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Sáb Sep 26, 2020 1:58 pm por Timelady
Enchanted Hours
Original - Fantasía

El joven Ethan llega a Winterbury para ocuparse del taller de relojería que quedó abandonado cuando murió un tío abuelo al que no conocía, el anterior relojero..
Poco a poco, va devolviendo los relojes, que quedaron sin terminar, ya arreglados a sus dueños y descubriendo el taller y almacén del que se hace cargo ahora. Oculto en un mueble descubre un viejo reloj de cuco, con una manufactura cautivadora, pero no hay identificador que indique quién era su anterior dueño. Además, está sellado misteriosamente y las piezas no consiguen encajar.

Con tiempo y tesón, consigue repararlo y en cuando las manecillas comienzan a moverse, el reloj parece aún más hermoso. Al llegar la hora en punto, cuando se supone que debe salir el cuco, las puertas se abren y una pequeña hada aparece, recién despertada de su letargo.

Por lo que Dandelion cuenta, un hechicero la había atado a aquel reloj, para que le sirviera en sus pérfidos deseos de poder. Pero ante una amenaza había tenido que esconderla con la esperanza de recuperarla en algún momento.

El relojero tiene ahora dos opciones… imitar al mago y aprovechar los poderes del hada para tener todo cuanto desee o buscar la fórmula mágica que pueda liberarla.
Ethan VaughanEdad: 32 añosOcupación: RelojeroPB: Colin MorganUser: Myshella
DandelionEdad: IndeterminadaOcupación: Hada/PrisioneraPB: Jessica Parker KennedyUser: Timelady
1 Título cap            2 Título cap            3 Título cap
4 Título cap            5 Título cap

Dyslaia



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Sáb Sep 26, 2020 7:23 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion

      El viaje desde Newville había sido tan largo como ya le habían advertido en casa, cuando decidió emprender aquella extraña aventura que había de proporcionarle una nueva vida.

La señorita Clementine Houghton, a quien había cortejado durante siete largos años sin llegar a decidirse ella a establecer una fecha para el esperado matrimonio, le había anunciado el fin de tan prolongado compromiso, puesto que había decidido casarse de inmediato con el señor Eric Hunter.

Fue justo entonces cuando un caballero vestido de riguroso negro y acento grave llegó hasta su puerta, reunió a los Vaughan, y les leyó el extraño testamento del tío-abuelo Otto, a quien todos daban por enterrado varios lustros atrás.

Por lo visto, el hombre había gozado de una buena salud de hierro mucho tiempo más de lo que ellos creían. Y legaba su casa y su relojería, ubicadas en el completamente desconocido pueblo de Winterbury, a el hijo mayor de su sobrino-nieto, del que no especificaba el nombre porque no tenía constancia de cómo se le había llamado al nacer.

Ese era Ethan.

Su madre propuso viajar hasta ese lugar, donde quiera que estuviera, y poner las propiedades a la venta. Su padre, buscar un administrador que se ocupara del trámite en nombre de él, el inesperado heredero.

Ethan vio en ello una maravillosa oportunidad para alejarse de la vergüenza y el desconsuelo, e iniciar un nueva vida.
Así que hizo las maletas y se dispuso a irse, a donde quiera que le llevara ese señor enlutado.

Y el viaje, sí, resultó largo y angosto.

El tren les llevó hasta la ciudad más cercana, a no menos de doscientas millas de su destino final. Allí, hubo que coger un coche de caballos que hiciera la ruta hasta Winterbury.

Cuando, finalmente, llegaron, la noche cerraba cielo ya sobre sus cabezas y el joven se encontró con unas llaves en la mano, y una puerta de pesado nogal ante las narices, justo junto a un ornamentado cristal que cerraba un escaparate, entonces cubierto por láminas de madera a modo de protección, un cartel de latón cubierto de polvo sobre sus cabezas, un apretón de manos a modo de despedida, y un tenga usted buena noche, bienvenido sea.
Los días siguientes los pasó tosiendo entre polvo acumulado, alzando sábanas que cubrían muebles e intentando recordar dónde comprar los enseres más básicos, o el nombre de esos vecinos tan curiosos.

Sobre todo, porque en el maravilloso taller que se abría en la planta baja, justo tras la tienda, fue a dar con más de un tesoro de delicada manufactura.

Él, que era también relojero, como su extraño pariente- y por lo visto esto sí era detalle que había llegado a oídos del difunto, según le dijo el hombre enlutado- se encontró admirando cada pieza con precisa atención.
El enlutado resultó ser el señor Evans, y fue en aquellos días la primera persona con la que sentarse en el café de la villa a tomar una taza de café o un chocolate caliente.

Apenas una semana más tarde, se había abierto camino entre los relojes acumulados, acabado los primeros encargos, revisado las fichas de sus correspondientes propietarios, y llegado a devolverlos a sus dueños.

Y entonces, cuando por fin dio con la pared trasera de ese taller, lo encontró.


Este es el momento en que nuestro protagonista, Ethan, se detiene, observa con creciente curiosidad una caja cerrada, sobre la aparadora apoyada al final de la habitación.

Con la solemnidad de quien intuye, no sabe cómo ni porqué, la llegada de algo importante a su devenir, abre la caja.
Justo para quedarse absorto en la contemplación del precioso reloj de cuco que en ella se guarda.
Las ruedas a la vista, doradas; la casita central tallada, obra de ebanistería delicada; las manecillas ornamentadas, el reloj es, sin lugar a dudas, la pieza más bella que su experto ojo ha visto nunca.

Sólo que la puertecilla aparece sellada con algo estraño; una pieza de metal que no identifica, plagada de símbolos que no ha visto nunca antes.

Ethan posee una memoria envidiable; y está seguro de no haber visto ficha de cliente alguno a quien atribuirle su propiedad.

Aún así, devolverá el reloj a la caja, y las revisará una por una.

¿Quizá fuera propiedad de ese tío suyo? Y, de ser así ¿Por qué no está en la pared? ¿Qué clase de relojero ocultaría una pieza tan hermosa?

El reloj no funciona, es cierto. Las piezas se resisten a encajar y, lo que a simple vista parecería un arreglo sencillo, se le resiste lo indecible. Dedicará dos noches enteras a conseguir que la lógica aplicada a las otras piezas parezca ser aceptada por este mecanismo cautivador.

Finalmente, cuando ve, triunfante, cómo la manecilla de los minutos se digna a moverse, el nuevo relojero se llevará el reloj, más que satisfecho, a presidir la sala de su casa, en el piso sobre la relojería.

Se sirve una copa de anís dulce, y se sienta en esa butaca orejuda tapizada en verde oscuro, a esperar la culminación de su tarea: que la puertecilla se abra, al dar la hora.

       
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Mar Sep 29, 2020 1:30 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

- ¡Por favor! ¡Por favor, mi señor! No me encerréis de nuevo. No me devolváis al reloj otra vez.

- Permanecerás en el reloj hasta que yo te diga. Ya me has metido en demasiados problemas con tus intentos por liberarte. -El mago oscuro miraba hacia la ventana, percibiendo el peligro que se acercaba para después dirigirse al hada con una mirada furiosa.- Se acabaron los juegos. Regresa o te obligaré a ello. Y que sepas que la próxima vez que intentes algo parecido te cortaré la cabeza.

El mago no dio tiempo a que ella regresara a su prisión por propia voluntad, un gesto de su mano la estampó contra ella.
Notó cómo movía aquel reloj por la habitación hasta meterlo en un armario, mientras maldecía su suerte. Pero lo cierto es que aún le quedaba algo de esperanza en que su plan hubiera funcionado cuando la luz y todo se apagó para ella.


Lo cierto es que el mago había tenido también su ración de mala suerte cuando en su búsqueda de hadas a las que capturar, había dado con aquella en concreta. Pequeña y rebelde. Había conseguido herirla con su magia y eso hacía que no pudiera escapar hasta que se vio emprisionada en un reloj, que el mago iba haciendo cambiar de forma según le conviniese.

En aquella situación, ella tenía la obligación de obedecerle en todo, así que se convirtió en su sirviente hasta que sus dones fueron necesarios. Las hadas, entre otras condiciones, tenían la capacidad de influir en las personas, sembrando ideas en sus mentes y consiguiendo que hicieran lo que deseaban.
Pero Dandelion demostró pronto ser demasiado inteligente y encontrar una forma de cumplir con los deseos del mago mientras también hacía que le descubrieran o que le dieran el modo de poder salir de aquella jaula.

Fue así cómo las autoridades se acercaban para atraparle y por lo que tenía que ocultar todos sus objetos mágicos de forma rápida. Atrapó a aquella criatura para que no pudiera escapar del reloj, sumiéndola en un letargo profundo que solo terminaría cuando él recuperase el reloj, ya que presumía de ser el único capaz de devolverle la vida.
Se desvaneció cuando aquellos hombres echaron abajo la puerta.


Tic-tac. Tic-tac.


El habitáculo empezó a temblar. Recuperando la vida poco a poco.
Polvo caía del techo y muy lentamente la figura femenina se iba moviendo.
Dandelion se fue estirando al ritmo de aquel mecanismo que parecía marcar su vida.
Tardó demasiado en recordar cómo había sido todo cuando se había sumido en aquel sueño. ¡El mago!
Se levantó rápidamente para abalanzarse contra la puertecita de la que era su prisión. Intentando mirar por las rendijas y ver si seguía en el mismo lugar. Pero vio cosas extrañas. No reconocía aquel sitio, aquellas paredes tenían un color diferente, y cosas colgando que no parecían muy propias de un mago. Las velas no eran velas ni candelabros.
Intentó colar sus deditos por las rendijas, pero... la magia la bloqueaba hasta que llegara la hora puntual.

