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    Alchemist
    Freyja
    Alchemist
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    Sáb Abr 23, 2022 1:25 pm
    Recuerdo del primer mensaje :




    El pájaro en el espino
    Marcus & Alice | Continuación Golden Shields | Inspired - Libros (Harry Potter Universe)
    Estaba escrito. Marcus O’Donnell y Alice Gallia estaban predestinados a estar juntos desde antes de nacer, aunque las vicisitudes de la vida y sus familias, les impidieron conocerse hasta llegar a Hogwarts. Desde el primer día, en las barcas, sintieron esa conexión única que acabaría desembocando en la más bella historia de amor, pero hicieron falta siete años de idas y venidas, de heridas tan dolorosas como la pérdida de una madre o la apertura de secretos familiares que podían traer un terremoto a la vida de todo el mundo, para que acabaran juntos y felices.

    Marcus es el primogénito adorado de la importante familia O’Donnell. Criado entre eruditos y con una familia unida, recto, prefecto durante tres cursos completos en Hogwarts, amante de las normas y con una inteligencia privilegiada. Nada haría augurar que acabaría entregando su corazón a Alice Gallia, otra mente brillante de Ravenclaw, pero proveniente de una familia con un pasado turbulento por parte de su madre en América, y mucho menos fan de las normas e inherente al caos. Pero ellos se adoran, las familias han recuperado el vínculo y se apoyan y la alianza O’Donnell-Gallia es un fuerte vínculo que va desde Irlanda a La Provenza.

    Juntos fueron los mejores alumnos de Hogwarts, juntos quieren comerse el mundo y ser alquimistas. Ahora saben que se aman y que quieren estar juntos, pero no todo puede ser tan fácil. Les quedan mucho años de estudio y trabajo por delante para llegar a ser quienes quieren ser, las situaciones familiares no son las ideales y aún quedan temas sin resolver.

    La historia de Marcus y Alice no podía acabarse al salir de Hogwarts, queda mucha alquimia, mundo que recorrer, momentos felices, dramas y mucha mucha alquimia y magia, que es para los que ambos nacieron. Además, aún no se han cumplido las dos profecías: queda una boda con mucho espino blanco y la creación de un nido… La última página está muy lejos de ser escrita, y esto es solo la primera parte.

    AQUÍ COMIENZA ALQUIMIA DE VIDA: PIEDRA, PARTE 1


    Índice de capítulos

    1. La eternidad es nuestra
    2. The birthday boy
    3. Juntos pero no revueltos
    4. Rêve d'un matin d'été
    5. Don't need to go any further
    6. The ghost of the past are the fears of the future
    7. Que alumbra y no quema
    8. Where it's peaceful, where I'm happy, where I'm free
    9. Could you never grow up?
    10. El largo vuelo
    11. Family fights together
    12. The language of facts
    13. El ejército
    14. They made their way
    15. De cara al pasado
    16. Toda la carne en el asador
    17. Con los pies en el suelo
    18. The encounter
    19. Titanium
    20. La bandada
    21. Turmoil
    22. En el ojo del huracán
    23. La mágica familia americana
    24. Vientos de guerra
    25. The hateful heirs
    26. Damocles
    27. Tierra sin ley, odio que ciega
    28. Sueños de paz
    29. Antes de despegar hay que aterrizar
    30. Volar es un pensamiento que no se puede atrapar
    31. El vuelo de las águilas
    32. Como las piedras celtas
    33. Are we out of the Woods?
    34. Bad topic
    35. The date
    36. Furthermore
    37. Sin miedo a la diversión
    Marcus O'Donnell
    Alquimista | Timotheé Chalamet | Freyja
    Alice Gallia
    Alquimista y enfermera | Kaya Scodelario | Ivanka




    Post de rol:


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    Alchemist
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    Lun Abr 10, 2023 6:25 pm


    En el ojo del huracán
    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    - Algunos hechizos... hay que pronunciarlos bajíííííííto. - Dijo, susurrando y dándole tono misterioso. Todos los niños presentes (y Aaron, aunque intentase disimular) estaban mirándole con intriga, metidísimos en su teatro. - Para que las cosas... se construyan... con delicadeeeza. - PUES EL TÍO JASON. - ¡¡¡SSSSHHH!!! - Riñó Ada a Saoirse, dando una patada en el suelo. - ¡Bajito! - Recordó. Lo cierto era que no había gritado tanto, solo hablado en su voz chillona normal, pero esta de por sí era bastante aguda y en el silencio y el ambiente que Marcus había creado, sonaba atronadora. Intentó modular el tono, aunque no mucho. - Pues el tío Jason grita un montón y ha construido millones de casas. - ¿Millones? - Preguntó Ada, primero sorprendida, luego frunció el ceño con escepticismo. - Te lo estás inventando. No pueden ser tantas. - ¡Pues muchas! - Dijo la otra, digna. Mejor reconducía.

    Le había pedido permiso a los tíos para utilizar el salón con la promesa de no convertirlo en un campo de batalla, aunque lo iba a desordenar bastante. Pero estaban llegando ya todos a unos niveles de desesperación y aburrimiento en los que no se soportaban ni a sí mismos. Shannon y Alice habían encontrado un filón hablando de enfermería entre ellas, y se alegraba, pero Marcus iba a hacer a Aaron tragarse el tablero de backgammon como le pidiera explicárselo otra vez, el pobre tío Frankie tenía unas ojeras de cansancio más pronunciadas cada día, y la tía Maeve, siempre adorable con sus nietos, empezaba a tirar serios tiritos sobre "las niñas que no se callaban ni un ratito". Maeve Junior llevaba un par de días con un humor adolescente que la hacía gruñir a todo, y Arnie había tenido varios arrebatos de ponerse a llorar con desconsuelo, y parecía solo un intento de dejar constancia de su incomodidad. Estaba seguro de que todos se pondrían a berrear así si se les consintiera, como pasaba con los bebés.

    Total, que había llegado a su límite de negatividad y estaba desaprovechando una oportunidad de oro de tener niños cerca, así que se inventó lo de hacer un fuerte en el salón. Aaron tenía a Arnie en brazos, que miraban atentísimo todo (lo había tenido que recoger del suelo porque iba metiéndose en la boca todo lo que encontraba a su paso). Maeve Junior se lo había tomado tan enserio como si de una construcción real se tratase, y Saoirse y Ada estaban encantadas con la actividad. Por supuesto, como Marcus se venía arriba con todo, estaba tomándose el juego poco menos que como un asunto de estado. - ¿Las paredes de almohadas están bien reforzadas? - Sí, todas en línea perfecta. - Contestó Maeve. Parecían hablar con la seriedad de un ejército. - ¿De cuántas sábanas disponemos? - ¡Yo me he traído la mía porque tiene florecitas! - Saltó Ada, alzándola en la mano y desdoblándola entera, lo que hacía que se quedara oculta tras ella. - Tenemos... dos de cama grande, y tres de cama pequeña. - Bien, dadme una de ellas. Nos tiene que servir de suelo. - En menos de un segundo, tenía todas las ofrendas en sábanas que se pudiera pedir. Cogió la que tenía aspecto de más envejecida, que la iban a estar pisando, y la extendió.

    - Lo dicho... con mucho cuidadito, hay que... - Elevó las manos. - Alzar el techo. - Señaló. - Poned una silla ahí y otra ahí. Serán... nuestro majestuosa portada al fuerte. - Saoirse y Ada salieron corriendo, arrastrando las sillas hasta allí. - Usaremos el respaldo del sofá para el otro extremo del techo, y la elevación la haré yo con el hechizo. - El proceso de colocar las sábanas para hacer el techo fue para verlo. Por supuesto que volaron las burlas de Aaron a Marcus y viceversa, ya que el Ravenclaw se había autoproclamado el mejor arquitecto de fuertes de su reino y el otro simplemente miraba la obra sin hacer nada, con la excusa de tener al bebé en brazos. Las niñas estaban entusiasmadísimas... Aunque no siempre para bien. - ¡¡Que por ahí se cae!! - ¡Pero ha dicho que lo va a aguantar con magia! - ¡Pero hay que ponerlo bien primero! - ¡¡Callaos las dos!! Marcus ha pedido silencio y concentración. - Maeve tiene envidia porque construyo mejor que ella. - ¡Cállate, Saoirse, solo estás tirando las sábanas que ponemos todos! - ¡Envíííííídia! - ¿Dónde pongo este cojín, primo Marcus? Tiene un perrito. - Entre Maeve tomándoselo como si fuera una prueba personal para su futura carrera, Saoirse picando a sus dos hermanas y boicoteando lo que hacían, y Ada definiendo la utilidad de las cosas en función de sus estampados, Marcus había contado con equipos mejores. Pero, entonces, vio llegar a Alice, y se le dibujó una sonrisa en la cara que podría haber iluminado todo el salón. - ¡Nooo! Mi amor, te vas a destripar la sorpresa. - Bromeó, y para qué dijo nada. - NO MIRES, NO MIRES. - Ada prácticamente había volado para placar a Alice y taparle los ojos, y Saoirse saltó, señalándola. - ¡Ahora quién está gritando! -




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    Lun Abr 10, 2023 7:21 pm


    En el ojo del huracán
    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Oy, niña, si quisieras, Betty te contrataba para su laboratorio. No veas el efecto inmediato que me ha hecho la poción, oye, mano de meiga tienes. — Shannon respaldó lo que dijo su madre levantando los ojos del libro. — Además de verdad, y la vida de pocionista es más tranquila que la de enfermera. Y con lo que te gustan a ti las plantas, serías un activo bien útil. — Alice sonrió y se encogió de hombros, mientras limpiaba todos los utensilios. — Siempre me gustaron muchísimo las pociones, estaba en el club, a pesar de tener un profesor que no valía para nada, y creo que mi amigo Sean se va a dedicar a ello, si se decide en algún momento. — Maeve bebió un traguito de agua y dijo. — Oye, parece que Marcus tiene bien entretenidos a los niños. — Alice sonrió con cariño. — Marcus es muy divertido y las niñas le adoran. Arnie es que parece que adora a todo el mundo. — Shannon suspiró. — Sí, cuando no se portan como monstruitos, hay que quererlas. — Por primera vez, no vio a Maeve saltar en una loa hacia sus nietas inmediatamente, sino que se limitó a asentir brevemente y sonreír. — Bueno, yo voy a aprovechar que están ahí contenidos para seguir leyendo el libro que me recomendó Alice, que me tiene enganchadísima. No entréis al cuarto que está papá dormido, eh.

    En cuanto se fue, Shannon y Alice se echaron a reír, mirándose. — No veas lo bien que le ha venido la excusa de que el tío está dormido. Ella leyendo al lado no le molesta, por lo visto. Perdona, ¿y el enganche al libro? ¿Me puedes explicar qué tiene para que hasta le molesten sus nietas haciendo ruido por no dejarle leerlo? — Alice alzó las cejas y puso una sonrisa traviesa. — Es una novela rosa, con sus buenos detallitos picantes. Es muggle, la lee mi tía Simone y la familia de mi amigo Theo. Se llama Outlander, deberías echarle un ojo. — Ya, ya, visto lo visto… Aunque ni que tuviera tiempo, ya te has dado cuenta… — Ella rio un poco. — Ya me imagino que ahora no es un buen momento para evaluarlo pero… Se te ve feliz con tu vida. Lo que no sé es cómo llegas a todo con cuatro niños. — Shannon se encogió de hombros con una sonrisa satisfecha. — Cuando tuve a Maeve… Me di cuenta de que mis días de investigación y demás ya no me… Importaban tanto. Ni una casa perfecta, ni siquiera el silencio. — Ambas rieron. — Las otras dos pues solo vinieron a sumarse a ese caos feliz. — ¿Y Arnie? — Arnie… Fue una sorpresa. — Alice abrió mucho los ojos, y Shannon levantó las manos. — A veces pasa, ya ves, pero mira, ha salido tan buenecito y cuqui como la mayor, y al final… Nos hace felices a todos. Y yo tengo un niño por fin, estaba bien tener variedad. — Ambas rieron y Alice se giró hacia el salón. — Bueno, pero por si quieres disfrutar de este ratito para… Sentirte investigadora otra vez con ese tratado, me voy a ver qué hacen tus adorables monstruitos y… El mío. — Ambas rieron y, de muy buen humor, Alice llegó al salón, después de haber dejado la puerta de la cocina bien cerrada.

    Menos mal que llegaba de buen humor, porque nada más llegar, recibió un placaje, y se dejó caer al suelo suavemente, con Ada encima. — ¡No he visto nada! ¡No he visto nada! — Aseguró. — ¡No nos fiamos! Saorsie, dame una de las fundas de almohada que le vamos a vendar los ojos. — ¡Oye! Que a mí se me dan muy bien las estructuras, de pequeña pasé mucho tiempo con Alexander McKenzie, el padre de mi amiga Poppy, que es arquitecto. — El arquitecto en jefe es Marcus. — Oyó decir a Maeve, mientras las otras dos niñas le vendaban los ojos de aquella manera. — ¡Vale, vale! Pero no me gusta estar de brazos cruzados, decidme qué puedo ir haciendo. — ¡Puedes ponernos papeles! — Dijo entusiasmada Ada. — Me pido reina. — Dijo Saorsie del tirón. — ¿Yo puedo ser un diricawl? Me gustan los diricawls. — Coreó Ada. — Qué… Específico… — Contestó Alice, ojos vendados y todo, pero riéndose. — A ver Arnie va a ser un puffskein, eso para empezar. — Todos rieron. — Y Aaron un entrenador de dragones, porque es muy valiente. — Vaya, gracias, por fin alguien me aprecia. — Un entrenador de dragones muy penoso. Saorsie va a ser una bruja blanca, de esas que manejan la magia antigua. — ¡WOW SÍ! — Y Ada… Va a ser una pocionista experta, que nos va a traer todas las pociones que hagan falta. — ¡SÍ! Espera… Yo no sé hacer pociones. — Bueno, pero como es un juego, las pociones serán zumo, galletas… Lo que nos haga falta. — Ah vale, ¡entonces sí! ¡Quiero! — ¿Y Maeve y Marcus? — Bueno, Maeve es claramente una arquitecta mágica y Marcus… — Sonrió de medio lado. — Es un alquimista de sol. Un rango que le permite transmutar todo lo físico y además transmutar emociones… — Sonrió, sabiendo que la estaba mirando. — La tristeza en felicidad.





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    El Pájaro en el espino, el comienzo:

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    Alchemist
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    Mar Abr 11, 2023 3:30 pm


    En el ojo del huracán
    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    Se tapó la boca con ambas manos, con los ojos muy abiertos, cuando vio cómo Ada había tirado a Alice al suelo. Igual... en vez de relajar con un jueguecito divertido a las niñas, las estaba entusiasmando de más. No contentas con eso, ahí iban las dos, prácticamente a meter a Alice dentro de la funda de almohada si era necesario por tal de que no viera nada, a pesar de que Marcus acababa de sacarse de la manga lo de que era una sorpresa. Hizo una mueca con la boca y se levantó, intentando no pisar nada y acceder lo más rápido posible hasta donde estaba su novia, aunque le sobraban brazos y piernas (y cojines) por todas partes para salir de aquel atolladero. - ¡Mi amor! ¡Ya voy a rescatarte! - Ya en serio, aquello parecía un secuestro. A ver si al final le iban a hacer daño a su novia y ya lo que les faltaba.

