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    Phoenix
    Juno
    Phoenix
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    Dom Nov 13, 2022 8:51 pm
    Who can presume to know the heart of a dragon?
    INSPIRED
    TV Series
    House of the Dragon
    Cuando la Princesa Rhaenyra puso sobre la mesa una alianza matrimonial entre su hijo mayor, Jacaerys, y la princesa Helaena, lo primero que obtuvo de la Reina Alicent fue una negación rotunda. Pero después de los ruegos del Rey Viserys y, sobre todo, de una larga plática con su padre, Otto Hightower, la Reina Alicent acabó por dar su consentimiento para sorpresa de la Corte y alegría de su esposo.

    Para el joven príncipe Lucerys, la noticia llegó con cierto receloso porque, por más que Helaena aparentara inocencia, no dejaba de ser hija de la mujer que tanto odiaba a su madre. Para Aemond Targaryen la noticia fue la peor de las traiciones, pues fue incapaz de concebir que su amada hermana ahora estuviera prometida a uno de sus enemigos jurados.

    La boda se llevó a cabo en Desembarco del Rey, con el viejo Rey Viserys visiblemente emocionado por lo que parecía el final de un largo conflicto entre su amada hija y su segunda esposa. Helaena se convirtió en esposa de Jacaerys con la promesa de mudarse con él a Rocadragón, junto a su nueva familia. A pesar de las reticencias de Alicent de ver a su hija partir e imaginarla viviendo en las líneas enemigas, Otto Hightower veía en esto una oportunidad para tomar ventaja en un período de paz aparente.

    Varios años han pasado desde aquella boda que removió los cimientos de la resquebrajada familia Targaryen y aunque hasta ahora todas las partes parecían haber limado sus asperezas, la menguada salud del Rey amenazaba con cambiarlo todo para siempre.

    Enviado a Desembarco del Rey como emisario de su madre, la Princesa Heredera, Lucerys llegó a la Fortaleza Roja con esperanzas de tener noticias más concretas sobre la salud de su abuelo, pues todo lo que llegaba a Rocadragón no eran más que rumores y noticias a medias que empiezaban a desesperar a su madre. Lucerys hasta ahora vivió aferrado a la idea de que la Reina y la Mano del Rey jamás intentarían un movimiento hostil ni de alta traición sabiendo que ahora Helaena vivía en Rocadragón. Pero en la Fortaleza Roja todos tenían segundas intenciones y lo único que recibió a cambio fue una negativa a entrevistarse directamente con Rey, quien seguía aquejado de una dolorosa enfermedad.

    Tres días después de la llegada de Lucerys a Desembarco del Rey, el Príncipe Aemond regresó a casa en el lomo de Vhagar después de su última visita a Antigua, por encargo de la Reina. Ninguno de los dos había cruzado palabra desde la boda de sus hermanos, ha pasado el tiempo suficiente para que las viejas rencillas se apaciguaran, al menos para contentar a su familias.

    Pero la sangre del dragón es voluble y siempre danza cuando hay fuego demasiado cerca.

    × × × × × × × × × × × × × × × × × × × × × ×

    « C A P Í T U L O S »

    Lucerys Velaryon
    Príncipe — Jinete de Arrax — Timothée Chalamet — Minerva

    Aemond Targaryen
    Príncipe  — Jinete de Vhagar — Ewan Mitchell — Juno







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    Minerva
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    Dom Nov 13, 2022 9:57 pm
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys



    A veces, Lucerys sentía que su apellido le quedaba grande. Sabía que era el segundo hijo de la heredera al trono. Un Velaryon. Un Targaryen. La sangre del dragón. Era muy consciente de todo eso, en especial porque toda su vida se había visto cuestionado de si lo merecía, y a veces él mismo lo dudaba. No era perfecto como su madre, ni un gran guerrero como su padre, ni un ser indomable como su tío, ni un versado en diplomacia como su hermano. Se suponía que a la muerte de su abuelo tendría que tomar su puesto como líder en Marcaderiva, pero él mismo tenía problemas para verse a él mismo como el Señor de las Mareas. Por suerte, su abuelo parecía gozar de buena salud.

    Sin embargo, dudar de sí mismo nunca le había impedido cumplir con su deber. Desde niño había aprendido a apretar los labios, cuadrar los hombros y cumplir con lo que su madre requería de él, fuera lo que fuera. Nadie tenía que saber que moría de miedo por dentro. Los demás veían a un Velaryon. O un Strong. Pero no a un hombre que pudieran pisotear...

    Al menos la mayoría de la gente.

    Cuando su madre le dijo que lo enviaría a Desembarco del Rey para tener noticias directas sobre la salud de su abuelo, quiso protestar. Seguro que Jace haría un mejor trabajo que él. Pero su tío Daemon no oiría hablar bajo ninguna circunstancia de que la princesa Helaena volviera a casa. La verdad era que su cuñada le agradaba, era una pena que fuera una moneda de cambio, pero entendía que estratégicamente debía quedarse en Rocadragón.

    Así que por eso había tenido que montar a Arrax y dirigirse a Desembarco del Rey, donde no había puesto un pie en años. Ahí estaba, haciendo honor a la palabra de su madre de que sería un mensajero y no un guerrero. Aguantando las sonrisas falsas y las verdades a medias. No había podido ver a su abuelo ni acercarse a la habitación de este. Tenía que aguantar cenas con la reina Alicent y su padre pretendiendo que les importa su presencia. Peor aún, compartir mesa con Aegon borracho y burlón.

    Sin embargo, al menos no había tenido que ver a su tío Aemond... hasta ahora.

    Cuando anunciaron la llegada del príncipe, Lucerys sintió que se le helaba la sangre. Si bien recordaba de niños lo mucho que se metían con él, nunca olvidaría la amenaza de sacarle un ojo a cambio del que en su día le había sacado con una cuchillada. La última vez que lo había visto él todavía era un niño, pero Aemond era un tipo grande e intimidante, con sonrisa de psicópata.

    Una parte de él no quería volver a verlo. Otra, sin embargo, tenía algo de curiosidad sobre cómo sería verlo ahora, sin estar en inferioridad física. O al menos no en tanta. Sin embargo, verlo o no, no era una cuestión de voluntad. Era un emisario. Así que se puso su mejor capa roja y negra y se dirigió al salón del trono para la llegada de su tío, dispuesto a controlar su temperamento cuando lo acusara una vez más de ser un Strong. Había prometido a su madre no empezar un conflicto diplomático.

    Ocupó su lugar en la corte mientras esperaba. Cuando las puertas se abrieron, pudo ver a Aemond de nuevo por primera vez en años. Seguía siendo tan alto, fuerte e imponente como recordaba.

    Pero no se dejaría intimidar. No esta vez.







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    Miér Nov 16, 2022 11:49 pm
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    A pesar de que hacía mucho tiempo que había dejado de ser un niño, Aemond todavía solía ser bastante complaciente con su madre. Pero empezaba a cansarse de las extrañas peticiones de ésta para visitar Antigua con demasiada frecuencia últimamente. Aunque Aemond a veces participaba en el Consejo Real, era consciente de que tanto su madre como su abuelo no compartían con él todo. Así que llevaba uniendo piezas y fragmentos de todas las reuniones y miradas de las últimas semanas.

