ojos con evidencia, asintiendo al apunte de Alice. No se daban cuenta de que, cuando Marcus estaba con el ego tan subido, esas cosas lejos de amedrentarle o escandalizarle (como solía pasar) solo le subían más.

    Escuchó la propuesta de su novia mientras miraba a Jackie. Sí que estaba muy callada para ser ella. Eso sí, se tuvo que reír con la corrección. - Nada de matar pájaros. - Confirmó. Iba a aceptar de todas formas por tal de echar una mano, pero la sugerencia hizo que mirara a Alice con malicia. - Hecho. - Avanzó hacia el grupo con grandes y decididos pasos. - ¡Bueno! Deduzco que me toca elegir a mí ahora. - Yo tengo una pregunta antes que nada. - Alzó la mano con un dedito tímido, como buen Ravenclaw, Andrew. - ¿Por qué no le has echado simplemente un Petrificus Totalus si lo que querías era convertirlo en piedra? - Marcus sonrió y le señaló, poniéndose pomposísimo para decir. - Esa es una muy buena pregunt... - Porque le encanta tirarse el pisto y hacer una buena ficcioncita. - Respondió Sean, levantando risas varias. Marcus le miró simplemente con una ceja arqueada y un porte inexpresivo peligrosamente parecido al de Emma. - Para ser alguien que aún se está recuperando de mi épica gesta contra un toro aun no estando en pleno uso de mis facultades, te veo muy subidito. - Era un espectro. Y confirma mi teoría de las ficcioncitas. - Marcus se cruzó lentamente de brazos. - ¿Qué hubieras hecho tú? - Preguntó, con tono arrastrado y un punto provocador. Sean se encogió de hombros. - Yo no estoy tan loco para enfrentarme a un toro, por muy espectro que sea, y menos borracho. Y este reto no era para mí. - Ya veo. - Ese arrastrar de palabras y ese velo despreciativo, sin perder la sonrisa, sí que era herencia de Emma O'Donnell cien por cien.

    - Pues. - Reanudó, mirando a Andrew, que seguía con su pregunta sin responder. - El Petrificus Totalus es un hechizo que, efectivamente, petrifica, es decir, convierte en piedra. Sin embargo lo que hace es solidificar una materia ya corpórea, con entidad propia. Puedes petrificar cualquier ente que puedas tocar. Un encantamiento, como era el caso, no es un ente corpóreo que se pueda tocar. El Petrificus Totalus habría atravesado el encantamiento y petrificado el primer objetivo que hubiera tras este. Le he dado entidad corpórea, pero dado que he convertido cada estela individual en agua, de lanzarle el hechizo habría petrificado cada gota de forma individual y roto el unicornio, que no era la idea. Mejor transformar el agua en piedra como elemento unitario teniendo en cuenta la forma que quería adoptar, y eso nada como la alquimia puede lograrlo. - Andrew, con el labio inferior sacado, asintió convencido. - Pues ha sido una jugada de la hostia. - Gracias. - Respondió orgulloso y sin una pizca de humildad. Eso ya lo sabía él.

    - ¡En fin! - Proclamó, frotándose las manos, y directamente puso la mirada en Jackie. La chica suspiró y rodó los ojos. - Oh, mon Dieu... -Le toca a mi invitada favorita de esta velada. - Siguió. Se mojó los labios y la miró con la cabeza ladeada. - Dime, Jaqueline: ¿verdad o reto? - La chica suspiró, con la mirada hacia arriba mientras se lo pensaba. Había bastante expectación y soniditos cómicos a su alrededor. Al cabo de unos segundos, en los que Marcus no dejaba de mirarla intensamente y con una sonrisilla de quien sabe que tiene la sartén por el mango, dijo. - Verdad. Me vas a poner un reto imposible viendo lo que acabas de hacer. - Hizo una digna caída de ojos. - Y yo no tengo nada que ocultar a nadie, inglesito. - La banda sonora por parte de sus amigos se hizo más evidente. Ahora tenía que pensar algo que realmente le costara responder, pero sin comprometerla demasiado. Al fin y al cabo estaba recién llegada y Marcus no tenía tanta maldad.

    Aprovechó para pensarlo mientras volvían a meterse en el interior de la casa, donde se sentaron de nuevo en círculo y él se retrepó como un rey, con mirada y sonrisilla de suficiencia. - ¿Le vas a dar mucha más expectación? - Estoy pensando. - Respondió muy tranquilo al tirito de Jackie. - Bien, lo tengo. Y recuerda que estás obligada a decir la verdad. - Jackie suspiró sonoramente. Cuando parecía que iba a soltar por fin la pregunta, chasqueó la lengua. - Claro, es que no querría ponerte en un compromiso... Venga, va, lo digo. - Jackie ya le estaba mirando con cara de circunstancias. Abrió la boca otra vez, dejándola así unos instantes. - Y además... hay mucha gente de aquí a la que ves hoy por primera vez. - La chica se mojaba lentamente los labios, mirándole con cara de quererle matar. - Va, va, venga, te lo voy a poner facilísimo, verás que bueno soy. Y ahí estaba la trampa, obviamente. - Venga, va. Para romper el hielo, pero para que no te vayas de rositas tampoco con una pregunta insulsa. Eres una Gallia ¿no? Os van las emociones fuertes. - Definitivamente se estaba jugando el cuello. Mejor no tensar más la cuerda. - ¿Con cuántas personas de esta sala has tenido... sueños... ? - He hizo una floritura con la mano. Volvieron los "uuh" y los codacitos. - Uy uy, que nos va a contar los sueños guarrones que ha tenido con Mattie. - Provocó Ethan. Pero Jackie, con una sonrisita irónica, le clavaba la mirada. Mirada que él devolvía.

    A ver, contemplaba tres respuestas: con cero, con uno, y con dos. Dudaba mucho que no hubiera tenido ningún sueño erótico con Theo (quien ya estaba colorado hasta las orejas), siendo Jackie. Si decía eso, tendrían cachondeo de sobra para ponerla en el grupo de las justas, por mucho que le gustara ir de pecadora. Si decía uno, quedaba divinamente, así que al final sí que le estaba haciendo un favor. Y si decía dos, iba a tener que confesar que el segundo era él, por lo que inflaría aún más su ego y, de paso y como decía Alice, le devolvía la bromita de Pascua. Pero, tras sostener el suspense, Jackie dio su respuesta. - Con tres. - Marcus abrió mucho los ojos, y la exclamación aspirada se extendió por el grupo como cuando se hace una ola en las gradas de quidditch. - OBVIAMENTE queremos saber quiénes son los segundos en discordia. -Se emocionó Darren, entre risas. La verdad es que Marcus estaba en blanco con quién podía ser el tercero. ¿Sean? Por los días que pasaron juntos en verano. Porque otra cosa... - Evidentemente, mi Theo es el protagonista indiscutible. De más de uno. - Dijo tentativa, dejando una caricia en la cara del chico, que puso una sonrisilla. - Sí, sí, eso era obvio. ¿Pero y los otros dos? - Preguntó Andrew. Como no se hubiera perdido muchas cosas en su estancia en Nueva York, veía imposible que hubiera soñado con ninguno de los presentes, ¡los acababa de conocer y no había dormido desde el encuentro! La broma a una Gallia, una vez más, se le estaba volviendo en contra. - Otro de ellos. - Dijo con tonito evidente, mirándole con las cejas arqueadas e irónica. - Es aquí el señor alquimista. Porque la pregunta era muy deliberada. - Esta historia me persigue. - Murmuró el pobre Theo, resignado. No lo había pensado bien, porque casi se había sentido un poco mal. Pero tenía que mantener a flote lo que había empezado. - Todo un honor aparecer en tus mejores sueños, Jacqueline. - Oh, calla ya. Te echaste a temblar a la mínima insinuación que te hice de broma y con esta de cómplice. - Afirmó, señalando a Alice. Lo dicho, se le volvían las bromas en contra. Lo suyo eran los numeritos intelectuales.

    Pero faltaba el tercero, y todos la miraban. No parecían ni medio impresionados por las dos primeras confesiones: era la tercera la que les tenía en ascuas. - ¿Y bien? - Volvió a insistir Darren, sonrisilla maliciosa en el rostro. Y entonces, Jackie puso una mirada cargada de intenciones sobre Hillary... y la dejó ahí. Tardaron varios segundos en darse cuenta. La aludida incluida. - ¡Oh! - Chilló, y casi dio un saltito en su sitio, poniéndose colorada de golpe. Todos las miraban de hito en hito. Jackie soltó una risita. - Fue la segunda noche que pasasteis allí. Había... bueno... - Entornó los ojos hacia Theo e hizo un bailecito con los hombros. - Tenido una buena fuente de inspiración. - El otro de verdad que no sabía ya ni dónde mirar ni dónde meterse. Menos mal que el discurso de Jackie tenía a todos tan enganchados que no le estaban haciendo mucho caso. - Y tú me parecías una tía interesantísima, preciosa y con un aura poderosísima. - ¿¿TÚ TAMBIÉN LAS VES?? - Gritó Oly, rompiéndoles los tímpanos y casi lanzándosele encima, con tanta ilusión que daba mucha pena decirle que solo era una forma de hablar. - Y bueno... Es normal ¿no? Al fin y al cabo, todos podemos llegar a soñar que... experimentamos un poquito. - Hubo un rugido de negaciones por parte del sector masculino y heterosexual de la sala que fue flagrantemente ignorado por el resto. Hillary se llevó la mano al pecho. - Es un honor... Y tú también estás buenísima, francesa. - Te como a besos. - ¡¡VIVA EL AMOR!! - Chilló Oly. Al menos la cara que se le había quedado a Sean no tenía precio.




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    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Asintió como la novia orgullosa que era a la explicación de Marcus sobre cómo había hecho tamaña proeza, con los brazos cruzados y sonrisa de satisfacción. Hizo una pedorreta a la defensa de Sean y entornó los ojos. — Anda ya. No entiendes nada de romanticismo, Hastings. — Ese soy yo, entiendo de supervivencia, y aun así me he llevado a la guapa. — Y eso le hizo reír, porque le gustaba ver a sus amigos así después de tanto tiempo.

    Y ya le tocó el turno a Jackie de recibir el reto de Marcus y ella rio con malicia. Cuando bebía, le salía toda la niña traviesa que tenía ya controlada, pero que seguía viviendo en ella. — ¡Verdad! Mis primos saben mentir como saben respirar, dicho por su madre, no por mí. — Acusó ella. — ¡Tú calla, que seguro que esta idea es tuya! Él tiene ideas propias de sobra. — Contestó a su prima en el mismo tono, y casi replicando la postura, lo que levantó las carcajadas de los demás.