    Nada, para cuando llegó (y por poco no se cae de bruces al pisar una de las almohadas), Alice ya estaba con los ojos vendados. Rio con superioridad. - ¿Has oído eso? Ahora soy arquitecto jefe. - Se giró a las niñas y reanudó el tono misterioso. - Y no uno cualquiera... ¡Un alquimistaaaa! - Ada aspiró una exclamación, como si supiera de qué hablaba. Claramente se estaba dejando contagiar por el tono de voz. Le concedieron a Alice el privilegio de ser quien repartiera papeles, y la autoproclamación de Ada como diricawl le hizo tener que aguantarse fuertemente una carcajada. - ¡Eh! Los pájaros azules siempre son bien recibidos en esta casa. - Rio cuando bautizó a Arnie como el puffkein del equipo y le miró... chistando y dirigiéndose a él justo después. - ¡Tío! - Le quitó al niño la varita de las manos y de la boca, ganándose un reproche por su parte. Aaron descolgó la mandíbula. - ¿¿Cómo la ha cogido?? - No lo sé, pero Ravenclaw uno, Gryffindor cero. Una vez más en la historia. - No si de quidditch se trata. - ¡¡Que estaba con tu varita en la boca, tío!! ¡Que eso es peligroso! - ¿Pero cómo la ha cogido? ¡Si la tenía en el bolsillo! - Como sea. Ahora no me preguntéis por qué sé que el niño es Ravenclaw. - Sí, dilo otra vez, porque es más listo que yo. - Ese pique absurdo no llegaba a ninguna parte, así que volvió a sus quehaceres, mientras Aaron mecía al niño y le decía. - Eres tú muy malillo ¿eh? Y muy temerario. A ver si vas a ser un Ave del Trueno. ¿Sí? Mira, a esta gente le gustan los pájaros, ¿a que vamos a chinchar al primo Marcus siendo el pájaro equivocado? - Sigue soñando. - En teoría se había ido del lado de Aaron para centrarse en las niñas de nuevo, pero si no le mascullaba de vuelta, explotaba.

    Para seguir engordando el ego de Aaron, Alice le puso el empleo gallardo de las fortalezas por excelencia. Y encima, quejas. Marcus rodó los ojos. - Procura dejar al puffkein en tierra firme cuando vayas a tus gestas, no se nos vaya a achicharrar. - Igual me llevo a la gente y dejo que el dragón se coma tu fortaleza. - ¡No! - Saltó Maeve, en pánico, y hasta ella misma debió sorprenderse de lo mucho que se había metido en la ficción. Marcus se cruzó de brazos, entrecerró los ojos y puso sonrisilla de superioridad. - Entonces no serías entrenador de dragones, serías rescatador de aldeanos. - Aaron parpadeó, mirándole. - Pues... - ¡Mec! Se te acabó el tiempo de respuesta. - ¡Dios! Qué insoportable eres. - Haber estado más rápido. - Saoirse se estaba riendo entre dientes, tapándose la boca con las manitas y mirando a Aaron con malicia. Ya sí que sí, se centró de nuevo en el juego.

    - ¿Pocionista que no sabe hacer pociones? - Preguntó, divertido, y justo después agarró a Ada, colocándosela bajo el brazo, y empezó a dar vueltas. - Yo creía que eras un diricaaaaawl. - ¡Aaaaaaaaayyy primo Marcus! - ¡Las pocionistas no vuelaaaaaaaaaaan los pajarillos sííííí! - Y en uno de los giros dio un peligroso traspiés, guardando a lo justo el equilibrio entre risas, pero sirvió para que se parara y dejara a la niña en el suelo. - Uh, arquitecto de baja momentánea por mareo. - Se dejó caer en uno de los cojines, riendo. - Pero lo del zumo y las galletas me ha gustado. Te quedas con lo de pocionista. - Y cuando le tocó su turno, alzó las manos con triunfo, y ya iba a celebrar victorioso su asignación cuando Alice dijo aquella frase. La miró, con una sonrisa iluminada, aunque... ella no podía verle a él, pero bueno. - El primo Marcus quiere darle un besito a la prima Aaaaaliiiiiice. - Lo de Saoirse era un don, definitivamente. Marcus frunció los labios y se lanzó a por ella, agarrándola de los pies y arrastrándola hacia sí, mientras la niña chillaba y se revolvía. - Esta no es una bruja blanca, esta es una bruja mala malísima. - ¡¡No soy mala!! - Sííí. - Siguió, mientras le hacía cosquillas sin piedad y la niña se desternillaba de risa. - ¡Vamos a mandar al domador de dragones a que te encierre a tí! ¡Por brujilla mala! - ¡Os convertiré a todos en sapos! - ¡¡Mírala!! ¡Maaaaala mala mala! ¡Hay que encerrarla! - ¡Nooo! - Y así se pasaron un rato, entre cosquillas y risas.

    - ¡Ya está el techo, caballero alquimista! - Saltó Maeve, con adoración. - Bien, bien, pues... ¡Reunión de la caballería! ¡Todos aquí! - ¿Le quito la venda a Alice? - Preguntó Ada, y Marcus puso una sonrisilla maliciosa. - No... Vamos a terminar nuestra sorpresa. - Alice no tiene papel. - Eso ya lo sabía él. Hizo gestos para improvisar un corrillo con sus primas (y con Aaron, que no lo reconocería pero estaba metidísimo en el juego) y fingió decir en voz baja, aunque sabía que Alice le estaría escuchando perfectamente. - Es que ella es... la princesa de la luna. - Maeve puso cara de enamoramiento, y Saoirse y Ada aspiraron una exclamación. - Y este es su castillo, pero... un dragón había venido y lo había destruido. Por eso hemos llamado al domador de dragones. - Aaron arqueó ambas cejas, mirando a las niñas, orgulloso. - Y él, con su puffskein mágico y en ocasiones mucho más atento que el propio domador. - Lo último lo dijo con tonito y mirándole. - Nos protegeran de la presencia de cualquier otra criatura que quiera destruir nuestra fortaleza. La mejor arquitecta mágica del mundo levantará este castillo piedra a piedra. - Maeve se irguió, orgullosa. - Y, las dos hermanas brujas, la bruja blanca y la experta pocionista, con su magia... - Movió la varita y un haz de luz blanca empezó a envolver su fortaleza improvisada, haciendo que las niñas abrieran mucho los ojos. - Siempre nos tendrán protegidos de todo mal, y harán de este castillo el mejor del reino. - Bajó la voz. - Pero ahora... Llega el turno del alquimista. -

    Dejó caer las sábanas por los lados, y todos, excepto Alice, quedaron debajo del fuerte. - ¿No os he dicho antes... que hay hechizos... que hay que pronunciar muuuuuy bajito? - Todos les miraban como lechuzas, hasta Arnie. - La princesa de la luna... viene de noche. Y la noche es tranquila, y el cielo... - Movió la varita y elevó las sábanas, como si algo tirara de su centro hacia arriba, generando una cúpula picuda sobre sus cabezas. - ...Es inmenso. Y... ¿qué más cosas hay en el cielo nocturno? - ¡Estrellas! - Clamó Saoirse. Marcus asintió. - Si metemos a la princesa de la luna aquí... ¿creéis que le gustará? - Ada negó. - Se pondrá triste si no hay estrellas. - En ese caso... habrá que crearlas ¿no? - Bajó aún más la voz. Todas las cabecillas se pegaron más a él. - ¿Sabéis qué hace brillar las estrellas? - Saoirse y Ada estaban concentradísimas, con la boca y los ojos abiertos, pero la que habló fue Maeve. - La luz del sol. - La miró y le guiñó un ojo, y después, con un dedo en sus labios, pidió silencio. Alzó la varita y el cielo nocturno se dejó ver, como una ilusión, en las sábanas que hacían de techo. Todos contuvieron una exclamación. - ¿Qué me decís? ¿Le decimos a la princesa de la luna que pase? -




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    Mar Abr 11, 2023 6:29 pm


    En el ojo del huracán
    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Iba a disfrutar del momento de recibir el rescate del alquimista-arquitecto-jefe, pero la afirmación sobre Arnie y la varita la preocupó. — Hay que tener muchísimo cuidado con ese bichejo. Tú también no. — Dijo quejoso Aaron, y no le quedó otra que asistir al eterno diálogo de pique entre su novio y su primo, aunque en esta ocasión, y solo porque todo aquel ambiente le estaba mejorando el humor considerablemente, se rio con ganas de ello, incluida de la bromita de las aves. Con lo que les gustaban a ellos las metáforas de aves y serpientes y todo lo demás, y resulta que en Ilvermony no valían porque significaban cosas distintas.

    Seguía con los ojos tapados, pero al oír a Ada y Marcus juguetear con lo del diricawl, le subió discretamente la venda en uno de los ojos para verlos, y el corazón se le derritió por completo. Marcus con los niños era una de las cosas más bonitas que había visto jamás, y una de las cosas que le dio el impulso para declararse, para arreglar las cosas, porque quería ese Marcus en su vida para siempre. — Puedo no chivarme de que has hecho trampas… — Dijo Saorsie bajito a su lado. — Si… Me concedes algún poder de bruja negra. — Menuda Slytherin estaba hecha, ¿a quién habría salido esa ladronzuela? Alice se recolocó la venda discretamente y susurró. — Solo si no los usas en contra de tus hermanos. — La niña pareció valorarlo y al fin dijo. — Bueno, más no te voy a sacar, así que hecho. — Y volvió al jaleo, siendo el nuevo punto de ataque de Marcus. En el fondo, se estaba riendo, aquel ambiente invitaba a reír, y podía entender lo que decía Shannon de la felicidad imperfecta. — ¡Y yo aquí sin poder acudir en vuestro auxilio! Si me dejarais mirar… — ¡No! ¡Que te hechizo! — Amenazó Saorsie. — Y yo te echo al puffskein encima. — Dijo Aaron, y notó cómo hacía sobrevolar a Arnie sobre ella, con las brillantes carcajadas del bebé resonando.

    Espero pacientemente, con una sonrisilla a que le asignaran papel, y se contuvo de hacer más reacciones, para que pareciera que no estaba oyendo a Marcus. Momentos como ese le recordaban que sí, eran imparables, podían seguir haciendo esas cosas, reír, jugar… Como hacían de pequeños, como habían seguido haciendo mientras crecían, como ahora podían hacer para otros niños. Pero, ¿qué estaba planeando su imaginativo novio ahora? Estaban muy misteriosos, y ella quería averiguar aquello ya. — La princesa querría entrar en su castillo ya. — ¡Espera, Alice! ¡Hay que hacerlo bien! — Dijo Maeve categóricamente.

    Pero, tras lo que pareció un hechizo, por fin su alquimista de sol dio orden de liberarla, y Ada corrió a quitarle la venda, despeinándola un poco por el camino. — ¡Ya puedes! ¡Ven corre! — Jaleó la niña. — Un momento que una princesa tiene que ponerse digna para entrar en su castillo. — Dijo, peinándose un poco. — Ada, ¿hay por ahí hojas de papel? — La niña corrió a por ellas, y se las puso en el suelo. Alice cogió una de las pinturas y dibujó un círculo encima, transmutándolas en una diadema con una lunita proyectada hacia arriba en el centro. — Esto para que me coronen princesa cuando hayamos salvado el castillo. — Y ya sí, se dejó guiar.

    Por supuesto, su novio no podía hacer un fuertecito normal y corriente. Cuando Alice logró arrastrarse bajo la sábana, los ojos le brillaron y puso esa sonrisa de fascinación que vivía en ella cuando era pequeña. — ¿Te gusta, princesa? — Preguntó Maeve, ansiosa de aprobación. — Es la fortaleza más bonita del mundo. No esperaba menos de semejante arquitecta. — ¿Ya eres más feliz entonces? El alquimista te ha hecho estrellas. — Dijo Ada, también inquieta por su reacción. Alice suspiró y miró a Marcus. — Por eso es un alquimista de sol, porque, una vez más, ha transmutado la tristeza en felicidad. — No quería llorar, pero se sentía tan querida, agasajada y aliviada de su carga, aunque fuera por unos instantes, que casi se le escapa.

    Pero el juego debía continuar, así que cogió discretamente la varita e invocó una ilusión de dragón, un truco que su padre había creado en su día para Erin, y que cuando Dylan y ella eran pequeños invocaban continuamente. — ¡Oh no! ¡Otro dragón! Domador, ¿qué vas a hacer? — ¡Yo lo mato con la magia negra! Alice me ha dejado. — Buena cosa le había dicho. — Bueno, vamos a intentar no matar, y que Arnie no me quite la varita y a ver qué podemos hacer contra este Ironbelly, ¿verdad, pequeño puffskein? — Al niño parecía hacerle gracia la palabra en sí, porque se reía cada vez que la decían. — ¡Pocionista! Ve a por provisiones, que este asedio va a ser largo. — Ada se levantó como un resorte, y Saorsie se inclinó hacia Marcus y ella. — Entonces la magia negra… — Guárdatela por si acaso. Ve a ayudar a la pocionista, y quién sabe, quizá puedas usar alguno de tus hechizos para encantar la comida. — Y siguió a su hermana. Eso le daba unos… Cinco segundos con Marcus, porque Maeve estaba ocupada en que los otros dos no tocaran su preciada fortaleza. — Gracias, alquimista de sol. — Susurró. — Es perfecto, como todo lo que haces. — Alzó los ojos hacia el techo, con las estrellas brillando en ellos. — ¿Quién no sería aunque fuera un poquito más feliz así?





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    Mar Abr 11, 2023 10:39 pm


    En el ojo del huracán
    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    Le encantaba que Alice entrara al juego de esa forma, le recordaba a quienes eran antes de ir a Nueva York, a lo que había sido su vida hasta ese momento. Esperó emocionado a que ella entrara, porque en el fondo, todo aquel jueguecito para los niños había escalado hacia una de sus ficcioncitas con su novia, y deseaba ver su reacción. Al fin y al cabo, hacía pocas cosas en su vida que no fueran dedicadas a esa chica, de una forma u otra.

    Lo que no esperó oír desde dentro, y le dejó con la boca abierta cuando la vio aparecer, fue que se transmutara una diadema. Solo Merlín sabía el latido tan violento que le había dado el corazón en el pecho. - Relaja, que hay menores delante. - Le masculló Aaron al oído, escondiendo una risilla maliciosa después, a lo que Marcus respondió con una mala mirada. No iba a perder, no obstante, tiempo mirando al primo de Alice estando ella allí y pudiendo admirar su reacción. Estaba absolutamente embobado, tanto con la respuesta de Alice como con las preguntas de las niñas, que parecían su corte de verdad. Sonrió y la miró con adoración. - Un fiel servidor de su majestad. - Respondió con enamoramiento, dejando que sus miradas se sostuvieran unos instantes, como si no estuvieran debajo de un montón de sábanas en mitad del salón y rodeados de niños.

    Hasta él se sorprendió cuando vio esa ilusión de dragón aparecer, tanto que por unos instantes miró incrédulo a Alice, y acto seguido, tras reír de pura felicidad, se metió de lleno en el juego. - ¡No! ¡Es el despiadado dragón! ¡Necesitamos ayuda! - Eso, domador, haz algo que no sea leerme la mente, pensó con retintín. La respuesta de Saoirse le hizo agitar las manos en negación. - ¡Nada de muertes! Somos un reino pacífico e inteligente. - Él tenía que poner su nota Ravenclaw. Ada fue a cumplir su cometido, pero Marcus alzó la varita. - ¡Espera, valerosa pocionista! - Y la rodeó con un haz de luz, básicamente otra ilusión, que hizo que a la niña le brillaran los ojos. - ¡Con este escudo, ningún dragón podrá atacarte! - ¡Allá voy! - Y salió corriendo del fuerte, rumbo a la cocina. - Tú eres muy listilla... - Le dijo a Saoirse, volviendo a hacerle cosquillas. - A ver, cierra los ojos fuerte fuerte. - La niña le hizo caso, conteniendo una sonrisilla. - ¿Puedes visualizar el haz de luz que llevaba tu hermana? - Asintió con vehemencia. - Pues... ábrelos. - Le había hecho lo mismo a ella, pero la luz era gris oscura. - ¡Magia negra! ¡Lo he hecho yo! - Y salió corriendo, por supuesto a decirle a su hermana lo poderosa que era.