    Para nadie era un secreto que su padre cada día estaba más enfermo, Aemond no recordaba cuándo había sido la última vez que se había levantado de la cama. El Rey no era más que un cadáver putrefacto que, a duras penas, respiraba. Su media hermana seguía en Rocadragón pretendiendo ser una madre de familia y el inútil de Aegon estaba jugando a no enterarse de nada. Aemond podía oler el fuego y la sangre a kilómetros, pero aguardaba la ocasión perfecta para encarar a su madre a solas.

    Cuando descendió del lomo de Vhagar, consideró seriamente usar algún pasadizo para evitar la aparatosa bienvenida. Pero, además del desaire a su madre, pensó que a Aegon le estaría bien empleado ver cómo él estaba regresando a casa tras ser de utilidad a la familia. Aemond caminó por el pasillo que llevaba hasta el trono de hierro, donde sabía que estaría su abuelo sentado, dispuesto a escuchar noticias de sus andanzas en Antigua. A su parecer, su abuelo lucía demasiado cómodo allí sentado, pero sabía que decirlo en voz alta sólo conseguiría resquebrajar más a la familia que ya estaba en crisis desde que su amada Helaena se desposó a Jacaerys.

    Aemond frunció el ceño, pues pensar en su hermana siempre lo ponía de pésimo humor y no era así como quería entrar al salón del trono. En cuanto llegó, más allá del desfile de Capas Blancas, era un rostro a primera vista desconocido. Aemond fue consciente del tiempo que había pasado desde la última vez que se habían visto. Lucerys ya no parecía un mocoso al que él doblaba en tamaño y tuvo ganas de soltar una carcajada en mitad de la corte, pero se contuvo.

    Aemond, sabiendo justo lo que quería decir, no se fijó en su abuelo ni nada de lo que éste le estaba diciendo, sino se dirigió a su madre, quien estaba más hacia su izquierda.

    Madre, ¿por qué no me habías dicho que teníamos visitas? Espero firmemente que hayas esperado hasta mi regreso para darle una bienvenida a mi sobrino como se merece. —Aemond pudo ver en los ojos en su madre, en el susurro ahogado clamando su nombre, que había conseguido hacerla enfadar. Cuando miró por encima del hombro la silueta de Lucerys, se preguntó si había conseguido el efecto deseado—. ¿No me das la bienvenida, sobrino? Son muchos años sin vernos.










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    Vie Dic 02, 2022 12:06 am
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Sintió desde el primer momento en que la mirada de su tío se fijó en él. Era impresionante como solo con un ojo parecía capaz de percibir hasta el menor detalle a su alrededor, aunque lo interesante era que nada parecía llamar más su atención que la presencia de Lucerys en la corte.

    Tal vez era idea suya, pero la reina parecía inquieta, y la Mano del rey, molesto. Lucerys se aseguró de mantener la frente en alto, lo que fue bueno porque las personas a su alrededor se hicieron discretamente al lado, haciendo campo. Inspiró profundo y avanzó hacia su tío. No se iba a dejar intimidar. Lo repetía como un mantra en su cabeza. Su madre estaría orgullosa de él en esa visita.

    Bienvenido, tío —saludó, aunque no se inclinó de forma profunda, solo brevemente la cabeza—. Son muchos años, y la Fortaleza roja no es lo mismo sin ti.

    Escucharse hablar le da valor para incluso esbozar una ligera sonrisa. Jace suele decir que un día se va a meter en líos porque sus labios tenían una sonrisa burlona, quisiera o no. Y cerca de Aemond, no podía evitarlo.

    Sabía que todas las miradas del salón estaban sobre ellos dos. En cierta forma lo agradecía, porque su tío tendría que contenerse, así que le daba cierto margen de acción. Qué sucedería luego cuando se encontraran a solas en algún lugar de la Fortaleza era un problema con el que tendría que lidiar más adelante.





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    Jue Dic 15, 2022 1:25 pm
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    Aemond podía sentir claramente la mirada de su madre sobre él. Últimamente, con la decadencia de salud del Rey, su madre quería tener bajo control absolutamente todo, en especial a sus hijos. Mantener a su hermano Aegon era caótico, sobre todo porque su hermano era una especie de rebelde sin causa que no escuchaba razones. Con Helaena ya había perdido el control desde que aceptó ese matrimonio con Jacaerys hacía unos cuantos años. Así que su madre estaba centrando todas sus esperanzas en él, el hijo que todavía creía que iba a obedecerla simplemente por complacer sus caprichos.

    Pero él ya no era el niño que se desvivía ni por su atención, ni por una pizca de cariño de su padre. Aemond sabía muy bien que la Reina y la Mano del Rey estaban confabulando en secreto, urdiendo planes sobre qué iba a pasar apenas el monarca falleciera. Nadie le había consultado nada, así que Aemond tenía carta abierta para tener sus propios planes.

    Por eso, ignoró las claras señales de su madre para que dirigiera su atención hacia ella. En su lugar, dio un paso al frente, hacia su sobrino. Sí era cierto que habían pasado muchos años sin verse, pero Lucerys seguía teniendo esa misma expresión desafiante de siempre que conseguía irritarlo sin mucho esfuerzo.

    ¿En serio dices eso, sobrino? —comentó con una abierta sonrisa, mirando a su madre de soslayo, solamente para darle un buen disgusto—. No estoy seguro de que todos los presentes aquí piensen lo mismo que tú, así que supongo que tengo que darte las gracias. Espero que estés disfrutando de tu estancia en Desembarco. ¿No vamos a tener una cena en nuestro honor, madre?

    Cuando por fin se giró hacia la Reina, ésta tenía una expresión de derrota, Aemond podía leerlo en sus ojos. Aunque Aemond se sentía un poquito culpable por hacérselo pasar mal a su madre, ya la pregunta estaba hecha. Así que sonrió triunfal cuando, efectivamente, su madre afirmó que comerían todos juntos después de la recepción.

    ¿Lo ves? —dijo, volteándose hacia Lucerys de nuevo. Sin pensarlo mucho, estiró la mano hacia él, tomándolo del brazo con más fuerza de la necesaria. Sólo porque podía hacerlo y sabía que Lucerys no tenía cómo hacerle un desaire con tanta gente presente—. Espero que no me prives de tu presencia, Lucerys. Creo recordar que tenías buenos modales.









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    Sáb Dic 24, 2022 3:04 am
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Lucerys recordaba muy bien cuando eran niños y meterse con Aemond era casi un deporte para todos. Sin embargo, desde lo sucedido con Vaghar y su ojo, se había ido convirtiendo cada vez más en una moneda tirada al aire. Era impredecible y salvaje, y Lucerys era consciente de que debería tener cuidado con él.

    Había sangre y deudas entre ellos que no estaba dispuesto a pagar. Sin embargo, nunca había perdido el gusto por provocarlo y meterse con él. Parecía que al menos no había perdido el toque para atraer su atención, aunque fuera para que dirigiera toda su mala intención y su provocación hacia él.

    La presión de la mano en su brazo era fuerte, pero se aseguró de no hacer ningún gesto de dolor.