    Marcus se puso a fabular, como le gusta a él aderezar las cosas, y le sacó un sonrisa maliciosa con la pregunta, porque Alice se imaginaba que lo hacía para sacarle que también había soñado por él. Pero cuando dijo tres, la dejó en el sitio. Parpadeó y miró a su alrededor, como si no tuviera muy claro quiénes estaban allí. Theo, claro, Marcus el otro… Se echó a reír con la afirmación de Theo y dijo. — Si te sirve de algo, en la mente de Jackie tú le desbancaste a él, fue antes de ti. — Aseguró ella, apoyándose en su novio. — Ya en el resto del club de fans del prefecto en Hogwarts… Pues otro gallo cantaba. — Y se rio un poquito más. Y es mío, dijo su mente divagadora mientras jugaba con sus ricitos, embobada. Pero tenía que concentrarse, que quería saber el tercero. Y era tercera. Lo mejor es que Alice asintió como si fuera lo más normal y dijo. — Creo que va en la familia. — Le dijo a Marcus, pero en voz alta. La intervención de Oly la asustó un poco, pero luego siguió con la argumentación. — Era lo más lógico. Hills es preciosa, se parecen un montón en carácter, y mis primos tienen un puntito narcisista heredado de las abuelas… — ¿PERDONA? — Dijo Jackie, pero ella se encogió de hombros. — Lo sabe todo el mundo. Pero nos gustáis así. De verdad. — Es que paso de contestarte. — Dijo su prima levantando la mano. — La verdad es que todos estábamos esperando a ver por dónde detonaba tu bisexualidad con Hillary, pero no esperábamos que fuera tu prima la que diera el paso. — Comentó Oly como si nada, haciendo que a Ethan le diera un ataque de risa y Kyla tuviera que aguantarse mucho y taparse la boca para lo mismo. — Aquí nadie ha dado ningún paso. — Dejó claro Sean. — ¿Cómo que con Hillary? ¡Es mi mejor amiga! — Protestó ella. — Uy, y con las vibraciones que a veces le da el prefecto O’Donnell, seríais un trío tan bello… Como Andrew, Ky y yo, pero bueno, nadie está por la labor… — Ethan, Aaron y Darren se iban a ahogar, así que todos hicieron un poco de borrón y pasaron a lo siguiente.

    Bueno, he sido bendecida por mi querido alquimista para decidir… Y elijo reto. — Se giró a Theo y dijo. — Mi amor, para que se vea que aquí no hay celos ni rencores, hazles un gestito romántico así conquistador a una chica de esta sala que no sea yo. — Theo se puso rojísimo y miró alrededor. — Pero, chérie… Es que… Yo conquistando no valgo la pena. De corazón te lo digo. O sea, tú has sido la excepción. — Vaaaaaamos, vamos, no seas quejica, un gestito. — Pero si es que prefiero verdad. Pero yo no, porque soy tu novia y a mí siempre me dices la verdad, es aburrido. Venga, cari, no te hagas derogar, algo aunque sea… — El chico suspiró y asintió, mirando a su alrededor. — Venga, coge a Alice, si la prima no te va a regañar precisamente. — Dijo Andrew. — No, Gal no, que ya le regalé y conquistar no conquisté nada. — ¡EH! — Se quejó ella. — Conquistaste mi amistad, no es poco. — Theo asintió. — Pero es que ha dicho “romántico conquistador”. — Ah, ya. — Se quedó ella pensando. Pues a ver a quién coges. — Pues… ¡Oly! — Llamó a la chica. Cogió algo de la mesa y se lo puso a la espalda, y probablemente ella ni se había dado cuenta. Se puso delante de ella e hincó la rodilla en el suelo, y con un gesto de la varita, hizo que una de las plantas de interior que había por ahí creciera y retorciera sus ramas en dirección hacia ellos y, al pasar a su lado, le dejó algo discretamente en la punta de la rama, que llegó ante la chica. — Te ofrezco esta comida que nutre nuestro cuerpo como tú nutres nuestra alma, y que te ofrece la naturaleza porque es vegana y no ofende a ninguna especie. — ¡OOOOYYYYYY! — Oly pegó un salto y se comió uno de los bollos o pastelitos o lo que fuera eso. — ¡ERES UN AMOR! Aún estamos a tiempo de montar algo, ahora que tu novia se ha declarado bisexual. ¡Que yo no he declarado nada! — Se quejó, pero ya era tarde, estaban todos muertos de risa, incluso la propia Jackie, y Theo estaba rojo y encogido sobre sí mismo, pero muerto de risa también.






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    16/9/2023, 12:53 pm


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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Soltó una fuerte carcajada a lo del puntito narcisista. - A la próxima quedada tenemos que traernos a André. Total, ya es familia de varias formas diferentes. - Ahora se sentía muy cómodo diciéndolo, pero no sabía hasta qué punto mezclar a André con según qué personas (Ethan, básicamente) iba a ser bueno para su salud mental y su estatus ante el grupo. Los comentarios de Oly estaba claro que llegarían, y se rio con ganas a las menciones a su novia. No tanto a las propias. - ¡Y dale! - Se azoró. ¿Por qué la Hufflepuff tenía la manía de emparejarlo con gente que no era su Alice, y encima en grupos diversos? Se estiró. - Mi alma y mi cuerpo son solo de una mujer. - Miró a su amiga. - Lo siento, Hills. - La otra echó el cuello hacia atrás y le miró con una ceja arqueadísima. - ¿Discúlpame? - Volvamos a la tranquilidad de nuestras respectivas monogamias, por favor. - Pidió Sean, provocando el efecto radicalmente opuesto a detener las risas.

    Se tuvo que tapar la boca para reír entre dientes cuando Jackie retó a Theo, mirándole a él de reojo y pensando con burla pero compasivo vaya manera de quererte. Como si la suya propia no le hubiera metido en algún que otro lío parecido... o él a ella, que toda la historia con Kyla, de hecho, la empezó él en un jueguecito de esos. Al pobre, encima, le sugirieron hacerle el gesto a Alice. La respuesta de su novia hizo que la mirara con obviedad. Cariño, me da que eso no le es ningún consuelo, pensó, pero se ahorró decirlo en voz alta. Eso sí, el movimiento de Theo no se lo pensó venir. Abrió mucho los ojos y la boca, y hasta se puso de pie. - ¡Eh! A mí me ha encantado. - Se adelantó a Ethan, que ya abría la boca, probablemente, para decir que vaya cosas le gustaban a los Huffies, por la cara que tenía. - Me apunto esa. - Miró a Alice. - Mi amor, ¿quieres declaraciones y regalos que te den en manos tus queridas plantitas? - Vaya. - Dijo Theo entre risas. - Tuviera que ver que ahora fuera yo tu inspiración para conquistar a Alice. - En materia de plantas, siempre dispuesto a aprender. - Defendió con normalidad, pero la conversación se vio interrumpida por el placaje de Oly, que tiró a un Theo nada preparado y mirando a otra parte al suelo con estruendo. - ¡MI THEITO QUE BONITO ES SI ES QUE TE COMO ENTERO! - ¡Ay, Oly, por favor! - ¡¡QUÉ BONITO ERES!! NO ME EXTRAÑA QUE MI PRIMA... - ¡¡¡YAAAA!!! - Parapetó, quitándosela de encima e impidiendo que hablara a lo justo, aunque lo cierto era que la historia ya había llegado a oídos de prácticamente medio castillo a esas alturas.

    - Bueno. - Recuperó Theo cuando pudo respirar entre la caída y la risa tanto propia como de todo el grupo. - Me toca... ¡Darren! - El chico dio un bote en su sitio. - ¡Te elijo a ti! - ¡Uy, como si fuera un pokemon! - El propio Theo y Hillary se troncharon de risa ante la referencia. El resto se quedó con cara de póker. - Estoy deseando ver cómo mis padres echan desinfectante para muggles por toda la casa cuando os vayáis. - Pinchó, malicioso, Ethan, y levantó disimuladas y no muy orgullosas risitas (puede que la de Marcus fuera una de ellas). - No te lo has pensado mucho ¿eh? - Canturreó con retintín Darren, a lo que Theo se encogió de hombros. - ¿Verdad o reto? - ¡Verdad! - Respondió rápidamente el otro, feliz de poder confesar algo privado, como si fuera un privilegio. - Pues ya que no nos ha caído esa a nosotros, aprovecho y la lanzo fuera. - Ay, Mattie, eso no se dice. Es casi hacer una confesión encubierta. - Provocó Ethan, pero el otro rio levemente y pasó por alto. - ¿Cuántas...? - Theo, todo lo malicioso que podía sonar, que no era mucho, hizo una pausita dramática y elevó exageradamente los dedos para hacer unas pronunciadas comillas en el aire. - ..."Cartas"... - Otra pausa tensa. - ...Le has enviado a tu Lexito? - ¡Uy! Pues un montón. - Darren. - Detuvo el retador, aguantándose la risa, y repitió la palabra, enfatizándola exageradamente. - "Cartas." - Se oyeron varias risas. Darren estaba un poco ennortado, pero al cabo de unos segundos pareció caer. - ¡¡¡Aaaaaaaaahh!!! Uy, eso no puedo decirlo delante del cuñadito, que luego me tiene pesadillas. - Ya estamos. ¿Me tenéis que meter en vuestras cosas siempre? Hacéoslo mirar. - Se ofendió, porque para una vez que estaba calladito y sin decir nada.

    Después de sopesarlo y recibir muchas risillas y burlitas a costa de eso, dijo. - A ver, es que no sé... Un apartadito para eso siempre guardo, no es como que TOOOODA la carta sea así... Bueno, a veces sí ha sido toda la carta, pero es que si hago eso, luego solo recibo un "jeje cómo eres" y poco más, que se me pone vergonzoso. O se cree que la lechuza lo va a saber leer o algo. ¡Bueno! Es que como la lechuza sea Elio, ni me responde. - A mi Elio no le deis perversidades que es muy pequeño y me lo espantáis. - Los presentes estaban llorando de la risa entre las declaraciones de Darren y la intervención de Marcus. El Hufflepuff seguía sopesando. - Pues yo diría... No sé... Cinco o seis supongo. - ¿En toda vuestra historia? Pocas me parecen, sigue contando. - Bromeó entre carcajadas Sean, a lo que Darren le miró extrañado. - ¿Cómo que en toda nuestra historia? - Miró a Theo. - ¿No era desde que se fue a Hogwarts? - Theo no podía ni hablar, se secaba las lágrimas y, a duras penas, alzó las manos y dijo. - ¡Yo no he especificado nada! - ¡¡¡¡Aaah!!!! ¡¡Entonces más!! - Resolvió con evidente obviedad. Marcus le miró, inaudito. - ¿Creías que era solo desde que está en Hogwarts y has dicho cinco o seis? - Darren se encogió de hombros y Marcus abrió mucho los ojos. - ¡No lleva allí ni un mes! - ¡Ay! ¡Es que le echo un montón de menos! - A más de uno de por allí le iba a dar algo de tanto reírse.