    Se quedó momentáneamente a solas con Alice, sonriéndole como el idiota enamorado que era y que hacía tiempo que no salía en toda su plenitud. - Si lo eres tú... con eso me vale. - Acarició su mejilla. - Eres la princesa más preciosa de todos los reinos. Los que existieron, los que existen y los que están por existir. - Oooh. - Vaya, Maeve no estaba tan desconectada como pensaban. Una pena, quería haberla besado. La miró con los ojos entornados, mojándose los labios. - La idea inicial era entretener a las niños para dar un respiro a los mayores... Temo haberme excedido. - Rio a eso último. - Pero ha merecido la pena por verte fel... - ¡¡¡TRAIGO LAS POCIONES!!! - ¡¡YO MÁS POCIONES!! - Ada y Saoirse habían entrado tan en tropel por el fuerte que Marcus tuvo que reaccionar rápido con la varita para que los zumos que traían no se desparramaran por los cojines y las sábanas, porque hasta ellas habían rodado por el suelo. Maeve contuvo una exclamación y gritó acto seguido. - ¡Sois imposibles! - ¡¡Llega el puffkein mágicooooo!! ¡Vencedor de la justa contra el dragón! - Y, cuando miraron a la improvisada puerta del fuerte, vieron a Arnie asomar con unos cuernos de papel en la cabeza, mientras Aaron decía. - RAAAAAAAARW. - Marcus estalló en una carcajada. - ¡Hemos vencido al dragón! - ¡¡BIEEEEEEEEEEN!! - ¡Esta fortaleza es inexpugnable! ¡Tres hurras por la princesa de la luna! - Y ya estaban todas las niñas coreándole, y él encantado de volver a convertir a Alice en el foco de atención. - De todas formas. - Dijo Aaron, entrando con Arnie. - Como experto en dragones, recomiendo mantener el asedio durante esta jornada, ya que tenemos provisiones. - ¿Lo aprueba la arquitecta mágica? - Maeve se desconcertó al ver que Marcus pedía su opinión ante tan relevante caso. Un tanto ruborizada, respondió temblorosa. - Sí... Sería lo más prudente. - ¡Que comience, pues, el festín por la victoria del reino sobre el malvado dragón! -




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    En el ojo del huracán
    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    La forma de mirarla de Marcus, mientras entraban en ese pequeño mundo que habían creado, y que, por un momento, pareció separado del resto del mundo, la encandiló de tal forma que ya solo veía sus ojos y su sonrisa. Tanto que solo podía desear que todos se distrajeran un momento para poder besarle. A ver, obviamente se besaban, de buenas noches, de buenos días, para darse apoyo… Pero no besarse… Como ellos hacían de normal. Como cuando daban vueltas por el césped de Primrose Hill o por el campo de lavandas, cuando se buscaban en cualquier sombra de Hogwarts… Cerró los ojos y dejó escapar un suspiro entre sus labios al sentir la caricia de Marcus en su mejilla y contestó. — Y tú eres el príncipe azul que una princesa como yo soñó desde pequeña, eres el sol que lo alumbra todo, hasta el rincón más oscuro. — Y se vieron interrumpidos por Maeve. Qué mala suerte, porque hacía mucho que no tenían un arrebato romántico como aquel. Algo tenían que pensar, preferiblemente antes de que les colaran a Arnie en unas horas.

    Ada y Saorsie llegaron, creando el ya habitual caos y desesperando a su hermana mayor, que intentaba mantener, como buena arquitecta, la fortaleza. La aparición de Arnie en modo dragón con los cuernitos le hizo reír y deshacerse de adorabilidad, acogiéndolo en su regazo para repartir la merienda como buenamente pudieran. También sonrió con cariño a Aaron, que estaba metido de lleno en su papel y en el juego, y se preguntó cuántas tarde así habría tenido su primo en su vida. — Ninguna. — Dijo bajito, ayudando a repartir las galletas, el queso y los zumos. — Pero ahora sí, y es lo que importa. — Susurró mirándola. Definitivamente, aún podían sacar muchas cosas muy buenas de todo aquello, y ella había estado tan encerrada en su propio dolor que no lo había visto. Así que se animó y levantó el vaso. — Por la mejor corte que la princesa luna podría desear. — ¡Eso, somos los mejores! — Coreó Saorsie, a quien eso de ser la mejor en algo le encantaba. Y cuando chocaron los vasos, miró significativamente a Marcus. — Y por el alquimista de sol, sin él, no tendríamos tanta felicidad. ¡Y por mi hermana mayor que es la más mejor arquitecta de fortalezas de dragón! — Saltó Ada alegremente, derritiendo aún más a todos los que estaban allí y haciendo sonrojarse a la homenajeada. — ¡Eso! ¡Por nuestra arquitecta!

    ¿Sabéis lo que no tenemos? Una localización para nuestro castillo. — Comentó Maeve, mordisqueando unas galletas. — Pf, qué tontería, Long Island. — Dijo Saorsie sin más. Qué pequeño era el mundo de un niño y a la vez que grande, la vida era más satisfactoria así. — Qué aburrido, en Long Island ya estamos. — Puede ser… Un lugar mágico. — Dijo Alice con tono misterioso, y de repente todos la miraron. — ¿Cuál? ¿Cuál? ¡Dilo! — ¡Eso eso! — Ella alzó una ceja. — Es el sitio favorito de todo buen Ravenclaw… Es el sitio donde el mar y el cielo se encuentran, por donde sale el sol. — ¿ESO ES UN SITIO? — Preguntó Ada abriendo muchísimo los ojos. — No, no lo es. Nunca llegas al final del mar y el cielo porque la tierra es redonda. — Dijo Maeve muy segura. — Exacto. Ese es el lugar: la búsqueda constante, el viaje eterno. No deseéis llegar a ningún lugar, si no que siempre haya un horizonte por donde podáis seguir descubriendo. — Y le vino bien decirlo, porque ella misma parecía haberlo olvidado a ratos. Era fácil olvidarlo llevando tantos días encerrada. Maeve y Aaron la miraban extasiados, pero Ada se había quedado pillada, y Saorsie concluyó. — Entonces no está en Long Island, ¿no? — Vaaaale vale… Pienso otro… — Afiló los ojos. — ¿Qué os parece el castillo de Montsegur? Está en La Provenza, y está en lo más alto de una montaña, ocupando toda la cima, y lleno de pasadizos secretos. — ¡Sí! ¡Eso sí lo veo! — Dijo Ada. — Y para la defensa sería ideal. — Aportó Maeve. — Marcus y yo hemos estado en ese sitio, y yo me perdí en los pasadizos… — A ver si le salía bien la estrategia de las metáforas. — Pero Marcus me acabó encontrando, ¿sabéis? — ¿En serio? — Claro, porque el amor verdadero siempre vence. — Declaró Saorsie, como si fuera un hecho. — Y él… Siguiendo a su amor verdadero… Me encontró… Aunque estuviera escondida y durante unos… Cinco minutos me perdiera de vista. — Ladeó una sonrisa y miró a su novio. — Y yo sé que si me perdiera… Me encontraría sin problema. ¿Y SI JUGAMOS AL ESCONDITE? — Sugirió Ada de golpe. ¡Sí! Perfecto, si es que todo era una cuestión de estrategia. Cinco minutos de escondite y estaría servida, solo necesitaba un momento para disfrutar de su Marcus enamorado y servicial.






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    Miér Abr 12, 2023 1:09 pm


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    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    Brindó con todos, siguiendo el rollo del reinado y la corte, riendo con su novia y sus primos, viendo a Aaron integradísimo y ya picándose mutuamente con mucha menos malicia, bastante contentos. Desde luego, cuando conoció a ese chico, lo último que imaginó es que le vería compartiendo un fuerte en el salón con sus primos y su novia. Bebió un poco de zumo y asintió. - Hm, eso es importante. Tiene que tener una muy buena localización. - Y dejó el debate fluir, riendo con las ocurrencias que escuchaba. Eso sí, el alegato de su novia le derritió el corazón por completo, y se quedó mirándola tan embobado que ni siquiera comía (y eso en él era mucho), tenía el trozo de queso reposando en la mano a medio morder. De hecho, en mitad de su obnubilación, notó algo húmedo en la mano y vio que el bebé estaba chupando el queso. Soltó una carcajada y se lo dio a trocitos. - Claro, la culpa es mía por dejar la comida parada, yo te entiendo, colega. -

    - No hay mejor premio que el camino. Mucho mejor que la meta, disfrutar el camino. Que siempre haya un camino que seguir. - Completó, mirando a la chica con devoción. Habían dejado su camino demasiado parado y olvidado en ese último mes, y recordar su existencia le daba esperanzas. Él estaba convencidísimo, pero Saoirse no tanto, así que Alice se sacó otro as de la manga... Y vaya as, qué buenos recuerdos. - Sí que se perdió. - Afirmó, mirando a todos a la vez. - Y tuve que resolver un complejo acertijo para rescatarla. - ¿¿Te llevó un dragón?? - Preguntó Ada entre sorprendida y asustada. Marcus rio. - Peor, se llevó ella sola por una trampilla oculta hasta una sala secreta, porque aquí la princesa no puede estarse quietecita. - Le hizo una graciosa burlita a su novia con la cara, mientras los demás soltaban risitas. Eso sí, su novia no estaba contando solo anécdotas... le estaba tirando una indirecta. Él también sabía jugar a eso, así que se recostó ligeramente en una de las almohadas (no era muy resistente como pared y haber si iba a echar su improvisado castillo abajo) y dijo con superioridad. - Menos mal que a uno no hay enigma que se le resista... Puede captar hasta el más sutil y escondido de los mensajes... - En otras palabras: la estaba pillando. Y también estaba viendo a Aaron apretar los labios, así que le lanzó un este es el momento en el que nos concedes un poco de privacidad si no quieres oír ciertas cosas, y vio como el chico, sutilmente, alzaba las manos en señal de "no me digas más".

    - El amor siempre vence. - Corroboró, y luego miró a Alice a los ojos. - El amor todo lo puede. - De eso sí que estaba convencido, de que podrían con todo, con esa situación y con las que se le presentaran, y que siempre serían capaces de volver a ser ellos mismos, ahí estaba quedando demostrado. Chasqueó la lengua. - Creo que fueron más de cinco minutos, pero me conformaré. - Y tanto que se iba a conformar, era eso o nada, y no quería arriesgarse a tirar la tarde por tierra por una pillada absurda. Y entonces, su prima dio la mejor excusa del mundo para conseguirlo. - ¡Eso es una gran idea! - Y, además, necesitaba jugar muy bien sus cartas. - De hecho... este va a ser un escondite muy muy importante. - Le puso misterio. - Porque ya hemos sobrevivido al asedio de un dragón, pero ¿qué ocurriría si el ataque nos tomara por sorpresa fuera de nuestra fortaleza? - Abrió mucho los ojos. - Tenemos que demostrar, hoy más que nunca, lo capaces que somos de escondernos de un dragón. ¡Es superimportante que no nos pille bajo ningún concepto! - ¡Yo soy la que mejor se esconde! - Clamó Saoirse, lo que hizo a Maeve rodar los ojos. A Marcus le venía bien que su espíritu competitivo fuera justamente en esa dirección. - Eso espero, porque si el dragón te pilla... Va a ser muy muy importante esconderse bien. Pero claro... ¿Cómo saber dónde buscaría un dragón? - Siseó, haciendo como que pensaba fuertemente. - ¿Cómo piensa un dragón? ¿Cómo sabremos... que nuestro escondite funciona...? - Puedo ser yo quien busque. Vosotros os escondéis, y yo os busco. - Dijo Aaron. - Como domador de dragones que soy, soy el mejor poniéndome en la mente de un dragón. - Gracias, pensó de corazón, porque era justo lo que necesitaba. Aunque no pudo evitar pensar también que sí que había tardado en pillar la indirecta, y por supuesto, el otro no se iba a callar. - Aunque quizás al alquimista de sol se le dé mejor esto que a mí. - Yo creo que mejor que busque el domador de dragones. - Resolvió rápidamente. Ada dio un saltito. - ¡Y lleva al puffkein mágico! ¡Le avisará de la presencia de un dragón! - ¡Exacto! - Se tuvo que aguantar la risa y contenerse mucho de pensar que, encima de ponerse a buscar niñas por la casa, se iba a quedar con el bebé, que no quería que se la intentara devolver otra vez.

    - Creo que este equipo debe trazar una buena estrategia. - Propuso Marcus. - Me salgo y lo habláis, para que el dragón no se entere. - ¡Bien pensado! - Valoró entusiasmado, y Aaron abandonó el fuerte con Arnie, mientras Marcus hacía corrillo y hablaba en voz baja como si se tratara de un asunto de vital importancia. - Los dragones tienden a ir a las alturas, así que es mejor que los más experimentados seamos los que nos escondamos en la planta de arriba. - Miró a Maeve. - Señora arquitecta, yo me encargo de proteger a la princesa. Tu cometido será avisar a los demás de la casa de que no salgan hasta que estemos seguros de que el dragón no hará de las suyas, por protección, y luego esconderte muy bien. - ¡De acuerdo! - Pocionista, bruja negra. - Las dos niñas le miraban con ojos brillantes. - Vosotras seréis quienes despisten al dragón. ¿Sabes qué dijo un hombre muy sabio una vez? - Las dos negaron. - Que si quieres esconder bien algo... ponlo a la vista. - Miró a Alice de reojo con una sonrisilla. Luego volvió a las niñas. - No vale esconderse en el fuerte, pero el dragón no va a esperar que os quedéis en la planta de abajo, va a pensar que vais a huir a la de arriba, por eso va a mirar allí primero. Buscad un muy buen escondite por aquí. ¿Está todo el reino de acuerdo? - ¡Sí! - Y todos salieron, diciendo Marcus en voz alta. - El dragón saldrá de donde haya fuego, es decir... - ¡La cocina! - Exclamó Maeve, entusiasmada, y las otras dos niñas dieron varios grititos, como si hubiera un dragón de verdad. Aaron, con Arnie en brazos, puso cara de concentración y dijo. - ¡Ya estoy en su mente! ¡Escondeos rápido, no tardaré en salir! - Y se fue, y Marcus empezó a azuzar para que todos corrieran a esconderse.

    Las niñas salieron disparadas y Marcus tiró de Alice a la planta de arriba, detrás de Maeve. - ¡Protégeles, arquitecta! - Clamó a la otra, que fue flechada a la habitación de los abuelos (escuchó la aspiración sorprendida de la tía Maeve, se disculparía por eso más tarde). No se lo pensó más, tiró de Alice hacia su habitación, siguiendo con la carrera para fingirse en el juego, y cerró la puerta, alzando la varita y lanzando los dos hechizos a la vez sin perder un segundo: un Fermaportus y el Silentium modificado de William. - No me fío de esas niñas. - Se guardó la varita y se acercó a ella a zancadas, mientras decía. - Pero echaba de menos esto. - Y se lanzó a sus labios, con necesidad, aferrando sus mejillas y pegando su cuerpo al de ella. Tras un prolongado beso, paró para coger aire y decir. - Me ha encantado lo de la diadema. - Tenía que recalcarlo. Por lo demás, necesitaba besarla con todas sus fuerzas, y eso iba a hacer en los escasos cinco minutos que tenían.




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    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Estaba tan embelesada, mirando a su novio dando de comer a Arnie, que casi se pierde el mensaje que su novio intentaba transmitirle. Por lo visto, había pillado totalmente lo que le había dicho, y le estaba siguiendo el rollo a la perfección. Ocultó una risilla y ladeó la cabeza cuando dijo lo de que fueron más de cinco minutos. — Es posible que fueran más, sí… — Si Marcus quería más de cinco minutos a solas con ella, ¿qué iba a decir? Que diez si hacía falta, aunque sabía que ni de coña tendrían tanto. Se dedicó, por su parte, a asentir muy profundamente a todo lo que iba diciendo su novio, a quien, desde luego, los años habían espabilado pero que mucho, porque ella recordaba a un Marcus que se bloqueaba ante esas insinuaciones, no a uno que preparaba una estrategia muy bien disfrazada para que las niñas no subieran. Y Aaron, después de un par de insinuaciones, por fin entendió. Bien, el frente parecía bastante cubierto, y además contaban con la inocente y vehemente colaboración de Ada. Casi se sentía hasta mal de lo entregadas que estaban todas.