    Unos años antes le habría tenido miedo. Ahora, aunque sentía temor, también tenía más práctica en guardar el temple y no mostrarle a su tío lo mucho que podía asustarlo. En las condiciones que estaba en la Fortaleza Roja no podía hacerle daño, por más salvaje que fuera.

    Con los buenos recuerdos que tenemos de cenas anteriores, no me la perdería—replicó, dedicándole una sonrisa—. No tendrás queja de mis modales.

    Le sostuvo la mirada. En cierta forma era más fácil lidiar con la clara hostilidad de Aemond que con la falsa actitud de la reina. Sin embargo, él sí que parecía más interesado en ver las reacciones de su madre. Seguro que estaba usando su presencia para meterse con ella de alguna forma. Lucerys temía que estaba quedando atrapado en más de una relación conflictiva con la reina Alicent.






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    Phoenix
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    Mar Dic 27, 2022 8:59 pm
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    Tenía que concederle a Lucerys que, a pesar de que lo estaba tratando con rudeza, éste continuaba mostrándose indiferente. O haciendo un esfuerzo por mostrarse indiferente. Era como si lo estuviera desafiando sin decir una sola palabra y Aemond tenía debilidad por los retos.

    Cuando soltó a Lucerys, sentía cómo le temblaban los dedos de toda la presión que había ejercido sobre la piel de su sobrino. Pero por la expresión estoica de Lucerys, nadie hubiera podido adivinarlo. Para Aemond, era maravilloso e irritante a partes iguales.

    Al menos, había aceptado cenar con él y ahora no podría retractarse. Su madre tampoco podría decir nada porque había sido un intercambio público. De seguro que la reina estaba irritada por su comportamiento, pero Aemond encontraría la manera de compensárselo, al igual que su abuelo, si acaso la Mano del Rey creía que sus acciones entorpecían sus planes. Aemond podría echarles una mano si decidieran compartirles algo de lo que estaban tramando. Entendía que no lo hicieran con Aegon, pues su hermano mayor a fin de cuentas sólo servía para ir a prostíbulos y emborracharse. Pero creía haber demostrado ser lo bastante competente a lo largo de los años, si nadie quería compartirle nada, él seguiría teniendo carta blanca para hacer lo que quisiera.

    Y si esos planes privados incluían hacer pagar a su sobrino, pues tanto mejor.

    Bien, estaré encantado de que nos deleites con tu presencia en la cena. Ahora… —Aemond no se movió ni un ápice, ni tampoco dejó de mirar a Lucerys en ningún momento—. Como imagino que ya debes haber tenido algo de tiempo para poner al día a mi madre, a mí me encantará oír todas las noticias que traes sobre mi hermana. ¿Nos avisarás cuando la cena esté lista, madre?

    Cuando se dirigió a la reina, Aemond le lanzó una mirada tajante, que ponía a su madre en una posición delicada, en la que no podía decirle que no. Para mala suerte de Alicent Hightower, habían quedado muy atrás los tiempos en que una palabra suya bastaba para que sus hijos la obedecieran sin rechistar. Aemond sólo se alejó cuando obtuvo una respuesta afirmativa de la reina, caminó despacio, pero luego de unos cuantos pasos se giró de nuevo, mirando a Lucerys por encima del hombro.

    Acompáñame —dijo Aemond, en un tono que no daba lugar a una negativa. En realidad, no estaba pidiéndole a Lucerys que le hiciera compañía. Era una orden.









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    Miér Ene 04, 2023 1:29 am
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Aunque su tío le había soltado, Lucerys sabía bien que no podía negarse a seguirlo frente a todos sin causar una escena. En cierta forma, lo seguía teniendo sujeto con sus palabras. Sin embargo, no iba a demostrar temor, menos frente a la reina. Hizo una reverencia antes de seguir a su tío.

    Estrujó su memoria intentando recordar lo suficiente los pasillos para predecir hacia dónde lo llevaba Aemond, pero la verdad había estado hacía tanto tiempo en la Fortaleza Roja que ya no la recordaba con claridad, ni siquiera después de unos días ahí. Sin embargo, como sospechaba, no fueron muy lejos. Seguro que Aemond sabía que entre menos público tuviera más fácil le sería rehuirlo.

    Lucerys pensaba ser valiente, pero le había prometido a su madre que intentaría evitar problemas. Así que dobló en el recoveco del pasillo que su tío escogió y antes de que pudiera precisar donde estaban, se dio cuenta que estaban totalmente solos.

    Por suerte, los años le habían permitido crecer lo suficiente para que su tío ya no pudiera intimidarlo tan fácilmente con su altura, aunque Lucerys seguía siendo un poco más bajo.

    Vaya tío, no sabía que tenías tantas ganas de que habláramos a solas.

    Intentó mantener sus miedos bajo control. No le extrañaría nada que su tío sacara un cuchillo ahora para reclamar su ojo, pero esperaba que su condición de emisario fuera suficiente para protegerlo de la locura de Aemond.

    Si no, tendría que defenderse, e incluso de niños había tenido la ventaja en su pelea contra él. Al menos eso se repetía, aunque sentía que no estaba funcionando de nada: sí que tenía miedo.

    Pero no iba a demostrarlo.

    ¿Qué quieres que te cuente primero?

    Se había apresurado a hablar primero, pero sabía bien que Aemond no cedería el control de la conversación.






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    Lun Ene 09, 2023 8:29 pm
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    El salón al que había llevado a Lucerys conducía directamente a sus aposentos privados, aunque estaba seguro que su sobrino no tenía la más mínima idea de aquello. Aemond, en cambio, no dejaba de pensar en este detalle aunque sabía que si lo llevaba ahí a la fuerza, entre su madre y su abuelo iban a regañarlo como si tuviera todavía diez años. Llevaba meses tratando de que lo incluyeran en sus conspiraciones, demostrando que ya no era ningún mocoso temperamental y que podían confiar en él, así que no pensaba arruinarlo.

    Por mucho que quisiera colocar ambas manos en el cuello de su sobrino y dar rienda suelta a sus instintos, estaba atado por las circunstancias. Al menos podía divertirse al ver cómo su sobrino estaba claramente aterrorizado en su presencia. Estaba haciendo un gran esfuerzo por ocultarlo, Aemond podía concederle eso, pero él podía ver a través de su puesta en escena. Todavía lo conocía bien, a pesar de los años.

    Créeme que me gustaría en este momento batirme en duelo contigo, pero vamos a pretender que somos una familia feliz, así sea por esta noche —comentó, haciendo un esfuerzo por mostrarse más amable. Sí era cierto que quería noticias de su amada hermana, a la que echaba muchísimo de menos. Para Aemond, era como si le hubieran arrancado la mitad de su corazón, cuando pensaba que en este momento estaría aceptando los mimos de Jace, en lugar de los suyos, se sentía furioso. Se consolaba al pensar que Jace, a pesar de ser un bastardo, al menos no parecía ser un canalla como Aegon. Quizás su hermana, dentro de todo, no había tenido tan terrible destino—. Quiero saber de ella, Lucerys. Dime que está bien. Sé que aún el bueno de tu hermano no la deja embarazada. No es lo que se espera de un futuro rey, pero digamos que yo sí le estoy agradecido.