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    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Rodeó a su novio con un brazo y se dejó caer sobre él. — Mi amado es mío y yo soy suya. — Pero le duró el romanticismo los dos segundos que tardó Hillary en ofenderse, y echarse a reír. También aprovechó y le dio un empujoncito a Theo a causa del cachondeo con lo de impresionarla. — Oye, que lo dice de verdad, Marcus aprende de todo el mundo, y más de alguien que conoce tanto de plantitas como yo. — Pero mejor no le daba más tormento porque Oly era capaz de acabar con cualquiera, incluso con la afamada paciencia y aplomo de Theo.

    Su amigo eligió a su cuñado, y la niña traviesa que la había poseído, se quejó un poco internamente, diciéndose vaya dos para ponerse retos. Sin embargo, algo Gallia se le debía estar pegando a Theo (quizá por propia supervivencia) porque la pregunta le gustó. Suficientemente pilla para ser Gallia. Bien hecho, Matthews. A Darren le costó un poquito más pillarlo, pero cuando lo hizo, Alice tuvo que mirar de reojo a su novio pero, efectivamente, esa vez no había dicho nada. Agradeció que no estuviera Lex, porque eso hubiera podido convertirse rápidamente en un drama de hermanos marca O’Donnell de “no he dicho nada, me tenéis manía” “tu siempre llamando la atención hasta cuando no va contigo la cosa”. Lo había visto demasiadas veces, y la verdad es que la información le causaba curiosidad.

    Sean estaba graciosito, pero la verdad es que a ella también le parecían pocas, conociendo a los Hufflepuffs. Ah, pero ahí estaba la clave. No quería reírse abiertamente de su pobre Darren, pero es que se había delatado solo. Claro, cuando Theo abrió la veda, y con la intervención de Marcus, preocupado por la pureza de Elio, Alice no podía parar de reírse. — Cuñadita, ¿tú también? — Es que, hijo, tú solo, no ha hecho falta que te pinchen… Que le echa de menos, dice… — Y seguía partida de risa. — Cuñadita, no me hagas hablar, eh… — ¡SÍ! ¡HABLA! — Pinchó Ethan. — Dale, tejoncito, que te toca proponer reto, véngate y ponle verdad. Queremos saber todo ese sexo epistolar que tienen el prefecto y mi putón. — Y Alice más se reía, negando con la cabeza. — Yo no tengo de eso… Soy más del cara a cara… — Y seguía muerta de risa, porque ese día tenía la risa especialmente floja. — Sois muy listos todos, pero no tenéis a los novios y novias en Hogwarts, es más, Andrew está muy callado. — Acusó Darren, con los brazos cruzados y exagerado enfurruñamiento. El aludido se puso a beber de repente y se señaló y luego hizo el gesto de negar con el dedo.

    Pero me toca a mí, ¿no? — Dijo Darren. — A ver, el señor “pocas me parece” que es el que me ha tirado de la lengua. — ¡EL BOMBONCITO DE CHOCOLAAAAAATE! — Llamó Ethan. Sean miró a los lados. — ¿Pero por qué siempre yo? — Ay, qué llorón, con lo bien que te ha ido en el otro reto. — Dijo Hillary melosa, y eso pareció convencerle. — Verdad, aguililla. — Continuó Darren con media sonrisilla. — ¿Te pillé con esa señorita un día que nos chocamos en el último piso y tú ibas muy muy aturullado y con cara de miedo? — Dijo señalando a Hillary. Sean suspiró y se frotó la cara. — No… Me temo que no. — ¿Perdona? — Dijo su amiga, ya más contrariada. Sean soltó aire y les miró a todos. — Eso fue el año pasado, y no me pillaste con nadie, porque fue una noche que huí de Patrice y de lo que ella quería hacer. Y yo en pánico, porque es que ni siquiera había entendido que lo que quería hacer era eso… — Tío, pero si te hizo ahí una pirueta y todo en el partido. — Intervino Peter. — No me jodió poco. Estaba a otra cosa la tía todo el día. — Sean se encogió de hombros. — Pues claramente no lo entendí así. — ¿Y saliste corriendo despavorido solo porque una pelirroja jugadora de quidditch quería hacerte cositas? — Preguntó Ethan entre risas. — Gryffindor no es, desde luego. — Bromeó Aaron, pero a Darren se le escapó otra risita. — Tenías cara de miedo. — Sean abrió mucho los ojos. — Me alegro de que hayáis recalcado lo de jugadora de quidditch, y podríais haber recalcado también el temperamento que tenía. Era para verla, vaya. — No como la que tienes ahora, ¿no? — Pinchó Jackie, que ya se estaba soltando. Sean miró a Hillary como si no supiera de lo que estaban hablando. — Pero si Hills es mucho más… — Pareció calibrar las palabras, bajo la atenta mirada de la chica que claramente estaba discerniendo su futuro próximo. — O sea… Inteligente y… Que te combate con la mente… No… Da miedo. — NOOOOO QUÉ VA. — Soltó Ethan. — Juraría que Antares, Adams y más de uno en el castillo siguen temiendo levantar de más la voz delante de ella. — Su amiga estaba de brazos cruzados. — Paso total de vosotros. Me ponéis como un monstruo. — Oly la señaló. — ¡Mira! Ahora habla como Marcus, el círculo se cierra. — No quería preguntar a qué círculo se refería.







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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Estaba mirando con cara de circunstancias a Ethan cuando Alice va y responde dejándoles aún más en evidencia. Chasqueó la lengua con evidencia, mirándola, pero solo provocó más risas. Darren no solo eligió a Sean sino que ni le dio opción a ofrecerse a un reto, aunque todos allí sabían que iba a preferir verdad... Bueno, Sean no prefería nada en ese juego, ciertamente. Lo que no se vieron venir fue el relato, si bien Marcus conocía esa historia. Hizo un gesto con la boca, porque aquello podía ponerse un poco incómodo. Sin embargo, Sean lo narró con bastante naturalidad y, como el ambiente era distendido, no se generó demasiado drama al respecto.

    Se arrastró por el suelo pasa pasar un brazo por los hombros de Sean. - En defensa de mi amigo, tengo que decir que Patrice no era nada clara. Quería usar muchas metáforas pero no le salían bien. Y no contaba mucho con su opinión, y el pobre no quería ofenderla. No fue la mejor jugada del mundo pero yo no lo habría hecho mejor, hay que verse en la situación para entenderlo, desde fuera todo es muy sencillo. - Sean le miraba en silencio con cara de querer abrazársele llorando. Qué sentido podía llegar a ser su amigo. - Y en defensa de mi amiga. - Enfatizó, señalando a Hillary. - Una cosa es tener carácter, que es lo que ella tiene y que estoy seguro de que la llevará muy lejos, y otra es tener mal temperamento. Por no hablar de que la claridad de ideas es cruel en comparación. - Hizo una floritura con la mano. - No tengo más que decir. - Y eso que cuando el reto se han metido con él. - Yo no me he metido con él. - Respondió Hillary muy digna y con una caída de ojos al comentario de Peter. Sean le seguía mirando, y Marcus hizo como que le miraba y sonreía con colegueo pero, muy sutilmente, hizo un gesto de la cabeza. ¿Quería vengarse de una Gryffindor jugadora de quidditch? Si le valía con un hombre en su lugar, ahí tenía un ejemplar parecido.

    - ¡Pues te toca, Bradley, por hablar! - Respondió Sean, en una maniobra de intentar hacerle con el mando que Marcus le acababa de pasar. - Voy a ser todo lo bueno que NO han sido conmigo... - Dijo con tonito y mirando a Darren, pero este se limitó a reír por lo bajo. - Y te voy a dar a elegir entre verdad o reto. - Pffffff no sé. - Meditó el otro, pasándose unos segundos pensativo, mirando hacia arriba, haciendo muecas con la boca, pretendiendo elegir pero sin aclararse. Puede que no fueran segundos sino minutos, hasta el punto en el que estaba desesperando a los demás. - ¡Vale, vale! Pues elijo... ¡¡Reto!! Soy Gryffindor, me van los retos. - Mostró las palmas. - Pero no me pongas algo chungo a lo Marcus que yo eso no sé hacerlo. - Tranquilo, en lo que decidías tú me ha dado tiempo a inventarme algo. - Avanzó Sean, frotándose las manos.  

    - Ya que te gusta tanto la escoba... Tienes que salir de aquí con ella. - Las reacciones ya iban apareciendo. - Y traernos... algo que no se pueda comprar, pero que tampoco puedas encontrar en esta casa. - Alzó las palmas. - Echa a volar tu imaginación, junto con la escoba. ¡Ah! Y tiene que ser de un lugar que no conozcas, no vale ir a tu casa. - Todos reían a carcajadas. - No veas cómo se las gastan los Ravenclaw con los retos. - Afirmó Aaron con un punto de miedo, claramente temeroso porque aún no había sido seleccionado. - ¡Ah! Y como no me fio de que me engañes... - ¡Eh! ¿Por qué no? ¡Que yo soy un buen tío! - Tienes que ir acompañado de alguien que verifique que lo haces bien. - De repente se ofrecieron varios postulantes, Hillary entre ellos, a quien el reto de su novio le había encantado, y todos alzaban el brazo hasta el límite de lo que lo pudieran extender. Sean reía tanto que no se veía capacitado de elegir, entre todos los argumentos que daban los postulantes para ser elegidos. - ¡Eh! ¡Yo tengo un hechizo de selección aleatoria! - Clamó Marcus, feliz. Kyla le miró con una ceja arqueada. - ¿Tú? ¿Recurriendo a la selección aleatoria? - Es de mi suegro y maestro de los hechizos William Gallia. Es más afín a la aleatoriedad que yo y decidí aprenderlo porque, algún día, lo podría usar. - Arqueó varias veces las cejas y alzó la varita. - Y ha llegado ese día. -

    Pronunció el hechizo y un fulgor azulino salió de la misma, y empezó a bailotear graciosamente sobre las cabezas de los presentes. La verdad era que el hechizo se estaba tomando su tiempo... En fin, William, pero le tendrían que matar para que lo criticara. Finalmente, y tras mucho hacerse de rogar y fingir que se detenía sin hacerlo, fue a envolver de un halo chispeante a la persona elegida, mientras de fondo sonó una vocecilla aguda, claramente salida del hechizo, que decía "bieeen" y que provocó las risas conjuntas. Marcus hizo un gesto de disculpa con la cara. - Ups. - Igual era de esperarse que, siendo el hechizo de su padre, la eligiera a ella. - Pues vaya aleatoriedad. - Comentaron entre risas Oly y Andrew respectivamente. Efectivamente, el hechizo había ido a elegir ni más ni menos que a Alice. Peter se puso de pie de un salto y dijo. - ¡Pues vámonos, princesa azulilla! ¡No es un noble corcel pero vas a flipar con este viaje en escoba! -