Solo le quedaba esperar y la paciencia no es que fuera una de sus mayores virtudes.
Así que en cuanto notó que la manecilla se estaba acercando al doce, se preparó y cogió carrerilla, saliendo de allí de un salto para intentar recuperar su tamaño humano y estirarse completamente, con sus alas abiertas, acercándose inmediatamente a las fuentes de luz, curiosa por cómo funcionaban aquellas cosas que no eran velas normales, pero sí parecía una llama lo que brillaba dentro de la esfera de cristal.

Un ruido la alertó y la hizo apartarse, encontrándose entonces con el hombre. Olió un poco el aire, humano. No parecía tener magia. Y eso podía ser bueno o... muy muy malo.- ¿Te ha enviado el mago? -Preguntó la chica, bajando sus alas para no tropezarse con nada y mirándole con desconfianza.

       
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Miér Sep 30, 2020 8:21 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion


      ¡Bendita suerte, la butaca que lo acoge!

Hubiera ido él a parar justo donde el vaso con el licor de anís; Hecho pedazos, contra el suelo, en un crash que resuena en sus oídos como quien oye estallar una bomba. Tan repentinamente, que uno de los cristales hace un corte ligero en el índice derecho de Ethan.

-¡Pero qué…!-estupefacto, se echa adelante, aún sin levantarse. Se frota los ojos con los puños, tal como habría hecho años atrás, cuando aún era un crío, y siquiera presta atención a ese corte que le está manchando la mano de sangre.

Vuelve a abrirlos, esperando que la visión haya desaparecido.

Pero NO, sigue ahí.

Una mujer.
Una mujer envuelta en unas radiantes y palpitantes alas, que parecen dispuestas a envolverla en ese halo etéreo, como si de un manto se tratara, hasta que las repliega.

Alas. ¿Ha dicho alas?
Alas.

Ethan se ha puesto de pie. Recoge el culo del vaso roto, que alza por delante de sus ojos, y sostiene  ante sí cual actor sheakesperiano en un ensayo, para arrugar nariz y frente, y preguntarse qué diantres debía llevar este licor que le han vendido en el colmado de Winerbury.

-Pero qué…-repite, balbucea.
El framento de vaso roto vuelve a deslizarse de su mano al suelo, cuando el brazo desciende sin permiso.
Total, no viene ya de un par de fragmentos de cristal más.

Esto no puede ser de verdad.

Estira la mano ante él, con intención de tocarla. Más bien, de traspasarla. A ella.
Está seguro de que es una visión.
Debe serlo.
Producto del cansancio, o incipiente muestra de una demencia originada en la depresión. Eso será.

Así que, como toda buena ilusión, se desvanecerá en cuanto su mano la alcance.

Eso es.

Pero no. No se desvanece.

Ethan se topa con un brazo que parece tan sólido como el propio.

Y retira, raudo la mano, parpadeando al oír que se dirige a él. Preguntando por…¿un mago?
Válgame Dios.

-¿Qué…quién eres tu?

Toma un poco de confianza. Se adelanta un paso hasta ella.

Se fija entonces en la mirada ajena. ¿Desconfianza? ¿le mira…con desconfianza? ¿¡Ella!?

-Pe…perdona-la interpela-¿has…?-ceño fruncido, cuando un creciente sentimiento de propia estupidez le embarga- ¿has salido de mi reloj?


       
Dyslaia


Última edición por Myshella el Sáb Oct 10, 2020 1:12 pm, editado 1 vez



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Mar Oct 06, 2020 1:45 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

El humano está herido, puede ver la sangre en su mano, pero no parece ni darse cuenta de ello. Es su otra mano la que se acerca a ella, que se inclina hacia atrás despacio pero no se mueve lo suficiente como para impedir que la toque. Aquello está siendo de lo más extraño.
Si es humano realmente, podría utilizarle, obligarle a liberarla y traicionar al maldito mago que la ha dejado ahí encerrada por demasiado tiempo. Pero pronto se recuerda a sí mismo que seguramente ya esté bajo la influencia de la magia oscura y por ello no tenga ningún efecto su intento. Así que desiste sin ni siquiera intentarlo. El mago no sería tan tonto como para dejar su reloj en manos de cualquiera.

- Soy Dandelion, soy un hada. -Responde, sin duda alguna en la voz y batiendo ligeramente sus alas para mostrarlas. Porque para ella es lo más normal que puede decirle a nadie. En su momento era lo más normal y no entiende por qué esa expresión en el rostro del hombre.

Da un paso hacia atrás cuando él lo da hacia adelante y con poco disimulo empieza a fijarse en las ventanas y puertas. Si sale de allí podría encontrar a alguien que la ayudase a liberarse... alguien lo bastante cerca como para que el reloj no la ahogue para que regrese.

- No. He salido del reloj del mago. -Responde a su estúpida pregunta, porque se lo parece, cómo va a ser ese reloj suyo.- Este reloj de aquí. -Lo señala por si fuera necesario aclararlo.- Aunque debería ser mío porque llevo viviendo en él demasiado tiempo. Claro que no lo quiero. Lo único que quiero es poder irme y si puedo quemarlo antes mejor... pero tampoco es que vaya a perder el tiempo en eso. -Realmente si algo le pasara al reloj antes de que ella se liberase de su influencia y ataduras, ella moriría con su destrucción.

Y ahora la pregunta importante de verdad.- ¿Dónde está el mago? Azaret. -Preguntó mirando en todas las direcciones y queriendo echar a andar por la estancia, salir y buscarlo en cualquier otra sala en que estuviera metido. Pero entonces...- ¿Dónde estoy? -Quiso saber, porque aquel lugar era de lo más extraño.
       
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Sáb Oct 10, 2020 1:37 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion


Un hada. Ha dicho que es un hada.
¿Cómo va a ser un hada? No puede ser un hada.
¿Cómo va a ser un hada?
Las hadas no existen. Son seres de cuento, de cuento para niños. No tienen vida, de verdad. Nadie ha visto nunca una.
No aparecen de la nada.
Menos de un reloj. ¡El reloj de un mago!
Madre mía. Esto no tiene ningún sentido.

Esta mujer tiene que saberlo; que lo que dice no tiene ni pies ni cabeza, y que lo importante es…

-Oiga, perdone, disculpe, es que las hadas no exist…¡Uau!-un paso atrás, en el que el hombre tambalea, antes de apoyar la mano en el respaldo de la butaca en donde estaba él tan tranquilamente sentado, esperando ver el resultado de su laboriosa tarea. No desea perder el equilibrio, así que lanza una mirada atrás, mientras tantea esa butaca, y se coloca justo tras ella, parapetándose. Porque ese las hadas no existen se ha quedado a medio emitir en el instante en que las alas -¡Virgen Santísima, tiene alas!-se han batido delante de sus narices! Y sí, le había parecido verlas hace un momento. ¡Pero es que ahora las ha movido, arriba y abajo, delante de sus narices!

-Son…¿son de verdad?-tartamudea.

A ver, Ethan, un poco de dignidad…¡Tranquilizate!
Alguna explicación tiene que tener esto. Racional, vamos.


Carraspea, recuperando la voz, y afianza las dos manos (las dos) sobre el respaldo del sufrido sillón.

-No, no. Se confunde usted…Dan…Dandelion-ha dicho Dandelion, está seguro.-ese reloj es mío. Y ese…ese mago no tiene nada que ver ni con mi reloj, ni conmigo. Con usted, pues no lo se. Pero el reloj es mío.

Y ya puestos, da una mirada entorno.

-Y esta sala, y esta casa y…

Al fin, fija la mirada en ella. Y vuelve a respirar, profundamente.

-¿Vive ust…-a las hadas, si es que de verdad lo es, se las trata de usted?-Vives en el reloj.

Cuesta asumir la hipotética posibilidad, remota, más que remota, de que eso sea cierto. Y esto no sea…¿una visión?

Es igual. Vamos a actuar como si no nos hubiéramos vuelto locos, Ethan.


-Me llamo Ethan Vaughan. Ese reloj me pretenece a mí. No se nada de un mago. Ni yo, ni nadie que yo conozca. Los magos no…-no digas no existen-hace mucho que nadie sabe de ellos. Estás en mi casa, en el pueblo de Winterbury. Y…-es entonces cuando cae en la cuenta de un pequeño detalle; las ropas del hada-¿Todas las hadas vestís así? ¿O…?-o...¿ha dicho llevo viviendo en él demasiado tiempo? Sí, eso ha dicho.-¿Cuánto llevas dentro del reloj?

Mira…sería mejor que se sentara. Sin duda alguna. Pero es que hay cosas de uno que son intrínsecas a su propio ser, y que salen a relucir incluso cuando aparecen de lo más inadecuadas.

Ethan cubre durante un mero instante la mirada con la mano, antes de resignarse.

Se ha vuelto loco. Bienvenida sea la locura.

-Siéntate-le pide.

Da un par de pasos, para alcanzar la aparadora de la sala, y recoge ahora dos copas.

Los cristales de la primera…siguen en el suelo. Eso, si acaso, después del episodio de alucinaciones.

Rellena una y otra, con el mismo licor que antes. Y le tiende una al hada, antes de sentarse en su estimadísima butaca.

       
Dyslaia



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Myshella
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Lun Oct 12, 2020 1:54 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

La reacción del humano fue... muy muy extraña. Como si nunca hubiera visto un hada. ¿Se había escondido de ella detrás de una butaca?
Dandelion no encontraba sentido a su comportamiento, a su forma de mirarla y de comportarse. Era como si le tuviera miedo y a ella no le tenían miedo a menudo... era una sensación curiosa.

- Claro que son de verdad. -Respondió sin más y casi ofendida por la duda.- ¿Hay alas de mentira en este extraño lugar? -Preguntó curiosa, mirando a todas partes, eso sería nuevo. Un avance de la magia, así no seguirían cazando criaturas como ella...

No necesita que le diga que se confunde, sinceramente, se siente muy confundida por la situación. Esperaba salir y darle un golpe al mago como venganza por el tiempo que la había mantenido encerrada. Aunque lo había pasado durmiendo. Y más que golpe sería un intento porque su magia era demasiado poderosa y no podía hacerle ningún daño. Pero pensaba vengarse de alguna manera.
Ya averiguaría cómo.