    Subió las escaleras poseída por la posibilidad de estar con Marcus y ni cayó en que Maeve iba a meterse en la habitación de los abuelos, pero es que nada es perfecto, alguna víctima tenía que haber. Y bien estaba si podía tener aquello, especialmente a Marcus haciendo hechizos de aquella forma tan impecable y diligente. Miró intensamente a su novio mientras se acercaba a ella y solo susurró. — Y yo. No sabes cuánto. — Y se enredó en sus besos, su lengua y sus brazos, y recordó aquella adrenalina, aquella sensación de cuando eran más pequeños y se besaban por rincones de Hogwarts, sabiendo que hacían algo secreto, algo prohibido a veces, pero no podían más que aprovechar el momento hasta que se acabara. Y Alice era experta en estirar a su novio en esas circunstancias.

    Mientras le decía lo de la diadema, tiró de él hacia la cama, haciéndole caer sobre ella misma. — A mí me encantas tú. — Le dio un beso rápido. — La magia que haces con la varita y la que haces con tus palabras. — Bajó los besos por su cuello, apretándole contra sí. — Me encanta el mundo tan maravilloso que tu mente sabe crear. — Y Merlín sabía cómo empezaba a descontrolarse las sensaciones de su cuerpo, mientras volvía a besarle con necesidad, metiendo la mano en su pelo, y aferrando sus rizos, lo cual le hacía tener escalofríos. El viento y la lluvia hacían una banda sonora muy particular, y en medio de aquellos besos, tuvo que sonreír. — ¿Te acuerdas de aquella noche en el pasillo, cuando acabamos así también? — Se separó solo para enfocar sus ojos y acariciar su mejilla. — Te deseaba exactamente igual que ahora. Me aceleras el corazón igual que aquella noche de tormenta. — Le lamió los labios y susurró sobre ellos. — Solo que ahora sé que lo que hago te gusta. — Lo necesitaba. Necesitaba uno de esos momentos de Marcus y Alice. Lo de Nueva York había sido… Uf, le daban escalofríos de gusto de acordarse, pero… Se había quedado un poco teñido de incomodidad después. Pero aquello no. Aquello eran ellos, creando su quintaesencia, la de siempre, y después de tantos días, tenerlo era un regalo que no pensaba desperdiciar.






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    Jue Abr 13, 2023 4:01 pm


    En el ojo del huracán
    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    Había sido una idea muy buena y muy mala a partes iguales, porque ahora que estaba con Alice, como ella, quería más, y sabía que no lo iba a poder tener. Solo había que agudizar el oído para escuchar a Aaron hablando en voz alta desde la planta de abajo, avisando de que el dragón tardaría poco en salir (que tardara, que todo el tiempo que él se demorase estarían las niñas escondidas). Dragón o no, él sentía que dentro de sí le ardía el deseo por Alice como si fuera fuego. Lo de la noche que salieron por Nueva York había sido... diferente. Distinto a nada que ellos hubieran hecho nunca. Eso se parecía mucho más a los Marcus y Alice previos a toda aquella situación.

    Qué lástima no llevar una camisa, era mucho más fácil quitar un par de botones para sentirse más cerca de ella que tener que desprenderse de la camiseta, y no le parecía buena idea desprenderse de la ropa. Era tiempo que iban a tener que perder después en ponérsela y riesgo a ser descubiertos por hacerlo mal. No obstante, se dejó caer en la cama, totalmente obnubilado por los besos y caricias de la chica. Rio levemente y dijo de corazón. - Mi mundo eres tú. - La besó velozmente y añadió. - Soy capaz de cualquier cosa por estar contigo. - Y eso era verdad. - Por mi princesa. - Añadió, sin dejar de besarla.

    Con la respiración jadeante por el frenesí que habían adquirido, no pudo evitar reír levemente con su comentario. - Como para olvidarlo. - Tendría que nacer de nuevo para olvidar ese episodio, uno de los mejores momentos de su vida. Solo sus palabras le arrancaron un suspiro. - Me tenías cegado ese día. - Afirmó, mordiéndose el labio y mirándola. - Me sigues cegando. Me tienes loco desde que te conocí. - Y volvió a sus besos, casi sin aire, acariciando su cuerpo con sus manos todo lo que la ropa se lo permitía y encajándose entre sus piernas. Vaya... en ponerse ropa no iba a poder perder el tiempo, pero igualmente no le vendría mal un ratito de "enfriamiento" antes de salir. - Te amo, Alice. - Dijo entre besos. - Con toda mi alma. Con desesperación. - Desesperado estaba por más intimidad con ella, lo dicho, tan buena como mala había sido aquella idea. Pero era lo que había y pensaba sacarle todo el provecho posible a la situación. - Mi princesa de la luna... - Suspiró, besando sus labios con desenfreno, deleitándose en ellos. De fondo escucharon a Aaron, aún en la planta baja, gritando. - Raaaaaawr soy el dragón y voy a encontraros a todoooos. - De verdad que no quería hacer caso a eso, necesitaba que no existiera por un momento. Soltó un quejido lastimero, entre los besos. - Necesito que mi princesa de la orden de que nadie la moleste. - Dijo sobre sus labios, intercalando besos y palabras. - Que solo necesita mi protección... y que aquí estamos... muy bien... -




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    Jue Abr 13, 2023 4:51 pm


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    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Por todos los dragones, oír a Marcus decirle esas cosas era lo que más le encendía del mundo, lo que mejos y más completa le hacía sentir, y solo podía besarle con más intensidad, asirle con más fuerza de la ropa para que se pegara a ella. No estaba siendo lo más inteligente, desde luego, parecía que no habían aprendido nada de Hogwarts y la Navidad, que no se les podía dejar medio minuto, porque sería suficiente para prenderles como una chispa en el campo seco. Ahora mismo solo eran jadeos, calor y besos, la prudencia, una vez más, se les estaba escapando.

    Pero claro, su novio le seguía todas las chispas que ella iba soltando, y las transformaba en auténticos fuegos. — Aquella noche… Solo deseaba que me besaras… — Jadeó y apretó la mano que tenía en sus rizos cuando él le mordió el labio. — Que me tocaras, que te atrevieras. — No estoy pensando bien esto, se regañó a sí misma. — Y tocarte yo… — Metió las manos por debajo de la camiseta de Marcus y tocó su piel ardiente, notando como si le diera una descarga en todo el cuerpo a través de la mano. — Esa noche solo me faltaba verte… Como ahora. — Definitivamente, perdiendo el control. Mejor no se paraba a pensar dónde querría estar tocando en vez de bajar lentamente la mano desde el pecho hasta el vientre de su novio. — Te amo, Marcus, te amo, te amo… — Susurraba entre besos, ya con los ojos cerrados, rezando a algún poder superior que les concediera un momento, un momento un poquito más largo, donde poder sentirse como a ellos les gustaba sin que el mundo les reclamara.

    Pero eso no iba a poder ser, porque ya estaba ella oyendo al dragón mandando indirectas. Bueno… Hasta que las encontrara… Y encima Marcus tirándole esa indirectita. — Marcus… — Pegó sus caderas a las de él, aprovechando la cercanía. — Tu princesa te ordena que aproveches cada segundo que nos queda en esta habitación como si fuera el último. — Volvió a atacar sus labios y bajó ligeramente la mano por encima de su pantalón. — No hay ningún otro lugar en el mundo al que pertenezca más que a tus brazos, mi sol. — Buscó sus labios de nuevo. — Aquí estoy en el cielo. — Y así sería siempre. Podía estar triste, agotada, agobiada, pero cuando Marcus y ella entraban en aquella burbuja, no podría sentirse mejor.






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    Jue Abr 13, 2023 10:50 pm


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    El contacto de Alice en su piel le provocó un escalofrío tan grande que le tensó los músculos. Maldita sea, ¿por qué había hecho eso, si no iba a poder continuar? A ver, lo que se estaban llevando ya nadie se lo podía quitar, y Merlín sabía la falta que les hacía... Pero claro, era tanta la necesidad, que quedarse ahora a medias iba a ser una tortura para ambos. Al final, no dejaban de llevar allí casi un mes entero y solo habían tenido un encuentro, y había sido un poco... bueno, no a lo que estaban acostumbrados. No es como que hubieran tenido muchas más oportunidades en Hogwarts, pero no por falta de ganas.

    - Te amo, mi amor. Te amo, te amo... - Repitió, con las emociones desbordadas. Se lo habían dicho con tanta tristeza últimamente, no habían dejado de decírselo, pero lo dicho, no era lo mismo. Y todavía podía amarla más, y desearla más, porque tuvo que contener un gemido de deseo, mordiéndose los labios de nuevo, cuando se pegó tanto a él, diciéndole esas cosas. - A la orden. - Suspiró, mirándola con devoción, entregándose de nuevo a los besos como si le fuera la vida en ello. - Ojalá... transmutar este momento... y hacerlo eterno... - Bajó los besos por su cuello. - Cada momento contigo es eterno. - Decía mientras la besaba, mientras acariciaba su cuerpo, rozando la piel bajo su camiseta con los dedos, queriendo aprovechar cada segundo como si fuera el último, tal y como ella le había perdido.

    Un griterío de niñas en la planta baja, y varias carreras, debían haberle puesto en alerta, pero estaba demasiado centrado en Alice. - ¡No me atraparás, dragón tonto! - Chilló la vocecilla de Saoirse, y sus pasitos se escucharon escaleras arriba. - ¡Se me escapa la bruja negra! ¡Se escapa ESCALERAS ARRIBA! - Y eso era claramente un mensaje para ellos, pero antes de que llegara a su cerebro, recibió otro, y ese sí le atravesó la cabeza. - ¿¿PRIMO MARCUS DÓNDE ESTÁS?? - Dio un salto de la cama, poniéndose de pie en el suelo en el acto, como si no hubiera echado un Fermaportus para impedir que nadie entrara. Y menos mal, de hecho, porque estaba viendo el pomo moverse con insistencia. - ¡No abras la puerta a la princesa! - Escuchó de fondo a Maeve, y debió espantar lo suficiente a Saoirse, o bien esta no aguantaba tanto tiempo en un mismo sitio, porque la escuchó correr en dirección contraria. - ¡¡HE DISTRAÍDO AL DRAGÓN!! -

    - ¡Niñas! ¡No gritéis tanto ni corráis por la planta de arriba! - Oyó a la tía Maeve. Marcus miró a Alice. - Tienes que salir. - Le dijo con urgencia y en un susurro, de nuevo, como si no hubiera silenciado la habitación. - Piensa algo. - Le pidió, porque a él no le llegaba suficiente sangre al cerebro. Y, por supuesto, no podía salir así.




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    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Oh, aquellos “te amo”. Oh, aquellas manos por su piel y sus desbocados besos. Aquella obediencia ardiente con la que respondía, apretándose aún más entorno a su novio. — Ojalá, mi alquimista. — Dijo, conteniendo un gemido al notar sus caricias. — Solo tú podrías hacerlo. — Y se refería a transmutar el momento y a otras cosas que empezaba a sentir.

    Pero más le valía dejar de sentir rápido, porque las niñas ya empezaban a abandonar los puestos que Marcus les había asignado, tal y como Aaron trataba de advertirles. Y en menos de lo que tardó en recuperar conciencia de sí misma y apartar a Marcus de su cuerpo (lo cual era una tarea casi físicamente dolorosa, y se necesitaba su tiempo, especialmente si lo iban a dejar a medias, como les estaba pasando), Saorsie ya estaba intentando abrir la puerta y la tía Maeve regañando, a su forma huffie, pero regañando.

    Sí, mejor era ella la que salía, porque Marcus seguía siendo Marcus y se le veía cara de culpable cuando acababan de hacer esas cosas. Así que se levantó de un salto de la cama, pero antes de ir a la puerta, se inclinó sobre su novio y le dio un beso MUY cargado de intenciones. — Quiero más. Soy Alice Gallia, siempre quiero más. Tenemos que apañarnos para conseguir un momento de estos que de verdad sea… Eterno. — Guiñó un ojo y se fue hacia la puerta, recolocándose pelo y ropa y con la varita preparada para desencantar.

    Salió por la puerta y se apoyó contra ella, como si hubiera algo muy peligroso dentro. — ¡Cuidado! Hay una banshee terrible ahí dentro. — Dijo, ganándose los gritos ahogados de las dos chicas. — ¡Hay que avisar a todos! O nos destrozará los oídos. — Maeve asintió segurísima, pero Saorsie arrugó el entrecejo. — Y yo no he oído nada… — ¿No? Pues a mí el grito se me ha metido hasta el alma. — Puso las manos sobre sus hombros y la hizo girar. — Venga, muy silenciosamente, para no alterarla, hay que bajar y contárselo a todos. — Así de paso les hacía bajar un poco los decibelios, que se les iba de las manos el asunto.

    Llegaron al salón y las congregó con Ada. — Oye, domador, haz una cosa. — Dijo dirigiéndose a Aaron. — Usa al dragón para encontrar a la banshee… — ¿Para quemarla? — Preguntó Saorsie, haciendo suspirar a Alice. — Que aquí no matamos a nadie, ni siquiera a las banshees. — ¿Y si ha matado a Marcus? — Dijo Ada, preocupada. — ¡NO! — Saltó Maeve, pero Alice levantó las manos. — Noooo, no, las banshees no matan… Solo dan mucho miedo. Pero un alquimista como Marcus sabe defenderse de ellas. — ¿Y nosotras? — Nosotras… Tenemos al domador, eso lo primero. — Y Aaron levantó un pulgar y guiñó el ojo. — Con lo cual, tenemos un dragón. Y… Hay una forma de espantar al miedo, incluso el que da una banshee. — Las tres la miraban completamente atentas. — Hay que pensar en tu lista de cosas favoritas. Venga, id diciendo. — Las chicas estaban un poco cortadas, así que Aaron fue y se sentó con ellas. — Igual si dices tú las tuyas, Alice… — Ella sonrió de medio lado. — Pues… El viento… Saltar en los charcos. — ¡A mí también! — ¡Y a mí! — A mí me gusta el sonido del lápiz al dibujar. — Dijo Maeve, apoyándose en su propia mano. — Me gustan las puestas de sol en Jersey, cuando se ve Nueva York de fondo. — ¡A mí los estampados bonitos! Con flores, perritos, payasos… Todo lo que sean dibujitos. — Dijo adorablemente Ada. — A mí me gustan los regalos. Da igual si es pequeño o grande, pero regalos… Me encanta que alguien me regale algo. — Alice rio ante tremenda afirmación de Saorsie. — ¿Y tú Aaron? — Y su primo se quedó pillado, como si no supiera qué decir, tragando saliva. — Pues… Eh… Las… — Se mordió los labios. — Las barbacoas. Las comidas en familia. — Especificó. — ¡Ya ves! ¡Y yo los perritos calientes! — ¡Y yo las alitas! — Añadió Maeve. — Pues yo echarle muchas salsas a la comida. — Justo en ese momento levantó la vista y vio a Marcus en la puerta y sonrió como una idiota. — Pues mi lista se cierra con Marcus O’Donnell. La sonrisa de Marcus O’Donnell. — Parpadeó e inspiró, mirando a sus ojos. — Toda mi lista es suya.





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    En el ojo del huracán
    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    El beso de Alice le dejó atolondrado de nuevo, a punto de seguirla como hipnotizado, pero el golpe de realidad en forma de griterío de sus primas le recentró. Él todavía estaba abriendo los ojos tras el beso y ubicándose en el espacio y el tiempo y su novia ya iba dirección a la puerta. Más le valía espabilar y bien rápido, o cualquiera que fuera la excusa de Alice para que ella hubiera salido antes que él no iba a colar.

    ¿Una banshee? Maldita sea, Alice, para grititos estoy yo ahora. ¿Cómo se imitaba a una banshee? Pensó unos segundos y fue a lanzar una especie de aullido, pero iba a parecer más un lobo que un alma en pena, así que se lo pensó mejor. Dio igual, porque Saoirse ya estaba cuestionando la presencia del ser y eso hizo que Alice decidiera llevársela de allí, por lo que podía oír a través de la puerta. Siguió prestando atención y notó el sonido diluirse poco a poco, señal de que todas se habían trasladado a la planta baja, y por la de arriba no parecía haber nadie (solo los adultos, pero seguirían en sus habitaciones). Igualmente, aún le convenía relajarse un poquito más antes de salir. Respiró hondo, cerrando los ojos, se recompuso la ropa y se arregló un poco el pelo, mirándose al espejo. Tenía las mejillas sonrosadas por el calor y aún se notaba la respiración acelerada, pero poco a poco estaba disimulando su estado y podía salir con dignidad de allí.