    Aemond caminó despacio, alejándose de Lucerys hasta llegar al diván acolchado que reposaba cerca de la ventana. Aunque Aemond solía sentarse allí a sus anchas cuando estaba a solas, levantando los pies, ahora tan sólo se acomodó en una esquina. En esa posición había espacio suficiente para que pudieran sentarse allí dos personas.

    Anda, sé buen invitado y siéntate. No te preocupes, no voy a hacerte nada, querido sobrino. —Aemond le regaló una sonrisa que decía justo lo contrario a sus palabras, pero hizo una seña firme, indicando el espacio vacío para que Lucerys tomara asiento al lado suyo.










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    Jue Ene 12, 2023 12:56 am
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Cuando su madre le había pedido ir a Desembarco del Rey lo había hecho segura de que no estaría en peligro, pero Lucerys había sabido que, si bien su vida estaba relativamente a salvo, e incluso su ojo probablemente se quedaría en su cara, Aemond nunca lo dejaría en paz.

    Jamás. Así era su dinámica.

    Su tío sabía que tenía miedo. Pero no tenía que darle el gusto de hacer un espectáculo al respecto. Tomó aire y se acercó para tomar asiento a su lado, tal y como le había indicado. El diván no era tan grande, pero Lucerys no iba a exponerse intentando mantenerse lo más alejado posible de él.

    Al contrario, dejó que su rodilla rozara la de su tío ligeramente. Si le molestaba que fuera él quien se corriera.

    Helaena al menos era un tema de conversación en el que creía que al menos se podían entender, siempre y cuando pasara por alto los insultos a su hermano.

    Haleana está bien. Estos días ha estado ocupada en acondicionar el espacio que Jace le habilitó para su colección. Está muy ilusionada.

    A Lucerys no le gustaban demasiado los artrópodos, algunos le daban igual pero algunos demasiado largos o viscosos le causaban repelús. Sin embargo, era imposible no conmoverse por la ternura con los que su tía trataba a cada uno de ellos, como si fueran pequeños bebés. Su hermano le había habilitado un jardín invernadero para ellos.

    A veces Lucerys se preguntaba si su hermano quería a su esposa realmente o solo había sido educado para ser un buen esposo. Él, por su parte, seguía sin comprometer. Aunque todo el mundo parece esperar que se case con su prima Rhaena, su mano era una moneda de cambio demasiado poderosa para su madre como para comprometerlo tan pronto, así que no había ningún anuncio formal. Seguro que su abuela tampoco estaba con convencida de ese enlace como para exigirlo.

    Puedes ir a visitarla cuando quieras, querido tío, ¿por qué no lo has hecho? Seguro que mi hermano te daría una audiencia con su esposa.

    A pesar de lo que la reina Alicent pudiera pensar sobre las costumbres Targaryen, Lucerys siempre se había preguntado si entre Aemond y Helaena había existido una relación más que fraternal. Había sido obvio desde un inicio que su tío moría de rabia con esa boda. Tal vez era solo porque no soportaba a su hermano, pero en el fondo siempre había tenido esa duda.






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    Lun Ene 16, 2023 1:04 am
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    Aemond frunció el ceño mientras escuchaba con atención lo que estaba diciéndole Lucerys sobre su hermana. Le dio rabia imaginarse cómo ella lo estaba pasando bien, de la mano de Jacaerys, viviendo con tranquilidad en Rocadragón. Aemond seguía convencido de que el estúpido de su sobrino está viviendo una vida que debió ser la suya. A día de hoy todavía no comprendía por qué su madre había aceptado finalmente esa alianza matrimonial. En la corte se hablaba mucho de que fue el Rey quien impuso su voluntad, pero Aemond conocía mejor a su madre para saber que ella tuvo la última palabra.

    Todavía le escocía en el pecho, en especial porque eso implicaba ahora que su hermana estaba en territorio enemigo. Soltó un respingo cuando Lucerys insinuó que podía ir de visita si quisiera. Seguramente para él no debía resultar extraño, porque estaba allí en la Fortaleza Roja. Se preguntó qué tan asustado debía estar realmente su sobrino, o si sólo era apariencia.

    ¿Me estás invitando a ir a tu casa? —comentó con sorna, inclinándose un poco más hacia él, rompiendo la distancia personal entre los dos—. ¿Eso quiere decir que me estás obligando a ser un buen anfitrión? ¿Estás esperando a cambio que yo te trate bien? Creo que eres lo bastante inteligente para saber que no voy a ser bienvenido en Rocadragón.

    En realidad, Aemond no estaba del todo seguro. Su hermana quizás intentara ser diplomática, para no enfadar a su padre, o quizás por respeto a la misma Helaena. Pero estaba seguro que si ponía un pie en Rocadragón tendría a Daemon respirando demasiado cerca, midiendo cada uno de sus movimientos. Eso le desagradaba. De todos los habitantes de Rocadragón, tenía muy claro que debía cuidarse bien de su tío.

    Aunque tal vez haga una excepción para el día de tu boda. Cuéntame, ¿ya mi querida hermana formalizó todo? No debería esperar a que encuentres una hermosa doncella a la que quieras desposar por encima de Lady Rhaena… —Aemond pronunció la sonrisa con malicia, aunque la verdad fue un comentario gratuito, sólo con ganas de fastidiarlo. No tenía idea si su hermana ya había pensado en amarrar a su segundo hijo en matrimonio, pero sabía que había solo una persona destinada para ello. Lo casarían con Rhaena y Lucerys no podría ni protestar. O quizás no intentaría hacerlo, dado que era un secreto a voces que trataba de ser un hijo ejemplar.

    Él, en cambio, esperaba que su madre siguiera demasiado ocupada en conspiraciones como para pensar en casarlo. Había escuchado rumores para el pobre de Aegon, lo lamentaba mucho si era cierto que conseguían atar a Baela con el inútil de su hermano. Aegon no le llegaba siquiera a la suela de los zapatos de Lady Baela.









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    Miér Ene 18, 2023 1:34 am
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Sabía que su tío intentaba intimidarlo. Era muy bueno en ello, porque Lucerys sentía el miedo circulando en su cuerpo. Eso no quería decir que fuera a demostrarlo. En especial cuando su tío decía cosas como esas sobre ser su anfitrión. O se metía con él, como hacía intentando hablar de su boda.

    Lucerys quería mucho a Rhaena, por supuesto. Pero no terminaba de visualizar cómo sería estar casado con ella. Nunca se había visto como un prospecto de marido, ni le seducían los supuestos encantos del matrimonio.

    Serás tan bienvenido en Rocadragón como lo soy yo aquí —declaró con resolución, arqueando una ceja, retándolo a decirle a la cara que nadie quería verlo ahí, a pesar de que ambos lo sabían bien.—Quizá incluso más, porque Haleana estará genuinamente feliz de verte.

    De hecho estaba seguro de que su tía-cuñada estaría encantada y le haría mucho bien. Pero seguro que Aemond le seguía teniendo miedo a Daemon. Era el único del lado de su familia por el que parecía tener algún respeto. Pero era estúpido que le temiera. Daemon nunca haría nada realmente en contra de los deseos de su madre. Igual que ninguno de los de su familia.

    Por eso tal vez sí que terminara casado con Rhaena.

    A mi boda estará invitada toda la familia. ¿Por qué? ¿Crees que tiene alguna opción mejor para mí que Rhaena?