Pero ese humano decía que el reloj era suyo, como la casa... Pero no había forma de que el mago se hubiera desprendido del reloj sin más, de ella. Tenía que ser una trampa, tenía que haber pasado algo. Quizá aquel hombre fuera descendiente, pero de verdad que no olía ni el más mínimo atisbo de magia en su persona.

Y entonces decidió hablarle un poco más claro. Presentándose por su nombre... intentaría recordarlo mientras estuviera allí. Y diciendo todo aquello de que los magos hacía mucho que no se dejaban ver...- ¿Winterbury? -Preguntó, intentando que aquel nombre tuviera algún sentido.
También le había hecho varias preguntas que la hicieron inclinar la cabeza no entendiendo muy bien a qué se refería. ¿Realmente no sabía nada de lo que ocurría?

- De acuerdo. -Se sentó, acomodando sus alas para que se posaran a ambos lados del asiento y su túnica no le molestara. Le siguió con la mirada hasta que regresó a la mesa con los dos vasos. Cogió el suyo y se lo acercó a la nariz, haciendo una mueca porque el olor le resultó desagradable... así que lo volvió a dejar en la mesa con cuidado.

Pensó que debería responder a sus preguntas.- El mago me dio esta túnica cuando me atrapó. Las hadas no solemos vestir o solo telas muy suaves y transparentes, de colores claros... Esto... es desagradable. -Dijo señalando la túnica a la que le había costado acostumbrarse.
Miró de nuevo el reloj, porque la segunda, era más complicada.- No sé cuánto tiempo ha pasado... El mago me ató al reloj cuando me atrapó. Antes era de arena y... podía ahogarme si él quería y no le daba la vuelta. -Un poco de tortura para ganar voluntades.- Después le dio el aspecto de una casa. -Como el que tenía ahora.- No me dejaba salir salvo cuando él lo deseaba y si detenía el mecanismo... yo me dormía. Es lo que hizo la última vez que me encerró... y no sé cuánto ha pasado o cómo he llegado a ... Winterbury.
       
Dyslaia


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Sáb Oct 17, 2020 1:50 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion

La verdad es que el hecho de que el had...Dandelion, vamos a empezar a hacernos a la idea de que habría que usar el nombre que ha dado, por poco lógico y menos cristiano que ese nombre parezca. La verdad es que el hecho de que Dandelion arruge la nariz ante el vasito de licor y lo deje de lado, a Ehan, en ese instante, le trae sin cuidado.
Él sí que se lo bebe. Un sorbo primero.

Y un trago largo y profundo después, hasta dar con el fondo del vaso, en cuanto la oye hablar sobre sus ropas y sus gustos de hada.

Un trago de golpe, porque o eso o le da un ataque de tos, producto del sobresalto.

¿Túnicas ligeras, o no se visten?

Ethan carraspea, para acabar de tragar, llevándose la mano a la garganta y, por un instante, imagina a Dandelion paseando tal como su madre la trajo al mundo (¿Las hadas nacen del modo tradicional, o salen de dentro de…yo que se…una flor, una semilla?) por Winterbury, entre sus señoras almidonadas, y de poco le da algo.

Claro que podría mantenerla aquí, y…a saber, lo mismo un camisón no le sería terriblemente incómodo, así, como ha dicho. Pero seguiría siendo tirando a indecente. Con él delante, vamos.

El simple hecho de tener una fémina en casa, hada o humana, lo es. Poco adecuado.

Eso es un problema, sin duda.

Claro que técnicamente ella vive en el reloj. ¿Eso sería como tener una inquilina, en el piso vecino?

Ladea el rostro, a un lado y a otro.

Vuelve a carraspear.

Lleva un rato sin decir nada, y la mirada inquisitiva del hada es difícil de ignorar…

Ejem.

Menos mal que estás alucinando, Ethan.  A ver. Comportate. Procura contestar algo con sentido.

-Pues a juzgar por tus ropas…creo que ese sueño debe haber durado, pongamos, unos…¿cuatrocientos años? Algo así.

Que visto así, lo mismo ese mago resulta que era antepasado suyo. Total, ya no viene de una locura más o menos.
-Verás, Dandelion. Las personas de ahora no han visto hadas desde…desde entonces. Así que va a ser un poco complicado todo. Porque…ese mago que tu dices, debe de estar ya más que muerto, ¿no? Y el reloj, insisto, es mío. Es mi reloj. Así que…¿se supone que tu eres mi hada?

¿Le ha tocado un hada madrina? ¿Es eso? Esta no tiene pinta de hada madrina. No sabe por qué, pero algo le dice que no tiene pinta de conceder deseo así, porque sí…

¿Quien le mandaría a él venirse a Winterbury, en vez de, simplemente, partirle la cara al roba-prometidas de turno?
En fin.

Lanza entonces una miradita al vaso que reposa, todavía, en la mesita, junto al hada.

-Vas…¿vas a beberte eso?-porque oye, sinó…a él otro trago le vendría bien.

       
Dyslaia



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Dom Oct 18, 2020 4:29 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

Aquel hombre la desconcertaba un poco. Claro que no es que ella hubiera pasado demasiado tiempo entre humanos. Adoptaba su tamaño, vestía como ellos y hablaba con ellos, pero siempre era cuando el mago la enviaba a manipular a alguno. No era como si hubiera estado muy atenta a sus costumbres.

Pero sí sabía que solían hablar y aquel hombre se había quedado muy callado. Así que le miró, esperando, moviendo la cabeza de un lado hacia el otro.

Entonces le dijo que su sueño debía haber durado varios siglos... quizá eso explicaba por qué el tal Ethan vestía como nadie que hubiera visto o las luces extrañas de las paredes, aunque eso podría ser magia, quizá llamas embotelladas... aún no había podido preguntar.

Cuando mencionó que el mago podría haber estado muerto ya sus alas demostraron que estaba creciendo su esperanza abriéndose ligeramente, tesándose, preparándose para volar como lo hacía su mente al imaginar que era libre. Pero él recalcó que ese reloj era suyo y... aunque fuera una pregunta, que ella era su hada. Sus alas volvieron a caer, como su mirada. Los humanos, aún los que no tienen magia, son seres que solo viven para sí mismos y aprovecharse de los demás.

Empujó el vaso sobre la mesa con la punta de los dedos.- Te lo puedes beber todo. -Pronunció, descorazonada.

Se echó hacia atrás en la silla y miró hacia el techo, pensando. Él no podía ser su dueño, pero si el mago había muerto ella habría despertado y podría simplemente dejar el reloj... pero lo cierto es que aún sentía esas ataduras invisibles.
Decidió explicarse.

- No puedo ser tu hada. Las hadas solo servimos a los humanos que nos atrapan directamente o por una deuda de vida. Y tú no has hecho ninguna de esas cosas, así que no te pertenezco. -Eso para empezar.- Pero el reloj ha seguido encantado y yo sigo atada a él, así que el mago no ha podido morir todavía. O es su esencia lo que permanece aún intacta. -Pensó.

- Solo el mago puede liberarme, por voluntad o por la muerte de su esencia mágica. -Explicó, al ver la cara de incredulidad, claro que la había tenido todo el tiempo así que no estaba segura de si era la suya.- La esencia de los magos se concentra en aquello que usan para hacer su magia, a veces son varitas, gemas poderosas... ¿no tenéis historias de cómo se derrotaron a los magos tenebrosos? -Preguntó sin entender cómo habían llegado tan lejos en el tiempo sin saber algo tan importante.
       
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Lun Oct 19, 2020 6:59 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion


-A tu salud-le dice, alzando el vaso como si brindara con alguno de los señores de la localidad...o como si ella fuera a entender el gesto, que se va viendo venir que no.

Este, se vacía con un poquito más de calma, mientras la escucha.

Al fin…al fin…algo van a sacar en claro. Eso cree. Se conforma con llegar a una o dos conclusiones más o menos coherentes, dentro de la locura en la que se ha sumido.

-Pero…-se siente incluso con fuerzas para llevarle la contraria, fíjate tú-pero discrepo. Si tu estás ligada al reloj, y el reloj es mío, porque lo he heredado yo, tú debes ser algo así como mi hada. Vamos, quien me ha dejado el reloj en herencia, seguramente debía saber que tú ibas incluida en él, ¿no?

No se imagina al tío-abuelo Otto conviviendo con el hada. Tampoco siendo consciente de que la tiene dormida en el reloj.

A ver, un momento. Espera. ¡Si no le conocía! Por lo que le dijeron de él, sí. Sí es posible que estuviera tan rematadamente loco como para saber que tenía en su poder un reloj encantado, y no decir nada.

Mira que si el mago en cuestión era su tío…Porque, ¿tienen los magos manera humana de aguantar vivos un par de siglos? Puede que las rarezas vinieran de ahí.

Entonces, él habría heredado el hada. ¿Y qué se supone que va a hacer él con un hada? Uf. No la va a mandar a tomar viento. No, claro que no. Es...bonita, todo sea dicho. Y parece estar deshubicada, claro. Indefensa.

Bueno, indefensa, indefensa...mucha pinta de indefensa no tiene. Pero eso es porque no sabe la que le espera ahí fuera.

Carraspea.

-Bueno, de todos modos. Creo que deberíamos saber cómo se te puede sacar del reloj, ¿no? Eso, ¿no deberías saberlo tú? –esencias mágicas. Sí, claro. Para encontrar esencias mágicas están ahora, no te fastidia-Me refiero a lo de las esencias. Porque el mago ya hemos quedado en que está muerto-incluso en la alocadísima probabilidad remota de que fuera el tío, está muerto y enterrado.-Claro que te advierto que, como salgas así fuera de esta casa, acabas disecada.