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    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Alice miró a su novio con una sonrisilla de orgullo. Mucho se metían con él, pero luego Marcus siempre sacaba pecho por los suyos. Aunque claro, también daba ideítas, a ver si se creía que no había visto la mirada que había echado sobre Peter. Mantuvo la sonrisa y no dijo nada a lo del hechizo de su padre, si bien su mente viajó sola a pensar que, probablemente lo de vacilar un rato lo puso por lo payaso que era antes y que ese chillidito que dio era por su madre, porque ella hacía esas cosas, celebrarlo todo… Espera, ¿qué? Se miró sí misma y se vio envuelta por el brillo azulado. Miró a Bradley y luego a su novio con cara de “ahora oféndete, monta un drama por mi integridad y repítelo por Dios”. No, no lo parecía. — Vaya cara de traicionada se le ha puesto a la putón. Hoy no pillas, prefecto. — Ella suspiró y sacó la lengua a Ethan y se dirigió a su novio. — Él es que sabe que me van la emociones fuertes. — Porque ella defendería todo lo que Marcus hicieraDejó un beso en sus labios y susurró. — Por si me estrello por ahí con el loco ese. — Suspiró y le tendió la mano a Bradley. — Anda, tira, princeso.— Le dijo al Gryffindor. — Esto es el karma, Alice se fuga en escoba con el novio de Poppy. — Dijo Sean con malicia. — Peter, apunta traer eléboro negro para aliñarle la bebida a Sean. — Claro, lo que mi colega pida. — Ethan soltó una carcajada y dijo. — De eso sí que hay aquí. — No sabía por qué no se le había ocurrido que los McKinley tuvieran veneno hasta en la casa de campo. — ¡No hagáis burradas! — Aportó Kyla. Ella hizo un gesto de la mano para despedirse y dijo. — ¡Lo traeré de vuelta, espero! — Y salieron al jardín, donde Peter tenía la escoba.

    A ver, tú que conoces a mi Poppy mejor que nadie: ¿qué le traigo que aquí no haya? — Asumiendo ya su destino y que iba, sin duda, a tener que subirse en aquella escoba e ir a Merlín sabe dónde a buscar Merlín sabe qué, pues decidió que, cuanto más rápido se decidiera, mejor. — A ver, aquí hay flores ya… — Bueno pero no están todas las flores del mundo. — No, pero sí que todas de las que se puedan encontrar en los alrededores, van a estar en la casa también… — ¡Pues busquemos por otro lado! ¡Agárrate! — ¡PETER! — Regañó, pero nada, el chico despegó tal cual, así que Alice se agarró a él con su vida.

    Mientras, el chico seguía vociferando. — ¿DÓNDE PUEDE HABER FLORES MÁS EXÓTICAS? — Entre el viento, la altura y la sorpresa, no es como que Alice pudiera pensar demasiado. — ¡NO LO SÉ, PETER! ¿UN INVERNADERO? — ¡PUES VAMOS! — ¿CÓMO QUE VAMOS? ¡SON LAS DIEZ DE LA NOCHE! ¡NO VA A HABER NADA ABIERTO! — PERO SI ES MUGGLE PODEMOS ENTRAR. — ¡ESO ES ALLANAMIENTO! — ¡QUE NO! ¡QUE ES UN PRÉSTAMO! — Alice suspiró y negó, pero se agarró más fuerte porque se cruzaron con otro mago en escoba… Espera… — ¿ESTAMOS CERCA DE GUILDFORD? — Peter miró para abajo y dijo. — ESTAMOS EN GUILDFORD. — Claro, la casa de Ethan estaba en Surrey, el mismo condado que Guildford, la primera vez iba tan obcecada que ni cuenta se dio. — ¡VE HACIA EL OESTE! — Creía que había logrado pensar en un sitio en el que poder conseguir algo a esas horas. — ATERRIZA EN EL PARQUE.

    Como esperaba, estaba cerrado y bastante oscuro a esas horas, así que habían podido pasar bastante desapercibidos. — ¡Uy, Gal! Qué chungo este sitio. No te pega nada querer aterrizar aquí. Es para que no nos pillen muggles, botarate. Ven, anda. — Anduvieron hacia la reja de entrada y miró a los lados. — Alohomora. — Susurró a la cerradura. — ¡Hala! Te has cargado la cerradura del parque. — Alice le miró con cara de circunstancias. — ¿Esta te parece mal y una de invernadero no? Reparo. — Lanzó cuando hubieron salido. — No no, si solo flipo con las cosas que se te ocurren. — Pues anda que las que se te ocurren a ti… — Y se fue dirigiéndole a un lugar muy concreto.

    ¡HALA PERO QUÉ ES ESTO! — Buenas noches. — Saludó el del mostrador. Ya sabía ella que el chino estaría abierto. — Anda, elige algo para Poppy. — Dijo ella con una risilla al ver el entusiasmo de su amigo. — ¡PERO QUÉ DICES, TÍA! ¿CÓMO SE ELIGE AQUÍ? — Peter, no chilles, y coge una cosa cualquiera. — Señor, ¿tiene tejones de peluche? — Tejones, chi. Cualto pasillo. — Contestó el hombre sin apartar la mirada de la tele pequeña que tenía. — ¡QUE TIENE TEJONES, GAL! ¿Y QUÉ ES ESA CAJA QUE SE MUEVE? — Que no chilles. Voy a buscar una cosa para Marcus tú busca el tejón. — Cuando consiguió lo que quería, fue a buscar a su amigo y le vio con un montón de cosas, entre ellas un peluche de tejón, efectivamente. — ¿Cogen galeones aquí? He pillado un tejón, un zorrino, un pajarito para que le recuerde a ti... — No, pero dame el dinero. — Le dijo ella. Había que ver cómo era su amigo, es que soltaba las cosas sin más. Alice aprovechó y lo transformó todo con un hechizo de cobertura en dinero muggle, truco aprendido de su tata, que le dijo que en los bancos siempre hay magos infiltrados, y aunque ahora dudaba de la veracidad de ello por primera vez, tendría que valer. Pagó y pidió una bolsa para todo. — ¡Qué dices! Si le hacemos un red… — ¡Peter! ¡Ya! — Riñón, y se despidió del hombre con una sonrisa, aunque no parecía importarle mucho nada. — No se te puede traer con los muggles. — ¿QUE NO? Ya te digo yo a ti que sí, pienso venir con toda mi familia. — Hay chinos en todos los pueblos muggles. — No, no, yo vengo a este, me ha encantado el señor y todo, es que tenían… — Y así, escuchando a Bradley hablar sin parar, buscaron un callejón para despegar, con bromita absurda por parte del chico de si es que quería llevarle a un callejón oscuro, que ellos tenían compromiso.








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    21/9/2023, 10:23 am


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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Se estaba arrepintiendo desde ya y pensando a toda velocidad en una excusa que le permitiera lanzar de nuevo el hechizo de aleatoriedad, pero no se le ocurría. - ¡Bueno! Pero entonces Alice ya no pasa por más retos, ya va a hacer este. - Eso tendrá que decidirlo el que lo ha lanzado, en todo caso. - Pasó Andrew por su lado entre risas, y su tiro a la desesperada no sirvió para nada. De hecho, no sirvió ni para no ver a su amada subirse en la escoba de semejante loco, ni para oír lo que le había dicho. - ¡¡Alice!! ¡No digas eso ni en broma! - Riñó, y se arrepintió en el acto, trotando un poco hacia ella. - ¡No iba en serio, mi amor, puedes hacer bromas, te amo! - Ay, por Merlín. Como a Alice le pasara algo, además de lidiar con la pérdida de su vida entera, encima tendría que soportar el escarnio de lo ridículo de las formas. Y de haberlo provocado él.

    Los vio perderse en el horizonte y frunció los labios, cruzado de brazos esperando verles llegar cuando ni siquiera se habían perdido todavía de la vista. - Bueno, nos toca aguantar drama del prefecto ahora. - Vaya ideitas tienes tú también. - Le lanzó a Sean, hostil, pero solo se rieron de él. - Yo voy a partir una lanza en favor de mi primo. - Se adelantó Aaron, envalentonado. Le pasó un brazo por los hombros y, mientras Marcus intentaba mantener tanto la pose como la indiferencia a los comentarios, le oyó decir. - Si se asusta, tiene derecho. Y si se viene arriba, también. - Arqueó una ceja interiormente, pero por fuera se mantuvo como estaba. No sabía por dónde iba a salir aquello. - Porque este hombre se ha cruzado un océano por esa chica a la que acabáis de mandar con Bradley en mitad de la noche y se ha enfrentado a unos verdaderos hijos de puta. Pesadillas os provocarían. No lo podéis ni imaginar. - Marcus le miró con los ojos entornados. No sé a qué viene esto y te lo agradezco pero para, que me vas a hacer llorar. - Pues también tienes derecho a llorar. - Rodó los ojos descaradamente. Sutil, gracias.

    Se había rebajado la risa del entorno, y cuando se quiso dar cuenta, todos le estaban rodeando como lechuzas hambrientas de información y empezó a recibir un bombardeo de preguntas. - ¿Qué os hizo esa gente? - ¿Por qué querían a Dylan? - ¿Y cómo está Alice? Parece que bien, pero igual no tan bien, y no nos atrevemos a preguntarle... - ¿Os amenazaron? - ¿Les llegasteis a ver? - ¿Y qué hicisteis para...? - ¡¡¡BUENO A VER!!! ¡¿Qué es esto?! - Ethan entró en el grupo espantándoles a todos como si fueran moscardones. - ¿¿En qué idioma tengo que deciros que nada de dramas?? ¿Qué hacemos que no nos estamos burlando de Bradley y Gallia? - No es como que merezca mucho la pena la burla si no están para verla. - Dijo con naturalidad Oly, lo que provocó un profundo suspiro desde lo más hondo del pecho de Ethan. - Haced lo que queráis. Yo intentando levantar el humor... - Ethan tiene razón. - Dijo Marcus, y todos (el aludido incluido) le miraron extrañados. - Ha montado una gran fiesta por nosotros. Eso... es pasado. Vamos a pasarlo bien. - Y se forzó en sonreír. Algunos se contentaron y reanudaron risas y comentarios. Otros le miraban con los ojos entornados, sabiendo que intentaba huir del tema. Atajó. - Hagamos tres equipos: los que piensen que va a volver Alice sola porque habrá matado a Bradley en algún momento, los que piensen que no van a cumplir con los criterios que se les han puesto por la primera excusa que se les ocurra, y los que piensen que vamos a tener que salir a buscarles en algún momento. - Se oyeron varias carcajadas y todos empezaron a hacer como que se agrupaban y debatían. Miró a Aaron y pensó. Gracias. Sonriendo levemente. El otro se encogió de hombros.