    Todo tenía que ver con la herencia de Marcaderiva, y mantener el derecho de su madre al trono. No era como que Lucerys tuviera algún control sobre su vida. En eso, sabía que Aemond podía entenderlo porque él tampoco lo tenía. Solo que era menos claro con quién querría casarlo su abuelo.

    No lograba visualizar a Aemond casado. Tal vez solo con Haleana, pero eso ya no era una opción.






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    Mar Ene 24, 2023 1:36 am
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    Aemond no pudo contener una carcajada. No fue un gesto cruel y distante, de los que solía hacer cuando se metía con Aegon, ni tampoco una sonrisa apresurada para intentar calmar a su madre. No. Aemond se estaba riendo de verdad, como hacía mucho tiempo no lo hacía. Y es que lo que acababa de decirle Lucerys sí que le causó gracia, pues su sobrino supo insultarlo con astucia, sin levantar la voz ni proferir ningún tipo de insulto.

    Tenía que aceptar que lo había pillado desprevenido.

    Por supuesto, Aemond sería bienvenido en Rocadragón de la misma forma que Lucerys era aceptado en Desembarco del Rey, recibiendo atenciones de la mismísima reina Alicent. Brillante.

    ¿Sabes qué? Puede que considere tu oferta y vaya a Rocadragón, solamente para exigirle a Rhaenyra que me deje todas las atenciones que me merezco a tu cargo. ¿Qué te parece? Sería un fantástico invitado y tú tendrías todo el tiempo del mundo para aprender cómo se trata a la familia. Me parece un buen trato.

    Seguro que Lucerys no esperaba ese comentario, pero Aemond estaba hablando en serio. Le tomaría la palabra de no ser porque su padre estaba cada vez más enfermo y una parte de él temía dejar a su madre sola. No porque fuera a sufrir con la muerte del anciano Rey, sino simplemente porque quería estar presente cuando eso sucediera. Quería que, por una maldita vez, lo hicieran sentir parte de la familia. Hacía mucho tiempo que había aceptado que a ojos de su padre no era el Targaryen que necesitaba, así que tal vez podría ser el nieto Hightower que necesitaba su abuelo.

    Arrugó la nariz cuando la conversación volvió sobre el asunto de la boda de Lucerys. No entendía cómo no estaba casado ya. Quizás todo tenía que ver con Lord Velaryon, que seguía reticente a hacer un bastardo su heredero.

    No estoy seguro de que Rhaenyra esté en posición de hacerle un desaire a Lord Velaryon… —Aemond frunció el ceño con malicia, fijándose en la manera en que Lucerys estaba sentado junto a él. Estaba tenso, cualquiera podría darse cuenta de ello. Era obvio que su presencia, en especial su cercanía, no le gustaba para nada—. ¿Nunca te has puesto a pensar que si tú hubieras sido Lady Strong, se les hubiera ocurrido hacer lo mismo que con Jacaerys y Helaena?

    Era un pensamiento que había pasado por su cabeza una sola ocasión, en que aceptó beber del vino que Aegon le ofrecía. Su hermano quedó borracho con tres copas, mientras que él acabó por beberse el resto de la botella.










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    Miér Ene 25, 2023 2:28 am
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Lucerys no estaba preparado para que hacer reír a Aemond le sentara tan bien. Evidentemente había querido molestarlo con su comentario, y la reacción le dejaba claro que no lo había dejado indiferente, pero parecía realmente divertido con su respuesta. Se privó de decirle que su madre jamás lo elegiría a él entre todas las personas de Rocadragón para ser aun anfitrión. Lo más seguro era que lo mandara a Marcaderiva en un abrir y cerrar de ojos.

    Hubiera preferido quedarse en ese tema antes del tema de su propia boda. Lucerys no quería pensar en ello. Adoraba a Rhaena, pero no se veía casado con ella. La verdad, no visualizaba para él mismo la vida de matrimonio que su hermano llevaba.

    Sin embargo, las palabras de Aemond lo alejaron de la idea de su prima, trayendo a su mente un escenario que nunca había imaginado antes. Casarse con su tío. La idea le causó un escalofrío mientras se visualizaba a sí mismo presa de Aemond tiempo completo. Su madre jamás habría sugerido eso.

    Quizá Aemond pensaba que si él hubiera sido una chica no le hubiera sacado el ojo. Lucerys estaba bastante seguro que igual habría peleado con él aquella noche, sin importar que fuera hombre o mujer.

    Si bien la sangre siempre le ardía cuando Aemond le decía "Strong", en este ocasión en particular la burla sobre su origen quedó opacada por la idea de su posible matrimonio. Aunque igual Lucerys desvió la mirada molesto, recordó las palabras de su madre previniéndolo de no provocar a Aemond ni dejarse caer en sus provocaciones. No iba a actuar con el enfado que estaba sintiendo, ni tampoco por el resto de emociones confusas que no terminaba de vislumbrar.

    No se me había ocurrido... Pero seguro que a ti te gusta esa idea —replicó. Aunque intentaba usar un tono ligero, sabía que en el fondo se sentiría un poco de mala intención en sus palabras—Si nos hubieran casado, habríamos tenido una ceremonia de rito valyrio y habrías podido al fin cortarme la cara y hacerme sangrar. Luego me tendrías a tu disposición en esta Fortaleza para hacerme la vida imposible. Un sueño hecho realidad.

    Suponía que eso no contaba como no provocar a su tío, pero Aemond había empezado y, después de todo, a pesar del miedo que le tenía, Lucerys creía firmemente que en las condiciones actuales de su presencia en la Fortaleza Roja no se atrevería a hacerle daño.





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    Jue Ene 26, 2023 2:05 am
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    Aemond lamentó que no hubiera ante ellos un Maestre, pues le habría gustado dejar constante que él lo intentó. Hasta ahora había hecho un enorme esfuerzo por ser amable, incluso jocoso, con el necio de su sobrino. Pero Lucerys, por supuesto, había dado un paso al frente y escogido justo las palabras adecuadas para hacerlo enfadar.

    Había hecho un esfuerzo consciente por no tocar el tema ni de la cicatriz que le deformaba la cara, ni tampoco de quién había sido el responsable. Eran unos niños, por supuesto, una parte de él tenía hasta rabia que Lucerys, siendo tan pequeño, había estado desesperado por defender a su familia, mientras que Aemond había tenido que defenderse sin ayuda del inútil de su hermano mayor.

    No estaba pensando con claridad cuando tomó a Lucerys del cuello de la camisa y lo atrajo hacia él. Fue un movimiento brusco y quizás sus rostros quedaron más cerca de la cuenta, pero no le importó. Con la otra mano, Aemond se quitó el parche de cuero que le cubría el ojo. Tenía un zafiro incrustado en la cuenca, se lo había puesto antes de subirse al lomo de Vhagar y volver a casa.

    No necesito de un rito valyrio para hacerte la vida imposible, pero lo del corte de cara sí que sonaría maravilloso. Cuéntame, mi querida Lady Strong, ¿no te gustaría uno así para adornarte el rostro? Ahora ya no tienes la cara de un niño, creo que te sentaría mucho mejor. Quizás a tu madre le encante el cambio… —Aemond apretó los labios, mirándolo a la cara, sin soltarlo en ningún momento. Sí era verdad, ya no parecía un niño, quiso decirle que cada día más se parecía a Ser Harwin, pero lo cierto era que Aemond tampoco recordaba muy bien ese rostro—. Puedes decirme que luzco aterrador, no me voy a ofender, porque es cierto. ¿Te gusta la obra maestra que hiciste?