Y no es por asustarla. Pero la ciencia es así. Y ya lo está viendo. Una vitrina imponente en el Museo de Historia Nacional.

Otro trago, el último, y la copa se va a la mesita.

Ethan se pone en pie. Necesitan una escoba. Es hora de recoger esos cristales.

-Un momento-vuelve a pedir.

Y va y vuelve, de la cocina a la salita, escoba y recogedor en mano, a arreglar el desaguisado, mientras piensa en voz alta.

-¿Qué pinta tenia tu mago?¿Se parece al señor de la fotografía sobre la repisa de la chimenea?

El tío muerto y enterrado. Aunque…espera. Él no ha visto la tumba, ni ha estado en funeral alguno. Se fía de la palabra del señor Evans.

-Ah, y no se quien son los magos tenebrosos a los que haces referencia. Nosotros tenemos científicos, médicos y abogados. Magos no. Y relojeros, relojeros como yo. Tendrás que conformarte.

Suena poco glamouroso, pero es lo que hay.

       
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Miér Oct 21, 2020 1:11 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

Dandelion frunció el ceño y cruzó los brazos. Por supuesto que iba a insistir con lo de que le pertenecía, los humanos siempre querían ser los dueños de algo. Todo era suyo. La madera del bosque para hacer su casa, el agua de los ríos para sus molinos... nunca se planteaban a quién podían fastidiar. Eso no había cambiado y seguramente no lo haría, pasaran los siglos que pasaran.

- Te lo repito. No soy tu hada. No puedo serlo porque no es así como funcionan las leyes de las hadas no funcionan así. -Dicho quedaba, se lo creyera o no. Bajó los brazos, sintiéndose más derrotada porque aunque no le perteneciera, sí que estaban unidos de alguna forma.- Que tú tengas el reloj y que hayas podido arreglarlo solo hace que, si decides quedártelo, seas la única persona a la que puedo acudir. -Su mirada fue al reloj, sería tan sencillo si no dependiera de él.- Supongo que si ha pasado tanto tiempo... nadie sabría ya que yo estaba dentro, hasta se puede decir que he tenido suerte de que nadie lo rompiera por ser bonito. -Suspiró con un poco de tristeza.

Y sí, claro, ella sabía cómo podía liberarse de aquel encantamiento, pero era imposible que consiguiera hacerlo sin el mago o sin su esencia. Lo que parecía que no podría encontrar en ese mundo humano tan distinto del que ella conocía.
Pero levantó la cabeza un poco cuando dijo que si salía ahí fuera estaría disecada.

- ¿Lo dices por las alas? -Preguntó, levantándose para abrirlas un poco y hacer que se replegaran.- No es un problema, puedo esconderlas. Y también podría encoger mi tamaño hasta... más o menos este. -Indicó abriendo sus dedos lo que debían ser entre 10 y 15 centímetros.- Las hadas no hemos sobrevivido tanto sin aprender cómo mezclarnos u ocultarnos. -Era muy difícil no sacar algo de su orgullo al hablar así, aunque por lo que él había dicho, quizá las hadas que quedaban estaban muy muy bien escondidas. Volvió a extender sus alas.- Aún están doloridas después de tanto tiempo paradas. -Volar un poco sería lo ideal, pero entendía que no podía hacerlo en aquel sitio.

No tiene problema en esperarle cuando sale, y en parte se pregunta si sería de mala educación pedirle algo de comida, quizá un terroncito de azúcar, o un poco de té de flores...
Se gira frunciendo el ceño al escuchar su pregunta sobre el aspecto del mago y algo de una fotografía -sea lo que sea eso- en la chimenea.

Se acerca con paso decidido, cogiendo el cuadrito y pasando sus dedos por el marco y el cristal que contenía la fotografía.- Que retablo tan curioso -Comenta, dado que no parece pintado y es un reflejo muy realista.- Pero no, este señor no se parece al mago. Parece buena persona. El mago era alguien terrible, muy serio y solo su mirada asustaba como sus intenciones oscuras. -Contó.- ¿Quién es?
       
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Jue Oct 22, 2020 3:50 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion


Las leyes de las hadas no funcionan así.
¿Acaso espera que él tenga idea alguna de cómo funcionan las leyes de las hadas? Es más ¿qué lógica pueden tener las leyes de unos seres que ni siquiera existen? No para el mundo real. Esto, lo que está sucediendo en su salón, es un error en la lógica humana. Un lapso temporal, la excepción que confirma la regla. Y, como excepción, puede que esté sujeta a su propia coherencia. Pero sigue estando completamente seguro de que las hadas no se rigen por leyes que tengan, al menos, validez como tales.

Aunque da igual, y no va a discutírselo más. Porque, tal como bien dice ella, resulta que ese reloj sí es de su propiedad, funciona gracias a él, lo que le convierte en responsable de haberla despertado, y en la única persona a la que puede recurrir ahora mismo. Ergo es su hada.

-Bueno, de acuerdo, está bien-una manera quizá un pelín confusa de resumir ese “sí eres mi hada”, ¿no, Ethan? Tan confusa como asumir que las hadas, así en plural, tiene leyes.
-Pero soy tu anfitrión. Es decir, tú eres mi huésped.

Hadas.

-Entonces…-aquí cada pasito adelante implica otros tantos a un lado, al opuesto, e incluso atrás, en cuanto a entendimiento se refiere-¿Dónde están tus compañeras?¿Porqué no pueden ayudarte ellas?

Esto va a ser el cuento de nunca acabar. Hay que centrarse en algo útil.

-Oh, ¿puedes recogerlas? Eso será muy útil. Pero no, no te hagas pequeña. Al menos, no por ahora.
Vamos a ver, vamos a ver…


¿Qué van a necesitar?
Hay una habitación de invitados, en la casa. ¿O preferirá dormir en el reloj? No, debe tenerlo muy visto. Debe ser estrecho.

-¿Tienes hambre?-esa es una buna pregunta para un invitado. Espera… frenazo en seco, y voz dubitativa-¿qué comen las hadas?

¿Y qué más? Necesitan a la modista, y hay que buscar una excusa creíble.

¡Hay una señorita en su casa!

Se fija entonces en el tono de piel del hada. Ay. No cuelan como parientes. O sí, si le echan imaginación. O desparpajo, simplemente desparpajo. Nada como afirmar algo con total seguridad para que los demás no tengan opción a contradecirte.

Otra idea sería ver si el hada posee algún don apropiado para estos menesteres. Pero es que en el ordenadito mundo del relojero, esa posibilidad no existe. Y el hombre no llega a pensamiento parecido, ni remotamente.

-El de la fotografía es mi tío. El anterior propietario de esta casa, y el señor de quien he heredado el reloj-explica.

Al menos no es el mago famoso. Así que probablemente sí esté muerto. Mañana irá al cementerio a comprobarlo. A ver la tumba, vamos.

A todo esto…¿qué hora debe ser?

Mira el reloj. Las seis en punto. Casi, casi, hora de cenar. En casa de un señor decente se cena sobre las siete.

Pero esto significa también que les queda una hora de margen antes de que las cuatro tiendas del pueblo cierren, por un lado. Y que la falta de luz callejera (las farolas encendidas en la calle, excepto ese par que ya no iluminan bien, porque no prenden debidamente, cuando pasa el farolero, y que están pendientes de ser arregladas) incluso puede ayudarles. Porque podría prestarle un abrigo. Tiene dos…

Y alcanzar a la modista, o mejor la mercería y comprar una falda y una camisa, o algo así.

-Mientras buscamos a tu mago o lo que sea, si vas a quedarte aquí, necesitaríamos que parecieras una humana. Creo…creo. ¿Te parece si vamos a buscarte ropas adecuadas?

       
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Sáb Oct 24, 2020 1:48 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

Lo pensó durante un momento, pero terminó asintiendo. Sí, tenía sentido que fuera su anfitrión en cierto modo, si eso significaba que iba a ayudarla. Y porque parecía estimar demasiado la propiedad de ese maldito reloj...

Cuando preguntó por el resto de las hadas, sus manos apretaron un poco la tela de su regazo, porque no quería hablar de eso con él. No quería pensar que puede que ellas también hubieran desaparecido como el mago. Pero no tenía por qué haberles pasado eso, estarían escondidas en algún lugar, seguro que sí.
- No sé donde están, seguramente tuvieran que buscar otros bosques en los que esconderse para sobrevivir. -Claro que tampoco estaba muy segura de si Wintersbury estaba muy lejos de casa o dónde, porque el nombre no lo conocía.- Pero tampoco puedo ir con ellas hasta que no sea libre. -Miró el reloj con acritud, era su prisión, la había mantenido durante siglos separada de todo lo que quería.

Le miró mientras recogía los trozos de cristal del suelo y le preguntaba si tenía hambre o qué le gustaba comer.- Sí que podría comer algo. -Respondió, tampoco queriendo parecer ansiosa.- Las hadas comemos todo tipo de frutas, también algunas semillas y frutos secos. Y té de flores... -Añadió, pensando que los humanos solían tener algo de eso.- También nos gustan los dulces, pero eso es más difícil de conseguir. -A ella le encantaban y muchas veces se había acercado a la aldea vecina al bosque solo para poder oler cuando alguien hacía un buen pastel... no en pocas ocasiones habían encontrado que faltaba algún trocito y huellas de hada al dejarlo enfriar en la ventana.

Le miró cuando dijo que el del raro retablo era su tío, quien le había legado la casa y el reloj. Le miró entrecerrando los ojos. Sí, quizá cuando fuera un anciano también parecería más amable a simple vista. Ahora era... atractivo en cierto modo, pero no confiaba en él todavía.

- Parecer más humana... -Frunció los labios. No le gustaba parecer más humana. Pero terminó levantándose y recogiendo sus alas de nuevo.- Sí, supongo que puedo tener ropa así... aunque tu ropa me quedará algo grande. -Porque, claro, en la cabeza del hada solo estaba la idea de que él le legaría algo propio, o que no le sirviera o quisiera, igual que había hecho el mago con aquella túnica. Pero él era mucho más alto que ella, así que le quedaría bastante grande todo.
       