    - ¡Ahí llegan! - Joer, macho, qué vista. ¿Eres guardián o buscador? - Rio Sean cuando Andrew señaló el horizonte. Lo que el primero había visto, los demás tardaron por lo menos un minuto entero en divisarlo. Sí que tenía la vista entrenada. Marcus respiró con alivio (se había escondido tras las apuestas tontas pero estaba tenso de verdad) y empezaron a recibirles con vítores. Para su pánico (menos mal que, para cuando se dio cuenta, ya estaban casi aterrizando) Peter no tenía las manos ni en el palo de la escoba, la debía estar dirigiendo meramente con las piernas, porque tenía los brazos llenos de cosas. - ¿Pero qué? - ¡¡MI POPPY!! ¡TE TRAIGO REGALOS PARA TI!! - La chica soltó un gritito y salió corriendo a subirse encima de Peter, el cual ni se había bajado de la escoba aún (Alice sí, debía tener muchas ganas de hacerlo), y también sobre todo lo que había traído. Marcus, entre risas, se acercó a su novia. - ¿Qué tal la travesía, mi amor? -




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    22/9/2023, 3:18 pm


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    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Si la ida había sido violentilla, la vuelta fue para olvidarla. Peter se empeño en llevarlo absolutamente todo encima, y Alice no se iba a quejar de no llevar nada, porque iba agarrada al chico como si le fuera la vida en ello. Ahora, como el muy inconsciente iba dirigiendo con las piernas, el viaje estaba siendo mucho más movido, y encima iban en contra del viento, así que les pegaba más fuerte, y Alice era la mayor amante del viento, pero no de despeinarse y comerse hojas y plumas, ni de temer a caerse de ciento cincuenta metros de altura. Para colmo, atravesar las nubes y la neblina le dejaban un rocío sobre la piel y el pelo que, repetidos unas cuantas veces, empezaban a calarle.

    Cuando por fin vio la finca de los McKinley respiró tranquila, y empezó a preguntarse por la pinta que traía. Y nada más llegar, su prima se lo confirmó, tapándose la boca nada más verla. — Sacre bleu! ¿Pero dónde os habéis metido, chiquilla? — Ella suspiró, agradecida de que casi todo el mundo estuviera pendiente de Peter y Poppy. — Arréglame un poco, anda. — Le pidió a Jackie, que le echó un hechizo secador y otro para arreglarle el pelo y el maquillaje. Mientras estaba en arreglos técnicos, su Marcus se acercó a ella. — Hola, mi amor. — Se señaló de arriba abajo. — Viva, solo ligeramente perjudicada. — Salió de los hechizos y se recolocó un poco la ropa y el pelo recién secos. — Hemos estado en un sitio que a ti te trae muy buenos recuerdos. — Ladeó una sonrisa y pasó por delante de su novio, acercándose a la pareja protagonista. — ¿Se te ocurre algún sitio que tenga cosas tan distintas y esté abierto a estas horas? — ¿Habéis estado en un chino? — Preguntó Darren abriendo mucho los ojos, mientras todos iban entrando. — ¡YA TE DIGO, TÍO! O sea, voy a organizar una excursión a ese sitio, te lo juro. Mira, mira, te he traído un pajarito que si le haces así se pone a dar saltitos solo, mira. — Y todos miraron aprobando. Sorprendidos no estaban exactamente, eran magos, pero no dejaba de llamarles la atención que los muggles pudieran hacerlo. — Y he traído el tejón de peluche, y el zorrito. — Hombre, cómo no. — Dijo Ethan dando una palmada.

    Pero una vez dentro, Aaron, el Gryffindor, cómo no, la señaló. — Pero alguien ha hecho trampas… Porque esto sí que está comprado. — Alice levantó el mentón. — No exactamente. Peter ha pagado con galeones, y yo les he echado un hechizo disfrazador para que el señor no se diera cuenta de que era mágico… — Ah, así que como habéis robado a un pobre señor chino esto está bien. — Dijo Theo con una ceja alzada. — No, porque en los bancos hay magos que saben identificar esas cosas. — No lo dijo todo lo segura que quería, y encima la carcajada de Jackie no fue nada halagüeña. — Eso es cosa de la tata. — ¡Oye! Invito a cualquiera a que se suba con Bradley y arregle el entuerto. — Dijo haciendo un gesto con la mano muy amplio e inclinándose un poco. — Yo de mientras, ¿será que estoy exenta de retitos y verdades dada la dificultad de la tarea que aleatoriamente se me ha concedido? — Ethan rio y la señaló. — Si es que hay que quererles porque ni se escuchan pero aun así piensan lo mismo. — Lo tomaré como un sí del anfitrión. — Tiró de una de las mantas de pelito que había por ahí y dijo. — Me retiro con mi novio. — Ethan se mordió el labio y negó con la cabeza. — Pecadora como la que más. Esa es mi putón. — Y ella tiró de Marcus hacia fuera de nuevo, hacia el porche donde antes había visto unas tumbonas de forja.

    Se sentó e hizo que Marcus se tumbara entre sus piernas, apoyando la espalda en su pecho. — Ya nos han separado bastante tiempo. — Y se rodeó a ambos con la manta. — Quería estar así, solos, bajo las estrellas y enseñarte una chorradita que te he traído. — Se abrió la chaqueta y sacó los dos libritos, hechos del peor papel que había visto nunca, y un boli como los de su madre. — Un día en Nueva York, vi que Monica tenía de estos, le pregunté y me contó lo que eran. Es un juego muggle, se llama sudoku, y es para gente que tiene muy buena cabeza para los números y deducción lógica. — Dejó un beso en sus rizos y se dedicó a acariciarlos con dulzura. — Siento como si… Los últimos meses solo hubiéramos… Cumplido con nuestro deber. Permanentemente. — Rio un poco. — Al volver a aquel chino, me he acordado de cuando compramos… un montón de cosas inútiles allí. Un teléfono de mentira, un molinillo… Y he pensado que podríamos tener algo aunque fuera que no sea relacionado con la licencia, con cumplir con la familia… Solo con… Escaparnos, como siempre, y hacer cosas juntos. — Y con una sonrisa, y sin moverse de la posición, se puso a explicarle cómo se hacía, riéndose, en voz baja, como les gustaba hacer a ellos.






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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    - ¡Vale, vale! ¡Atentos a este! - Oly se puso a cuatro patas, se colocó el brazo a la altura de la nariz y empezó a moverlo como si tuviera una trompa mientras chillaba. - PPPRRRRIIIIIII. PPPPPRRRIIIII. - ¡¡Un erumpent!! -¡Los eumpent no hacen pri! - ¡Pero tienen trompa! - Técnicamente, es un morro grande, no una trompa. - PPPPRRRIIIIIIII. - Intensificó Oly, y mientras unos debatían de qué criatura fantástica se trataba, otros estaban rodando de la risa por los colchones. Después de un ratito disfrutando con su novia y su nuevo pasatiempo favorito (le había ENCANTADO aquello, combinaba genialidad, sencillez y originalidad, y estaba deseando enseñárselo a su padre), volvieron dentro, terminaron los retos y decidieron que era el momento de juntar las camas. Poppy y Peter no dejaban de lanzarse miraditas, confesándose en silencio que ninguno de los dos había olvidado su premio, pero que no querían perderse aquello. Y, desde luego, merecía la pena no perdérselo.

    Sería incapaz de decir cómo habían llegado hasta aquel juego, pero después de muchas risas (y puede que algún que otro licorcito de pecadores de Ethan), estaban todos tirados en los colchones jugando a adivinar el animal mágico con mímica. Oly ya llevaba varias representaciones y no había quien diera una con ella. Eso sí, estaban muertos de risa. Marcus seguía con el cuadernillo en la mano, el cual miraba de tanto en cuando y algún numerillo caía, pero le dolía el estómago de reírse. Y, por supuesto, se había decantado por la opción de adivinar y dejaba a los más creativos y desvergonzados la parte de la imitación. - ¡¡¡PPPPRRRIIIIIII!!! - ¡¿Pero qué es eso, Oly?! - ¡¡¡PPPPPPPPPPPPRRRRRRRRRRRRRIIIIIIIIIIII!!! - ¡¡¡Que no por que lo digas más alto tiene más sentido!!! - ¡¡Alice!! ¡¡Era un seis!! - Dijo Marcus de repente, emocionadísimo y contento como un niño, dando un salto para ponerse de rodillas en el colchón y enseñarle el cuadernillo de sudokus. - ¿Ves? No puede ser un cuatro porque si no, en la esquina se repetiría, así que tiene que ser un seis, y al ponerlo aquí, entonces ya en este otro sitio... - ¡Tío, deja eso! - Le señaló Sean con una mano. - ¡Te has hecho más de medio cuadernillo ya! - ¡Es que es estimulante! - Expresó, con los ojos muy abiertos. Pareciera que se hubiera comido una de las setitas de Oly. - Y Alice dice que tienen un montón. Y son baratos, puedo comprar más. - Claro, si los roba... - He batido mi récord con este, mi amor. - Se volvió a su novia, ignorando los comentarios y haciéndole un guiñito, aunque había sonado más a niño contento que a erudito seductor. - ¡Bueno! ¿Estamos en el juego común, sí o no? - Yo puedo estar perfectamente en las dos cosas a la vez. - Lo dudo, porque esta no deja de hacer PRI y si no estás atento no vamos a abandonar este bucle en la vida. - Si quieres, puedo ver si hay más por internet. - Ofreció Darren, mirando por encima de su hombro. - Que a la velocidad que vas, te vas a arruinar. - ¿Los tienen más baratos allí? - Oyó las risitas de los hijos de muggles. Puso cara de aburrimiento y confesó, monocorde y sarcástico. - Perdón. No sé qué es un internet. - Como buen caballero medieval. - Le dijo Darren con cariño, acariciándole los rizos. Marcus chistó, apartándose. - Si me vas a hacer un favor, que no sea a costa de burlas. - Vaaaaaaaale. Le quita el encanto de sentir el papel en las manos, pero... - He dicho sin burlas. - Se pueden conseguir infinitos ejemplares. - Marcus alzó una ceja, interesado y reticente al mismo tiempo. - Mi padre discreparía con eso de las infinitas combinaciones en un espectro numérico limitado... pero lo podemos intentar. - Vamos, que lo tenía compradísimo con lo de los sudokus infinitos.