    Abrió la puerta y se dirigió a las escaleras, pero se detuvo con un respingo en mitad del pasillo, sorprendido por la presencia. Shannon estaba apoyada en el quicio de su habitación, con los brazos cruzados y una sonrisilla, asintiendo lentamente. Vale, ya estaba rojo otra vez. - Yo no juzgo. - Dijo en cuanto le vio apurado, pero sin perder ni la postura ni la sonrisa dulce aunque divertida. - Soy la primera que tiene cuatro hijos de un serpiente cornuda. Estas estrategias son necesarias. - Se rascó los rizos. - Ya... Esto, no... no ha... O sea, estábamos... - Tranquilo, las perfeccionaréis con el tiempo. - Comentó como quien no quiere la cosa, y fue a meterse de nuevo en su habitación, pero a Marcus, cuya mente no paraba, se le acababa de ocurrir una idea brillante. - Shannon. - Pidió. La mujer se detuvo, mirándole curiosa. - ¿Me dejas...? Vale, va a sonar raro esto, pero ahora te explico. - Ella frunció el ceño. - ¿Me das un pelo tuyo? - Lo frunció aún más. - ¿Vas a hacer una multijugos para robarme a mis hijos? Te veo muy encariñado. - Bromeó, pero no se demoró más y se lo dio. Marcus soltó una risita y dijo. - Gracias. - Mientras se arrodillaba en el suelo, sacando uno de sus pergaminos y un bolígrafo (se estaba acostumbrando a esos cacharros muggles, para cosas así eran más útiles que la pluma y la tinta). Dibujó un círculo rápidamente en él, ante la muy curiosa mirada de la mujer, colocó el pelo en este. - ¿Puedes... hacerme un Aquamenti aquí cuando te lo pida? No sé si me va a salir, pero no perdemos nada. -La mujer parpadeó, con los ojos brillantes de expectación. Se agachó ante él, sacando la varita, y Marcus se concentró. Justo antes de juntar las palmas, dijo. - Ahora. - La mujer pronunció el hechizo y, en el acto, el agua se condensó en una perla sólida por fuera y líquida por dentro, y el pelo flotaba en su interior, aunque con un aspecto irisado y diferente. La mujer abrió la boca. - ¿Qué has hecho? - Marcus, satisfecho y sonriente, tomó la gota en su mano y, guardándosela en el bolsillo junto con el pergamino y el bolígrafo, dijo. - Luego te lo cuento con detalle. ¡Gracias! - Y bajó rápidamente las escaleras, oyendo cómo la mujer decía tras él. - ¡Dile a Alice que la entiendo! -

    Cuando llegó encontró la mejor estampa posible, y ya estaba deshecho otra vez. Sonrió con amor, adentrándose en el salón y acercándose donde estaban los demás. - Alice Gallia ocupa mi lista entera. - Las niñas se miraban con risitas, y Maeve les miraba a ellos con expresión embobada, como quien lee una novela romántica. - ¿¿Has derrotado a la banshee, primo Marcus?? - Preguntó Saoirse casi morbosamente, con los ojos muy abiertos. Él resopló, frotándose la frente. - ¡Sí! Y mi trabajo me ha costado. - ¿La has matado? - No, mucho mejor. Vamos al fuerte y os lo cuento. - Entraron todos bajo las sábanas y contó, dándole mucho misterio. - Las banshees son irlandesas, ¿lo sabíais? - Sus primas asintieron, aunque Ada sin mucho convencimiento. - Dan mucho miedo. - En realidad... - Marcus se cruzó de piernas, acomodándose. - Son un poco... incomprendidas. - Dicen que sus gritos pueden partirte los tímpanos. - Apuntó Saoirse. Marcus asintió. - Es cierto, pero también es cierto que solo gritan si se las ignora. Y es verdad... no son muy agradables cuando las ves. Pero esta... estaba perdida. Claro, había oído de la presencia de un dragón, y dijo, ¡eso huele a humano a la barbacoa, mejor que vaya a avisar! - Eso provocó varias risitas en las chicas. - Cuando la he visto, yo que debía proteger a la princesa de la luna, he dicho, ¡no, Alice, vete! Qué susto, no la quería cerca de ella para nada. Pero estaba tan convencido de que se había equivocado de camino... Muchas veces, le tenemos muchísimo miedo a algo y le huimos, como si por huir eso fuera a desaparecer. Y en ocasiones, tenemos que ponernos delante de lo que nos da miedo y preguntarnos, ¿realmente esto es peligroso para mí? Igual es un error. Y si no lo es, más me vale enfrentarlo cuanto antes. - Las chicas le atendían con los ojos muy abiertos. - Así que, con mucha cautela, le he preguntado que por qué estaba aquí. ¡La respuesta era obvia! Pero cuando le he explicado lo que había... se ha dado cuenta de que se había equivocado. - Alzó los brazos. - ¡Con este huracán, a saber dónde iba y ha acabado siendo arrastrada hasta aquí! - Eso levantó varias risillas. - ¿Y a que no sabéis qué? Ella cumple un cometido, ¡y menudo lío si se hubiera quedado aquí por error! Nos da un susto tremendo a nosotros, y encima no llega a su destino, ni avisa a quien tiene que avisar. Así que, se ha mostrado tan agradecida que... - Sacó la gota del bolsillo. Las chicas aspiraron una exclamación. - Me ha regalado una de sus lágrimas. - ¡¿Eso es un pelo de banshee?! - ¡Es increíble! - Ya tenía a todas las niñas encima. Miró a Alice y, con una sonrisa, le guiñó un ojo. Sí que podían aprenderse bien esa estrategia e incluso perfeccionarla... Había resultado no estar nada mal.




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    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Alice sacó morritos, muy orgullosa, cuando Marcus dijo que había podido con la banshee. — No me cabía duda. Mi alquimista de sol tiene muchos recursos. — Aaron chistó y negó, con una sonrisilla, mirando a la nada. No me fastidies, amigo mío, que te pillé con Ethan detrás de una cortina. Pero el mero hecho de estar en el fuerte, con las niñas tan pendientes de Marcus, rodeaándoles, bajo la cúpula de estrellas… Ah, solo podía sacarle una sonrisa embobada, de esa que hacía tanto que no sacaba a pasear.

    Hizo un sonidito de ternura cuando Marcus contó lo de las banshees y asintió. — Muy de acuerdo. Yo en cuarto curso staba muy triste, y muchas veces hice daño o hablé mal a la gente sin querer… — Enfocó a Marcus. — Incluso le dio un susto de muerte a la persona que más quiero en el mundo… — Se encogió de un hombro. — La pena siempre es muy mala. — ¿Y ya estás mejor? — saltó Ada, dándose la vuelta para mirarla con preocupación. Alice sonrió y le acarició la mejilla. — Pues sí, pero, ¿sabes gracias a quién mejoré? A quien supo ver más allá de mi tristeza… Y devolverme al camino. — Saorsie rio. — Mira, pues qué bien que les dio por matarte. Más de uno hubiera querido desde luego, pensó Alice con sorna, ante la ocurrencia de la niña. Volvieron a la historia, y tuvo que reírse con lo de humano a la barbacoa y deleitarse con Marcus poniendo aquel tono para hablar con las niñas, muriéndose de amor por dentro (y probablemente, por fuera su cara lo dijera todo).

    Y entonces llegó a la parte de la historia en la que hablaba del miedo, y tuvo que parpadear varias veces para no traslucir cómo le había llegado aquello al corazón. En miedo habían vivido aquel último mes, las noches dándole vueltas a la cabeza, las dudas… El miedo podía contaminarlo todo, pero, como decía su novio, había que mirarlo a la cara, analizarlo y… Prepararse para luchar. Hacerlo con la ilusión infantil de las primas y la felicidad de Aaron de por fin estar haciendo cosas en familia (y, por qué no decirlo, el momentito a solas en el cuarto), le parecía ideal.

    Cuando Marcus sacó la supuesta lágrima de banshee, Alice fue la primera que se inclinó a mirarla como si fuera un tesoro recién salido de lo profundo de la tierra, una auténtica lágrima milagrosa. ¿De dónde lo habrás sacado en tan poco tiempo? le preguntó con la mirada, riendo y negando levemente con la cabeza. — Pues… ¿sabéis de qué están hechas las lágrimas de banshee? — Las niñas se giraron hacia ella. — De felicidad. — Dijo de pronto Aaron a su lado. Ahora ella se sumó a las miradas de curiosidad. — ¿Qué? Me gustan las criaturas. — ¿Y por qué estan hechas de felicidad? — Preguntó Ada, que era fan de la información, le daba igual la fuente. — Porque… Mira, los humanos, generalmente, cuando lloramos es de pena, así que nuestra lágrimas contienen tristeza. Pero las banshees siempre están tristes, en pena, así que, cuando lloran, es de felicidad, de alegría… — Se dio cuenta de cómo su primo miraba a Marcus. — De agradecimiento. — Entonces podría contener nuestras cosas favoritas, ¿verdad? Es pura felicidad. — Dijo Maeve, acercando un dedo a la bolita pero sin tocarla. — Sí, cariño. — Dijo ella. — A veces puedes concentrar la felicidad aunque sea en un sitio muy pequeño… Como un fuerte casero… Y que sea suficiente para dar luz a tu vida. — Y no quería llorar ella, que habían acordado que los humanos lloraban de pena. Entonces sería una banshee. Eternamente agradecida.





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    Dom Abr 16, 2023 4:17 pm


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    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    - ¿Así lo ves bien? - Preguntó a Shannon. Esta lo valoró unos instantes, pero luego sonrió levemente y dijo. - Vale. Si veis que no puede dormir y os molesta mucho, me lo subes al cuarto, Alice. - Le dijo a su novia, pero Marcus dio por hecho que eso no iba a hacer falta. Si ya Arnie estaba prácticamente dormido, y él había modificado las almohadas para hacerle un colchoncito improvisado de lo más cómodo (y seguro, eso era importante), justo en el lado por el que la sábana estaba más levantada y ventilaba un poco más, para que no pasara calor, así que no iba a haber problema. Solo tenía que intentar convencer a sus hermanas de que no le despertasen.

    Tras un poco de jaleo y griterío, Shannon consiguió conducir a las niñas al piso de arriba para que se pusieran los pijamas. Arnie ya estaba dormido, así que lo dejaron en su huequito. - Ahora vamos nosotros. - Afirmó. - Id subiendo, nos quedamos con el peque. - Aaron, que estaba más en su salsa que en toda su vida, dio una palmada en el aire. - Ya habéis oído, chicas, vamos por turnos. Nos ponemos nosotros los pijamas, y luego van los primos y nosotros nos quedamos con Arnie. - Sí, mejor que siempre hubiera un mayor con Arnie. Los adultos iban a tardar un poco más en acostarse, se iban a ubicar en la sala de estar ya que ellos habían tomado por entero el salón, pero al final habían decidido pasar todos la noche en el fuerte. Lo que sea por tal de no pasar una noche más dándole vueltas a la cabeza y hacer algo diferente, y aquello estaba siendo muy divertido.

    Las niñas y Aaron subieron a cambiarse, y allí se quedaron Alice y Marcus con el bebé. - A efectos prácticos... es casi como si nos quedáramos todos. Este puffskein mágico está ya en otra dimensión. - Bromeó, mirando al bebé con dulzura. - Yo antes también me dormía en cualquier parte y no me molestaba el ruido, y ahora hay veces que hasta en mi cama tranquilo me cuesta... ¿Cómo se hacía? Parecen inmunes a lo que pasa alrededor. - Lo decía con fascinación real, porque los decibelios de Saoirse despertarían hasta a alguien a diez kilómetros a la redonda, y Arnie ni se había inmutado. Miró a Alice, agarró sus manos y sonrió. - ¿Te lo has pasado bien? - Llenó el pecho de aire y miró hacia arriba, al cielo estrellado que había improvisado hacía unas horas. - En La Provenza nos dijimos... que estuviéramos donde estuviéramos, intentáramos buscar siempre las estrellas. Que eso nos haría recordar... todo. Todo lo que somos y lo que tenemos. - Volvió a mirarla, con una sonrisa levemente más entristecida. - Siempre intentaremos... darnos las estrellas el uno al otro, por difícil que parezca. Lo haré todo lo que esté en mi mano. -




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    Dom Abr 16, 2023 8:21 pm


    En el ojo del huracán
    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Sonrió a la petición de Shannon y asintió, pero por dentro estaba diciendo eso será si mi querido Marcus me permite mover siquiera un milímetro al bebé. En el fondo, dudaba que Arnie les diera ningún problema. Había dormido como un príncipe todos aquellos días entre ellos, y concretamente esa tarde, le habían cansado lo suficiente como para que cayera rendido. Habían luchas contra dragones y banshees, levantado fuertes, hecho listas de cosas favoritas… Realmente habían vuelto a la infancia entre todos, o al menos la habían tenido en la oportunidad de tenerla, como Aaron, y estaban como cuando eran pequeños y echaban una tarde de verano jugando: rendidos. Sonrió y se quedó acariciando la manita de Arnie mientras los demás iban a ponerse los pijamas, disfrutando de aquellos momentos de paz.

    Rio calladamente y asintió. — Confirmamos que está fuera de combate. — Dijo bajito. Pero Marcus tenía razón, a esa edad se podía dormir sin problema. Ella puso una sonrisa tierna a su afirmación. — Recuerdo de dos que se quedaron dormidos, muy indecorosamente según uno de ellos, después de jugar sin parar una tarde de verano. Tan dormidos que hasta se descalzaron. — Dijo fingidamente escandalizada, riéndose después y tomando las manos de Marcus. — Me lo he pasado muy bien. Sabías perfectamente cuánto necesitaba algo así y, como siempre, mi alquimista de sol, me lo has dado. — Levantó la vista hacia las estrellas. — Eres único cumpliendo promesas, tienen mucho más sentido así. — Miró a sus ojos y dijo. — No habrá una sola noche de mi vida que no quiera pasar así, te lo aseguro. — Se acercó un poco a él. — Te daría todo lo que pudiera, Marcus, pero me temo que solo te he dado tristeza y problemas hasta ahora. — Le besó intensamente y con dulzura en los labios y se separó. — Algún día, amor mío, te daré mucha felicidad. Mucha. Te lo juro. — Y volvió a besarle aunque se separó enseguida, al oír a las niñas.

    ¡Ya estamos aquí! — Ambos reaccionaron a la llegada de Saorsie chistando, a lo que ella entornó los ojos. — Ay, siempre igual esta gente. Que si no hagas ruido delante del bebé, que si no le despiertes… Nadie hace esfuerzos por no despertarme a mí. — Alice tuvo que contener una risa. Yo diría que a ti es a la que más interesa mantenerle el sueño. Pero se levantó y tomó la mano de Marcus. — Id pensando qué cuentos vamos a contar para quedarnos dormidos y PACÍFICAMENTE — hizo énfasis — elegid sitios para dormir. — Y se fueron hacia la habitación.

    La situación estaba un pelín tensa, por su encuentro de antes, y Alice no pudo evitar, una vez en ropa interior, girarse hacia Marcus, que estaba sin camiseta y acercarse lentamente. — No podía resistirme a mirar esto… — Se mordió los labios por dentro y pasó las manos por su costado. — Solo mirar, lo prometo… — Ladeó la cabeza. — Bueno igual tocar un poquito… — Le dio un piquito y rio. — Pero solo un poquito. —






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    Dom Abr 16, 2023 9:17 pm


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    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    Chistó. - Anda, no me lo recuerdes. - Dijo fingidamente azorado, aunque en el fondo estaba riendo. - Qué falta de decoro por mi parte, en una casa que no es mía y con una chica, sin ser mi novia oficial. - Reforzó, porque sabía que a su novia le encantaba que se pusiera así, a pesar de que, con la edad, él mismo se había dado cuenta de que había sido un poquito exagerado. Lo cual no pensaba reconocer públicamente.