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Dom Oct 25, 2020 7:07 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion


No faltan bosques, entorno a Winterbury...los ha pasado, al llegar aquí, no hace tantos días, y le han parecido bastante más frondosos –copas altas, intensas tonalidades de verde, caminos pequeñitos que se pierden en su interior- que los que rodeaban Newville. Aquí se habían dedicado poco a la tala, des de luego.

Así que la posibilidad de que diminutas hadas no vinculadas a artefactos mecánicos se refugiaran entre esas ramas…no le resulta demasiado extraña.

-Puede ser…-musita. ¿Significa eso que debe llevarla al bosque a explorar? No ahora, desde luego. No a estas horas.

Y, claro, está eso de las leyes de las hadas. Por lo visto, no podría unirse a sus congéneres sin arreglar lo que sea que ha dicho que debería quedar del dichoso mago.

Quizá podría escribir un cuento con esto. Mira, pudiera ser una opción. Un relato de fantasía que se leyera en las escuelas.

Lo está imaginando ya. ¿Cómo lo titularía? ¿El hada en el reloj? No, ese es un nombre poco original. Habrá que ver cómo llegan a tener un desenlace medianamente coherente con todo esto, antes de ponerle título a su futuro éxito literario.

De momento, habiendo dejado al lado el recogedor, hay que prestar atención a qué ofrecer a la invitada para comer.

-Oh, ¡excelente!-exclama, casi aliviado. Porque tienen pastelitos, claro. Tiene las pastas del té, como no. ¿Qué casa que se considere medianamente normal no tiene pastas del té?

Puede que él viva solo. Puede que le asista la señora Grey, como ama de llaves o algo parecido. (Señora que, por cierto, se presentará aquí mañana por la mañana. POR ESO hay que vestir ya a Dandelion debidamente) pero, ¿cómo no iba a tener pastas del té, a ver?

Alza un dedo al aire, en dirección al hada.

-Un…otro momento-no sabe cuántos lleva ya. Pero ya que está, se va a llevar consigo el recogedor con los cristalitos.

A la vuelta, esta vez trae consigo un par de pastitas de té, y un par de tazas, sobre una bandejita.

-No es flores, creo. Creo que es…ay, no estoy seguro. Pero es dulce, seguro que te gusta. Está recalentado, porque lo hizo la señora Grey…y aún así creo que servirá.

En la bandejita viene también el azucarero, repleto de terrones, y un par de cucharillas.

Ethan lo deja todo sobre la mesita, y sirve dos tazas de té, de las que tiende una a Dandelion.

-¿Uno o dos terrones?-pregunta-y, siento insistir, pero deberíamos darnos prisa, porque es necesario salir…-vuelta a mirar al reloj-ahora, en nada..diez minutos.
De hecho, haciendo alarde del nerviosismo tan compulsivo como productivo en el que ha enfocado esta nueva locura suya, suelta la taza sin tomar ni un solo sorbo él, y se va a recoger el abrigo sobrante.

Abrigo negro, de corte austero y ámplia solapa, muy adecuado para un caballero, que le tiende a Dandelion.
Se detiene a mirarla, y recuerda entonces una parte de la contestación de ella que no ha acabado de procesar. Justo por lo…rara que se le ha antojado.

¿Cómo va a vestir a una señorita de caballero, a ver? Qué raras son las hadas, de verdad.

-Claro que no vas a llevar mis ropas-protesta, casi-no sólo no te sentarían bien, sería de lo más extraño. No, no. Esto sólo es para que te puedas tapar las alas ahora. Nos vamos a la mercería.

Nueva pausa, y de vuelta a sentarse, aunque siga sin hacerle ni caso a la taza de té que se ha servido.

-¿Sabes lo que es una mercería? Vamos a comprar una falda y una camisa, lo imprescindible, para que mañana puedas vestirte de…humana-eso es, de humana-y entonces iremos a la modista. Y hay que decirle a la señora Grey que eres mi…-¿qué, sobrina, prima? ¿Qué?-prima segunda.

Los parentescos, deben funcionar igual, ¿verdad?

-Que has venido a pasar una temporada, desde las…-¿desde donde?-desde las colonias orientales-eso servirá. Un sitio lejano, al que ningún presente haya podido viajar ni por asomo. Y ya está.

-Y que te llamas...a ver, necesitamos un nombre humano-hay que mentir un poco, espera que lo entienda...--¿Emilia, Sarah, Melody? ¿Qué te gusta más? Vaughan, por supuesto.

De nuevo, se pone en pie. Coge su abrigo y su sombrero.

La mira, ahí, donde la ha dejado…con el té y los pastelitos.

Hay fruta, cree. Podrá improvisar una cena de su agrado. Eso espera. También puede que lleguen a tiempo de recoger algo del colmado, sinó.

-¿Nos vamos?

Es entonces cuando le asalta la última, aunque más importante, de las dudas.

Lanza una mirada a la pared.

-¿Hay…tenemos que llevarnos el reloj?-es decir, ¿hasta dónde puede ella ir, sin ese reloj?

       
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Miér Oct 28, 2020 1:30 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

Dandelion no tuvo problema en esperarle durante otro rato, sobre todo sabiendo que iba a traerle algo de comer. Por lo que había dicho, parecía que no iba a ser un problema muy grande. Casi le había parecido aliviado de saber que tenía algo que pudiera gustarle, lo que se le hacía un poco raro también, tenía que reconocerlo.

Cuando regresó con la bandeja, los ojos del hada se centraron en las galletas, pequeñas, pero de aspecto dulce que traía. Así que tampoco le estaba prestando mucho oído a sus palabras sobre el té o si era recalentado o no.
Hasta que le preguntó si quería uno o dos terrones.- Dos. Cuanto más dulce mejor. -Sonrió, por fin decidiendo alargar la mano para coger una de esas pastas, al ver que no iba a molestarle que lo hiciera.- Están muy ricas. -Comentó cuando terminó con la primera y cogió la segunda.

Después cogió la taza con las dos manos, notando la calidez de la misma y aspirando el aroma, no era de flores, pero no parecía que fuera a estar malo. Removió la cuchara, como le había visto hacer a él y dio un sorbito, pequeño porque lo que le decía sobre la ropa la estaba distrayendo y no le entendía muy bien.
¿No iba a darle ropa que ya no quisiera? Pero si le ha dado una... cosa que parece una capa pero con mangas y botones. Los botones son graciosos.

- ¿Vas a comprarme ropa para mí? -Preguntó entonces, cuando entendió sus intenciones y eso de la mercería. Le miraba sin comprender lo que pretendía hacer, porque el mago jamás habría gastado su oro en ella y aquel chico que ni siquiera era su amo quería comprarle ropas humanas para que pareciera una humana.- Nadie me ha comprado nunca nada.
Todo lo que dice apenas le resulta importante comparado con esa extrañísima muestra de generosidad. Además de que lo dice tan rápido y es todo tan confuso que va a necesitar tiempo para comprenderlo del todo.- Intentaré hacer lo que dices.-De momento, y siempre que fuera para que la ayudase a cambio, al menos podía no meterle en líos, porque por lo nervioso que parecía, quizá es que su presencia fuera un problema para él, no lo entendía.

Hasta que ya está preparado y ella coge su última pastita antes de intentar imitarle con cómo se ha puesto esa cosa áspera y oscura. Mira entonces el reloj, cuando preguntó.- Creo que no. El reloj me deja alejarme una cierta distancia... en la aldea en que vivía era hasta las afueras. ¿La... mercería queda muy lejos? -Preguntó, dudando, porque quizá estaba lejos y eso significaría que en algún momento iba a sentir esa opresión que no la dejaba avanzar más... no quería eso de nuevo.
       
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Sáb Oct 31, 2020 1:39 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion

De entrada, le tranquiliza ver que las pastas son de su agrado. E incluso sonríe, tomando nota mental de ese cuanto más dulce mejor.

Esta parte...cree que ya la tiene controlada.

No se le va a morir el hada de hambre. Bien.

Luego, viene la parte dos.

Nadie me ha comprado nunca nada.

Esa sentencia tiene la virtud de detenerle, cuando ya iba decidido a emprender camino.

Se ha acordonado debidamente su abrigo, y tomado su sombrero- imprescindible, en la indumentaria de un señor como él, sobre todo a estas horas- cuando frena el paso de golpe y parpadea un tanto.

¿Quiere decir, comprar, puramente, o hacer con intención de que fuera para ella? Porque imagina que en otro momento, las ropas, obviamente, más que ir a comprarlas, sería cuestión de hacerlas. Si estuvieran en su casa, su madre podría coser un vestido para Dandelion con mucha más maestría que la modista, está seguro. Y eso que a la modista, por supuesto, él no ha ido. Da igual. Que el sastre, válganos la equivalencia. Que su madre cose de maravilla.

Pero se teme que eso es a lo que ella se refiere. A que no ha poseído nada que fuera expresamente hecho para ella.
Y, mira, ahí, el hombre se ablanda. Se siente mal, por lo que ese supuesto mago-viejo chocho o lo que fuera, pudiera haberle hecho al hada.

La observa, poniéndose a su vez ella el abrigo.

Duda un instante, pero…se acerca, y señala el botón.

-Está mal abotonado-le dice-te has saltado el primero.
Alarga la mano, así, con muuucho cuidado, por ver si la ofende. Y, una vez puesta el hada sobre aviso, corrige la botonadura, antes de volver a apartarse de ella.

Carraspea.

-Ejem. No, no puedes vestir cosas que son de otros. No te sentarían bien, no te serían cómodas. Así que claro que vamos a ir a comprar. Pero es tarde…hoy nos conformaremos con una muda. Y mañana visitaremos a la modista, porque vas a necesitar algunos vestidos más. Porque...porque no creo que encuentres- se detiene, a corregirse a sí mismo sobre la marcha-que encontremos a tu mago en tan sólo uno o dos días.