    - ¡¡Era un erkling!! - Confesó Oly, bajando los hombros con frustración y apenada. - ¿En qué era eso un erkling? - Preguntó muy lentamente Theo, gestos calmados de las manos incluidos, cuya frustración claramente relacionada no solo con su matrícula de honor en Cuidado de Criaturas Mágicas sino con haber aguantado a Oly de compañera en la asignatura, con todo lo que eso conllevaba, le tenía más tenso de lo que Marcus le hubiera visto nunca. La chica le miró indignada. - ¡¡El piquito de la nariz!! - ¡Es rígido! - Bueno pero es que con el movimiento... - ¿Y por qué estabas a cuatro patas? ¡Caminan sobre dos! - ¡Es que estaba en posición de ataque! - Se agarró un mechón de cabello y añadió. - ¡¡Y me he puesto el pelo verde!! - Oly. - Detuvo Theo, aunando toda la paciencia que le quedaba, que no debía ser mucha. Todos estaban conteniendo el estallido en carcajadas. - Tu pelo. Cambia de calor. COOOONSTANTEMENTE. - Ya no pudieron más, estaban rodando y retorcidos de la risa por ahí. Oly hizo un pucherito. - No me entendéis... -




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    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Estaba teniendo recuerdos muy fuerte de su padre haciendo el asno egipcio aquella Navidad en su casa. Y se había reído un rato largo, pero ahora quería intentar ayudar a la pobre Oly, que estaba muy desesperada gritando PRIIIIIII muy alto y nadie parecía tener ni una pista. Tan alto que quizá el anfitrión y el homenajeado, que se habían fugado a la habitación, podrían hasta enterarse de que Oly era una criatura que hacía PRIIIII. Pero no cambiaría nada en el mundo por eso. Todos juntos, muertos de risa, haciendo tonterías, imitando animales, cuando allí solo dos personas tenían idea de eso, pero no había nada que el licorcito de pecadores que les había dado Ethan para rematar la noche no pudiera conseguir. Lo que él no sabía es que se estaba perdiendo lo mejor de la noche, y lo tenían gracias a la idea de Oly, así que más le valía concentrarse en lo que quería decir. Pero su novio estaba en otra parte, y le hacía partícipe de todos y cada uno de los números que iba resolviendo. Ella le sonrió y acarició su mejilla. — Ya sabía yo que era buena idea traerte los sudokus. — Bueno, buena idea… Habría que reevaluar el concepto. — Protestó Sean, que como hijo de magizoólogos se veía ofendido en sus conocimientos por no identificar a Oly. Frunció el ceño a lo de internet y, viendo que su novio tampoco sabía lo que era, se inclinó a Jackie y le dijo. — Theo me dijo eso una vez, ¿tú sabes lo que es internet? Me dijo que era difícil de explicar. — Jackie hizo una U con los labios. — Qué va. Pero tienen ilimitados de la cosa esa, yo de ti me preocuparía. — Pero ella rio. Si a nadie le hacía más ilusión que ella ver a Marcus enganchado a algo, así era como más se expresaba, más sacaba su felicidad.

    Los que no parecían muy contentos eran Oly y Theo, la primera porque no se lo hubieran adivinado, y el segundo porque, creía Alice, acumulaba bastante desesperación de años previos, aunque ya no se cortaba de partirse de risa, porque su amiga lo veía clarísimo y el pobre Theo era muy gracioso alcanzando ese punto. — Cómo habrán sido las clases con Kowalsky para que Theo Matthews, patrón de la paciencia, pierda los estribos, de esa forma que los pierde él, claro. — Le susurró a su novio entre risas. Mientras Theo aún se recuperaba de la experiencia de analizar a Oly. — Jackie, ma chérie, sal tú, por favor, ya que nadie ha adivinado. — ¿Yo, cherie? — VENGA, CHERIE. — Azuzó Oly, aún ofendida. — A ver si por tener conexión sexual contigo sí que te lo adivina. Y mira que antes me ha ofrecido la naturaleza y un montón de cosas, pero para escucharme y percibirme no lo ve tan claro. — Kyla, que estaba al lado de la chica y un poquito desinhibida de más, la cogió de la cara y le dio un besito en la mejilla. — Ya está, mi amor, si es que tú sientes tanto las auras de los animales que nadie más es capaz de verlo. — Ya lo sé… — Contestó la otra, aún enfurruñada.

    Así pues, Jackie salió y echó el hechizo de aleatoriedad al libro de Newt Scamander, y miró muy de cerca la página, hasta que dijo. — ¡Ya sé! — Se soltó el pelo y se lo puso muy encima de la cara y acto seguido, se echó al suelo a cuatro patas, para luego hacer un movimiento continuo con los brazos. Y ahí lo vio claro. — ¡Es un kelpie! — Saltó ella. — Joe, qué ojo Alice, y no has dado ni un año de Cuidados. — Dijo Andrew. — Es que me gustan mucho los kelpies. Son como los thestrals, pero sin trauma de por medio y de agüita. — Ella siempre a lo que menos peligroso y espeluznante puede ser. — Dijo Hillary entornando los ojos. — Para picarte tanto con mi novio, a veces la que suena igual que él eres tú. — Le respondió con retintín, antes de levantarse para hacer ella los animales, por haber sido la que había acertado. A ver si le tocaba uno fácil y podía adivinarlo su novio, aunque lo veía demasiado concentrado en los sudokus, valiente idea había tenido.

    El libro de Scamander le reveló la página y no pudo evitar sonreír. A ver, este quizá hasta Marcus podría sacarlo. Se hizo una bolita sobre sí misma y se impulsó con los pies para saltar hasta Darren, cayendo a plomo, un poco encima de él, en el colchón. — ¡AY GAL! ¡Qué susto! ¿Qué quieres? — Dijo entre risas. Ella como toda respuesta, subió los ojillos, mirándole muy fijamente, sin deshacer la bolita. Venga, está tirado, por Merlín, que este ruido lo que se dice ruido no hace, por eso se pierde constantemente. Pero nada, la gente muerta de risa por la situación, pero nada de la criturita.





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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Alice se lo había dicho en susurros, pero él no había disimulado nada la risa. - Ciertamente, yo no me querría ver allí. - Comentó, riendo. Si Oly era capaz de convertir en un caos la clase de Historia del señor Ferguson, lo cual era tarea casi imposible, no se la quería imaginar junto a, ni más ni menos, Peter, Poppy, Theo, Darren y otros tantos en Cuidado de Criaturas Mágicas con Kowalsky a la cabeza. Le daban palpitaciones solo de imaginárselo.

    El momento cheries definitivamente le hizo soltar el sudoku y rodar por ahí, y tener que rodar de nuevo para recuperarlo antes de que alguien se lo robara (Sean estuvo a punto, se inició un amago de forcejeo que ninguno de los dos se veía capacitado de convertir en contienda física por lo que se detuvo rápido). Ni tiempo le dio a ver la actuación de Jackie cuando Alice ya estaba acertando. Abrió mucho los ojos y la cara. - No me extraña que lo reconozca tan rápido. Lo tuyo es obsesión con los bichos marinos. - ¿No era con los pájaros? - Preguntó Andrew, divertido. Hillary alzó una mano. - Por favor, no le hagas rememorar su epopeya de cómo la salvó el primer día de curso de ser engullida por la gente del agua del Lago Negro. - Rieron todos y Alice se puso en disposición de imitación.

    Fue tanto lo que se reía que acabó rodando por el colchón hasta el suelo, porque lo vio clarísimo nada más empezar. De hecho, no dio opción a nadie a responder. - ¡¡MUFFIN!! - Darren le miró con confusión y empezó a poner expresión de caer, pero Marcus no le dio el tiempo necesario para adelantarse. - ¡¡UN PUFFSKEIN!! - ¡UN PUFF...! ¡JO, NO VALE, ESA ERA PARA MÍ! - Y más se reía y rodaba por ahí, y los demás igual, hasta conseguir arrastrarse hasta Alice y achucharla, aún en modo bola. Se lanzó encima. - Mi bolita adorable. Este muffin me lo como yo. - Como todos. - Saltó alguien, ni sabía quien, porque de verdad que le iba a dar algo de reírse. Ya estaban en un punto en el que ni pensaban.

    - Te toca, erudito. - Negó con un dedo, pero como no podía hablar, solo reír, todos le presionaron. Consiguió respirar hondo y aclararse la garganta, llorando lágrimas de risa, y se puso de rodillas en el colchón, muy erguido y con las manos plácidamente apoyadas en las piernas. Cuando recuperó la compostura (lo que pudo, al menos), comenzó. - Oro parece, plata no es... - ¡El cabrón no tiene otra cosa que hacer que una esfinge, para matarlo! - Saló Sean, y ya se cayó directamente hacia el lado, doblado de la risa. Hillary, también llorando entre carcajadas, le lanzó uno de los cuadernillos. - ¡Vuelve a tus sudokus! - ¡Encima que pongo un acertijo a la altura de lo máximo que podríamos conseguir acertar esta noche! - De verdad que le iba a dar algo de reírse, ya no sabía ni qué postura tenía ni en qué colchón estaba. Qué falta les hacía algo así.




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    Con Marcus |Casa de campo de los McKinley| 27 de septiembre de 2002

    Al grito de su novio, se sonrió por dentro, pero aún no se reveló porque quería que Marcus ganara al menos eso. Y a lo justo, porque al menos Darren pareció pillarlo justo después, y no le dio tiempo a decirlo. Tampoco le dio tiempo a ella a deshacerse antes de que Marcus la rodeara con los brazos, haciéndola reír, sacando los brazos para achucharle de vuelta y dejando muchos besos en su mejilla y su mentón. Ah, sí, eso era vida, desde luego. — Yo duro más que un muffin y puedes repetir siempre que quieras. — Dijo en su oído sugerente, porque no podía desaprovechar la oportunidad.

    Volvió a donde estaban sentados antes, mientras dejaba a su novio hacer el animal, aunque ella ya sabía lo que iba a hacer, Marcus no se la jugaría con ninguna otra criatura. Le miró con la sonrisa ladeada y se dispuso a decir una de esas sobradas que a él le encantaban a los demás les desesperaba. — ¿Qué criatura iba a escoger él sino una que te desafía intelectualmente? — Pedorreta de Hillary, por supuesto, pero ella estiró las manos hacia Marcus y tiró de él hacia su colchón, muerta de risa porque razón no le faltaba, estaban todos especialmente torpes, pero porque no paraban de reírse y burlarse entre ellos. — A ver, le toca a monsieur Hastings, a ver qué tal se le da. — Dijo ella con retintín, mientras se asentaba apoyando la espalda en el pecho de su novio.