    Sonrió. - Me alegro. - Respondió de corazón. Era lo que quería, que todos se entretuvieran, pero fundamentalmente el mayor objetivo de Marcus iba a ser siempre hacer a Alice feliz y sentirse bien. Había dejado de chocar contra el muro que era tratar de quitarle la angustia a su novia en esos días, pero no iba a dejar de dar pequeñas pinceladas, y algunas, como esa tarde, habían resultado funcionar. Enterneció la mirada cuando dijo todas esas cosas bonitas... pero la entristeció con la continuación. Negó. - ¿Que solo me das tristeza? Alice, no me hagas reír. O peor, enfadar. - Tomó sus manos. - Si estoy triste ahora no lo has provocado tú, lo sabes tan bien como yo. Tú solo me das felicidad. - Recibió y correspondió su beso. - Ya lo haces. - Afirmó, convencido.

    La interrupción de Saoirse le tensó de golpe, y no porque hubiera estado a punto de pillarles besándose, sino de pensar que despertara al bebé. Arnie estaba muy lejos de despertarse, no obstante, ni se había inmutado. Rio a las ocurrencias de la niña y le revolvió el pelo mientras salían del fuerte. - Nada de historias de miedo, que te conozco. - Le dijo entre risas al pasar por su lado. Subió a la habitación y comenzó a cambiarse (a pesar de todo, seguía cumpliendo los protocolos de cambiarse en la más estricta privacidad y concederle la misma a su novia, pero en los últimos días, con tantas personas bajo el mismo techo y semejantes acontecimientos, seguir un protocolo hasta a él se le antojaba ridículo y costoso). Por supuesto, Alice no iba a desaprovechar la oportunidad de acercarse y decirle algo. Ni él tampoco, a quién quería engañar. - ¿Solo mirar? - Preguntó con una sonrisilla ladeada, mirándola de arriba abajo (y un poco de reojo a la puerta). - Yo creo que estás tocando. - Encogió un hombro. - Pero no me quejaré. - Rio cuando ella misma reconoció que tocaría un poquito. - Ya decía yo. - La besó de vuelta y apoyó las manos en su cintura. - Alice Gallia... esto es casi más indecoroso que dormir juntos y descalzos en una casa que no es nuestra. - Rio levemente, y acto seguido apoyó su frente en la de ella, cerrando los ojos. - Siempre tendremos momentos para nosotros. Los encontraremos. -

    Alice y él, con ella en ropa interior y él sin camiseta, no era una buena combinación para gestionar rápido el cambio de ropa y bajar. No es como que él fuera a oponerse a unos minutos de besos y caricias con su novia, pero el movimiento en las plantas tanto superior como inferior no eran muy tranquilizadores (luego se reían de su sentido del decoro, pero si alguien les pillaba, ¡estaban besándose casi desnudos! ¡Que aquella era su familia, por Merlín). Terminaron de ponerse los pijamas y volvieron a bajar. - ¡Mira, primo Marcus! ¡Es fuego de dragón! - Dijo Ada ilusionada (aunque sin gritar, por deferencia a su hermano), señalando un círculo de velitas en el interior del fuerte. Marcus arqueó una ceja y miró a Aaron. - No es fuego de verdad, es un encantamiento. Antes de que me llames Gryffindor negligente. - Dijo con una sonrisa, y Marcus tuvo que sonreír también. Se le ganaba con un buen encantamiento y un mejor ambiente familiar, era la pura verdad. - ¿Podemos comernos las galletitas que han sobrado de la merienda? - Preguntó Ada a los mayores. Los tres se miraron, aunque los ojos parecían recabar más en él. Espera ¿ahora era la máxima institución sobre los niños? Nadie le había avisado de eso. - Supongo. Pero no muchas, una o como mucho dos por persona. Que en un ratito hay que dormir. - ¿De qué van a ser los cuentos? - Preguntó Saoirse, tomando rápidamente su dosis de galletas. Marcus miró sonriente a Alice y dijo. - La princesa de la luna se sabe muchos. ¿Conocéis a una tal Firinne? - Todas negaron. Él tomó una galleta y, acomodándose en el lugar, cerca de Arnie, miró a su novia. - Pues atentas. -




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    Dom Abr 16, 2023 10:46 pm


    En el ojo del huracán
    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Esto no era una buena idea… — Susurró Alice entre dientes. — Frank, yo así no voy a ver nada. — Decía Maeve, a su espalda quitándose y poniéndose las gafas. — No lo sé, mi hermana ahí no está. — Papáááá… Hay que esperar un poquito. — A ver, como idea no había estado mal. Frankie y Molly hacía mucho que no hablaban cara a cara, y la posibilidad de verse, de que se reencontrara toda la familia, era tentadora y bonita, podía servir para rematar aquellos días que, con el final del huracán tan cerca, se estaban haciendo un poco más cuesta arriba, por tener el final tan cerca de los dedos pero tener que seguir aguantando.

    Se oyó un estruendo en el vestíbulo, y Shannon ya puso cara de ir a regañar a alguna de las niñas, pero estaban jugando por detrás de los sofás. — Es el howler. — Dijo Aaron son un suspiro. Sí, esa era otra. El MACUSA, durante lo crudo del huracán no había estado mandando nada, pero ahora que había disminuido, aunque siguiera siendo peligroso, mandaba howlers, porque era lo único que no era susceptible de ser destruido por las condiciones climáticas. Pero era inaguantable. — ¡¡¡¡BUENAS TARDES, CIUDADANO O CIUDADANA DE ÁREA COSTERA E INSULAR DEL ESTADO DE NUEVA YORK!!!! — Todos suspiraron. Era insoportable, y encima Arnie se alteraba mucho cuando llegaba. — EL PARTE PARA LOS PRÓXIMOS DÍAS SERÁ… — ¡Por Merlín y toda la tabla redonda! ¿Qué es eso? — Vaya, Molly había ido a aparecer en el mejor momento, con el howler gritando y Arnie llorando. — Es tu familia, sin duda, mira qué ruido. — ¡Abuelos! Podemos oíros. — Dijo muy alegre, pero también con tono de advertencia. — ¡AY MI NIÑA! A ver… ¡AY SÍ, QUE YA TE VEO! — POR TANTO LAS ACTIVIDADES MARÍTIMAS SEGUIRÁN SUSPENSAS AL CIEN POR CIEN Y SE MANTIENE LA ALERTA A TODOS LOS DISTRITOS QUE ESTÉN A MENOS DE… — ¿Pero quién está gritando así? — Alice suspiró. — Es un howler, ya termina abuela. — ¡Ay mis niños! ¿Cómo estáis? ¿Estáis todos ahí? — Molly, estoy aquí. — Oy, por Dios, ese con la voz de muerto es mi hermano. ¡FRANKIE! — Cuñada, yo también estoy aquí. ¿Ves? Eso sí… A ver que yo te vea, Maeve… — Dijo la abuela acercándose al cristal de su espejo como si fuera a ver mejor. Claro, cuanta más gente en el reflejo, más definición perdía.

    ¿Hay un niño llorando? — Es mío, tía Molly. Hola a ti también, tito Larry. — De repente, una sonrisa enorme apareció en el rostro de Larry. — ¡Uy! ¿Esa es Shannon? — ¡Sí! — ¡Ay, cariño, que ni te había reconocido, estás tan ahí en la esquinilla! ¡Oy pero qué guapísima! Ay, Frankie, es igualita que madre, ¿la recuerdas así tú también? — Su tío sonrío y pellizcó una mejilla de Shannon. — Sí que lo es. — ¿Y ese pequeñín? A ver que lo vea yo. — Shannon lo levantó, y como el howler ya había terminado, Arnie simplemente miró curioso al espejo, claramente sin entender bien qué estaba viendo. — Este es mi Arnold, tita. — ¡OY! Igualito que mi hermano. Bueno, dicen que ha salido más al padre que a mí… — Idéntico a mi hermano, mucho más que mi Arnold, que salió al padre calcado… — Vaya, ya me tocaba cobrar algo… — Se quejó Lawrence entornando los ojos. — Marcus, Alice, ¿cómo estáis? ¿Cómo llevais el huracán? Los americanos son un poco exagerados con eso de los huracanes, eso en Irlanda son tormentas. — Aseguró la abuela, y Alice tuvo que contener una risa. Sí que eran hermanos Frankie y Molly.






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    Lun Abr 17, 2023 10:46 pm


    En el ojo del huracán
    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    Miraba el espejo con los brazos cruzados y una mueca. A ver... puede que él hubiera fomentado eso bastante con su entusiasmo familiar, y ahora, como decía Alice, no le terminaba de parecer buena idea. Los mayores no se estaban aclarando muy bien con el espejo y temía que todo saliera mal. Hasta la paciencia de Shannon empezaba a colmarse. El ruido en el vestíbulo le hizo rodar los ojos y frotarse la frente. Pues lo que les faltaba, el howler. Su abuela no iba a tardar ni medio segundo en hacerlo notar...

    No se equivocó. Se removió, con una sonrisa un tanto tensa por el ruido y las circunstancias. - ¡Abuela! - Saludó, tratando de recabar su atención con su adorabilidad. Alice pensó lo mismo: semblante alegre y recalcar que podían verles y oírles antes de que dijeran algo que cortara el rollo, que hacía mucho que la familia no contactaba por esos medios. Rio levemente. - Estamos bien. ¿Ves a...? - Fue a indicar para dar paso al resto, pero ya Molly tuvo que meterse con Frankie tan abiertamente que le hizo en primera instancia azorarse y luego reír.

    Se retiró a un lateral con una sonrisita, mirando a Alice con las cejas arqueadas, divertido, mientras su familia interactuaba entre sí. Si se quitaba del reflejo podría ver mejor a los demás, y de paso él podía disfrutar del espectáculo que era ver aquel ir y venir de comentarios. El comentario de su abuela sobre que Shannon se parecía a su madre le hizo mirar a Alice con complicidad y ternura, y luego decirle a Shannon. - Es un gran piropo. Siempre está diciendo que su madre era muy guapa. - ¡Y porque no oíste a mi padre hablar de ella! ¿Te acuerdas, Frankie? - Continuó Molly. El hombre empezó a reír por lo bajo, tan discreto como siempre, y la mujer continuó. - Siempre decía todo lo que tuvo que hacer por conquistarla porque los hombres hacían cola solo para verla salir del colmado. ¡Qué exagerado era! - Es verdad que lo decía. - Corroboró Frankie entre risas, haciendo al resto reír también.

    Se tuvo que tapar la boca para no echarse a reír con la reacción de su abuela al ver a Arnie. Eso sí, no sería él si no picaba a su abuela aunque fuera un poquito. - ¿Pero tu hermano no era Gryffindor, abuela? - Sí que lo era. - Pues Arnie va a ser serpiente cornuda, como su padre. O sea, Ravenc... - ¡Este niño, bebé que ve, bebé que va para Ravenclaw! Qué pesadito. - Es que un buen Ravenclaw detecta la inteligencia en los ojos de la gente. - Aportó Lawrence, claramente siguiendo la estela de picar a su mujer. Esta emitió una exclamación ofendida. Marcus podía verla desde el marco girándose a su marido con los brazos en jarra. - ¡Ahora resulta que los demás somos tontos! ¡Y qué vais a ver ni vais a ver en un bebé! Vamos, los O'Donnell, ni más ni menos, que no veis un leprechaun en vuestras narices ni aunque os baile. - Luego miró al bebé. - Dejad a esa ricurita irlandesa tranquilita un rato, mi niño, qué bonito es, no escuches a estos aburridos que siempre dicen lo mismo... - Todo como siempre, como podéis ver. - Dijo Lawrence a Frankie y Maeve, haciendo a todos reír.

    Rio de nuevo con el comentario de su abuela, contestando a Lawrence después. - Estamos bien. - Miró a Shannon. - Tener aquí a la familia mejora mucho las cosas. El otro día hicimos con las niñas un fuerte en el salón. - ¡Oh! Mis niñas. ¿Dónde están? No las he visto. - Chicas, pasad que os vea la tía Molly. - Pidió Shannon a sus hijas. Ada y Saoirse avanzaron con más timidez, pero Maeve se presentó la primera, obediente y con una sonrisa dulce. - Hola, tía Molly. Soy Maeve. - ¡Oy mi niña! ¡Qué alegría conocerte! - Y estas son mis hermanas: Ada y Saoirse. - ¿Vas ya a Ilvermorny, Maeve? - ¡Sí! Estoy en pukwudgie, como mamá y los abuelos. - ¡Qué cosa más bonita! - Molly y Lawrence estaban encantados, y a juzgar por las caras de Frankie y Maeve, también. Seguían achicando los ojos y moviéndose raro, como si no vieran bien, pero bueno, al menos podían conversar.




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    Mar Abr 18, 2023 12:22 am


    En el ojo del huracán
    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Puede que Alice estuviera un poco tiernita de más, pero la historia sobre la señora Lacey original hizo que le brillaran los ojos, y vio que Shannon también se emocionaba. — Qué bonito, abuela. — Sí, lo que no contaba nunca es que él era de los de la cola del colmado y de todas partes, porque solo la miraba atontado, y tuvo que ser mi madre la que un día se le acercó y le dijo “oh, por Merlín, Lacey, ¿vas a invitarme a salir o voy a tener que hacerlo yo todo?”. — Y todos rieron, disipando un poco es ambiente tan emocional. — También dijo delante mío y de toda mi familia que se la veía en mala disposición para la noche de bodas con el otro. — Aportó el abuelo, que estaba un poco arriba, haciendo a Frankie reír a carcajadas, que recibió un manotazo de Maeve, pero siguió riéndose. — Te echo de menos, cuñado. — ¡Anda el otro! Para esto se tienen hermanos, para esto justo.

    Y claro, ya subidos en el carro del pique, por qué no seguir. Lawrence tenía el día chistoso, y cuando lo tenía, sabía hacer reír muchísimo a todo el mundo (todo el que entendía su refinado humor, claro) y Molly había entrado como abuelo y nieto sabían que iba a entrar. — ¿Y tú de qué te ríes tanto, señorita? — Dijo, mirándola a ella. — Es de felicidad pura, abuela, echaba de menos momentos como estos. — Molly sonrió y levantó muy orgullosa la cabeza. — Pues ese niño va a ser igualito que el Arnie original y va a ser un Ave de trueno precioso. — Giró la cabeza para mirarla y cambió el tono. — Pero yo echo mucho de menos a mis Ravenclaws, sean como sean. Si al final me he montado un nido, con todos los que tengo. — Alice le tiró un beso con cariño. Lo que los abuelos la ayudaban siempre, no lo sabía nadie.

    Molly estaba encantada con ver a las niñas, pero al recordar Maeve Junior la casa a la que iba… Alice se acordó de Dylan. No estaba tan lejos el principio de curso, y ellos siempre decían que mamá había ido a Pukwudgie porque no había Hufflepuff en Ilvermony, y ahora… Quizá su hermano acabara en el mismo sitio que ella. Se le puso un nudo en la garganta al pensarlo, y trató de deshacerlo tragando saliva. — ¿Y cómo están los demás? — Preguntó la abuela. — Todos bien. A Jason no me lo quito de encima ni con agua caliente, por una cosa o por otra lo tengo aquí todo el día, siempre encuentra una excusa. — ¡Oh, por favor, mamá, no te quejes, que te encanta que te necesite tanto! — A ver, sí, pero ya está mayorcito, hija, y nunca viene solo, siempre trae a alguno de los chiquillos… Que a mí Betty y Sophia no me dan un problema, pero los chicos… Ay, son tan inquietos… Y mi hijo y mi nieto hablan TAN alto para todo... — Larry rio. — No me parece que seas ajena a la inquietud, Maeve. Shannon y sus chicos siempre tienen un sitio especial en esta casa, y ahora que los demás no me oyen, se puede decir. — Admitió Frank. — ¡Porque es una hija fantástica! Y mira qué de nombres irlandeses, podrían aprender algunos. — Insistió Molly, que estaba especialmente picajosa ese día. — ¿Y Tommy y Georgie? — Larry rio. — Los sigue llamando así como si tuvieran aún menos de doce años, y ya son señores más que crecidos. — Maeve asintió. — Bisabuelos somos y todo… — Pero como Tommy y sus chicos viven en Seattle pues no les vemos mucho… — ¡VAYA! ¡Mira quién lo dice! — Ay, Molly, no empecemos con los “tú te fuiste”... — Pidió Larry. — ¡Pues el primo Marcus nos ha invitado por Navidad a Irlanda! — Saltó Maeve Junior. — ¿Eso ha hecho? ¡Pues es una idea genial! Habrá que ir preparándolo todo, entonces. — Contestó rápidamente Molly. — Lo ha dicho como si fuera veintitrés de diciembre… — Suspiró Lawrence, haciendo, de nuevo, reír a todos. — ¡Bueno! Es que la casa del pueblo hay que adecentarla para tantísima gente, y habrá que decírselo a los O’Donnell que se querrán unir también… Y a Emma, que no se te olvide, que verás las risas, pensó, pero no dijo.