    La noche en que había perdido su ojo, Aemond había ganado a Vhagar, pero también abandonó el último resquicio de aprecio que todavía podía sentir por su padre. Ese día, supo más que nunca que ni él, ni Aegon ni Helaena valían lo mismo para él que Rhaenyra y todos sus vástagos. Cada vez que veía a Lucerys, a su rostro perfecto e intacto, lo recordaba.










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    Miér Feb 01, 2023 2:18 am
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Aunque Lucerys siempre había sabido que Aemond era más fuerte que él. Siempre había sabido que era dominante y que latía en él un deseo arrollador de aplastarlo, de hacerlo pagar la pérdida de su ojo. Sin embargo, hasta en este momento tan solo lo había adivinado en sus palabras y sus miradas, no lo había visto actuar en consecuencia con sus intenciones.

    No era lo mismo pensar en lo que era capaz que experimentarlo en carne propia. En ese momento fue muy consciente de que Aemond lo estaba dominando físicamente. A pesar de todo lo que había crecido, su tío seguía siendo más alto y fuerte que él, así que ahora, mientras lo tomaba del cuello de la camisa y respiraba sobre su rostro, Lucerys fue muy consciente de que estaba siendo dominado.

    También fue consciente de que, contrario a lo esperado, no sentía miedo en ese momento. No podía hacerle daño. No ahí. Alicent lo mataría. Si pudieran hacerle daño, ella misma le habría cortado la cara ya. Pero por lo mismo no sabía qué podría hacer su tío y la anticipación que sentía le apretó el pecho con fuerza.

    Igual que la visión de la cara de Aemond sin el acostumbrado parche cubriendo la cuenca vacía de su ojo. Excepto porque no estaba vacía. Había un zafiro ahí. Pretencioso y duro, tal y como Aemond. Era muy diferente ver la cicatriz descubierta. No era solo la línea que cruzaba su frente y su mejilla. Era todo un trazo irregular y grotesco que hablaba del dolor que tenía que significar perder un ojo.

    Lucerys había hecho eso. Con sus propias manos. No había sido su intención. No había tomado el cuchillo pensando "voy a sacarle el ojo a Aemond". Solo había estado defendiendo a su familia. Hasta poco antes Aemond había sido su familia también. Sin pensarlo, levantó la mano para acercarla temblorosa hacia el rostro de su tío, aunque esta vez sin nada que pudiera herirlo. Solo el tacto de sus dedos.

    Tal vez sí que le gustaba su obra de arte. De una forma terrible, pero sí. Solo que no pensaba decirlo.

    Le estás encontrando el gusto a lo de Lady Strong —murmuró. Estaban tan cerca que no tenía que hablar alto para que la escuchara. —¿Hubieras preferido que fuera una chica?

    Era una idea ridícula. Pero tal vez así no tendría que casarse con Rhaena y dedicarse al mar, por el que nunca había tenido mayor interés.








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    Lun Feb 06, 2023 11:50 pm
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    Aemond no podía creer que había caído rendido en su propio juego. Se quedó paralizado en el momento exacto en que Lucerys estiró la mano para tomar su rostro. Nadie, absolutamente nadie, le tocaba la cicatriz. Aemond sabía que Aegon consideraba la cicatriz como algo grotesco y que su madre prefería no mirarlo a la cara por demasiado tiempo porque recordaba cómo había sucedido esa cicatriz.

    Cada vez que la reina miraba la cicatriz recordaba que su esposo decidió no hacer absolutamente nada por remediar el agravio. Aemond se preguntaba, a veces, qué habría pasado si la situación hubiera sido al revés. Estaba convencido de que su padre sí lo hubiera castigado gravemente de haberse atrevido a tocar a uno de los hijos de su amada hija. De Rhaenyra. De su única heredera.

    La rapidez con que viajaban sus pensamientos resultaba incómodo, en especial porque no sabía cómo procesar el suave tacto de Lucerys sobre su rostro. Aemond quería quitarlo, alejarse de él, empujarlo. Pero, al final, no hizo ni una cosa ni otra. Se quedó pasmado, quieto, y dejó de ejercer la presión sobre su sobrino finalmente.

    Aemond, en un intento desesperado por mantener el control, tomó la mano de Lucerys, asiéndolo con firmeza de la muñeca, alejándolo de su rostro. Una vez sucedió eso, se dio cuenta de que podía respirar mejor y que se sentía un poco más liviano.

    ¿Quieres que en serio te responda esa pregunta? —dijo con voz ronca, mirando a Lucerys, sin soltarlo todavía de su agarre. Aunque ahora era mucho menos violento que antes, pues sentía que había perdido la fuerza en cuanto él le había tocado el rostro—. Si hubieras sido mujer, ya estaríamos casados. ¿O no crees que hubiera sido divertido? —con la mano libre, tomó a Lucerys por la barbilla, obligándolo a mantenerle la mirada—. Con un doble matrimonio, quizás nuestras madres habrían acabado pactando una paz indefinida. O habrían acabado matándose por fin, ¿tú qué opinas, querido sobrino?

    Aemond sabía que el conflicto entre ambas mujeres estallaría. Él no estaba seguro de que quería estar muy cerca cuando eso sucediera. Aemond quería poder, pero también quería estar vivo para disfrutarlo.










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    Vie Feb 10, 2023 11:57 pm
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Lucerys sabía que debía tener miedo. Lo sabía.

    Pero había algo en la mirada de Aemond mientras tocaba su cicatriz que se le había clavado dentro, como un puñal que se retorcía, aunque no era doloroso en sí. Solo increíblemente presente. De hecho, agradecía la presión en la muñeca y en la barbilla, anclándolo en el ahora, sin dejarlo divagar en sus pensamientos o sus emociones.

    Jace solía decir que era un provocador. Lucerys no creía que fuera cierto, excepto cuando se trataba de Aemond. No podía evitar provocarlo aún cuando le temiera. Una vez más se había dejado llevar, y a pesar de que creía que su posición lo protegía, no dejaba de ser peligroso.

    Sin embargo, solo sabía que no se había sentido tan vivo como ahora en tanto tiempo. Sonrió al escuchar sus palabras.

    No sé si divertido sería la palabra que utilizaría... Pero habría sido interesante —replicó, sonriendo de forma algo tirante por la forma en que Aemond seguía ejerciendo presión en su barbilla. —Sin embargo, preferiría estar lejos de nuestras madres cuando todo esto estalle.

    Esto. No estaba seguro si se refería a ellas o a ellos mismos. Empezaba a sentir la cabeza algo ligera, por lo que se obligó a fruncir el ceño y concentrarse. No podía bajar la guardia con Aemond al frente nunca.

    Era osado, pero no suicida.








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    Lun Feb 20, 2023 6:38 pm
    I. El emisario
    Desembarco del Rey
    Noche
    Aemond
    “Pero… habría sido interesante”.