Realmente, está bastante convencido de que lo que van a encontrar es una tumba. Una cochambrosa y cubierta de musgo, en cuya lápida cueste leer el nombre de quien en ella yace.

¿Cómo ha dicho que se llamaba el mago? ¿lo ha dicho? ¡Ay! no lo recuerda.

-Bueno, vámonos, entonces-sentencia, ofreciéndole el brazo, tal como está mandado.-esto debe ser parecido. Quizá unas calles.

Y así, la acompaña escaleras abajo, a atravesar la relojería, y alcanzar la calle.

Una calle ya oscura, en donde las farolas-las que sí funcionan-proyectan pequeños círculos de sombras a sus pies.

-Es un alivio no tener que cargar el reloj…-nueva duda que cruza su mirada-¿y si nos pasamos de distancia, cómo lo sabrás? ¿no puedes caminar más, como si chocaras contra una pared invisible, o algo así?

Debe ser un tanto parecido a eso…¿no?

Lo cierto es que la mercería está dos calles más allá, no demasiado lejos.

Tan cierto como que la señora Patson, cuando le ve llegar acompañado, se queda tan perpleja que no se detiene en disimulo alguno, y viene ella a abrirles la puerta.

-Señor Vaughan…¡qué sorpresa! Ya no esperaba a nadie, la verdad…¿puedo servirle en algo?

-Sí, sí que podría, señora Patson. Disculpe las horas. Es que…es que ha llegado mi…-¿su qué? ¿en qué han quedado?-mi sobrina segunda, la señorita –ay, que tampoco ha elegido ella nombre. Pues nada, lo primero que le venga a la mente-Daisy-Eso se parece a Dandelion un poco, ¿verdad?-Daisy Vaughan.Y su equipaje se ha perdido en el viaje-a ver si cuela-y claro, tenemos una urgencia. ¿Puede usted atenderla, por favor?

Si la señora Patson se hace cargo, él puede sentarse en la silla al lado de la puerta y esperar a que el hada elija.

Casi mejor, eh. Que Ethan no ha elegido ropa para una dama en su vida, e iba a sentirse un poco raro ahora.
Claro que…habrá que supervisar. ¿Sabe un hada lo que viste una señorita decente?
Bueno, no pasa nada. La señora Patson sí lo sabe.

       
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Mar Nov 03, 2020 6:52 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

Se miró a sí misma un momento cuando Ethan dijo que no está bien abotonado, no entendiendo del todo lo que quería decir, pero le dejó acercarse y corregirlo. Le era complicado estar cómoda con esa cosa. Al menos había hecho que sus alas desaparecieran y no dejaba ver mucho su túnica bajo la tela oscura. Y era calentita.

Él le explicó por qué según su forma de ver las cosas, que era un poco curiosa para el hada, no podía llevar ropa de otra gente. Y que iba a necesitar una muda y vestidos mientras estuviera con él. Dandelion se sentía más conmovida por la preocupación de aquel hombre por ayudarla así... después de lo reticente que parecía al principio.

- Gracias, Ethan. -Le dijo cuando terminó esa explicación.- Intentaré portarme bien y no buscarte ningún problema. -Aunque igual resultaba difícil, porque crear problemas era su especialidad. Pero lo iba a intentar por él.

Cogió su brazo, casi con cuidado. Tampoco es que hubiera ido del brazo de nadie nunca, así que lo agarró con las dos manos. Era un poco raro, pero bueno. Cuando por fin salieron al exterior pudo ver el cielo y sus deseos de salir volaron se intensificaron con fuerza. Ir del brazo de Ethan era lo que le hacía recordar que no podía extender sus alas y alzarse en el aire sin más.
Pero no dejó de mirarlo mientras caminaban. Claro que las farolas llamarían su atención si se fijaba un poco más, pero el cielo era lo que de verdad quería alcanzar en ese momento.

Hasta que Ethan le preguntó por los efectos del reloj y bajó los ojos al suelo.- No... no es como si chocara con algo. Es... como si me apretasen por dentro. -No sabía muy bien cómo explicarlo.- Conforme me alejo del reloj voy sintiendo una presión en el pecho. Es soportable a una distancia normal, pero a medida que es mayor, la presión crece también hasta dolerme o impedirme respirar. -No era muy agradable contar aquello.- Lo intenté varias veces al principio y siempre terminaba perdiendo el sentido. -Añadió muy bajito, pensando en cómo se había intentado resistir a aquella tortura que era estar encerrada y en posesión de otra persona.

Al final llegan a la tienda que el hombre había dicho y ella se queda en silencio, pero intentando parecer agradable para la señora que les atiende. El relojero la presenta como una sobrina o algo así y con un nombre que no le gusta mucho, pero como ha prometido hacer el intento de no meterle en líos no arruga la nariz.

Le señora indica que la siga para preguntarle sus medidas y lo que necesita y ella se muerde el labio inferior no sabiendo muy bien qué responder a eso. Pero recuerda que había personas que no compraban sus cosas en su tiempo, quizá pueda ser una de esas personas.- Lo cierto es que no me suelo ocupar yo de estas cosas, señora. Espero que usted pueda ayudarme. -Su tono de voz era dulce para el oído humano, casi meloso y ellos hacían cualquier cosa que les pidiera si estaban en el estado adecuado.- Tampoco quisiera que mi... tío gastara demasiado en mí, puede hacerse cargo de la situación, ¿verdad?

La señora Patson pronto hubo tomado las medidas que necesitaba de la joven y dispuesto un par de mudas de medias y ropa interior, enaguas y faldón, camisa y corpiño. Diciendo que ante una situación así podía rebajar el precio de las prendas y prestar su ayuda si necesitaban algo más.
       
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Jue Nov 05, 2020 9:20 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion
Debiera sonreír, satisfecho, y agradecer el su declaración de intenciones con respecto a su comportamiento, pero la verdad es que…sonrisa medio congelada en el rostro, la mira así, de reojo, de medio lado…con cierto disimulo, a lo largo del camino que hacen, con ella del brazo, como si de verdad fuera una fémina de su familia.

Intentaré portarme bien.

Ha dicho que intentará portarse bien. ¿Había otra opción, es que pensaba portarse mal? ¿Iba a hacer qué?

Será una frase hecha, se referirá a que ha de hacer un esfuerzo por parecer humana, la pobre.
Será eso.

Porque…¿tenía intención de otra cosa?

Las leyendas, los cuentos, dicen que las hadas tienen una moral propia. Que no miden el bien y el mal del mismo modo que los humanos, y que suelen tergiversar las cosas a voluntad, llevándolas al terreno que desean.
Técnicamente, hacen lo que se les pide. Sólo que el cuidado que hay que poner en ese lo que se les pide es…colosal.

Vuelta a mirarla.

Pero…¿a qué ha venido eso?

La ligerísima opresión de sospecha –o augurio-en el pecho, desaparece cuando ella relata el modo en que la afecta alejarse del reloj.

Qué barbaridad, que personaje tan siniestro el mago.
Uf. Casi tanto como haber aceptado su existencia.
Vaya nochecita de locos.

Ethan no dice nada, pero anota bien que, en caso de necesidad, ante la duda, es mejor cargar con el dichoso reloj.

En fin, ya está.

Volvamos a esa silla tan bien colocada en la entrada de la mercería, y a la señora Patson atendiendo a su nueva clienta.

La dueña de la mercería no hace mayores peguntas ni cuestiona horas de llegada de la sobrina.

Sobre todo, porque cuando Ethan se acerca a pagar la cuenta –y a agradecer la amabilidad del ajuste de precio- la señora ha hecho un buen negocio a unas horas en las que ya no contaba con atender ningún cliente hoy.

Así que nada como las monedas contantes y sonantes para ganarse la simpatía, y esperemos que la discreción, de la mujer. Si ella da por válida la explicación mañana en la plaza, las demás también lo harán. Como buen gallinero, todas a una.

Que si necesitarán algo más.

-Pues si no le importa avisar a la modista, podríamos volver quizá mañana, a acabar de arreglar este entuerto. Quizá un vestido y, desde luego, precisará una capa o abrigo –las mira a las dos. A la una, y a la otra.

Y la verdad, no sabe por qué está pidiendo opinión a Dandelion, porque ya está claro que el hada no es una entendida en moda femenina. Al menos, no de este siglo.

Pero es ella quien va a llevarlo, así que...

Obviamente, la señora Patson responde afirmativamente y establecen que mañana, a eso de las once y media, volverán a visitarla. Ya, con más calma, que la cuestión de la pérdida de equipaje ha quedado solventada.

La señora les despide amablemente y, en esta ocasión, cierra la puerta del negocio.

Cuando vuelven a salir a la calle, es Ethan quien carga con el paquete que la dependienta ha preparado.

Mira entonces, dudoso, a lado y lado de la calle.

-Esto…Dandelion. Quizá pudiéramos llegarnos hasta el camposanto; está junto a la iglesia, y eso sigue dentro de los límites del pueblo. Querría comprobar una cosa-la tumba del tío, por si acaso, vamos- y desde luego, en caso de sentir opresión, podrías avisarme y daríamos media vuelta. Además-vamos a lanzar una propuesta al aire, así a lo tonto-no creo que entre los cipreses te viera nadie…si es que precisas estirar esas…ya sabes. Alas.

Porque, eso…¿es como la necesidad de estirar las piernas, o no?