    Me alegro de que no estéis solos en esto, hijos. — Dijo Larry, cambiando el tono. Ella le miró a los ojos y se encontró con esa sabiduría Ravenclaw que tanto admiraba. — No desfallezcais. Vais a traer a Dylan de vuelta. Todos confiamos en vosotros. Y con tanta gente que os quiere cerca, no será tan cuesta arriba. — La abuela Molly la miró. — Tú siempre has tenido un coraje digno de mi casa, mi vida. ¿Qué te dije la mañana de Navidad? — Que la cabeza bien alta, que nadie es más que yo. Dignidad, como los irlandeses. — Esa es mi niña. — Ya sí, las lágrimas llegaron a sus ojos, y todas las niñas, Frankie y Shannon se volcaron en ella. — ¡Noooo no llores! — ¿Veis? — Dijo Alice con una risita, limpiándose las lágrimas. — Y así todo el rato. Tendrás que llorar solo de felicidad, entonces, hija. — Remató Larry, haciéndola asentir.





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    Mar Abr 18, 2023 12:07 pm


    En el ojo del huracán
    Con Alice | En Nueva York | Del 17 al 30 de agosto de 2002
    Las historias de sus abuelos le hacían mucha gracia, pero escuchar a Lawrence decir lo de la noche de bodas con el antiguo pretendiente de Molly le hizo fruncir los labios y abrir mucho los ojos, como un niño que acaba de escuchar a un mayor decir algo muy fuerte, y mirar a los presentes, conteniéndose a duras penas la risa por respeto. Era muy bonito ver como parecía que la distancia y los años no habían hecho mella alguna en la relación entre los dos hermanos y los cuñados. Estaba vislumbrando en el horizonte unas Navidades irlandesas muy bonitas... hasta que el golpe de realidad le recordó dónde estaban y que eso sería así siempre y cuando hubieran solucionado esa maldita situación. Esperaba que sí. Y de ser así... tendrían que convencer a Emma, eso era otra.

    Miró con ternura a Alice (y también un punto divertido de ver a su abuela picada con ella) cuando dijo que se reía de felicidad, mirando de nuevo al espejo desde su posición para continuar. - Le diré a mi padre que no le consideras "el Arnie original". - ¡Oh! Vamos, qué sorpresa sería. Mi hermano Arnold es y será siempre el Arnie original. A tu padre le he cambiado los pañales. Y a ti también, así que no me tires de la lengua. - Si es que se tenía que reír, su abuela era única entrando a todo. - ¿Su hermano era Gryffindor, señora? - Preguntó tímidamente Aaron, que desde su posición tras la familia se le notaba que estaba deseando entrar. Molly estiró el cuello. - ¡El más Gryffindor del mundo! Descendiente de Godric juraría que era. Para lo bueno y para lo malo... - Eso último sonó con un punto melancólico, pero Lawrence estuvo rápido para rescatar. - ¿No os convertiría eso, en ese caso, a todos los de la rama de tu madre en descendientes de Godric? Lo serías tú también. Y, por tanto, nuestro nieto, que tanto alardea de... - No no no. - Saltó Marcus, ya dejándose ver en la zona más central del espejo. Estaban levantando las risas de todo el mundo, pero él ya no se reía tanto. - Yo soy digno hijo de Rowena. - ¿Por qué parte, hijo? - ¡Por parte de padre, como debe ser! - Pues tu abuela Anastasia es Salazar Slytherin reencarnado. - Dijo Molly, picajosa y mascullando. Lawrence soltó una carcajada. - Mira qué suerte has tenido, hijo. Tienes algo de cada fundador. - No me lieis. - Advirtió, frunciendo el ceño y negando con un índice. Aunque ya estaba viendo que aquello se estaba dando la vuelta para meterse con él, como de costumbre, así que sacó su chulería a relucir. - Aunque no me extrañaría. Uno es la combinación perfecta nacido para ser grande. - Miró a Alice. - Y a la única fundadora que me faltaba la tengo aquí. Janet era dignísima hija de Helga... - ¿Cómo llegó Helga Hufflepuff a Pukwudgie? - ¡Que no me lieis he dicho! - Reaccionó al comentario de su abuelo, y ya todos explotaron en carcajadas. Miró a Aaron con los ojos entrecerrados. Si es que toda la culpa es tuya por hablar. Decía que su abuela entraba a los piques, pero anda que él...

    Atendió a la conversación familiar, riendo de nuevo con los dardos de su abuela sobre los nombres irlandeses. Aunque pareciera increíble... echaba de menos a Jason y los demás. Les había tratado muy poco, pero habían sido tan buenos y acogedores con ellos, le habían hecho sentir en familia desde el primer segundo que pisaron el lugar. Miró a Maeve, y esta le devolvió la mirada un instante, sonrió, se sonrojó y agachó la cabeza. Él pronunció la sonrisa, pensando para sí. Maeve se iba a Ilvermorny en unos días... ¿y si no volvían a verse, ninguno de ellos? ¿Y si tardaban tanto en verse, como su abuela y su hermano, que todos envejecían, que se perdían un montón de momentos juntos? Claramente seguirían siendo los mismos, lo estaba presenciando, pero...

    Hablando de Maeve, acababa de dinamitar la sorpresa que ya no era sorpresa para nadie, la verdad, porque entre la promesa que le hicieron en Pascua y los presentes acontecimientos, estaba seguro de que su abuela ya tenía las Navidades irlandesas más que en mente. Marcus rio y volvió a asomar por el espejo. - No te preocupes, abuela, yo ya tengo los preparativos aquí. - Dijo, señalándose la sien, y luego hizo un gesto con la cabeza hacia Alice. - Y seguro que tu nieta de apellido raro está tramando ya bastantes cosas. - ¡Si es que mis niños son mi felicidad entera! - Era tan fácil hacer feliz a Molly como picarla. Lo de "decírselo a los O'Donnell" le sacó una mueca en los labios, así que intervino rápido. - Sí, a ver si lo hablo con mi madre en estos días. - En otras palabras: guárdate la sorpresa, abuela, que mejor que se lo diga yo si queremos que diga que sí.

    Las palabras de sus abuelos eran siempre sabias y cargadas de cariño, le emocionaban y le daban fuerzas para continuar. Al parecer, no era al único, porque ya estaba viendo la reacción de su novia. Y él estaba demasiado sensible, también podría echarse a llorar en cualquier momento, pero se contuvo. Eso sí, cuando vio la reacción de todos, no pudo evitar reír. - ¿Así se me ve a mí? - Todo el rato. - Dijo Aaron con una burlita cariñosa. Le miró, replicando la burla, y dijo mientras se acercaba a su Alice. - No hablo contigo, no-descendiente de Godric Gryffindor. - Eso hizo al otro reír. Al menos ya no se odiaban mutuamente y tenía que reconocer que el jueguecito era divertido. Se sentó junto a Alice y pasó el brazo por sus hombros, dándole un beso en la mejilla. - Ese va a ser mi propósito en la vida, que solo llore de felicidad. - Vio a Shannon llevarse una mano al pecho con ternura, pero la que avanzó de un saltito, poniéndose plenamente a la vista y enganchándose a ellos fue Ada. - Marcus es alquimista de sol y Alice es la princesa de la luna. - Eso le hizo reír espontáneamente, y a su abuela tan bien, loando lo adorable que era la niña. Lawrence, mientras disimulaba la risa, arqueaba las cejas y miraba a la niña sorprendido. - ¡Anda! Y yo me he perdido ese rango. Qué suerte tiene mi nieto. -




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    Mar Abr 18, 2023 9:17 pm


    En el ojo del huracán
    Con Marcus | En Long Island |  del 17 al 30 de agosto de 2002

    Cuando empezó el debate de los herederos de los fundandores, Alice se llevó las manos a la frente y dijo. — Así se empieza… — Se le escapó una risa imposible de contener cuando Marcus atajó al discusión sobre ser descendiente de Godric y ya metió a Rowena de por medio. Cuando mencionó a Helga, Alice se mordió el labio y sonrió, a pesar de la objeciones de Lawrence. — Helga os habría dicho que todos somos familia de todos y que en la casa de Helga la puerta está siempre abierta. — Dijo citando a su propio cuñado aquel día de la fiesta en la sala común. Dedicó una tierna mirada a su novio y Aaron. Si hace tres meses le hubieran hecho jurar que les vería así, habría dicho que no iba a ser posible, y le daba un poco de paz y alegría en el corazón que así fuera.

    Reconectó cuando Marcus la nombró para lo de las navidades. Sabía que era una forma de Marcus de lidiar con la vida, hacer planes que le motivaban, pero ahora a ella se le hacía TAN difícil imaginar unas navidades que quisiera vivir, que quisiera celebrar… Si tan solo viera el final de esa situación, podría empezar a planificar, pero de momento… No obstante, empujó a sus labios a una risa y dijo. — Siempre estamos dispuestos a una buena fiesta, y por lo que he visto por aquí, los Lacey también.

    Y entonces, Ada apareció adorablemente y habló de sus nuevos rangos. Con una sonrisa, acarició el pelo de la niña tiernamente, y miró al espejo. — Así es. Construimos un fuerte, ¿verdad chicas? Y necesitábamos un alquimista para defenderlo. ¿Qué rango tienes tú, tío Larry? — Preguntó Saorsie. — Carmesí, pequeña. — ¿Ese es el más alto de los de verdad? — No exactamente. Flamel es alquimista de vida, pero nadie más puede serlo. — La niña arrugó el ceño. — ¿Por qué? ¿Y si yo quiero serlo no puedo? — ¡No! No puedes, igual no puedes serlo todo, pesada. — Recriminó Ada. Y viéndose venir la tormenta, Alice intervino. — A ver, contadle las dos qué es un alquimista de sol al tío Larry. Es un alquimista que transforma emociones. — ¡Sí! Las buenas en malas. Y curó una banshee y la banshee le dio su lágrima. — A Molly le brillaban los ojos, y Larry tenía cara de que no le cabía el orgullo en el pecho. — Entonces ese rango lo ha sacado de su abuela. ¡Y Alice de su mamá, porque era muy buena y hacía sonreír a todos! — Remató Ada, que estaba enganchada a sus historias.

    Alice levantó la vista y sonrió a los abuelos. — Exactamente, así que vamos a ejercer todos de alquimistas de sol. — Alargó la mano a Marcus y la apretó. — ¿Quién me va a contar la mejor anécdota de Ballyknow esta tarde? — Y Molly, Frankie, incluso Shannon, se pusieron a empezar historias, mientras las niñas reían y Arnie percibía la felicidad en sus palabras. En cuestión de días tendrían que volver a enfrentar la realidad, pero esa tarde, justo esa, podrían simplemente disfrutar de la familia.






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    Mar Abr 18, 2023 10:52 pm


    La mágica familia americana
    Con Alice | En Nueva York | 28 de agosto de 2002
    - ¿Y ahora qué voy a hacer yo? ¿Eh? ¿Eh, sinvergüencilla? ¿No te da vergüenza ninguna, dejar a tu primo solo? ¿Eh? - Bromeaba con Arnie, y este reía a carcajadas, mientras le movía las manos y los pies y le hacía cosquillas. No quería llorar, así que mejor hacer el tonto. - Míralo, ninguna vergüenza le da, se ríe. ¿Eh, verdad? Te ríes de mi desgracia. Sin dormir me veo ya para siempre. - Mínimo esa noche se veía llorando. Había pasado... mejor no llevaba la cuenta de los días, que se agobiaba, pero bastantes noches durmiendo con Alice y Arnie entre ellos. Dormir con su novia era lo mejor de su día, dormir con el bebé le llenaba de ternura, y dormir acompañado mejoraba su sueño y reducía las vueltas que le daba a la cabeza. Esa noche iba a volver a dormir solo... Mejor no lo pensaba mucho.

    - Venga, chicas. ¡Maeve! Maeve, hija, ¿por qué tardas tanto? - Voy a echarle una mano. - Se ofreció Marcus, ya que Shannon ya iba lo suficientemente cargada con Arnie en brazos, rodeada de maletas y con las otras dos yendo y viniendo. Subió los peldaños de dos en dos y se dirigió con un gracioso trote al dormitorio en el que estaba Maeve. Cuando entró, vio cómo la niña, rápidamente, se frotaba la cara con una manga. No lo suficientemente rápido como para que él no la viera. - Eeh. - Dijo con suavidad, preocupado, y se arrodilló ante ella, que miraba al suelo cabizbaja y sentada en la cama. - ¿Qué pasa? ¿No quieres irte? - A pesar de lo agachada que tenía la cabeza, vio cómo arrugaba los labios y tragaba saliva, probablemente porque no pudiera hablar sin llorar. Se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas, dándole su tiempo. Tras unos segundos, la chica habló, con la voz quebrada. - Siempre echo mucho de menos a mi familia. Se ha pasado el verano muy rápido. - Marcus puso una mueca comprensiva en los labios. - Sé lo que se siente. - Y... y... - Sorbió y volvió a pasarse las mangas por la cara. Veía que la chica no podía contener el llanto tanto como le gustaría.

    Como la veía con dificultades para hablar, fue a sentarse a su lado en la cama y a intentar decirle algo que la confortara cuando, justo antes de que llegara a moverse, ella habló. - ¿Y si no te veo más? - Marcus parpadeó. - Bueno, a los dos, a ti y a Alice. Es que... Es... - Y lloró con más fuerza. La cara de Marcus ya era de tristeza y de sentir que aquello se le había ido de las manos. - No, claro que nos vamos a ver. - Pero la niña seguía llorando. Chistó, se levantó y se sentó a su lado, pasándole un brazo por los hombros. - Pero Maeve... - Y ella se abrazó a su cintura en el acto. Pues se lo estaban poniendo un poquito complicado para no llorar, la verdad.

    La dejó desahogarse un poco, porque entendía el vértigo que daba con esa edad irte lejos de tu familia tantos meses, y simplemente la abrazó, apoyando la cabeza en su pelo, hasta que se relajó un poco. La separó entonces para mirarla, sacándose un pergamino del bolsillo que transformó en pañuelito a punta de varita... Mal asunto, había provocado que intensificara el llanto otra vez. - Ey, venga, no estés tan triste. ¡Claro que nos vamos a ver! - Intentó decir por encima de su llanto. La niña le miró con los ojos entornados y enrojecidos. - ¿No escuchaste ayer a mi abuela? Si piensas que esa quedada navideña no se va a producir, es que no la conoces de nada. - La niña sorbió. - Muchas veces los mayores decís que vais a hacer planes y luego no se hacen. - Dijo entre lágrimas. - Y... habéis venido por Dylan, y... cuando él vuelva con vosotros, os iréis y no volveréis más. - Acto seguido, le miró con los ojos muy abiertos, apurada. - ¡Quiero que Dylan vuelva! Porfa, no le digas a Alice que he dicho esto, que no quiero que piense que no quiero que recuperéis a su hermano, claro que quiero. - Lo sé, te he entendido perfectamente. - Dijo con comprensión, y fue a consolarla de nuevo... pero ahora tenía que escoger muy bien sus palabras.