    Pues monsieur Hastings parecía muy seguro de lo que iba a hacer, empezando por un movimiento serpenteante quizá un poco exagerado y en exceso sugerente. — ¡Un basilisco! — Saltó Theo enseguida, pero Sean negó. Hillary tenía el ceño muy fruncido, porque había cosas mágicas con las que se perdía mucho, y las criaturas era una de ellas. Y entonces empezó Sean a hacer gestos entorno a su cabeza, para confusión de todos, pero Kyla también parecía interesada. — ¿Serpiente cornuda? — Sean empezaba a desesperarse, y volvió a hacer el gesto y puso nueve con los dedos. — ¡Una hidra! ¡Las cabezas! — ¡Gracias! Vaya con el señor matrícula de honor. — Sois malísimos con las criaturas, os lo digo. — Dijo el aludido, acurrucándose con Jackie. — O tú estás muy cheri últimamente y no te enteras, Matthews. — ¡Venga! Que salga Darren. — Azuzó Theo. — Que ese lo saco fijo, nosotros nos entendemos.

    Alice no pudo reprimir un bostezo y se echó un poco más sobre Marcus. — Yo me estoy durmiendo. — Y, sin vérselo venir, recibió un almohadazo. — ¡Pero a ver! — ¡Aquí no se duerme nadie! — Eso le había activado, sin duda, así que alargó la mano y le dio otro almohadazo a Hillary. — ¡Eso es delito letrada! ¡Agresión! ¡Agresión muy fuerte! — Dijo abalanzándose sobre ella. — ¡Ay qué guay! — Dijo Oly, tirándose encima de las dos inmediatamente. Alice le picó las costillas para hacerle cosquillas y quitársela de encima, pero la chica solo se sacudió y se rio. — ¡Oye que me vais a aplastar a la novia! — Se quejó Sean, alargando la mano para sacar a Hillary de la montaña humana. — ¡Kyla! ¡Haz algo con la tuya! — Pidió ella, pero la chica se cruzó de brazos. — La veo muy contenta ahí. — ¡Amor! ¡Socorro! — Llamó a la desesperada a Marcus. — Ahora que me iba a tocar uno al que iba a entender... — Se quejó Theo en bajito, pero Jackie se rio y salió corriendo a hacerle cosquillas a Hillary. — ¡Pero tú también no....! — Se quejó el chico, pero tarde, ya eran un buen lío ahí. — Dame uno de los sudokus... — Concluyó rindiéndose. — Que lo resuelvo con Darren que es el único que me sigue los juegos.






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    Con Alice | En Nueva York | 27 de septiembre de 2002
    Se puso a admirar el maravilloso espectáculo de Sean pareciendo una lombriz de tierra gigante, lo cual fue a decir solo por picarle, pero las carcajadas no le dejaban. Aunque estaba retrasándose tanto el resultado que pudo aportar su parte. - ¡¡Un occamy!! - Sean le miró con cara de circunstancias, por lo que intuyó que no, que no era un occamy. La respuesta le hizo alzar los brazos y dejarlos caer diciendo. - Aaaaaaaah claro, las cabezas. - Volvió a recibir una mirada de obviedad de su amigo, pero estaba demasiado ocupado en morirse de risa.

    Recogió a Alice en sus brazos, y fue a soltar una melosidad de las suyas ante su comentario cuando fue agredida por un almohadazo. Se llevó las manos a la boca, con los ojos muy abiertos... y se partió de risa. - Vaya, alguien no es ya tan caballero medieval. - Pinchó Kyla con una sonrisilla. Le costaba hasta respirar, limpiándose las lágrimas, y achuchó a su novia de nuevo. - Perdona, mi amor. Es que ha sido muy gracioso. - Y la pobre se había quedado como un gato despeinado. De verdad que no podía parar, ¿qué le había echado Ethan en la bebida? O quizás era el propio cansancio que le hacía reír como loco. Ahora que tomaba conciencia, sí que estaba cansado él también.

    Tampoco hacía mucha falta su disculpa, porque las chicas se enzarzaron en una guerra de almohadas. Jadeando y con dolor en las costillas por las risas, porque el comentario de Theo le había hecho hasta perder las fuerzas en el colchón, se arrastró hasta Alice. - ¡Voy a por ti, cariño mío! - Afirmó, sonando poco convincente no solo por las carcajadas, sino porque no tenía ninguna fuerza. Apenas le estaba dando las manos y derretido de la risa en el colchón, sin esfuerzo ninguno por sacarla de allí. - ¡Mira! ¿Hiena cuenta como criatura mágica? - No podía más, le iba a dar algo de reírse, ya lo que le faltaba era Aaron con su tontería. - ¡No no, yo de eso no, ya hago uno! - Saltó Darren ante la amenaza de Theo de hacer un sudoku, y cuando atinó a verlo estaba moviéndose a los lados, acuclillado con los pies en direcciones contrarias, haciendo pinzas con las manos y un ruido que pretendía sonar como un incendio con la boca, y ya sí que temió que le diera algo de risa de verdad. Se dejó caer boca arriba, con las carcajadas de todo el grupo absolutamente descontroladas, oyendo a Andrew decir. - No sé ¿eh? No lo termino de ver claro. - No había llorado de la risa en su vida como en ese momento. La frustración de Darren, después de mucho alargarles innecesariamente la imitación fingiendo que ninguno sabía lo que era aun estando clarísimo, diciendo - ¡Era un cangrejo de fuego! - Ya les quitó las fuerzas que les quedaban para seguir imitando.

    - Esto tiene que acabar aquí. Acabando en alto. - Dijo Sean muerto de risa, pero entonces Andrew dijo. - ¡Eh! Aún puede mejorarlo Brad... ¿Dónde está Peter? - Miraron todos a su alrededor. Más se rieron. - Me da que se ha ido a que Poppy le haga una imitación de zorrita. - ¡¡TÍO!! - Le gritaron a Ethan, pero a quién iban a engañar, estaban todos desternillados. Pasaron un buen rato más riéndose hasta que, poco a poco, fueron hallando todos su lugar en aquel caos de almohadas, colchones y mantas. Lo de apagar las luces no es como que fuese indicativo, al parecer, de echarse a dormir. Llegó un punto en que no estaba muy seguro de dónde tenía ni la cabeza ni los pies, ni quiénes compartían lado o colchón con él. De lo que tenía total seguridad era de estar abrazado a Alice, como no podía ser de otra forma. - Eh. Muffincillo. - Le picó la mejilla, un poco a ciegas en la oscuridad, y sonrió, aunque no pudiera verle. - Ha sido una gran idea venir. Esto nos va a dar mucha fuerza. -




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    24/9/2023, 6:53 pm


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    Alice siempre había sido de poco dormir, y a pesar de que la noche anterior había sido movidita, se despertó y necesitó disfrutar del silencio, de la calma del campo. Menuda cabañita la de los McKinley, allí se respiraba una paz, y ese aroma a vegetación y tierra mojada… Siempre le gustó el otoño y, aunque prefería las mañanas de luz anaranjada y brisa suave, esa niebla y esa humedad, parecían ir con el lugar. La casa tenía una enorme balaustrada que daba a un jardín perfectamente recortado y medido, lleno de caminos y flores en parterres cuadrados que Alice y Janet odiaban, pero a los lados, peleando siempre por dejar claro su lugar, estaban los árboles del bosque, y a lo lejos, se podían adivinar grandes masas vegetales, incluso lo que debían ser las nueve colinas de Surrey

    Se sentó en una de las sillas forjadas que había allí y se envolvió en su chaqueta de lana. Agradecía infinitamente esa paz, ese entorno aislado, ese olor a naturaleza. Alice amaba la costa de Saint-Tropez y la playa, pero ahora todo eso le traía unos recuerdos pertubadores, y aquel campo, la humedad, la neblina mañanera y aquel silencio tan especial… Ah, sin duda eran otra cosa. A los Gallia tendía a oprimirles el silencio, pero después de tantas semanas de enorme ciudad, familia ruidosa, apuntes de alquimia… Oh, aquello era de agradecer. Casi podía simplemente cerrar los ojos y… — Si quieres dormir, yo diría que las camas son mejores. — Abrió los ojos y miró con una sonrisa a Hillary. — ¿Qué haces despierta? — Su amiga se encogió de hombros y se sentó en la silla de al lado. — Soy muy especialita, tía, una sala llena de gente durmiendo me desconcentra para dormir, los dos primeros años en Hogwarts lo pasé fatal. — Alice se rio. — Te hubieras vuelto loca durmiendo en el desván de La Provenza con nosotros. — Y ambas rieron. — ¿Habrá una cocina aquí donde nos podamos hacer un café calentito y consigamos algo de desayunar? — Alice alzó las cejas y sonrió. — La señora McKinley probablemente se preguntará lo mismo. — Y le dio la risa tonta a las dos acto seguido, y encima solo se lo retroalimentaban más. — Es que imagínate a Eunice y la madre todas perdidas, ya no te digo transmutando el café, te digo solo encendiendo el fuego. — Pues espérate que les explicáramos lo que es un tostador muggle. — Y más risas. — ¿Tú te acuerdas la primera mañana en Gales el susto que te pegaste con el tostador? — Si es que casi salgo volando. — Y Alice siguió riéndose muy fuerte, pero Hillary parecía haber parado, y entre las risas, le pareció oír un suspiro. — Anda, vamos a buscar esa cocina.

    Vaya que si había cocina. Enorme y reluciente, tenía hasta uno de esos fuegos con una campana enorme encima, y había literalmente cualquier cacharro que a una se le pudiera ocurrir, y en breves estaban preparando tostadas, huevos revueltos y habían encontrado unas mermeladas Premium que debían valer un ojo de la cara, pero que Alice no se sentía ni mínimamente mal usando. — Hay bacon para cuando se levanten los chicos. Te digo yo que a Marcus con esto no lo vale. — Hillary rio, pero Alice la había visto un poco desinflada después del ataque de risa. — Esto es precioso, la verdad que mi madre siempre decía que no hay que tener envidia a los ricos, y yo estoy de acuerdo la mayor parte de las veces, pero una casa así… Me encanta la paz de este sitio. — Dijo antes de comerse un cachito de tostada. Hillary ladeó la cabeza a ambos lados. — Pues sí… Pero bueno… Tú ahora eres bastante rica y… Vas a tener todo esto en Irlanda… Tooooda la tranquilidad del mundo. — Respondió, con la mirada perdida, mientras se llevaba el café a los labios. Alice dejó salir un suspiro y miró a su amiga. — ¿Estás enfadada conmigo porque no te he contado lo de Irlanda y lo del dinero? — La chica la miró y negó con la cabeza. — No… Si es un tema muy delicado, y no hemos podido vernos… Y tu primo es un bocachancla y te dejó un poco vendida, tú deberías poder contar eso cuando quisieras. — Alice asintió y se apartó el pelo de la cara antes de beber café. — Bueno, pero no he sido la mejor amiga del mundo. No te cuento esto, no tenía ni idea de lo de Kyla y su familia y todo el rechazo del Ministerio… En fin. — Hillary negó y le tendió la mano. — No, cariño. No se puede ser Wonder Woman en la vida. — ¿Qué es Wonder Woman? — Una superheroína, tiene poderes. Y no poderes en plan mago, tiene un montón de poderes que no te imaginarías, para salvar el mundo… Pero ese tipo de poderes no existe, Alice. — Apretó su mano. — No, no te culpo por no contarlo, y no estoy enfadada contigo… Supongo que lo que estoy es… Asustada. — Ella frunció el ceño sin comprender. — Ahora, después de todos estos años burlándome de Marcus, por fin entiendo… Ese miedo que sentía de que salieras volando.