 
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Jue Nov 12, 2020 1:21 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

De nuevo, dejan que Ethan y la señora de la mercería hablen y decidan por ella, porque no tiene mucha opinión sobre las ropas o cosas que necesitaría una mujer en aquellos tiempos tan extraños. Sigue sin hacerle gracia el hecho de que decidan por ella, pero ha prometido que no iba a meterle en problemas, así que toca cumplir y esperar.
El paquete es abultado, pero no parece muy pesado y Ethan lo carga sin discutir, pese a que a ella no le importaría hacerlo. Ahora camina a su lado de vuelta y trata de contener ese pinchazo que siente en el corazón al mirar el cielo, se siente impaciente, pero no dice nada, solo aprieta sus labios y sigue mirando el suelo, esa piedra que van a recorrer sus pies.

Levanta la vista al escuchar de nuevo la voz de Ethan. Le escucha hablar de visitar un sitio, que no queda lejos... porque tiene que comprobar una cosa. Asiente con cierta gratitud cuando dice que si se siente mal se lo puede decir y volverían al reloj. Ethan tiene ese tipo de cosas que le hacen parecer amable, se va dando cuenta el hada de ello.

Pero en el momento en que habla de la idea de que pueda estirar las alas, su rostro muestra completamente su emoción.- ¡DE VERDAD! - No logra contener el grito que sale de su garganta, pero ella misma se tapa la boca después con las dos manos, dándose cuenta de que se ha pasado.- Lo siento. -Musita.- ¿Pero de verdad puedo volar? ¿Nadie nos verá? ¿No te meteré en problemas? -Quiere asegurarse, aunque lo cierto es que ya siente el cosquilleo de que tiene que hacerlo sí o sí.

Cuando llegan al cementerio, el sitio que ha dicho el joven, mira los árboles, son enormes... si no vuela muy alto, sí, podría no verla nadie más. Y no parece que mucha gente visite aquel parque lleno de piedras, que para ella significan poco, y estatuas.
Entonces, no se lo piensa más y se quita aquel abrigo que la cubre para dejarlo en los brazos de Ethan y extender sus alas, casi sintiendo como si sus pulmones se ampliaran y pudiera respirar con más libertad al hacerlo. No tarda en comenzar a batir, despacio al principio, elevándose ligeramente del suelo.

Es cuando ya está algo alejada de Ethan que sus alas se vuelven más rápidas y puede volar con velocidad, de un lado a otro de aquel sitio, entre los cipreses, disfrutando de la brisa que corría, siguiendo las corrientes y viendo a Ethan moverse por allí. Entonces se da cuenta de que aquellas antorchas extrañas que había en casa del hombre y en las calles, también están ahí y no consigue contener su curiosidad, por lo que termina acercándose a una y abriendo una puertecita... Se hace pequeña y entra en el sitio para ver la llama que ahora es enorme en comparación con ella, pero no había madera, ni cera ni hilo... solo una cosa metálica abajo que tuvo que tocar.
Y como una pequeña polilla salió disparada en dirección contraria, mientras intentaba aliviar el calor de sus manos, chocando contra Ethan.

- Lo siento. -Dijo, con una voz mucho más aguda por su tamaño diminuto- Quería saber con qué magia funcionan las luces extrañas.
       
Dyslaia


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Sáb Nov 14, 2020 3:39 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion
La alegría de Dandelion es contagiosa, y Ethan la recibe a medio camino entre la sorpresa, el alivio por el acierto, y un punto de entrañabilidad.

Porque la reacción del hada ha sido casi, casi, la que hubiera podido uno esperar en una niña.

-No creo…-¿Quién va a rondar el cementerio a estas horas?

Así que, bastante orgulloso de sí mismo, por el simple hecho de haber acertado en esto, el vuelo, que ella necesita, el relojero la conduce hasta el camposanto –cuya puerta permanece ajustada, pero no cerrada, a lo largo del anochecer y probablemente también de la noche- y confirma, al alcanzar los primeros cipreses, que no…que entre esas ramas, difícil iba a ser que la descubrieran.

Recoge, solícito, el abrigo que viene de vuelta, y observa anonadado (ahora es él el chiquillo ensimismado) cómo emprende el vuelo.

Bueno, habrá que dejar que disfrute, tanto tiempo encerrada…

Sonríe para sí, apartando la mirada. Pues, en cierto modo, tiene la sensación de estar entrometiéndose en un instante privado. Y eso, con una señorita, es de lo más inadecuado.

Él tiene que localizar una tumba. La del tío Otto.

Más cuando ha dado unos cuantos pasos entre las lápidas, alza la mirada para asegurarse de que Dandelion sigue ahí.

Y, entonces…¡espera!¿qué hace?¡Hay! Que le momento en que salió del reloj pasó como un rayo, y él no prestó demasiada atención al diminuto tamaño. Vamos, hasta que se le plantó ante las narices, a tamaño humano.
¡Y ahora, va ella y se encoge otra vez!¡Otra vez!

A Ethan el corazón le da un vuelco.

¡Si tiene el tamaño de una polilla! ¿Y si se pierde? O, o….¿Y si aparece un pájaro y se la traga, pensando que es una luciérnaga?

¡Ay!

Espera. ¡Esto es mucho peor!

¿Qué hace, metiéndose en la farola?

Abrigo y paquete caen al suelo, en un plof seco, y el pobre relojero alza la voz, llamándola en poco menos que un grito.

-¡Dandelion!

Al pie de la farola, Ethan está por trepar por el pie del artefacto. No es preciso.

El hada cae, y él está ahí para amparar la caída.

-¡Pero cómo se te ocurre!-espeta, antes de que el fugaz pensamiento de que quizá no supiera ni que era eso pase por su mente. Pero, a ver, ¡antorchas prendidas en las paredes sí debía haber, antes de que se quedara encerrada!

Toma las manos del hada, enrojecidas.

-¡Te has quemado!

Entre el vozarrón que él ha dado y el trémulo vaivén de la luz durante el altercado, provocan que se oigan pasos en el primer piso de la casa anexa al camposanto; la del enterrador.

Y una luz se enciende, en una ventana que debe ser el dormitorio.

Ethan empuja a Dandelion a la sombra que proyecta uno de los cipreses, justo cuando la ventana se abre y una cabeza asoma, a mirar a fuera.

Unos segundos de silencio, antes de que se vuelva a cerrar.

-Hay que ir a visitar al médico inmediatamente-anuncia el relojero, estirando de ella ahora en la dirección opuesta.

De camino a la puerta, recoge al vuelo paquetes y abrigo, que le es devuelto al hada.

-¡Cuando vea la señora Patson mañana que te has quemado las manos! Ay…¡que las farolas arden!¿te duelen?

Cómo no le van a doler…

En un par de zancadas, estarán golpeando con la aldaba la puerta pertinente.

Entre als compras a las tantas y la visita, accidente de por medio, a la hora casi de la cena a casa del doctor, el pueblo va a tener comadreo para, al menos, al menos, un buen par de semanas. La fama de loco del tío Otto se va a quedar en nada.

 
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Sáb Nov 21, 2020 8:09 pm por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

Cuando se disculpó, voló un poco para regresar a su tamaño humano sin hacerlo encima de Ethan, que tan pronto la está increpando como cogiendo sus manos para comprobar que se ha quemado. Le duelen, no mucho, por ahora, pero le duelen... y se están poniendo rojas.

No le está gustando mucho este mundo nuevo en el que se ha despertado, la verdad. No hay magia, las luces son extrañas y tienen cosas de metal que queman... Ethan la regaña y la empuja hacia un lado. ¡No le gusta nada este sitio!

Tiene el rostro fruncido cuando el relojero le devuelve el abrigo. Se lo pone a regañadientes y sin cambiar su expresión. Y la sigue regañando y eso la enfada todavía más. Porque no es como si ella se hubiera quemado a propósito, si se lo hubiera explicado todo no habría pasado nada malo. Y no le dolerían tanto las manos. ¿Y por qué es tan importante lo que diga la señora esa o nadie? La que se ha quemado ha sido ella.

Pero ha prometido que se iba a portar bien, que lo intentaría, así que le deja llevarla a la carrera hasta esa otra puerta.- ¿Qué tengo que decir de lo que ha pasado? -Pregunta en un murmullo, su tono de voz ha cambiado, mostrando que sus emociones son negativas. Puede decir que está enfadada, dolorida, cansada, triste...
- Igual es mejor que seas tú el que hable. -No sabe si los humanos se queman las manos con algo, pero supone que deben hacerlo y que será más fácil mentir que decir que se ha encogido y entrado en ese sitio raro.
       
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Lun Nov 23, 2020 8:15 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion

Decir...no, mejor que ella no diga nada.

Es lo primero que está a punto de decir Ethan, antes de recapacitar y caer en la cuenta de que...¿Qué más da eso?

¡Se ha quemado las manos! ¡Ay! ¿Quién podria haberlo imaginado?

-No te preocupes-masculla, mientras su vocecilla interior va relatando.

Uno no espera que el hada que le acaba de caer de dentro de un reloj, así, literalmente, se le vuelva pequeñita y se meta dentro de la farola del cementerio. ¡De la farola!
¿No ha visto que eso hacía luz, que era rojizo?
TODO lo que hace luz, quema.
Primera premisa.

La culpa es suya, no la vigila lo suficiente.

Ale, ya está dicho.

¿Debería haberle advertido de cuantos artefactos les rodean, y no existían la última vez que vio el mundo, antes de quedar atrapada en ese reloj?

Ya pensará después en lo que va a suponer esta tarea, la de readaptarla al tiempo actual.

De momento, ahí están.

Mientras la mente del relojero va y viene en un sinfín de sinrazones, ellos dos han acabado dentro de la consulta de un doctor que les recibe ya en bata y zapatillas, porque el buen hombre no pensaba tener visitas ya y, mayor como está, agradece llegados a este momento del anochecer el calor de la guata.

Mientras el médico, solícito, atiende con amabilidad a la señorita Daisy Vaughaun –de quien ha oído hablar hace apenas un ratito, cuando la señora Patson ha venido, justamente, a pedirle una tacita de sal a su señora…y ya de paso a darle las nuevas del pueblo- y le aplica una pomada, y le venda las palmas de las manos, recomendándole que se aplique la misma crema, que ahora se la dará, y cambie esas vendas, durante los próximos días, Ethan permanece un poco por detrás, de pie y observando, más desconcertado que antes, si es que esa posibilidad tiene cabida.