    Sin duda la frase de Lucerys había conseguido sorprenderlo. Aemond estaba convencido de que su sobrino simplemente diría que casarse con él sería algo terrible, alguna palabra que describiera lo catastrófico que seguro le parecía semejante idea. Sin embargo, Lucerys parecía haber escogido bien sus palabras.

    Interesante también sería la forma en que Aemond describiría una hipotética unión matrimonial. Pero no tenía caso alguno imaginarse situaciones hipotéticas cuando la única realidad era lo que su sobrino acababa de decir. El conflicto entre las familias estallaría y a él no le quedaba la menor duda de que tomarían bandos instintivamente. Aemond siempre estaría de parte de su madre y con Lucerys era exactamente igual.

    ¿En serio prefieres estar lejos? No creía que eras de los que se alejan de los conflictos. Lo tuyo es más defender y causar daño en el proceso, ¿o me lo vas a negar? —justo cuando creía que podía dejar atrás el asunto de su ojo perdido, el tema siempre conseguía salir a flote, incluso cuando Aemond no lo buscaba. Soltó la presión sobre Lucerys, dejando de éste se apartara cuanto quisiera de él. De pronto, Aemond se sentía repentinamente cansado—. Pero supongo que no puedo echarte en cara que desees ser prudente. Tu madre tiene la sangre del dragón y la mía… es mejor que no diga en voz alta lo que es capaz de hacer, lo dejaré a tu imaginación, querido sobrino.

    Aemond sonrió a medias, mientras escuchó voces detrás de la puerta. Supuso que su madre habría mandado a los sirvientes no solamente a avisarles sobre la cena, sino también a espiar. Era algo típico de ella y del abuelo.

    Espero que tengas mucha hambre, Luke. —Dijo, girándose hacia él, raspando aquel mote que había escuchado infinitas veces a Rhaenyra utilizar con su hijo menor—. Estoy seguro de que madre habrá hecho un festín para celebrar mi regreso.










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    Jue Feb 23, 2023 12:43 am
    EL EMISARIO
    Desembarco del Rey
    7:00 p.m.
    Lucerys


    Se sentía extraño que Aemond lo dejara ir. O tal vez lo más extraño era que su primer instinto no fuera alejarse todo lo posible. Incluso había más espacio en ese sofá. Sin embargo, la sensación de peligro había pasado. En cierta forma sentía que estaban en un terreno común, aunque en bandos contrarios.

    La pregunta de Aemond lo hizo sonreír con ironía.

    ¿Cuándo he podido hacer lo que prefiera? —preguntó, y sus ojos volvieron a recorrer la cicatriz de Aemond, aunque en ese momento no sentía ya ninguna tentación de tocarla. —No quería sacarte el ojo cuando tomé ese cuchillo, no es que lo haya hecho a propósito.

    No sabía si realmente querría estar lejos por prudencia. En parte estaba cansado de todo esta guerra fría entre sus familias. Pero no iba a decir eso. Tampoco iba a admitir algo parecido a debilidad frente a Aemond. No así.

    En eso escuchó el movimiento afuera. Las palabras de su tío le confirmaron sus sospechas de que se acercaba la hora de la cena.

    Ya he tenido varias cenas con ella estos días previos, te has perdido parte de la diversión, tío. Se levantó finalmente del sofá y sintió que su humor intrépido regresaba —Gracias por al conversación para ponernos al día, querido tío. Tendremos más ocasiones de hablar. No creo que mi estancia aquí sea tan breve.

    Después de todo, como le había dicho, casi nunca podía hacer lo que prefería, y estar en Rocadragón definitivamente no hubiera sido su elección.







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    Dom Feb 26, 2023 2:22 am
    II. Larga vida al Rey
    Desembarco del Rey
    Medianoche
    Aemond
    El Rey había muerto.

    Aemond no estaba seguro cuánto tiempo esperó su madre para hacerle partícipe de la noticia, sólo recordaba con claridad que no había sentido nada. Quien acababa de morir no era sólo el Rey, sino también su padre, pero era incapaz de sentir pena. Quizás porque su padre ya llevaba años muriéndose y ya Aemond lo veía más como un cadáver viviente que una persona. Así que no era tristeza lo que le aquejaba el corazón.

    Después de que su madre le había comunicado la muerte del Rey, Aemond escuchó a su abuelo decir que a partir de ahora debían hacer todo cuanto estuviera en sus manos para que Aegon fuera coronado como el legítimo heredero de los Siete Reinos. Aemond no le sorprendió en lo más mínimo que esos fueran sus planes, pero se sintió un poco apoyado cuando escuchó a su madre decir que no podían moverse libremente mientras Helaena estuviera en Rocadragón, en compañía de Jacaerys.

    Fue perturbador escuchar a su abuelo decir, en medio del improvisado consejo, que Rhaenyra no se atrevería a hacer nada en su contra mientras Lucerys continuara en Desembarco del Rey. Aemond sólo le costó unas cuantas conversaciones con los guardias para saber que su sobrino estaba encerrado en un calabozo. Por lo que pudo averiguar, su madre fue lo bastante lista para mandarlo encerrar antes de siquiera dar la noticia de la muerte del Rey.

    Tráiganlo a mis aposentos. Que nadie los interrumpa. Si alguien pregunta, son directamente mis órdenes —fue la última indicación que dio a sus guardias privados, mientras su madre permanecía rellenando a Aegon de indicaciones. Su hermano estaba aterrado, pero Aemond no tenía ni un ápice de su compasión para darle. Después de todo, si se le ocurría ofrecerle una salida a su hermano, el peso de la corona caería sobre él. Aemond tenía sus propios planes, no perdería el tiempo jugando el juego de otros.

    No pasaron muchos minutos hasta que escuchó ruido de pasos aproximarse. Por lo que podía adivinar, no era un trayecto tranquilo ni amable, estaba seguro que su sobrino estaría poniendo resistencia a los soldados. No había que ser un genio para adivinar que, aunque hubiera pasado poco tiempo en el calabozo, seguro había recibido un trato espantoso.

    Aemond esperaba que sus aposentos le resultaran un cambio agradable.










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    Lun Feb 27, 2023 12:16 am
    II. Larga vida al Rey
    Desembarco del Rey
    Medianoche
    Lucerys


    Aunque nadie le había explicado en detalle a Lucerys lo que estaba pasando, desde el momento en que lo arrancaron de la cama de sus aposentos para tirarlo al calabozo, pudo adivinar que todo había cambiado de golpe. El rey debía haber muerto. ¿Por qué otra razón iban a tratarlo de esta manera? Hasta ahora su rol de embajador le había protegido, si ahora lo trataban así era porque las circunstancias habían cambiado.

    Una parte de él le decía que podía haberle pasado algo a su madre, pero lo dudaba realmente.

    Había esperado que alguien llegara a decirle algo, pero los guardias no le hablaban y de repente lo llegaron a llevar otra vez. Había esperado ser llevado al salón del trono, pero en su lugar tomaron otra ruta. El miedo lo atenazó en ese momento. No se atreverían a matarlo, ¿cierto? Su madre los mataría. Daemon los masacraría. No podían... no podían, ¿verdad?

    Sin embargo, el tiempo en el calabozo no lo tenía muy racional. Empezó a forcejear con los soldados y uno le golpeó el labio, partiéndolo ligeramente.