    Alice se levantó de su sitio y se acercó a Hillary. — ¡Pero Hills! Yo no… — Alice, te conozco, y ya estás fuera de aquí, aunque anoche estuvieras a tope y riéndote. Vives en una cuenta atrás para irte. — No podía negarlo tampoco. Dejó salir el aire y parpadeó. — Pero tú siempre vas a ser mi mejor amiga, parte fundamental de mi vida, vaya donde vaya. — Hillary ladeó la cabeza, con la voz tomada. — Pero yo no puedo seguirte allá donde vayas, no soy Marcus… Soy otro espino, me quedo en mi Ministerio, mi mundo mi… — Suspiró. — Sé que suena egoísta que te cagas. — Noooo. No, cariño. Ay. — La abrazó y la estrechó contra ella. — Soy yo la que está pensando solo en sí misma. Es que han sido semanas de taaaaanto ruido, de pena incesante, y… — Los ojos se le inundaron. — Los agentes del ministerio fueron a mi casa, Hills, a esa casa. Cada vez que me asomo a la maldita ventana pienso en aquel día… Yo estaba asomada a la ventana, y él estaba jugando abajo y… de un momento a otro… — El sollozo salió sin poder evitarlo y seguía abrazada a Hillary. — No puedo olvidarlo… Simplemente no puedo. Y cada vez que veo a mi padre… Veo a ese hombre que se quedó quieto y callado… Mirando a la nada… — Se separó de su amiga y la miró, limipiándose la cama. — Desde entonces me sacaron de allí, Marcus me llevó a casa de los O’Donnell, y no volví… Más que para llevarme algunas cosas que necesitaba y… — Negó con la cabeza. — No puedo ni mirar a Arnold y Emma a la cara, por todo lo que han hecho por nosotros y que nunca voy a poder reparar. — Hillary la estrechó contra ella. — Pero no tienes nada que reparar. — Ay, Hills, mírame y dime que tú no te sentirías en deuda, que no podrías evitar que se te cayera la cara de vergüenza si tus suegros tuvieran que hacer tantos sacrificios por ti… — Tragó saliva. — Ya me siento bastante mal por llevarme a Marcus, pero al menos eso lo propusieron Larry y Molly, y ellos quieren volver a Irlanda… — Su amiga asintió, acariciándole el brazo. — Si tienes razón, Gal… Si yo te entiendo. Es que… — Sonrió con tristeza y acarició su brazo. — Eres un pajarito, parece que siempre te vas a querer ir. Y Marcus se irá contigo, allá donde vayas.— Ella negó y sonrió. — No lejos de ti. Nunca lejos de ti, ni de Sean. Nosotros cuatro vamos a ser amigos siempre. Absolutamente siempre. — Sonrió a su amiga. — Y algún día, todo esto será una minucia en la historia de nuestras vidas, y vamos a estar tomándonos un café como este delante del Ministerio y vamos a decir… Aquí estamos, todos estos años después, juntas, triunfando. Y nadie se ha ido del lado de nadie. — Y simplemente se miraron, sonrientes, mientras terminaban el desayuno, y volvían a hablar de aquel verano en Gales, y de que deberían repetir, pero con los chicos, y darles sustos con los tostadores y… Simplemente querían sentir que volvían a ser dos chicas jóvenes haciendo planes juntas.






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    24/9/2023, 6:56 pm


    Bad topick
    Con Alice | En Casa O'Donnell | 16 de octubre de 2002
    - Cualquier cosa que necesitéis, podéis hacerme llamar. - Comentó Emma distraídamente mientras se ponía los guantes. - Igualmente, tanto tu padre como yo intentaremos estar aquí para la hora de comer. Y si os entra hambre, la comida está prácticamente preparada. Solo a falta de calentarla. - Les miró. - Y tomaos descansos. Solo son las diez y media de la mañana y ya lleváis más de dos horas estudiando. - A cualquiera (Marcus el primero) podría extrañarle que su madre les dejara solos en casa con tanta ligereza. Pero el hecho era que la chica prácticamente vivía con ellos, se pasaba la mayor parte del tiempo allí; que estaban tan centrados en los estudios (y eran ellos, al fin y al cabo) que estaban bastante tranquilos de que era prácticamente su única ocupación (bueno, puede que algún momento de arrumaco tuvieran aprovechando la soledad, pero tampoco mucho, estaban ciertamente agobiados por la inminencia del examen); y que, después de lo de Nueva York, parecía hasta ridículo tener remilgos a esas alturas. Su madre, desde luego, era bastante práctica y nada dada a las tonterías, y había establecido de que ya era absurdo andarse con tonterías y que por la cuenta que les traía no perderían el tiempo haciendo otra cosa que no fuera estudiar, y como tal se comportaba.

    - Nos vemos en unas horas. - Adiós, mami. - Se despidió cariñoso, dejando un beso en su mejilla que hizo a la mujer poner una sonrisa leve. Emma le dedicó una leve caricia a Alice en la mejilla (y eso viniendo de ella era un gesto MUY cariñoso, debía estar contenta y orgullosa de ellos) y se fue. Suspiró y volvió a lo suyo. Se habían establecido en la salita de casa, convirtiéndola en una improvisada sala de estudio. De hecho, había colocado allí el armario evanescente en lugar de en su dormitorio. Un leve sonido en el mismo le hizo fruncir el ceño. Abrió y sonrió. - Ah, aquí está. - Puso el tocón de madera que transmutó Anne, el de tacto urticante, sobre la mesa. - Le dije a mi abuelo que quería analizarlo un poco... Nos puede inspirar. - Se sentó de nuevo y tomó unas notas.

    - Vale... - Pensó en voz alta. - Voy a ponerme con el registro diario desde ya. Llevamos dos horas trabajando y no quiero que se me olvide nada. - Tomó el cuadernillo en el que iba apuntando, como si fuera un acta, cada trabajo diario, y escribió la fecha... Y, al hacerlo, sintió un vuelco en el corazón y miró a Alice de reojo. Esa fecha. Dieciséis de octubre. No había caído... Era el aniversario de bodas de William y Janet. Alice había dormido esa noche en su casa, Dylan estaba en Hogwarts... William estaría solo en casa. Completamente, además, porque por no tener, ya no tenía ni el retrato de Janet con él, seguía en casa de sus abuelos. Tragó saliva, dejó de mirar a Alice y se puso a apuntar lo que habían hecho durante el día.

    Pero es que ahora no podía dejar de pensar en el tema. ¿Iba a pasar William solo todo el día? Ya de por sí le estaba costando no sacar el tema con Alice, asumir que necesitaba su tiempo con su padre. Pero ese día para él era... duro, difícil. No se lo quería ni imaginar, de ponerse en su piel se le agarraba un nudo tan fuerte en la garganta que le empujaba a querer llorar. Miró a Alice de nuevo, sutilmente, mientras apuntaba. Seguía en sus cosas. Se mojó los labios. - Mi madre tiene razón... De vez en cuando... tendríamos que despejarnos. - Estiró un poco los músculos, gruñendo levemente al hacerlo. Se notaba contracturado de pasar tantas horas en la misma postura. Volvió a su pose natural y siguió. - Ya sé que es miércoles y que tenemos un horario, pero... esta tarde, podríamos... salir de aquí. Llevamos varios días encerrados en mi casa. - Se mojó los labios de nuevo. - Podríamos... Había una pastelería cerca de tu casa ¿no? - Se encogió de hombros. - Le podemos... decir a tu padre que se venga y nos tomamos un té, y le contamos cómo vamos. No sabe nada de nosotros. -




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    Ivanka
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    25/9/2023, 2:49 pm


    Bad topic
    Con Marcus |Casa O'Donnell| 16 de octubre de 2002

    Alice a penas dijo nada, pero eso debía ser tener padres responsables. Te dejaban la comida preparada, una habitación perfectamente acondicionada para el estudio, se preocupaban por tus descansos… Lo que venían a ser unos padres. De ahí que Marcus le dijera tan cariñoso “adiós, mami” cuando Alice ni le había dirigido la palabra a su padre al salir de su casa. De hecho, ni había contado con que debería desayunar, pero, como a falta de padres tenía suegros, Arnold le estaba esperando con un café y un bol de plátano y avena. Respondió con una sonrisa sincera y con ese cariño que da el agradecimiento de un cachorrito abandonado le dijo a la mujer. — Que tengas buen día, Emma. Gracias por todo. — Eso era ella. Un perro callejero agradecido, pero mira, ya le daba igual.

    Asintió a lo que le dijo Marcus y miró el tocón. — Es increíble, me parece TAN difícil llegar a un nivel de… Visión así. — Miró por encima los papeles y negó con la cabeza. — Temo que no me venga la inspiración antes del examen, la verdad es que soy muy limitada, debí haber atendido a las clases de Transformaciones, al menos alguna idea me habría dado. — Y ahí siguió, mirando por encima los apuntes del hielo y la piedra, asimilando, tratando de coger ideas que vagaban hacia el cristal de hielo que le hizo a Marcus…

    Uy. Marcus estaba muy callado. Demasiado hasta que dejó de estarlo. En un principio alzó la ceja. — ¿Qué te ha dado ahora? Sabes que vamos pegadísimos al examen, descansamos lo que podemos descansar. — Y se iba a reír a lo de la pastelería, porque era su novio, su glotón interior superaba al grandioso alquimista, pero entonces dijo lo de su padre y Alice suspiró y dejó la pluma sobre la mesa, dejándose caer sobre el asiento. — ¿A qué viene esto ahora? — Le miró a los ojos, circunspecta. — No sabe nada, no. ¿Te ha preguntado a ti? A mí no. No está cuando me levanto, no sale cuando vuelvo. No compra nada de comer, no mantiene la casa, lo hago yo cuando llego después de estudiar, así que no, lo que me falta es encima invitarle a salir. — Se cruzó de brazos. — ¿Puedo saber a cuenta de qué viene esta idea?




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