El doctor está siendo extremadamente amable y paciente, y ha recolocado ya, con esta tres veces, sus pequeñas gafitas redondas sobre el puente de la nariz.

Ethan juraría, si el hombre no fuera tan mayor, que es que está flirteando con Dandélion.

Un momento, recapitulemos…

¿Des de cuando lo que el hada sabe o no sabe es responsabilidad de él? ¿Des de qué instante preocuparse por la zalamaería del doctor es asunto suyo?

Esto…lo mismo lo está enfocando un poquito mal. Un tanto exageradamente, ¿no?

Entonces la observa, así, de soslayo, y toma aire.

Porque acaba de darse cuenta de que, sea o no su responsabilidad, es absolutamente incapaz de dejarla a su suerte. Aunque ella insistiera tanto antes en que no es su hada.

Así que, en fin.

Que sí, que resolvemos que la culpa es suya, por tonto descuidado, y por no preveer que lo mismo se le ocurría encogerse y meterse a revolotear en donde no debía.

Por hoy ya la han liado bastante. Habrá que volver. Y…¿establecer horas de aprendizaje? Algo así.

-Que en estos días de retirar la tetera del fuego se ocupe su cocinera, señor Vaughaun. No deje que vuelva a hacerlo su sobrina. Qué lástima, un accidente nada más llegar. Pero no se preocupe, enseguida estará bien. Esto es más corriente de lo que cree.

-Gracias, doctor-musita, resignado, el relojero.

Cuando Dandelion y el doctor crean oportuno, volverán a la calle. Él, cargando esos paquetes de antes.

Y ahora no habrá nuevas paradas intermedias, no.

Derechos a la relojería y esa vivienda que ocupa Ethan, justo encima.

-Esto…¿y vas a seguir durmiendo en el reloj, o quieres que te preparemos el dormitorio de invitados?
Casi que mejor, ¿no? Que cuando la señora que atiende la casa llegue mañana, conviene que vea una habitación dispuesta, la ocupe ella o no, realmente.
 
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Myshella
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Lun Nov 30, 2020 11:55 am por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

Él puede decir que no pasa nada. Pero está enfadado con ella. Lo sabe. Y eso no hace que se sienta mucho mejor, la verdad. Porque de momento le necesita y porque había querido de verdad intentar no buscarle un problema.
Solo que no siempre le salen las cosas como quiere.

El señor que les atiende parece a punto de quejarse por las horas hasta que la ve. Puede ser por menos de un instante, pero Dandelion reconoce esa mirada. Algunos hombres, a veces, parecen sentir su naturaleza y se vuelven mucho más manipulables. Ethan no, por extraño que resulte, pero la gran mayoría sí.
El médico cree su historia sobre no coger la tetera con el debido cuidado y empieza a tratar sus heridas, con palabras amables cada vez que ella muestra aunque sea un poco de aquel dolor. Dandelion apenas habla, salvo para agradecer la ayuda.

Finalmente les despachan, todavía con buenas palabras de calma. Y vuelven a emprender camino, para llegar a la casa donde ha aparecido. Al entrar, intenta quitarse el abrigo con un poco de dificultad por sus manos vendadas, pero Ethan dice algo que la deja desconcertada.

- ¿Quieres darme una habitación para mi? -La verdad es que no había pensado en esa posibilidad, creía que simplemente volvería a su reloj y tendría que esperar a una hora puntual para poder salir de nuevo. Pero aquello la sorprende y extraña.- ¿No quieres encerrarme como castigo por haberte metido en problemas? -Seguía sin ser capaz de entender a aquel joven. Era de lo más extraño para ella. Porque no se comportaba como nadie que conociera.
       
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Miér Dic 02, 2020 6:03 pm por Myshella
Chap. 1. The cuckoo
Ethan Vaughan | Relojería | con Dandelion

¿No quieres encerrarme como castigo por haberme metido en problemas?

Al oír como Dandelion formula la pregunta, a Ethan se le cae el alma a los pies. Pero...¿qué es lo que le ha pasado a esta hada-mujer-ser, en manos de ese dichoso mago?

Vuelve la mirada, estupefacta, los ojos abiertos como si realmente acabara de caer el velo que los cubriera. Y, más allá de entender o no eso del mago, de aceptarlo y procesarlo -que sí, que si tiene un hada delante, cómo va a dudar de la existencia de la magia en tiempos pasados- lo que comprende muy bien es que nada ni nadie merece semejante trato.

¿Cómo va a castigarla, encima, si se ha herido?¡Ni que alguien deseara hacerse daño a propósito!

Antes de darse cuenta de lo que está haciendo, ha tomado al hada por los hombros y, atrayéndola hacia sí, la ha arropado en un abrazo firme. Algo estujante. Casi, casi, paternal.
La estruja, como si pudiera borrar semejante disparate de su mente, o como si a través de la calidez de esa comprensión pudiera inculcar, no se, por telepatía o ciencia infusa, que eso de ir mortificando a los demás no es normal. Ni por casualidad.

Es entonces cuando sí vuelve la conciencia a él, y se percata de que la ha abrazado. De improvisto. Sin más. Muy inadecuadamente.

De resueltas, la deja ir, extendiendo los brazos; le da un par de palmaditas no se sabe si reconfortantes o embarazosas sobre el hombro, y da un par de pasos atrás.

-Ejem. Perdón. Disculpa. ¿Qué decías? Ah sí.

Pausa, carraspeo, y ligera tos, cubriéndose la boca, antes de aclarar la garganta.

Pero con que escoria humana fue a dar esta pobre hada...

-Creo que es mejor que te instales en la habitación de invitados. Eso, no se como es por dentro pero parece MUY pequeño. Y de la habitación se sale y se entra así...con naturalidad, vamos.

Es decir, no es una prisión.

-Y hay una señora que viene a ayudar con las tareas de la casa, y creo que le parecería raro verte salir del reloj. En cambio, que mi sobrina esté en casa...se le antojará mucho más normal.

Más o menos, eso sería un buen resumen. Ahora...ahora lleva la mirada hacia el reloj de cuco. Frunce un poco el ceño.

-Aguarda un minuto-otro más. ¿Cuántas veces ha dicho lo mismo, en lo que va des del susto en su salón? Unas cuantas.

Baja las escaleras al tropel, al taller.

Vuelve en...en nada. Con un martillo y un clavito.

Descuelga el reloj de cuco.

-Vamos, es por aquí.

La guía a ese dormitorio-nada del otro mundo, una habitacioncita acogedora, con su cama, su armario, una mesilla, y una butaca con cojines frente a una ventana ámplia, de cuyo alfézar cuelgan un par de plantas- y, una vez allí, busca un rincón en la pared, donde ponerse a clavar.

-Como es tu reloj, mejor lo dejamos aquí. Creo yo.

Después de colocarlo, traerá ese paquete de ropa. Y, a no ser que se lo recueden, y con el trastorno que lleva el hombre encima, hoy no se acuerda ni de cenar.

 
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Sáb Dic 05, 2020 11:56 am por Timelady
Chap. 1. The cuckoo
Dandelion | Relojería | con El Relojero

Se habría apartado cuando le vio acercarse, le habría gustado hacerlo, pero no le dio tiempo. Antes de poder reaccionar estaba rodeada por los brazos de Ethan en aquel gesto que reconocía, pero que hacía literalmente siglos que no experimentaba. Dandelion pudo sentir la calidez que desprendía el cuerpo ajeno y lo bien que se sentía un abrazo, lo que casi no recordaba ya. Se pegó un poco más a él, buscando aquella sensación, necesitándola.

Pero entonces él se separó y ella lo miró desde su altura, notando aquellas palmaditas en el hombro. ¿Por qué se había vuelto todo tan raro de repente? Quizá porque no debería haberse sentido tan segura con ese abrazo, o porque él se había pensado mejor lo de cómo tratarla.

Aprieta los labios, no sabiendo muy bien qué quiere que le diga, pero él resuelve que es mejor que ocupe una habitación humana normal.- El reloj es como una habitación normal. -Explica, creyendo que es lo que quiere saber, pero escucha lo de entrar y salir y asiente.- Pero solo puedo salir cuando es la hora en punto. -Aclara.- La verdad es que prefiero ese cuarto que dices. -Reconoce mirando un poco de soslayo al hombre, con suerte no se echaría atrás.

Pero por lo visto también conviene por aquello de que cuenta con una cocinera y que esa persona es mejor que piense que es humana y no la vea como un hada. Ethan asegura que las hadas no existen, pero por lo visto a la gente les asustaría mucho saberlo o algo así.

De todos modos, no dijo nada y se quedó en el sitio cuando él le dijo que esperase, otra vez. Lo único que hizo fue quitarse el abrigo mientras tanto y buscar la percha para colgarlo, porque eso era lo que había que hacer, creía. Cuando Ethan volvió, se apresuró a retornar al sitio donde estaba cuando se había ido y le vio coger el reloj antes de decir que le siguiera.

La habitación, como había supuesto, no era mucho más amplia a como apreciaba el reloj una vez dentro. Pero tenía muebles que parecían cómodos, lo que ya era una gran diferencia. Sin embargo, lo que más le llamó la atención no fue eso, sino las plantas que había en la ventana, a las que se acercó casi trotando.- Tiene incluso un jardín. -Comentó animada, para después ver que colgaba el reloj en su pared y le decía aquello.

Las alas de Dandelion volvieron a salir para poder llegar con mayor velocidad hasta Ethan, chocando contra él para ser ella quien le abrazara esta vez.- Muchas gracias. -Era lo único que podía decirle, después de todo, de los problemas que le estaba ocasionando, él estaba haciendo todo eso por ella. Era el mejor humano que había conocido.
       
Dyslaia


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