    Cuando finalmente abrieron una puerta y lo metieron dentro, vio que lo esperaba su tío Aemond.

    No sabía qué era peor en ese momento. ¿La reina Alicent o su tío? ¿Qué era más peligroso para él? No podía saberlo. Pero no podía dejar que se le notara demasiado el miedo.

    Tío... ¿Esta es la mejor forma que encontraste de traerme a tus aposentos?

    Lanzó la pregunta con rabia, al tiempo que escupía un poco de sangre que se le había acumulado en la boca del labio partido. No le importaba ensuciarle el suelo. Estaba toco impecable, en especial comparado con el calabozo.

    Se mordió la lengua para no preguntarle de inmediato qué estaba pasando.





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    Dom Mar 05, 2023 2:01 am
    II. Larga vida al Rey
    Desembarco del Rey
    Medianoche
    Aemond
    Aemond recibió a Lucerys con una sonrisa, pues, a pesar de las palabras y su tono altanero, su sobrino estaba temblando. Era obvio que estaba asustado y que seguramente había deducido lo que había pasado. Pero Aemond no quería perder el placer de decírselo en persona, en voz alta, para que no le quedara dudas cuál era su situación.

    Tan sólo estaba pensando en ello cuando desenvainó la espada que llevaba todavía atada a la cintura. Apuntó el filo de la espada contra el cuello de Lucerys y pronunció la sonrisa, sintiéndose extasiado porque él era quien tenía el control de la situación. Tenía que actuar rápido, pues no podía olvidar que su madre o su abuelo se darían cuenta tarde o temprano de la ausencia de Lucerys en los calabozos.

    Supongo que ya habrás deducido, querido sobrino, que mi padre ha muerto. Diría que me da tristeza, pero tú y yo sabemos muy bien que era un cadáver desde hace mucho tiempo. Así que ahora la situación ha cambiado, van a coronar a Aegon al amanecer… —en realidad no estaba tan seguro de que la coronación sería al amanecer, pero sí sabía que su abuelo no planeaba hacerlo esperar por más tiempo. Cada minuto que transcurría sin coronar a Aegon, era darle poder a Rhaenyra—. Aunque creo que vas a perdértelo, con esas pintas que llevas, no creo que sea la vestimenta adecuada para una coronación.

    La ropa de Lucerys ahora estaba sucia de haber tocado los calabozos y también estaba encadenado. Aemond hundió un poco más el filo de la espada en la piel de su sobrino, pero no lo suficiente para hacerlo sangrar. Tan sólo quería incomodarlo un poco, mientras se preguntaba qué pasaría el filo se deslizaba un poco más arriba, hasta tomar su ojo.

    Arrodíllate, sobrino —dijo, sin pensarlo mucho, mientras lo miraba fijamente—. No me importa si ensucias más el suelo, haz lo que te pido. Voy a tener el placer de que seas el primero que jure lealtad a la nueva corona. Arrodíllate ahora.

    Aemond empinó la espada con fuerza y, ahora sí, vio cómo una gota de sangre se deslizaba despacio a lo largo de la nuca de Lucerys. El contraste del rojo de la sangre con la pálida piel de su sobrino era, a su pesar, simplemente maravillosa.










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    Werewolf
    Minerva
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    Dom Mar 19, 2023 1:06 am
    II. Larga vida al Rey
    Desembarco del Rey
    Medianoche
    Lucerys


    El rey había muerto.

    Ya había deducido que eso era lo que podía haber sucedido para que él terminara en un calabozo. Sin embargo, la confirmación no mejoraba en nada la situación para él. Estaba muerto de miedo, literalmente atado de manos y prisionero. Ya no estaba en el calabozo, pero esto no era mejor.

    Se dejó caer de rodillas, porque realmente no tenía otra opción. El filo en su cuello se hundió lo suficiente para que lo recorriera un estremecimiento de dolor, el ardor de una pequeña cortada.

    Estás disfrutando esto demasiado, tío.

    Le lanzó una mirada furiosa. Odiaba tener que verlo desde el suelo. El miedo al filo contra su cuello no era suficiente para contenerlo. Sintió una gota de sangre resbalar por su cuello. Tal vez era más que una gota. No podía bajar la mirada ni levantar las manos para asegurarse.

    Supongo que tú sí iras a esa farsa de coronación... ¿De verdad crees que Aegon puede ser un rey?

    El tiempo que había pasado en Desembarco del rey le había dejado claro que más allá de cuestiones de herencia, Aegon sería un rey inepto y cruel, entregado a los placeres mientras se desentendía del reino. Su madre, en cambio, era la heredera que se había preparado para regir los siete reinos.

    Lucerys no tenía interés en ser heredero, pero al menos era consciente de que Jacerys sería mucho mejor rey que él. Pensó preguntarle si eso no le frustraba, pero su situación no era para provocarlo más de la cuenta.






    Minerva
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    Phoenix
    Juno
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    Dom Mar 26, 2023 8:17 pm
    II. Larga vida al Rey
    Desembarco del Rey
    Medianoche
    Aemond
    Aemond dejó de hacer presión con el filo de la espada en cuanto vio a Lucerys caer de rodillas. Después de todo, había conseguido lo que quería y no era necesario lastimarlo más de la cuenta. Era una baza a su favor en cuanto su madre se diera cuenta de que Lucerys no estaba en el calabozo. Si lo encontraba allí, muy lastimado, podría considerar que era mejor que estuviera bajo su vigilancia.

    De todas las posibilidades que se abrían para él en ese momento, nada le apetecía menos que saber que su madre podría tener acceso a Lucerys. Tanto ella como su abuelo podían conspirar todo lo que quisieran, podían preparar a Aegon para que luciera su maldita corona y se sentara an el Trono de Hierro. Aemond tenía otros planes.

    Por supuesto que lo disfruto, ¿acaso me vas a decir que no harías lo mismo de estar en mi lugar? Tienes que dar las gracias que todavía tienes el rostro intacto, querido sobrino. Pero no vamos a apresurar las cosas justo antes de la coronación, ¿no te parece?

    A Aemond no podría importarle menos lo que Lucerys pensara de la coronación. De hecho, ni siquiera se lo estaba tomando personal. En su lugar, él pensaría exactamente igual, que estaba presenciando una traición a la voluntad del Rey y al heredero legítimo. Lo que no podía permitir, incluso si tenía que defender al inútil de su hermano, era la capacidad de Aegon para gobernar. Si Lucerys veía quiebres en la familia, podría saber que el bando de su madre contaba con ventaja.

    Aemond envainó la espanda de nuevo y se acercó a su sobrino, extendiendo la mano para tirarlo del pelo, uniendo sus miradas. La sonrisa que le regaló fue sincera: estaba eufórico.

    Creo que eres lo bastante inteligente para saber que esto no va sobre quién puede ser buen o mal rey, mi lord Strong. Esto va de quién es el más fuerte para retener el Trono de Hierro. El problema con mi querida hermana es que tiene escrúpulos, ya no puede quemar Desembarco si eso supone que te suceda algo. Eres su favorito, sé que siempre lo has sabido —Aemond en realidad nunca había visto a Rhaenyra favorecer a algún hijo por encima de otro, pero la manera en que miraba a Lucerys era diferente. Tenía debilidad por él.










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