    Echó aire por la nariz, agachando la cabeza y dándose unos instantes. - Mira... no te voy a mentir. - Se mojó los labios. - No creo que volvamos a Nueva York. No a corto plazo, al menos quizás cuando hayamos olvidado todo lo que hemos sufrido por culpa de los Van Der Luyden. - La miró. - Sé que eres mucho más inteligente y observadora de lo que piensas. Y que sabes... que aquí no estamos bien. - Agarró una de sus manos y vio cómo la niña le miraba con las pupilas temblorosas. - Pero jamás pensamos que íbamos a encontrar aquí a unas personas tan buenas, a una familia tan magnífica como la que tenemos. Los mejores momentos que hemos tenido, los más felices, nos los habéis dado vosotros. - La niña ahora derramaba lágrimas en silencio, con los labios temblorosos, sin dejar de mirarle. - Esta va a ser siempre nuestra mágica familia americana. Y nunca más nos vamos a separar, aunque sea... en nuestro recuerdo, en nuestro corazón. - Amplió la sonrisa. - Mira mi abuela y tu abuelo. Después de tantos años, siguen hablando como si no les hubiera pasado el tiempo... - Pero la tía Molly no nos conocía, casi ni conocía a mamá. Llevan años sin verse en persona. Yo no quiero estar tantos años sin verte. Yo quiero... Quiero construir más fuertes en el salón en nuestras vacaciones. - El corazón se le iba a romper de ternura. - Maeve... estas Navidades, vamos a crear en Ballynow el fuerte más enorme que se haya visto en Irlanda jamás. Te lo prometo. - Apretó su mano. - Y mi casa de Londres tendrá las puertas abiertas para ti siempre que quieras. Y tienes razón... es muy probable que no nos veamos tanto como nos gustaría. Pero nos veremos. Si no aquí, en Londres, en Irlanda, o en cualquier otra parte del mundo. - Alzó ambas manos. - ¡Somos magos, nos podemos aparecer! - Ella rio un poquito y dijo. - Vale, pero si quedamos, yo no me llevo a Fergus. La prima Sophia casi lo mata cuando vinieron de vacaciones. - Eso le hizo reír a carcajadas. - Hecho. -

    Shannon le iba a matar, pero no podía dejar irse a Maeve llorando de esa forma, así que se quedó un rato más hablando con ella. - ¿Mejor? -La niña encogió un hombro. - Vale... tengo una cosita para ti, pero tienes que prometerme que no vas a llorar. - La niña asintió, aunque no muy convencida. Ya, sabía que estaba pidiendo mucho, pero lo tenía que intentar. Se metió la mano en el bolsillo y sacó la gota transmutada. Ella abrió mucho los ojos. - Creía que se la ibas a regalar a Alice. - Dijo apurada. Marcus rio levemente. - Alice un día me va a echar de la casa porque no vamos a caber los dos y todos los regalos que le hago. - Rieron. - Esto es para ti. - La puso en su mano y la envolvió. - Cuando construyas tu propia casa, que me consta que lo harás... ponla en ella. Donde tú quieras: en una pared, en el techo, en los cimientos, donde solo tú sepas que está... Estoy seguro de que nadie como tú le encontrará el mejor lugar. - La niña tenía los ojos inundados de nuevo. Marcus la señaló con un índice, mirándola con los ojos entornados hacia arriba. - He dicho que nada de llorar. - Eso la hizo reír, y se le escapó una lágrima furtiva que se limpió rápidamente. La abrazó con fuerza. - Vamos a vernos, Maeve. Ya eres mi prima favorita. - ¿Más que Arnie? - Bueno, Arnie es un bebé, no cuenta. Ya veremos cuando crezca. - ¿Y que Sophia? Os parecéis un montón. - Bueno ¿quieres el título o no? - La niña rio a carcajadas, y se estrecharon aún más en el abrazo.

    - Venga, que tu madre te espera abajo. - Dijo, levantándose de la cama, pero Maeve miraba la supuesta lágrima de banshee entre sus manos. - Es un pelo muy largo para ser tuyo... ¿de quién es? - Él le puso una sonrisa enigmática. - ¿De quién quieres que sea? - Ella frunció una sonrisita. - De banshee... pero sé que eso no es posible. - Marcus se encogió de hombros. - ¿Entonces? - Maeve miró la lágrima unos segundos más y dijo. - Si va a estar en mi casa... de alguien muy importante. De alguien que vaya a estar conmigo siempre. -Marcus amplió la sonrisa fruncida. - No dudes que así es. - La niña se levantó, dispuesta a salir... pero tenía algo más que decir. - ¿Y cómo la has hecho? - Soltó una carcajada. - Tú podrías ser Ravenclaw también ¿eh? - La miró. - ¿Sabes? Cuando el padre de Alice vino a Nueva York y conoció a su madre, fueron a un espectáculo de magia muggle. - ¡Uy, sí, hay un montón! Pero no hacen magia de verdad. - Lo imagino. - Dijo entre risas. - Pero ¿sabes lo que dijo el supuesto mago? - Le dio un toque en la nariz y dijo. - Que un buen mago nunca revela sus trucos. - Ella le miró con los ojos brillantes. Sin esperarlo, dijo. - Cuidaré de Dylan. - Marcus parpadeó. Le había pillado fuera de juego esa afirmación, de hecho... tardó en entenderla. - Si cae en Pukwudgie, que seguro que sí, cuidaré de él. Le voy a contar que estáis aquí, que habéis sido muy buenos con nosotros, y que vais a recuperarle. Que estáis luchando un montón por él. - Ahora era Marcus quien quería llorar. Tragó saliva para deshacer el nudo de su garganta y sonrió. - Bueno... esperemos que podamos llevarle directamente a Hogwarts. Pero le va a encantar conocerte en cuanto pueda hacerlo, estoy seguro. Os vais a llevar genial. - Le pareció notar cierta condescendencia en la mirada de la niña, como si ella supiera una realidad que Marcus no, como si él, una vez más, se estuviera empeñando en no ver aquello que no quería ver. - ¿Me despides abajo? - Fue, en cambio, lo único que dijo, con una sonrisa, los ojos brillantes y tendiéndole la mano. Marcus asintió, por supuesto, y con una sonrisa, le dio la mano y bajó con ella las escaleras.




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    La mágica familia americana
    Con Marcus | En Long Island |  el 28 de agosto de 2002

    — ¡Quiero que me lo contéis todo sobre el fuerte! — ¡Pues era el fuerte más grande del mundo y más fuerte! — ¡Y tenía estrellas! — ¿Y cómo lo construisteis? ¿Con sábanas de primera calidad? — Sí, de florecitas y las feas para el suelo. — Shannon suspiró y dijo. — Total, que no me voy a ir nunca, porque mi hermano se dedica a alterarme a las niñas… — Alice rio. Jason había vuelto a su sitio favorito y claramente eso le daba energía, mientras su familia, Frankie y Maeve estaban arreglando el jardín y el frente de la casa. Y Alice le venía muy bien el aire fresco y sentirse útil, así que allí estaba, ayudando con hechizos aquí y allá. — Me voy a la entrada a ver si así las niñas entienden que tenemos que irnos. — Se acercó a Alice y la abrazó. — Sigue como hasta ahora. Retoma lo que estabas haciendo antes del huracán. — Ella asintió y le dio un besito a Arnie en la frente. — Le vamos a echar de menos. No creo que tanto, por lo que vi hace un par de días saliendo de la habitación... Pero claramente duerme mejor con vosotros que conmigo. — Vaya, alguien sí que les había pillado. Ambas rieron y Alice la miró con cariño. — Gracias, Shannon. Gracias por ser mi familia y enseñarme tanto. — La mujer la miró emocionada y le dio un beso en la mano. — Cuando quieras ven a verme a Jersey, ¿vale? — Se giró a las niñas. — Jason, por favor, llevo quince días sin ver a mi marido, ¿te importa? Venga, chicas. — Las niñas corrieron a abrazarla y ella les correspondió. — ¿Haremos más fuertes? — Por supuesto. — Y la próxima vez, con tu hermano Dylan, ¿vale? — Dijo Ada de forma adorable. Alice las estrechó y asintió. — Claro que sí. Portaos bien con vuestros padres, eh. Nos vemos pronto. — Y se alejaron mientras Shannon decía. — ¡Y ahora me falta la otra! ¿Dónde andará?

    Aaron y Frankie Junior se reían mientras arreglaban la valla, de algo que Frankie estaba contando y su primo hasta poniéndose rojo (vale, no quería saber) y Sophia se le acercó. — ¿Cómo lo has llevado? — Alice se encogió de hombros y rio. — Algunos días fatal y otros… Fueron muy bonitos. Hacer todos algo por todos, por estar contentos… — Sophia sonrió y asintió. — Creo que todos hemos estado igual. He estado a punto de matar a Fergus un par de veces, he deseado que Frankie no tuviera boca muchas más… Y mi madre ha estado a punto de abandonarnos y empezar una nueva vida en Hawaii, pero al final se ha dado cuenta de que nos quiere así. — Ambas rieron, revisando las ventanas y la fachada. — Lo malo es que… Se ha parado todo, y esto se hace cuesta arriba. — Dijo Alice con la voz un poco más baja y la mirada perdida. Tenía que empezar a barajar opciones de lo que podía encontrarse, con qué podían trabajar y demás.

    Alice, cariño, ¿no quieres aprovechar para dar una vueltecita? Llevamos muchos días encerrados. — Dijo la tía Maeve. — No, de verdad, estoy bien, si aquí podemos ayudar… — Yo puedo ir contigo. — Sugirió Sophia. Vale, todos la estaban mirando, y debía lucir una cara de muerta interesante. Alice los miró a todos y suspiró. Le vendría bien poder desahogarse con alguien de su edad y que no fuera a rompérsele el corazón con todo lo que dijera, que la dejara llorar… Sophia era superinteligente, amable y podía confiar en su criterio. Asintió y solo dijo. — Decidle a Marcus que me he ido a pasear y que estoy bien, ¿vale? Que no se raye. — Tranquila, prima, que le vamos a decir que le has dejado por Fergus a ver qué dice. — Saltó Aaron, haciendo reír a Frankie. Vaya dúo se había montado ahí.

    La idea de la tía Maeve había sido maravillosa. Poder respirar la brisa marina, húmeda y fresca, estaba siendo una auténtica bendición. Sonrió y cerró los ojos, mientras caminaban cerca de la costa. — Me encanta el viento, ¿sabes? — Abrió un ojo y sonrió. — No en forma de huracán, pero… — Ambas rieron y Sophia asintió. — A mí también. Me ayuda a pensar. Aunque nosotras siempre estemos pensando. — Y volvieron a reír. Qué bien sentaba hablar con otra Ravenclaw. — De hecho, estos días, entre otras cosas, he pensado mucho en ti y en tu hermano. En cómo podíamos ayudaros. — Alice suspiró y Sophia se agarró las manos a la espalda. — ¿Por qué no me cuentas que tenéis hasta ahora? A veces, una visión más imparcial y desde fuera, con solo los datos, es más enriquecedora, cuando has agotado las de dentro. — Alice asintió, y, tomando aire, comenzó a ponerlo todo de forma ordenada para que Sophia pudiera trabajar con ello.






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    Con Alice | En Nueva York | 28 de agosto de 2002
    Se despidió alegremente de Shannon, de Arnie y de las hermanas, dándole otro abrazo a Maeve (Saoirse y Ada pidieron otros en compensación para que no pareciera que había favoritismo, lo que provocó bastantes burlas de Frankie y Aaron, que parecían llevarse muy bien ahora), pero cuando vio a la familia desaparecer, se le hizo un nudo muy fuerte en la garganta. Trató de tragar y carraspear para paliarlo pero no podía, así que, con la sonrisa más normal que encontró, se dirigió de nuevo al interior de la casa, rápidamente, con la excusa de irse discretamente al baño a relajarse un poco antes de que le vieran tan mal. No sabía qué le había pasado pero se sentía con las emociones desbordadas. Era muy probable que... llevara aguantando el temporal mucho tiempo con cosas muy duras y que ese día hubiera bajado la guardia, que no hubiera pensado que eso fuera algo que tuviera que gestionar, y le hubiera entrado el daño sin vérselo venir.

    - Tu novia preocupada porque pensases que le ha pasado algo y tú ni preguntas, qué feo. - Bramó Frankie de fondo, bromeando y riendo con Aaron, a lo que él respondió con una sonrisilla y una muececita, porque de verdad que no podía hablar. Subió las escaleras a zancadas antes de cruzarse con nadie, y sentía que no llegaba al baño, como un corredor que teme desvanecerse antes de llegar a la meta. Y encima fue interrumpido. Porque sí que le había visto alguien. - ¡Eh! Que no está conmigo, que estoy aquí. - Dijo Fergus, trotando tras él para alcanzarle y casi poniéndosele enfrente. Parecía querer hablar con normalidad pero le estaba escudriñando. Sabía detectar cuándo alguien le escudriñaba, sobre todo si era un chaval de catorce años que aún no había perfeccionado sus tácticas de disimule. - Los capullos esos te han hecho la broma ¿no? Qué tíos... - Ni sabía de lo que le estaba hablando. Señaló con el pulgar la puerta tras él, y cometió el error de intentar hablar. - Perdona, voy... - Se le rompió la voz. Carraspeó fuertemente. - Voy al baño. - ¿Estás bien? - Interrumpió Fergus, con expresión preocupada. Marcus tragó saliva. No, no estaba bien.

    Ni siquiera contestó. El chico miró a los lados, le agarró del brazo y tiró de él hasta su habitación, la que un día fuera del padre de Fergus. Cerró la puerta y le miró como si temiera que fuera a decirle de un momento a otro que se estaba muriendo. - ¿Qué pasa? - Preguntó, cruzado de brazos y encogido. - ¿Estás rayado porque se ha ido tu novia sin decirte nada? Está con mi hermana. - No, no. Para nada. - Atinó a decir, pero se le estaban saliendo las lágrimas. ¡Pero qué estupidez! ¿Por qué estaba así ahora, por Merlín? De verdad que cada día se entendía menos. Se frotó los ojos, respirando para serenarse, y Fergus siguió intentando comprender. - ¿Le han hecho algo a Dylan? En plan ¿algo chungo? - Marcus negó. Su pobre primo estaba preocupadísimo y él llorando por una tontería... - No, es que... De verdad, no es nada. Solo me he emocionado un poco con la despedida, ya está. - ¡Tío! ¡No me fastidies! ¡Qué puto susto, por Dios! - El chico resopló y se sentó en la cama, respirando aliviado. - Como le digamos a Maeve que te has quedado llorando por ella, no nos la quitamos de encima. ¡Tío! Te han vendido como el listo de la familia, no me jodas que estás llorando por eso. - ¡Eh! Que sea listo no quiere decir que no tenga sentimientos. - Se secó las lágrimas. Al menos se le estaba pasando la congoja. - Ha sido solo un momento, ya estoy bien. - Sorbió un poco. - Y menos superioridad, que te he visto la cara de preocupación. - ¡Pues claro que me has visto la cara de preocupación! O sea, me tiro medio verano encerrado en la casa por culpa del huracán, salgo ahora que me quedan tres días para volver a Ilvermorny, ¡y me encuentro a mi primo el alquimista llorando! Joder, es que impresiona ¿sabes? - ¿Nunca has visto a un adulto llorar? - Tú no eres adulto, tío, no te flipes, que solo tienes cuatro años más que yo. - Marcus soltó una carcajada bufada. - Si no fuera adulto iba a estar yo aquí... - Masculló amargamente. El otro siguió. - Además, ¿conoces a mi padre de algo? Mi padre llora con todo, tío, eso te insensibiliza. Pero tú eres de otra forma. Es como... que impones más, yo que sé. ¡Ah! Y he visto una foto de tu madre. Da tela de miedo, no me quiero imaginar en persona. - Le miró con el ceño fruncido y una sonrisilla. - ¿Cómo has visto tú una foto de mi madre? - El chico puso una interesante caída de ojos y dijo. - Yo me entero de todo, primo. - Marcus ladeó la sonrisa y dijo. - Tú y yo nos parecemos más de lo que parece. -




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